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domingo, 14 de diciembre de 2014

Ezequiel 34 4ª parte: hacia un nuevo liderazgo y nuevas relaciones entre hermanos

Ezequiel 34.17-25
17“Yo, el Señor, digo: Escuchen, ovejas mías: Voy a hacer justicia entre los corderos y los cabritos. 18¿No les basta con comerse el mejor pasto, sino que tienen que pisotear el que queda? Beben el agua clara, y la demás la enturbian con las patas. 19Y mis ovejas tienen que comer el pasto que ustedes han pisoteado y beber el agua que ustedes han enturbiado. 20Por eso yo, el Señor, les digo: Voy a hacer justicia entre las ovejas gordas y las flacas. 21Ustedes han alejado a empujones a las débiles, las han atacado a cornadas y las han hecho huir. 22Pero yo voy a salvar a mis ovejas. No dejaré que las sigan robando. Voy a hacer justicia entre las ovejas. 23Voy a hacer que vuelva mi siervo David, y lo pondré como único pastor, y él las cuidará. Él será su pastor. 24Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será su jefe. Yo, el Señor, he hablado. 25Voy a hacer una alianza con ellas, para asegurarles una vida tranquila. Haré desaparecer las fieras del país, para que mis ovejas puedan vivir tranquilas en campo abierto y dormir en los bosques.


Aquí hay un cambio importante, aunque lógico y necesario. En este pasaje ya no se enfoca en un liderazgo abusador sino en las propias relaciones entre hermanos, en las actitudes de abuso que se generan ahora por pequeñas diferencias de poder. Es lógico que este tipo de relaciones se dieran en la comunidad porque eso mismo habían recibido durante generaciones y su cultura y sus almas fueron moldeadas en consecuencia. Por otro lado, se trata de un tipo de relaciones muy comunes a la naturaleza caída y no completamente regenerada hasta ahora en ningún movimiento cristiano, por lo que tampoco deberíamos echar toda la culpa al liderazgo. Sea causa, sea consecuencia o sea más probablemente, ambas, el panorama del pueblo refleja (¿o es reflejado por?) la realidad del liderazgo, y llega a ser parte de él.

Es por demás común este fenómeno y se ha escrito mucho al respecto; y aquel que ha podido tener alguna experiencia en trabajo social lo puede afirmar desde su propia vivencia. Desde un punto de vista estrictamente espiritual, sabemos que tiene que ver directamente con los diseños del infierno para pervertir el liderazgo (objetivo estratégico) y las relaciones entre hermanos (objetivo principal, y de donde surge el liderazgo en sí), y que por lo tanto está más o menos implícito y explícito en la naturaleza caída.

El capítulo 34 funciona como una unidad temática porque su contenido es relativamente diferente al anterior y al siguiente; así que la presencia, extensión y ubicación de este texto puede interpretarse válidamente en relación al resto (especialmente a lo anterior) y puede dar alguna idea de lo que el Espíritu quiso decir con este arreglo particular.

Primero, el texto “aparece”. Esto es, el interés divino en todo el capítulo no está puesto principalmente en el liderazgo sino en el pueblo, ya que el primero es visto en función de lo que ha hecho con el segundo. Pero Dios no se queda solamente con la crítica y el duro juicio hacia los malos pastores sino que también expone la realidad de la propia comunidad y el juicio que recibirán los que se aprovechan de sus hermanos.

Así como está, el pasaje sienta una posición particular frente a las posiciones “estructuralistas extremas” en lo social tan propias de nuestra realidad latinoamericana: el sujeto no es un mero recipiente inerte, sin responsabilidad, perfectamente moldeable según las condiciones sociales, políticas y económicas que le son impuestas. Si es sujeto de juicio es porque tiene responsabilidad individual en lo que hace con su propia vida, y si va a ser juzgado es porque bien podría haber hecho algo distinto a lo que hizo.

Por otro lado, si la actitud de estas personas de entre el pueblo es debida a su “propia naturaleza” o la han adquirido a consecuencia de los ejemplos que vivieron o bien éstos exacerbaron o “desataron” lo que había de por sí en su naturaleza, no lo podemos sacar claramente de este pasaje, sino que tenemos que recurrir a otros textos (que por cierto existen en la Palabra de Dios), o bien a la propia experiencia. Lo que sí podemos afirmar con seguridad es que el sujeto tiene su propia cuota de responsabilidad, y, por ende, de posibilidad de cambio.

Segundo, el texto es “breve” en relación con la crítica anterior. Una interpretación posible es que hay una diferencia de responsabilidad (que es obvia) entre el liderazgo y el “pueblo”, y que si bien a este último también le compete, no tiene sobre sí la mayor parte. El Dios Justo no va a dejar de juzgar, pero sin dudas hará diferencia entre uno y otro. Un pasaje más o menos relacionado con esto es Lucas 12:47,48;

47“El criado que sabe lo que quiere su amo, pero no está preparado ni lo obedece, será castigado con muchos golpes. 48Pero el criado que sin saberlo hace cosas que merecen castigo, será castigado con menos golpes. A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más.

De esta manera el capítulo también pone un límite a las posiciones que sobreenfatizan la responsabilidad individual y desconocen las implicancias del contexto, muy típicas de las interpretaciones anglosajonas y también muy extendidas en muchos círculos evangélicos; si bien nunca deja de existir, tiene un límite, y el hecho de que haya personalidades que por pura gracia divina puedan superar contextos muy difíciles y lograr maravillosas obras para el reino de Dios, no significa que esto deba ser la regla para toda la comunidad.

Otra interpretación posible, que no resta autoridad a la anterior pero que la matiza un poco, es que, simplemente, una vez que se ha dicho todo lo que se dijo sobre el obrar de Dios en relación a un liderazgo que abusa de sus liderados, basta solo “actualizar” el mensaje hacia todo el pueblo para que todo el contenido de lo primero se aplique a lo segundo. Entonces, de acuerdo al principio de la economía (que podemos ver en las páginas de las Escrituras), no será necesario repetir todo lo anterior sino simplemente mencionar su aplicación y algunas diferencias significativas.

Así, no deja de tener la principal responsabilidad el liderazgo, pero el pueblo también puede ser culpable de los mismos pecados, aunque en otro nivel.

Tercero, el texto está después de la exhortación hacia los pastores y antes de la promesa de restauración. Podemos interpretar que la ubicación refuerza lo anterior: la admonición será primero para el que tuvo la mayor responsabilidad. Este es un patrón reconocible en las páginas bíblicas; lo encontramos desde el inicio en Génesis 3, cuando Dios juzga primero a la serpiente, luego a Eva y por último a Adán. Por otro lado, la actitud de los líderes resultaba mucho más “visible” y opresiva que la del pueblo entre sí, y requería que Dios la tratara primero.

De esta forma, el Espíritu Santo, a través de la estructura del texto, nos está enseñando a “exhortar” adecuadamente a la iglesia (suponiendo que el que lo haga tenga la autoridad moral y la justicia necesaria como para hacerlo con genuino respaldo divino): no debe ser una exhortación “masiva” dirigida a “todos”, porque en ese “todos” los principales implicados quedan como “ocultos” y su importante cuota de responsabilidad queda diluida en una difusa responsabilidad colectiva, muy pesada para el pequeño e indefenso, muy liviana para el de conciencia cauterizada. Y tampoco debe olvidarse de los “pequeños” que, las más de las veces, sacan provecho cuando pueden del que es más “pequeño” que ellos. Cada uno su parte, en el orden adecuado y con el énfasis adecuado.

Yo, el Señor, digo: Escuchen, ovejas mías: …” “Yo, el Señor” es una expresión repetida en todo el capítulo, y pone una nota muy fuerte al comienzo de cada sección; una y otra vez el Señor está aclarando que toma cartas en el asunto, él, y no un mediador. El tema sigue siendo serio.

En la sección anterior el Señor está diciendo que él mismo va a encargarse de cuidar a las ovejas, de rescatarlas, reunirlas, alimentarlas, darles descanso, sanarlas y cuidarlas. Pero luego de este proceso viene también el juicio entre las ovejas, que es parte del cuidado. Restaurar la comunidad de creyentes, proceso en el que un nuevo y emergente liderazgo está involucrado, y al que muchos otros están siendo llamados, no implica solamente, como dijimos arriba, solucionar lo más grande, también hay que extirpar todas las raíces que quedan entre el pueblo (nosotros, claro).

Voy a hacer justicia entre los corderos y los cabritos”. Explica lo que vinimos diciendo. Cuando leemos un poco de la historia de la época, vemos que las ovejas y las cabras pastaban juntas, pero se guardaban por separado, y las primeras eran más valiosas. La imagen era muy clara para los oyentes, y a nosotros nos recuerda la parábola de la cizaña y el trigo (Mateo 13) y del juicio de las naciones (Mateo 25): aquello que está junto, que se desarrolla junto, que comparte los mismos cuidados, recursos o espacio, que a veces puede parecer igual, pero que no es lo mismo y que será separado en un tiempo de juicio. Este tiempo de juicio puede ser el juicio escatológico, al que estamos acostumbrados en las interpretaciones tradicionales de dichos pasajes, pero no creo que signifique eso aquí, y no creo que debamos seguir interpretando esos pasajes únicamente en un sentido futurista. Hay algo que nos dicen para el aquí y ahora.

Cuando hay juicio, hay separación; viceversa, si está habiendo una separación, es que hay un juicio. En realidad, está empezando el juicio, la separación es una primera etapa y el principio aparece tan temprano como en la época de Noé, o cuando cuando el Señor iba a castigar a Sodoma, y continúa en toda la Biblia hasta llegar al último libro cuando el Señor dice:

Apocalipsis 18.4
     4     Oí otra voz del cielo, que decía:
“Salgan de esa ciudad, ustedes que son mi pueblo,
para que no participen en sus pecados
ni los alcancen sus calamidades;

A veces no entendemos las “separaciones” que hace el Señor, los procesos pueden ser bastante extraños y, aparentemente, sin nada que ver con un propósito divino: peleas, divisiones, líderes que acosan a determinado grupo de hermanos hasta echarlo de la iglesia, hastío espiritual y sensación de vacuidad que lleva a los creyentes a irse de un lugar, etc., etc. Aparentemente, nada “espiritual” ni mucho menos... pero en realidad sí.

Sea como fuere, Dios lo hace. De todas formas, no necesariamente esta “separación” tiene que ser física, y probablemente más de una vez no lo sea; al fin y al cabo, Dios no siempre necesita tener a la gente en “rediles separados” para darle a cada uno lo que merecen sus obras.

¿No les basta con comerse el mejor pasto, sino que tienen que pisotear el que queda? Beben el agua clara y la demás la enturbian con las patas. Y mis ovejas tienen que comer el pasto que ustedes han pisoteado y beber el agua que ustedes han enturbiado.”

De los malos líderes dijimos más arriba que capturaban todos los recursos disponibles y los aprovechaban ellos y sus camarillas; de las “cabras” diremos que hacen algo parecido: aprovechan su posición, su poder, su fuerza o, simplemente, su agresividad, para conseguir los mejores recursos, tratar de abarcar lo más posible, y dejar el resto “turbio”, “sucio”, para que no pueda ser disfrutado por el resto. La imagen no es la de un legítimo deseo de progreso y esfuerzo de superación, sino más bien la de aprovechar alguna posición ventajosa para capturar recursos o posiciones (más allá del propósito divino) y estorbar el crecimiento de los otros.

Esto es muy común en el ámbito “secular”, creo que cualquiera podría estar pensando en un par de ejemplos de su vida cotidiana ahora mismo. Y también es común en determinados ámbitos de iglesia.

Creo que la imagen de las “cabras” aquí podría aplicarse a los que estando adentro no son de Cristo, sino más bien, se aprovechan de los “crédulos y mansos” hermanos. Tampoco hace falta que abundemos demasiado en el tema, porque en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, se explica muy bien esto. Por alguna razón, permanecen adentro y nadie los “saca”. En realidad, esta es una función propia del liderazgo, pero ¿cómo podría hacerlo si, en el fondo, son muy parecidos a ellos y tampoco tienen discernimiento espiritual? Como son más astutos, siempre van a tratar de acomodarse al lado del pastor o los líderes principales, adulándolos, siéndoles útiles, especialmente en los “trabajos sucios”, siendo sumamente fieles al “siervo del Señor”.

Acaparan las posiciones en la iglesia, y se ocupan de criticar por detrás a los santos. Y suelen tener un discurso seductor y engañoso, procurando la “misericordia cristiana y el perdón” cuando son confrontados. En verdad, hay gente dentro de la iglesia que debería ser descubierta, confrontada y echada de la comunidad. Tener más misericordia que el Señor sólo ha servido para destruir el Cuerpo de Cristo. Por supuesto, no deberíamos hacer esto sin un claro discernimiento, ¿cuándo es el tiempo? ¿cuándo arrancar una mata de cizaña puede descalzar también una mata de trigo? Pero, finalmente, hay que hacerlo.

A los hermanos fieles muchas veces les han quedado “las sobras”, los restos sucios de lo que otros aprovecharon: ministerios desarmados, personas abusadas espiritualmente, los malos testimonios que han cundido en la sociedad y de los que luego deben hacerse cargo ellos (mientras los que hicieron el desastre sienten “de repente” el llamado misionero para irse lo más lejos posible).

Dios dice basta a todo ello, pero no entendamos este “basta” en un sentido espiritualizado; es cierto que Dios mismo se encargará de ajustar cuentas con ellos, y veremos cómo terminan. Sin embargo, este “basta” es también también para el pueblo genuino de Dios, que habiendo llegado el tiempo del juicio, esto es, cuando el Señor le da a cada uno lo que le corresponde, primero en el ámbito espiritual, recibieron la autoridad para juzgar y deben ejercitarla. Así es, el juicio, ahora y desde una perspectiva cristiana, que completa el mensaje de Ezequiel, también debe ser ejecutado por los hijos de Dios.

Por eso yo, el Señor, les digo: Voy a hacer justicia entre las ovejas gordas y las flacas.”

El juicio no es solamente entre los que son de “distinta especie”, las ovejas y las cabras, los salvos y los que aparentan; sino también entre los de “una misma especie”: los santos, algunos no tanto... ¡Y aquí nadie se queda afuera! Aún los santos fieles necesitan ser perfeccionados, y aún amando a Cristo de verdad y queriendo hacer el bien, cometemos injusticias que implican alguna especie de abuso hacia los hermanos, alguna ofensa, algún descuido, alguna falta. Es necesario que el Señor corrija eso. Estaría bueno si nos damos cuenta a tiempo.

En función de lo que dice más adelante, quizás debiéramos aplicar esta imagen a la diferencia entre cristianos carnales y espirituales, y los conflictos que surgen entre ellos, como más adelante Pablo lo aclara en sus cartas.

Ustedes han alejado a empujones a las débiles, las han atacado a cornadas y las han hecho huir.”

Hay dos acciones, una un poco más sutil (“empujones”) otra más directa (“cornadas”); de nuevo aparece la imagen del abuso de poder de uno sobre otro. Puede ser crítica, puede ser un “descollar” con los propios dones y una especie de autopromoción (a veces inconsciente), pueden ser acciones contundentes para quitar de un lugar a un cristiano débil, esto es, que no está haciendo todo bien y que no está dejando un buen testimonio, porque necesita ser fortalecido y enseñado (distinto es el caso de un falso cristiano, aunque pueden parecerse desde afuera).

Puede ser más difícil ver el proceso, pero es sencillo el resultado: las hacen huir. Las obligan a irse de la iglesia, se “adueñan” de la congregación de Cristo. Y luego las critican por “alejarse del Señor”. El “negocio” parece redondo: ellos se mantienen “dentro” de la iglesia autorizada, con los líderes y la estructura que (antes) Dios bendijo y aprobó, los otros se fueron, por lo tanto abandonaron al Señor, ellos se quedaron, por lo tanto “están bien” espiritualmente. Su posición se refuerza, mientras que los otros se sienten “expulsados de la gracia” habiendo querido hacer las cosas bien. ¡Qué problema! Pero no para el Señor.

Pero yo voy a salvar a mis ovejas. No dejaré que las sigan robando. Voy a hacer justicia entre las ovejas.”

Este es el “basta” del Señor. Este es el momento de la salvación, cuando Dios interviene para cambiar las cosas. ¿Por qué pasó lo que pasó, por qué se “demoró” el Señor? Algo de eso hablamos antes; podríamos presentar una serie de razones, pero lo más importante en este momento es que ha llegado el tiempo en el que las cosas cambiarán.

Éste es el mensaje de esperanza, escrito desde hace siglos, pero que se actualiza cada tanto, cuando llega el momento del juicio y de la recompensa a cada uno según sus obras. Es importante que las promesas sean conocidas y creídas, pero también es importante saber, por palabra rhema, cuándo son los tiempos y las ocasiones del Señor.

Según entiendo, al momento de escribir esto puedo decir que ahora es el tiempo. ¿A nivel masivo, como un movimiento claramente visible? No lo sé, probablemente no todavía, pero sí para los cristianos fieles que tomen la palabra. Y es que la llegada del tiempo depende, en mucho, de la fe de los santos. Es decir, si los santos pueden creer esto, tomar la promesa y la autoridad de Dios, y aplicar su poder aquí y ahora, esta promesa se cumplirá con poder. Está disponible, y quizás en otras épocas no, pero también es un llamado.

Dios va a hacer justicia; acerquémonos a Su justicia para que ella se aplique a nosotros.

El hecho de estar “afuera” de la iglesia es, en realidad, una construcción psicológica. Nadie puede echar a un hijo de Dios fuera de la iglesia ni de la cobertura del Señor (la única “cobertura” genuina, el resto son “aplastamientos humanos”), sólo de una congregación, y en la medida que los cristianos creen que tal o cual congregación es el Cuerpo de Cristo, y que “fuera” no hay nada, sólo entonces han tenido éxito en expulsarlos. Pero cuando entienden que ellos son el Cuerpo de Cristo, y que hay muchos hermanos con los cuales sí pueden tener comunión, y que ellos son los que tienen la autoridad genuina (no los que mantienen el nombre de lo que Dios hizo en el pasado), y que el Señor está mucho más cerca de ellos que de los otros, entonces pasan a estar “adentro”, genuinamente “adentro”, y se dan cuenta que los otros hace rato que están, genuinamente, “afuera”.

Dios se levanta con juicio, con castigo, pero principalmente con revelación para con sus hijos fieles. Dios quita el espíritu de robo espiritual, Dios protege sus riquezas espirituales (dones, gracias, comunión, ministerio, revelación), se las devuelve, y multiplicadas.

Voy a hacer que vuelva mi siervo David, y lo pondré como único pastor, y él las cuidará. Él será su pastor. Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será su jefe. Yo, el Señor, he hablado.”

Este pasaje es clave; retoma lo que había dicho en el párrafo anterior con otro enfoque: antes el Señor mismo se presenta como el Pastor, ahora es David, que, a la luz del Nuevo Testamento, es tipo de Cristo. Pero también es el líder humano (como Cristo lo es de hecho) y puede ser una tipología del nuevo liderazgo que el Señor va a levantar. Y entre ellos se establece una armonía.

Cristo es el líder de este tiempo. Ahora bien, casi cualquier iglesia a lo largo de la historia ha afirmado que Cristo es su líder, pero también casi cualquier iglesia a lo largo de la historia ha colocado una serie de estructuras y personas entre Cristo y el resto de los hermanos. En la práctica siempre se ha dicho y se sigue diciendo una cosa, con los hechos casi nunca se ha cumplido.

Sí, Cristo es el líder, pero los pastores o apóstoles son sus “únicos emisarios autorizados”; entonces, escuchar y obedecer la voz de ellos es lo mismo que escuchar y obedecer la voz de Cristo. Creo que esta historia ya la conocemos...

No es raro escuchar en la iglesia que el “hombre de Dios tiene la visión de Dios para este lugar”, lo que en otras palabras significa que nadie más la tiene y que si estás en este lugar, debés obedecer dicha visión. Y si te vas... te encontrás con lo mismo!

A veces es más sutil, no se dice tan abiertamente pero en la práctica no prospera ningún proyecto ni ninguna idea que no haya surgido del pastor (o de su camarilla cercana). Es lo mismo.

Creo que nos hemos fascinado con las palabras y nos olvidamos de analizar fríamente los hechos; sería todo tan claro si los viéramos. No importa que con la boca se diga una cosa si los hechos demuestran lo contrario. Y tampoco importan mucho las elaboradas justificaciones que se presentan para tales hechos. Es más, creo que no es necesario ni prudente pedirlas.

Si en la práctica toda decisión, todo “lugar de autoridad”, toda palabra autorizada viene de una sola persona (o de un grupo reducido), tenemos a alguien que está ocupando el lugar de Cristo. Si lo hace por ignorancia o por mala voluntad, consciente o inconscientemente, será otro tema del que deberá ocuparse quién pueda (es decir, alguien a quien el tal líder pueda escuchar).

De nuevo aquí nos encontramos con un equilibrio difícil: la Biblia deja claramente una cierta estructura de autoridad dentro de la iglesia; un modelo anárquico o absolutamente democrático no es el patrón bíblico; pero tampoco el modelo pseudo monárquico de las iglesias de este tiempo. Sería largo de hablar, pero creo que Dios ha dejado distintos espacios de autoridad dentro de su reino, distintos límites y áreas de influencia; y ellas deben ser reconocidas y respetadas.

Reconocidas” es una palabra clave: la autoridad espiritual se reconoce (por personas espirituales) y se acepta; cuando se generan conflictos, problemas constantes y malestares, habría que revisar si es que realmente hay autoridad espiritual o simplemente posiciones usurpadas.

Volvamos al pasaje. Si Cristo es el único pastor, la conclusión es muy simple: de él vienen todas las indicaciones. Así nomás. El problema es que podamos y queramos escuchar la voz de Cristo, para recibir sus instrucciones directamente. No voy a desarrollar el tema, pero no suele ser tan sencillo como parece; por el hecho mismo de la sencillez del concepto nuestras estructuras religiosas se rebelan y buscan crear toda una serie de sistemas para “tener la seguridad” de que se está escuchando la voz de Cristo, cuando en realidad en lo que deberíamos esforzarnos es en aprender a discernir su voz.

Esto último es un tema no menor, pero bastante esquivado hasta ahora; implica un cambio de enfoque radical de la forma de hacer iglesia: en vez de preocuparnos por las estructuras y formas de iglesia que tenemos que armar, por los programas y proyectos, por las líneas de autoridad y procurar que todos “sigan la visión”, el principal objetivo pasa a ser preocuparnos por escuchar ajustadamente la voz de Cristo, discernirla claramente, obedecerla y ajustar todas nuestras actividades a sus indicaciones.

En vez de ver quién tiene más autoridad, de armar esquemas jerárquicos y procurar el disciplinamiento de la gente, discernir cuándo alguien está obrando según el propósito divino y organizarnos según él, sin importar por medio de quién viene la revelación. Por supuesto que hay orden y “jerarquía”, pero tienen una forma muy distinta al orden y jerarquía humanas.

Esto implica una reestructuración radical de la iglesia, pero lo bueno es que podemos empezar ahora mismo; aplicándolo nosotros, cada uno. Seguramente todos escuchamos, al menos de vez en cuando, la voz de Cristo y la obedecemos, pero también seguramente todos tenemos unas cuantas (¡muchas!) áreas en las que no, y ahí debemos avanzar. Probablemente nuestra actividad de iglesia sea de acuerdo a los programas establecidos y no cuestionemos la autoridad de ellos; probablemente nuestro trabajo secular sea conforme a los cánones aceptados para la profesión u oficio, pero no los confrontamos con la voz del Espíritu, y un largo, largo, etcétera. Y quizás no hemos desarrollado conscientemente ni le hemos pedido con insistencia al Señor que nos dé el discernimiento para reconocer su voz de otras voces. Bueno, hay bastante para trabajar.

Hacer esto implica “cumplir” la promesa del pasaje de Ezequiel. Porque si Dios va a poner un nuevo pastor, ¡las ovejas tienen que obedecerlo, claro! Pero creo que, acostumbradas como estaban a escuchar a un pastor humano, no tienen su oído ajustado para escuchar al Pastor Divino. La transición, el cambio de situación de lo que vinimos diciendo en los artículos anteriores de la serie, implica poder escuchar y obedecer directamente al Pastor puesto por Dios, no cambiar un líder humano por otro. Es decir, no se soluciona buscando de iglesia en iglesia donde está el mejor pastor (aunque suele ser necesario también); se soluciona buscando primero la voz de EL Pastor, y luego obedeciendo su guía.

Y aquí vamos al tema del liderazgo humano, porque es claro que Dios establece una estructura de líderes dentro de su pueblo, existen rangos y áreas de autoridad y también jerarquías. La clave de todo esto es si dicha estructuración vino de alguna “buena idea” humana o bien del reconocimiento de la autoridad dada por el Espíritu en cada uno. Repito, lo segundo solo funciona con un verdadero discernimiento espiritual.

Los líderes humanos que ahora Dios levantan siguen el modelo de “David”, Cristo en nuestro análisis neotestamentario. Habría mucho para hablar de su ejemplo, no pretendo hacerlo aquí, simplemente rescatar el enfoque: son como Cristo, tienen su autoridad, siguen el modelo bíblico. A ellos hay que seguir, a ellos hay que escuchar (y obedecer en la medida que sus palabras sean confirmadas por el Espíritu en nuestros espíritus). Ellos merecen nuestros recursos, es decir, ofrendas, diezmos, tiempo, oración, bienes materiales, reconocimiento (todo en la medida que el Espíritu lo muestre, claro).

Debemos dejar de destinar nuestros recursos a un sistema religioso que sabemos que está mal, ¡somo cómplices de él si ofrendamos y destinamos tiempo! Participamos de sus mismos pecados y nos hacemos acreedores de sus mismos juicios, por más que tengamos discernimiento de que no están haciendo bien. Hay muchas buenas obras de Dios y muchos genuinos ministros que necesitan tus ofrendas y diezmos, prefiero destinarlos a ellos antes que colaborar en la construcción de “pequeños imperios personales” de algunos superapóstoles.

Primero, debemos seguir al Líder puesto por Dios: Cristo. Segundo, escuchar a los que cuentan con su aprobación para liderar a su pueblo. Tercero, debe haber una correcta armonía entre ambos.

Algo dije más arriba; ser un líder conforme al corazón de Dios implica (entre otras muchas cosas) reconocer la voz de Dios y someterse a ella, aunque dicha voz venga de mano del más “humilde hermanito”. Implica aceptar que hay Alguien que puede corregir lo que yo digo. Implica que no voy a tener todo el panorama ni toda la visión de conjunto; no voy a “dominar el asunto”. Implica la actitud de Juan el Bautista: llevar a la gente a aprender a escuchar, creer y obedecer la voz de Cristo, de tal manera que “menguamos” nosotros en nuestra visibilidad y “autoridad”.

Voy a hacer una alianza con ellas, para asegurarles una vida tranquila. Haré desaparecer las fieras del país, para que mis ovejas puedan vivir tranquilas en campo abierto y dormir en los bosques.”

Este pasaje comienza una idea que se desarrollará en un próximo artículo. El Señor está empezando a mostrar la consecuencia de este cambio de situación. Contrasta con el panorama desolador de los primeros versículos del capítulo y es el marco de las bendiciones que vendrán.

Una vez que Dios haya hecho la separación, una vez venido el juicio, arreglada la vida en la comunidad y restablecido el correcto liderazgo, entonces viene la bendición, que comienza con un nuevo pacto, una nueva alianza y continúa con las promesas.

Ese es el proceso, no hay otro, no podemos saltearlo ni alterarlo. Estamos en una época donde se busca desesperadamente la bendición, por un atajo que no lleva a ningún lugar. Peor aún, se predica y se enseña sobre el atajo, no sobre el camino. Para llegar a la promesa de este versículo, es necesario hacer el recorrido anterior. No sirve quedarse en la mitad, tampoco “casi llegar”. Hay que concluir todo el proceso.

Creo que muchos hijos de Dios están desparramados todo a lo largo del camino, pero sin llegar. No pueden quedarse allí. No basta con haberse dado cuenta, con haber salido de un sistema si no se llega al Pastor Divino y a los líderes que él ha puesto. No existe la “anarquía cristiana”, no basta con solo “reunirse en las casas” sin un liderazgo conforme al corazón de Dios.

La promesa es una nueva alianza. Por supuesto, ya hemos recibido la Nueva Alianza establecida por Cristo, pero aquí puede tener también un sentido más particular; un nuevo pacto que Dios hace con un grupo de sus hijos, dentro de El Pacto que él ya ha establecido. Y la primer y principal promesa de este nuevo pacto tiene que ver con todo lo que se vino diciendo más arriba: Dios va a quitar de esta nueva comunidad a las fieras; a los falsos líderes, a los abusadores, a los falsos hermanos; va a restablecer la genuina comunión entre hermanos, la verdadera familia de Dios.

La iglesia, la comunidad de los salvos, aquí en la tierra, las congregaciones particulares, serán nuevamente lugares seguros. No quiere decir que no haya problemas, sino que no tendremos que cuidarnos de lobos feroces agazapados entre sus bancas y líderes abusadores; todos serán santos, no entrará lo inmundo; habrá seguridad en el pueblo, las intenciones serán puras, las actividades, programas y proyectos serán para la gloria de Dios. Todo lo que se haga será edificante, no habrá abuso espiritual, existirá la genuina ayuda y amor; se podrá confiar en aquellos que vemos por primera vez.

Los malos y falsos no podrán entrar porque, o bien no soportarán la presencia de Dios en su pueblo, o bien serán descubiertos enseguida, o bien recibirán un duro juicio de Dios. No habrá “fieras”, nadie que haga mal, que busque sus propios fines egoístas.

¿Verdad que esto prácticamente no existe hoy dentro de lo que se llama iglesia? Pero existirá en el pueblo nuevo que Dios está formando, y no en la iglesia espiritual en el cielo, sino aquí y ahora. Allí comenzará a cumplirse la promesa de Apocalipsis:

Apocalipsis 21.27
27pero nunca entrará nada impuro, ni nadie que haga cosas odiosas o engañosas. Solamente entrarán los que tienen su nombre escrito en el libro de la vida del Cordero.

Todo lo que ha mostrado el Espíritu sobre la iglesia en las últimas páginas de Apocalipsis debe comenzar a cumplirse aquí, antes de que llegue su perfección.

Danilo Sorti
Diciembre de 2014


domingo, 23 de junio de 2013

Ezequiel 34 3ª parte: consecuencias de un mal liderazgo

Ezequiel 34.11-16
11“Yo, el Señor, digo: Yo mismo voy a encargarme del cuidado de mi rebaño. 12Como el pastor que se preocupa por sus ovejas cuando están dispersas, así me preocuparé yo de mis ovejas; las rescataré de los lugares por donde se dispersaron en un día oscuro y de tormenta. 13Las sacaré de los países extranjeros, las reuniré y las llevaré a su propia tierra. Las llevaré a comer a los montes de Israel, y por los arroyos, y por todos los lugares habitados del país. 14Las llevaré a comer los mejores pastos, en los pastizales de las altas montañas de Israel. Allí podrán descansar y comer los pastos más ricos. 15Yo mismo seré el pastor de mis ovejas, yo mismo las llevaré a descansar. Yo, el Señor, lo afirmo. 16Buscaré a las ovejas perdidas, traeré a las extraviadas, vendaré a las que tengan alguna pata rota, ayudaré a las débiles, y cuidaré a las gordas y fuertes. Yo las cuidaré como es debido.

Dios le dijo a Jeremías: “Yo pongo mis palabras en tus labios … para arrancar y derribar, para destruir y demoler, y también para construir y plantar” Jeremías 1.10. No sabemos si la profecía de Ezequiel 34 fue dada completa tal y como figura hoy en la Biblia, o vino por partes y luego se ensambló cuando fue puesta por escrito, pero lo que sí podemos saber sin lugar a dudas es que el Espíritu quiso que así quedara registrada, y esto debería sernos suficiente, tal como la Palabra de Dios viene para arrancar y derribar, viene también para construir y plantar.

Según entiendo, toda profecía genuina que hoy anuncie juicio sobre un sistema o un estado actual de situación (como esta) debe también anunciar lo nuevo de Dios, la disrupción con el presente, aquello que no podría ocurrir si el Padre no interviniera en la historia y que trae esperanza a los oyentes. Si eso no ocurriera, la tal profecía debería ser, por lo menos, analizada con mucho cuidado. Es parte de la naturaleza del Padre tanto el juicio como la misericordia y el amor; y, en realidad, todo juicio o castigo es para traer una misericordia mayor, ¡aunque nos cueste verlo así si estamos en medio de él! (seamos lo suficientemente inteligentes como para no...). Por otro lado, nunca puede ser el objetivo último del Dios Creador el destruir algo (excepto el mal mismo), ¡necesariamente tiene que haber una “nueva creación”!

Hasta el versículo 10 Dios está poniendo en claro la situación que demandaba su juicio. Y recordemos que se trata de un juicio que no se había completado aún. Sin embargo, ya anuncia lo que sigue, lo que habría de construir y plantar entre su pueblo. La profecía que viene del Espíritu puede anunciar un juicio terrible e irrevocable (como en este caso), pero debe venir después la manifestación del amor del Padre estableciendo una realidad nueva. Ni lo primero sin lo segundo, ni lo segundo sin lo primero son mensajes proféticos perfectos de lo alto; en el mejor de los casos, estarán incompletos, en el peor, serán solo manipulación hechicera.

Hay mucho para aprender. He conocido gente de Dios que se quedó en la primer parte del mensaje. Realizaron (y realizan) una crítica profunda y bastante acertada de los defectos del liderazgo (y la iglesia, ya que no hay lo uno sin lo otro) presente, pero no articulan una propuesta futura, a veces solo hay una visión espiritualizada y bastante difusa de un futuro irrealizable en la práctica. No quiero ser muy duro en criticarlos, cumplen una parte de la función profética, pero por sí solos alcanzan únicamente a “sacar” a la gente de estructuras religiosas sin meterlas en un “nuevo odre”; los hermanos se quedan vagando en la indefinición y, o se vuelven de donde salieron o caen en la trampa de la decepción. Otros tienen una visión más optimista, trabajan en pos de una mejora, la ven y la anuncian, pero como no alcanzan a ver que hay estructuras incurablemente pecaminosas que sí o sí Dios tiene que arrancar, todos sus esfuerzos caen en saco roto, apenas algún líder conforme al corazón de Dios se levanta, las “estructuras religiosas” lo encadenan y lo amoldan, o lo hechan. Vale aclarar que cuando hablo de estructuras religiosas no me estoy refiriendo a algo distinto a lo que venimos mencionando; lo que el pasaje analiza a un nivel de personas y sus actitudes se manifiesta y prospera en “sistemas” o “estructuras”. Personas que sostienen estructuras y estructuras que sostienen personas terminan estando íntimamente interrelacionadas.

Ambas “corrientes proféticas” bien pueden ser genuinas aunque incompletas en sí mismas, y sólo quienes pueden tener un corazón lo suficientemente humilde delante de Dios, y son capaces de hacer morir su forma (humana) de pensar pueden abarcarlas y entenderlas; quienes no, caerán en una parcialidad que el Adversario aprovechará para conducirlos a otro error. ¡No puede haber genuino entendimiento si no hay un corazón receptivo a la voz del Espíritu!

Entre paréntesis, las enseñanzas de Christian A Schwarz sobre lo que el denomina el Paradigma Biótico o Bipolar en la iglesia me parecen muy prácticas y clarificadoras como fondo para cualquier análisis profundo y cambio en este sentido, por su visión equilibrada. Considero que no puede haber “deconstrucción profética” y “nueva construcción” si no se tiene un entendimiento de “como funcionan las cosas” superior al que sustentó el antiguo sistema.

“Yo, el Señor, digo: Yo mismo voy a encargarme del cuidado de mi rebaño”. “Yo”, “Yo mismo”, “mi”; tres afirmaciones hacia sí mismo en un breve texto. ¿Por qué? ¿Es “Yo” en contraposición a Quién?

En el antiguo Israel la confrontación entre Jehová y los falsos dioses cananeos era muy común; entonces: “Yo”, era en la mente del pueblo del Señor, el “grito de guerra” de Jehová frente a los falsos dioses, y la declaración que exigía una decisión de parte de su pueblo. Pero en el texto no vemos una mención explícita a los ídolos, porque al tiempo de la profecía de Ezequiel la idolatría estaba dejando de ser problema entre el remanente exiliado (mejor dicho, estaba recibiendo el “juicio definitivo”). Los “otros” que han aparecido hasta este momento son, precisamente, los líderes abusadores. Podría ser, entonces, que “Yo” sea en oposición a un liderazgo delegado (o usurpado) que se había desviado. Pero si esto es así, ¿por qué decimos que el accionar de Dios implica un cambio de líderes? ¿Acaso hay aquí algún tipo de acción mística de Dios que no necesite de hombres? Y sino, ¿qué es lo que efectivamente va a hacer que no puedan hacer los hombres? En breve analizaremos eso pero hagamos un paréntesis antes.

Hoy podemos pensar que este “Yo”, que históricamente significaba una confrontación contra los falsos dioses, y que es ahora utilizado hacia los falsos líderes, nos da una revelación de los principados satánicos que realmente se mueven detrás de todo liderazgo destructor. Pero si lo pensamos mejor, en aquel entonces era mucho más clara la relación: inevitablemente los malos líderes se volcaban a la idolatría, por lo que la asociación se hacía más explícita. Hoy es más sofisticada y encubierta, ¡pero no deja de tener la misma raíz!

Por ejemplo, Colosenses 3.5 dice: “5Hagan, pues, morir todo lo que hay de terrenal en ustedes: que nadie cometa inmoralidades sexuales, ni haga cosas impuras, ni siga sus pasiones y malos deseos, ni se deje llevar por la avaricia (que es una forma de idolatría).” La avaricia en todas sus formas es un principio muy común en buena parte del liderazgo cristiano actual, ¡porque lo es en todo el mundo y en toda la cristiandad también, y está metido en la misma “teología creída y predicada” de hoy día! Ningún líder cristiano hoy va a ser formalmente idólatra, pero al poner su amor en Mammón en el fondo lo está haciendo y como tal se está comportando.

Sabemos que la imagen del Buen Pastor se perfecciona en palabras de Jesucristo (Juan 10) y que de alguna forma el pasaje de Ezequiel es profecía de lo que diría el Señor siglos después. Y también es ampliación, porque detalla lo que Dios iba a hacer como pastor. En un sentido futuro, este “Yo” de Ezequiel anticipa lo que Dios mismo haría a través de su Hijo, sienta las bases de una esperanza mesiánica en el pueblo y reaviva una expectación futura, en un tiempo en el que precisamente parecía no haber ya más futuro (recordemos, el inicio del exilio babilónico). No debemos menospreciar la capacidad de brindar esperanza que tienen estos versículos; aun no ha llegado su realización plena, solo podremos hablar de cumplimientos parciales hasta que el Amado vuelva a establecer su reino de justicia. Como dijo el apóstol, ¡animémonos unos a otros con estas palabras! ¡Ven Señor, no te tardes, desesperadamente anhelamos estar contigo!

Volvamos al texto. Para empezar a entender este accionar en relación con nuestra realidad presente, veamos algo del Nuevo Testamento:

“Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen.” Juan 10.27

Entonces, podemos decir que efectivamente el Padre hablaría por voz del Espíritu guiando a su rebaño hacia los tiernos pastos. Esto no es nuevo, siglos atrás, Dios quiso hablar directamente a su pueblo, pero Israel dijo:

19Así que le dijeron a Moisés: —Háblanos tú, y obedeceremos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos.” Éxodo 20.19

Eso pareció muy “espiritual”, pero por como se comportó el pueblo después, casi diríamos que fue una excusa para no pagar el precio de escuchar directamente a Dios. Ahora, desparramados entre las naciones y sin ninguno de los medios de comunicación modernos, difícilmente hubieran podido seguir a un líder humano, y más aún cuando los que existían y conocían habían sido reprobados y estaban siendo cortados de su función, o lo habían sido ya. La situación había llegado a ser tal, que lo único que podían hacer eran escuchar directamente la voz de Dios.

Claro, uno pensaría: ¿por qué no hicieron eso siglos atrás, para ahorrarse tanto sufrimiento y tanta muerte…? No es necesario responder esa pregunta porque cualquier cristiano con algunos años de experiencia sabe que, sencillamente, ¡así somos! Pero no tenemos que seguir siéndolo siempre. La aplicación es que necesitamos llegar a ser lo suficientemente inteligentes como para aprender de la historia y no tener que pasar por pruebas tremendas para cambiar. La mayoría de los cristianos que conozco no son capaces de hacerlo todavía, ¡y espero no ser yo uno más! Tengo la certeza de que al final de los tiempos esto cambiará.

Ahora bien, reflexionemos sobre el hecho de que antes de que Dios se pueda levantar como único pastor de su pueblo tuvo que haber ocurrido una dispersión; no había forma sino. Ya hablamos sobre esto más arriba. Generalmente los cristianos llegan a estar tan “absortos” por las estructuras y los liderazgos (pongámoslo más claro: la manipulación hechicera) humanos que difícilmente puedan escuchar directamente al Espíritu. Son esas estructuras (que se cristalizan en muchas de nuestras iglesias) las que el Señor debe dispersar para que sus hijos fieles puedan abrir los ojos, y es a sus hijos engañados a los que debe echar de dichos lugares. Pero ya nos ha dejado suficientes advertencias en su Palabra como para que no tengamos que sufrir esto si nos damos cuenta a tiempo. Y de paso, podemos tener armas espirituales superiores hoy día para hacer algo por estas “estructuras pecaminosas” donde hay hijos a los que Dios ama tanto y que ardientemente desea que abran los ojos y pasen a otro nivel de luz espiritual.

Hay otro tema que casi pasa desapercibido; Dios dice “mi rebaño”, y lo sigue repitiendo. Hay dos enseñanzas fuertes aquí. La primera, más obvia y necesaria, es que el Padre quiere asegurarle a su pueblo que son suyos y no están a merced del capricho de los líderes abusadores de turno. Tienen su sello, son su posesión, y así como cualquiera se encarga de cuidar lo suyo, ¡cuánto más Dios! Pero también sugiere que puede haber “otro” rebaño, que no estará bajo el cuidado divino; eso se explica más adelante.

Por ahora, saber que uno está dentro del rebaño de El Pastor es un gran consuelo y una gran seguridad. Y podemos tener esa seguridad si es que estamos oyendo la voz del Señor y siguiendo por donde nos guíe.

Es muy fácil que se olvide que el “rebaño” es del Señor (de hecho, la palabra “rebaño” se usa más en referencia al Señor como pastor que al liderazgo humano). Es una verdad que tiene muchísimas implicancias prácticas, que pueden ser fácilmente pasadas por alto porque no parecen tan inmediatas ni evidentes. Sería un tema en sí mismo hablar de esto, pero valga por ahora decir que no debemos perder de vista esta verdad y debemos permitir que el Espíritu nos muestre todo lo que significa.

“Como el pastor que se preocupa por sus ovejas cuando están dispersas, así me preocuparé yo de mis ovejas; las rescataré de los lugares por donde se dispersaron en un día oscuro y de tormenta”. La “dispersión” de los israelitas era un hecho físico, y la promesa profética tenía que ver con eso, pero está claro que el Espíritu empezó a introducir desde el principio un sentido espiritual, y así esperaba que la gente de entonces lo entendiera. Los lugares donde se habían dispersado eran las naciones extranjeras, el día oscuro y de tormenta había sido la conquista y destrucción de Judá. Jehová movería las circunstancias para que ellos volvieran y, en efecto, pudieron hacerlo décadas después sin que hubiera un general o guerrero que los reuniera y peleara contra las potencias imperiales, sino porque el Espíritu se movió precisamente entre ellas para que se les permitieran volver. Los líderes de esa época no cumplieron funciones militares, sino civiles (organizacionales) y espirituales. ¡No era así como se movían los pueblos en ese entonces! (y casi que tampoco ahora). Ningún hombre pudo llevarse la gloria.

Dios se preocupó de su pueblo, en el exilio no permitió que disminuyeran en número ni que se perdiera su fe, todo lo contrario, se desarrollaron las sinagogas, que siglos más tarde serían la base para la constitución de las iglesias cristianas, el estudio de la Palabra revelada creció y mucho de la espiritualidad de Israel, que formaría el sustrato del ministerio mesiánico, fue tomando forma. Conocemos algunos de los líderes de esa época por el registro bíblico, muchos otros los conoceremos en el Reino Venidero.

Lo que Dios iba a hacer ellos no lo habían visto nunca hasta ese momento, y difícilmente, si acaso, podían llegar a imaginárselo, ¡pero podían tener la firme seguridad de que el Señor no los abandonaría ni los dejaría huérfanos de conductores!

Tratemos de aplicar algo a nuestra realidad. Planteamos la situación de pecado y crisis del liderazgo, tan común en muchos ámbitos cristianos. ¿Qué va a hacer Dios? ¿Cómo lo va a hacer? ¿Con quién? Podemos indagar en la Biblia y en la historia para buscar principios y formas en las que el Espíritu se movió, y son todas útiles, pero nunca podremos ceñirlo a un molde. Hay eventos que sin duda ocurrirán, pero cada situación será nueva y nunca idéntica a otra. Así como el Señor esperaba que los israelitas confiaran en él sin saber exactamente lo que ocurriría en el mundo natural, así espera de nosotros. El ejercicio de la fe que lleva a la esperanza (que no es igual a la fe para solo soportar) no es fácil pero tiene un gran valor delante de Dios.

“… así me preocuparé yo de mis ovejas”. Las expresiones del Padre en estos versos son a la vez familiares y cercanas al corazón de los oyentes. Ya las entendían en un sentido metafórico, y podían percibir el sentido de “cuidado tierno y dedicado”. Ubiquémonos en el contexto: los oyentes habían sido duramente “golpeados” (¡literalmente!), y más de una vez. El liderazgo no había procurado el bienestar del pueblo, ni lo había corregido con amor; sólo lo había explotado y dejado expuesto al enemigo. El pueblo mismo estaba desenfrenado (desde hacía ya varias generaciones), Dios había intentado hablarles de muchas maneras sin éxito, hasta que permitió que ocurriera esto (tanto el juicio de la guerra y el exilio, como el juicio de malos gobernantes) para que, en medio del sufrimiento, pudieran abrir los ojos y convertirse. Poco podemos imaginarnos todo el contexto de esos años, las cosas que se dijeron, las que se vivieron; eso generó un trauma tan profundo, tantas heridas en el alma, tantas preguntas. Fue un proceso necesario dada la dureza de sus corazones, pero ahora Dios debía restaurarlos, y las palabras que encontramos en este capítulo, dirigidas al pueblo, contrastan grandemente con lo que vimos más arriba. Al liderazgo corrupto se dirigen durísimos reproches (tal como hizo Jesús en su época); pero para el pueblo hay palabras de consuelo y esperanza. Dios mismo está bajando para sanar, primero, los corazones de sus siervos.

Hubo un momento en el que Dios no respondió: “16“Tú, Jeremías, no ores por este pueblo, no me ruegues ni me supliques por ellos. No me insistas, porque no te escucharé.” Jeremías 7.16. En esencia, es lo mismo que encontramos en Saúl (1º Samuel 28.15-16):
15Entonces le dijo Samuel:
—¿Para qué me has molestado, haciéndome venir?
Saúl respondió:
—Es que estoy muy angustiado, pues me están atacando los filisteos y Dios me ha abandonado. No me responde ya ni por medio de los profetas ni por sueños. Por eso te he llamado, para que me indiques lo que debo hacer.
16Samuel le contestó:
—¿Por qué me preguntas a mí, si el Señor ya te ha abandonado y se ha vuelto tu enemigo?

Saúl, que había sido un celoso perseguidor de adivinos y nigromantes, al final de su vida terminó recurriendo a ellos porque el Señor ya no le respondía, debido a su pecado de rebeldía. De paso, ¡Dios no tiene ningún problema en hablar por medio de quién sea! De la misma manera, Dios dejó de responder y atender las peticiones del pueblo debido a sus muchos pecados, y éste, en vez de arrepentirse, buscó la voz de los falsos dioses. Para lo que nos interesa en este artículo, el asunto es que no estaban acostumbrados a escuchar la voz de Dios y sabían en su interior que Dios estaba profundamente enojado con ellos. Ahora, que ya no habría más falsas voces de los falsos profetas, de los sacerdotes corruptos y de los líderes abusadores, no habría otra voz para escuchar que la del Espíritu. Sencillamente, ¡no tenían a nadie más a quién recurrir!

¡Qué bueno y qué gran consuelo es saber que podemos confiar en que escucharemos la voz del Padre cuando le busquemos en nuestra angustia! Estas son verdades para los afligidos, y, en este contexto, para los que han estado sufriendo bajo liderazgos inadecuados. Dios sin duda hablará y guiará a su pueblo. Pero, para los que no han llegado aún a este punto, hay una advertencia: no esperes hasta llegar al fondo, si hoy Dios te está llamando a realizar cambios, a buscarle más profundamente, a desechar algunas cosas y tomar otras, no te quedes cómodamente en tu posición, aunque en camino que te muestra parezca difícil de entrada, sin dudas será el mejor. No es “más espiritual” que Dios nos levante de en medio de una crisis, si está la provisión de un camino de escape, lo verdaderamente espiritual es escuchar y obedecer a tiempo.

Es difícil expresar con palabras humanas esta acción espiritual de parte del Padre. Se requiere un “corazón espiritual” para entenderlo y aceptarlo. Quién no lo tiene (porque no lo ha procurado, ya que Dios lo otorga a cualquiera que sincera y profundamente lo busque) no podrá entender este accionar divino y seguirá buscando vez tras vez algún líder humano que lo guíe; pero va a ser inevitablemente defraudado, primero, porque Dios no va a permitir que lo encuentre si es que no lo busca a El primero, y, segundo, porque al no tener los parámetros divinos para juzgar, va a ser incapaz de ver cuáles son los líderes verdaderamente diferentes.

“… me preocuparé…” Dios se interesa, toma participación activa. “… las rescataré…” aunque la cárcel parezca inexpugnable, aunque el laberinto parezca irresoluble, y humanamente no haya solución posible a la vista ni siquiera para el más inteligente o experimentado, el Señor simplemente dice: “Los voy a rescatar”. Esta breve expresión tiene mucha potencia para animar a los abatidos, y se aclara con lo que sigue: “de los lugares por donde se dispersaron”. Ya vimos su aspecto histórico y material, espiritualmente se trata de lugares por donde vaga el alma (o fragmentos de ella) sin salida, sin rumbo, lejos de Dios y bajo el dominio de los demonios, fragmentación que ha ocurrido por los inevitables traumas que genera la religiosidad y la dominación humana. Psicológica e intelectualmente se trata de una multiplicidad enorme de filosofías, ideologías, religiones, etc., etc. Físicamente se puede traducir en un “deambular” por espacios y lugares donde no hay verdadera satisfacción para el espíritu. En definitiva, podemos ampliar la imagen cuánto queramos, pero todos esos muchos espacios están lejos de Dios. En la antigüedad, Dios había establecido un solo territorio físico para su pueblo, en contraposición había muchos otros reinos en el mundo. Lo mismo ocurre espiritualmente.

Una crisis de liderazgo provoca que los hermanos se “dispersen” por todas partes: algunos directamente de vuelta al sistema del mundo, los más caen presa de la decepción y luego de diversos demonios, algunos de ellos terminan alimentando al mismo sistema hipócrita también.

“… en un día oscuro y de tormenta”. No hace falta abundar en el significado de esto porque ya se dijo, sólo recordar que el “día oscuro” viene para todos; absolutamente ningún hijo de Dios escapará de él; pero eso no significa que tengamos que perdernos, o si ocurre en cierto grado, que no podamos escuchar rápidamente la voz del Pastor y volver a su redil (Salmos 112.4):

4 Brilla una luz en la oscuridad
para los hombres honrados,
para el que es compasivo, clemente y justo.

Que Dios sea la luz de los justos significa que en el “día oscuro” éstos no andarán a tientas, sin saber donde ir. Pero si este no fue tu caso, ¡ánimo!, el Padre sigue siendo luz a todos los que le buscan.

Cómo dijimos, el día oscuro viene para todos, pero “cuán oscuro” sea el día va a depender, en buena parte, de “cuánta luz” haya en cada uno. En la medida que hay más conocimiento del Señor, de las cosas espirituales, y tenemos puesta toda la armadura y sabemos usar eficazmente las armas, los “días oscuros” son cada vez más “claros”. No digo que no haya dificultades, sino que las enfrentamos de una forma muy distinta.

También podemos usar la imagen de “hacer provisión” para el día malo:

Mateo 7.24-25
24“Por tanto, el que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. 25Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía su base sobre la roca.

Es decir, se trata de “ir edificando” toda la vida sobre la base sólida; eso es “hacer provisión” para el día malo.

Más específicamente, tiene que ver con escuchar la voz de Dios para aprovechar momentos que él nos da en buscarle, estudiar su palabra y recibir revelación necesaria para lo que vendrá.

Pero, finalmente, el día oscuro y de tormenta viene, y en esta época de la humanidad podemos estar absolutamente seguros de ellos, ¡y no una vez!, sino muchas. Inevitablemente, muchos cristianos no habrán hecho provisión (aunque no será así en el futuro), pero el Padre no se ha olvidado de ellos.

“Las sacaré de los países extranjeros, las reuniré y las llevaré a su propia tierra.” Ya hablamos del proceso histórico que ello significó. Creo que también podemos entender lo que espiritualmente significa. Pero podemos darle una interpretación más “concreta”, y entender “la propia tierra” como la nueva iglesia que el Señor está formando.

Muchos, desilusionados con la realidad de buena parte de la iglesia hoy, han renunciado a la esperanza de que llegue a haber una congregación santa y gloriosa, donde fluya verdaderamente el amor y haya líderes santos, que dediquen su vida al rebaño y no a construir sus propios pequeños imperios. Lo ven como un sueño irrealizable y se han acostumbrado a la situación presente y a desarrollar una comunión individual y fuerte con el Señor. Eso no está mal, al contrario, es lo que se puede hacer hoy día. Pero Dios no va a dejar de construir dicha iglesia, y ya lo está haciendo, aunque sin publicidad ni visiblemente a los ojos de “las masas”; y él va revelando a los que le buscan de verdad “dónde” y quiénes son esa iglesia, y va juntando a los suyos, lejos de las superestructuras eclesiásticas actuales.

¡No hay que perder la esperanza! ¡Y no hay que acostumbrarse a vivir una vida espiritual en solitario, por sobre todo! Como dijimos, esto es necesario en un momento de transición (que puede durar varios años) pero no es el estado final, y es necesario, ¡imprescindible!, que mantengamos la esperanza y la expectación. No sea cosa que, habiendo salido de “babilonia”, nos quedemos dando vueltas en el desierto sin nunca entrar en la Tierra Prometida. Sé que no es fácil hacer una “deconstrucción” de toda su vida eclesiástica y de las formas que conoció, en las cuales vivió y donde Dios se manifestó muchas veces y de muy gloriosas maneras; muchos no lo logran nunca. Sé que no es para nada fácil renunciar a un proyecto de vida dentro de esas estructuras, especialmente para los que vivieron y fueron bendecidos durante muchos años ahí; de nuevo, muchos jamás lo hacen. Luego, han debido rearmar su vida “en el exilio”, es decir, fuera de la actividad y ministración de la iglesia (aunque jamás hayan dejado de congregarse), y “encontrar” a Dios en la cotidianidad, hacer el esfuerzo de alimentarse directamente del Espíritu, buscar nuevos líderes espirituales (normalmente a través de libros), “descubrir” el ministerio en el mercado, rearmar su teología y su interpretación del mundo y acostumbrarse a muchas carencias de ministración, además de, muchas veces, tener que soportar sermones aguados y un liderazgo carnal que parece prosperar por no dejar de congregarse, porque no hay otro lugar mejor adónde ir (¡créanme que “los otros” son peores!) y porque no queremos que nuestros hijos se críen sin la noción de iglesia.

Y después de haber transcurrido todo esto, y de haber llegado a un equilibrio con las nuevas reglas de juego, ¡y de no estar dispuesto a ser abusado y defraudado otra vez por líderes carnales!, ¡¡a Dios se le ocurre que debemos “entrar” nuevamente en la iglesia!! Bien, no es fácil de digerir y no se supone que lo sea. Lo importante es no perder de vista nunca que esa iglesia no tiene nada que ver con la que uno dejó, que está en construcción y que no va a ser como lo que conocemos hasta ahora.

Creo que el Espíritu quiere recordarnos esto una vez más: ¡por favor, no pierdan la esperanza, porque Yo los llevo a Mi nueva Iglesia, a la Nueva Jerusalén, la Novia de mi Hijo, la Congregación Santa de los últimos días!, dice el Señor.

“Las llevaré a comer a los montes de Israel, y por los arroyos, y por todos los lugares habitados del país. 14Las llevaré a comer los mejores pastos, en los pastizales de las altas montañas de Israel. Allí podrán descansar y comer los pastos más ricos.” Tres veces se repite la noción de “comer”, y la imagen es similar a la de la parábola del Buen Pastor.

Creo que no hace falta hablar mucho sobre la metáfora del alimento porque es clara para todos los cristianos. El Nuevo Testamento le da una profundidad espiritual mayor en la Santa Cena. Cómo sea, sabemos que es lo que nutre la vida espiritual (y también emocional, intelectual y material) del ser humano. Creo que el enfoque en estos versículos se refiere a la diferencia entre que la oveja busque su propio alimento o que se lo ofrezcan en abundancia.

Veamos algunas cuestiones muy prácticas. Cuando el cristiano que se encuentra en la situación mencionada párrafos más arriba se da cuenta de que debe buscar su propio alimento, empieza un proceso arduo, porque no todas las fuentes que prometen brindar alimento lo brindan realmente, o a veces está contaminado y debe seleccionarse con cuidado; o bien no hay muchos lugares (libros, radios, videos, hermanos) donde buscar, y puede no ser fácil acceder a ellos, y porque no hay ningún mapa para seguir. Esto no deja de ser parte del proceso de formación de Dios, y quienes hayan pasado por ese proceso serán los líderes de lo que sigue. Pero no deja de ser arduo y peligroso. Cuán diferente sería si pudiéramos contar con suficientes líderes dedicados tiempo completo a la obra que estuvieran en este nuevo mover.

Pues bien, en esta etapa el Señor no está prometiendo todavía que enviará a tales líderes, pero sí que él personalmente guiará a los suyos, a través del discernimiento espiritual que ellos ya habrán desarrollado en esta etapa.

Ahora se vuelve todo más fácil; porque ya hemos aprendido a distinguir entre la voz de la religión, de los “buenos consejos cristianos” que se quedaron atrás en el tiempo, de la voz del Espíritu. Entonces, es sencillo seguirle; saber qué leer y qué no, cuándo, a quiénes escuchar y a quiénes no, saber discernir la voz del Espíritu en nuestros corazones. Ahí se cumplen literalmente estas palabras, y aunque no se haya llegado todavía, se empieza a vivir en Lo Nuevo de Dios.

“Allí podrán descansar” recalca esta verdad: cuando no debe buscarse el alimento espiritual con cuidado y esfuerzo, es posible descansar y comer en abundancia; es decir, avanzar mucho más rápidamente en el camino, alcanzar revelaciones y victorias mucho más rápido que antes.

Hay un descanso al que se llega en este nivel, cuando se es pastoreado por el Señor. ¡Nunca deberíamos dejarlo!, ni siquiera cuando los verdaderos pastores de los últimos tiempos sean soltados sobre la nueva iglesia. Creo (casi diría que estoy convencido) que todo este proceso histórico ha servido en buena medida para lograr esto en la Iglesia del Señor, para que nunca más los cristianos miren más a los hombres que al Padre.

“...los montes de Israel...”, los lugares altos, no paganos, sino el lugar del encuentro con Dios, la montaña de la revelación, donde no están las distracciones del mundo sino solo el señor y nosotros. El lugar quieto donde podemos escuchar al Espíritu sin perturbaciones, sin los ruidos del mundo ni del activismo eclesiástico.

“...por los arroyos...”, el fluir del Espíritu, puro, que viene directamente de lo alto, sin contaminaciones, continuo, sin interrupciones. Los ríos que salen del trono de Dios. El agua que da nuevas fuerzas, que aclara la visión (discernimiento).

“...los mejores pastos ... los pastos más ricos.” Es decir, la mejor enseñanza, la mejor ministración espiritual, el mejor alimento, Cristo mismo, su cuerpo y su sangre. Hay un alimento especial, nuevo, distinto, que no ha sido dado en décadas pasadas; mucho más rico y sustancioso. Si seguimos el proceso, aquellos que primero fueron dispersados y heridos, y luego rescatados y sanados por el Señor, son los que serán llevados a los mejores pastos y arroyos, y tendrán el descanso de lo alto. Paradójico, ¿no?

Estas revelaciones no las pueden recibir ni aceptar aquellos que no han pasado por el proceso, y que no están siendo pastoreados directamente por el Señor, sino por pastores humanos (entendamos el sentido espiritual de lo que digo). No las entienden, o directamente no las pueden recibir o bien las consideran pura herejía. Son paradigmas completamente distintos. No tiene ningún sentido pretender que lo entiendan. No hay mucho para hacer más que orar y esperar a que Dios mismo intervenga.

Hay que esperar esta enseñanza, disfrutar de ella, y estar agradecidos por todo lo que Dios esté dando. Hay un campo espacioso, claro, libre, sin riesgos ni peligros (las fieras que asechaban a las ovejas perdidas, en medio de los pedregales y bosques). Hay “lugares habitados”, no yermos desolados; habitados con gente santa, fiel, de quienes no es necesario cuidarse cuando uno se da vuelta por miedo a que le claven un puñal por la espalda.

De alguna manera la imagen de estos versículos recuerda al Jardín de Dios, aunque sea vagamente; porque en realidad es figura de él y lo preanuncia.

15Yo mismo seré el pastor de mis ovejas, yo mismo las llevaré a descansar. Yo, el Señor, lo afirmo”. Creo que el principal objetivo de estas palabras es reforzar lo que el Señor ha venido diciendo. Dios lo afirma y asegura, para que no queden dudas acerca de lo que ciertísimamente va a hacer. ¡Nadie debería dudarlo! No deberíamos nunca perder la esperanza, porque el Señor ya está cumpliendo esta promesa.

“... las llevaré a descansar”. Otra imagen fuerte es la del reposo, ya lo mencionamos más arriba. Podríamos ver algunos pasajes relacionados:

Hebreos 4.3
3Pero nosotros, que hemos creído, entraremos en ese reposo, del cual Dios ha dicho:
“Por eso juré en mi furor
que no entrarían en el lugar de mi reposo.”
Sin embargo, Dios había terminado su trabajo desde que creó el mundo;

Mateo 11.30 (NVI)
30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.»

Dios nos lleva al reposo, su guía nos trae paz y hay descanso en sus caminos, por más atareados que estemos y aunque debamos enfrentar persecución. Pablo lo llama en Romanos 15:33 “Dios de paz”. Por el contrario, no hay paz en los caminos de la religión; podrá haber mucha actividad, se podrán hacer incluso muchas cosas “buenas” (habrá que ver si duran después), pero no hay paz, y eso, tarde o temprano, trae sus consecuencias.

La paz interior es una señal muy fuerte de estar en la voluntad de Dios, hay que desarrollar la sensibilidad necesaria para reconocerla y la obediencia para moverse cuando se pierde. En la paz es que existe el descanso, y el trabajo no se vuelve fatigoso y es revocada la maldición dada a Adán; no deja de haber trabajo ni esfuerzo, pero éste no debilita las fuerzas sino que las aviva cada día más

El último versículo (16) de esta sección enfatiza lo que el Señor mismo vino diciendo hasta ahora: él será el Pastor de su pueblo disperso, detallando qué es lo que va a hacer:

“Buscaré a las ovejas perdidas”. Allí donde la oveja del rebaño del Señor esté, él irá. Si está siguiendo o prestando oído a alguna otra filosofía, que puede ser religiosa o no (por ejemplo, enseñanzas en cuanto a cómo alimentarse adecuadamente, cómo organizar la vida, cómo tener cuidado de la salud, y un largo etcétera), y que en este último caso no necesariamente es “mala” (aunque suelen sirven para “distraer” a las personas de Dios y pueden estar contaminadas con idolatría) pero están ocupando buena parte del tiempo que debería dedicarle al Señor, allí se presentará el Señor y allí se manifestará, y por medio de esas enseñanzas lo llamará nuevamente a Su redil.

O vamos a algo mucho más común y “terrenal”: si está ocupando su tiempo con la vacuidad (e inmundicia) de (casi toda) la televisión (también Internet), allí el Señor enviará sus mensajeros (¡y más de una vez, involuntarios!) para despertar a Su hijo dormido.

O no necesariamente a través del mismo medio, puede ser también un vecino, un compañero de trabajo, un encuentro ocasional ... En definitiva, Dios no tiene ningún problema en manifestarse las veces que quiera, donde quiera y a través de quien quiera. La idea de estas palabras, según entiendo, es que la “oveja perdida” no sabe como volver al camino del Señor y por ello anda vagando de un lado a otro (por ejemplo, probando distintas “distracciones” seculares, o distintas filosofías, o, más simple, distintos programas de televisión o canales de Internet, o quehaceres domésticos y laborales); normalmente no se queda mucho tiempo con una sola cosa o actividad. En el fondo, sabe que tiene que volver y no rechaza la idea, pero no sabe como (espiritualmente hay ataduras y “vallados satánicos”). Bien, sea como sea, ¡allí irá Dios! Y la guiará de nuevo a su hogar.

“... traeré a las extraviadas...” La idea aquí es parecida a la anterior, pero el énfasis está en aquella que fue echada lejos del redil, tal como se habló más arriba; la maltratada, de la que abusaron, la escandalizada. Tampoco de ellas se olvidará el Señor.

“... vendaré a las que tengan alguna pata rota...” Esta es la que no puede caminar, la que tiene algún impedimento más grave para volver al camino del Señor: alguna herida profunda, alguna demonización (no posesión, estamos hablando de cristianos).

“... ayudaré a las débiles...” Aquella que humanamente no podría seguir, o cuya alma permanece muy fragmentada o herida.

En definitiva, ninguna de estas cuatro categorías son cristianos santos y consagrados, de carácter agradable, activos en las cosas del Señor y personas con las que sea fácil tratar o que no nos vayan a fallar. ¡Si así fuera no estarían dispersos! Si esa es tu realidad, ¡el Señor está llamando a la puerta para que le abras! Si Dios te está enviando a alguno de ellos, ¡debés saber que necesitarás mucho amor y paciencia!

La “oveja perdida” no es agradable: está sucia, nerviosa, malnutrida, probablemente enferma y herida; y seguramente no reaccione bien cuando intenten llevarla nuevamente al rebaño. Pero el Padre no tiene ABSOLUTAMENTE NINGÚN problema en ir a buscarlas, ¿lo tendremos nosotros?

La última parte de esta frase es más controvertida: “...y cuidaré a las gordas y fuertes”, porque esto mismo ha sido traducido de otras formas, ya que en el hebreo se traduce por “a la engordada y a la fuerte destruiré” (VRV95). Este sentido está más en consonancia con los versículos que siguen, aunque no con el contexto inmediato. Podemos considerar que ha habido errores en las sucesivas copias del texto bíblico, o bien que en el proceso histórico el Espíritu ha querido mostrar una verdad más amplia con estas palabras.

Si el sentido de “gordas y fuertes” es positivo (aquellas que encontraron buenos pastos), ¿por qué habría de destruirlas? Dios no va a dejar de cuidarlas. Es muy común en nuestra época (en determinados ámbitos) que se sobreenfatice la situación del débil y necesitado (digo, en el discurso más que en los hechos concretos, y generalmente para obtener votos o algún tipo de apoyo demagógico), tanto que ya es un “hecho cultural” y “está mal” (según la “religión secular” de nuestro tiempo) exaltar las virtudes de aquellos que han sabido (honestamente) lograr cosas importante en la vida (excepto, claro, de los “amigos del poder” de turno, político, social o eclesiástico). Es muy común que los testimonios en nuestras iglesias “exalten” (o, simplemente, den lugar solamente) a aquellos que han sido particularmente descarriados y con quienes el Señor ha tenido una dosis especial de misericordia y gracia. ¡Gloria a Dios por ello! ¡Que nunca falten testimonios así! Pero, ¿es esto lo único que vale la pena mostrar? ¿Y qué de los que han permanecido fieles y firmes en obediencia al Señor? ¿Y qué de los que nunca se han descarriado de forma aberrante?

Si el sentido de “gordas y fuertes” es negativo, nos está introduciendo ya en lo que sigue: la división que Dios hará en medio de su pueblo, y que, en esencia, es la raíz, la misma “sustancia” de lo que dijo en los versículos anteriores: el abuso de los más fuertes sobre los más débiles, que se manifiesta claramente en las estructuras religiosas. No creo necesario hablar mucho sobre este tema ahora porque se va a ver bien en lo que sigue.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Ezequiel 34 2ª parte: consecuencias de un mal liderazgo

Ezequiel 34<!--[if gte mso 9]> Danilo Normal Danilo 2 0 2012-12-16T21:07:00Z 2012-12-16T21:07:00Z 1 5681 31251 260 73 36859 11.9999 <![endif]
Ezequiel 34.5-6
5Mis ovejas se quedaron sin pastor y se dispersaron, y las fieras salvajes se las comieron. 6Se dispersaron por todos los montes y cerros altos, se extraviaron por toda la tierra, y no hubo nadie que se preocupara por ellas y fuera a buscarlas.

Ahora el Espíritu presenta claramente las consecuencias del modelo de liderazgo anterior.

“Mis ovejas se quedaron sin pastor …” No porque no lo hubiera, sino porque los que tenían el título no lo hacían efectivo. “Estirando” un poco el texto bíblico, me recuerda a lo que dijo Jesús: “… ni ustedes mismos entran, ni dejan entrar a los que quieren hacerlo” Mateo 23.13. El rol de liderazgo estaba ocupado, había gente allí, nadie estaba poniendo un aviso en el diario para seleccionar pastores, y los que estaban no pensaban irse. Además, la situación se habría prolongado por mucho tiempo. Decididamente, no había pastores que cumplieran su función ni había perspectiva humana de que los hubiera en un futuro próximo; el pueblo NO tenía líderes.

Podríamos asumir que no había “formación” de nuevos líderes, un modelo “depredador” difícilmente “engendre hijos”, ¡se los “come”!; y los que surgieran, por sucesión natural al morir los viejos, serían muy seleccionados para que cumplieran con el mismo modelo. Normalmente en este modelo de liderazgo hay sucesión de padres a hijos; antes estaba así estipulado y excepcionalmente podía no cumplirse; hoy se supone que estamos en un contexto más democrático, pero los liderazgos que siguen este patrón normalmente son sucedidos por su propia familia.

Por otro lado, no me parece incorrecto decir que los líderes que no siguen dicho modelo (aun los propios hijos) no pueden aguantar mucho tiempo al lado de éstos; o se con-forman o se van. Desde otro punto de vista, si los líderes surgen de las “ovejas”, y ellas son maltratadas o incluso devoradas, ninguna podrá desarrollarse para llegar a serlo.

Cualquiera sea el mecanismo, puede haber una falta de líderes no solo porque los que están no cumplen la función, sino porque efectivamente van siendo cada vez menos. Me parece que cuando en algunas congregaciones se quejan de que faltan cristianos comprometidos que quieran asumir la responsabilidad de la obra, en el fondo hay algo (poco o mucho, aunque no únicamente) de esto. Al fin y al cabo, el liderazgo es un don que el Espíritu da a los creyentes, desde el momento de su conversión (además de ser una función social natural de todo grupo humano), teológicamente hablando es imposible que no haya una cantera de líderes potenciales en cualquier iglesia en cualquier tiempo o sociedad. Por eso, cuando no hay líderes emergentes, probablemente tengamos una situación parecida a la de Ezequiel 34.

“… y se dispersaron…” es la consecuencia. Cada uno se fue por su camino. Reina Valera traduce: “andan errantes”, sin rumbo fijo, ora hacia aquí, ora hacia allá; no saben donde ir, nadie les muestra el camino y no hay ningún “redil seguro” donde ir

La idea de “ser dispersados” es muy fuerte en todo el Antiguo Testamento; podríamos hablar mucho sobre el tema. La promesa de Dios a Abraham fue la de un territorio donde sus descendientes no serían extranjeros ni andarían dispersos. Esa promesa se cumplió dramáticamente, y no sin conflictos, más de 400 años después. Cientos de años tuvieron que vivir peleando por su territorio para disfrutar solo de poco más de un siglo con la seguridad de un reino unido y en crecimiento. Luego vino la división y más tarde, la amenaza creciente sobre el territorio de los imperios extranjeros, además de las advertencias de los profetas. Finalmente llegó el exilio babilónico (aunque para ese entonces, muchos israelitas ya habían sido llevados a otras tierras) y en esta situación se encontraban los primeros oyentes de Ezequiel. Los sucesivos malos liderazgos habían llevado al pueblo a desviarse de Jehová y ser expulsados de su territorio. Pero no olvidemos que el pueblo tampoco era un “rebaño inocente engañado”; Nehemías, tiempo después, oró “8Recuerda que le advertiste que si nosotros pecábamos, nos dispersarías por todo el mundo” Nehemías 1.8. El pecado de los líderes no fue diferente del pecado del pueblo, solo que los primeros tenían mucha más responsabilidad que los segundos, especialmente en aquella época.

La idea de “dispersión” tiene un paralelo neotestamentario con la de estar lejos de Dios (y todas las consecuencias asociadas, especialmente la de esclavitud y opresión), lejos de la Nueva Jerusalén (representada por la iglesia en este tiempo); y creo que el concepto es lo suficientemente conocido para los lectores.

Pero hay otra “dispersión”, que quizás presente un paralelo más cercano, y casi tan dramático, al texto: la dispersión de tantos creyentes heridos debido a las deficiencias del liderazgo presente, especialmente en las iglesias que siguen el modelo de Laodicea (con respecto a los modelos de iglesia de Tiatira y Sardis, no escribo pensando en ellos ni el Espíritu me ha encargado hablar de ellos, aunque por su gracia puedan aplicarse varias de las cosas que aquí se dicen). Hacer una afirmación así siempre es delicado; uno puede ser injusto a veces y (casi) siempre resulta políticamente inconveniente; no voy a justificar ni aclarar lo que digo porque asumo que los lectores tienen la madurez y el conocimiento para ponerlo en la perspectiva adecuada. Lo cierto es que los muchos liderazgos inadecuados que hemos tenido y continuamos teniendo han espantado a muchos creyentes sinceros de las iglesias; esa es la dispersión actual del pueblo de Dios y hay palabras de aliento para ellos más adelante. Pero hay más.

Muchos creyentes permanecen hoy en iglesias con liderazgos de este tipo, sobreviviendo espiritualmente en el mejor de los casos. Dios no es ciego ni sordo, solo tiene paciencia hasta que sus propósitos sean cumplidos y la nueva generación de líderes (de la que nos habla el texto más adelante) esté preparada, por eso, permite que aún permanezcan estos líderes. Y cuando digo “permite” es porque activamente sostiene estructuras que hace rato hubieran caído por su propio peso (de pecado, claro), no porque esté conforme con ellos, sino porque es necesario que en la dispensación de los tiempos así ocurra por ahora, tal como pasó con Saúl. Sin embargo, cuando los tiempos sean cumplidos (y no falta mucho), Dios se encargará de cumplir su propia palabra:

Lucas 8.17 DHH
17De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse y ponerse en claro.

Dios dejará de sostener lo que ahora está soportando y expondrá las vergüenzas ocultas desde hace años, y muchos oirán la voz del Espíritu:

Jeremías 51.45, DHH

45 Pueblo mío, sal de ahí,
y que cada cual salve su vida
de mi ardiente ira!

Apocalipsis 18.4-5 DHH

4 Oí otra voz del cielo, que decía:
“Salgan de esa ciudad, ustedes que son mi pueblo,
para que no participen en sus pecados
ni los alcancen sus calamidades;
5 pues sus pecados se han amontonado hasta el cielo,
y Dios ha tenido presentes sus maldades.

Porque es necesario que la justicia de Dios venga sobre su casa. Con todo, aún esto es una muestra de misericordia y un llamado al arrepentimiento.

Recapitulando, hay una dispersión que está ocurriendo ahora debido al modelo predominante actual de liderazgo, y hay una dispersión importante que Dios mismo impulsará dentro de poco para que este sistema no siga alimentándose de los recursos de los cristianos fieles.

Entonces, la función del liderazgo es fundamental para que los hermanos permanezcan unidos al Cuerpo de Cristo y entre sí. Los principios divinos siempre funcionan, y aunque sea terrible cuando se desobedecen, con todo, siguen revelando el sello de Dios. Como dice el salmista, ¡toda la tierra está llena de su gloria!, incluso en lo que anda mal.

Hagamos una aclaración antes de seguir: sería un tremendo error pensar que este pasaje (y lo que se dijo) es una apelación contra de la función del liderazgo, todo lo contrario, eso se verá claramente más adelante en el texto. De ningún modo deberíamos tomarlo para pretender desarrollar un “anarquismo cristiano”, sino solo para que todas las cosas sean ordenadas como corresponde.

“… y las fieras salvajes se las comieron…” podría entenderse en un sentido más general, refiriéndose a los diversos problemas y dificultades que acontecen fuera de Cristo, o en un sentido más espiritual (que en esencia no es tan distinto de lo anterior) como los demonios que acechan a los hijos de Dios cuando se alejan de su protección. Creo que, a la luz de lo que se nos ha revelado en el presente, es la interpretación más válida. El infierno tiene muchísimo interés en controlar a los cristianos porque sabe que la iglesia puede derrotarlo fácilmente con que solo entienda su posición en Cristo. Afortunadamente para Satanás, eso todavía está lejos… pero se acerca. Reina Valera traduce “todas las fieras”, enfatizando la magnitud del ataque (y es realmente así). La Nueva Versión Internacional dice “están a la merced de las fieras salvajes”, enfatizando en su estado de indefensión; dependerá del ambiente espiritual de la región de cuántas y cómo los ataquen. Se requiere visión espiritual para entender esto.

Siguiendo otras interpretaciones, podemos pensar que “las fieras” constituyen “la bestia”, el sistema de este siglo (por supuesto, con toda su secuela de engaño, dolor, sufrimiento y demonios asociados). Los que se apartan del reino del Altísimo indefectiblemente son “devorados” por el sistema de este mundo; sus pensamientos, valores, actitudes y acciones son los de este mundo; aunque conserven su barniz cristiano. Y si queremos completar el cuadro, recordemos las palabras de Jesús: “43“Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, anda por lugares secos buscando descanso; y si no lo encuentra, piensa: 44‘Regresaré a mi casa, de donde salí.’ Cuando regresa, encuentra a ese hombre como una casa desocupada, barrida y arreglada. 45Entonces va y reúne otros siete espíritus peores que él, y todos juntos se meten a vivir en aquel hombre, que al final queda peor que al principio. Eso mismo le va a suceder a esta gente malvada.” ” Mateo 12.43-45.

“Se dispersaron por todos los montes y cerros altos, se extraviaron por toda la tierra, …” refuerza la idea anterior; alejados del camino correcto, buscaron en cuanta dirección se les presentó, por cualquier lado imaginable. Es decir, no hay “un” lugar seguro fuera del cuerpo de Cristo; solo hay muchísimos lugares sumamente peligrosos.

“montes y cerros altos” en la antigüedad eran una alusión muy clara a los cultos paganos; los santuarios principales estaban normalmente allí, y allí también tenían su asiento las potestades territoriales… igual que hoy. Entonces, podríamos interpretar este pasaje diciendo que fuera de la iglesia, de la comunión de los santos dirigida por líderes santos, sólo cabe estar bajo la opresión de los diversos principados territoriales y sus subalternos y representantes humanos.

“… y no hubo nadie que se preocupara por ellas y fuera a buscarlas.” De nuevo lo que dijimos más arriba; no aparecen, bajo este tipo de liderazgos, ministerios que se ocupen de los apartados. Es lógico, ¡tampoco lo hacen de los que están adentro!

El concepto que aparece aquí y que se desarrolla en los próximos versículos es el de desprotección. Ésa es la realidad de muchas iglesias hoy (de nuevo, especialmente bajo el modelo de Laodicea), pero la mayoría de los cristianos ni se da cuenta de eso, el sistema teológico que le han enseñado y que han aceptado casi no tiene categorías para analizar este hecho; sencillamente, ni siquiera pueden pensar en que algo así exista o llegue a afectarlos. Por eso es que el Padre tiene que permitir tanto sufrimiento, con mucho dolor de su corazón; para que el duro, necio y rebelde corazón humano (sí, incluso de los que somos cristianos) se de cuentas, a tientas, de que algo anda mal, y busque a Dios para que le sea revelado. Muchos aún no han llegado a este estado.

Cuando nos encontramos con mucha gente que una vez estuvo dentro de la iglesia pero que ahora está afuera, y generalmente resentida, o también, hermanos que una vez fueron fieles en el camino del Señor y que ahora siguen dentro de “la iglesia” pero viviendo bajo el espíritu del mundo, podemos estar seguros de que está presente este modelo de liderazgo. Y la Biblia no le hecha la culpa a las ovejas, como frecuentemente se escucha en estas iglesias.


Ezequiel 34.7-10
7‘Así que, pastores, escuchen bien mis palabras. 8Yo, el Señor, lo juro por mi vida: Fieras salvajes de todas clases han robado y devorado a mis ovejas, porque no tienen pastor. Mis pastores no van a buscar a las ovejas. Los pastores cuidan de sí mismos, pero no de mi rebaño. 9Por eso, pastores, escuchen las palabras 10que yo, el Señor, les dirijo: Pastores, yo me declaro su enemigo y les voy a reclamar mi rebaño; les voy a quitar el encargo de cuidarlo, para que no se sigan cuidando ustedes mismos; rescataré a mis ovejas, para que ustedes no se las sigan comiendo.’

“Así que, pastores, escuchen bien mis palabras.” Es interesante que el Señor no dicta su sentencia sin antes haber expuesto los motivos. Hemos aplicado los versículos anteriores para entender lo que ocurre bajo este modelo de liderazgo y hemos sacado señales para discernirlo. También lo hemos podido aplicar a nuestra propia realidad. Pero el mensaje está dirigido principalmente a los líderes culpables. Convengamos en que es difícil que lo lean, y si lo hacen, seguramente ya lo habrán racionalizado lo suficiente como para usarlo contra otro (otra congregación, otra denominación, la iglesia católica, lo líderes religiosos de esa época, etc.) A pesar de todo, Dios no deja de hablarles para hacerles entender la inminencia del juicio. No tenemos aquí, como sí en muchos otros pasajes, un llamado al arrepentimiento y un tiempo de paciencia divina; sino que directamente se declara el juicio. Dios está anunciando que lo que iba a ocurrir y que terminaría con ese sistema de liderazgo no era obra “de la casualidad” o de una “serie de fenómenos sociales lógicamente encadenados”, sino la ejecución de un juicio que se venía preparando desde hacía tiempo. Y todo esto por misericordia hacia su pueblo. Pero incluso aquí quedaba (¡y queda!) la posibilidad del arrepentimiento, al ver el cumplimiento del juicio de Dios. ¡Qué maravillosa que es la gracia de nuestro Padre!

De paso, digamos que en el juicio de los líderes rapaces tenemos una aplicación de este principio:

Proverbios 10.9 RVR95
9 El que camina en integridad anda confiado,
pero el que pervierte sus caminos sufrirá quebranto.

Y muy relacionado con el anterior:

Proverbios 16.18 NVI

18 Al orgullo le sigue la destrucción;
a la altanería, el fracaso.

“Yo, el Señor, lo juro por mi vida …” Según la traducción más literal de Reina Valera, la expresión aquí es “Vivo yo”. Haciendo una búsqueda rápida en dicha versión, encontramos 23 veces en el Antiguo Testamento en que se menciona dicha frase, y casi siempre asociada a un juicio severo. Es decir, se trata de algo en verdad muy serio. No hay ya posibilidad de cambio. Es una situación en la que ya no tiene sentido orar ni procurar un cambio, porque el destino está sellado (aunque probablemente no el destino eterno).

Se trata del juramento más serio que Dios puede hacer; ¡Dios jura por sí mismo!, y por su principal atributo, por su característica quizás más fundamental: su vida. Cuando Dios se reveló a Moisés dijo: “Yo soy el que soy”; “ser” en este caso equivale a “existir”, a “vivir”, a la cualidad de vida, como “principio” fundamental que ha dado, continúa dando y seguirá dando vida a todo lo que existe. El que un ser vivo sea es prueba de la existencia de LA VIDA. Quizás sea ése un “sinónimo”, si pudiera haberlos, adecuado para Dios.

Si queremos aplicar este pasaje necesitamos indefectiblemente discernimiento. ¿Cuándo es el momento en que Dios dicta una sentencia así? Si no hay revelación profética y discernimiento (además, claro, de las evidencias mencionadas antes) deberíamos ser muy prudentes. Pero el Espíritu sí puede traer esta convicción al corazón a veces, aunque no necesariamente tenga que hacerse pública.

“… Fieras salvajes de todas clases han robado y devorado a mis ovejas, porque no tienen pastor. Mis pastores no van a buscar a las ovejas. Los pastores cuidan de sí mismos, pero no de mi rebaño.” Es una repetición que agrega énfasis. Por un lado, no hay más para decir, no porque Dios no tenga palabras, sino porque todo lo que tenían que escuchar ya fue dicho. Breve y contundente. Por otro, la repetición agrega celeridad al cumplimiento de lo dicho. Y vale aclarar que este mensaje, como prácticamente toda la Escritura, estaba destinado a ser principalmente leído en voz alta y escuchado, por lo que las repeticiones se hacían más necesarias.

El texto resume y ordena las ideas anteriores pero en sentido contrario. Mientras antes partía de la actitud de los pastores para explicar las consecuencias sobre el rebaño, ahora analiza lo que le pasó al rebaño para demostrar la actitud de los pastores. Este razonamiento justifica lo que dijimos antes: a partir de las consecuencias descubrir las causas.

Antes mandaba al profeta a hablar contra los pastores; ahora lo dice él directamente. En la dinámica profética, hay una diferencia importante entre que el Espíritu inspire al profeta a decir: “El Señor dice…” y que directamente el Señor hable a través del mismo. Lo segundo no ocurre tan a menudo y todo profeta genuino es renuente a hacerlo, por lo que es muy serio. Dios Padre habla a través de Dios Espíritu, y es éste el que se mueve en las iglesias; pero cuando Él mismo decide decir algo, es lo más serio que pueda decirse en el Universo.

De paso, veamos que Dios habla de “mis ovejas”, “mi rebaño”, “mis pastores”. Primero, el “rebaño” es de Dios, no de los pastores. Verdad básica, muy fácilmente olvidada en la práctica (aunque se diga lo contrario con las palabras) tanto por los unos como por los otros. Los pastores deben rendir cuentas ante el Pastor Principal. Al respecto, Pedro dijo mucho tiempo después: “2apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” 1 Pedro 5.2-3.

Pero lo más interesante que vemos aquí, en relación con la idea principal, es que efectivamente eran pastores de Dios. No sé si el texto está afirmando que habían sido expresamente puestos por él o que el permitía que estuvieran y tenían una responsabilidad por su cargo (en la práctica, la responsabilidad delante de Dios es prácticamente la misma). Pero Dios los llama “sus” pastores; de alguna forma, había una “unción”, llamado o, aunque sea, permiso divino para que estuvieran allí. Es decir, había algo de Dios en el asunto. Quizás poco, pero estaba. Y esto debería hacernos prudentes antes de asegurar un juicio sobre determinado liderazgo; no tenemos que olvidarnos nunca de lo que hizo David con Saúl; no fue tan tonto como para quedarse al lado de él para que le corte la cabeza (cosa que hacen algunos “Davides” hoy en día) pero no le hizo nunca la guerra (aunque sí a sus descendientes cuando pelearon contra él).

“Por eso, pastores, escuchen las palabras que yo, el Señor, les dirijo …” Otra repetición que agrega énfasis e inmediatez.

“… Pastores, yo me declaro su enemigo …” El sentido tan claro de esta frase puede quedar oculto bajo una nube de confusión y rechazo si lo interpretamos bajo el evangelio de la “bendición y la prosperidad” (“gracia barata”) que suele ser sostenido por este tipo de liderazgo. Pero no hay dudas cuando se ve a la luz del Dios de la Biblia. Sí, Dios mismo se levanta como enemigo de ellos, por lo que les ocurra no vendrá del “diablo inmundo”, sino del Dios justo y santo. Una traducción más literal diría “en contra de”, lo que enfatiza la idea de una oposición divina hacia los planes y acciones de estos pastores. Para decirlo de una manera un poco más “suave”: no hay bendición de Dios ahí, más exactamente, está su maldición.

Que Dios esté “en contra de” alguien no deja mucho margen para el resultado, veamos algunos ejemplos:

10“Yo estaré en contra de todo israelita o extranjero que viva entre ustedes y que coma sangre, en la forma que sea. Yo lo eliminaré de entre su pueblo. Levítico 17.10

3Yo me pondré en contra de ese hombre y lo eliminaré de entre su pueblo, por haber hecho impuro mi santuario y haber profanado mi santo nombre al entregar un hijo suyo a Moloc. 4Si la gente del país se desentiende del asunto y no condena a muerte a ese hombre, 5yo me pondré en contra de él y de su familia, y lo eliminaré de entre su pueblo junto con todos los que se corrompieron con él y recurrieron a Moloc. Levítico 20.3-5

17Yo me pondré en contra de ustedes, y serán derrotados por sus enemigos; serán dominados por aquellos que los odian, y tendrán que huir aunque nadie los persiga. Levítico 26.17

34Ustedes estuvieron cuarenta días explorando el país; pues también estarán cuarenta años pagando su castigo: un año por cada día. Así sabrán lo que es ponerse en contra de mí.’ 35Yo, el Señor, lo afirmo: Así voy a tratar a este pueblo perverso que se ha unido contra mí. En este desierto encontrarán su fin; aquí morirán. Números 14.34-35

17porque el Señor se enojará contra ustedes y no les enviará lluvia; entonces la tierra no dará sus frutos, y muy pronto ustedes morirán en esa buena tierra que el Señor les va a dar. Deuteronomio 11.17

16 Samuel le replicó:
—Pero si el Señor se ha alejado de ti y se ha vuelto tu enemigo, ¿por qué me consultas a mí? 17 El Señor ha cumplido lo que había anunciado por medio de mí: él te ha arrebatado de las manos el reino, y se lo ha dado a tu compañero David. 18 Tú no obedeciste al Señor, pues no llevaste a cabo la furia de su castigo contra los amalecitas; por eso él te condena hoy. 19 El Señor te entregará a ti y a Israel en manos de los filisteos. Mañana tú y tus hijos se unirán a mí, y el campamento israelita caerá en poder de los filisteos. 1º Samuel 28.16-19 NVI

Como dijimos al principio, estamos viendo una situación extrema, aunque real. Hay aquí un juicio muy severo de parte de Dios, aunque persiste la idea de proceso. Cuando Dios dice “yo me declaro su enemigo” no está diciendo que va a mandar un rayo del cielo para destruirlos. Está diciendo que él mismo combatirá contra ellos (proceso), tal como nos lo aclaran los pasajes anteriores, que Ezequiel conocía bien (los había escrito…). Entonces, no tenemos que buscar un pastor carbonizado en medio de su congregación para encontrar a un líder bajo juicio, sino ver el principio de lo que Dios dice actuando en su vida, ministerio y congregación. Recuerdo la recomendación del apóstol: “23A unos sálvenlos sacándolos del fuego, y tengan compasión de otros, aunque cuídense de ellos y aborrezcan hasta la ropa que llevan contaminada por su mala vida.” Judas 23. ¡Pero aun en el proceso hay una maravillosa muestra de la misericordia y la paciencia del Padre!

A algunos les gusta creer que Dios no castiga (la cual es una doctrina muy cómoda para no tener que cambiar, y muy, pero muy, acorde con el espíritu de este siglo), pero acá dice otra cosa. Para lo que sigue, prefiero la expresión de Reina Valera: “31¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” Hebreos 10.31

“… y les voy a reclamar mi rebaño” es la acción inmediata necesaria. Veámoslo en perspectiva. Dios analizó la situación, declaró un juicio, lo hizo conocer y ahora comienza a exponer su programa, su plan de acción. Como está en futuro, podemos suponer que no se había realizado todavía. Y de aquí surge una aplicación demasiado obvia, pero que no es inútil recordar: ¿puede Dios anunciar el juicio sobre un liderazgo y el cambio del mismo? Claro que sí. Y si ocurrió antes, ¿por qué no ahora? A cada generación de líderes les gusta pensar que ellos son los “especiales escogidos de todas las edades” y que los juicios que Dios trajo sobre otros no los traerá sobre ellos. Pero no, ¡no hay favoritismos para Dios! Y la generación emergente de verdaderos líderes, que Dios está levantando en el “anonimato humano” en medio de las iglesias corrompidas haría muy bien en entenderlo y vivirlo.

Esto, que no deja de ser obvio, da mucha esperanza a los corazones dolidos por la tremenda crisis del liderazgo cristiano: Dios lo anunció en el pasado y también lo puede hacer ahora, y quien “afine” su oído espiritual podrá escuchar al Espíritu hablando este mensaje.

Una imagen neotestamentaria relacionada es la parábola del rey que se va lejos y deja encargados a sus siervos de una determinada proporción de sus bienes, y al volver pide cuenta de ellos. Dos recibieron su aprobación y más responsabilidades, uno fue reprobado, se le quitó lo que tenía y él mismo fue castigado. Dado que tenemos dos “extremos”, podemos pensar que no hay “término medio” (como es el “ideal no dicho” de la iglesia de Laodicea, la de esta época); no sirve lo “más o menos bueno” para Dios, solo le tiene paciencia por un tiempo; no sirve el “me como un par de ovejitas y cuido el resto”. Finalmente, Dios reclama SU rebaño y dicho liderazgo es quitado de su puesto.

El liderazgo principal y las segundas y terceras líneas que están en el mismo espíritu, claro está. Cuidado entonces con pretender hacer carrera ministerial en determinados ámbitos. Volvamos a David: estuvo con Saúl un tiempo, pero luego se fue; Jonatán, en cambio, siguió siempre con su padre y terminó muerto sobre el monte Gilboa. Quién sabe cuánto bien hubiera podido hacer Jonatán a la historia de Israel si hubiera seguido viviendo, y quién sabe si no se hubiera evitado la sangrienta guerra que ocurrió después entre David y la casa de Saúl. ¡Cuidado donde te estás formando como líder! Hay un tiempo necesario de compañía y tutorado (aun con líderes inadecuados), pero nada reemplaza el secreto de Dios, y de muy poco vale la promoción humana si Dios no unge; y poco importa si Dios lo hace. Cuando llegue la Dispersión de Dios, también serán avergonzados los líderes jóvenes que se hayan formado en esas estructuras contaminadas.

Vemos más adelante que Dios establece un nuevo liderazgo, pero acá la idea es que Dios mismo se presentará a pedir que se le devuelva la dirección de la iglesia. De nuevo, está más o menos implícita la idea de proceso, y podemos suponer que puede haber una resistencia de parte de los viejos líderes a devolverle las riendas a Dios. Y es perfectamente lógico, porque ya han olvidado hace rato cómo es la voz del Santo, así que indefectiblemente van a confundir el accionar de Dios con un “ataque satánico”, con una “insubordinación contra el ungido”, con una “traición del pueblo”, etc. ¡Cuidado!, puede estar Dios detrás de todo ello.

“…les voy a quitar el encargo de cuidarlo, para que no se sigan cuidando ustedes mismos; …” Aquí aparece claro lo que se entreveía más arriba; efectivamente había una comisión, un encargo sobre los pastores hacia el pueblo. De nuevo, podemos hacer varias conjeturas acerca de cómo había venido dicho encargo, pero lo cierto es que estaba; Jeroboam no estaba en los planes perfectos de Dios, pero fue necesario por la desobediencia de Israel y Dios le dio promesas:

1º Reyes 11.30-31, 37-39

30y tomando Ahías la capa nueva que llevaba puesta, la rasgó en doce pedazos 31y dijo a Jeroboam: “Toma para ti diez pedazos, porque el Señor, Dios de Israel, te dice: ‘Voy a quitarle el reino a Salomón, y a darte a ti diez tribus.

37Yo te tomaré a ti, para que reines sobre todo lo que quieras y seas el rey de Israel. 38Y si obedeces todo lo que yo te mande y tus hechos son rectos a mis ojos, y si cumples mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, mi siervo, yo estaré contigo y estableceré firmemente tu dinastía, como establecí la de David; y te entregaré Israel. 39En cuanto a la descendencia de David, la castigaré por este motivo, pero no para siempre.’ ”

Jeroboam no creyó en el Señor y no cumplió con el mandato, pero podía haberlo hecho, y la historia hubiera sido muy distinta. No sé si los líderes a los que hablaba Ezequiel estaban en el centro del propósito de Dios. Uno tiene buenas razones para suponer que no. Pero estaban, y tenían una responsabilidad, y Dios se lo había tomado en serio. Uno también tiene buenas razones para suponer que unos cuantos líderes actuales de las iglesias nunca estuvieron en el propósito perfecto del Padre; sus frutos lo demuestran, y el juicio de lo alto pende sobre sus cabezas; pero en este tiempo están allí, y, con todo, aún hay una cuota de misericordia sobre ellos. ¿Es tu realidad? Tenés la oportunidad de demostrar que el amor y el poder de restauración de lo alto pueden alcanzar aún lo que no se suponía que debiera haber estado allí. ¡Qué grande es el amor del Padre!

Volvamos al pasaje. La revelación del Nuevo Testamento nos ayuda a entender la dimensión de lo que Dios está diciendo:

29Pues lo que Dios da, no lo quita, ni retira tampoco su llamamiento. Romanos 11.29 DHH

29porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. RVR95

Entendemos que Dios se toma muy en serio los llamamientos y comisiones que da; en él no existen las variaciones y roturas de compromisos que son tan comunes en este tiempo; porque al entregar una comisión, un talento, un don, en realidad se está comprometiendo a respaldar a dicha persona en esa función, aún si con el tiempo se corrompe. Así es, Dios se compromete con nosotros y cumple su parte del pacto, por lo que es muy terrible cuando nosotros fallamos.

Dios no es hombre para cambiar de opinión, pero hay situaciones extremas en las que otros principios mayores son violados:

Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón.  Génesis 6.5-6 NVI

Conocemos la historia y sabemos cuán extrema fue esta situación. No me atrevería a hacer un paralelo exacto con el texto de Ezequiel 34, pero tampoco me atrevería a decir que no tienen nada que ver.

No es fácil que Dios retire un llamado; de hecho recuerdo haber leído algunos casos en que el “retiro” del llamado consistió en la muerte prematura del comisionado. En el caso de los que no fueron en realidad llamados, es más “fácil”, basta con que sean expuestos y listo; pero para los que en verdad lo fueron, es mucho más delicado y mucho más seria la falta. Con todo, hay una esperanza para la eternidad, pero también una muy gran pérdida:

15 pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego. 1 Corintios 3.15 NVI

El llamado tiene una naturaleza espiritual, aun a nivel “secular”, el llamado a ocupar una función se “nota” (es decir, hay un componente espiritual). Podemos estar frente a un líder que hace las cosas realmente mal, pero si el llamado de Dios persiste, se nota, Dios sigue respaldando a los que permanecen bajo ese ministerio; pero cuando el llamado es retirado, la gente tiene una “libertad” distinta para correrse de su ámbito, y ya deja de haber bendición para los que están ahí.

Como dijimos más arriba, el mandato, y la autoridad consecuente, se habían corrompido y lo que debía ser cuidado se transformó en explotación. Es claro que puede haber explotación, abuso, cuando hay una cuota de autoridad, es decir, poder sobre otros. Esta cualidad de “abusar del otro” no es privativa de los “poderosos”, es propia de la naturaleza humana caída y se manifiesta en la medida que haya alguna cuota de poder en la persona; aún los desposeídos en cualquier sociedad cuando pueden adquirir alguna cuota de poder suelen utilizarlo de manera abusiva sobre los otros grupos sociales, como nos muestra la historia reciente latinoamericana.

Hemos hablado bastante del tema, aunque muchísimo más quedaría por decir. Sin embargo, me parece que el énfasis particular de esta frase tiene que ver con una corrupción de la verdadera identidad de los llamados: finalmente no alcanzaron a comprender quiénes eran, por qué tenían la autoridad y cuántas bendiciones hay para los que cumplen fielmente el propósito divino; y por eso trataron de alcanzar la satisfacción de sus necesidades y deseos por sus propios medios: aprovechándose de la gente. Si hubieran tenido una clara visión de su identidad y de las delicias que hay junto al Padre, nunca hubieran pensado en corromper su llamado.

¡Cuán crítico es que los nuevos convertidos reciban una adecuada y profunda ministración en sanidad interior! ¡Cuántos problemas nos evitaríamos! ¡Y cuán necesario es que haya una correcta evaluación sobre los que se proyectan para el liderazgo, para no imponer manos sobre cualquiera!

De nuevo, la señal de un liderazgo rapaz es que los beneficios y recursos “fluyen” hacia el reducido grupo del líder y allegados, mientras que el resto se encuentra desnutrido, malherido y descuidado.

Pero vale una advertencia para el resto, todos aquellos que nos hemos criado espiritualmente bajo este modelo de liderazgo: todas las personas van a transmitir lo que recibieron, incluidos los cristianos, a menos que el Espíritu haga una profunda obra de transformación, y como él está siempre deseoso de hacerla, la ecuación se reduce a que se lo deje actuar. Esto quiere decir que podemos llegar a identificar este modelo inconveniente de liderazgo, podemos rechazarlo y protestar contra él, y podemos tener un genuino llamado a construir algo distinto, pero en mayor o menos medida, ¡vamos a repetir lo mismo! Este “espíritu” de falta de cuidado está tan arraigado, y no solo en la iglesia, que es lo que nos ocupa, sino en toda la sociedad (de hecho, de ahí viene y se manifiesta en el Cuerpo de Cristo porque no ha sido aún identificado y arrancado), que inevitablemente se va a manifestar en los que sincera, pero ingenuamente, pretenden hacer algo distinto. En definitiva, es necesario que nos sometamos al proceso del Espíritu para que esto sea desarraigado y encontremos nuestra identidad como líderes en la función de protección y cuidado de los otros.

De paso, todo esto está relacionado con el tema de la Paternidad, del que se habla mucho hoy pero que sigue sin ser casi aplicado; simplemente se lo ha asimilado como un slogan para continuar construyendo los propios pequeños imperios personales de algunos líderes.

“… rescataré a mis ovejas, para que ustedes no se las sigan comiendo”. Dios dice “rescataré” no porque la situación se le hubiera escapado de las manos, sino porque en su misericordia y sabiduría, había llegado el momento de actuar, porque era el tiempo del juicio. El texto no habla de la intercesión, pero sabemos lo suficiente como para entrever que este accionar del Padre no viene sin que haya subido bastante incienso a su presencia. No nos olvidemos de la dimensión espiritual que opera detrás del falso liderazgo; hay verdaderos principados de opresión y religión operando, que deben ser combatidos espiritualmente (oración: incienso). Cuando el combate es ganado en los aires, cuando llega el tiempo del juicio, cuando los oprimidos deciden realmente levantar los ojos al cielo y clamar por liberación, es cuando Dios puede decir (¡por fin!) “rescataré a mis ovejas”.

Esta no es una acción “ideal” que ocurre en un “mundo etéreo”; se trata de acciones concretas llevadas a cabo por hombres en el tiempo y el espacio. Para decirlo de una forma más sencilla, Dios levanta a un nuevo liderazgo hacia el cual irán los hermanos maltratados, mientras los “viejos” se quedan protestando por los hermanos que van “de iglesia en iglesia”… Pero esto es tema de los versículos siguientes.

“… para que ustedes no se las sigan comiendo”. También hablamos sobre esto; aquí podríamos ponerlo en relación con lo anterior y decir que, efectivamente, hubo hermanos “comidos” (es decir, abusados al extremo, en las distintas formas posibles). ¿Adónde están ellos ahora? Terriblemente heridos, y con parte de culpa, porque no se fueron cuando el Espíritu les dijo que lo hicieran. ¿Podremos tener el amor y la paciencia para traerlos de nuevo a los brazos de Papá? ¡Se requiere una unción especial!

Hasta que ocurre la intervención divina hay efectivamente un daño, ¡y hay muchas almas que se van al infierno por la eternidad! Me parece que somos muy condescendientes con los errores del liderazgo, me parece que nos hemos olvidado muy pronto de la verdad redescubierta al inicio de la Reforma de que Dios no creó ningún clero, sino que todos somos reyes y sacerdotes; ¿por qué debería permitir que un hermano (o uno que se dice serlo) abuse de los otros sin siquiera orar por ello? Me parece que nuestras iglesias se han alejado mucho de la Biblia. Sin Biblia, es inevitable que haya abuso. Pero Dios vuelve a su pueblo, y su Palabra con él.