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jueves, 20 de octubre de 2016

¿Vamos a saber cuando esté por ocurrir el rapto de la iglesia?

La idea original de este artículo se la debo a una predicación del pastor José García Tomas, Iglesia Cristiana Samaria. Me llamó poderosamente la atención su interpretación del pasaje de las diez vírgenes y decidí investigar un poco más. Aquí expongo lo que pude ver.

LAS ENSEÑANZAS SOBRE LA VENIDA DE CRISTO EN EL FINAL DE LOS TIEMPOS

Las enseñanzas sobre la venida de Cristo ocupan cada vez más espacio en los ámbitos cristianos evangélicos; y es lógico que así sea. De la misma forma se propagan errores doctrinales sobre el tema, ¡y también es lógico que así sea!

2 Pedro 3:3-7 RVC
3 Pero antes deben saber que en los días finales vendrá gente blasfema, que andará según sus propios malos deseos
4 y que dirá: «¿Qué pasó con la promesa de su venida? Desde el día en que nuestros padres murieron, todas las cosas siguen tal y como eran desde el principio de la creación.»
5 Pero con toda intención se olvidan de que, desde la antigüedad, fueron creados los cielos por la palabra de Dios, lo mismo que la tierra, la cual proviene del agua y subsiste por medio del agua.
6 Por eso el mundo de entonces fue destruido por una inundación.
7 Pero esa misma palabra ha reservado los cielos y la tierra que ahora existen; los ha guardado para el fuego en el día del juicio y de la destrucción de los hombres perversos.

Una de las señales del fin de los tiempos es, precisamente, el engaño satánico de negar Su venida. ¿Obvio, no? Desde el Edén, una estrategia principal de Satanás ha sido simplemente negar lo que Dios dijo, así nomás, sin rodeos. ¿Parece demasiado simple como para ser cierto? No lo es; al negar la verdad de Dios lo que está ocurriendo en realidad es que se pone a la persona en una lucha de “autoridades”: o le cree a Dios o le cree a Satanás; es lo que dijo uno o lo que dijo el otro. Si la persona decide creerle al Adversario lo que ha ocurrido realmente es que en su espíritu lo aceptó como autoridad. Tiene mucho para ganar con estar estrategia “sencilla”; y si fracasa lo volverá a intentar.

Negar una verdad bíblica es, por lo tanto, una estrategia que utiliza el reino de las tinieblas.

Desde hace tiempo atrás se ha hablado mucho sobre las señales, aunque a mi entender se suelen presentar las señales que corresponden a los juicios del tiempo de la tribulación como si fueran de este tiempo, y eso lleva a confusión. Creo firmemente, eso sí, que hoy estamos viendo el cumplimiento parcial de la mayoría de las señales tribulacionales, pero debemos entenderlo en ese sentido: parcial, no absoluto.

De todas formas, ningún cristiano con un mínimo de discernimiento espiritual dudaría hoy de que vivimos en el “anticipo” de la tribulación. Es más, casi ni hace falta ser cristiano como para darse cuenta de eso.

Resulta cada vez más claro que la venida de Cristo es inminente y ya no necesitamos (entre los cristianos espirituales) tratar de demostrarlo con señales. El asunto queda resumido en cómo terminamos de prepararnos para ese momento. Y una de las cuestiones es el cuándo. Hay todos repiten: “como ladrón en la noche, nadie lo sabrá”. Bueno, vamos a ver si eso es exactamente así y quiénes son los que no lo sabrán. A priori nos suena medio raro que Sus hijos, nosotros, no estemos al tanto de un acontecimiento tan trascendente. Sabemos que está por venir, ¿sabremos cuando falten pocos días u horas? Y, al fin y al cabo, ¿para qué querríamos saber si es que sabremos cuando esté por llegar el momento? Está bien, parece un trabalenguas, pero hay unas cuantas cosas interesantes ahí y también algunas aplicaciones prácticas para el aquí y ahora.


¿ES EL RAPTO PRECISAMENTE EL TEMA?

Los cristianos nos hemos enfocado mucho en el asunto del rapto, ¡por supuesto! ¿Quién en su sano juicio querría quedarse en medio de los juicios de la tribulación? (Aunque tenemos tanta gente cuyo juicio no es precisamente sano…).

Pero ahí tenemos un problema, porque no encontramos la abundancia de referencias que necesitaríamos para justificar nuestro énfasis, y eso le da una enorme puerta abierta a los demonios de error doctrinal para negar el rapto y con él, el tiempo de la tribulación y por extensión, la naturaleza perfectamente justa de Dios. ¿No será que nos estamos enfocando mal?

El propósito de la Biblia es hablar a la raza humana sobre esta tierra en todo lo que necesita saber para hacer la voluntad de Dios, alcanzar la salvación y traer el Reino de los Cielos. Por supuesto que es la Palabra Eterna y como tal trasciende todo tiempo, pero en su mensaje inmediato tiene un claro enfoque. Muy poco nos habla del tiempo antes de Adán, poco nos habla del cielo y también muy poco nos habla del tiempo posterior al Milenio: su mensaje está circunscripto en estos 7.000 años de historia, de los cuales 6.000 están por cumplirse; su interés es el ser humano en la tierra, en su lucha por aceptar la autoridad de Dios y permitir que se establezca Su Reino.

Y para ese ser humano en la tierra, para la gran masa de gente, el rapto es un evento de poco o ningún significado: dejar de ver un familiar o un amigo, encontrarse con un par de empleados menos en la fábrica, algunas oficinas vacías, autos abandonados en la calle, en definitiva, con la necesidad de puestos de trabajo que hay hoy y que seguirá habiendo para ese entonces, el rapto será visto por muchos como “una bendición” (no de Dios, claro, será de los OVNIs o algo por el estilo): van a quedar unos cuantos puestos vacantes que llenar y habrá menos bocas para alimentar en el mundo. Bueno, está bien, puede ser un poco traumático, pero nada que una buena propaganda mundial adecuadamente coordinada no pueda solucionar en pocos meses…

EL tema de los temas para la humanidad (que no se va a ir con Cristo) será lo que vendrá después: la Tribulación y la Gran Tribulación; ese será el tiempo del trato de Dios con una raza en extremo rebelde; será el mayor juicio a la rebeldía humana, del cual saldrá una nueva humanidad purificada, aunque no perfecta, que permitirá el establecimiento del Reino Milenial. Será el trato de Dios contra la rebeldía humana que estamos viendo crecer desenfrenadamente alrededor nuestro y en todo el mundo.

Y ese período de tiempo sí está abundantemente registrado, no solo en Apocalipsis, sino en los profetas del Antiguo Testamento y aún en las palabras de Jesús. De hecho, hay muchas profecías y predicciones de tiempos y sucesos para ese breve período de siete años, mientras que hay muy pocas profecías que exactamente correspondan a este larguísimo período de 2.000 años. Ese tiempo de juicio ocupa un lugar muy importante en la agenda divina y el principal enfoque de la Biblia es, por consiguiente, ese y no el rapto.

Ahora bien, si estamos hablando de un juicio tan terrible, deberíamos poder encontrar paralelos en la Biblia que nos den pistas respecto del tema.

Una aclaración: el “revuelo doctrinal” es característico de estos tiempos, y en parte se debe a una definición inexistente de qué es doctrina. ¿Cuál es mi posición? De hecho no es mía, simplemente la adopté porque me pareció lógica: para asumir algo como doctrina debe tener por lo menos tres fundamentos bíblicos: en el Antiguo Testamente, en los Evangelios y en el resto del Nuevo Testamento, además de no estar en contradicción con las otras doctrinas importantes de la Biblia. Obviamente que un par de versículos NO pueden definir una doctrina, ni siquiera unos cuantos pasajes que correspondan únicamente a una sección de la Biblia. No sé si podemos decir que esa es la “posición bíblica” en relación con la doctrina, pero creo que es el principio más seguro que tenemos, y he visto demasiados malos frutos de las doctrinas basadas en un par de versículos sueltos como para aceptar ese otro “principio”.

Entonces, si aplicamos este principio y tratamos de seguir el rapto a lo largo de la Biblia tenemos un problema. Si no podemos seguir un tema, deberíamos por consiguiente ubicarlo dentro de un tema mayor, que nos de las enseñanzas que se aplican al tema que nos interesa; y ese tema mayor es, justamente, el de los juicios divinos. Y de ese tema mayor, el rapto se deriva como una consecuencia necesaria, pero más bien “secundaria” (¡¡no para nosotros!!) al tema central que tiene que ver con los tratos de Dios para con el hombre en la tierra.


COMO EN LOS DÍAS DE NOÉ…

Lucas 21:22 RVC
22  Porque esos días serán de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.

Antes de analizar los paralelos bíblicos, tengamos en cuenta que el marco general de todo este tema tiene que ver con la justicia de Dios, que, una vez agotada Su paciencia, debe castigar a los pecadores; aunque aún en el peor juicio que habrá conocido la humanidad, no dejará de manifestarse Su misericordia:

Mateo 24:21-22 RVC
21  porque entonces habrá una gran tribulación, como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás.
22  Si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo, pero serán acortados por causa de los escogidos.


Vayamos a los paralelos bíblicos:

Lucas 17:26-29 RVC
26 Tal y como sucedió en los días de Noé, así también sucederá en los días del Hijo del Hombre.
27 La gente comía y bebía, y se casaba y se daba en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los destruyó a todos.
28 Lo mismo sucedió en los días de Lot: la gente comía y bebía, compraba y vendía, plantaba y edificaba casas;
29 pero cuando Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

Noé y Lot nos dan la pista de los acontecimientos futuros. Algunos pueden opinar que este pasaje se aplica más bien para el tiempo inmediatamente antes de que Cristo se asiente sobre el Monte de los Olivos, pero por lo que dice y por lo que estará ocurriendo en ese momento, no parece tan probable; de todas formas podemos ver otra referencia:

2 Pedro 2:4-9 RVC
4 Es un hecho que Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los lanzó a oscuras prisiones, donde se les vigila para llevarlos a juicio.
5 Y tampoco perdonó al mundo antiguo, sino que protegió a Noé, quien proclamó la justicia, y a otras siete personas, y luego envió el diluvio sobre el mundo de los impíos.
6 Dios también condenó a la destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, y las redujo a cenizas, para que sirvieran de escarmiento a los futuros impíos,
7 pero puso a salvo al justo Lot, que vivía abrumado por la desenfrenada conducta de los malvados.
8 (Porque para este hombre justo, que vivía entre ellos, cada día era un tormento al ver y oír lo que esos malvados hacían.)
9 El Señor sabe librar de la tentación a los piadosos, y sabe también reservar a los injustos para que sean castigados en el día del juicio,

Pedro vuelve a citar las palabras de Jesús, expandiendo un poco la enseñanza. En el caso de Noé y de Lot tenemos un juicio terrible sobre el pecado, y en ambos, Dios está librando milagrosamente a Sus fieles. Aquí tenemos la “referencia faltante” en relación al rapto: el Señor siempre ha prometido proteger a sus hijos fieles, y siempre lo ha hecho. Pero cuidado, esto no se está refiriendo específicamente a los tiempos de persecución o incluso a tener que entregar la vida por Cristo; sino que se refiere al momento de desatar un juicio masivo sobre una región.

En el caso de Noé era relativamente fácil: construir una barca y esperar a que pase la inundación. Con Lot fue mucho más sencillo, aunque no tanto; les dio bastante trabajo a los ángeles sacarlo de Sodoma. En ambos casos, los justos fueron quitados antes del juicio. Aclaremos: aunque parece que Dios salvó “individuos” en ambos casos lo cierto es que estaba salvando pueblos y generaciones (que vendrían a través de ellos).

Podemos agregar el ejemplo de Israel en Egipto; como ellos vivían en una región aparte dentro del país, su tierra se vio libre de los juicios que estaban cayendo sobre el territorio propiamente egipcio. E incluso si nos vamos al futuro, encontramos al Señor llamando a Su pueblo a salir de Babilonia para no recibir el castigo que estaba por caer sobre ella.

Es decir, Dios protege a Su pueblo quitándolo de los juicios que se desatan sobre una región. Es más, tiene paciencia hasta que Su pueblo esté preparado:

1 Pedro 3:20 RVC
20 a los que en otro tiempo desobedecieron, en los días de Noé, cuando Dios esperaba con paciencia mientras se preparaba el arca, en la que unas cuantas personas, ocho en total, fueron salvadas por medio del agua.

Hay un obrar de Dios que es parecido pero que no se refiere exactamente a lo mismo:

Ezequiel 9:4-6 RVC
4 y le dijo: «Pasa ahora por en medio de la ciudad de Jerusalén, y pon una señal en la frente de quienes gimen y claman a causa de todas las cosas repugnantes que se cometen en ella.»
5 También escuché que a los otros les dijo: «Vayan tras él. Recorran juntos toda la ciudad, y maten a todos sin misericordia. No perdonen a nadie.
6 Comiencen por mi santuario y maten a los viejos, a los jóvenes y a las doncellas, a los niños y a las mujeres, hasta que nadie quede vivo. Pero no se acerquen a nadie que tenga la señal.» Ellos comenzaron por matar a los ancianos que estaban delante del templo.

Ese principio lo vemos vez tras vez en las noticias de catástrofes cuando el Señor protege milagrosamente a los suyos EN MEDIO del juicio.

Y esto puede dar lugar a confusión, pensando que será lo mismo en el tiempo por venir… y lo será para algunos de los que se conviertan después, claro. Pero eso no anula el principio anterior: Dios quita a su pueblo de un juicio catastrófico que viene sobre una región, llevándolo a otro lugar. Pero bien, si en este caso el juicio viene sobre TODA la tierra, ¿adónde los va a llevar? Pues AFUERA de ella.

En el caso de Noé podían salvarse con una barca, Lot podía ser sacado fuera de la ciudad, Israel vivía en una región separada del resto de Egipto; pero un juicio que venga sobre todo el mundo requiere necesariamente que los fieles sean quitados de ese mundo. El Dios justo no va a permitir que Sus hijos fieles sufran un castigo inmerecido. La justicia divina no puede aceptar que Su pueblo pase por la tribulación.

El rapto será, entonces, la forma en que Dios protegerá a sus fieles de los juicios que vendrán; y esto está en perfecta armonía con el obrar divino a lo largo de la revelación bíblica.

Y, de paso, el rapto será la forma en que Dios “dará testimonio” a los que se queden: aquellos que vez tras vez no quisieron escuchar, que se burlaron continuamente de los mensajeros, ahora no los encontrarán más. Eso, en sí mismo, ES un mensaje poderosísimo.


DE ACUERDO, NOS VAMOS, ¿Y CUÁN IMPORTANTE ES SABER ESO?

La doctrina de la segunda venida, de los acontecimientos que ocurrirán ahí y del rapto ocupa un lugar importante en el llamado a una vida santa. La escatología puede parecer a muchos casi como una curiosidad intelectual ajena al caminar diario del cristiano, pero veremos que no es para nada así:

Mateo 24:42-51 RVC
42 Por tanto, estén atentos, porque no saben a qué hora va a venir su Señor.
43 Pero sepan esto, que si el dueño de la casa supiera a qué hora va a venir el ladrón, se quedaría despierto y no dejaría que robaran su casa.
44 Por tanto, también ustedes estén preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos lo esperen.
45 »¿Quién es el siervo fiel y prudente, al cual su señor deja encargado de los de su casa para que los alimente a su tiempo?
46 Bien por el siervo que, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así.
47 De cierto les digo que lo pondrá a cargo de todos sus bienes.
48 Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: “Mi señor tarda en venir”,
49 y comienza a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos,
50 el señor de aquel siervo vendrá en el día menos pensado, y a una hora que nadie sabe,
51 y lo castigará duramente, y le hará correr la misma suerte de los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Aquí se juega la recompensa eterna y hasta podríamos decir que la salvación, o quedarse durante la tribulación como podría sugerir también el versículo 51.

Lucas 12:35-46 RVC
35 »Manténganse listos, con la ropa puesta y con su lámpara encendida.
36 Sean como los siervos que están pendientes de que su señor regrese de una fiesta de bodas: en cuanto su señor llega y llama, ellos le abren enseguida.
37 ¡Dichosos los siervos a los que su señor encuentra pendientes de su regreso! De cierto les digo que se ajustará la ropa, los hará sentarse a la mesa, y él mismo vendrá a servirles.
38 Dichosos los siervos a los que su señor encuentre así, aunque llegue a la medianoche o en la madrugada.
39 Pero esto deben saber: si el dueño de la casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, estaría pendiente y no permitiría que robaran su casa.
40 También ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá cuando ustedes menos lo esperen.»
41 Entonces Pedro le dijo: «Señor, ¿esta parábola es para nosotros, o para todos?»
42 El Señor le respondió: «¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual su señor deja a cargo de los de su casa para que los alimente a su debido tiempo?
43 Dichoso el siervo al que, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así.
44 De cierto les digo que lo pondrá a cargo de todos sus bienes.
45 Pero si aquel siervo cree que su señor va a tardar, y comienza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse,
46 el señor de aquel siervo vendrá cuando éste menos lo espere, y a una hora que no sabe, y lo castigará duramente, y lo echará con los incrédulos.

Aquí tenemos el pasaje paralelo, con algunas variantes. De nuevo se habla de santidad (la ropa), presencia del Espíritu (la lámpara); evitar un daño, un robo (la recompensa, un lugar en las Bodas), ganar una recompensa, evitar quedarse en medio del juicio.

En la carta a los tesalonicenses encontramos un extenso pasaje sobre la venida de Cristo:

1 Tesalonicenses 4:13-5:5 RVC
13 Hermanos, no queremos que ustedes se queden sin saber lo que pasará con los que ya han muerto, ni que se pongan tristes, como los que no tienen esperanza.
14 Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios levantará con Jesús a los que murieron en él.
15 Les decimos esto como una enseñanza del Señor: Nosotros, los que vivimos, los que habremos quedado hasta que el Señor venga, no nos adelantaremos a los que murieron,
16 sino que el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero.
17 Luego nosotros, los que aún vivamos y hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para recibir en el aire al Señor, y así estaremos con el Señor siempre.
18 Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.
1 En cuanto a los tiempos y las ocasiones, no hace falta, hermanos míos, que yo les escriba.
2 Ustedes saben perfectamente que el día del Señor llegará como ladrón en la noche;
3 De repente, cuando la gente diga: «Paz y seguridad», les sobrevendrá la destrucción, como le llegan a la mujer encinta los dolores, y no escaparán.
4 Pero ustedes, hermanos, no viven en tinieblas, como para que ese día los sorprenda como un ladrón,
5 sino que todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de la oscuridad,

Que se encuentra inserto en una sección más amplia que trata sobre la vida en santidad:

1 Tesalonicenses 4:1-12 RVC
1 Por lo demás, hermanos, les rogamos y animamos en el Señor Jesús a que cada día su comportamiento sea más y más agradable a Dios, que es como debe ser, de acuerdo con lo que han aprendido de nosotros.
2 Ustedes ya conocen las instrucciones que les dimos de parte del Señor Jesús.
3 La voluntad de Dios es que ustedes sean santificados, que se aparten de toda inmoralidad sexual,
4 que cada uno de ustedes sepa tener su propio cuerpo en santidad y honor,
5 y no en pasiones desordenadas, como la gente que no conoce a Dios.
6 Ninguno debe agraviar ni engañar en nada a su hermano; porque el Señor toma en cuenta todo esto, como ya les hemos dicho y declarado.
7 Pues Dios no nos ha llamado a vivir en la inmundicia, sino a vivir en santidad.
8 El que desecha esto, no desecha a un hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.
9 En cuanto al amor fraternal, no es necesario que les escriba, porque Dios mismo les ha enseñado que ustedes deben amarse los unos a los otros,
10 y eso es lo que ustedes hacen con todos los hermanos que viven por toda Macedonia. Sin embargo, hermanos, les rogamos que su amor abunde más y más,
11 y que procuren vivir en paz, y ocuparse de sus negocios y trabajar con sus propias manos, tal y como les hemos ordenado,
12 a fin de que se conduzcan honradamente con los de afuera, y no tengan necesidad de nada.

1 Tesalonicenses 5:6-24 RVC
6 así que no durmamos como los demás, sino mantengámonos atentos y sobrios.
7 Los que duermen, de noche duermen; los que se embriagan, de noche se embriagan;
8 pero nosotros, los que somos del día, debemos ser sobrios, ya que nos hemos revestido de la coraza de la fe y del amor, y tenemos como casco la esperanza de la salvación.
9 Dios no nos ha puesto para sufrir el castigo, sino para alcanzar la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,
10 quien murió por nosotros para que, despiertos o dormidos, vivamos unidos a él.
11 Por lo tanto, anímense y edifíquense unos a otros, como en efecto ya lo hacen.
12 Hermanos, les rogamos que sean considerados con los que trabajan entre ustedes, y que los instruyen y dirigen en el Señor.
13 Ténganlos en alta estima y ámenlos por causa de su obra. Y ustedes, vivan en paz.
14 También les rogamos, hermanos, que les llamen la atención a los ociosos, que animen a los de poco ánimo, que apoyen a los débiles, y que sean pacientes con todos.
15 Tengan cuidado de que nadie pague a otro mal por mal; más bien, procuren siempre hacer el bien, tanto entre ustedes como con los demás.
16 Estén siempre gozosos.
17 Oren sin cesar.
18 Den gracias a Dios en todo, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.
19 No apaguen el Espíritu.
20 No menosprecien las profecías.
21 Examínenlo todo; retengan lo bueno.
22 Absténganse de toda especie de mal.
23 Que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que guarde irreprensible todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
24 Aquel que los llama es fiel, y cumplirá todo esto.

Y algo parecido en II Pedro:

2 Pedro 3:10-14 RVC
10 Pero el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Ese día los cielos desaparecerán en medio de un gran estruendo, y los elementos arderán y serán reducidos a cenizas, y la tierra y todo lo que en ella se ha hecho será quemado.
11 Puesto que todo será deshecho, ustedes deben vivir una vida santa y dedicada a Dios,
12 y esperar con ansias la venida del día de Dios. Ese día los cielos serán deshechos por el fuego, y los elementos se fundirán por el calor de las llamas.
13 Pero, según sus promesas, nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde reinará la justicia.
14 Por eso, amados hermanos, mientras esperan que esto suceda, hagan todo lo posible para que Dios los encuentre en paz, intachables e irreprensibles.

Podríamos hablar bastante sobre este tema, pero simplemente quiero que nos quedemos con un concepto: las enseñanzas sobre la segunda venida de Cristo se relacionan DIRECTAMENTE con la vida en santidad del creyente. No es un asunto teológico indiferente, es más, enseñar escatología SIN vincularla con la vida aquí y ahora termina siendo algo parecido a una herejía.

Si todo lo relacionado con la venida de Cristo y los sucesos posteriores tiene que ver con la vida en santidad, por supuesto que un detalle “menor” como puede ser saber o no cuando esté inmediatamente por ocurrir también tendrá que ver con nuestro caminar en santidad.

Bueno, de acuerdo hasta aquí, pero, ¿lo sabremos?

ELLOS LO SUPIERON, Y NOSOTROS TAMBIÉN

Si estuvimos comparando varios sucesos del Antiguo Pacto con la tribulación y el arrebatamiento, ¿podemos extraer algunos principios de ellos?

Génesis 6:13-14 RVC
13 Entonces Dios le dijo a Noé: «He decidido acabar con todo ser, pues por causa de ellos la tierra está llena de violencia. ¡Yo los destruiré, junto con la tierra!
14 Hazte un arca de madera de gofer, con aposentos en ella, y recúbrela con brea por dentro y por fuera.

Primera advertencia: va a venir un juicio sobre toda la raza, debía prepararse para escapar. Todavía estaba en un tiempo futuro, quizás no tuviera muy en claro cuándo ocurriría, pero vendría.

Génesis 7:1-5 RVC
1 Después el Señor le dijo a Noé: «Entra en el arca, tú y toda tu casa, porque en esta generación he visto que tú eres justo delante de mí.
2 De todo animal limpio tomarás siete parejas, cada macho con su hembra; pero de los animales que no son limpios sólo una pareja, un macho con su hembra.
3 También de las aves de los cielos tomarás siete parejas, macho y hembra, para conservar viva su especie sobre la faz de la tierra.
4 Porque dentro de siete días yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y borraré de la faz de la tierra a todos los seres vivos que hice.»
5 Noé hizo todo en conformidad con lo que le mandó el Señor.

La preparación fue por fe. Una vez que la fe dio su fruto pleno: el arca terminada, vino la definición precisa. Siete días antes Dios le da las últimas instrucciones. Quizás Noé haya pasado muchos años construyendo el arca, algunos opinan que fueron los 120 que se mencionan en Génesis 6:3; pero de todas formas no pudo haber sido poco tiempo. El patrón que tenemos es: el anuncio de un juicio que vendrá y el llamado a prepararse; un tiempo largo de preparación y, probablemente, “silencio” (que prueba la fe), y el último aviso pocos días antes.

Luego tenemos el caso de Sodoma:

Génesis 18:16-22 RVC
16 Aquellos varones se fueron de allí, y miraron en dirección a Sodoma. Abrahán los acompañaba.
17 Entonces el Señor dijo: «¿Acaso voy a ocultarle a Abrahán lo que voy a hacer?
18 ¡Si Abrahán va a ser una nación grande y fuerte, y en él serán bendecidas todas las naciones de la tierra!
19 Yo sé que él ordenará a sus hijos y a sus descendientes que sigan el camino del Señor, y que sean justos y rectos, para que el Señor cumpla en Abrahán su promesa.»
20 Entonces el Señor le dijo: «Puesto que el clamor contra Sodoma y Gomorra va en aumento, y su pecado se ha agravado demasiado,
21 voy ahora a descender allá, para ver si lo que han hecho corresponde a las quejas que han llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré.»
22 Y aquellos varones se apartaron de allí, y fueron hacia Sodoma; pero Abrahán seguía estando delante del Señor.

Abraham, que fue llamado amigo de Dios, supo poco tiempo antes cuándo iba a ocurrir el juicio (o potencialmente podría ocurrir, ya que el intercedió para que fuera evitado); precisamente por su relación tan cercana con el Señor y por su rol dentro del plan divino, fue advertido.

Amós 3:7 RVC
7 Lo cierto es que nada hace el Señor sin antes revelarlo a sus siervos los profetas.

¡Y la iglesia de los últimos días es una comunidad de profetas!

No vemos aquí un largo tiempo de preparación previa, pero sí el aviso previo a la destrucción.

Génesis 19:12-16 RVC
12 Y los varones le dijeron a Lot: «¿Todavía hay alguien más contigo? ¿Yernos, hijos, hijas? Todo lo que tengas en la ciudad, ¡sácalo de aquí!
13 Porque nosotros vamos a destruir este lugar. ¡Son ya demasiadas las quejas contra ellos, que han llegado a oídos del Señor! Por eso el Señor nos ha enviado a destruirlo.»
14 Entonces Lot salió y habló con sus yernos, es decir, los que habían tomado a sus hijas, y les dijo: «¡Levántense, salgan de esta ciudad, que el Señor va a destruirla!» Pero a sus yernos les pareció que Lot estaba bromeando.
15 Al rayar el alba, los ángeles apuraban a Lot y le decían: «Levántate, y llévate a tu mujer y a tus dos hijas que tienes aquí, para que no mueras cuando la ciudad sea castigada.»
16 Pero como él se tardaba, los varones lo tomaron de la mano y, junto con su mujer y sus dos hijas, lo sacaron de la ciudad y lo pusieron fuera de ella, conforme a la misericordia que el Señor tuvo de él.

De nuevo, hubo un tiempo suficiente como para poner a salvo a Lot, algunas horas, un tiempo de paciencia. No hubo mucha fe que digamos, pero por misericordia el Señor le dio un tiempo para prepararse.

En estos dos casos, que Jesús menciona en relación directa con Su venida, hubo por lo menos un aviso poco tiempo antes del comienzo del juicio.

Podemos tomar otro ejemplo parecido que es el de las plagas de Egipto. Y lo considero válido como “prototipo” de la tribulación y especialmente de la gran tribulación porque dichos castigos tenían como propósito lograr un cambio de actitud en Egipto y dar a conocer el poder de Dios por encima de todos los otros “dioses”; parecido a los propósitos de los juicios tribulacionales; además de que hay similitudes entre ambos.

En este caso, desde que Moisés vuelve a Egipto hasta la liberación efectiva pasa un tiempo, probablemente varios meses, algunos plantean que el período fue de un año, me da la impresión de que no fue tanto, pero lo cierto es que duró el tiempo suficiente como para que Faraón pudiera arrepentirse de su entre plaga y plaga. Lo cierto es que podemos imaginarnos a los israelitas en expectativa, desde de llegada de Moisés hasta el desenlace, con las idas y venidas y las tensiones que debieron haber vivido, hasta el anuncio de la última plaga y el establecimiento de la Pascua y la subsiguiente liberación.

El patrón aquí es: un anuncio de liberación futura, que se prolonga en el tiempo (aunque en realidad, el anuncio de liberación propiamente dicho venía desde la época de Abraham) hasta el momento en que se da la noticia definitiva que se cumpliría en pocos días (Éxodo 12, la preparación para la Pascua y la salida).

No son los únicos juicios que vemos en el Antiguo Testamento, pero son los que implicaron una directa manifestación divina, sin intermediarios humanos (como fue, por ejemplo, la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor), es decir, Dios Padre obrando a través de la creación.

Ya en los Evangelios encontramos algunas instrucciones interesantes de Jesús:

Mateo 25:6-12 RVC
6 A la medianoche se oyó gritar: “¡Aquí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!”
7 Todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.
8 Entonces las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.”
9 Pero las prudentes les respondieron: “A fin de que no nos falte a nosotras ni a ustedes, vayan a los que venden, y compren para ustedes mismas.”
10 Pero mientras ellas fueron a comprar, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.
11 Después llegaron también las otras vírgenes, y decían: “¡Señor, señor, ábrenos!”
12 Pero él les respondió: “De cierto les digo, que no las conozco.”

Antes de la llegada del novio hubo un anuncio, y entre el anuncio y el inicio de la fiesta de bodas hubo un lapso de tiempo, breve por cierto; lo suficiente como para que las que tenían aceite arreglaran sus lámparas; pero no tan largo como para que las que no habían guardado aceite pudieran ir a conseguirlo. El novio NO despertó a las vírgenes, sino un mensajero, para el momento de su llegada ya estaban advertidas y preparadas.

Ahora bien, por supuesto que Jesús se encargó de dejar bien en claro este otro asunto:

Mateo 25:13 RVC
13 Estén atentos, porque ustedes no saben el día ni la hora en que el Hijo del Hombre vendrá.

Lucas 12:40 RVC
40 También ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá cuando ustedes menos lo esperen.»

A medida que las señales de los tiempos apuntan cada vez más a Su venida, no debemos descuidar esta advertencia. Finalmente, NO SABEMOS cuándo será el momento exacto, aunque hoy tengamos mucha más precisión que el resto de los cristianos a lo largo de los siglos.

Quizás la principal confusión esté en que habría que entender el “no saber” en un sentido general. Por cierto que los cristianos nunca han sabido cuándo vendrá y todos los que pusieron fechas pasadas han fracasado; ¡realmente no sabían! Pero también debemos ser cuidadosos en contextualizar esta enseñanza con las muchas otras referentes al rapto y la tribulación.

Noé sabía que vendría un diluvio, pero “no sabía” exactamente cuándo hasta que faltaron solo 7 días. Probablemente Abraham supiera que vendría un juicio sobre Sodoma, pero no supo el momento hasta que faltó poco más de un día. Los israelitas sabían, desde los tiempos de Abraham, que vendría juicio sobre la nación que los cautivaría, pero no supieron cuando hasta que llegó Moisés y comenzaron las plagas.

Creo que el principal objetivo de que el día no fuera revelado es para que no nos preocupemos por eso ni “hagamos la plancha espiritual” hasta que falten un par de semanas. Él es nuestro Señor, Él es el Amado, con Él queremos estar si es que le conocimos de verdad y eso nos lleva a desear ardientemente que venga, no mañana, no pasado mañana, ¡sino ahora mismo!

La demora en Su venida no es ninguna bendición para los hijos fieles, es señal de paciencia, para que todos puedan arrepentirse antes de que sea demasiado tarde, pero:

Romanos 8:19-23 RVC
19 Porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios.
20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino porque así lo dispuso Dios, pero todavía tiene esperanza,
21 pues también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, para así alcanzar la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
22 Porque sabemos que toda la creación hasta ahora gime a una, y sufre como si tuviera dolores de parto.
23 Y no sólo ella, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos mientras esperamos la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Si nos preocupa que el Señor vaya a venir “demasiado” pronto, realmente mis queridos hermanos, NO HEMOS ENTENDIDO NADA, PERO DE VERDAD NADA.

Hasta donde yo comprendo, de acuerdo a diversos testimonios y profecías que he escuchado, no creo que falte mucho más de dos décadas para que venga el Señor (desde el momento de escribir este artículo) pero jamás enseñaría eso como doctrina; tengo fundamentos para decirlo pero de ningún modo es una “revelación bíblica”. Simplemente es una señal de advertencia que me recuerda, cada día, que no debo perder tiempo ni distraerme. Venga cuando venga el Señor o que termine mi vida en esta tierra, simplemente espero que me encuentre cumpliendo fielmente su voluntad y es eso lo que me preocupa.

El otro tema que debemos diferenciar es quiénes son los que realmente no sabrán cuándo vendrá el Hijo del Hombre.

Lucas 17:26-29 RVC
26 Tal y como sucedió en los días de Noé, así también sucederá en los días del Hijo del Hombre.
27 La gente comía y bebía, y se casaba y se daba en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los destruyó a todos.
28 Lo mismo sucedió en los días de Lot: la gente comía y bebía, compraba y vendía, plantaba y edificaba casas;
29 pero cuando Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

Aquí queda por demás de claro que aquellos QUE NO SUPIERON no fueron precisamente Noé y su familia y (hasta cierto punto…) Lot; quienes no supieron fueron los incrédulos. Entendamos bien: no tenían ni la más mínima idea de lo que iba a pasar, eso es lo que está diciendo.

1 Tesalonicenses 5:3 RVC
3 De repente, cuando la gente diga: «Paz y seguridad», les sobrevendrá la destrucción, como le llegan a la mujer encinta los dolores, y no escaparán.

Aquí se refiere a los juicios tribulacionales. Y de nuevo, se trata de “la gente”, los incrédulos. Obviamente, ellos no tienen discernimiento espiritual y aún más, se encontrarán profundamente enceguecidos por la manifestación satánica del fin de los tiempos por lo que tampoco tendrán mucho discernimiento natural.

Mis amados hermanos, si alguno de ustedes piensa que va a estar la situación de los que “no saben” yo le sugeriría que deje inmediatamente de leer y se ponga a orar unas cuantas horas…

Por otro lado, uno es el mensaje que Jesús daba a sus discípulos mientras caminaban por esta tierra, otro el que les dio en la última cena y otro el que habló el Espíritu luego de Su ascensión. Con esto quiero decir que no deberíamos pensar que las palabras de Jesús en los Evangelios reflejen siempre el grado más profundo de intimidad y revelación; más de una vez está hablando a la “masa” de discípulos, “escondiendo” más que revelando la verdad (como era el caso de las parábolas).

Bueno, no quiero ser dogmático con esto ni agregar demasiadas especulaciones; veamos otros pasajes y que el Espíritu nos de entendimiento.

Jesús hace una advertencia del juicio que vendría a Jerusalén, no directamente desde el cielo pero sí por intermedio humano. Hubo un anuncio general:

Lucas 13:34-35 RVC
34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como junta la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
35 Pues bien, la casa de ustedes va a quedar desolada; y les digo que ustedes no volverán a verme hasta el día en que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»

Y luego una señal específica:

Mateo 24:15-18 RVC
15 »Por tanto, cuando en el lugar santo vean la abominación desoladora, de la que habló el profeta Daniel (el que lee, que entienda),
16 los que estén en Judea, huyan a los montes;
17 El que esté en la azotea, no baje para llevarse algo de su casa;
18 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.

De nuevo: ellos no sabían cuándo ocurriría esto, pero un breve tiempo antes de que comenzara la destrucción tendrían una señal lo suficientemente clara. Gracias a esa señal, los cristianos judíos que se encontraban en la ciudad hacia el momento de su conquista, pudieron escapar y salvar su vida.

Sorprendentemente nos encontramos con otra escena de juicio parecida en el futuro:

Apocalipsis 18:4-5 RVC
4 Oí entonces otra voz del cielo, que decía: «Ustedes, los de mi pueblo, salgan de esa ciudad para que no participen de sus pecados ni reciban parte de sus plagas;
5 pues son tantos sus pecados que llegan hasta el cielo, y Dios ha tomado en cuenta sus injusticias.

Aquí no se da una señal, aunque probablemente los creyentes de ese momento sí la reconozcan (la destrucción de “Babilonia” está extensamente anunciada en los profetas), pero se da una advertencia similar, de escapar. En algún momento este mensaje deberá hacerse claro para los cristianos que vivan allí y deberán cumplir este mandato. El juicio sobre tal lugar ha sido anunciado desde que Juan escribió el Apocalipsis (más si lo rastreamos en las profecías del Antiguo Testamento) pero en un momento dado se oirá la señal.

En realidad, si nos metiéramos con las profecías del tiempo de la tribulación encontraríamos definiciones precisas de tiempos y días que no se nos dieron a nosotros.

Una observación más:

Mateo 24:42-44 RVC
42 Por tanto, estén atentos, porque no saben a qué hora va a venir su Señor.
43 Pero sepan esto, que si el dueño de la casa supiera a qué hora va a venir el ladrón, se quedaría despierto y no dejaría que robaran su casa.
44 Por tanto, también ustedes estén preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos lo esperen.

Aquí solemos poner el énfasis sobre el desconocimiento de la hora, pero precisamente el Señor dice lo contrario: debido a que no saben la hora, estén atentos para que se den cuenta cuándo está por llegar. Cuando “no se lo espere” es decir, cuando las circunstancias no hagan suponer que vendrá, ése será el momento. ¿Acaso no es esta una señal muy precisa? Cualquiera que permanezca despierto y atento sabrá cuándo la gente (¿y los cristianos tibios?) “no espera” que venga Cristo y ahí tendrá que correr a prepararse. Hermanos, ¡nos está diciendo cuándo vendrá! Lo sabremos en ese momento, no ahora, pero cuando el contexto social se configure, lo sabremos.

Además, el dueño de casa que está atento, se queda despierto mirando la ventana, y de lejos ve venir al ladrón. Es decir, no puede predecir exactamente a qué hora, pero cuando está viniendo, lo ve.

¡Cuidado! ¿Quiénes son los que “no lo esperan”? No pueden ser los creyentes fieles porque estos sí lo esperan y están al tanto de los acontecimientos. La “hora que menos lo esperen” sólo toma por sorpresa a los que “no esperan”, es decir, los que no tienen esperanza, ¡pero nosotros sí tenemos esperanza! Aquí no puede estar hablando de los hijos fieles, por lo que debemos “mirar el contexto”, alrededor, para determinar este momento.

Tito 2:11-13 RVC
11  Porque la gracia de Dios se ha manifestado para la salvación de todos los hombres,
12  y nos enseña que debemos renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y vivir en esta época de manera sobria, justa y piadosa,
13  mientras aguardamos la bendita esperanza y la gloriosa manifestación de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,

1 Pedro 1:13 RVC
13  Por lo tanto, preparen su mente para la acción, estén atentos y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando Jesucristo sea manifestado.

Creo que podríamos resumir esta sección diciendo que si bien es cierto que no podemos predecir el día ni la hora, a medida que se acerque el tiempo y la venida sea inminente, un poco de tiempo antes lo sabremos con precisión, lo suficiente como para terminar de prepararnos.


LAS SEÑALES DE TRÁNSITO NO ESTÁN HECHAS PARA QUE SE VEAN A 10 KM DE DISTANCIA…

Hasta ahora casi no hablamos de las señales de los últimos tiempos. Creo que en las últimas décadas se ha abusado y mal usado de ellas, en muchos casos para lograr vender libros o conseguir aplausos en auditorios aterrados; en otros tantos quizás por ignorancia.

El efecto final es que nos hemos “acostumbrado” a escuchar discursos alarmistas y falsos en parte, y como Cristo no vino cuando se nos dijo que iba a venir porque empezaba a verse tal o cual señal, concluimos que vaya uno a saber cuándo vendrá realmente. Como consecuencia, las señales que el Señor puso en Su Palabra ya no “señalizan” nada.

Siempre es necesario recordar que el mal uso de una verdad bíblica no anula la verdad en sí; que el tema de las señales haya sido muy marketinero años atrás no significa que estas sean falsas. Que se hayan confundido los significados de dichas señales tampoco.

Dejando de lado intereses espurios, un problema en la interpretación de las “señales” bíblicas es saber ubicar a qué tiempo pertenecen. Está claro que Apocalipsis nos brinda muchos acontecimientos que tienen un fuerte correlato con el presente, pero que NO SON el presente. Y otras tantas del resto de la Biblia tampoco se refieren exactamente a este tiempo.

No quiero profundizar en el tema, simplemente recordar que la noción de “señal” es, precisamente, algo puesto en un lugar para indicar una situación futura para el que la percibe. Las señales indican algo que va a venir en un futuro, normalmente cercano porque sino no cumplirían su función de señales, o mejor dicho, no podríamos llamarlas así. Puede ser que una señal no muestre un tiempo exacto, pero sí muestra la cercanía e inminencia de algo.

Y aquí vale la comparación con las señales de tránsito. Creo que todos conocemos de lo que estoy hablando, y también todos sabemos que hay una distancia a partir de la cual pueden verse. Desde lejos uno ve un rectángulo verde, o un rombo amarillo o un círculo naranja y puede más o menos suponer de qué se trata, pero nada más. Recién cuando se está más cerca puede leerse lo que dice; la misma señal transmite “un mensaje” desde lejos y “otro mensaje”, más preciso y detallado, de cerca. Dicho de otra forma, la señal no puede percibirse claramente hasta que no se está lo suficientemente cerca.

Cuando hay algún problema en la carretera o el automovilista debe estar especialmente alerta por algo, normalmente vemos una seguidilla de señales: “calzada reducida a 1 km”, “calzada reducida a 500 m”, “calzada reducida a 100”, “calzada reducida”, y, por las dudas, un operario todo vestido de naranja agitando una bandera. Ahora bien, a nadie se le ocurriría desestimar la primera señal porque todavía falten 1.000 metros y porque haya otras similares más adelante, ¿no?

Quizás esta comparación explique por qué hemos tenido tal “revoltijo de señales” en décadas pasadas, y aún hoy. Creo que, sinceramente, deberíamos de una vez por toda dejar de pretender tener la verdad absoluta y reconocer que LA Verdad es Cristo, que está en Él y que nosotros sólo podemos ver una parte(cita) de ella, y lo que enseñamos es nada más que eso y como tal debemos transmitirlo. Con un poco de humildad podemos admitir que tenemos una idea más o menos definida sobre algo pero que no lo sabemos todavía con el suficiente detalle, y eso está bien. Si los que nos escuchan esperan encontrar al “más sabio de los sabios” que sea capaz de revelarles hasta el último detalle de la Biblia, deberemos cortésmente decirles que se equivocaron feo, pero muy feo.

Con esto quiero decir que las señales están apuntando a tiempos y momentos específicos, que nos alertarán cuando las cosas estén por ocurrir, pero que no necesariamente las podremos entender claramente antes de ese tiempo.

No voy a hablar sobre las señales de los últimos tiempos porque no es el propósito de este artículo y hay mucho escrito, pero sí quiero mencionar un pasaje que para mí es fundamental en este tema:

Lucas 21:29-31 RVC
29 También les contó una parábola: «Fíjense en la higuera y en todos los árboles.
30 Cuando ustedes ven que brotan sus hojas, pueden saber que ya se acerca el verano.
31 De la misma manera, cuando ustedes vean que todo esto sucede, podrán saber que ya se acerca el reino de Dios.

El versículo anterior dice algo parecido, aunque referido más bien al final de la gran tribulación:

Lucas 21:28 RVC
28 Cuando esto comience a suceder, anímense y levanten la cabeza, porque su redención estará cerca.»

En ambos contextos hay señales que están mostrando la inminencia de un suceso; no indican una fecha precisa (como por sí por ejemplo Daniel 12:11,12; Apocalipsis 11:3; 12:6) pero tampoco un período indefinidamente largo. En la parábola de la higuera, desde que brotaba hasta el verano no podían pasar más que unos pocos meses.

Las señales de estos tiempos están apuntando hacia la cercanía de un evento, probablemente no indican la fecha exacta, o al menos eso todavía está en parte velado, pero dan un rango de tiempo estrecho. Si a veces hemos interpretado mal las señales, no es culpa de ellas, y sino, ¡trate de convencer a un inspector de tránsito de que la señal de 40 Km/h estaba mal puesta y que en realidad quería decir 60! Después de pagar una interesante multa aprenderemos que no podemos contradecir o ignorar las señales… Y si a alguno de los lectores que maneja no le pasó algo parecido, que tire la primera piedra…

El Señor nos alertó sobre las señales para que no seamos ignorantes; si Su propósito hubiera sido “esconder” el momento de Su venida, ¿para qué escribir tanto en la Biblia sobre el tema?

Hay otro pasaje interesante:

Lucas 21:9 RVC
9  Y cuando oigan hablar de guerras y de levantamientos, no se alarmen, porque es necesario que esto suceda primero, pero el fin no llegará de manera repentina.»

Lo interesante aquí es el sentido de “no llegará de manera repentina”, esto es: al instante, en seguida, inmediatamente, pronto. Esto quiere decir que habrá tiempo suficiente como para ver las señales que anuncian el fin y prepararse para ese fin. No se nos da la precisión de una fecha determinada, no se nos dice cuánto tiempo pasará, pero se nos da un “margen” temporal, más o menos definido, o al menos se nos dice que no será un suceso “sorpresivo” en relación con las señales de las que se está hablando en el pasaje (esto es, para los que están atentos a esas señales).


UN EVENTO ESPIRITUAL PARA ESPIRITUALES

Hasta aquí estuvimos hablando de cuestiones entendibles intelectualmente. Sin embargo el Reino de Dios es mucho más que enseñanza intelectual, es realidad espiritual, y los que estamos aprendiendo a vivir en el Espíritu también percibimos las realidades espirituales.

Aquí cabe una reflexión muy sencilla: si muchas veces podemos percibir en nuestro espíritu cuando algo está ocurriendo en los aires, cuando hay conflicto espiritual, presencia demoníaca, cuando la unción de Dios se aproxima a nosotros, etc., etc., ¿acaso nuestra sensibilidad espiritual se va a desconectar antes del rapto? Es absurdo.

Y más absurdo si consideramos que la Novia del Cordero va a estar ya adecuadamente dispuesta y ataviada para ese momento, es decir, perfeccionada en todo, y eso incluye su sensibilidad espiritual.

¿Un evento tal como el rapto va a pasar desapercibido en el plano espiritual? Imposible.

No sé cómo será, pero de alguna manera nuestros espíritus van a estar especialmente alertas y emocionados antes de que eso ocurra; sin duda lo sabremos, lo percibiremos muy claramente.

Pero claro, estoy hablando del plano espiritual. Los cristianos que se mueven solo en el plano intelectual y emocional no sé si alcanzarán a notarlo. Más vale empezamos desde ahora a meternos en el río del Espíritu, ¿no?


¿POR QUÉ LO SABREMOS?

El rapto no es el principal foco de los acontecimientos del último tiempo, pero es perfectamente lógico y justo cuando los ubicamos en contexto. Todo el camino hacia él está señalizado y, al igual que en una autopista, las señales se van haciendo cada vez más frecuentes a medida que nos acercamos a un punto crítico. De los diversos relatos bíblicos podemos ver que poco tiempo antes lo sabremos y la lógica espiritual nos dice que un acontecimiento tal es imposible que pase desapercibido.

Ahora bien, ¿por qué?

Hay cierto sustrato doctrinal que presenta a Dios de una manera más o menos arbitraria. Muchas enseñanzas, en el fondo, al enfatizar la soberanía de Dios lo llevan al punto de la “arbitrariedad”, es decir, hace lo que hace porque sí, y los eventos escatológicos muchas veces se presentan así. ¿Cómo es eso? Fácil, al narrar una sucesión de hechos ciertos pero sin conexión con las verdades eternas y los principios divinos, termina siendo un relato “arbitrario”, una “puesta en escena” muy dramática pero sin razones claras.

Eso es un error terrible. Todos los acontecimientos finales tienen que ver con la misericordia y la justicia de Dios, todos son perfectamente “necesarios”; aunque no podamos darnos cuenta fácilmente de por qué. Tanto como se enfatiza en la soberanía divina es necesario enfatizar en su justicia y coherencia; todo tiene una razón y un propósito, esa es la naturaleza divina.

Vimos en una sección anterior que la enseñanza sobre la segunda venida es una parte fundamental de nuestra esperanza, pero lo cierto es que hoy muy poco nos han enseñado a esperar algo del futuro, todo el mensaje es “instantáneo”. Bien, quizás eso sea el principio de la señal de “la hora que menos lo esperen”.

NUNCA seremos lo que hemos sido llamados a ser en este mundo actual, en este sistema de cosas. NUNCA traeremos nosotros por nuestro propio esfuerzo el Reino de Dios a esta tierra, ¿acaso las noticias de la mañana no son suficiente como para darnos cuenta? NUNCA recibiremos perfecta justicia en este mundo. NUNCA el Reino de Dios podrá establecerse en este sistema actual. ¿Acaso tanto nos hemos acostumbrado a este mundo torcido y retorcido que ya no esperamos nada mejor que pasar una vida relativamente tranquila y encontrarnos con Cristo luego de morir? Temo que sí.

Esta esperanza, este anhelo de justicia (en el sentido bíblico de justicia) y también el hecho de saber que tendremos que rendir cuentas, de que hay una recompensa que implica participar en la construcción de ese mundo mejor que siempre hemos soñado pero nunca visto hasta ahora (a eso se refieren los “tronos” y las “coronas” del cielo) y si estamos medio flojos, el temor de saber que podemos ser “dejados atrás” son todos alicientes para una vida en santidad.

¿Y de qué nos sirve saber que sabremos cuando esté por venir?

Primero, para entender que el Señor no es arbitrario ni está “jugando” con nuestra esperanza. Él no juega a las escondidas, se revela claramente a los que lo buscan, aunque se oculta de los que no se interesan por Él; ¡no nos confundamos de grupo!

En todo lo que hacemos, y especialmente en los acontecimientos finales, Él quiere que sepamos claramente en qué tiempos estamos, y que nos preparemos adecuadamente. El último y claro aviso será la última llamada para prepararnos, aunque solo a los que ya estemos casi listos.

Y por otro lado, la verdad es que nuestra principal preocupación hoy y ahora es traer el Reino de Dios a la tierra. Aunque unos párrafos más arriba dije que no lograremos establecer todo lo que implica el Reino de Dios en el tiempo presente, seguimos siendo “sal y luz”, y lo seguiremos siendo mientras estemos aquí: hay muchos que necesitan ser salvos todavía, hay muchos que necesitan ver y escuchar nuestro testimonio pero que serán salvos luego, hay muchos males que necesitan ser frenados, la iglesia se encuentra en un estado todavía bastante deplorable y hace falta urgentemente restaurarla, y, dicho sea de paso, nosotros todavía necesitamos unos cuantos “ajustes”… Con eso tenemos más que de sobra como para pasar todo el tiempo calculando fechas y acontecimientos. 
Simplemente sabremos el compás de los tiempos y cuando esté por sonar el timbre, como cuando íbamos a la escuela, guardaremos nuestros cuadernos, cerraremos la mochila, acomodaremos los bancos, y ¡riiiinnn! ¡NOS VAMOS PARA CASA! ¡ALELUYA! ¡GLORIA POR SIEMPRE AL SEÑOR!


Hermanos, tengamos fe y confianza en el Señor, vivamos cada día más como a Él le agrada; sabiendo que no seremos sorprendidos sino que entenderemos Sus tiempos y Sus planes. Él nos ama y quiere que estemos preparados, habiendo cumplido la misión encomendada.

¡Gloria por siempre al Altísimo!

Danilo Sorti

En la casa de Rubén (Argentina), en la ciudad de lo alto de la montaña (Rosario), al décimo mes del año romano de 2016; “16” el número del amor divino.



sábado, 21 de abril de 2012

APOCALIPSIS 22:1

APOCALIPSIS 22:11

APOCALIPSIS 22:11

 

 

Apocalipsis 22.11 DHH

11Deja que el malo siga en su maldad, y que el impuro siga en su impureza; pero que el bueno siga haciendo el bien, y que el santo siga santificándose.”

 

 

EL MALO Y EL IMPURO

 

La primera parte del versículo resulta enigmática, por la aparente contradicción de sentido. ¿Cómo puede el Espíritu no preocuparse por lo que le ocurra al pecador? Además, ¿es posible entender que tampoco nosotros deberíamos preocuparnos por el que se ha apartado de Dios?

 

Sin embargo, cuando ampliamos un poco la mirada, y ponemos el pasaje en contexto, aparece un significado mucho más claro. Veamos:

 

Apocalipsis 22.6-17 DHH

6El ángel me dijo: “Estas palabras (es decir, todo lo que se dijo antes) son verdaderas y dignas de confianza. El Señor, el mismo Dios que inspira a los profetas, ha enviado su ángel para mostrar a sus siervos lo que pronto va a suceder.”

7¡Vengo pronto! ¡Dichoso el que hace caso del mensaje profético que está escrito en este libro!”

8Yo, Juan, vi y oí estas cosas. Y después de verlas y oírlas, me arrodillé a los pies del ángel que me las había mostrado, para adorarlo. 9Pero él me dijo: “No hagas eso, pues yo soy siervo de Dios, lo mismo que tú y que tus hermanos los profetas y que todos los que hacen caso de lo que está escrito en este libro. Adora a Dios.”

10También me dijo: “No guardes en secreto el mensaje profético que está escrito en este libro, porque ya se acerca el tiempo de su cumplimiento. 11Deja que el malo siga en su maldad, y que el impuro siga en su impureza; pero que el bueno siga haciendo el bien, y que el santo siga santificándose.”

12“Sí, vengo pronto, y traigo el premio que voy a dar a cada uno conforme a lo que haya hecho. 13Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin.”

14Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad. 15Pero fuera se quedarán los pervertidos, los que practican la brujería, los que cometen inmoralidades sexuales, los asesinos, los que adoran ídolos y todos los que aman y practican el engaño.

16“Yo, Jesús, he enviado mi ángel para declarar todo esto a las iglesias. Yo soy el retoño que desciende de David. Soy la estrella brillante de la mañana.”

17El Espíritu Santo y la esposa del Cordero dicen: “¡Ven!” Y el que escuche, diga: “¡Ven!” Y el que tenga sed, y quiera, venga y tome del agua de la vida sin que le cueste nada.

 

 

Si tenemos en cuenta el contexto inmediato de este versículo, ¡y mucho más si tenemos en cuenta el contexto de todo el libro!, queda claro que de ningún modo se está sugiriendo que el que esta lejos de Cristo continúe en su estado, sino todo lo contrario. Jamás Dios podría quedarse “tranquilo” con que el pecador siga en su camino de muerte, y es absolutamente absurdo, después de ver los terribles acontecimientos futuros (y, para nosotros, en parte presentes) que a alguno de los participantes de la visión se le ocurriera no llamar al arrepentimiento al lector.

 

Como se dijo, en la gran visión que es Apocalipsis, intervienen varias personas a lo largo de todo el relato: Juan, el ángel que le muestra la visión, Jesucristo mismo, y el Espíritu Santo en estos últimos versículos. Barclay en su comentario dice de la última parte del capítulo 22:

 

“Lo que nos queda del último capítulo del Apocalipsis está curiosamente deshilvanado. Se ponen las cosas sin un orden aparente; hay repeticiones de cosas que han salido antes; y a veces es difícil saber quién es el que está hablando. Hay dos posibilidades. Puede ser que Juan esté sondeando otra vez algunos de los temas que ya han aparecido en el libro, y presentando en escena a algunos de los personajes para el mensaje final. Pero tal vez es más probable que no acabara de poner en orden este último capítulo y que sea solo un boceto.”

 

Es probable que esto sea cierto desde el punto de vista del proceso de redacción del libro, pero, si aceptamos que en la Palabra escrita de Dios no hay “casualidades”, podríamos ver algo distinto, que nos ayudaría a entender mejor el versículo 11. Tratemos de ubicarnos en los sentimientos e inquietudes de todos los interlocutores: Juan había recibido la revelación más impactante, quizás, de toda su vida; estaba profundamente preocupado y emocionado a la vez; supongo que el ángel que le estaba mostrando estas cosas no lo estaba menos, al fin y al cabo, ¡la misión de ellos tiene que ver con todo lo que nos pase a nosotros!, y tampoco son omniscientes, por lo que no resultaría raro que él también estuviera aprendiendo junto con Juan. Y Jesucristo, que es la Palabra misma, estaba dirigiendo su último gran llamado de atención a toda la humanidad que iba a quedar registrado en El Libro de Dios. Todos estaban conmovidos por lo que habían visto o mostrado, y sabían que, de toda esa revelación que era la última, además, estaban diciendo las últimas palabras, las palabras finales de toda la Escritura. La situación es parecida a cuando hay un grupo de personas que están intentando convencer a un tercero de algo muy importante, y ya están por terminar la reunión; ¡todos quieren hablar al mismo tiempo! Al final de Apocalipsis todos están haciendo un llamado final a la conversión, porque ya no habrá más; no habrá más palabra canónica y, teniendo en cuenta el tiempo al que alude el libro, tampoco habrá más tiempo al momento en que la visión se esté cumpliendo.

 

Volvamos al versículo 11. De lo que dijimos al principio, no resulta muy lógico pensar que el interlocutor esté “avalando” que el pecador siga en su pecado; y de lo último, hay que ubicarlo dentro de un marco de gran urgencia. Pero hay más.

 

Como el versículo alude al “malo” (es decir, aquel que no hace el bien, porque no quiere, o no puede porque no lo quiere conocer) y como se ubica al final del libro, no sería descabellado interpretar que el “malo” es el que, después de haber leído todo el libro (y, por extensión, toda la revelación de la Palabra) sigue en su posición de rebeldía contra Dios. Entonces, ¿qué más se le puede decir a quién, después de conocer toda la verdad que Dios nos dejó, sigue sin querer cambiar?

 

Uno diría que nada, pero el Señor tiene todavía una palabra. El decir “nada” es lo que viene después de Apocalipsis, es decir, ¡nada!, porque no hay nada más escrito. Pero en las últimas palabras escritas está la última advertencia, y el sentido lo podemos entender cabalmente los que somos padres cuando hemos intentado convencer infructuosamente de algo a nuestros hijos. Cuando no hay nada más que decir (y sabiendo que el hijo rebelde, aunque afirme su posición rebelde, sigue esperando que los padres le digan algo, como para seguir “conectado” y “no alejarse” tanto en su rebeldía) simplemente decimos “hacé lo que quieras”. Todos los hijos (¡y nosotros, porque también lo somos!) saben que esto no quiere decir lo que dice, sino que es el último intento para convencerlos, es como decir “hacé lo que quieras, pero atenete a las consecuencias”.

 

Ahora, el pasaje va cobrando sentido, y más de uno. Por un lado, trata de hacer la “última” llamada de atención al incrédulo, al decir algo “contrario” a lo que normalmente se esperaría que el Espíritu dijera, y, quizás, tratando de conectarlo con algunos recuerdos de rebeldías juveniles, para hacerlo reflexionar. Pero esto nos lleva a pensar en por qué diría Dios algo así, por qué utilizaría esta expresión; si es solamente para captar la atención del rebelde o si hay algo más. Y lo que me parece es que sí lo hay, que tiene una nota de desesperanza. ¡Terrible sentimiento en quién es La Fuente de toda esperanza! Pero no hay que pintar de agradable lo que no lo es, como acostumbra hacer el sistema actual. Aunque suene a herejía, los receptores de este mensaje (y no olvidemos que hasta ahora solo hemos estado hablando de la primera parte del versículo) difícilmente se vayan a convertir (no creyeron después de leer todo lo que leyeron, por extensión, la Biblia) y Dios mismo ya no puede abrigar muchas esperanzas de su salvación. Uno puede ver, escarbando un poco por debajo de las palabras, el dolor del Padre.

 

Llega un momento en el que prácticamente no hay más posibilidades de conversión, y aunque siempre, y repito, siempre, hay esperanza mientras se esté sobre esta tierra, el cambio muy difícilmente ocurra. Y aquí vamos a otro enfoque de esta primera parte del versículo; no solamente le habla al pecador no convertido, sino también al ministro, al creyente fiel preocupado por la salvación y el crecimiento de las almas.

 

Antes de seguir, un paréntesis, obvio para algunos y no para otros; el “pecador no arrepentido” no es solamente el mentiroso, ladrón, avaro, asesino, etc., etc., etc.; también lo es el religioso respetable, amable y dedicado, que, sin embargo, no ha entregado su corazón a Cristo, sino que intenta hacer el bien por sus propias fuerzas y buenas, aunque erradas, intenciones. Pero, ¿no podrá ser también el cristiano que, aunque habiendo creído de verdad, persiste en hacer su propia voluntad y seguir sus propios caminos, desoyendo la sabia voz del Espíritu? Lo dejamos por el momento, y volvemos con nuestro tema principal.

 

Si partimos del versículo 10, el primer destinatario del mensaje del versículo 11 es Juan, quién, además, tenía a su cargo un grupo de iglesias (precisamente aquellas a las que se dirige el libro); aunque por el modo bíblico de escribir es lícito hacer la extensión a los otros lectores. Juan era un apóstol, un ministro, alguien que tenía la responsabilidad sobre muchos creyentes, y también sobre las comunidades donde se encontraban esas iglesias. Parece que el mensaje sería entonces: “Amado Juan, no pierdas el tiempo con los que no quieren cambiar, la advertencia que había que darles ya fue dada”. Pablo lo dice de manera práctica a su discípulo Tito: 10Si alguien causa divisiones en la iglesia, llámale la atención una y dos veces; pero si no te hace caso, expúlsalo de ella, 11pues debes saber que esa persona se ha pervertido y que su mismo pecado la está condenando.”Tito 3.10-11 DHH

 

Normalmente los apóstoles y los profetas, en particular estos últimos, y en parte los maestros, no suelen necesitar esta exhortación; sus dones y su llamado no les hacer ser demasiado insistentes con los que rechazan la voz de Dios (pueden serlo si hay un propósito del Espíritu); pero cuando recordamos que Juan es “el apóstol del amor”, está claro que, por una tendencia humana a exagerar nuestras fortalezas y vocación, necesitaría este llamado de atención para no perder el tiempo y priorizar más bien a los que sí iban a escuchar. Especialmente los pastores, y también los evangelistas y maestros, necesitan esta advertencia; su tendencia es a “exagerar” el amor y la preocupación por los demás. El problema es que cuando se hace esto, en realidad se está “estirando” el amor sobre determinadas personas, pero el recurso tiempo que se invierte en esas personas necesariamente no se está invirtiendo en otros, que están buscando y dispuestos a recibir, o que por lo menos deben tener la oportunidad de escuchar y responder. Por eso, este “estirar el amor” no es verdaderamente amor, porque solo se focaliza en algunos destinatarios de la preocupación de Dios y se olvida de otros. Puede ser que sea porque nos sentimos “cómodos” con los “incrédulos conocidos” y no queremos arriesgarnos con los “incrédulos desconocidos”. Por supuesto, hay que ser prudentes en esto y estar siempre atentos a la voz del Espíritu, porque sin discernimiento no sabremos “cuando es suficiente” y cuando hay que seguir insistiendo.

 

Cuando el tiempo es corto (como lo muestra el contexto textual) hay que ser mucho más precisos en el manejo de los recursos (en este caso, capacidad de ministrar a otros, tiempo para hacerlo, preparación para eso). Y no hay duda de que hoy estamos en los “tiempos cortos”, cuando: “… “Ciertamente la cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. …”  Lucas 10.2 DHH

 

Para otros, aquellos que están empezando en el camino de la fe, que aún no están plenamente capacitados ni llamados para ministrar, el mensaje sería: “ … ¡Corre, ponte a salvo! No mires hacia atrás, ni te detengas para nada en el valle. Vete a las montañas, si quieres salvar tu vida.” Génesis 19.17 DHH. No hay que perder tiempo, inevitablemente va a tener una batalla arreciando alrededor, pero debe aprovechar cada minuto posible en alcanzar “la montaña”, esto es, el lugar de la presencia de Dios, el sitio de la revelación, de la sanidad, del compañerismo de los santos, de la madurez; cuando llegue ya habrá otro llamado para cumplir luego.

 

Por supuesto, nada de todo lo dicho debería tomarse como “regla definitiva” sin someterlo a la voz del Espíritu, quién es el que interpreta, orienta y aplica en lo específico la palabra Logos.

 

 

EL BUENO Y EL SANTO

 

Trabajé unos años en la docencia, y una de las situaciones que más me molestaban era cuando teníamos plenarias y se terminaba hablando casi todo el tiempo de Fulano, Mengano y Sultano, que eran los particularmente problemáticos esa temporada. En una ocasión tuve el atrevimiento de decir que, mientras demorábamos tanto tiempo en hablar de los alumnos con dificultades, no hablábamos de cómo mejorar el resultado de los alumnos que no tenían problemas, y que eran la mayoría. Por supuesto, mi osadía me costó una fuerte reprimenda del resto de los docentes del tenor de que “los otros ya andaban bien, y no necesitaban que nos ocupáramos especialmente de ellos”. Y así discurría el año, no resolvíamos el problema de los problemáticos (que seguían causando dificultades o directamente se iban de la escuela) y no avanzábamos en mejorar lo que se estaba haciendo bien (¿y quién sabe si eso no hubiera ayudado en algo a los que tenían dificultades?). Esta historia se repite en todas las escuelas, por lo menos de mi país, y me atrevería a decir que en buena parte de los otros países también.

 

Entiendo que el Espíritu está diciendo algo así en este versículo; llega el momento en que ya no hay que preocuparse de los que no desean cambiar, pero en el que sí hay que seguir ayudando al que está en proceso de santificación. “… que el malo siga en su maldad, y que el impuro siga en su impureza …”, da idea de continuación pero no específicamente de empeoramiento, aunque de hecho es lo que ocurre cuando se persevera en hacer lo malo. En todo caso, no se alienta explícitamente a que “empeore”. Pero la segunda parte del versículo es un poco distinta: “… que el bueno siga haciendo el bien, y que el santo siga santificándose”. El sentido de proceso es muy parecido al anterior pero hay una diferencia notable (que se repite en otras traducciones también) y es el “siga santificándose”, es decir, que sea más santo, que continúe el proceso. La primera parte de la expresión da una idea más “estática” (aunque sabemos que tampoco es así, porque también se progresa al hacer el bien), nos recuerda a otra expresión del Apocalipsis: 11Vengo pronto. Conserva lo que tienes, para que nadie te arrebate tu premio.” (3:11). Da la idea de mantener algo, de no perderlo en el proceso, tal como advirtió el Señor: 34“Tengan cuidado y no dejen que sus corazones se hagan insensibles por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, para que aquel día no caiga de pronto sobre ustedes 35como una trampa. Porque vendrá sobre todos los habitantes de la tierra.” Lucas 21.34-35. Esta idea es importante y el fenómeno es real; tiene que ver con perder el primer amor, tal como fue amonestada la iglesia de Éfeso: Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor.” Apocalipsis 2.4 NVI. Pablo lo tiene presente cuando dice: 1… Para mí no es ninguna molestia repetir lo que ya les he escrito, y para ustedes es útil.” Filipenses 3.1 DHH

 

La perseverancia es una virtud que solo podemos entender en la medida que pasa el tiempo. La Biblia está llena de ejemplos y exhortaciones, no voy a abundar más en ella, sino simplemente decir que en esta época del “todo rápido y todo ya” necesitamos prestar especial atención a ese tema, para no dejarnos desviar.

 

Creo que es lícito pensar que parte de la función de Juan según se lo exhorta en este versículo consistía en ayudar a los hermanos a perseverar en el primer amor. La última expresión plantea una acción cualitativamente distinta a las otras: es necesario que el santo siga creciendo en santidad; y para eso Juan tenía que “dejar” al malo seguir en su maldad.

 

Todo lo que dijimos más arriba sobre el contexto de urgencia se aplica también a la segunda parte del versículo. No se puede perder tiempo con unos y no hay que desperdiciar el tiempo con otros, ni estos otros deben a su vez desaprovecharlo. Es urgente que el santo no solo no retroceda, sino que avance. Teniendo en cuenta lo que va a pasar, 36Estén ustedes preparados, orando en todo tiempo, para que puedan escapar de todas estas cosas que van a suceder y para que puedan presentarse delante del Hijo del hombre.”  Lucas 21.36 DHH.

 

Por otro lado, “… Ciertamente la cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos.” Mateo 9.37 DHH, por lo que los santos deben entrar en combate lo más pronto posible; no pueden hacerlo si no están preparados, si no están adecuadamente santificados, es decir, transformados a la imagen de Cristo. Con la misma urgencia con que Cristo trata de dar el último aviso al pecador no arrepentido, a la vez que insta a su siervo a no perder demasiado tiempo con él, llama a los creyentes fieles a seguir perfeccionándose para que sean útiles en recoger la cosecha del final de los tiempos, ¡tampoco hay tiempo que perder!

 

Hay más. 1También debes saber que en los tiempos últimos vendrán días difíciles.” 2 Timoteo 3.1 DHH. Por eso la urgencia en no dejarse estar. Nomás retener lo que uno tiene implica un esfuerzo, una “construcción nueva”, porque nuestra fe, nuestras convicciones, nuestra santidad son confrontadas con nuevos desafíos cada vez. Y si además hay que crecer, el camino es mayor. Uno no puede dormirse, el Señor lo sabe y por eso le urgía hacer esta exhortación a los fieles.

 

Con los justos y santos sí se puede trabajar. Y si lo son, es porque procuraron serlo, porque entendieron eso de “… el que tenga sed, y quiera, venga y tome del agua de la vida sin que le cueste nada.” Apocalipsis 22.16. Ellos no deben entretenerse en la maldad que los rodea, ni en la necedad de los que no quieren cambiar.

 

 

UN MUNDO FUERTEMENTE POLARIZADO

 

Para cualquiera que conozca algo de historia, “polarización” es una palabra recurrente. Hasta no hace mucho, teníamos la polarización capitalismo – comunismo. Ahora, está surgiendo una polarización social, política y económica (según me parece ver) entre “los poderosos mundiales” y “la sociedad mundial”; mucho más sutil e intrincada, pero a la larga no menos virulenta. Repito, no soy sociólogo, así que puedo estar diciendo una barbaridad, pero creo que algo de esto existe. Dentro de nuestros países, especialmente los latinos, también solemos tener polarizaciones políticas y sociales fuertes. En fin, el “Final de la Historia” nunca llegó… ni va a llegar!

 

Lo que estamos observando, a nivel social, es que se está dividiendo entre quienes tienen una visión más responsable, profunda y comprometida (en lo ecológico, social, político, económico, y un largo etcétera) y quienes simplemente se dejan llevar por el sistema y “aceptan” (protestando o no, pero finalmente haciéndolo) las “producciones masivas” (los slogans que salen para las masas, las diversiones que se les ofrece, el estilo de vida – ¡y de muerte! – que se les inculca, hasta los alimentos que se les vende). Existen miles y miles de variantes entre estos dos sistemas, y atraviesan todo el espectro de clases sociales y ubicaciones laborales / productivas. Pero, repito, según entiendo, se van conformando “dos sociedades”. Probablemente no sea un fenómeno muy visible todavía, pero yo entiendo que está en marcha.

 

¿Y qué tiene todo esto que ver con Apocalipsis 22:11? Mucho, porque lo que presenta ahí es, precisamente, un mundo fuertemente polarizado en lo espiritual. El incrédulo de Apocalipsis 22:11 ha llegado a un estado de endurecimiento en el cual ya no hay más nada que decirle (por eso es que le sobrevendrán la Tribulación y la Gran Tribulación, porque ya resultará imposible que crea solo por palabras o testimonios cristianos), mientras que el santo, que ha seguido santificándose, llegará, por fin en la historia de la iglesia, a ser verdaderamente “cristiano” en el sentido que los bromistas antioqueños le dieron: imitadores de Cristo en la tierra, es decir, serán prácticamente iguales a Cristo. ¿Cómo “convivirán” estos sistemas sociales? ¿Cómo se expresará la economía, la ciencia, la cultura, el lenguaje, la alimentación, etc., etc., en estos dos sistemas? ¿Se separarán geográficamente? ¿Qué tiene esto que ver con el fenómeno social que describimos al principio? ¿Cómo haremos para vivir en un mundo así? Sinceramente, ¡no tengo idea!, pero no me aflige mucho porque sé que lo voy a empezar a ver relativamente pronto, y que yo mismo voy a tener que enfrentarlo en breve, ¡y espero que cuando llegue el momento el Señor me de algunas buenas estrategias! Y no dude el lector que también estará en la misma situación (si no lo está ya).

 

Tenemos desafíos por delante que nunca hemos enfrentado en la historia de la iglesia, pero sabemos que “Dios ya estuvo allí”, por lo que simplemente necesitamos recurrir a él para encontrar las respuestas. Que estos breves pensamientos nos ayuden a reflexionar sobre situaciones de nuestra vida cristiana en que estos conceptos puedan servir de ayuda, como un “armazón” que el Espíritu vaya llenando de contenido específico según su voluntad para cada situación.