martes, 20 de junio de 2017

5. Esperanzas

1 Juan 3:1-3 RVC
 1 Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.
 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque lo veremos tal como él es.
 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

Las esperanzas de la Biblia no son simplemente bonitas declaraciones, o algo que ocurrirá en el futuro y que no tiene mucho que ver con mis problemas de aquí y ahora. Las esperanzas cristianas constituyen la fuerza de santificación del creyente, y la santificación es el paso previo a la bendición y la autoridad en esta tierra, aquí y ahora.

Las esperanzas dadas en la Palabra no deben ser menospreciadas, no deben ser relegadas a simplemente recordarlas de vez en cuando, deben estar siempre presentes porque su poder es no solo para el futuro sino para el aquí y ahora.

Las corrientes cristianas que descuidan o simplemente niegan las esperanzas del futuro, como el arrebatamiento, la venida de Cristo en gloria, nuestra vida en el cielo, etc., están destruyendo la santidad de la iglesia, y consecuentemente su poder (claro, además del error doctrinal); queriendo enfocar el servicio cristiano en impactar la sociedad en el aquí y ahora (que ES SIN DUDA una parte fundamental del ministerio cristiano, aunque no todo) finalmente logran lo contrario. ¡Ni la más pequeña letra que Dios ha dejado en Su palabra es despreciable!

¡Espíritu Santo, afírmanos en las esperanzas que has dejado en Tu Palabra!

Danilo Sorti


4. Un cambio de enfoque

Lucas 21:28 RVC
 28 Cuando esto comience a suceder, anímense y levanten la cabeza, porque su redención estará cerca.»

Podemos discutir si este pasaje está hablando a los santos antes del arrebatamiento o antes de la segunda venida, pero más allá de eso creo que está expresando una verdad aplicable en ambos casos: en el tiempo del fin, cerca ya del desenlace, es necesario un cambio de actitud.

Aquello que "nos servía antes" como iglesia, métodos, formas, estructuras, aplicaciones específicas de la Palabra; puede ser que "no sirva" ahora. No es que haya sido necesariamente malo o incorrecto, pero no se aplica en este tiempo.

Aún más: los énfasis y los contenidos de la enseñanza evangélica "tradicional" probablemente no sean los más apropiados, no que haya que "cambiar" el Evangelio, sino que hay que cambiar los enfoques, las prioridades. Inevitablemente no podremos enseñar / aprender todo, ¿qué es lo más urgente hoy? O, más exactamente, ¿qué será lo que el Espíritu necesita que yo (mi célula, mi iglesia) aprenda ahora? ¿Cómo habremos de ministrar? ¿Cómo nos organizaremos? ...

"...anímense y levanten la cabeza..." implica, por sobre todo, un cambio de actitud, de enfoque; dejar de afligirnos por "lo que dicen, lo que piensan, lo que dirán", dejar de preocuparse por quién se enoje y ocuparse por qué nos está diciendo el Único que tiene derecho a juzgarnos.

Y por sobre todo, un sentido de urgencia: el tiempo es muy breve, lo que debamos hacer como iglesia tenemos que hacerlo ahora; la predicación, la evangelización, la enseñanza, en fin, sea lo que sea que el Señor nos haya dado como mandato a cada uno. No falta mucho, ¡no podemos desperdiciar ni un segundo!

Danilo Sorti


3. La inspiración de las Escrituras

Me resultó interesante, al leer un texto sobre el tema, ver como el autor intentaba de todas formas explicar cómo era posible que las palabras de la Biblia llevaran claramente las marcas culturales y personales de cada escritor humano y aún así ser perfectamente la Palabra de Dios. Finalmente tuvo que reconocer que el tema "continúa siendo un misterio". Bueno, o nos transformamos en una "religión de misterios" como algunas de la antigüedad, o intentamos otra explicación.

Juan 6:63 RVC El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida.

Jesucristo afirmó sin la menor duda que sus palabras estaban al mismo nivel que las palabras de Dios que ellos conocían y respetaban (nuestro Antiguo Testamento). Ahora bien, si era Dios HIjo el que se manifestaba y hablaba, entonces su muerte no tuvo ningún valor para rescatarnos pues era necesario que muriera un hombre perfecto. Si alternaba entre Dios Hijo y el hombre Jesús, estamos en la misma, ¿cuándo era uno y cuándo el otro? Y si era perfecto hombre, lo que exigía la justicia de Dios Padre para que fuéramos salvados, ¿cómo las palabras de un hombre podían ser perfectamente palabras de Dios? Nadie puede negar que las palabras de Jesús están completamente enmarcadas en la cultura y sociedad en la que le tocó vivir, ¿y aún así fueron palabras divinas?

La aparente contradicción, según creo, se resolvería muy fácilmente si volvemos al Génesis: Dios crea al hombre a Su perfecta imagen. Aunque con limitaciones (físicas, de poder, intelectuales, etc.), el hombre estuvo diseñado originalmente para expresar perfectamente a Su Creador. Claro que el único que lo logró a cabalidad es Jesucristo:

Juan 14:9 RVC Jesús le dijo: «Hace ya tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y tú, Felipe, no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ...

Pero, recordemos, ¡el hombre Jesucristo, no el Dios HIjo! porque éste:

Filipenses 2:6-7 RVC
 6 quien, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
 7 sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres;

¿Entonces qué? Pues que un hombre perfecto (Jesús) siendo perfectamente guiado por el Espíritu, inevitablemente hablará exactamente las palabras de Dios, porque él mismo estará en perfecta unidad con su Padre. Sus palabras no pueden ser en nada diferentes a las palabras de Dios, las palabras que el Espíritu le inspire no pueden ser en nada diferentes a sus palabras.

Por otro lado, si los hombres estamos diseñados originalmente para representar a Dios, en realidad cada uno de nosotros tiene una "partecita" de Dios, siendo perfeccionados completamente por el Espíritu, lo que expresemos como propiamente "nuetro" no será menos nuestro que de Dios.

Claro, el único que cumplió esto fue el Señor. Los escritores bíblicos alcanzaron algo de eso al escribir el texto sagrado. Pero en este tiempo, con mejores promesas, todos estamos llamados a procurarlo. Tal como las palabras de los escritores de la Biblia fueron perfectamente sus palabras y perfectamente las palabras de Dios, nuestras palabras (y hechos, y pensamientos, y sentimientos,...) deben llegar a ser las palabras de hijos que están perfectamente entregados al Espíritu y perfeccionados en Su imagen, de tal forma que, siendo totalmente nuestras y estanto totalmente contextualizadas en nuestras realidades particulares, los que nos ven y oyen no puedan dejar de decir: "¡es como si oyera a Dios mismo!".

Según entiendo, es lo que el Espíritu está tratando de lograr con nosotros.


 Danilo Sorti


2. No todos maestros…

Santiago 3:1 TLA
 1 Hermanos en Cristo, no debemos tratar de ser todos maestros, pues bien sabemos que Dios juzgará a los maestros más estrictamente que a los demás.

Conocer a Dios es lo primero que él nos pide, incluso antes que amarle (porque esto segundo lo revela Jesús en el NT pero lo primero lo venía pidiendo el Señor desde el AT), ¿cómo podemos amarle si no le conocemos?

Parte de conocer al Señor tiene que ver con conocer cómo él nos trata. Cuando vemos la "tolerancia" que tiene el Señor con determinados (y desastrosos) hermanos mientras que con algunos de nosotros pasa todo lo contrario, en seguida pensamos que "Dios no me quiere", "al final, siempre bendice al tránsfuga y a mí que me esfuerzo por obedecerle, no". Y Satanás a provecha para susurrarnos otras cosas parecidas al oído.

Pues bien, ¿Dios hace diferencia entre personas? ¡Sí, claro! Porque:

Lucas 12:48 DHH
 48 ... A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más.

Y lo que pasa en realidad es que al tal hermano que Dios (aparentemente) le tiene tanta paciencia, no se le han dado tantas riquezas espirituales como a algunos de nosotros. El problema es que estamos confundidos pensando que no las tenemos porque vemos muchas veces el "éxito material" o los "números" del tal hermano, sin alcanzar a ver la verdadera riqueza espiritual.

Por eso, cuando parezca que Dios te está exigiendo más, cuando cada pequeño error tenga que ser enmendado, entendamos que el Señor ha puesto un depósito mayor de riquezas espirituales en nosotros, por eso nos exige más. No debemos menospreciarnos, no debemos permitir que otros nos menosprecien, no debemos deslumbrarnos por aparentes éxitos.


Danilo Sorti


1. Responsabilidad compartida

Génesis 3:1-5 RVC
1 La serpiente era el animal más astuto de todos los que Dios el Señor había creado. Así que le dijo a la mujer: «¿Así que Dios les ha dicho a ustedes que no coman de ningún árbol del huerto?»
2 La mujer le respondió a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del huerto,
3 pero Dios nos dijo: “No coman del fruto del árbol que está en medio del huerto, ni lo toquen. De lo contrario, morirán.”»
4 Entonces la serpiente le dijo a la mujer: «No morirán.
5 Dios bien sabe que el día que ustedes coman de él, se les abrirán los ojos, y serán como Dios, conocedores del bien y del mal.»


La tentación de Génesis 3 nos muestra dos condiciones previas que abrieron el camino al engaño, y además algunas diferencias entre ambos géneros, aunque no deberíamos ser demasiado taxativos con esto porque nos pasa también sin diferencia.

Adán tenía la responsabilidad de cuidar el huerto, el "debía estar ahí", no debía permitir que nada extraño ingresara. Cuando ocurre la tentación, no estuvo. Eva era más fácilmente engañable, y tomó una decisión sola, sin buscar el consejo de Adán.

Quién debía cuidar no lo estaba haciendo y quién debía cuidarse y buscar el cuidado de otro se expuso sin reparos a escuchar el mensaje.

Alguien debe cuidar, y no ser negligente en hacerlo. Y alguien debe tener cuidado de lo que escucha y, más que nada, no tomar decisiones sin adecuado consejo; debe saber que tiene que ser cuidado. Creo que son las debilidades más frecuentes en hombre y mujeres respectivamente, aunque en realidad nadie está libre de ninguna.

Que el Señor nos ayude a no "ponernos en el lugar de la tentación" porque sin duda que la serpiente "acudirá a la cita". Que el Señor nos ayude a no corrernos de la función de protección, porque sin duda alguien va a sufrir.


 Danilo Sorti.