martes, 20 de junio de 2017

23. Los infiltrados

Hechos 20:28-30 DHH
28  Por lo tanto, estén atentos y cuiden de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores para que cuiden de la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre.
29  Sé que cuando yo me vaya vendrán otros que, como lobos feroces, querrán acabar con la iglesia.
30  Aun entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán mentiras para que los creyentes los sigan.

No es secreto que en la iglesia aparecen obreros fraudulentos. Es obvio por qué razón no suele predicarse en las iglesias, y también hay una línea delicada entre predicar la verdad y caer en la crítica sangrienta hacia tal o cual pastor (que me confrontó en algo…). Pero toda la Palabra de Dios en realidad transita por una línea muy delgada, y solo manteniéndonos bajo la guía del Espíritu podemos no desviarnos.

Como hablar sobre el tema no es agradable, nos confronta y a veces exige que confrontemos a otros o que nos apartemos de relaciones y organizaciones, naturalmente preferimos obviarlo y ocuparnos de temas “más espirituales”.

Las doctrinas vividas dentro del cristianismo (distintas a las doctrinas “oficialmente proclamadas”) han cubierto el tema con velo tras velo de error y temor: error al juzgar, temor al juicio divino que caerá sobre el que ose hablar contra el “ungido del Señor”. Esta es una “superestructura doctrinaria” sostenida a veces conscientemente y otras tantas “inconscientemente” que, como un manto, cubre a las iglesias, y es perfectamente funcional a los obreros fraudulentos que aprovechan sus dones genuinos (a veces) o falsificados (otras tantas) para manipular. Además, los cristianos suelen ser entrenados para ser crédulos, que es algo muy distinto a una fe profunda en el Dios Vivo.

Entonces, debemos estar siempre alertas, porque hay dos fuentes, tal como dice Pablo: algunos que vienen de afuera y otros que, estando adentro, se desvían. Siempre me da un poco de temor leer esto, porque nosotros “estamos adentro” y por lo tanto, no exentos de desviarnos. Por eso Pablo les exhorta: “Estén atentos y cuiden de toda la congregación”; otra traducción dice: “Ustedes deben cuidarse a sí mismos, y cuidar a los miembros de la iglesia de Dios”.

Hermanos, estar alertas sobre la desviación, detectar a los infiltrados o al error naciente entre nosotros, no es una labor agradable, pero no se supone que tenga que ser un trabajo para “policías”, aunque lo parezca; es una labor de amor. Amor hacia el que está desviándose: quizás pueda ser corregido, y si no, si debe ser disciplinado o eventualmente echado de la comunidad, esa acción (en amor) es en sí misma un llamado de advertencia. Para los hipócritas que se meten dentro de la iglesia, detectarlos, exponerlos y expulsarlos es también una labor de amor, por más desagradable y a veces dificultosa que sea; aunque están totalmente endurecidos, quién sabe si la confrontación, en algún momento, los puede hacer cambiar (por supuesto que no deben ser restaurados a la comunión hasta que el Espíritu de claro testimonio de su sincero arrepentimiento).

Pero más que nada es una labor de amor hacia los hermanos que pueden ser seriamente afectados por estos falsarios, y hacia todos aquellos que aún no están adentro pero que lo estarán por el testimonio de una iglesia sana … o que no lo estarán por el anti testimonio de una iglesia enferma.

El tiempo que resta es muy breve, no podemos ya más darnos el lujo de ser más misericordiosos que Dios con el error ni mucho menos con los que entran encubiertamente. Que el Espíritu nos dé el valor y la sabiduría para hacerlo.

Danilo Sorti


22. El espíritu de chisme y cómo combatirlo

Salmos 12:2-4 DHH
2  Unos a otros se mienten;
hablan con hipocresía y doble sentido.
3  Arranca, Señor, de raíz
a los hipócritas y fanfarrones,
4  a los que dicen:
tener boca nos basta;
nuestra lengua nos defiende.
¿Quién se atreve a darnos órdenes?

El Espíritu de Chisme o de Lengua Mordaz siempre ha sido muy común en nuestra tierra, pero se ha soltado de una manera descontrolada bajo el manto que cubrió a la nación en la última década. Su manifestación brota, como hongos luego de una lluvia, por cualquier lado. Por supuesto, es una de las armas favoritas del Adversario, porque la gente normalmente está muy dispuesta a usarla (para mal, claro), no la reconoce como tal y además tiene muy poco costo en términos de recursos y tiempo para los ejércitos enemigos. A veces basta con que un demonito, no muy grande, siembre una idea en alguna hermanita que pasa sus tardes viendo telenovelas… y también en algún hermanito bocasuelta, ¡en este caso los demonios no van a ser machistas!

El problema es que no combatimos al espíritu de chisme repitiendo hasta el cansancio: “¡Hermanos, no chismeéis!” Porque en apariencia no se diferencia mucho de una conversación normal o incluso de una advertencia del Espíritu que podamos transmitir sobre tal o cual hermano. Tampoco se soluciona con la frase favorita de muchos pastores: “¡Usted ore solamente, no lo repita!”; la cual no deja de tener mucho de cierto pero que en el fondo sirve para encubrir muchas chanchadas. No debemos repetir cualquier cosa a cualquier hermano, es verdad, y debemos orar si el Señor nos manda, no siempre, por razones que no voy a comentar ahora.

En principio, claro está, se requiere discernimiento espiritual. A medida que pasa el tiempo tenemos que olvidarnos de pensar que con algún buen método de razonamiento humano vamos a poder descubrir cada engaño porque estos se vuelven cada vez más sofisticados. Nada reemplazará escuchar la voz del Espíritu a cada momento.

Luego, hay que entender que opera un espíritu de Informe Malo, tal como en el caso de los diez espías que volvieron de Canaán. Pero el principal problema para nosotros, creo yo, es que en nuestra cultura prestamos mucha atención  y hacemos mucho caso a lo que dice Fulano o Mengano, sin preocuparnos lo suficiente de buscar la información verídica, las fuentes; y evaluar correctamente dichas fuentes.

Hay un pasaje muy claro:

2 Corintios 13:1 DHH
1  Esta es la tercera vez que voy a visitarlos. Todo tendrá que decidirse por el testimonio de dos o tres testigos.

Este es un principio claramente bíblico porque se repite en el Antiguo Testamento, en los Evangelios y en las Epístolas. Se aplicaba a casos serios y creo que también debemos utilizarlo nosotros al hablar; cuanto menos, tener en cuenta sobre qué base hablamos.

Por supuesto, debemos nosotros renunciar al chisme también; que en realidad cumple funciones psicológicas (del alma caída, claro está) bastante básicas, como justificarnos a nosotros mismos para que nuestra conciencia no nos acuse tanto… Porque no terminamos de aceptar que Cristo limpió todos nuestros pecados y que necesitamos recurrir a la Cruz día a día.

Seguramente coincidirán conmigo en que esta es una lucha prioritaria para este tiempo. ¡Señor, límpianos del espíritu de Chisme y de Informe Malo! ¡Señor, danos la autoridad para combatirlo!


Danilo Sorti


21. La enseñanza: cosas nuevas y viejas

Mateo 13:52 NTV
52  Entonces añadió: —Todo maestro de la ley religiosa que se convierte en un discípulo del reino del cielo es como el propietario de una casa, que trae de su depósito joyas de la verdad tanto nuevas como viejas.

A veces la gente piensa que los maestros se “conectan como por un tubo” con el Espíritu y baja de ahí la revelación instantánea. ¡Pero no es así!

En realidad, un maestro (y todo aquel que ministra las cosas santas) tiene un depósito de verdades y enseñanzas recibidas a lo largo del tiempo; hay muchos libros guardados ahí, horas de mensajes, muchas experiencias alegres y tristes, incontables reflexiones y, por encima de todo eso, la Voz del Espíritu, que a veces funciona como una especie de “Bibliotecario Divino” de nuestro depósito y otras tantas es el que continúa escribiendo en nuestros registros.

Una cosa es la verdad revelada instantáneamente, que es más bien del ministerio profético (aunque es imposible que un cristiano lleno del Espíritu no tenga por lo menos algo del fluir profético), otra cosa es la verdad preparada y madurada por el que enseña. No es una mejor que la otra, tienen funciones distintas. Un amigo dice que el maestro (y en general, la función de enseñar) es como el cocinero del ejército santo.

La conclusión lógica es que, dependiendo del acervo que tenga un maestro en su depósito serán sus enseñanzas, o lo que es lo mismo, aquello que el Espíritu pueda sacar a través de él. Igual que el cocinero: dependiendo de lo que haya en la alacena será lo que podrá cocinar.

A veces hay cosas que se echan a perder, hay que tirarlas porque sino la comida puede provocar intoxicaciones. Todo cocinero revisa cada tanto sus depósitos para desechar lo que está pasado de la fecha de vencimiento. Y así, hay enseñanzas que alguna vez aceptamos como buenas, e incluso sirvieron en su momento, pero que ya no sirven más o que fueron superadas o que descubrimos que eran erróneas; hay que dejarlas de lado.

Cocinar siempre lo mismo lleva al aburrimiento y, además, no aporta todos los nutrientes necesarios. De la misma forma, el maestro no puede enseñar siempre lo mismo, al menos no a la misma gente.

A los niños les gustan las cosas dulce, coloridas, más elaboradas en los detalles. A los adultos… bueno, también, pero saben que deben comer otras cosas, más sanas, menos llamativas. Las harinas integrales, por ejemplo, no son tan agradables al paladar, pero son mucho mejores. Aquellos que reciben las enseñanzas deben acostumbrarse progresivamente a las palabras menos agradables al oído, pero mucho más profundas.

Los alimentos orgánicos suelen ser más caros y el aspecto a veces no es tan lindo, pero son más nutritivos; hay que pagar un precio por tener alimentos más sanos. Los que enseñan deben pagar un precio para “acumular en sus alacenas” las verdades más preciosas y potentes.

¡Señor, ven a limpiar nuestras alacenas! ¡Danos los alimentos nutritivos y sanos para preparar la mejor comida!

Danilo Sorti


20. La autoridad de los pequeños

Efesios 3:8 DHH
8  Yo soy menos que el más pequeño de todos los que pertenecen al pueblo santo; pero él me ha concedido este privilegio de anunciar a los no judíos la buena noticia de las incontables riquezas de Cristo.

Pablo era muy sincero cuando decía esto. Nosotros pensamos que se trataba de falsa modestia, pero eso no existe entre los escritores bíblicos. Realmente se estaba considerando a sí mismo como el menor. En otra oportunidad podremos charlar por qué.

Lo cierto es que a la vez que reconocía su absoluta indignidad, reconocía absolutamente el encargo del Padre, y estaba dispuesto a llevarlo adelante sin la más mínima sombra de dudas. Para nosotros, esta conjunción de características: total humildad y total autoridad, resultan totalmente contradictoria. Sin embargo, es un requisito fundamental para llevar con éxito el reino de Dios.

Primero debemos reconocer en nuestro espíritu y luego en nuestra alma quiénes somos y lo absolutamente indignos y alejados de Dios que estamos. De esta manera podremos aceptar completamente la obra absoluta de Cristo para salvación y restauración. Luego, debemos aceptar (para poder creer) la comisión específica que nos da el Espíritu junto con la autoridad que ella trae, y entonces podremos ejercer plenamente dicha autoridad y traer así el reino a la tierra, en la parcela que nos fue dada.

Cuando los hombres ven el ejercicio de este tipo de autoridad enseguida piensan que somos orgullosos, autoritarios o soberbios; porque el concepto de autoridad está asociado con esas virtudes negativas. No debe ser así y no es realmente así cuando maduramos.

Por eso, queridos hermanos, no seamos tímidos en usar la autoridad que nos ha dado el Señor al ejercer Su comisión específica para nosotros; allí habrá victoria.

Danilo Sorti



19. Los que estamos venciendo

Apocalipsis 2 y 3 presentan 7 modelos de iglesias que se corresponden, aproximadamente, con siete etapas de la iglesia cristiana, desde la época apostólica, después del fervor inicial de las primeras décadas, hasta nuestros días, en los que transitamos muy claramente la última etapa descripta. Aquí hay muchas enseñanzas sumamente necesarias para nosotros hoy, pero no es el espacio para explicarlo.

De esas iglesias, cuatro modelos permanecen al día de hoy y en ellos hay vencedores y “perdedores”.

Apocalipsis 2:26 DHH
26  A los que salgan vencedores y sigan hasta el fin haciendo lo que yo quiero que se haga, les daré autoridad sobre las naciones,

Apocalipsis 3:5 DHH
5  Los que salgan vencedores serán así vestidos de blanco, y no borraré sus nombres del libro de la vida, sino que los reconoceré delante de mi Padre y delante de sus ángeles.

Apocalipsis 3:12 DHH
12  A los que salgan vencedores les daré que sean columnas en el templo de mi Dios, y nunca más saldrán de allí; y en ellos escribiré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que viene del cielo, de mi Dios; y también escribiré en ellos mi nombre nuevo.

Apocalipsis 3:21 DHH
21  A los que salgan vencedores les daré un lugar conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.

Evidentemente, no todos los que estaban adentro estaban venciendo; estaban todos juntos, sí, pero no todos tenían el mismo nivel de comunión y autoridad. Esta es la realidad de los últimos tiempos: estamos muchos adentro, ¿estamos todos venciendo?

Los que están venciendo se encuentran en una posición particular, la que se menciona un poco más adelante. Si bien ese pasaje alude más exactamente al tiempo de la Bodas del Cordero, las realidades espirituales que menciona son exactamente aplicables hoy día:

Apocalipsis 4:2-4 DHH
2  En ese momento quedé bajo el poder del Espíritu, y vi un trono puesto en el cielo, y alguien estaba sentado en el trono.
3  El que estaba sentado en el trono tenía el aspecto de un diamante o de un rubí, y alrededor del trono había un arco iris que brillaba como una esmeralda;
4  también alrededor del trono vi otros veinticuatro tronos, en los cuales estaban sentados veinticuatro ancianos: iban vestidos de blanco y llevaban una corona de oro en la cabeza.

Esta es la corte celestial, en donde se decide todo asunto; el rey, Dios, consulta con sus ministros, los 24, ¡la iglesia vencedora! ¡La que tiene el gobierno perfecto!, y decide qué ocurrirá en la tierra.

Efesios 2:6 DHH
6  Y en unión con Cristo Jesús nos resucitó, y nos hizo sentar con él en el cielo.

Sentados con Cristo, desde los lugares celestiales, en la comunión con la Santa Trinidad, es donde podemos acceder a la misma corte celestial e intervenir en los destinos de la humanidad.

Para aquellos que están venciendo en medio de las pruebas, el rechazo, las necesidades y el aparente fracaso, la promesa es que están (no solo que estarán) sentados con Cristo participando de sus acciones sobre la tierra. ¡Oh Señor, ayúdanos a entender esta paradoja y traer los propósitos de Tu reino a la tierra!

Danilo Sorti