martes, 8 de agosto de 2017

90. Un gran error del gran apóstol Pablo

Hechos 15:37-41 RVC
37 Bernabé quería que los acompañara Juan, que también era conocido como Marcos,
38 pero Pablo no estuvo de acuerdo porque Juan se había separado de ellos en Panfilia y no había trabajado con ellos.
39 Tan grande fue el desacuerdo entre ellos, que terminaron por separarse: Bernabé tomó a Marcos y se embarcó a Chipre,
40 pero Pablo escogió a Silas. Los hermanos lo encomendaron a la bendición del Señor,
41 y a su paso por Siria y Cilicia fue confirmando a las iglesias.


En otro artículo hablé sobre la importancia fundamental de Bernabé en la historia de la Salvación, y sin el cual probablemente no tendríamos el Nuevo Testamento. Pero aquí lo vemos en medio de un conflicto, donde el “ganador” parece ser Pablo; al fin y al cabo, Pablo fue encomendado por la iglesia y nada se nos dice de Bernabé. ¿Fue así? ¿Realmente Pablo estaba en lo cierto y Bernabé equivocado?

Para empezar digamos que el conflicto nunca debió haber existido: ambos apóstoles debieron haber buscado la voluntad del Señor y tener una visión clara de qué quería Dios en ese momento; no lo hicieron; como habían tenido ya un viaje misionero exitoso juntos, pensaron que el Espíritu quería lo mismo para ellos y ahí surgió el conflicto.

Así que, la primera lección que tenemos es que estos grandes hombres de Dios, que ocupan un lugar eterno en las Escrituras, ¡también se equivocaron! La Biblia no los justifica, pero Dios no los descartó por ese error; tuvieron que corregirlo más adelante.

Bernabé tenía un ministerio principalmente de consolación, de restauración; así hizo con Saulo y se transformó en el apóstol Pablo, y así hizo con Marcos, gracias al cual (como expliqué en otra oportunidad) tenemos los Evangelios, y que luego fue una importante ayuda para el ministerio de Pablo en sus últimos años. Bernabé no se equivocó: él tenía que ir con Marcos. ¿Y Pablo?

Pablo llevó a Silas, que luego fue una importante ayuda en el ministerio, y más adelante encontró a Timoteo, que también cumplió un rol fundamental en la naciente iglesia. Pero luego lo vemos en Hechos 16:6 siendo estorbados por el Espíritu en su propósito original, hasta que finalmente Pablo tiene una visión en donde el Espíritu lo guía hacia Europa, y el resto de la historia es conocida: se abrieron las puertas de un nuevo continente al Evangelio; y de paso, se encuentra con Lucas en el camino.

Pablo se equivocó en parte: no debía ir a donde estaba pensando, y el Señor lo corrigió en el camino.

Entonces vemos dos cosas: aunque ambos estaban parcialmente equivocados y no supieron resolver su problema de la manera correcta, el Señor utilizó su determinación para bien y para la extensión de Su Reino. Y aunque ambos fueron pilares de la Iglesia, y lo seguirán siendo por siempre, no alcanzaron en su tiempo a ser todo lo que estaban llamados a ser.

Esto ilustra una verdad que se nos enseña en este último tiempo pero que realmente no terminamos de aceptar: somos llamados a alcanzar mayor perfección que la que ellos alcanzaron. Ellos tuvieron un comienzo glorioso, pero no alcanzaron todo lo que Dios tenía preparado; nosotros, al fin de los tiempos, DEBEMOS completar lo que empezaron, nosotros debemos alcanzar la perfección que ellos comenzaron a establecer. No es que seamos mejores, pero tenemos mucha más revelación accesible en este tiempo.

El error de ellos es una “deuda pendiente” de la Iglesia como Cuerpo; ¿cuánto más se hubiera hecho si ambos hubieran entendido rápidamente la voluntad de Dios y hubieran avanzado en ella? No lo sabemos, pero sí podemos saber cuánto más se hará en este tiempo si nosotros la entendemos y rápidamente avanzamos en ella.

Ellos dos son hoy parte de la gran nube de testigos observando desde el cielo; no pueden añadir ni quitar nada más de lo que hicieron, pero pueden “hablarnos” a través de su ejemplo y animarnos a que hagamos algo mejor. Y eso deberá ser hecho.

Algo más: deberá ser hecho en el muy poco tiempo que nos resta.


Danilo Sorti


89. La importancia de un actor de reparto

Hechos 4:36 DHH
36 Tal fue el caso de un levita llamado José, natural de la isla de Chipre, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, (que significa: “Hijo de consolación”).


Bernabé aparece en el Nuevo Testamento 28 veces, 23 de ellas en el libro de Hechos. Si bien leemos algunas cosas interesantes sobre él, muy pronto deja la escena y la ocupa uno de sus “discípulos”: Saulo de Tarso que más tarde sería conocido como Pablo. Lo último que sabemos de él en el libro de Hechos fue la pelea que tuvo con Pablo y su separación ministerial. Luego aparece algunas veces en las epístolas y nada más. A la luz de la historia de la Salvación, Bernabé en solamente un “actor de reparto”… ¿solamente?

Veamos un poco más en profundidad. Cuando aparece por primera vez lo tenemos en la iglesia naciente de Jerusalén (Hechos 4), que enfrentaba sus primeros problemas, uno de los cuales era proveer para las necesidades urgentes de sus miembros más pobres, y Bernabé está supliendo esa necesidad (dicho sea de paso, muchas de nuestras grandes iglesias más bien le piden el dinero a sus miembros más pobres para seguir enriqueciendo a algunos de sus miembros más ricos…).

Ese era un momento crítico: la única iglesia que existía en todo el mundo era esa. La justicia social que ellos establecieron allí permitió que Dios se manifestara con mucho poder y el Evangelio se expandiera. Bernabé participó en ello. En el capítulo 5 sigue la historia de Ananías y Safira, que estableció el temor de Dios en la joven iglesia; sugestivamente sigue a la historia de Bernabé, ¿Satanás estaba intentando corromper el espíritu de generosidad manifestado? Sea como sea, el resultado fue para la gloria de Dios.

Luego lo vemos en Hechos 9: el perseguidor Saulo, no muy diferente a los yihadistas actuales, recién convertido, es rechazado por todos los creyentes, ¡y con mucha razón! Sólo Bernabé, que era conocido y tenía reputación (y que podía perderla por una mala decisión) creyó en él y lo introdujo “oficialmente” a la comunión de la iglesia.

En  Hechos 11 Bernabé va a Antioquía para ministrar a la naciente y pujante iglesia: ese sería el centro que tomaría la posta cuando Jerusalén declinara, y de nuevo Bernabé está allí. Más tarde va a buscar a Saulo para que lo ayude en la obra: ese fue el “empujón” ministerial que necesitaba el apóstol para comenzar a servir activamente. Luego toma a Marcos, su sobrino, para que los acompañe.

En hechos 13 Bernabé, junto con Saulo, eran parte del liderazgo de la ya gran iglesia de Antioquía, y es llamado junto con Pablo para comenzar la serie de viajes misioneros que llevarían a establecer el Evangelio en todo el Imperio Romano, a partir del cual, siglos más tarde, se extendería (con virtudes y con errores) por todo el mundo. Es en este viaje en donde vemos como Pablo progresivamente va tomando un lugar central en el ministerio.

Luego nos encontramos con el conflicto de Hechos 15, en donde Pablo y Bernabé discuten acaloradamente para impedir que los creyentes gentiles sean sometidos al legalismo judío y por fin van a Jerusalén, en el primer concilio santo de toda la iglesia, en donde su testimonio resulta una pieza clave en la decisión que liberaría al Evangelio de ataduras legalistas innecesarias.

Pero un poco más tarde lo vemos discutiendo con Pablo respecto de llevar o no a Marcos en el próximo viaje misionero; termina separándose de él, llevando a Marcos y Pablo a Silas. Y allí termina casi la historia de Bernabé excepto por algunas menciones en I Corintios, Gálatas y Colosenses.

En base a esto, muchos predicadores concluyen que Bernabé se equivocó y por no haber seguido al Ungido de Dios (Pablo) fue descartado de la historia bíblica. Pero yo creo que hay otra verdad mucho más profunda.

Marcos había fallado en su primer intento misionero y muy bien pudo haber quedado frustrado con eso; Bernabé, el “Hijo de Consolación” (de hecho sólo una vez se menciona su verdadero nombre) cumpliendo su ministerio, restauró a Marcos. ¿Qué ganamos con ello?

Juan Marcos fue el primer evangelista, a partir de sus escritos Mateo y Lucas escribieron los suyos y el apóstol Juan, años después, escribió el suyo narrando precisamente lo que no se contaba en los otros tres. Sin Marcos probablemente no tendríamos ningún evangelio.

Marcos terminó siendo un compañero de Pablo en sus últimos días de ministerio: aquel que había rechazado años atrás lo fortaleció cuando más lo necesitaba.

Sin Bernabé la primera iglesia habría pasado por más dificultades, quizás no tendríamos iglesia hoy; él estuvo en la primera de todas, Jerusalén, y la primer iglesia gentil, Antioquía, de la cual “descendemos” la gran mayoría de los cristianos hoy.

Sin Bernabé no hubiéramos tenido a Pablo; nos faltaría la mayor parte del libro de Hechos y de las epístolas.

Bernabé, este “actor de reparto”, despreciado o ignorado muchas veces desde los púlpitos, es uno de los pilares del Nuevo Testamento. Sin él, no lo tendríamos. Sin él, no habría llegado hasta nosotros el Mensaje de Salvación. Así de importante es el ministerio de la consolación, así de importantes son los “actores secundarios” en el Reino de Dios.

Si el Señor te ha dado ese ministerio, si te ha llamado como “actor de reparto”, no tengas en poco tu ministerio, no “entierres tu talento”, no aceptes el “menosprecio” sutil de “los grandes”. Bernabé no lo hizo, fue valiente con lo que tuvo, no ocupó lugares que no le correspondían, no quiso ser lo que no era y como resultado se constituyó en uno de los cimientos fundacionales de la Iglesia, la Novia del Cordero. ¡Gloria a Dios por ello!


Danilo Sorti


88. Cuando las promesas no se cumplen

1 Corintios 1:9 DHH
9 Dios siempre cumple sus promesas, y él es quien los llamó a vivir en unión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

No todas las promesas se cumplen. Esta es una verdad práctica que normalmente no nos enseñan en la iglesia y que tenemos que descubrir a los golpes luego de convertidos. Muchos cristianos nuevos no logran pasar esta prueba y simplemente se apartan, ¿por qué? Sencillamente porque les enseñaron mal.

Ahora bien, ¿no empezamos esta reflexión con un versículo que dice que Dios SÍ cumple sus promesas? ¿Cómo es que en realidad vemos que no siempre ocurre?

Uno de los principales puntos a tener en cuenta es que Dios dice que cumple SUS promesas, pero hay que ver si las promesas que nosotros creemos o que nos predicaron son realmente las promesas de Dios. Puede haber una gran diferencia.

Nunca tenemos que olvidarnos que en la Biblia hay más de 31.000 versículos. Si el camino cristiano fuera tan simple como muchos predican y muchos más quieren vivir, ¿para qué habría dejado el Espíritu Santo tanto escrito? Espiritualmente todos podríamos coincidir en que si la Biblia es inspirada por el Espíritu (y si no creemos eso, ¿para qué estamos leyendo este artículo?) entonces todo lo que dice es Palabra de Dios, y si está escrito es necesario para nosotros, ¡todos los 31.000 versículos! Y si hay tanto que fue escrito, y todo ello es necesario, es porque la vida con Dios no puede resumirse en unas pocas frases, no al menos si queremos lo mejor que el Señor tiene para nosotros.

¿Qué tiene que ver esto con las promesas? Simplemente que la mayoría de las veces que se predica o enseña sobre el tema, se toma algunos pocos versículos bíblicos y se refuerza lo que dicen, sin tomar en cuenta otros muchos que agregan más información sobre el tema. Cuando uno aprende a interpretar la Biblia le enseñan que: “un texto fuera del contexto es un pretexto”, y las promesas divinas constituyen quizás los textos más descontextualizados que puedan escucharse desde los púlpitos.

Mucho de lo que se enseña y afirma con total seguridad, y que genera multitudes enfervorizadas en las congregaciones (y abultadas ofrendas después, claro) no tiene el adecuado fundamento bíblico.

¿Entonces las promesas de Dios no son ciertas? ¿Debemos dudar de todo lo que nos dice en Su Palabra? De ningún modo; simplemente debemos entender bien qué es lo que promete, a quién y cuándo, y con qué condiciones.

Hay promesas que son eternas, pero hay muchas promesas para esta vida que son condicionales; Dios SIEMPRE cumple SUS promesas, pero no necesariamente lo que prometen los hombres en Su nombre.

Sería muy largo desarrollar aquí todo el tema, pero hay un capítulo clave en toda la Biblia, Deuteronomio 28, que nos resume con mucha claridad el obrar de Dios; y empieza diciendo:

Deuteronomio 28:1 DHH
1 Si de veras obedeces al Señor tu Dios, y pones en práctica todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy, entonces el Señor …

Prácticamente todas las promesas de bendición sobre esta tierra son condicionales; dependen de nuestra obediencia en primer lugar, de nuestro corazón para con Dios. Leyendo el resto del capítulo vemos que así como hay promesas de bendición hay muchas promesas de juicio, ¡y también son promesas de Dios que se van a cumplir!

Muy amados del Señor, Dios quiere nuestro bien, pero Él no es un “dios mágico”, ni lo podemos resumir en pocas frases. Es necesario conocer qué es lo que realmente promete (y lo que no), cuándo y en qué condiciones. Hay promesas que son para todos en todo tiempo y lugar, pero hay otras que no; debemos saber qué nos está diciendo el Espíritu específicamente a nosotros.

Seamos diligentes en leer Su Palabra y en buscarlo en oración para entender sus promesas y aceptar sus “negativas”.

Danilo Sorti


lunes, 7 de agosto de 2017

87. Desde el pozo más profundo

Jonás 2:1-7 RVC
1 Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez,
2 y dijo: «Señor, en mi angustia te invoqué, y tú me oíste. Desde el fondo del abismo clamé a ti, y tú escuchaste mi voz.
3 Me echaste a las profundidades del mar, y las corrientes me rodearon; ¡todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí!
4 Entonces dije: “Me has desechado delante de tus ojos, pero todavía he de ver tu santo templo.”
5 Las aguas me rodearon hasta el cuello, y el abismo me envolvió. ¡Las algas se enredaron en mi cabeza!
6 Bajé hasta los cimientos de los montes; la tierra echó para siempre sus cerrojos sobre mí; pero tú, mi Señor y Dios, rescataste mi vida del sepulcro.
7 Cuando dentro de mí desfallecía mi alma, me acordé de ti, Señor, Y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo.


Normalmente ponemos a Jonás en la lista de los peores profetas de la Biblia, y nos entretenemos criticándolo. Esto, por supuesto, hasta que nos damos cuenta que no somos muy diferentes a él. Sin embargo, la sinceridad de Jonás probablemente sea una de las más grandes de los personajes bíblicos, ¿cómo sabríamos su historia si él mismo no la hubiera contado? Le debo esta reflexión a un misionero que, en un retiro, remarcaba este aspecto día tras día en sus devocionales.

Hasta que llegamos al vientre del pez tenemos una rápida cuesta descendente en el rechazo de la voluntad divina, y ya podríamos decir que se terminó todo, que se acabó el ministerio y que decididamente no hay nada más. Pero la historia da un giro dramático y sabemos cómo siguió.

Haber pasado por el vientre del pez podría considerarse el peor fracaso de Jonás y uno de los peores registrados en la Biblia, pero aquí viene el maravilloso poder de Dios: no solo restauró su llamado y le dio éxito en su comisión, sino que ese hecho, precisamente su mayor fracaso, que de ninguna manera es excusado ni minimizado, se convirtió en una de las más claras profecías sobre el hecho más glorioso de todos: la resurrección de Jesucristo.

Mateo 12:39-40 RVC
39 Pero él les dijo: «La generación mala y adúltera demanda una señal, pero no tendrán más señal que la del profeta Jonás.
40 Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra.


¿Cómo un acto de la más profunda rebeldía y rechazo hacia Dios, plenamente consciente de lo que hacía, pudo transformarse en una señal profética tan tremenda? Jonás fue ungido como profeta, y como tal iba a ser usado por Dios, aún contra su voluntad.

En alguna oportunidad nos podemos encontrar en una situación parecida al “pozo” de Jonás: habiendo rechazado deliberadamente la voluntad divina, habiendo fracasado y terminado en lo más profundo del castigo merecido por nuestra rebeldía y pecado. Pero desde ese fondo, para los que se arrepienten, hay un nuevo camino y un propósito que puede terminar siendo mucho más glorioso de lo que jamás hubiéramos pensado.

¿Hubo otros como Jonás que no se arrepintieron ni clamaron al Señor? No lo sabemos; si los hubo sencillamente terminaron como estiércol de grandes peces en el fondo del mar, ¡no me gustaría tener ese fin!


Danilo Sorti


domingo, 6 de agosto de 2017

86. ¿Así que quieres ser “Dios”?

Job 38:8, 12, 23, 31, 36, 41; 40:11,12 RVC

8 »Cuando las aguas del mar se desbordaban, ¿quién les puso compuertas para controlarlas?
12 »¿Alguna vez le has dado órdenes a la mañana? ¿Le has señalado al alba cuál es su lugar,
23 Yo los guardo para momentos angustiosos, para los días de combate y de batalla.
31 »¿Puedes atar los lazos de las Pléyades, o desatar las ataduras de Orión?
36 »¿Quién le dio sabiduría al ibis? ¿Quién le dio inteligencia al gallo?
41 ¿Quién alimenta al cuervo y sus polluelos, cuando éstos saltan de un lado a otro y graznan hambrientos pidiendo a Dios su comida?

11 Deja sentir todo el ardor de tu ira; fija tu mirada en los orgullosos, y humíllalos.
12 Fíjate en los soberbios, y abátelos; quebranta a los malvados; ¡ponlos en su lugar!

La respuesta de Dios a Job resulta bastante extraña a primera vista, pero si la analizamos en profundidad podríamos decir que el Señor le está diciendo: “¿Así que quieres ser Dios?”. Al juzgar a Dios y criticar sus intenciones, se está poniendo por encima de Él o al menos, a su mismo plano.

La respuesta divina consiste en mostrar una serie de acciones necesarias para mantener el Universo en orden (el “equilibro cósmico” como era común en varias civilizaciones de entonces); que solamente pueden ser llevadas a cabo por Dios.

Por un lado, estas palabras del mismo Señor no avalan la idea de un Universo “automático”, del cual el “Gran Relojero” es solo un observador, tampoco la de un Universo “títere”. Dios está en el control de todo, tanto de los fenómenos físicos, creacionales, universales, de la vida, de la justicia entre los hombres. Él no renuncia a su función, a ninguna de ellas, ¡y de verdad que son innumerables, en todo el sentido de la palabra!

Criticar el obrar de Dios, cosa que generalmente los cristianos no hacemos en público ni en voz alta, pero sí en nuestros corazones; pretender asumir el control sobre determinadas circunstancias y fenómenos que no nos corresponden, en esencia es querer ser como Dios… ¿no les recuerdan ciertas palabras dichas hace mucho tiempo atrás, en un hermoso jardín?

Dios es Dios y no podría ser de otra manera. Querer “quitarle” a Dios la autoridad o el control sobre determinadas cosas lo ÚNICO que acarrea es desastre (miremos al sistema mundo, sino), pero esta acción puede ocurrir de formas muy sutiles.

Job tenía muy buenas preguntas que hacer y en el relato no vemos que les hayan sido respondidas; porque Dios también tiene el derecho de responder o no a nuestras preguntas.

¿Por qué pasó lo que pasó? Dios lo sabe, pero el problema es si podríamos llegar a entenderlo nosotros, al menos en el momento en que formulamos la pregunta. La sabiduría divina es infinita, nuestra mente no.

Cuando llega el dolor, las dudas y las preguntas existenciales, probablemente hay “silencio” más arriba. No es el momento de criticar a Dios, es el momento de confiar y esperar. Dios NUNCA nos desampara, y en realidad, TAMPOCO nos deja sin respuesta; simplemente hay un tiempo y una preparación necesaria para recibir la respuesta y la restauración.

Danilo Sorti