miércoles, 9 de agosto de 2017

95. El cristiano vs el experto

Hechos 27:9-11 RVC
9 Pasaron muchos días, incluso el día del Perdón, así que era muy arriesgado continuar con la navegación. Entonces Pablo les hizo una observación.
10 Les dijo: «Amigos, si seguimos navegando, creo que sufriremos perjuicios y pérdidas, no sólo del cargamento y de la nave sino también de nosotros.»
11 Pero el centurión no le hizo caso, pues le creía más al piloto y al capitán de la nave que a Pablo.

Estos versículos nos introducen en una historia que la mayoría de los cristianos conocemos muy bien: la tormenta y el naufragio en el mar, y la protección milagrosa del Señor en medio de todo ello. ¿Cómo empezó? Con un conflicto de “autoridades”.

Había una decisión difícil que tomar, de hecho tendrían que haberla previsto desde antes y no haber llegado al puerto donde estaban; pero evidentemente el apuro por ir a destino pudo más.

Y aquí tenemos al preso Pablo, el “último orejón del tarro” en ese barco, opinando en contra del experto (el capitán y el dueño del barco, quizás se tratara de la misma persona); no era humanamente lógico hacerle caso: ¿qué experiencia tenía él en viajes? Cuidado, bastante, aunque siempre como pasajero. De todas formas, no era hombre de mar. Y además era un reo, que muy bien podía estar muerto dentro de unos meses. Su profesión era hacer tiendas y además era un maestro religioso, de un “grupo extraño” que había aparecido hacía poco (una de las tantas religiones nuevas de esa época). No, decididamente, no era la primera persona a la que el centurión escucharía… pero la historia subsiguiente demostró otra cosa.

Este pasaje nos ilustra un principio que a veces se ha malentendido: en algún momento se enseñó que el cristiano, por tener al Espíritu Santo dentro suyo, podía saber de todo y tenía autoridad en cualquier campo del saber, y así muchos salieron alegremente a opinar de lo que fuera, diciendo cualquier cosa. Bueno, eso no es así.

Pero la reacción a dicha exageración también suele ser una exageración: buscar el consejo de los expertos a nivel secular en un tema relegando una palabra profética o de sabiduría a un segundo plano, o no escuchándola en absoluto. Y así tenemos expertos en marketing o comunicación o administración de empresas diseñando estrategias dentro de la iglesia, con mucho conocimiento secular pero sin una visión genuinamente profética (que es mucho más que discernir lo que ocurrirá en el futuro).

En el ámbito de los negocios y el emprendedorismo es muy común tomar los principios “seculares” (que no necesariamente son incorrectos en sí mismos), barnizarlos con algunos pasajes bíblicos y enseñarlos como tales.

Creo que debemos ser sabios y “equilibrados”: toda ciencia y todo conocimiento secular finalmente proviene de Dios; pero aún lo mejor que tengamos a nivel de conocimiento científico o práctico sigue siendo imperfecto, y a veces erróneo (y también a veces, expresamente malintencionado, para engañar). La “Ciencia” no es ninguna “diosa”, es simplemente una herramienta humana, que puede ser muy útil a veces y muy desastrosa otras; necesita (como todo lo que hacemos y somos) ser redimida por el Cordero.

Dios sigue estando por encima del mejor conocimiento humano que tengamos y lo seguirá estando por los siglos de los siglos. Así, aunque nuestro conocimiento sea muy preciso, incluso aunque lo hayamos sometido a los pies de Cristo para que Él lo limpie y redima; SIEMPRE hay algo que puede salir mal, SIEMPRE habrá algo que no conocemos, y Dios puede tener un PROPÓSITO distinto al que estamos pensando en el momento, por lo que SIEMPRE debemos escuchar la voz de Dios, la Autoridad definitiva en todo asunto.

Esa voz puede venir directamente a nuestro corazón, a través de circunstancias, a través de la palabra de otro. Y resulta que “ese otro” no necesariamente es el superapóstol de calibre intergaláctico (como suele decir un amado siervo del Señor), puede ser la hermana que limpia los baños en la iglesia o el mendigo que está pidiendo limosna en la plaza, o cualquier otra persona, creada a la misma Imagen que nosotros, que el Señor quiera usar en Su Soberanía.

¡Señor, ayudanos a escuchar Tu voz a través de los instrumentos que Tú elijas! ¡Señor, danos el valor para hablar Tus palabras aunque seamos “los últimos” a los que escucharían!


Danilo Sorti


94. La violencia social y religiosa

Hechos 21:30-31 RVC
30 Así que había mucha inquietud en toda la ciudad; la gente se agolpó y se apoderó de Pablo, y entre todos lo sacaron del templo a rastras, y enseguida cerraron las puertas,
31 pues querían matarlo. Pero se dio aviso al tribuno de la compañía, de que había mucho alboroto en la ciudad de Jerusalén,


Estos versículos de Hechos son simplemente ilustrativos de una constante que vemos desde el inicio de la predicación de Jesús: la violencia y agresividad de la sociedad, y especialmente de los “religiosos” hacia los creyentes. Esta violencia la vemos claramente de parte de un segmento importante de los judíos, pero por supuesto no era “privativa” de ellos, Pablo tuvo que soportarla en el mundo gentil. Bueno, parte de esa violencia que recibió Pablo la había sembrado él mismo años atrás…

Esa es la realidad del mundo actual, no solamente en las naciones donde se manifiesta el terrorismo en su mayor expresión, sino progresivamente también en todos los países del mundo. “Mirándonos el ombligo” en los últimos años, nos hemos asombrado al ver crecer la violencia en nuestra propia ciudad o nación, e intentamos buscar causas locales, que por supuesto son completamente válidas y reales, pero que no son más que una manifestación de fenómenos globales, que irán en aumento hasta la venida de Cristo, y, en realidad, van a estar explicando en parte el por qué de la necesidad del juicio de la tribulación.

Durante mucho tiempo (y hasta el día de hoy) una parte importante de la iglesia ha visto las enseñanzas del rapto y la tribulación como algo extraño, como “caprichoso”, sin un claro sentido; y por eso la han rechazado. Sin embargo, a medida que el tiempo se acerca y el mundo cambia muy rápidamente, se va haciendo demasiado claro que será un juicio PERFECTAMENTE JUSTO Y NECESARIO hacia una sociedad tremendamente corrupta. Y una de las manifestaciones de esa corrupción es, claro, la violencia.

Pero no debe tomarnos desprevenidos, porque algo similar ya fue escrito en las páginas del Nuevo Testamento, y de ahí tenemos las enseñanzas que necesitamos para sortear estos últimos tiempos y, lo más importante, completar el trabajo que nos queda.

Simplemente quiero dejar una palabra de reflexión: si nosotros estamos inmersos en este sistema tan progresivamente violento, ¡no nos contagiemos de él! La etapa de la iglesia que concluyó hace pocas décadas fue la de Filadelfia, la del amor fraternal, y de hecho fue una época de amor y comunión entre los cristianos. Hoy eso está cambiando y ha cambiado, pero no tiene que ser así para el remanente fiel, los que “vencen” según dice Apocalipsis.

Hoy la violencia (y me refiero a los cristianos) puede tener formas más sutiles y hasta “justificables”, más bien simbólica, verbal a veces, motivada por cuestiones sociales y políticas, pero cuidado, es simplemente el comienzo; si se sigue en esa carretera, en poco tiempo se llegará a formas mucho más directas.

¡Señor, que seamos instrumentos de TU paz!


Danilo Sorti


93. ¿Cómo nos relacionamos con los “hermanastros”?

2 Timoteo 4:3 DHH
3 Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oir.

El conjunto de significados de la palabra “soportar” en griego (según Strong) incluye los conceptos de: aguantar, padecer, soportar, sufrir, tolerar; no muy diferente a lo que entenderíamos en castellano. En definitiva, el significado es bastante claro: la gente de ese tiempo que menciona Pablo no toleraría escuchar la verdad, pero a su vez tendría “comezón de oir” (como traduce VRV60). Esta palabra en la Biblia (según Strong) quiere decir codicia por lo prohibido, concupiscencia (deseos humanos materiales y sexuales, exacerbados o desordenados), deseo, pasión.

Creo que no hace falta aclarar que se trata de la gente que tenemos hoy, pero veámoslo más en detalle. Estas personas están desesperadas por oir algo “espiritual”, que los aliente, que trascienda

Entonces, tenemos gente que está desesperada por oir, porque (según interpreto yo) el contexto de este tiempo, la vacuidad del mundo material, los desastres que ocurren todos los días y la misma voz del Espíritu hablando a toda carne, generan una inquietud en el corazón de prácticamente todas los seres humanos hoy día. Pero a su vez están tan cerrados a la verdad y tan endurecidos en su estilo de vida pecaminoso que no quieren cambiar y no soportan siquiera que se les mencione su error. No lo soportan, claro, porque en el fondo de su corazón (en su espíritu, “medio despierto” por los acontecimientos que están ocurriendo) saben que están mal, pero su alma acalla con todas las fuerzas esa voz. No soportan porque saben en lo profundo que es verdad, aunque no lo entiendan con su mente, por eso necesitan desesperadamente acallar esa voz.

Más arriba dije que esta gente es la que hoy tenemos, quizás haga falta aclarar que constituyen buena parte de nuestras iglesias populosas. Pues bien, ¿cómo nos relacionamos con ellos? Específicamente los líderes, los ministros, ¿qué hacemos con ellos?

Supongo que muchos de los que están sirviendo al Señor ya se han hecho esta pregunta y han llegado a respuestas más o menos adecuadas. En todo caso, una respuesta inadecuada es ser “políticamente correcto”, aunque tampoco corresponde ofender innecesariamente.

Unos versículos antes, Pablo le hace un encargo muy enfático a Timoteo, de que no se desanime de predicar, aun cuando no quieran escuchar; y que sea muy paciente; sabiendo que en algún momento su auditorio sería esta clase de gente, que tendría su cabeza llena de “toda clase de cuentos”.

Por un lado debemos tener bien en claro a quiénes les estamos hablando y qué clase de respuesta podemos esperar; hermanos, no nos hagamos ilusiones. Por otro, creo que tampoco debemos ser imprudentes ni exponernos sin necesidad. ¡Cuidado! Son gente peligrosa, unos versículos antes Pablo le dijo a Timoteo:

2 Timoteo 3:5 DHH
5 Aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión.
No tengas nada que ver con esa clase de gente.

“No tengas nada que ver”; es decir, podemos predicarles con prudencia (bajo la guía del Espíritu) pero no relacionarnos con ellos; lo que en el ámbito de la iglesia significa no tener comunión con ellos. Suena paradójico porque el Señor nos llama a amarnos unos a otros y mantener la relación fraternal, pero se entiende bien si consideramos que la relación fraternal la podemos mantener sólo con los hermanos, ¡no con los que aparentan serlo!

No nos involucremos con ellos: no los tengamos como líderes, no organicemos ministerios junto con ellos, no compartamos ni tiempo ni charlas con ellos porque nos van a enredar con sus palabras y van a terminar hablando mal de nosotros, y mucho menos nos asociemos en actividades económicas. Sólo transmitir una palabra (que inevitablemente será siempre de exhortación) y nada más.

Querido hermano, por un lado escuchás una voz que te dice que tenés que estar en comunión, que tenés que participar en tal o cual grupo, etc., etc., y te sentís culpable cuando no lo hacés. Pues bien, eso no es, hoy en día, un consejo correcto, y no deberías sentirte culpable en lo más mínimo por no estar en comunión con determinadas personas. Podés amarlos, podés orar por ellos, podés darles una palabra (y nada más que eso), pero no debés relacionarte con ellos, no hasta que no tengan un verdadero cambio en el Espíritu.

Y si fuiste herido por ellos, bueno, ¡bienvenido al club! Aprendamos de los errores.

No desperdicies el poquísimo tiempo que nos queda sobre la tierra, seguro que hay hermanos y pastores fieles que necesitan tu compañía, tus oraciones y tus ofrendas; seguro que hay muchos inconversos con un genuino deseo de conocer más sobre el Señor. Y te aseguro que hay mucho más de lo que parece. ¡Que el Señor te guíe hacia relaciones santas y de bendición mutua!

Post data, ¿cómo andamos por casa? Si nosotros mismos somos los que no soportamos el mensaje de algunos profetas y maestros que nos amonestan… bueno, ¿podríamos revisar qué nos está pasando, no?

Danilo Sorti


92. Cuando Dios te da una nueva identidad, no vuelvas a la vieja…

Hechos 21:21-26 RVC
21 Lo que aquí se ha sabido es que a los judíos que están entre los no judíos los enseñas a renegar de las enseñanzas de Moisés, y que les dices que no circunciden a sus hijos ni observen nuestras costumbres.
22 ¿Qué dices a esto? Seguramente ya se sabe que has venido,
23 así que te recomendamos hacer lo siguiente: Hay entre nosotros cuatro hombres que están obligados a cumplir un voto.
24 Ve y purifícate con ellos, y paga para que les rasuren la cabeza. Así todos comprenderán que no es cierto lo que supieron acerca de ti, y que también tú obedeces la ley.
25 En cuanto a los creyentes no judíos, nosotros ya les hemos escrito y les recomendamos que no observen nada de esto, sino que se abstengan solamente de comer lo que se sacrifica a los ídolos, que no coman sangre ni animales ahogados, ni incurran en libertinaje sexual.»
26 Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente se purificó con ellos y entró en el templo para dar a conocer los días cuando se cumpliría la purificación y se presentaría la ofrenda por cada uno de ellos.

En otro artículo estuve hablando sobre este pasaje, desde otra perspectiva. Pero es necesario verlo también desde el punto de vista de Pablo. Personalmente creo que, en primer lugar, Pablo no debió ir a Jerusalén, y, luego, no debió haber accedido al pedido de los ancianos (aunque si estaba allí, era casi imposible decirles que no). Por supuesto, no todos piensan así, y creo que ese es también un punto de vista válido.

¿Por qué pienso que no debió ir a Jerusalén? Por un lado, se metió en problemas que le duraron más de 4 largos años. Claro, él estaba acostumbrado y de hecho no tenía ningún problema en ofrecer su propia vida en sacrificio, pero ahí justamente estaba el problema: el “exceso de sacrificio” también está mal. Sufrir en sí mismo no tiene ningún mérito y nunca lo vemos a Jesús sufriendo de puro gusto, simplemente lo hizo cuando correspondía hacerlo, pero no antes (y en más de una vez quisieron prenderlo). Pablo tenía una firme disposición a ofrecer su vida por Cristo, y eso era muy valioso, pero de ninguna manera significa exponerse innecesariamente al sufrimiento; sólo cuando sea el momento indicado por el Señor. Hay tenemos un aprendizaje, bastante difícil, para los hermanos más consagrados.

Pero creo yo que el principal asunto estuvo en su “identificación” con el judaísmo tradicional de Jerusalén. Pablo era un rabino, su identidad “natural” consistía en estar en Jerusalén y cumplir con todos los ritos del Templo. Pero el Señor le había cambiado radicalmente esa identidad al punto de llegar a ser el apóstol de los gentiles. Y, creo yo, tanto era así, que “volver atrás” a las tradiciones judías, aunque fuera solamente un acto simbólico hecho una vez en Jerusalén, muy lejos de tierras gentiles, habría causado bastante confusión en sus muchos seguidores. El Señor estaba tratando de dejar bien en claro que la iglesia gentil NO DEBÍA cumplir con los ritos judíos, si el principal apóstol a los gentiles volvía a ellos, ¿qué habría pasado?

Por esa razón, creo yo, el Señor permitió que ese rito de hecho no se cumpliera, y que todo el conflicto que tuvo que vivir después se convirtiera en una clara señal para el mundo gentil de que no debían judaizarse.

En el fondo, sin darse cuenta, Pablo estaba dejando la nueva identidad que el Señor quería darle y volviéndose a la vieja.

Bueno, antes de agarrar piedras para tirarle al hermano Pablo, creo que deberíamos analizarnos en profundidad a nosotros mismos y darnos cuenta de que todos, en algún momento, somos culpables de lo mismo, y también “casi” sin darnos cuenta… y así, “sin darnos cuenta” hemos tenido que sufrir una dura disciplina del Señor, que en su momento no entendimos (a lo mejor seguimos sin entenderla ahora…), pero que en esencia tiene que ver con haber rechazado la nueva identidad que el Señor quería darnos.

Esa “nueva identidad” no se refiere al hecho de ser cristiano, estoy suponiendo que todos los que leen esto, como creyentes, ya han aceptado esa nueva realidad, literalmente, una nueva vida, mejor dicho, ¡LA VIDA verdadera! Esa nueva identidad se refiere a un nuevo rol, una nueva función, algo para lo cual específicamente no nos preparamos, o no proyectamos para nuestro futuro, o está fuera de los “mandatos” que los que nos rodean nos han impuesto. Y es algo “sutil”, que de ningún modo nos parece demasiado importante o quizás diferente de nuestra “vieja” identidad, pero que para la economía del Reino de Dios, para las ganancias eternas, es MUY PERO MUY importante.

¡Señor, perdonanos por haber rechazado esa nueva identidad, ese nombre nuevo que Tú nos diste! Hoy lo aceptamos en el nombre de Cristo.

Danilo Sorti


91. ¿Qué nos pasó? ¡Nos volvimos “políticamente correctos”!

Hechos 21:17-25 DHH
17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría.
18 Al día siguiente, Pablo fue con nosotros a visitar a Santiago, y allí estaban también todos los ancianos.
19 Pablo los saludó, y luego les contó detalladamente las cosas que Dios había hecho por medio de él entre los no judíos.
20 Cuando lo oyeron, alabaron a Dios. Dijeron a Pablo:
—Bueno, hermano, ya ves que entre los judíos hay muchos miles que han creído, y todos ellos insisten en que es necesario seguir la ley de Moisés.
21 Y les han informado que a todos los judíos que viven en el extranjero tú les enseñas que deben renegar de la ley de Moisés, y les dices que no deben circuncidar a sus hijos ni seguir nuestras costumbres.
22 ¿Qué hay de esto? Pues sin duda la gente va a saber que has venido.
23 Lo mejor es que hagas lo siguiente: Hay aquí, entre nosotros, cuatro hombres que tienen que cumplir una promesa.
24 Llévalos contigo, purifícate junto con ellos y paga sus gastos, para que ellos puedan hacerse cortar el cabello. Así todos verán que no es cierto lo que les han dicho de ti, sino que, al contrario, tú también obedeces la ley.
25 En cuanto a los que no son judíos y han creído, ya les hemos escrito nuestra decisión: no deben comer carne que haya sido ofrecida a los ídolos, ni sangre, ni carne de animales estrangulados, y deben evitar los matrimonios prohibidos.


Aquí tenemos de nuevo a la iglesia de Jerusalén, que había salido de escena del libro de Hechos en el capítulo 15, en donde vimos el punto máximo de revelación y presencia del Señor: luego de haber establecido los principios del amor y la comunión, de haber soportado una dura persecución y haber sobrevivido, pudo albergar un concilio santo y muy generosamente entendió que no debía poner sobre los nuevos creyentes gentiles la carga de tradición y ley que ellos tenían: ese fue quizás el mayor acto de amor, se “desprendieron” del Evangelio y permitieron que los recién llegados lo adaptaran a su propio molde cultural.

Y luego nos vamos de viaje con Pablo durante varios capítulos hasta que volvemos a Jerusalén, unas pocas décadas después de haberla dejado. Pero ahora nos encontramos con algo muy diferente.

Lo que dijeron los ancianos a Pablo no parece, a primera vista nada incorrecto. De hecho, podría ser el consejo que cualquier grupo pastoral diera a un misionero recién llegado… pero el resultado de ese consejo, que vemos en el resto de los capítulos, no parece ser demasiado bueno. No nos equivoquemos: que el Señor haya usado las dificultades que pasó Pablo al ser encarcelado durante un largo tiempo, sufrir un naufragio y estar dos años en prisión domiciliaria en Roma no significa necesariamente que haya sido la voluntad perfecta del Señor que se hiciera DE ESA FORMA; simplemente significa que Dios sigue siendo Dios y Él puede tomar nuestros peores errores y transformarlos en victoria para Su gloria… pero no dejan de ser errores, y quién sabe si hubiéramos hecho las cosas bien, cuánto más se habría ganado.

Bueno, pero el hecho es que esta iglesia, ejemplo de fe, amor y valor; el centro de la predicación del Evangelio, el origen de todas las iglesias; ahora estaba intentando tener una convivencia políticamente correcta no solo con los judíos de Jerusalén sino también con los judíos convertidos (¿o no tan convertidos…?) que había en su seno.

La iglesia que una vez se había comprometido para que sus tradiciones no estorbaran a los gentiles que se creían, ahora no era capaz de salir a defender a Pablo sino que le pedían que se amoldara a ellos. ¿No se parece DEMASIADO a las actitudes de tantas y tantas de nuestras congregaciones, donde el liderazgo prefiere guardar su buena reputación y envían a “que le corten la cabeza” al hermano en cuestión antes que defenderlo ellos? Sí, demasiado. Pero bueno, no critiquemos tanto a las iglesias porque esta es una actitud muy común en los grupos y asociaciones… Caramba, tenemos un problema, ¿si es tan común en el mundo, por qué sigue siéndolo en la iglesia…? Bueno, que el Señor tenga misericordia.

Además de eso, ¿qué sentido tenía realmente cumplir con ritos que ellos sabían ciertísimamente que ya habían perdido su valor? Nada, pero prefirieron mantener una actitud políticamente correcta, lavarse las manos (como había hecho Pilatos algunas décadas atrás, en la misma ciudad) y dejar expuesto al siervo de Dios, que a la sazón, estaba cumpliendo una obra que ninguno de ellos podía jamás realizar.

Esta iglesia, que años atrás tuvo la visión para abrir el Evangelio a todo el mundo, ahora estaba tratando de mantener una “política correcta”. Mis amados hermanos, si esto pasó nada más y nada menos que en la iglesia de Jerusalén, ¿podrá alguien extrañarse de que ocurra hoy en nuestras congregaciones? ¡Para nada!

Pero cuidado, esto quiere decir que la comunidad que antes era un refugio seguro en donde se podía encontrar la presencia del Espíritu, hoy ya no lo es. Cambió, pero muchos cristianos siguen aferrados a una historia lamentablemente pasada mientras se están secando a la par que se secan sus congregaciones, y si se les ocurre florecer con la vida del Señor, bueno, ya sabemos lo que les espera, si se lo hicieron a Pablo, ¿seremos mejores nosotros?

Es triste todo esto, y el Señor sin duda quiere restaurar a las congregaciones que se están desviando, pero hasta donde yo sé eso no lo puede un hermano quedándose allí; hacen falta ministerios especiales y con una unción muy poderosa.

Mientras tanto, necesitamos tener discernimiento, buscar mucho al Señor, no entrar en el juego de la crítica  cruel, pero tampoco perder nuestra vida espiritual.

Danilo Sorti