sábado, 30 de septiembre de 2017

280. El Evangelio y la misión de la Iglesia en el tiempo del fin: el “fracaso” de las formas que antes funcionaron y el inicio de un nuevo modelo de Iglesia y mensaje

Lucas 5:37 RVC
37 Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hará que se revienten los odres; entonces el vino se derramará, y los odres se echarán a perder.


En varios artículos intenté analizar qué significa transitar este último tiempo, y si algo es claro es que las cosas han cambiado muy rápido y lo seguirán haciendo. Es un mar muy turbulento, y no es sencillo hacerle frente.

Jesús estaba trayendo un “nuevo vino” y era necesario que Sus seguidores se despojaran de las formas y tradiciones antiguas para recibirlo. No estaba diciendo que anulaba por completo la ley mosaica, ¡al contrario!, pero sí que era necesaria una ACTITUD diferente, y esto lo vemos en los versículos anteriores:

Lucas 5:33-35 RVC
33 Entonces ellos le dijeron: «¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan muchas veces, y hacen oraciones, mientras que los tuyos comen y beben?»
34 Jesús les dijo: «¿Acaso ustedes pueden hacer que ayunen los invitados a una boda, mientras el novio está con ellos?
35 Llegará el día en que el novio ya no estará con ellos. Entonces sí, ese día, ayunarán.»

Juan el bautista vivía todavía en la etapa previa a la llegada del Mesías: tiempo de espera, de arrepentimiento, de profunda búsqueda. ¿Eso estaba mal? No. ¿Era contrario a la Biblia? Tampoco. Pero no era la actitud correcta en ese momento para los que estaban con Jesús: era tiempo de disfrutar y alegrarse, de maravillarse con lo que el Señor estaba haciendo, de absorber todo lo que les era enseñado; no era tiempo de ayuno y lamento, de búsqueda solitaria y de dolor. Por cierto que ese tiempo vendría, y más pronto de lo que hubieran querido, pero no era la actitud que debían tener porque sino se iban a perder lo que tenían que recibir.

Me explico: aprender es una actividad que se realiza mejor en un contexto de alegría, de tranquilidad; es una actividad que requiere mucha concentración precisamente en lo que se está enseñando. Jesús era su Fuente de gozo, de alegría, de todo bien, y ellos necesitaban que eso quedara grabado a fuego en sus corazones porque muy pronto deberían enfrentar enormes dificultades, si dejaban pasar ese tiempo de relativa paz y alegría, el dolor y la angustia de lo que vendría los hubiera avasallado.

Mateo 11:16-19 RVC
16 Pero ¿con qué compararé a esta generación? Se parece a los niños que se sientan en las plazas y les gritan a sus compañeros:
17 “Tocamos la flauta, y ustedes no bailaron; entonamos cantos fúnebres, y ustedes no lloraron.”
18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen que tiene un demonio;
19 luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y lo califican de glotón y borracho, y de ser amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. Pero a la sabiduría la reivindican sus hijos.»

Los religiosos de Su época decididamente no pudieron entender este cambio de tiempo que hubo, y por ello no fueron capaces de recibir ni el mensaje de Juan, cuyo “formato” era adecuado para la situación y expectativa de entonces, ni el de Jesucristo, que introducía lo nuevo. Y porque no pudieron cambiar para adaptarse ni al uno ni al otro:

Mateo 11:20-24 RVC
20 Jesús comenzó entonces a reprender a las ciudades donde había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido. Les decía:
21 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que en cilicio y cubiertas de ceniza ellas habrían mostrado su arrepentimiento.
22 Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Tiro y para Sidón será más tolerable que para ustedes.
23 Y tú, Cafarnaún, que te elevas hasta el cielo, hasta el Hades caerás abatida. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, hasta el día de hoy habría permanecido.
24 Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Sodoma será más tolerable que para ti.»


Avanzando más en la historia, tenemos la iglesia de Jerusalén y las cosas asombrosas que allí ocurrieron: milagros, comunión, eliminación de la pobreza, crecimiento numérico. Con todo, los apóstoles estaban operando en un “formato” relativamente conocido para ellos. Luego el Señor permite la persecución y la Iglesia comienza a extenderse, y allí comienzan los desafíos, al penetrar otras realidades, otros contextos culturales y ser requerida a cambiar. El Espíritu estuvo dispuesto siempre a derramar Su “vino nuevo” adecuado para cada odre, pero esto no fue fácil para los discípulos. Dos mil años de historia no hicieron más que confirmar este principio: adaptarse a una nueva realidad cultural, a un tiempo cambiante, a otra sociedad, a otra presión espiritual, no ha sido fácil para nosotros. Bueno, es algo humano.

Si algo nos ha traído el cambio de siglo han sido cambios demasiado vertiginosos; un grupo de iglesias se “han subido” a la corriente del cambio y rápidamente han modificado su estructura, su teología y su práctica… con el “único” problema de que se metieron en el camino incorrecto, por lo que terminaron gravemente apartadas. Otras iglesias han resistido o han puesto el freno de mano, procurando no perder su esencia bíblica a costa de tornarse bastante inefectivas.

Si algo significó el cambio de siglo es que las fórmulas y métodos que antes funcionaron hoy probablemente no den el mismo resultado, y no porque haya otro Evangelio o los principios hayan cambiado, sino que ha cambiado el enfoque y la aplicación de esos principios. Hermanos, la Biblia es la Palabra Eterna y útil para todos los siglos, pero no todas sus palabras se aplican por igual en los distintos momentos.

El Evangelio es como un diamante de muchas caras, cada una refleja un aspecto de él, y cada sociedad y momento histórico (y aún cada persona como individuo) estará más dispuesta a recibir una de esas facetas. Antes predicábamos un evangelio de la gracia, de la bendición, de la sanidad, y eso no ha cambiado, pero hoy es necesario predicar sobre los juicios de Dios y el arrepentimiento (y antes también lo era…). Antes podíamos enseñar acerca de cómo vivir el resto de la vida para Cristo, construir una familia en Dios, dejar herencia espiritual a nuestros hijos, edificar ministerios que perduren en el tiempo; ¡hoy ya no hay tiempo!, el resto de vida que viviremos aquí serán los pocos años hasta que Cristo venga, nuestra familia debe ser doblemente protegida para que no sea arrastrada por las avalanchas de engaño, y lo que edifiquemos deberá perdurar durante pocos, aunque difíciles, años por venir. Poco sentido tiene ya hablar de inversiones, ahorro, nietos y bisnietos. Y en esto tenemos un grave problema con los predicadores sesentones, que precisamente están pasando por esa etapa y enseñándonos sus aprendizajes de vida que sí tuvieron que ver con ese modelo de predicación, ¡y que debían hacer eso en su tiempo! Ellos, que están en la mejor edad para ser líderes debido a la experiencia acumulada, han vivido una forma de Evangelio que les fue enseñada por sus maestros espirituales, quienes a su vez lo recibieron de los suyos, y así sucesivamente, porque era lo correcto para esos tiempos, ¡pero que no lo es para estos! ¡Señor, dales gracia y sabiduría a todos aquellos que te busquen con sinceridad!

Hoy los juicios de Dios se están manifestando en una magnitud y extensión territorial como nunca antes, ninguna generación anterior ha pasado eso. La Biblia también tiene respuestas, pero es necesario buscarlas.

Hoy, la dureza y el pecado del hombre están llegando a una profundidad como nunca antes, la predicación que antes podía convertir almas hoy resbala como agua por el vidrio. Pero la Biblia también tiene respuestas, es necesario buscarlas.

La maldad humana está llegando a profundidades increíbles, ¿quién podrá resistir siquiera las noticias que nos llegan sin sucumbir emocionalmente o insensibilizarse cauterizando su corazón? Es necesario profundizar en el amor de Dios como no lo hicieron las generaciones anteriores.

Hoy, las manifestaciones diabólicas y la opresión de los espíritus malignos se está extendiendo y profundizando en todo el mundo, en especial sobre países que otrora estuvieron relativamente abiertos. Temo que esto está tomando por sorpresa a muchos cristianos y los está dejando fuera del camino.

Los planes mundiales de Satanás, el advenimiento del Anticristo y el Falso Profeta, la marca de la Bestia, y todo lo que estas cosas significan, están ya en marcha, ocurriendo ante nuestros ojos y siendo leídas en el diario de la mañana. Es imposible no “sucumbir” a eso si no estamos fuertemente afirmados en la esperanza del Nuevo Reino, de la Venida Gloriosa de nuestro Señor, de la victoria final de Cristo.

Los sucesos horribles de la Tribulación permanecieron durante siglos como una oscura y lejana imagen profética, casi sin importancia práctica para la mayoría de los cristianos. Hoy están a la vuelta de la esquina y los creyentes somos confrontados con la posibilidad de ser “dejados atrás” en el arrebatamiento. ¡Pero casi toda la iglesia sigue dormida!, como si eso no fuera a ocurrir, manteniéndose en el estilo de predicación que hubo durante siglos en los que, efectivamente, el arrebatamiento no ocurrió, sin darse cuenta de que “las cosas nunca pasan… hasta que pasan”.

La realidad que se nos viene encima es demasiado abrumadora para la mayoría de los cristianos, líderes históricos inclusive. Pero, tal como ha sido profetizado, Dios se encargó de preparar a Sus especialistas para ESTA HORA, ¡y quizás nunca mejor dicho “hora”! Juan el bautista fue uno de ellos, su ministerio fue breve y muy específico, pero fue el “partero” de una nueva época. Él mismo perteneció a la vieja y podríamos decir que tampoco “cruzó” a la nueva, pero fue el eslabón fundamental. Durante un tiempo breve pero decisivo, la continuidad del plan de Dios dependió de él.

Jesús mismo tuvo un ministerio breve, más largo que el de Juan pero breve si lo comparamos con la mayoría de los apóstoles y el resto de los siervos del Señor a lo largo de los siglos. Breve, pero aún así, el punto de inflexión en la historia de la creación.

Hay muchos ejemplos de estos “ministerios de partera” en la Biblia, breves pero cruciales. Este es el tiempo en que, aquellos que han podido entender estos cambios y permanecer en la fe, normalmente ignorados o despreciados en sus iglesias, más “afuera” que “adentro”, muchos todavía heridos y preguntándose dolorosamente por qué tanto tiempo perdido y tantas experiencias dolorosas, por qué tan pocas oportunidades de servir, por qué fueron tácita o expresamente expulsados de la vida de iglesia; entiendan que fue parte del proceso, que a ellos se les dio el “vino nuevo” para este tiempo, es decir, son los llamados a ayudar a sus hermanos.

De acuerdo, entiendo que el lector se esté riendo en este momento, pero por lo menos puedo tener el “beneficio de la duda”, ¿y si fuera cierto? No podemos negar que es urgentemente necesario otro “formato” de Evangelio, otro enfoque. Tampoco podemos negar que los viejos, o no tan viejos, pero exitosos líderes del modelo anterior difícilmente puedan cambiar con la rapidez requerida (no digo que sea imposible). Entonces, ¿quién queda?

¡Señor, habla a los corazones!


Danilo Sorti


279. El Evangelio y la misión de la Iglesia en el tiempo del fin: el “fracaso” del cristianismo partido y el nacimiento del cristianismo integral

Eclesiastés 4:12 RVC
12 Uno solo puede ser vencido, pero dos presentan resistencia. El cordón de tres hilos no se rompe fácilmente.

Este sabio consejo se nos ha pasado desapercibido durante dos mil años de cristianismo, precisamente porque la Iglesia ha estado dividida en tres líneas teológicas: la línea enfocada en la acción social, las buenas obras y la ecología; la línea enfocada en la Palabra, su estudio y aplicación, y la línea enfocada en las realidades espirituales. Cada una de ellas, según otros ya lo han escrito, se enfoca preferentemente en una de las tres Personas de la Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, en ese orden. Cada una, también, ha discurrido por la historia y hasta el presente de manera más o menos separada, casi incapaz de reconocer las cosas buenas del otro y decididamente sin incorporar nada de lo que le haya sido revelado. Cada una ha tenido sus “errores favoritos” y cada una ha “fracasado” en hacer la obra integral. Pero cada una ha recibido una parte de la revelación total de Dios. Lo que expongo en este artículo está basado en lo que sabiamente escribió sobre el tema Christian Shwarz, y recomiendo que sea leído.

Todos los cristianos nos ubicamos en alguna de ellas. Yo nací en una iglesia de la línea “bíblica”, es decir, enfocada en la Palabra, y aunque he cambiado mucho desde aquel entonces, es fácil darse cuenta de que esa es la orientación del Evangelio a la que sigo perteneciendo, y no creo que eso esté mal. Sin embargo, el Espíritu ha trabajado mucho (y lo sigue haciendo…) conmigo para llevarme a un equilibrio con las otras dos corrientes, por lo que a pesar de que sigo estando “ubicado” en una, creo que he podido avanzar mucho hacia una comprensión integral de la revelación. Todavía me falta, sé que seguiré aprendiendo y creciendo por el resto de la eternidad. Pero mientras tanto, antes de que venga el fin y durante el poco tiempo que nos queda para completar la obra, entiendo que se nos hace imperioso resolver esta triple división del cristianismo para llegar a la Iglesia santa digna del Novio.

Probablemente esta cuestión de las tres líneas del cristianismo suene extraño para la mayoría de los lectores porque normalmente nacemos en la fe en una de ellas y allí permanecemos, sin demasiado contacto con la otra, o incluso viéndola con sospecha y recelo. También es cierto que dentro de cada una de ella encontramos hoy iglesias (¿muchas?) que han caído en grandes excesos de tal forma que el Espíritu Santo se apartó de ellas (su candelero fue quitado); y estos son los aspectos que las iglesias de las otras líneas enfatizan para mantenerse en su posición.

Las iglesias preocupadas por la dimensión social y de la creación en su conjunto han terminado cayendo en el humanismo sin Dios, carentes de Biblia y de poder, siendo poco más que un club social con muy buenas intenciones y aplaudiendo las nuevas herejías que se ponen de moda. Las iglesias preocupadas por la dimensión espiritual y de poder se fueron hacia un show de manipulación humana, cuando no literalmente se aliaron con otros espíritus que efectivamente manifiestan su “poder”. Las iglesias preocupadas por la Palabra fácilmente profundizaron en sus estudios y enseñanzas, pero temerosas del genuino poder del Espíritu y del involucramiento social.

Por supuesto, aquí estoy simplificando casos más extremos, pero que lamentablemente son comunes. Las iglesias que han caído en esa categoría ya están apartadas de la verdadera gracia. Otras están siendo empujadas hacia alguna de esas líneas, sin la capacidad de resistir adecuadamente porque los ejemplos que tienen de las otras líneas no son buenos, no tienen en la práctica un modelo de equilibrio.

De nuevo, esto también es una simplificación, porque además de las tres líneas principales, existen muchas variantes dentro de cada una de ellas que puede ser exagerada hasta llegar a la apostasía.

Es necesario reconocer que, en su “ideal”, cada una de estas tres líneas fracasó: fracasó el evangelio de la transformación social porque en realidad depende de la voluntad de la sociedad, y está claro que la mayoría de los hombres no quieren saber nada ni con Dios ni con sus principios. Fracasó el evangelio del “estudio bíblico” porque el conocimiento sin poder y sin compromiso sólo sirve de nido para los espíritus de religiosidad y autojusticia. Fracasó el “evangelio de poder” porque sin palabra y sin dirección pronto se transforma en brujería y satanismo disfrazado, y sin compromiso social lo único que genera es egoísmo.

Pero decir “fracasó” no es una mera categoría teológica, es decir que todos aquellos que de alguna manera nos “aferramos” a una de esas líneas también fracasamos. No fracasa una formulación teológica, ¡fracasa la gente que la sigue!

Pero Dios ha dado a cada una de esas líneas una parte de Su revelación, y lo que se nos da es para compartir, y a su vez, el hecho de “tener algo” implica que “no tenemos todo”, por lo que compartir a otro lo que recibí necesariamente implica estar abierto a recibir lo que el otro tiene para darme. No creo que esto sea posible ya en las iglesias que claramente se han desviado, pero sí lo es en aquellas que todavía no, pero que si se mantienen cerradas en su posición muy pronto serán empujadas hacia alguno de los extremos.

¿Cambia la iglesia o cambio yo? En el pueblo de Dios son los líderes quienes tienen una responsabilidad mayor, sin embargo no estamos bajo el Antiguo Pacto y ahora todos somos hechos reyes y sacerdotes, y esto no es una posición de privilegio y autoridad, sino de responsabilidad; a todos se nos llama a buscar diligentemente al Señor y aplicar Sus verdades. No podemos escudarnos detrás de lo que el pastor dijo o dejó de decir, él dará cuentas a Dios de sí, pero nosotros somos responsables por nuestra propia vida, porque ya hay UNO que es nuestro Pastor y Guía, por encima de cualquier autoridad humana que el Señor haya puesto.

Hermanos, no estoy diciendo que necesariamente todas las iglesias deberán estar ubicadas en un punto central de estas tres corrientes, no sé si realmente será posible para muchas de ellas, en vista del poco tiempo que nos queda. Pero nosotros, los que podemos leer y entender esto, aquellos que por la gracia de Dios tenemos la posibilidad de disponer de tiempo y recursos para buscarlo con libertad, creo que deberíamos esforzarnos en hacerlo. No creo que debamos cambiar nuestros puntos fuertes porque en esencia vienen de Dios mismo, pero sí equilibrar nuestros excesos en el entendimiento y práctica de la revelación.

¡Señor, líbranos del miedo a conocer y vivir otras dimensiones de Tu Revelación!


Danilo Sorti


278. El Evangelio y la misión de la Iglesia en el tiempo del fin: el “fracaso” de la “gracia barata” y la prosperidad y el resurgir de la verdadera gracia y la provisión divina

2 Pedro 2:17-19 RVC
17 Éstos son fuentes sin agua, nubes que arrastra la tormenta, y para siempre les espera la más densa oscuridad.
18 Cuando hablan, lo hacen con palabras arrogantes y vanas; mediante las pasiones humanas y el libertinaje seducen a los que habían comenzado a apartarse de los que viven en el error.
19 Les prometen libertad, pero ellos mismos son esclavos de la corrupción, pues todo aquel que es vencido, se vuelve esclavo del que lo venció.

Los profetas del Antiguo Testamento hablaron mucho sobre esta cuestión de la “gracia barata”, el Nuevo Testamento no desarrolla demasiado el tema porque ya fue claramente expuesto, pero en la descripción de los falsos maestros utiliza unas expresiones que nos remiten a las palabras de los antiguos profetas: “fuentes sin agua”, “prometen libertad”, lo cual muestra en esencia cómo es ese evangelio de prosperidad que predican: promesas vanas, que no se cumplen, de boca de líderes inmundos, que sólo aparentan santidad.

Es innegable que, al menos a lo largo del continente americano, el evangelio de la prosperidad ha hecho estragos y muchos son los que lo siguen, ya sea en su forma más “dura” y evidente o en su forma más “blanda” y solapada. Durante un tiempo engañó también a los santos fieles, pero eso ya pasó. Sin embargo, muchos todavía están en el “interregnum” de haber salido de un falso evangelio pero sin atinar a ubicarse en el verdadero.

Tengo varios artículos escritos sobre el falso evangelio de la prosperidad y no voy a repetir lo que dije ahí, además, hay muchos análisis más y con mayor profundidad accesibles para el que busque. Todavía un gran número de cristianos están presos de ese error, y lamentablemente así seguirán hasta que sea demasiado tarde. Quizás muchos podrán escapar “por los pelos” cuando pasen los juicios más terribles que están determinados para este tiempo, antes del arrebatamiento. Pero aquí me preocupan los santos fieles, que una vez fueron engañados y habiendo descubierto el error, se encuentran en medio de la duda, es decir, ¿qué es lo que realmente deben creer?

Lo que perdieron aquellos que se sumergieron en el evangelio de la prosperidad es mucho, y no solamente dinero (porque de hecho, ni prosperaron ni tuvieron éxito) sino su vida espiritual, además del tiempo perdido en relación con el crecimiento en la gracia.

No pretendo exponer aquí todo el verdadero Evangelio, sino tratar algunos puntos de este “camino de vuelta”. Primero, como Satanás no crea nada porque es un ser creado y no Creador, sólo puede tomar algo que Dios trajo y pervertirlo, pero eso no anula el diseño original de Dios. Entonces, no pudo presentar un evangelio de falsas promesas si no tuviéramos ya grandes y hermosas promesas de parte de Dios. No debemos desechar lo genuino porque ha sido contaminado con lo falso, debemos recuperara las verdaderas promesas divinas BAJO LAS CONDICIONES en las cuales han sido dadas.

La principal corrupción de las promesas es “quitarles” sus condiciones originales para hacerlas extensivas a gente que no califica para ellas. Otro error es aplicarlas a momentos y contextos incorrectos. A medida que nos adentramos en los juicios del Padre, Sus promesas se nos hacen cada vez más necesarias, pero las promesas para este tiempo. Quizás mucho de lo que nos toque vivir hoy sea lo que el Señor le dijo a Baruc:

Jeremías 45:2-5 RVC
2 «Así ha dicho el Señor Dios de Israel: “Tú, Baruc,
3 te has quejado de que yo, el Señor, he añadido tristeza a tu dolor. Dices estar fatigado de tanto gemir, y que no has hallado reposo.
4 Pero yo, el Señor, te digo que puedo destruir lo que antes construí, y también arrancar lo que antes planté, es decir, toda esta tierra.
5 No busques para ti grandes cosas, porque yo voy a traer el mal sobre la humanidad entera. Pero a ti te dejaré escapar con vida por dondequiera que vayas. Tu vida será tu botín de guerra.”» —Palabra del Señor.

Decididamente, hay promesas que ya no se aplicarán a este tiempo, pero hay otras promesas de protección en medio de los juicios que sí. Debemos “recuperar” y creer esas promesas.

No hubiera habido un falso evangelio de la prosperidad si efectivamente el Espíritu no hubiera querido traer bendición material sobre Su pueblo. Satanás vio una oportunidad “maravillosa” de corromper ese mover y así lo hizo, pero el propósito original de dicho movimiento fue proveer materialmente a los hijos de Dios para que pudieran, en lo que faltaba del siglo XX, completar la obra misionera. Sin embargo, se corrompió muy rápidamente en el egoísmo.

Realmente no sé qué van a hacer los falsos predicadores de la prosperidad en medio de los juicios que están viniendo. Al momento de escribir este artículo, ya unos cuantos de ellos pasaron vergüenza pública al no poder “detener” el huracán que azotó el Caribe y Miami. Y no hace falta ningún don espiritual especial para “profetizar” que mucha más vergüenza pasarán en los juicios por venir. ¿Qué prosperidad podrán predicar a la gente que ha perdido absolutamente todo? ¿Qué harán cuando sus seguidores les reclamen por las promesas incumplidas? Ojalá que eso sirva para que algunos se conviertan.

¡Pero la prosperidad según Dios no ha pasado de moda! No en un mundo con cada vez más necesidades. Ahora bien, no todos serán prosperados porque hay naciones y territorios especialmente bajo juicio divino. Sin embargo, creo que, por la misericordia del Padre y aunque todas las naciones del mundo estén bajo alguna forma de juicio, hay territorios y cristianos que sí serán prosperados (al menos en relación con sus vecinos) para socorrer a los necesitados y recibir a los que huyen. En los juicios de Dios no falta Su misericordia.

Aunque suene paradójico, a poco tiempo ya del arrebatamiento, con tremendos juicios de destrucción en puerta, Dios todavía quiere prosperar a algunos de Sus hijos fieles. ¡Es necesario que así sea! Pero no olvidemos que Su prosperidad no necesariamente viene por métodos humanos, es decir, trabajo, ahorro, inversión; sino que también, y quizás mucho más precisamente en estos tiempos, a través de métodos sobrenaturales. ¿Cuánto dinero significó la multiplicación de los panes y los peces? Haciendo un cálculo muy rápido, y pensando que estaban hambrientos probablemente por no haber comido durante un día, por lo menos 20.000 personas (5.000 hombres más mujeres y niños) podían haber consumido fácilmente 8.600 kg de pan integral (no el pan blanco de hoy) y 12.000 kg de pescado. Tomando en cuenta precios no exagerados, equivaldría al costo de 133 “canastas básicas” (hago el análisis con precios e ingresos de Argentina), esto es, lo que necesitarían 133 familias tipo para vivir durante un mes sin caer bajo la línea de la pobreza. Cada uno, según su país, podrá ponerle un número multiplicando por el ingreso para no bajar la línea de pobreza. Podría ser similar también al sueldo de bolsillo que cobrarían en un mes 133 empleados con un sueldo básico (que también se supone está en el límite de la línea de pobreza). Bueno, en definitiva, un empleado con un sueldo básico debería ahorrar sus ingresos durante 11 años para poder pagar todo eso. Si ese milagro no significó riqueza, ¿qué es entonces?

Sí, aún hay tiempo para la verdadera prosperidad que viene de Dios, aún hay tiempo para la multiplicación sobrenatural de los recursos… siempre que sea en SU VOLUNTAD y para SU GLORIA. Quizás los milagros más grandes de esta época están todavía por verse.

Hay mucho más para hablar. Es necesario que los santos recuperen el Evangelio genuino lo más rápidamente posible y no se queden dando vueltas en el desierto. Pero mientras tanto, es de mucho consuelo saber que aquellos que durante un tiempo nos engañó en realidad también provino de Dios, y que aún ahí hay propósitos para este tiempo.



Danilo Sorti


277. El Evangelio y la misión de la Iglesia en el tiempo del fin: el “fracaso” del evangelio triunfalista y el resurgir del remanente protegido

Lucas 13:23-30 RVC
23 Alguien le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Y él respondió:
24 «Hagan todo lo posible para entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán hacerlo.
25 En cuanto el padre de familia se levante y cierre la puerta, y ustedes desde afuera comiencen a golpear la puerta y a gritar: “¡Señor, Señor; ábrenos!”, él les responderá: “No sé de dónde salieron ustedes.”
26 Entonces ustedes comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido en tu compañía, y tú has enseñado en nuestras plazas.”
27 Pero él les responderá: “No sé de dónde salieron ustedes. ¡Apártense de mí todos ustedes, hacedores de injusticia!”
28 Allí habrá entonces llanto y rechinar de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob, y a todos los profetas, en el reino de Dios, mientras que ustedes son expulsados.
29 Porque habrá quienes vengan del oriente y del occidente, del norte y del sur, para sentarse a la mesa en el reino de Dios.
30 Pero habrá algunos últimos que serán primeros, y algunos primeros que serán últimos.»


Una de las paradojas que presenta el Evangelio en el fin de los tiempos es el problema de los números. Por un lado vemos iglesias masivas (hablo de nuestro contexto latinoamericano), “fotos” de multitudes, y por otro, cuando profundizamos en el compromiso de esas multitudes no nos queda más remedio que reconocer que sí, son pocos.

He hablado sobre este tema en otros artículos; asistimos al surgimiento del modelo de iglesia de Laodicea, grande, populosa, rica, pero vacía del Espíritu. Por otra parte, los mensajes proféticos que el Señor nos está trayendo en estos últimos tiempos vez tras vez nos vienen alertando sobre este hecho: SÍ, SON POCOS. Aún más, los acontecimientos que están profetizados para los últimos tiempos (¿meses?) antes del arrebatamiento precisamente sucederán para que más gente entre al Reino de los Cielos, especialmente los que ahora están tibios en su fe.

¿Cómo impacta esto en el ministerio? Por un lado, así como es necesario reconocer el “fracaso” el Evangelio de la transformación social, no porque no sea deseable ni justo, sino porque sencillamente los hombres lo rechazaron, también es necesario reconocer el “fracaso” del Evangelio de la masividad, de aquella nostálgica imagen de miles llegando a los pies de Cristo, como efectivamente ocurrió de manera genuina hace décadas atrás. Es necesario reconocer que la imagen de “muchos cristianos” es falsa, al menos si estamos pensando en cristianos comprometidos, capaces de participar en la obra del fin, es decir, cristianos que no sean meramente “nominales”.

En esencia, cualquier obra de avance para el Reino que hagamos, algo que exija compromiso personal y compromiso con el Evangelio genuino, contará con pocos obreros, si acaso. Estamos “solos” en medio de muchos que profesan ser cristianos, es más, ¡más vale solo que mal acompañado!, es decir, más vale que no se nos junten la mayoría de los que se llaman cristianos porque serán un verdadero obstáculo para la obra. No pretendo juzgar la salvación de los tales ni su posición delante de Dios, pero con observar los hechos y las palabras podemos juzgar fácilmente si podemos “andar juntos” o no.

A la par que la necesidad de obreros se multiplica exponencialmente, son pocos los comprometidos, y eso implica que cada uno de nosotros deberemos luchar contra un poder redoblado de las tinieblas mientras hacemos la obra que nos fue encomendada solos o con muy poca ayuda, porque todos aquellos que podrían ayudarnos o están engañados por las falsas corrientes del Evangelio, o están luchando con la obra que el Señor les encomendó a ellos, también sin ayuda.

A pesar de esto, no estoy haciendo una “exaltación del sacrificio individual”, creo que sigue siendo fundamental el trabajo en equipo, o al menos un trabajo coordinado y estratégico. Dudo que podamos formar grandes equipos, si el Señor nos permite trabajar en uno de ellos, creo que hoy es un privilegio muy especial. Pero mantenernos comunicados, ayudarnos en lo que podamos, y ubicarnos estratégicamente (según Su estrategia) son cosas perfectamente realizables.

Si tenemos consciencia de que efectivamente los que procuramos servir con fidelidad al Señor somos un remanente, concepto muy común en las páginas bíblicas, entonces podremos desarrollar varias actitudes:

·         Por un lado, no seremos engañados con las “grandes masas” de manera que podremos realizar el trabajo que nos fue encomendado sin caer en los enredos y problemas que hoy generan los muchos cristianos carnales que hay en las iglesias populosas. Sencillamente, no tenemos que meternos con ellos.

·         Por otro lado, sabremos que tendremos que buscar activamente a los otros santos del remanente, que podrán estar en otra iglesia u otra provincia o país.

·         No estaremos en aflicción preguntándonos “¿por qué nadie me ayuda?” porque sencillamente sabremos que no hay “nadie” (casi) que pueda hacerlo.

·         Podremos desarrollar una estrategia de vida y de ministerio adecuada a esa realidad, sin expectativas irreales y sin frustrarnos a mitad de camino.

·         Podremos reconocer ministerios genuinos, que no suelen ser ni populosos ni “exitosos” desde el punto de vista del cristianismo carnal, y darles nuestro apoyo. También viceversa.

·         Finalmente, podremos tener un entendimiento de la dimensión de la ira de Dios sobre los líderes engañadores y los cristianos tibios, lo cual mantendrá vivo el celo y la voz profética cuando sea posible hablar con ellos (y ser escuchados).

En el pasaje de Lucas inmediatamente después de hablar de los pocos que se salvan el Señor nos advierten sobre los falsos cristianos, que compartieron lo mismo que los verdaderos: participaron de la manifestación del Señor, incluso operaron en los dones del Espíritu, pero no fueron fieles. Y es interesante notar que estos no se dan cuenta de su error sino hasta después del arrebatamiento, lo cual debería marcarnos otra de las señales de este tiempo asociadas al concepto de “remanente”: no deberíamos esperar que “los muchos” cambien fácilmente su actitud, y más bien deberíamos cuidarnos nosotros no sea que nos encontremos entre esos “muchos”, plenamente convencidos de que estamos haciendo bien.

Hay más para hablar sobre eso, aquí solamente pretendo discutir algunas ideas. El concepto de “remanente”, que en cierto sentido se “perdió” con los grandes movimientos cristianos del siglo XX, debe ser recuperado, para poder “operar” adecuadamente en estos últimos tiempos. Y esto no es nada agradable: hay un profundo dolor en el corazón del Hijo por todos esos que profesan con sus bocas conocerle pero que con sus hechos lo niegan. También eso es una característica de este tiempo; ¿conocemos qué está sintiendo Dios? ¿Podemos acompañarlo en Su dolor? Cuando le tocó ir a la cruz estuvo solo, nosotros lo abandonamos allí. Hoy hay un profundo dolor en el corazón de Jesucristo, ¿lo vamos a dejar solo nuevamente?



Danilo Sorti


276. El Evangelio y la misión de la Iglesia en el tiempo del fin: el “fracaso” de la transformación social y el resurgir de la misericordia en medio del juicio

1 Timoteo 2:1-4 RVC
1 Ante todo, exhorto a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres;
2 por los reyes y por todos los que ocupan altos puestos, para que vivamos con tranquilidad y reposo, y en toda piedad y honestidad.
3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen a conocer la verdad.

La postguerra trajo transformaciones muy profundas y cada vez más rápidas en todo el mundo, y la iglesia no fue una excepción. Comenzando como preocupación social, rápidamente se establecieron corrientes de pensamiento teológico dentro de las iglesias evangélicas enfocadas en la transformación social. Pero no estábamos haciendo nada nuevo, la Iglesia Católica ya lo venía intentando desde sus orígenes, allá por el siglo IV.

Hay una historia reciente muy rica en relación con esas corrientes teológicas, con mucha producción y debate. Persisten hasta el día de hoy en las corrientes de transformación social y política, integrando elementos propiamente espirituales y habiéndose despojado de buena parte del humanismo que las corrientes originales.

Sería injusto e incorrecto pretender meter a todos “dentro de la misma bolsa” pero de manera más o menos expresa todas están planteando que la acción de la Iglesia debe incluir el involucramiento en la transformación social, en lo cual creo que ya todos estamos de acuerdo. Pero como corolario suelen concluir, de manera generalmente tácita, negando los acontecimientos disruptivos y catastróficos del período tribulacional y el establecimiento del Reino Mesiánico, que propiamente no viene por la acción secuencial y progresiva de la Iglesia actual.

Obviamente que ha habido mucha discusión teológica al respecto, sin que resultara definitoria. Hoy nos encontramos con que este “Evangelio Social” no ha logrado transformar al mundo, que sí ha tenido éxitos parciales en algunos lugares, lo cual redundó en almas rescatadas para Cristo, pero la sociedad como todo se precipita con gran velocidad hacia el pecado y el rechazo de Dios en todas sus formas, que los ejemplos contrarios son sólo unas pocas luces en medio de la oscuridad, sin ninguna posibilidad razonable de extenderse por sus propios medios. Que incluso muchos proyectos no dieron los resultados esperados y el discurso de ese Evangelio no alcanzó para responder las urgentes preguntas de la actualidad. Los hechos están terminando de cerrar la discusión teológica que generó: el Evangelio Social, de la Transformación Social, del mejoramiento progresivo, con todo lo que tiene de valioso, no es la verdad definitiva y sus conclusiones son falsas; aunque todavía unos cuantos siguen aferrados a él, con un gran esfuerzo mental para aislarse cada vez más de la realidad y mantener un optimismo ingenuo.

¿Cómo llegamos a eso? Es un camino largo, no pretendo analizarlo, pero puedo decir que uno de los errores ha sido (como siempre) nuestra mala lectura de la Biblia. Vamos a las sencillas instrucciones que le dio Pablo a Timoteo; ¿hay aquí un germen de transformación social? Sí, por supuesto, de hecho, ¡toda la Biblia ES TRANSFORMACIÓN SOCIAL!, pero ¿eso significa que debíamos esperar que tal cosa ocurriera? No. La expectativa de Pablo aquí es que podamos vivir “con tranquilidad y reposo, y en toda piedad y honestidad”, y eso, en la mayoría de los países, implica de por sí un enorme cambio, pero finalmente NO ES el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra. Creo que hemos estirado la interpretación de aquellos pasajes que nos estaban exhortando a orar y trabajar para que la situación social sea tolerable hasta el punto de hacerles prometer que efectivamente lograríamos transformar toda la sociedad.

Hermanos, seamos claros: la Biblia nunca ha sido optimista en relación con el hombre no redimido, y nunca nos ha prometido que toda la humanidad sería salva antes del final del programa divino para tratar con el pecado. Quizás haya sido este “pesimismo” que fue exagerado en las iglesias evangélicas de tiempo atrás, y el desinterés social subsecuente, lo que provocó, como reacción, el surgimiento del (optimista) Evangelio Social.

La realidad del fin de los tiempos, claramente visible para todo aquel que analice con sinceridad las noticias, ha decretado el “fin” de ese modelo; pero sólo en el sentido de su escatología: definitivamente no traeremos el Reino nosotros y el mundo no mejorará progresivamente, y sí sucederá una destrucción y remoción masiva. ¡Pero exactamente la misma realidad ha vuelto imperioso poner en práctica sus postulados! Hoy, en medio de los juicios que se están desatando en este tiempo del fin, es necesario que la misericordia y el poder sanador y restaurador del Espíritu sean manifestados como nunca antes sobre la Tierra a través de la Iglesia fiel; no para transformar lo que ya está destinado a la destrucción y no tiene redención posible, sino para traer alivio en medio del dolor y mostrar que el Juez de toda la Tierra sigue teniendo misericordia de los que se arrepienten. Poder sanador, restaurador y transformador NO HUMANO, no con nuestras “buenas intenciones cristianas” porque eso no alcanzará ya para casi nada, sino profundamente divino. Hermanos, podemos hacer comedores si queremos, pero hoy hace falta literalmente que reproduzcamos muchas veces el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Podemos proveer asistencia médica, pero servirá de poco si no se manifiesta el poder de hacer milagros. Podemos dar alojamiento y refugio, pero si no manifestamos el poder de detener los vientos, serán muy pocos los beneficiados. Ese es el verdadero “Evangelio Social” que se requiere hoy.

No detendremos los juicios de Dios, pero como, precisamente, se trata de juicios DE DIOS, es decir, de NUESTRO PADRE, podemos interceder por misericordia, siempre y cuando esa misericordia evidencia la autoridad divina. Aún podremos evitar o disminuir algunos de Sus juicios, pero solo algunos; pensar más que eso es caer en un triunfalismo muy propio de los evangélicos pero muy poco real también.


Danilo Sorti