sábado, 30 de septiembre de 2017

283. Y fueron endurecidos todos los que no quisieron creer

Romanos 9:17-23 RVC
17 Porque la Escritura le dice a Faraón: «Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.»
18 De manera que Dios tiene misericordia de quien él quiere tenerla y endurece a quien él quiere endurecer.
19 Entonces me dirás: ¿Por qué Dios todavía nos echa la culpa? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?
20 Pero tú, hombre, ¿quién eres para discutir con Dios? ¿Acaso el vaso de barro le dirá al que lo formó por qué lo hizo así?
21 ¿Qué, no tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro un vaso para honra y otro para deshonra?
22 ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira que estaban preparados para destrucción?
23 ¿Y qué si, para dar a conocer las riquezas de su gloria, se las mostró a los vasos de misericordia que él de antemano preparó para esa gloria?

Romanos 1:19-21 RVC
19 Para ellos, lo que de Dios se puede conocer es evidente, pues Dios se lo reveló;
20 porque lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, y pueden comprenderse por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
21 Pues a pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón se llenó de oscuridad.

A medida que nos aproximamos rápidamente al fin de los tiempos, los juicios del Padre producirán una polarización muy clara en la sociedad, similar a lo que ocurrió en los tiempos del Faraón. El pasaje de Romanos 9 nos puede dejar con la impresión de que Dios es arbitrario, endureciendo al que se le da la gana simplemente para demostrar Su poder, pero no debemos olvidarnos que allí Pablo está haciendo un resumen de una historia más larga narrada en Éxodo, y cuando se suceden las plagas encontramos lo siguiente:

·         La señal del bastón convertido en serpiente:

Éxodo 7:13 RVC
13 Pero tal y como el Señor lo había dicho, el corazón del faraón se endureció, y no les hizo caso.

·         El agua convertida en sangre:

Éxodo 7:22 RVC
22 pero como los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos, el corazón del faraón se endureció y, tal y como el Señor lo había dicho, no les hizo caso.

·         La plaga de ranas:

Éxodo 8:15 RVC
15 Y tal y como el Señor lo había dicho, en cuanto el faraón vio que se le había dado un respiro, endureció su corazón y no les hizo caso.

·         La plaga de los piojos:

Éxodo 8:19 RVC
19 Entonces los hechiceros le dijeron al faraón: «Esto es obra del dedo de Dios.» Pero tal y como el Señor lo había dicho, el corazón del faraón se endureció y no les hizo caso.

·         La plaga de las moscas:

Éxodo 8:32 RVC
32 Pero incluso en esta ocasión el faraón endureció su corazón y no dejó que el pueblo se fuera.

·         La plaga del ganado:

Éxodo 9:7 RV1995
7 El faraón hizo averiguar, y se supo que del ganado de los hijos de Israel no había muerto ni un animal. Pero el corazón del faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo.

·         La plaga de las úlceras:

Éxodo 9:12 RV1995
12 Pero Jehová endureció el corazón del faraón, y no los oyó, tal como Jehová lo había dicho a Moisés.

Aquí tenemos algo distinto: es Dios mismo quién endurece el corazón de alguien que voluntariamente lo había cerrado ya seis veces.

·         La plaga del granizo:

Éxodo 9:34-35 RVC
34 Pero al ver el faraón que la lluvia había cesado, lo mismo que el granizo y los truenos, se obstinó en seguir pecando, y tanto él como sus siervos endurecieron su corazón.
35 De tal manera se endureció el corazón del faraón que no dejó ir a los hijos de Israel, tal y como el Señor lo había dicho por medio de Moisés.


·         La plaga de las langostas:

Éxodo 10:20 RVC
20 Pero el Señor endureció el corazón del faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel.


·         La plaga de las tinieblas:

Éxodo 10:27 RV1995
27 Pero Jehová endureció el corazón del faraón, y este no quiso dejarlos ir.

·         Luego de la muerte de los primogénitos, cuando el pueblo había salido:

Éxodo 14:4 RVC
4 Pero yo voy a endurecer el corazón del faraón para que vaya tras ustedes, y seré glorificado en el faraón y en todo su ejército. Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor.» Y ellos lo hicieron así.

Seis veces el Faraón endureció su corazón a pesar de haber visto señales que ninguno de ellos tenía siquiera memoria de que hubieran ocurrido, y a pesar de tener la voz profética del que sería, nada menos, el “fundador” humano de Israel como nación consolidada, cuyas palabras marcaron la columna vertebral tanto del Antiguo como del Nuevo Pacto; Moisés. Ya no hubo espacio para una séptima.

Todo Egipto recibió el testimonio y supo que había Dios en Israel:

Éxodo 11:3 RVC
3 Y el Señor hizo que los egipcios vieran al pueblo con buenos ojos. Moisés también era tenido en alta estima en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los siervos del faraón como a los ojos del pueblo.

Pero el Faraón fue endurecido, es decir, le fue quitada la posibilidad de creer, aunque Dios lo mantuvo con vida precisamente para que el resto de su pueblo al menos tuviera el testimonio del Señor, y en efecto, muchos creyeron (aunque después fueron purificados en el desierto):

Éxodo 12:38 RVC
38 Con ellos se fue toda clase de gente, y ovejas, y muchísimo ganado.

Algo parecido hizo el Señor, siglos más tarde, con Su pueblo rebelde:

Isaías 6:10-13 RVC
10 Entorpece el corazón de este pueblo. Cierra sus oídos, y ciega sus ojos. Que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos, ni entienda con su corazón, para que no se convierta ni sea sanado.»
11 Yo dije: «¿Hasta cuándo, Señor?» Y él respondió: «Hasta que las ciudades se queden asoladas y sin habitantes; hasta que no haya nadie en las casas, y la tierra quede hecha un desierto;
12 hasta que el Señor haya expulsado a la gente y los lugares abandonados se hayan multiplicado en el país.
13 Y si aún queda en el país la décima parte de sus habitantes, éste volverá a ser destruido. Pero la simiente santa será como el roble y como la encina, que después de cortados aún queda el tronco.»

Habiendo rechazado históricamente la voz de Dios una y otra vez, habiendo perseverado y profundizado en el pecado durante generaciones, ya no quedaba más que el inevitable exilio, y las palabras proféticas servirían para endurecerlos más.

Con esto en mente, se nos hace muy claro el pasaje del Evangelio:

Marcos 3:28-30 RVC
28 »De cierto les digo que a todos ustedes se les perdonará todo pecado y toda blasfemia,
29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo jamás será perdonado, sino que será culpable de un pecado eterno.»
30 Y es que ellos habían dicho: «Éste tiene un espíritu impuro.»

Y en efecto, los acérrimos enemigos de Jesús nunca pudieron creer, cumplieron el plan divino que ya estaba estipulado cuando lo crucificaron y luego persiguieron a los discípulos, permitido en la presciencia de Dios.

Hay mucho más para hablar del tema, pero quedémonos con esto para entender los tiempos en los que vivimos, y para no caer nosotros en un endurecimiento tal. Pero cuidado, también es justo reconocer los muchos testimonios de personas que, habiendo sido absolutos enemigos y blasfemos del Señor, pudieron alcanzar misericordia, empezando nada menos que con Pablo. ¿Cuál es el límite? Yo no podría afirmarlo, entiendo que hay personas que son endurecidas y que de ninguna manera creerán, mientras que otras, en medio de los juicios, podrán abrir su corazón.

Dios permitirá a muchos que están ya condenados seguir viviendo para que por su obstinación y los juicios que reciban los otros crean. Qué clase de persona es cada uno podremos saberlo sólo por el discernimiento del Espíritu.

Mientras tanto, cuidemos nuestro corazón, para sea cada vez más blando y dócil en las manos de nuestro Amoroso Padre.


Danilo Sorti


282. ¿Solos y solas en el ministerio?

1 Corintios 9:5 RVC
5 ¿Y acaso no tenemos derecho a traer con nosotros una esposa creyente, como lo hacen los otros apóstoles, y Cefas y los hermanos del Señor?


A la par de los avisos publicitarios que muestran por todos lados familias felices e ideales, el “matrimonio ministerial”, es decir, ambos esposos sirviendo al Señor públicamente, ha sido erigido como un ideal en muchos ámbitos cristianos. Ahora bien, ¿quién diría que eso está mal? Creo que nadie. ¿Y acaso no fue ese el diseño original del Edén? ¡Por supuesto que sí! Pero, ¿debería ser la norma para los tiempos de la Iglesia? Tengo mis dudas. Yo sé que esto puede parecer herético para muchos, pero el asunto es sencillo, se resume en no poner cargas donde Dios no las pone.

Empecemos diciendo que en la Biblia tenemos requisitos claros para el liderazgo, que tienen que ver principalmente con su cualidad moral y que unos cuantos de los “grandes” líderes de hoy precisamente NO CUMPLEN, porque se han afirmado en los dones (a veces del Espíritu y otras veces no) y en el “éxito” numérico y económico (generalmente fruto de la manipulación y los negocios turbios). El liderazgo según Dios tiene que ver PRIMERO Y ANTES QUE NADA con la cualidad moral, los frutos del Espíritu manifestado en la persona con el don de liderazgo, segundo con su conocimiento de la Palabra, y “número y éxito” no aparecen entre los requisitos.

Quizás sea muy crítico, pero creo que una forma de tapar una vida carnal ha sido mostrar un matrimonio feliz y una familia ideal, muy de acuerdo con los slogans publicitarios de la época. Lo cierto es que esto se ha vuelto una carga demasiado pesada para mucha gente con ministerios genuinos pero con familias poco felices.

Los requisitos para los ancianos, líderes de las iglesias, que se presentan en I Timoteo y Tito hablan de familias ordenadas, pero no suponen que necesariamente el cónyuge debe servir en el ministerio. Uno podría suponer que eso sería lo más común, pero al no decirlo expresamente no podemos darle estatus de “ley” para el liderazgo.

Por otro lado, hacer una doctrina de un par de pasajes escritos en el mismo contexto cultural no es prudente, y los ancianos no constituyeron los máximos líderes de la Iglesia primitiva, sino los apóstoles, por lo que los requisitos para con ellos debían ser más restrictivos incluso que para los ancianos. ¿Servían sus esposas de “apóstolas”? En ninguna parte se dice eso. ¿Había apóstoles mujeres? Algunos suponen que sí:

Romanos 16:7 DHH
7 Saluden a mis paisanos Andrónico y Junias, que fueron mis compañeros de cárcel; se han distinguido entre los apóstoles, y se hicieron creyentes en Cristo antes que yo.

“Junias” es femenino, aunque si fuera Junías sería masculino; un manuscrito dice “Julia”. Bueno, como dije, no podemos hacer una doctrina de un solo pasaje, pero la posibilidad está abierta a que sí hubiera mujeres reconocidas en la función apostólica, que en aquel entonces (y se supone que hoy también) estaba estrechamente ligada al ministerio misionero, y no a una jerarquía de autoridad piramidal.

Como sea, sabemos que los apóstoles y los hermanos carnales del Señor, que fueron líderes importantes en la iglesia de Jerusalén, estaban casados. ¿Qué nos dice la Biblia de sus esposas? Casi nada más que esto. ¿Ellas estaban de acuerdo con su ministerio? No lo sabemos. ¿Predicaban? Tampoco lo sabemos. ¿Cumplieron algún rol en la Iglesia primitiva? Podemos suponer que sí, pero el hecho que nos interesa es que el Espíritu Santo NO NOS DEJÓ una revelación escrita sobre ellas. Sólo vemos a los apóstoles cumpliendo su función. Peor aún, tampoco vemos qué haya pasado con sus hijos. ¿Fueron buenos esposos? ¿Fueron buenos padres? ¿Dedicaron tiempo de calidad a sus familias? Silencio de radio…

Y hay más, el principal ejemplo que el Espíritu quiso dejarnos en la Biblia es nada menos que el de Pablo, quien probablemente hubiera estado casado pero que evidentemente estaba solo al momento de escribir y durante el resto de su ministerio. Si lo miráramos con los ojos actuales nos resultaría muy chocante, ¿cómo es posible que el Espíritu mismo le haya dado tanto lugar en la Revelación Escrita a quién decididamente NO ERA EJEMPLO ni de esposo ni de padre?

Y lo peor de todo, ¡nuestro Salvador! Nunca se casó, pero habló de la familia y de los hijos, ¿con qué “autoridad”?...

Bueno, es claro que yo no estoy hablando en contra del compromiso familiar hacia la obra, todo lo contrario. Precisamente hace pocas semanas acabo de escuchar el testimonio de un matrimonio de misioneros que contaban como todos ellos, junto con sus hijos, trabajan en equipo predicando en otra cultura. Realmente, no podrían hacer el trabajo que hacen si no estuvieran casados y si no tuvieran muchos hijos (muchos para nuestra mentalidad occidental, claro). Doy gloria a Dios por ellos.

Pero en el Reino de Dios hay lugar para todos los que son fieles al Señor y desean servirles, y si somos sinceros en nuestro análisis bíblico, en las páginas del Nuevo Testamento vemos pocas familias sirviendo a Dios como tales. Repito, no estoy diciendo que no las haya, sino que el Bendito Espíritu no quiso dejarnos muchos ejemplos de ellas y en cambio nos dejó fuertes ejemplos de personas “solas”, o mejor dicho, de personas que estaban integradas a la nueva familia que Dios estaba formando en la Iglesia naciente.

Hay gente que está sola debido a su vida hipócrita o a sus pecados, pero hay gente que está “sola” en su ministerio debido a cuestiones que tienen más que ver con la actitud incorrecta de sus cónyuges. Inevitablemente todos tenemos pecados y todos damos malos ejemplos, pero está en la disposición del cónyuge perdonar y construir o no. No estoy hablando de situaciones especialmente graves, como infidelidades, violencia o abuso, nada de eso, me estoy refiriendo a otros errores más comunes, propios de todos los seres humanos y a veces a cuestiones del contexto, que escapan a nuestro control.

No será sencillo servir al Señor con un cónyuge que no está comprometido y no creo que “mágicamente”, porque uno esté consagrado al Señor, el otro vaya a cambiar; Dios es fiel, pero finalmente será la decisión de la otra persona. Pero en ninguna parte se nos dice si las esposas de los apóstoles y líderes de la Iglesia primitiva estaban de acuerdo con el ministerio de sus esposos o los acompañaban ministerialmente, ¿por qué deberíamos poner ese peso hoy sobre los hermanos?

Hay otra realidad: hoy la mayoría de las personas vienen de hogares disfuncionales, cuando no deshechos, muchos están solos después de haber fracasado varias veces al intentar construir una relación. ¿Qué mejor que alguien que haya pasado por eso y haya sido restaurado por el Señor para ministrarles? ¿Un “matrimonio feliz” podría ministrarles efectivamente? En parte creo que sí, pero también estoy seguro que en parte sería incapaz de entender correctamente las dificultades y frustraciones que la persona ha pasado. Sabiendo de antemano lo que habría de pasar en el futuro, el Espíritu se cuidó de no dejarnos ejemplos que luego se transformarían en una cara.

Lucas 12:51-53 RVC
51 ¿Creen ustedes que he venido a la tierra para traer paz? Pues les digo que no, sino más bien división.
52 Porque de ahora en adelante una familia de cinco estará dividida en tres contra dos, y en dos contra tres.
53 El padre se enfrentará con el hijo, y el hijo con el padre. La madre estará en contra de la hija, y la hija en contra de la madre. La suegra estará en contra de su nuera, y la nuera en contra de su suegra.»

¡Precisamente Cristo vino a “dividir” a las familias! ¿Habremos de negarles nosotros el ministerio a aquellos que Cristo “dividió”?

Marcos 10:29-30 RVC
29 Jesús respondió: «De cierto les digo: No hay nadie que por causa de mí y del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o tierras,
30 que ahora en este tiempo no reciba, aunque con persecuciones, cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, y en el tiempo venidero la vida eterna.

El Señor vino a establecer una “nueva familia”, y con esto no estoy diciendo que el nuevo convertido puede abandonar alegremente a su cónyuge y juntarse con otro, sino que hay un nuevo conjunto de relaciones familiares que se establece, una nueva red de contención y apoyo, y deberíamos evaluar al futuro líder no tanto por su “familia feliz” sino por su integración en la nueva familia de Cristo.

Dicho esto, es necesario dejar en claro que Dios restaura todas las cosas, y también las familias disfuncionales. No todos los cónyuges finalmente querrán consagrarse a Cristo, y en ese caso:

1 Corintios 7:12-16 RVC
12 A los demás, les digo yo (y no el Señor): Si la esposa de algún hermano no es creyente, pero ella consiente en vivir con él, éste no debe abandonarla.
13 Y si el esposo de alguna hermana no es creyente, pero él consiente en vivir con ella, tampoco ésta debe abandonarlo.
14 Porque el esposo no creyente es santificado en su esposa, y la esposa no creyente es santificada en su esposo. Si así no fuera, los hijos de ustedes serían impuros, mientras que ahora son santos.
15 Pero si el no creyente quiere separarse, que lo haga; en ese caso, el hermano o la hermana no están obligados a mantener esa relación, pues Dios nos llamó a vivir en paz.
16 Porque ¿cómo sabes tú, mujer, si acaso salvarás a tu esposo? ¿O cómo sabes tú, hombre, si acaso salvarás a tu esposa?

Necesitamos mucho amor y sabiduría aquí, pero el resumen de lo que estoy diciendo es que no apliquemos sobre otros ni sobre nosotros mismos reglas que Dios mismo no aplica (pero cumplamos aquellos que sí haya que cumplir), y permitamos que sean manifestados los muchos siervos fieles a los que la vida no les resultó “feliz”, pero que precisamente por ello tienen la capacidad para sanar a muchos. No sea que seamos hallados culpables de abortar esos ministerios.



Danilo Sorti


281. “¿Y yo no habría de tener piedad…?”

Jonás 4:10-11 RVC
10 Y el Señor le dijo: «Tú sientes lástima por la enredadera, por la cual no trabajaste, y a la cual no hiciste crecer; durante una noche creció, y a la noche siguiente dejó de existir.
11 ¿Y yo no habría de tener piedad de Nínive, esa gran ciudad con más de ciento veinte mil habitantes que no saben distinguir cuál es su mano derecha y cuál su mano izquierda, y donde hay muchos animales?»

Jonás fue un profeta realmente honesto; no podríamos saber su historia si él mismo no la hubiera contado, tal como fue, sin disimular su propio pecado, ¡qué bueno que Jonás está en la Biblia! Eso significa que hay esperanza para nosotros, que somos mensajeros impacientes e irascibles…

La historia de la predicación de Jonás es bastante conocida; a veces ha sido juzgado con severidad, pero Nínive era cabeza de un imperio realmente cruel y Jonás, vinculado a funciones de gobierno, estaba muy al tanto de todo lo que le había hecho a su pueblo. Ahora que le llegaba el momento del castigo, cuando finalmente desaparecería como imperio y los israelitas dejarían de sufrir sus atrocidades, ¡a Dios se le ocurre tener misericordia de ellos! ¡No podía ser! ¿Acaso no había visto todo lo que le hizo a la nación de Israel? No, decididamente, Dios veía las cosas como ellos… menos mal, ¿no?

A través de un par de recursos pedagógicos que todos los docentes desearían, rápidamente el Señor trató con su profeta cascarrabias. A veces pienso cuánto tiempo invertimos enseñando para lograr tan pocos cambios de actitud y lo comparo con la efectividad que tuvo el Señor en su “enseñanza” hacia Jonás, es más, ¡no tuvo que decir ni una palabra! Un gran pez, una enredadera, un gusano y el viento se encargaron de todo. Pues bien, Jonás ES UNA PROFECÍA para este tiempo; si bien sus palabras iluminaron el camino de los creyentes a lo largo de siglos, desde que fue escrito, y aún más porque se constituyeron nada menos que en un anuncio de la muerte y resurrección de Cristo, creo que no hay momento en la historia en que su mensaje resulten más necesario y aleccionador como el fin de esta era. ¡Qué bueno! Eso significa que aún hay esperanza para nosotros, mensajeros rebeldes y “chinchudos” (como decimos por acá). Que aliento nos da saber que uno de los profetas más díscolos de la Biblia pudo profetizar el evento más importante de la historia. Y con esto no estoy alabando la actitud de Jonás, simplemente estoy diciendo que la misericordia divina aún alcanza para usarnos a nosotros.

Los sentimientos encontrados que pasó Jonás a lo largo de su misión no son más que un pequeño reflejo de los mismos sentimientos encontrados que el Señor estaba pasando con Nínive: su pecado ya era demasiado y no podía extender más Su misericordia, pero decide tomar una última acción: enviar al profeta con la mayor unción para predicar que tenemos registrado en el Antiguo Testamento. ¿Qué profeta, con un mensaje no mayor de cinco palabras, logra convertir completamente una nación tan pecadora y endurecida? ¡Y sin tener el más mínimo deseo de que eso ocurra! La unción que recibió Jonás creo que no fue dada a otro mortal sobre la tierra, al menos que yo conozca.

Toda esa generación creyó y el castigo fue evitado, pero la generación que siguió no, y el juicio finalmente vino. ¿Qué hubiera pasado si Jonás, además de la increíble unción que recibió, hubiera tenido la voluntad de que Nínive se salvara? Quizás hubiera permanecido hasta el día de hoy.

Esa misericordia de último momento, ese “tiempito más” que Dios le dio a Nínive es lo que está ocurriendo exactamente hoy, sólo que los tiempos son ahora mucho más breves. A medida que las catástrofes naturales se van sucediendo, vemos, con todo, que Dios sigue teniendo misericordia de algunos pueblos y naciones, pero esto no será por mucho. Son las últimas oportunidades, ahora sí, literalmente las últimas. El pecado de esta generación es muy superior al de Nínive, ellos al menos no tenían el conocimiento que nuestra sociedad tuvo de Dios, por lo que no resultaron ser tan culpables, pero la culpa de la gente de hoy ha sobrepasado la de todas las generaciones pasadas.

Con todo, aún sigue habiendo algunas “ventanas” de misericordia, breves, y algunos Jonases que el Espíritu está enviando a predicar, esperemos que con una mejor disposición que su antecesor, pero también con una unción que está por soltarse superior a la de los grandes predicadores del siglo XX y XIX. Estos son los santos que han sido profetizados desde hace tiempo, aquellos que estuvieron literalmente en el vientre del gran pez, en el fondo del mar, es decir, el reino de Leviatán, la tierra de los espíritus malignos que habitan allí, es decir, en lo más profundo del reino de las tinieblas, atrapados por los lazos del Maligno, pero habiendo sido rescatados y transformados. Estos son aquellos con los que Satanás estaba tranquilo y satisfecho porque eran sus siervos preferidos, o al menos, los más inútiles para el Reino de Dios, aquellos que no podían lograr nada bueno para el Señor. A ellos se les revelará el dolor del Corazón del Padre, el conflicto entre Su justicia y Su misericordia, y serán los que recibirán la unción para levantar la última cosecha. El mismo espíritu de ellos continuará en los que sigan predicando durante el tiempo de la tribulación.

Estos vienen y estos ya están aquí, en los mismos tiempos de Jonás, solo que hoy no hay “una” Nínive, sino todo un mundo. A ellos los veremos levantarse pronto, y es probable que tú también estés en la compañía.

¡Oh Señor, cuán grande es Tu misericordia!



Danilo Sorti


280. El Evangelio y la misión de la Iglesia en el tiempo del fin: el “fracaso” de las formas que antes funcionaron y el inicio de un nuevo modelo de Iglesia y mensaje

Lucas 5:37 RVC
37 Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hará que se revienten los odres; entonces el vino se derramará, y los odres se echarán a perder.


En varios artículos intenté analizar qué significa transitar este último tiempo, y si algo es claro es que las cosas han cambiado muy rápido y lo seguirán haciendo. Es un mar muy turbulento, y no es sencillo hacerle frente.

Jesús estaba trayendo un “nuevo vino” y era necesario que Sus seguidores se despojaran de las formas y tradiciones antiguas para recibirlo. No estaba diciendo que anulaba por completo la ley mosaica, ¡al contrario!, pero sí que era necesaria una ACTITUD diferente, y esto lo vemos en los versículos anteriores:

Lucas 5:33-35 RVC
33 Entonces ellos le dijeron: «¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan muchas veces, y hacen oraciones, mientras que los tuyos comen y beben?»
34 Jesús les dijo: «¿Acaso ustedes pueden hacer que ayunen los invitados a una boda, mientras el novio está con ellos?
35 Llegará el día en que el novio ya no estará con ellos. Entonces sí, ese día, ayunarán.»

Juan el bautista vivía todavía en la etapa previa a la llegada del Mesías: tiempo de espera, de arrepentimiento, de profunda búsqueda. ¿Eso estaba mal? No. ¿Era contrario a la Biblia? Tampoco. Pero no era la actitud correcta en ese momento para los que estaban con Jesús: era tiempo de disfrutar y alegrarse, de maravillarse con lo que el Señor estaba haciendo, de absorber todo lo que les era enseñado; no era tiempo de ayuno y lamento, de búsqueda solitaria y de dolor. Por cierto que ese tiempo vendría, y más pronto de lo que hubieran querido, pero no era la actitud que debían tener porque sino se iban a perder lo que tenían que recibir.

Me explico: aprender es una actividad que se realiza mejor en un contexto de alegría, de tranquilidad; es una actividad que requiere mucha concentración precisamente en lo que se está enseñando. Jesús era su Fuente de gozo, de alegría, de todo bien, y ellos necesitaban que eso quedara grabado a fuego en sus corazones porque muy pronto deberían enfrentar enormes dificultades, si dejaban pasar ese tiempo de relativa paz y alegría, el dolor y la angustia de lo que vendría los hubiera avasallado.

Mateo 11:16-19 RVC
16 Pero ¿con qué compararé a esta generación? Se parece a los niños que se sientan en las plazas y les gritan a sus compañeros:
17 “Tocamos la flauta, y ustedes no bailaron; entonamos cantos fúnebres, y ustedes no lloraron.”
18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen que tiene un demonio;
19 luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y lo califican de glotón y borracho, y de ser amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. Pero a la sabiduría la reivindican sus hijos.»

Los religiosos de Su época decididamente no pudieron entender este cambio de tiempo que hubo, y por ello no fueron capaces de recibir ni el mensaje de Juan, cuyo “formato” era adecuado para la situación y expectativa de entonces, ni el de Jesucristo, que introducía lo nuevo. Y porque no pudieron cambiar para adaptarse ni al uno ni al otro:

Mateo 11:20-24 RVC
20 Jesús comenzó entonces a reprender a las ciudades donde había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido. Les decía:
21 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que en cilicio y cubiertas de ceniza ellas habrían mostrado su arrepentimiento.
22 Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Tiro y para Sidón será más tolerable que para ustedes.
23 Y tú, Cafarnaún, que te elevas hasta el cielo, hasta el Hades caerás abatida. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, hasta el día de hoy habría permanecido.
24 Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Sodoma será más tolerable que para ti.»


Avanzando más en la historia, tenemos la iglesia de Jerusalén y las cosas asombrosas que allí ocurrieron: milagros, comunión, eliminación de la pobreza, crecimiento numérico. Con todo, los apóstoles estaban operando en un “formato” relativamente conocido para ellos. Luego el Señor permite la persecución y la Iglesia comienza a extenderse, y allí comienzan los desafíos, al penetrar otras realidades, otros contextos culturales y ser requerida a cambiar. El Espíritu estuvo dispuesto siempre a derramar Su “vino nuevo” adecuado para cada odre, pero esto no fue fácil para los discípulos. Dos mil años de historia no hicieron más que confirmar este principio: adaptarse a una nueva realidad cultural, a un tiempo cambiante, a otra sociedad, a otra presión espiritual, no ha sido fácil para nosotros. Bueno, es algo humano.

Si algo nos ha traído el cambio de siglo han sido cambios demasiado vertiginosos; un grupo de iglesias se “han subido” a la corriente del cambio y rápidamente han modificado su estructura, su teología y su práctica… con el “único” problema de que se metieron en el camino incorrecto, por lo que terminaron gravemente apartadas. Otras iglesias han resistido o han puesto el freno de mano, procurando no perder su esencia bíblica a costa de tornarse bastante inefectivas.

Si algo significó el cambio de siglo es que las fórmulas y métodos que antes funcionaron hoy probablemente no den el mismo resultado, y no porque haya otro Evangelio o los principios hayan cambiado, sino que ha cambiado el enfoque y la aplicación de esos principios. Hermanos, la Biblia es la Palabra Eterna y útil para todos los siglos, pero no todas sus palabras se aplican por igual en los distintos momentos.

El Evangelio es como un diamante de muchas caras, cada una refleja un aspecto de él, y cada sociedad y momento histórico (y aún cada persona como individuo) estará más dispuesta a recibir una de esas facetas. Antes predicábamos un evangelio de la gracia, de la bendición, de la sanidad, y eso no ha cambiado, pero hoy es necesario predicar sobre los juicios de Dios y el arrepentimiento (y antes también lo era…). Antes podíamos enseñar acerca de cómo vivir el resto de la vida para Cristo, construir una familia en Dios, dejar herencia espiritual a nuestros hijos, edificar ministerios que perduren en el tiempo; ¡hoy ya no hay tiempo!, el resto de vida que viviremos aquí serán los pocos años hasta que Cristo venga, nuestra familia debe ser doblemente protegida para que no sea arrastrada por las avalanchas de engaño, y lo que edifiquemos deberá perdurar durante pocos, aunque difíciles, años por venir. Poco sentido tiene ya hablar de inversiones, ahorro, nietos y bisnietos. Y en esto tenemos un grave problema con los predicadores sesentones, que precisamente están pasando por esa etapa y enseñándonos sus aprendizajes de vida que sí tuvieron que ver con ese modelo de predicación, ¡y que debían hacer eso en su tiempo! Ellos, que están en la mejor edad para ser líderes debido a la experiencia acumulada, han vivido una forma de Evangelio que les fue enseñada por sus maestros espirituales, quienes a su vez lo recibieron de los suyos, y así sucesivamente, porque era lo correcto para esos tiempos, ¡pero que no lo es para estos! ¡Señor, dales gracia y sabiduría a todos aquellos que te busquen con sinceridad!

Hoy los juicios de Dios se están manifestando en una magnitud y extensión territorial como nunca antes, ninguna generación anterior ha pasado eso. La Biblia también tiene respuestas, pero es necesario buscarlas.

Hoy, la dureza y el pecado del hombre están llegando a una profundidad como nunca antes, la predicación que antes podía convertir almas hoy resbala como agua por el vidrio. Pero la Biblia también tiene respuestas, es necesario buscarlas.

La maldad humana está llegando a profundidades increíbles, ¿quién podrá resistir siquiera las noticias que nos llegan sin sucumbir emocionalmente o insensibilizarse cauterizando su corazón? Es necesario profundizar en el amor de Dios como no lo hicieron las generaciones anteriores.

Hoy, las manifestaciones diabólicas y la opresión de los espíritus malignos se está extendiendo y profundizando en todo el mundo, en especial sobre países que otrora estuvieron relativamente abiertos. Temo que esto está tomando por sorpresa a muchos cristianos y los está dejando fuera del camino.

Los planes mundiales de Satanás, el advenimiento del Anticristo y el Falso Profeta, la marca de la Bestia, y todo lo que estas cosas significan, están ya en marcha, ocurriendo ante nuestros ojos y siendo leídas en el diario de la mañana. Es imposible no “sucumbir” a eso si no estamos fuertemente afirmados en la esperanza del Nuevo Reino, de la Venida Gloriosa de nuestro Señor, de la victoria final de Cristo.

Los sucesos horribles de la Tribulación permanecieron durante siglos como una oscura y lejana imagen profética, casi sin importancia práctica para la mayoría de los cristianos. Hoy están a la vuelta de la esquina y los creyentes somos confrontados con la posibilidad de ser “dejados atrás” en el arrebatamiento. ¡Pero casi toda la iglesia sigue dormida!, como si eso no fuera a ocurrir, manteniéndose en el estilo de predicación que hubo durante siglos en los que, efectivamente, el arrebatamiento no ocurrió, sin darse cuenta de que “las cosas nunca pasan… hasta que pasan”.

La realidad que se nos viene encima es demasiado abrumadora para la mayoría de los cristianos, líderes históricos inclusive. Pero, tal como ha sido profetizado, Dios se encargó de preparar a Sus especialistas para ESTA HORA, ¡y quizás nunca mejor dicho “hora”! Juan el bautista fue uno de ellos, su ministerio fue breve y muy específico, pero fue el “partero” de una nueva época. Él mismo perteneció a la vieja y podríamos decir que tampoco “cruzó” a la nueva, pero fue el eslabón fundamental. Durante un tiempo breve pero decisivo, la continuidad del plan de Dios dependió de él.

Jesús mismo tuvo un ministerio breve, más largo que el de Juan pero breve si lo comparamos con la mayoría de los apóstoles y el resto de los siervos del Señor a lo largo de los siglos. Breve, pero aún así, el punto de inflexión en la historia de la creación.

Hay muchos ejemplos de estos “ministerios de partera” en la Biblia, breves pero cruciales. Este es el tiempo en que, aquellos que han podido entender estos cambios y permanecer en la fe, normalmente ignorados o despreciados en sus iglesias, más “afuera” que “adentro”, muchos todavía heridos y preguntándose dolorosamente por qué tanto tiempo perdido y tantas experiencias dolorosas, por qué tan pocas oportunidades de servir, por qué fueron tácita o expresamente expulsados de la vida de iglesia; entiendan que fue parte del proceso, que a ellos se les dio el “vino nuevo” para este tiempo, es decir, son los llamados a ayudar a sus hermanos.

De acuerdo, entiendo que el lector se esté riendo en este momento, pero por lo menos puedo tener el “beneficio de la duda”, ¿y si fuera cierto? No podemos negar que es urgentemente necesario otro “formato” de Evangelio, otro enfoque. Tampoco podemos negar que los viejos, o no tan viejos, pero exitosos líderes del modelo anterior difícilmente puedan cambiar con la rapidez requerida (no digo que sea imposible). Entonces, ¿quién queda?

¡Señor, habla a los corazones!


Danilo Sorti


279. El Evangelio y la misión de la Iglesia en el tiempo del fin: el “fracaso” del cristianismo partido y el nacimiento del cristianismo integral

Eclesiastés 4:12 RVC
12 Uno solo puede ser vencido, pero dos presentan resistencia. El cordón de tres hilos no se rompe fácilmente.

Este sabio consejo se nos ha pasado desapercibido durante dos mil años de cristianismo, precisamente porque la Iglesia ha estado dividida en tres líneas teológicas: la línea enfocada en la acción social, las buenas obras y la ecología; la línea enfocada en la Palabra, su estudio y aplicación, y la línea enfocada en las realidades espirituales. Cada una de ellas, según otros ya lo han escrito, se enfoca preferentemente en una de las tres Personas de la Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, en ese orden. Cada una, también, ha discurrido por la historia y hasta el presente de manera más o menos separada, casi incapaz de reconocer las cosas buenas del otro y decididamente sin incorporar nada de lo que le haya sido revelado. Cada una ha tenido sus “errores favoritos” y cada una ha “fracasado” en hacer la obra integral. Pero cada una ha recibido una parte de la revelación total de Dios. Lo que expongo en este artículo está basado en lo que sabiamente escribió sobre el tema Christian Shwarz, y recomiendo que sea leído.

Todos los cristianos nos ubicamos en alguna de ellas. Yo nací en una iglesia de la línea “bíblica”, es decir, enfocada en la Palabra, y aunque he cambiado mucho desde aquel entonces, es fácil darse cuenta de que esa es la orientación del Evangelio a la que sigo perteneciendo, y no creo que eso esté mal. Sin embargo, el Espíritu ha trabajado mucho (y lo sigue haciendo…) conmigo para llevarme a un equilibrio con las otras dos corrientes, por lo que a pesar de que sigo estando “ubicado” en una, creo que he podido avanzar mucho hacia una comprensión integral de la revelación. Todavía me falta, sé que seguiré aprendiendo y creciendo por el resto de la eternidad. Pero mientras tanto, antes de que venga el fin y durante el poco tiempo que nos queda para completar la obra, entiendo que se nos hace imperioso resolver esta triple división del cristianismo para llegar a la Iglesia santa digna del Novio.

Probablemente esta cuestión de las tres líneas del cristianismo suene extraño para la mayoría de los lectores porque normalmente nacemos en la fe en una de ellas y allí permanecemos, sin demasiado contacto con la otra, o incluso viéndola con sospecha y recelo. También es cierto que dentro de cada una de ella encontramos hoy iglesias (¿muchas?) que han caído en grandes excesos de tal forma que el Espíritu Santo se apartó de ellas (su candelero fue quitado); y estos son los aspectos que las iglesias de las otras líneas enfatizan para mantenerse en su posición.

Las iglesias preocupadas por la dimensión social y de la creación en su conjunto han terminado cayendo en el humanismo sin Dios, carentes de Biblia y de poder, siendo poco más que un club social con muy buenas intenciones y aplaudiendo las nuevas herejías que se ponen de moda. Las iglesias preocupadas por la dimensión espiritual y de poder se fueron hacia un show de manipulación humana, cuando no literalmente se aliaron con otros espíritus que efectivamente manifiestan su “poder”. Las iglesias preocupadas por la Palabra fácilmente profundizaron en sus estudios y enseñanzas, pero temerosas del genuino poder del Espíritu y del involucramiento social.

Por supuesto, aquí estoy simplificando casos más extremos, pero que lamentablemente son comunes. Las iglesias que han caído en esa categoría ya están apartadas de la verdadera gracia. Otras están siendo empujadas hacia alguna de esas líneas, sin la capacidad de resistir adecuadamente porque los ejemplos que tienen de las otras líneas no son buenos, no tienen en la práctica un modelo de equilibrio.

De nuevo, esto también es una simplificación, porque además de las tres líneas principales, existen muchas variantes dentro de cada una de ellas que puede ser exagerada hasta llegar a la apostasía.

Es necesario reconocer que, en su “ideal”, cada una de estas tres líneas fracasó: fracasó el evangelio de la transformación social porque en realidad depende de la voluntad de la sociedad, y está claro que la mayoría de los hombres no quieren saber nada ni con Dios ni con sus principios. Fracasó el evangelio del “estudio bíblico” porque el conocimiento sin poder y sin compromiso sólo sirve de nido para los espíritus de religiosidad y autojusticia. Fracasó el “evangelio de poder” porque sin palabra y sin dirección pronto se transforma en brujería y satanismo disfrazado, y sin compromiso social lo único que genera es egoísmo.

Pero decir “fracasó” no es una mera categoría teológica, es decir que todos aquellos que de alguna manera nos “aferramos” a una de esas líneas también fracasamos. No fracasa una formulación teológica, ¡fracasa la gente que la sigue!

Pero Dios ha dado a cada una de esas líneas una parte de Su revelación, y lo que se nos da es para compartir, y a su vez, el hecho de “tener algo” implica que “no tenemos todo”, por lo que compartir a otro lo que recibí necesariamente implica estar abierto a recibir lo que el otro tiene para darme. No creo que esto sea posible ya en las iglesias que claramente se han desviado, pero sí lo es en aquellas que todavía no, pero que si se mantienen cerradas en su posición muy pronto serán empujadas hacia alguno de los extremos.

¿Cambia la iglesia o cambio yo? En el pueblo de Dios son los líderes quienes tienen una responsabilidad mayor, sin embargo no estamos bajo el Antiguo Pacto y ahora todos somos hechos reyes y sacerdotes, y esto no es una posición de privilegio y autoridad, sino de responsabilidad; a todos se nos llama a buscar diligentemente al Señor y aplicar Sus verdades. No podemos escudarnos detrás de lo que el pastor dijo o dejó de decir, él dará cuentas a Dios de sí, pero nosotros somos responsables por nuestra propia vida, porque ya hay UNO que es nuestro Pastor y Guía, por encima de cualquier autoridad humana que el Señor haya puesto.

Hermanos, no estoy diciendo que necesariamente todas las iglesias deberán estar ubicadas en un punto central de estas tres corrientes, no sé si realmente será posible para muchas de ellas, en vista del poco tiempo que nos queda. Pero nosotros, los que podemos leer y entender esto, aquellos que por la gracia de Dios tenemos la posibilidad de disponer de tiempo y recursos para buscarlo con libertad, creo que deberíamos esforzarnos en hacerlo. No creo que debamos cambiar nuestros puntos fuertes porque en esencia vienen de Dios mismo, pero sí equilibrar nuestros excesos en el entendimiento y práctica de la revelación.

¡Señor, líbranos del miedo a conocer y vivir otras dimensiones de Tu Revelación!


Danilo Sorti