miércoles, 8 de noviembre de 2017

307. Sí pero no, ¿por qué Dios nos manda avanzar en situaciones que luego debemos abandonar?

Génesis 22:10-12 RVC
10 Entonces extendió Abrahán su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
11 Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo, y le dijo: «¡Abrahán, Abrahán!» Y él respondió: «¡Aquí estoy!»
12 Y el ángel dijo: «No extiendas tu mano sobre el niño, ni le hagas nada. Yo sé bien que temes a Dios, pues no me has negado a tu único hijo.»

Realmente habían sido días muy difíciles para Abraham. Luego de esperar por 25 años, por fin recibió el cumplimiento de la promesa, y al tiempo ¡Dios le pide que sacrifique a su hijo! Resulta difícil imaginar todo lo que pasó por la mente del patriarca, pero haya sido lo que haya sido, él esperaba volver con Isaac:

Génesis 22:5 RVC
5 Entonces Abrahán dijo a sus siervos: «Esperen aquí, con el asno, y el niño y yo iremos hasta ese lugar; allí adoraremos, y luego volveremos aquí mismo.»

De todas formas, Abraham se había preparado para un sacrificio, y en su mente ya tenía “toda la película” hecha. ¿Cómo es que Dios “cambió” de planes?

Esta escena resulta muy lejana para nosotros, no solo en el tiempo sino también en la cultura; una época en la que los sacrificios humanos resultaban comunes, algo totalmente ajeno al plan de Dios revelado a partir de Moisés. Y por eso nos parece que la motivación y el accionar de Dios aquí resultan ajenos al resto de la Biblia. ¿Puede Dios darnos una orden clara para después “retractarse”?

No encuentro en la Biblia una situación que sea igual, pero en unos versículos más atrás se nos aclara el contexto en el que ocurre:

Génesis 22:1 RVC
1 Después de esto, sucedió que Dios puso a prueba a Abrahán, y lo llamó: «¡Abrahán!» Y él respondió: «¡Aquí estoy!»

Supongo que Abraham no pudo discernir claramente que se trataba de una prueba o al menos de qué tipo de prueba era, pero por la inspiración del Espíritu finalmente se comprendió. Por lo tanto, este episodio que puede parecer aislado y sin aplicación para nosotros (¡y de verdad que muchos querríamos que así fuese!) se “engancha” en un principio mucho mayor de Dios que es la dinámica de la prueba.

Ahora bien, normalmente estamos acostumbrados a considerar a la prueba como equivalente a “tentación”, es decir, decimos que somos probados cuando estamos siendo tentados a pecar. Y en cierto sentido es correcto, al menos superficialmente, pero en el fondo no. La tentación es algo bien definido y en este siglo en extremo pecador creo que no hace falta explicar mucho en qué consiste y cuáles son sus múltiples caras y estrategias. Santiago nos aclara este punto:

Santiago 1:12-16 RVC
12 Dichoso el que hace frente a la tentación; porque, pasada la prueba, se hace acreedor a la corona de vida, la cual Dios ha prometido dar a quienes lo aman.
13 Cuando alguien sea tentado, no diga que ha sido tentado por Dios, porque Dios no tienta a nadie, ni tampoco el mal puede tentar a Dios.
14 Al contrario, cada uno es tentado cuando se deja llevar y seducir por sus propios malos deseos.
15 El fruto de estos malos deseos, una vez concebidos, es el pecado; y el fruto del pecado, una vez cometido, es la muerte.
16 Queridos hermanos míos, no se equivoquen.

Sí es cierto que la tentación TAMBIÉN tiene que ser permitida por Dios porque nada escapa a Su autoridad, y en ese sentido podemos decir que es también una prueba, no porque venga de Dios sino porque es permitida por Él. Pero la “prueba” propiamente dicha es algo diferente. O si lo preferimos, podemos decir que hay dos “niveles” de prueba, uno que consiste en la tentación de nuestros malos deseos, y el otro, en decidir por lo “mejor” en vez de lo “bueno”.

Abraham podía no sacrificar a Isaac. Tengamos en cuenta que en aquel entonces Dios todavía podía ser, en la mente de Abraham, “uno entre varios” dioses a los cuales podía servir. Es más, ¿en qué consiste la fe de Abraham y su fidelidad tan grande como para haber sido constituido el Padre de la Fe, y el antecesor de Israel, nación de la cual vendría el Mesías, y el pueblo que hoy llamamos Musulmán, que recibió promesas a través de Ismael que ningún otro pueblo recibió? Es muy “fácil” creer en un Dios “estruendoso y temible”, que se manifiesta a través de terremotos, tormentas y cataclismos (aunque en los juicios que vendrán en breve ni aún así creerá la mayoría); pero ¿en uno entre tantos otros, que también hablaban y se manifestaban, y hacían señales y milagros?

Abraham creyó antes de que Dios hiciera caer fuego del cielo, pero no vemos que haya hecho muchas otras cosas espectaculares, o al menos, demasiado espectaculares, en la vida de Abraham. Sí hizo cosas, pero, recordemos, había otros muchos “dioses” que también hacían señales. Abraham creyó en Dios porque AMÓ a Dios, primero y antes que nada, por lo que Dios es, por cómo se manifestó a él y no por su poder o su “espectacularidad”. Exactamente lo mismo que vino a hacer Jesucristo a esta tierra: “uno más”, como nosotros, con señales, sí, pero sin estruendos ni terribles juicios. Y nosotros creímos en Él en realidad porque le amamos al haber aceptado primero Su amor.

¿Cuál era el nivel de su amor? O, mejor dicho, ¿cuánto más podría crecer el amor de Abraham? Había cometido unos cuantos errores en su vida, ¿realmente se consideraba a sí mismo tal como Dios lo estaba viendo en ese momento? Sinceramente, ¿podía Abraham tener la imagen adecuada de sí luego de las macanas que se mandó? La prueba a la que el Señor lo lleva no le iba a dar a Dios una información que Él ya no tuviera, sino que permitiría a Abraham crecer en su fe y reconocer lo que el Espíritu había hecho en él durante ese tiempo.

Bueno, pero en resumen, la prueba no era una tentación para Abraham entre hacer lo bueno o lo malo, sino entre hacer lo “bueno”: mantener a Isaac con vida, y lo “mejor”: obedecer a Dios; en los términos que una persona de ese tiempo y esa cultura podía entender. La prueba consistió en una orden que contradecía lo que humanamente era bueno, que implicaba abandonar algo que genuinamente había sido dado por Dios, incluso que podía implicar violar una ley, pero todo eso en función de una Ley mayor, suprema. La prueba era, y sigue siendo, una especie de “sí pero no” de Dios.

Aunque no lo parezca, Pablo vivió lo mismo:

1 Corintios 9:4-12 RVC
4 ¿Acaso nosotros no tenemos derecho a comer y beber?
5 ¿Y acaso no tenemos derecho a traer con nosotros una esposa creyente, como lo hacen los otros apóstoles, y Cefas y los hermanos del Señor?
6 ¿O es que sólo Bernabé y yo estamos obligados a trabajar?
7 ¿Qué soldado presta servicio a expensas de sus propios recursos? ¿Quién planta una viña y no come de sus uvas? ¿O quién pastorea el rebaño y no bebe de la leche que ordeña?
8 Esto lo digo, no sólo de acuerdo con el punto de vista humano, sino también de acuerdo con la ley.
9 Porque en la ley de Moisés está escrito: «No pondrás bozal al buey que trilla». ¿Quiere decir esto que Dios se preocupa de los bueyes,
10 o más bien lo dice por todos nosotros? En realidad, esto se escribió por nosotros; porque tanto el que ara como el que trilla deben hacerlo con la esperanza de recibir su parte de la cosecha.
11 Si nosotros sembramos entre ustedes lo espiritual, ¿será mucho pedir que cosechemos de ustedes lo material?
12 Si otros participan de este derecho sobre ustedes, ¡con mayor razón nosotros! Sin embargo, no hemos hecho uso de este derecho, sino que lo toleramos todo, a fin de no presentar ningún obstáculo al evangelio de Cristo.

Pablo está citando dos mandamientos de Dios: tener una esposa, que viene desde el principio de Génesis, y ser sostenido en el ministerio, prefigurado con Melquisedec y firmemente establecido en la Ley Mosaica. No estaba hablando de algo opcional, eran mandatos y así quedaron afirmados también en el Nuevo Testamento.

No cuesta mucho imaginar que a lo largo de su ministerio, Pablo se encontró con hermanas fieles y consagradas, que muy bien hubieran podido acompañarlo y serle de gran ayuda. Tampoco cuesta imaginar que se haya encontrado con hermanos e iglesias con recursos económicos suficientes como para mantenerlo (y así ocurrió a veces). Pablo mandó expresamente que los líderes de las iglesias fueran casados y que sus congregaciones los mantuvieran económicamente. No tuvo una “voz” que le dijera que podía casarse y ser sostenido, pero no era necesario, el mandato ya estaba, el “sí” de Dios ya había sido dado, no era necesario “preguntar de nuevo”.

Pero había un llamado mejor, por lo cual el Espíritu llevó a Pablo a renunciar a todo eso. Esa fue su prueba, dejar lo bueno por algo superior. Sobre eso había hablado un par de capítulos antes:

1 Corintios 7:29-31 RVC
29 Pero quiero decirles, hermanos, que el tiempo se acorta; por lo tanto, el que tiene esposa debe vivir como si no la tuviera;
30 el que llora, como si no llorara; el que se alegra, como si no se alegrara; el que compra, como si no tuviera nada;
31 y el que disfruta de este mundo, como si no lo disfrutara; porque el mundo que conocemos está por desaparecer.

“Sí pero no”, la esencia de la prueba. La iglesia estaba por entrar en más de dos siglos de persecución, y la obra era urgente porque en breve ya no podrían trabajar con libertad. Pablo podía formar una familia y de hecho muchos apóstoles y líderes lo habían hecho, pero eso retrasaría su ministerio, y sabía que el tiempo que tenía era también breve y la obra, enorme. Dejó lo bueno por algo mejor. Pero, ¿acaso Jesucristo no pasó lo mismo?

Mateo 26:53-54 RVC
53 ¿No te parece que yo puedo orar a mi Padre, y que él puede mandarme ahora mismo más de doce legiones de ángeles?
54 Pero entonces ¿cómo se cumplirían las Escrituras? Porque es necesario que así suceda.»

Jesucristo tenía toda la autoridad para reclamar esas legiones de ángeles, que podrían ser entre 72.000 y 75.600. Podía hacerlo, le correspondía, era suyo por derecho propio. Pero un rato antes el Padre ya había hablado con Él:

Mateo 26:42 RVC
42 Otra vez fue y oró por segunda vez, y dijo: «Padre mío, si esta copa no puede pasar de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.»

Él no quería morir y así oró, pero el Padre no respondió afirmativamente esa oración (de paso, ¿por qué siempre queremos que Dios nos de todo lo que le pedimos?). Era su prueba:

Lucas 12:50 DHH
50 Tengo que pasar por una terrible prueba, y ¡cómo sufro hasta que se lleve a cabo!

Lo bueno dejado de lado por lo mejor. El “mandato” divino que es reemplazado por otro superior: el sacrificio que debía hacer Abraham reemplazado por la misericordia, la familia y provisión que debía recibir Pablo reemplazada por una familia de millones en todas las naciones, una vida terrenal de bendiciones por el reinado eterno sobre todo el Universo que recibió Cristo, y la salvación de los hombres y mujeres. ¿Y nosotros?

¿Cuál es nuestro “sí pero no”? ¿Qué es aquello que el Señor nos “dio”, o al menos permitió que tuviéramos, que lo viéramos, que nos acercáramos y lo disfrutáramos en alguna medida… para después decirnos que lo dejemos?

A veces le estamos atribuyendo a Dios algo que en realidad es “nuestro”:

2 Crónicas 32:31 RVC
31 Pero en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

Dios no le dijo a Ezequías qué hacer con los mensajeros de Babilonia, tampoco vemos que él haya buscado insistentemente al Señor en ese sentido. También pasa eso con nosotros. El Señor permite que algo bueno esté “ahí”, al alcance, no es ningún pecado, otros lo han hecho y fueron bendecidos, Dios mismo les dio instrucciones a esos otros para que así lo hagan. Siempre podemos encontrar justificativos para hacer “lo bueno” en vez de “lo mejor”, siempre podemos encontrar palabras proféticas, señales y versículos bíblicos… y mientras estamos en el proceso parece que Dios “nos dejó”, que no nos está hablando, ¡y así es! Nos está probando.

Duele renunciar a las cosas, duele más cuando son buenas y genuinas en sí mismas, incluso cuando hemos tenido alguna “insinuación divina” de que eso era para nosotros. Pero en eso consiste la prueba, y no esperemos tener una idea clara de lo que vendrá después; Abraham no podía tenerla, Pablo tampoco, y ninguno de los que fue probados, excepto sólo Uno. Y ese ejemplo nos basta para saber que, atravesando la prueba, eligiendo lo mejor en vez de lo bueno, algo mucho mayor se abrirá en el futuro, quizás no en nuestro “disfrute terrenal”, pero sin dudas sí en fruto eterno.

La prueba, que no es lo mismo que la tentación, no puede ser resulta en términos de “esto es pecado y esto no lo es”, sólo puede ser resuelta en términos de “esto es bueno pero esto es mejor”. Así debemos analizarla, y así debemos orar, ¡y eso Dios va a responder! Hermanos, así como nadie está exento de tentaciones, nadie está exento de pruebas.

¡Oh Señor! ¡Cuánta sabiduría necesitamos!


Danilo Sorti


306. Dado que queda poco tiempo…

1 Corintios 7:29-31 RVC
29 Pero quiero decirles, hermanos, que el tiempo se acorta; por lo tanto, el que tiene esposa debe vivir como si no la tuviera;
30 el que llora, como si no llorara; el que se alegra, como si no se alegrara; el que compra, como si no tuviera nada;
31 y el que disfruta de este mundo, como si no lo disfrutara; porque el mundo que conocemos está por desaparecer.

El capítulo 7 de I Corintios es una sección muy práctica sobre cómo vivir la vida cristiana en un contexto especial. Una lectura superficial podría dejarnos confundidos, porque a veces parece que Pablo se desdice, o que pone mandamientos que en realidad no lo son, pero cuando avanzamos en el capítulo entendemos cuál es el espíritu del mensaje: queda poco tiempo, por lo que aquellas cosas que no son malas en sí mismas, o que bien podrían ser hechas en otro contexto, no son convenientes ahora.

Pablo está tratando el tema del matrimonio y parece que les recomienda a los hermanos que no se casen, en clara contraposición con la Palabra del Padre: «No está bien que el hombre esté solo; le haré una ayuda a su medida.» Pero Pablo estaba viendo lo que en breve vendría sobre la iglesia, sobre el “mundo” conocido, el “sistema de cosas” en el que ellos vivían.

Ellos tenían la expectativa del retorno de Jesucristo y sabían de los juicios que ocurrirían antes; eso no pasó todavía pero esa iglesia, que estaba disfrutando de una relativa paz y seguridad, muy pronto enfrentaría más de dos siglos de persecución, y era necesario que el Mensaje de Salvación corriera lo más rápido posible por todo el imperio romano, antes de que la predicación resultara muy difícil. En ESE CONTEXTO había que pensarlo muy bien antes de contraer matrimonio o comprometerse con algo.

A lo largo de los siglos esta recomendación se ha aplicado en diversas situaciones y diversos lugares; también ha sido mal aplicada otras tantas veces, impidiendo a los cristianos desarrollar su vida normal. Estas palabras no constituyen una “doctrina vertebral” de la fe cristiana, pero tampoco deben ser pasadas por alto. Son algo así como un “paquete de emergencia”, como las instrucciones que vemos en negocios o surtidores de combustible para cuando ocurre algún accidente o incendio. No se supone que todos los días deban efectuarse los roles indicados allí, pero hay un momento en que sí.

Estas recomendaciones de Pablo no son para “tiempos normales”, pero dado que estamos transitando los últimos años de este mundo tal como lo conocemos, ¡estos no son tiempos normales!

1 Corintios 7:26-28 RVC
26 Soy del parecer de que, ante la situación apremiante, es mejor que cada uno se quede como está.
27 ¿Estás casado? No trates de separarte. ¿Eres soltero? No busques casarte.
28 Aunque, si te casas, no pecas; y si alguna joven soltera se casa, tampoco peca. Sin embargo, los que se casan tendrán que enfrentar sufrimientos, y yo quisiera evitárselos.

Pablo está diciendo: “¡Cuidado antes de tomar un compromiso! Vienen tiempos especialmente difíciles.” Pablo no está diciendo que NO DEBAMOS tomar compromisos, ni casarnos o tener hijos, o incluso iniciar proyectos nuevos, pero deberíamos tener una muy clara dirección de Dios para hacerlo. Y es probable que haya una IGUALMENTE CLARA dirección divina que nos diga que NO lo hagamos.

Desde hace unas cuantas décadas a esta parte ha habido una fuerte corriente dentro de la Iglesia para empezar nuevos proyectos, tomar desafíos en el nombre del Señor, progresar y ser de testimonio en todos los ámbitos de la sociedad, y yo digo un fuerte ¡AMÉN! a todo eso. Pero tampoco eso es una verdad absoluta. Sin duda que el Espíritu nos lo ha indicado a muchos de nosotros en años pasados, pero no debemos suponer que necesariamente seguirá siendo igual en los próximos años.

Hermanos, quiero dejar en claro esto: puede haber muchas actividades que son válidas y legítimas en sí mismas, incluso cosas que hemos hecho en el pasado conforme a la expresa voluntad divina, cosas sobre las cuales incluso tuvimos palabras proféticas que nos guiaron. Pero no debemos suponer que será exactamente así en este tiempo.

Y más allá de los proyectos que empecemos o no, de aquellas cosas que continuemos o seamos llamados a finalizar, no debemos vivir apegados a lo que ahora disfrutamos, “el que disfruta de este mundo, como si no lo disfrutara; porque el mundo que conocemos está por desaparecer”. Probablemente se nos hayan dado cosas buenas en este tiempo para disfrutar, pero eso pronto terminará en los tiempos de dificultades que vendrán antes del arrebatamiento. Si nuestra vida está puesta en esas cosas o actividades, por más buenas y legítimas que sean, inevitablemente tropezaremos, quedaremos confundidos y protestando contra Dios y los hermanos, y probablemente el rapto se nos “pase de largo”… y yo no querría quedarme.

Los últimos tiempos verán la última gran cosecha, los trabajadores preparados para ella no pueden estar llorisqueando por las cosas que perdieron o que ya no pueden conseguir, ni siquiera por lo familiares que hayan partido, pero si viven apegados a ellos hoy, ¿cómo podrán hacerlo?

Gálatas 2:20 RVC
20 Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Si es verdad que estamos muertos con Cristo, también debemos estar “despojados” de lo que en esta vida tenemos, para que cuando falte podamos seguir adelante en el último tramo. Hermanos, nadie dice que sea fácil, ¡seguimos siendo seres humanos imperfectos! ¡Señor, danos la gracia para poner la vista en los tesoros del Reino Venidero!


Danilo Sorti


305. Jeremías 1: el poder para comunicar el mensaje profético

Jeremías 1:17-19 RVC
17 Pero tú, prepárate; disponte ya a decirles todo lo que yo te mande. No temas delante de ellos, pues de lo contrario, delante de ellos te quebrantaré.
18 Date cuenta de que hoy te he puesto contra toda esta tierra como una ciudad fortificada; te he puesto como columna de hierro contra los reyes de Judá; como un muro de bronce, contra sus príncipes y sacerdotes y contra el pueblo de la tierra.
19 Ellos pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque yo, el Señor, te aseguro que estoy contigo y te pondré a salvo.»

Más de una vez Jeremías pensó que Dios simplemente le había “endulzado el oído” cuando lo llamó y le dio estas palabras. Rechazado y vilipendiado, con gente complotada en contra, escondido sin poder salir, aprisionado en el cepo, arrojado a una cisterna lodosa, encarcelado en el patio de la guardia, con gente muriendo de hambre y de enfermedades por todos lados, en medio de una ciudad que estaba siendo conquistada por sanguinarios guerreros, llevado a Egipto contra la voluntad del Señor… ¿EN SERIO el Señor estaba con Él?

Sorprende el mandato divino: “no temas delante de ellos (sino) te quebrantaré”. ¡Uno solo contra una multitud literalmente endemoniada! En varias partes del libro, más exactamente en la primera mitad, Jeremías tuvo que luchar contra este agudo (y muy bien justificado) sentimiento de: “¡Ay de mí! ¡Pobrecito de mí!”

Nuestro siglo se caracteriza, entre tantos otros pecados, por la autoconmiseración, de tal forma que prácticamente nadie está libre de ella. Bueno, seamos sinceros, es parte de la naturaleza humana caída, porque es una parte fundamental de la esencia satánica. Aunque resulte sorprendente, así es; en nuestra autocompasión uno puede escuchar el eco de aquel reclamo “¡Ay de mí! ¿Por qué Dios no me ha puesto como Rey de la Creación?” Pero este es un tema más largo de charlar.

El sistema económico mundial actual sólo puede funcionar de la mano del consumismo (que no es lo mismo que comprar lo necesario para vivir dignamente), y para eso debe crear y recrear las necesidades, y una forma de hacerlo es lograr implantar en la mente de las personas este pensamiento: “¡Pobre de mí! Me faltan tantas cosas para ser feliz…. NECESITO comprar esto.” Algo parecido aprovecha el evangelio de la prosperidad, implantando la misma idea pero con un barniz bíblico. En el fondo, este pensamiento que es muy humano es la misma raíz de la caída de Satanás.

Lo cierto es que esta fortaleza mental de autocompasión está por demás de extendida no solo en el mundo sino entre los cristianos, en la predicación e incluso en la teología. Pero eso no tiene nada que ver con la forma en que Dios piensa de nosotros. Una de las principales razones del fracaso en la vida cristiana y de los traumas que duran años y décadas es precisamente este pensamiento. “¿Por qué a mí?” va unido a la idea de que “¡Yo merezco vivir bien y sin problemas!”. Pero el hecho teológico, es que NO LO MEREZCO, es más, no merezco nada bueno de lo que me pasa en este mundo: no merezco estar vivo, no merezco tener una casa o amigos, disfrutar de alimentos o tener ropa, poder descansar en una cama o tener un trabajo agradable. No merezco estar sano, ni poder hacer uso adecuado de mis facultades. No merezco tener libertad para creer ni poder testificar de Cristo sin ser perseguido. No merezco nada de eso, y si tengo algo o todo, en menor o mayor medida, es sólo por Su gracia y en un propósito. Pero tampoco merezco ESA DIMENSIÓN de Su gracia, y Él puede dárselas a algunos y no a otros, porque así le place en Su perfecta voluntad en función de un plan mayor.

Sólo cuando entiendo esto es que puede llegar la sanidad interior a todas mis heridas más profundas, y sólo cuando entiendo esto es que puedo ser comisionado como Jeremías… y el hecho es que en este tiempo Dios NECESITA comisionar a muchos Jeremías para que completen Su obra.

Pero lo maravilloso de este llamado es que, habiendo descendido a lo más profundo de la humillación que consiste en reconocer que no merezco nada y que por lo tanto Dios tiene todo el derecho a pedirme que atraviese sufrimientos o incluso muera, recibimos una promesa de protección asombrosa: “Date cuenta de que hoy te he puesto contra toda esta tierra como una ciudad fortificada; te he puesto como columna de hierro contra los reyes de Judá; como un muro de bronce, contra sus príncipes y sacerdotes y contra el pueblo de la tierra. Ellos pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque yo, el Señor, te aseguro que estoy contigo y te pondré a salvo.”

Al principio hice una síntesis de las principales dificultades que tuvo que pasar Jeremías; pero Dios lo libró de todas ellas; no pudieron destruirlo, más de una vez estaban ya sus enemigos por cantar victoria; pero uno a uno se fueron cumpliendo los anuncios de Jeremías, y uno a uno sus enemigos terminaron avergonzados. Jeremías tuvo que pasar por todos esos sufrimientos para dejarnos un ejemplo y un testimonio a los que vendríamos después, de tal forma que Pablo pudo decir:

Romanos 8:35-39 RVC
35 ¿Qué podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada?
36 Como está escrito: «Por causa de ti siempre nos llevan a la muerte, Somos contados como ovejas de matadero.»
37 Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor.

Jeremías no se “llamó a sí mismo”, Dios lo llamó, lo comisionó y lo protegió. Es una necedad pretender asumir promesas que Dios no nos ha dado. Pero si somos llamados, sabremos que tendremos la protección divina EN MEDIO de los juicios previos por los que nos toca vivir.

Y algo más, un solo hombre comisionado por Dios fue suficiente como para que una ciudad populosa y en extremo rebelde fuera sacudida; ¿qué no podrán hacer un puñado de hombres y mujeres fieles hoy en la Tierra? ¡Y cuánto mejor si en vez de ser sólo un puñado son más! ¿Estarás dispuesto a recibir el llamado?



Danilo Sorti


304. Él viene en breve… ¿podemos decirlo?

Juan 1:29-31 RVC
29 El siguiente día Juan vio que Jesús venía hacia él, y dijo: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 Él es de quien yo dije: “Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.”
31 Yo no lo conocía; pero vine bautizando con agua para esto: para que él fuera manifestado a Israel.»

La esperanza de un Mesías había estado viva en Israel desde hacía tiempo. “El Mesías viene”, era la expectativa del pueblo y el temor de los dueños del poder. De hecho, lo “último” que Dios había dicho antes de “callarse” durante 400 años fue:

Malaquías 4:5-6 RVC
5 »Tomen en cuenta que, antes de que llegue el día grande y terrible del Señor, yo les enviaré al profeta Elías.
6 Y él hará que el corazón de los padres se vuelva hacia los hijos, y que el corazón de los hijos se vuelva hacia los padres, para que yo no venga a destruir la tierra por completo.»

El “día del Señor” era el día de la manifestación del Señor; era propiamente dicho Su Venida. Inmediatamente antes de él, vendría Elías; y ellos estaban esperando esa señal, como la última antes de la venida del Mesías.

Elías llegó y no lo reconocieron, como tampoco a Su Señor; no era lo que ellos esperaban y no pudieron aceptar nada distinto a lo que ellos estaban convencidos que vendría… quizás no muy diferente a los cristianos de hoy en día; no terminamos de entender que lo que Dios va a hacer es lo que Él determinó y no necesariamente lo que nosotros quisiéramos o no enseñaron que ocurriría.

Extraña fue la forma de “terminar” de hablar de Dios: fue una advertencia de juicio que tenía mucho más que ver con la dimensión política que con la espiritual, al igual que Elías en su ministerio… precisamente lo que está a punto de ocurrir sobre la tierra.

Tradicionalmente hemos interpretado este pasaje en relación con Juan el Bautista y es correcto, pero en realidad no se agota allí, porque la última frase no tenía tanto que ver con esos tiempos, aunque ocurrió destrucción sobre Israel, sino más bien con estos; y de ahí que tenemos un paralelismo entre los tiempos inmediatamente anteriores a la primer venida de Cristo y estos.

Juan el Bautista sabía que el Mesías venía:

Mateo 3:1-3 RVC
1 En aquellos días Juan el Bautista se presentó predicando en el desierto de Judea,
2 y decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado.
3 Éste es aquel de quien el profeta Isaías dijo: »“Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor; enderecen sus sendas.”»

Pero no sabía exactamente cuándo, ni tampoco quién exactamente era. Sí sabía que vendría en el lapso de su ministerio, que fue muy breve por cierto.

El mismo ministerio de Elías Dios lo ha soltado hoy sobre la Tierra. No pudieron reconocer a Elías a través de Juan el Bautista, como tampoco los religiosos de hoy pueden reconocer al mismo Espíritu de Elías; pero eso no detiene la obra ni los planes del Señor. Así como Juan pudo decir en su tiempo que la venida del Mesías era inminente, aunque no supiera exactamente ni el día ni las circunstancias en que ocurriría, el mismo Espíritu que inspira a los mensajeros hoy puede perfectamente decir lo mismo.

Durante mucho tiempo la venida de Cristo fue algo lejano en el futuro, esperado pero lejano. De la misma forma, durante mucho tiempo en Israel la venida del Mesías fue algo esperado pero lejano. Sin embargo, cuando apareció Juan con el Espíritu de Elías, la venida era ya inminente. De la misma forma, al tiempo que el Espíritu de Elías comenzó a manifestarse con claridad en nuestros tiempos, la venida se nos hace también inminente. Y las palabras de Malaquías (nombre que sugestivamente significa “Mi mensajero”) solo tuvieron un cumplimiento parcial en los tiempos de Jesús: como la nación de Israel no aceptó al Mesías enviado, vino la destrucción y la pérdida del territorio durante casi 1900 años. Pero eso solo fue una pequeña muestra de lo que está por acontecer.

Dos mil años después, no ya una nación sino todas las naciones del mundo han completado su rechazo, el Mesías está por venir nuevamente, y una destrucción mundial sin precedentes está por acontecer.

Mientras tanto, antes de que llegue el día, es necesario que nosotros también anunciemos: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado”.


Danilo Sorti


jueves, 26 de octubre de 2017

303. ¿Es más espiritual usar palabras hebreas?

Hechos 21:37-40 RVC
37 Cuando estaban por meter a Pablo en la fortaleza, éste le dijo al tribuno: «¿Me permites decirte algo?» Y el tribuno respondió: «¿Sabes griego?
38 ¿Acaso no eres tú aquel egipcio sedicioso, que hace poco se sublevó y llevó al desierto a cuatro mil sicarios?»
39 Pablo le dijo: «No. Soy judío, y nací en Tarso de Cilicia, que no es una ciudad insignificante. Te ruego que me permitas hablar al pueblo.»
40 El tribuno se lo permitió. Entonces Pablo, de pie en las gradas, hizo una señal con la mano al pueblo, para que se callaran. En cuanto hubo silencio, les dijo en arameo:

1 Corintios 9:20-22 RVC
20 Entre los judíos me comporto como judío, para ganar a los judíos; y, aunque no estoy sujeto a la ley, entre los que están sujetos a la ley me comporto como si estuviera sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley.
21 Entre los que no tienen ley, me comporto como si no tuviera ley, para ganar a los que no tienen ley (aun cuando no estoy libre de la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo).
22 Entre los débiles me comporto como débil, para ganar a los débiles; me comporto como todos ante todos, para que de todos pueda yo salvar a algunos.

Hechos 2:3-11 RVC
3 Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego, que se repartieron y fueron a posarse sobre cada uno de ellos.
4 Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los llevaba a expresarse.
5 En aquel tiempo vivían en Jerusalén judíos piadosos, que venían de todas las naciones conocidas.
6 Al escucharse aquel estruendo, la multitud se juntó, y se veían confundidos porque los oían hablar en su propia lengua.
7 Estaban atónitos y maravillados, y decían: «Fíjense: ¿acaso no son galileos todos estos que están hablando?
8 ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestra lengua materna?
9 Aquí hay partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia.
10 Están los de Frigia y Panfilia, los de Egipto y los de las regiones de África que están más allá de Cirene. También están los romanos que viven aquí, tanto judíos como prosélitos,
11 y cretenses y árabes, ¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!»

Génesis 3:9-10 RVC
9 Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde andas?»
10 Y él respondió: «Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso me escondí.»


Algo bueno que ha traído el movimiento mesiánico es el “redescubrimiento” de las raíces judías del Evangelio; después de cientos de años de “pensamiento griego” dentro de la Iglesia, resultaba muy importante recordar que el contexto original de buena parte de la revelación bíblica, desde Génesis hasta los primeros capítulos de Hechos, es principalmente el Medio y Cercano Oriente, desde mitad de Éxodo en adelante, principalmente Israelita, y desde la deportación Asiria de las tribus del Norte, principalmente judío. Leer todo eso con “lentes griegas” ha sido un error.

Dentro de este movimiento hay iglesias que se identifican culturalmente más con Israel y adoptan formas, palabras y tradiciones propias, sin comprometer el mensaje de salvación sino incorporando parte de su riqueza histórica.

Pero también tenemos otras corrientes a las que bien podríamos definir como “judaizantes modernos” que comienzan a “exigir” determinadas costumbres y ordenanzas a todos los cristianos como parte de la salvación, o al menos, para ser un “cristianos de primera categoría”, siendo los puramente “gentiles”, cristianos de segunda categoría. Y una de las “manifestaciones” de esto es usar toda una serie de palabras hebreas en sus escritos.

Aclaro que no estoy hablando en contra del idioma hebreo, ni de ningún idioma porque de hecho me gusta estudiar otras lenguas y desearía tener mucho tiempo para hacerlo… ¡aunque no lo tengo! Pero cuando hablo en castellano, a un público hispanoparlante, procuro hacerlo con el mejor y más claro uso posible de nuestro idioma, que es por demás de rico. Si usara palabras en un idioma extraño para mis oyentes, ¿mejoraría eso la comprensión de lo que digo o la dificultaría? Obviamente, lo segundo. Bueno, debo confesar que a veces utilizo palabras que no son muy frecuentes en el habla hispana, es verdad, pero finalmente pertenecen a nuestro idioma y no están demasiado lejos de la comprensión del lector.

Ahora bien, ¿cómo habló Dios a los hombres? ¿Usó palabras extrañas a sus oídos o usó las palabras que ellos podían entender? He puesto unos cuantos pasajes bíblicos para ilustrar este tema y podría poner muchísimos, es más, ¡podría poner la Biblia entera! Podemos empezar con Adán; es obvio en el relato que Adán y Dios se entendían perfectamente, ¡el Señor habló con las palabras que Adán podía entender!

A partir de Adán, podemos seguir el rastro de todos los hombres y mujeres que recibieron palabras del Señor en la Biblia, desde Adán, el primero, hasta Juan, el último, ¡y todos entendieron! En ninguna parte vemos que Dios hablara y la gente quedara sin comprender, a no ser sueños que necesitaban interpretación o alguna oportunidad en que Dios “habló” a través de pueblos enemigos de lenguaje difícil.

En el pasaje de Hechos 21 lo vemos a Pablo hablando en griego y en arameo, según cuál fuera su público, y logrando la comprensión tanto del tribuno como de los judíos… de ahí a que le hicieran caso es otra historia, pero entendieron perfectamente. En I Corintios 9 Pablo expone su llamado misionero: a cada cultura le “hablaría” conforme pudiera entender. En Hechos 2 la iglesia es “oficialmente” inaugurada en una multitud de idiomas, precisamente los idiomas maternos, del corazón, de todos aquellos que estaban allí; ¿por qué no simplemente predicar en arameo, si todos también podían entenderlo? A lo largo de toda la Biblia, Dios habló de la mejor manera que las personas podían entender, de principio a fin; y el ejemplo máximo es el mismo Hijo de Dios, Jesucristo, quien no solo habló el idioma de su pueblo, sino que se hizo en todo como ellos y como nosotros.

Entonces, si TODA LA BIBLIA nos muestra a Dios hablando en el idioma, e incluso con los conceptos e ideas que la gente de cada tiempo podía entender, ¿por qué se les ha metido en la cabeza a algunos cristianos hoy que entremezclar palabras hebreas en sus escritos resulta más “espiritual”?

Ahora bien, yo no estoy en contra del uso de palabras hebreas, de hecho, aunque mi propio contexto cultural es “monolingüe”, mucha gente viven naturalmente en  contextos “multilingües”, por lo que para ellos es natural mezclar palabras y expresiones de varios idiomas; y es lógico que en iglesias orientada hacia la cultura israelita se usen palabras hebreas, pero eso no pasa entre la mayoría de los cristianos hispanoparlantes (y supongo que también entre los hablantes de otros idiomas) por lo que tales escritos resultan a la larga difíciles de leer y de sentido críptico, dejando la impresión de que la forma de hablar de Dios es “difícil”, lo cual lleva necesariamente al corolario de que hacen falta “maestros iluminados” para entender la Biblia, de que “yo, cristiano común y corriente” no puedo entenderla por mí mismo y de que debo necesariamente seguir a tales maestros, y olvidarme de buscar a Dios yo. En esencia, EXACTAMENTE EL MISMO ENGAÑO de todas las religiones y sectas a lo largo de estos dos mil años.

Yo no estoy diciendo que todos los que entremezclen palabras hebreas en sus escritos estén pensando exactamente esto, es más, probablemente no, pero la consecuencia de escritos artificialmente difíciles es necesariamente esa, por más de que no se busque.

La sabiduría de Dios es más alta de lo que los hombres llegaremos jamás a comprender por toda la eternidad, pero es tan accesible que el más sencillo puede entrar en ella. Las religiones cristianas siempre han terminado oscureciendo la comprensión de la Biblia y “cerrándola” hacia algunos pocos “elegidos”… ¡ellos mismos, claro! La iglesia católica durante siglos prohibió la Biblia, hoy no, pero de todas formas se pone ella misma por encima de La Palabra, por lo que en definitiva es lo mismo. Las iglesias de la tradición Protestante han permitido y fomentado la lectura de la Biblia, pero indirectamente, con el desarrollo del pensamiento teológico y los grandes teólogos, han supeditado su comprensión a las palabras de los “más sabios”. En la actualidad, muchas iglesias mal llamadas apostólicas ponen las palabras de (supuestos) apóstoles y profetas por encima de la comprensión sencilla de la Biblia. Y como corolario, cierta rama desviada del movimiento mesiánico entremezcla palabras hebreas y conceptos extraños en el discurso para que, de nuevo, se haga difícil de entender y requiera aprender una especie de lenguaje especial y distinto.

¡Como si Dios no tuviera el poder ni la capacidad para hablar a cada pueblo con sus propias palabras! ¡Como si el Espíritu Bendito no hubiera hecho provisión para que cada idioma del mundo tuviera ya las palabras y expresiones que necesita para anunciar la Buenas Nuevas! ¡Como si la encarnación del Cordero hubiera sido sólo “por la mitad”, para algunos sí y para otros no!

1 Corintios 14:10-11 RVC
10 No hay duda de que en el mundo hay muchos idiomas, y que ninguno de ellos carece de significado.
11 Pero si yo no sé lo que significan las palabras, seré como un extranjero para el que habla, y el que habla será como un extranjero para mí.

Dicho esto, vuelvo a remarcar que es muy importante el estudio de los idiomas originales en la comprensión bíblica, pero al momento de hablar, y especialmente cuando tenemos que anunciar el Evangelio y ayudar a nuestros hermanos más jóvenes, ¡usemos las palabras que ellos puedan entender! Vendrá el momento en que todos los idiomas del mundo, pasados y presentes (y futuros) nos encontraremos en Su Presencia y tendremos una eternidad para conocer la riqueza de cada uno. Al usar determinadas palabras extrañas a nuestro idioma estamos “diciendo” que nuestras palabras no son lo suficientemente “santas y puras”, con lo que estamos metiendo en el “habla evangélica” palabras que suenan extrañas a los oídos del mundo, que precisamente no es muy favorable a Israel, ¿por qué introducir esa separación cultural innecesaria, cuando Dios mismo nunca lo hizo? Ya el Evangelio tiene demandas muy duras para la sociedad del presente, no es necesario que lo hagamos artificialmente más difícil.



Danilo Sorti