miércoles, 6 de diciembre de 2017

325. “Ni una jota ni una tilde”... y algunas interpretaciones simbólicas de las profecías

Mateo 5:17-18 RVC
17 »No piensen ustedes que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.
18 Porque de cierto les digo que, mientras existan el cielo y la tierra, no pasará ni una jota ni una tilde de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

Mateo 5:17-18 DHH
17 “No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor.
Mat 5:18  Pues les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, no se le quitará a la ley ni un punto ni una letra, hasta que todo llegue a su cumplimiento.

La sección de Mateo capítulos 5 al 7 es un mensaje destinado no a inconversos sino a creyentes. Pero no a cualquier tipo de creyentes, sino a aquellos que habían vivido durante mucho tiempo bajo una fe desvirtuada, legalista y, particularmente, “selectiva”, es decir, una forma de ley que en realidad tomaba algunas cosas de la Palabra de Dios, olvidaba otras, le daba preeminencia a algunos temas y cuestiones y minimizaba otros. Sí, tenían la Palabra revelada hasta ese entonces, la leían y la repetían, pero no se creía y vivía en su integralidad, sino en un “recorte” adecuado para mantener el status quo de los religiosos de la época.

Cuando entendemos bien lo que Jesús dijo, vemos que hay temas principales y secundarios, no porque los últimos sean menos importantes, sino porque en realidad “se derivan” de los principales y no es sensato que nos ocupemos primero de ellos. Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el mandamiento más importante, gran problema para un pueblo con 613 mandamientos, no vemos que haya dudado ni por un instante en mencionar el primero y el segundo, y no porque alguno de los 611 restantes pudiera quedar sin cumplir, sino porque había un orden y, tratándose de seres humanos imperfectos que de todas formas no cumplirían ni la mitad de ellos, más vale que se concentraran en lo más importante.

Volviendo a la palabra profética, Jesús dejó en claro que ni aún la letra más pequeña del abecedario sería pasada por alto, todo se cumpliría y mantendría su valor mientras existiera esta creación. Esa expresión nos puede parecer una exageración, y creo que durante siglos se ha entendido como una figura literaria, es decir, como una forma de remarcar la importancia de lo que se dice a través de la exageración. A medida que pasa el tiempo y conocemos cada vez más el valor de las palabras e incluso las letras del texto bíblico, cada vez más me convenzo de que no hay aquí ninguna exageración y ninguna figura literaria, sino algo muy literal, más de lo que podemos comprender hoy.

Sin embargo, no me interesa hablar sobre esta opinión personal, pero sí sobre un hecho muy común en la interpretación bíblica, precisamente el uso y abuso de la interpretación por “figuras literarias” o “simbólica”, con la cual muchas veces le hacemos decir al texto algo distinto a lo que está escrito, o nos convencemos de que tal o cual párrafo debe interpretarse simbólicamente y que no es posible un entendimiento literal. El corolario de esto es que terminamos por “entender” algo que no sé si el texto dice en verdad. Y, tratándose de profecía y los eventos que están próximos a cumplirse, eso puede ser especialmente grave.

Está claro que en la Biblia hay pasajes que son claramente simbólicos, también está claro que hay pasajes totalmente literales que además admiten una interpretación simbólica (por ejemplo, la analogía entre Agar y Sara que utiliza Pablo), pero ¿qué pasa con las profecías?

Hay palabras proféticas que han tenido un cumplimiento histórico, por ejemplo las referidas a la primera venida del Señor, su ministerio, muerte y resurrección. Hay palabras proféticas que tendrán un cumplimiento futuro, aunque también hayan tenido un cumplimiento parcial pasado, y son lo suficientemente claras como para no interpretarlas simbólicamente. Hay palabras proféticas que, claramente, además de tener un cumplimiento futuro esperable, tienen “cumplimientos parciales” en este tiempo, de tal manera que admiten una interpretación “simbólica” o, mejor dicho, “parcial” a lo largo del tiempo. Es más, creo que hay una gran riqueza profética que a veces no aprovechamos si nos perdemos esta interpretación “parcial” de las profecías, es decir, en el sentido de fenómenos o situaciones que se repiten en el tiempo y que tienen desenlaces similares, porque obedecen a principios o dinámicas espirituales que están expresadas en las profecías.

Pero hay profecías que decididamente no entendemos o, lo que es lo mismo, resultan demasiado extrañas o difíciles de ubicar en un tiempo pasado o futuro, y que por lo tanto interpretamos simbólicamente… o sería mejor decir, “como se nos da la gana”.

En algún momento de la historia reciente creo que se “llegó” a la conclusión de que “ya sabíamos” todo lo que la Biblia decía y que, dado el gran desarrollo de la teología y todo lo mucho que se había investigado y escrito, ya entendíamos perfectamente todo lo que teníamos que entender, y si no era así, bastaba con buscar un poco en los más eruditos libros de teología disponibles. El asunto es que terminamos “explicando” todo de alguna forma e, inconscientemente, “cerrando” la posibilidad de entendimientos diferentes; si el gran teólogo Fulano o el erudito Mengano dijo tal cosa, el hermanito Sultano no puede agregar nada más.

Y así, conforme al entendimiento que había de las profecías en determinado momento de la historia reciente, y dependiendo de la corriente interpretativa, algunas cosas se aceptaron como simbólicas y listo, es decir, sin ningún cumplimiento literal en el futuro.

Habría muchísimo para hablar al respecto, pero para no ser demasiado extenso simplemente diré que si aceptamos que “la Biblia se interpreta a sí misma”, es decir, que la misma Palabra de Dios nos brinda los recursos necesarios para interpretarla (es decir, el Espíritu Santo a través de Su Palabra), deberíamos ser cuidadosos con decir que tal o cual pasaje es “simbólico” porque así lo aprendimos o porque es tan extraño a nuestros oídos que no vemos de qué forma se pueda acomodar en un relato que nos resulte lógico.

Ni la más pequeña letra de la Palabra de Dios quedará sin cumplirse, por lo tanto, seamos muy cuidadosos a la hora de interpretar las profecías, ESPECIALMENTE en este tiempo, en el que muchas están por ocurrir. No sea que, por nuestra “interpretación simbólica”, por el “uso y abuso” de los recursos literarios, nos pasemos por alto alguna “jota” o alguna “tilde” que necesitaríamos leer hoy. Puede haber interpretaciones parciales, “simbólicas”, que nos resulten útiles en el aquí y ahora, y puede haber una interpretación literal más difícil de entender, que desconozca. Pues bien, no hay ninguna obligación de saber todo lo que dice la Biblia, al fin y al cabo, es una expresión de la Mente de Dios, ¿y quién puede comprenderla en su totalidad? Mantengámonos atentos a la nueva luz que el Espíritu quiera traer sobre pasajes que hemos leído desde hace ya mucho tiempo.


Danilo Sorti


324. Jeremías 2: cuándo es que Dios protege

Jeremías 2:1-3 RVC
1 La palabra del Señor vino a mí, y me dijo:
2 «Ve y proclama a oídos de Jerusalén lo siguiente: “Así dice el Señor: ‘Me acuerdo de ti y de tu fidelidad, cuando eras joven; de tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, en terrenos no sembrados.’”»
3 Israel estaba consagrada al Señor. Era como los primeros frutos de su cosecha. Todos los que la devoraban tenían que cargar con su culpa; el mal les sobrevenía. —Palabra del Señor.

El libro de Jeremías es muy importante porque estamos precisamente en tiempos similares, y Dios está levantando también muchos “Jeremías” para traer el mensaje de un juicio ya inevitable. Por ello, en importante repasar lo que fue escrito allí.

Dentro del contexto de juicio, al inicio de su predicación, Dios le da a Jeremías estas palabras del capítulo 2. En el versículo 3 encontramos una promesa que nos gusta a todos: “Si alguien le hacía daño, yo lo castigaba enviándole calamidades. Yo, el Señor, lo afirmo.”, según traduce Dios Habla Hoy.

Sabemos de esta promesa, nos gusta mucho, sabemos también que Dios tiene todo el poder para hacerlo, ¿por qué entonces no la vemos en funcionamiento tan a menudo?

Hay muchas promesas que se predican fuera de contexto, “haciéndole decir” a Dios algo que nunca dijo, prometiendo protección, prosperidad y bendición cuando Dios no lo hizo. Sin embargo, esta promesa que tenemos aquí está inequívocamente ubicada en su contexto, por lo que nos puede aclarar mucho.

Dios protegía a Israel, Dios peleaba contra sus enemigos, Dios hacía milagros asombrosos contra ellos, ¿pero por qué?

2 …  “Así dice el Señor: ‘Me acuerdo de ti y de tu fidelidad, cuando eras joven; de tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, en terrenos no sembrados.’”»
3 Israel estaba consagrada al Señor. Era como los primeros frutos de su cosecha. …

2 … dice el Señor! Recuerdo que cuando eras joven, me eras fiel, que cuando te hice mi esposa, me amabas y me seguiste a través del desierto, tierra en que nada se cultiva.
3 Israel estaba consagrada a mí, era lo mejor de mi cosecha. …

Según leemos aquí, Dios utiliza cinco expresiones para describir a la “joven Israel”, la Israel de antaño, aquella a la que Él protegía celosamente.

“Me acuerdo de ti y de tu fidelidad, cuando eras joven” Israel era fiel, no tenía otros dioses, no andaba en idolatría, escuchaba y obedecía a la voz del Señor, no tenía otra ley. No había ordenanzas extrañas, leyes impías tales como las que abundan hoy día; ni mandamientos de hombres dentro del culto verdadero.

“de tu amor de novia” Israel amaba al Señor, no solamente lo obedecía, no solo cumplía con el pacto y se mantenía fiel, sino que de todo corazón estaba enamorada del Señor. No era solo un rito vacío, no un deber religioso sin vida, como pasaría en los tiempos de Jesús, era verdadero entusiasmo, emoción de encontrarse con su Dios, pasión por Él, disposición a entregar su propia vida por amor. Israel había recibido y entendido el amor de su Señor, pero en este tiempo ya se había olvidado.

“cuando me seguías por el desierto, en terrenos no sembrados.” El amor y la fidelidad se ven en la práctica, no de palabra, y en este caso se demostraron confiando y dependiendo completamente del Señor en medio del desierto y en las difíciles jornadas de la conquista de Canaán, en donde solo tenía la provisión y protección del Señor, un lugar por donde ninguna nación en su sano juicio cruzaría si no fuera que conociera, escuchara y por sobre todo, confiara y amara en el Señor su Dios.

“Israel estaba consagrada al Señor” En resumen, la nación estaba totalmente entregada a Él, toda su voluntad y afecto estaban puestas en Él y no había ninguna mezcla ni nada extraño.

“Era como los primeros frutos de su cosecha” Esos primeros frutos resultaban los más esperados, los más anhelados, luego de meses sin tenerlos. No era como en este tiempo en que tenemos cámaras para guardar la fruta, o podemos traerla de otro lado, en contraestación, había fruta fresca solo cuando era temporada, y nada más. Por ello, los primeros frutos resultaban especialmente valiosos (aún hoy, las frutas más delicadas que no se guardan en cámaras, tienen un valor mucho más alto cuando son las primeras de la temporada). Esto quiere decir que ESA nación de Israel era lo que Dios más deseaba, era Su amor, Su deleite, aquello que henchía su corazón. ¡Dios estaba profundamente enamorado de ese pueblo!

Pero todo eso se había olvidado, había quedado muy atrás ya en el pasado, y por eso era necesario que viniera el juicio para que pudiera ser recuperado. De eso tratará el resto del libro, pero esta introducción aquí nos está poniendo en perspectiva el juicio inevitable que vendría: Dios ya no protegía a Su pueblo, ya no podían reclamar ninguna promesa, no podían pedir nada porque todo lo que eran, y que agradaba a su Creador, lo habían perdido.

¿Qué puede pedir el mundo hoy? ¿Qué pueden reclamar las naciones delante de Dios? Todas han pecado, todas han caído, todas se han corrompido grandemente llegando al extremo de aprobar leyes contra naturaleza, algo que incluso los paganos de la antigüedad difícilmente hacían. Hermanos, no prometamos lo que Dios no promete.

Lo mismo vale para muchos que se llaman cristianos, pero que están muy lejos de ese amor y fidelidad, ¿qué promesa podemos reclamar si vivimos en pecado? Viceversa, si es que estamos reclamando y recontra reclamando cosas que nunca se cumplen en nuestra vida, ¿no será tiempo de revisar cómo andamos?

Pero si nos volvemos a Él, aunque el juicio ya es inevitable, podemos confiar en que tendremos Su cuidado y protección. ¡Señor, perdónanos y recíbenos nuevamente!


Danilo Sorti


323. ¿Y el poder del Espíritu?

Hechos 1:8 RVC
8 Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.»

Hechos 4:31 RVC
31 Cuando terminaron de orar, el lugar donde estaban congregados se sacudió, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y proclamaban la palabra de Dios sin ningún temor.


La era de la Iglesia es inaugurada con el poder del Espíritu. Ahora bien, no se trata de algo totalmente “novedoso” porque el Espíritu estuvo siempre activo sobre el pueblo de Dios, pero nunca sobre tantas personas y con tales manifestaciones.

La cuestión del bautismo en el Espíritu Santo salió a luz a principios del siglo XX con el movimiento pentecostal, y ha sido y sigue siendo uno de los ingredientes fundamentales en todo avivamiento. Sin embargo, los últimos años han visto un menguar importante en la enseñanza sobre el tema, siendo prácticamente olvidada en muchas grandes iglesias, amén de que no se enseña en iglesias evangélicas más tradicionales.

Ya se ha escrito mucho y hay suficientes evidencias empíricas como para tener que volver sobre la discusión que originó en sus comienzos; es un ingrediente valioso en la vida cristiana y nos estaremos perdiendo una parte importante y necesaria de la gracia de Dios si lo descuidamos.

De todas formas, cuando hablamos del poder del Espíritu Santo nos estamos refiriendo a algo más que sólo las manifestaciones de hablar en lenguas, que son importantes para la edificación personal y la edificación de la iglesia con interpretación. Vemos en Hechos 4 que la manifestación del Espíritu fue acompañada de un valor sobrenatural para predicar en medio de la oposición. Hay mucho que el Espíritu hace con poder a través de los cristianos, si estos se disponen a buscarlo y abrirse con humildad.

Ese entendible por qué las manifestaciones del Espíritu se hayan apagado en muchas iglesias, especialmente en iglesias que otrora fueran poderosas en ese aspecto; los espíritus de religión no lo pueden soportar y a medida que van tomando control en un cristiano y en una congregación, necesitan apagar toda manifestación de poder y toda fuente de poder (oración, ayuno, búsqueda).

El genuino poder del Espíritu se ha reemplazado por una pobre caricatura: grandes reuniones en donde el “contagio de masa” reemplaza el fervor del Espíritu, una música especial que logra tocar las emociones, una hábil predicación que manipula la voluntad, grandes construcciones, grandes espectáculos religiosos, a veces importantes obras de caridad, e incluso algún “otro espíritu” que se mueve haciendo “cosas sobrenaturales” que parecen del Espíritu Santo pero que no santifican a nadie.

El poder del Espíritu hoy hace lo mismo que leemos en las páginas bíblicas, y es tan distinto a nuestras obras naturales como lo era entonces. No podemos anhelar nada menos, no podemos conformarnos con nada inferior. Puede ser que no sea sencillo llegar a ese nivel, es más, quizás más de una congregación no llegue, pero cuando Jesús mandó a sus discípulos que se quedaran en Jerusalén esperando la manifestación del Espíritu no les dijo que ellos tenían que “producirla”, simplemente que oraran y esperaran. Eso mismo vale para nosotros; no podemos manipular al Espíritu ni decirle qué tiene que hacer, cuándo y cómo; pero podemos orar, buscar y esperar.

¿Esto que tenemos y estamos viviendo es la manifestación genuina del Espíritu? ¿No hay más disponible para nosotros? ¿Estamos buscando eso más? ¿O nos hemos conformado con lo que tenemos pensando que es “mucho”? Pidamos al Señor que nos muestre en qué consiste realmente el poder del Espíritu, qué está disponible para Su Iglesia hoy, y qué es lo que Él quiere derramar y no nos conformemos con menos de eso.

Gálatas 3:3 RVC
3 ¿Tan necios son? ¿Comenzaron por el Espíritu, y ahora van a acabar por la carne?

Esta cuestión de “empezar bien y terminar mal” no es para nada nueva, y no está pasando nada que no haya ocurrido antes; precisamente por eso deberíamos estar lo suficientemente alertas. “Acabar por la carne” no significa necesariamente terminar “revolcado en el más bajo pecado”, sino, “simplemente”, intentar hacer la obra del Reino con nuestra buena voluntad y esfuerzos humanos. Creo que buena parte de las iglesias pentecostales y carismáticas hoy están en esta situación. Hermanos, volvamos al poder del Espíritu.

La palabra griega que se traduce por “comenzar”, ἐνάρχομαι, aparece en el Nuevo Testamento solo dos veces, aquí y en Filipenses:

Filipenses 1:6 RVC
6 Estoy persuadido de que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

Y esto debería servirnos como una palabra de esperanza: la buena voluntad humana nos lleva a empezar bien pero terminar mal, sin embargo, en aquellos que están dispuestos, Dios mismo se encargará de terminar bien, en el poder del Espíritu, lo que Él empezó bien. ¡Bendito sea nuestro salvador!


Danilo Sorti


322. Muchas palabras no hacen una verdad…

Marcos 14:55-60 RVC
55 Los principales sacerdotes y todo el tribunal buscaban alguna prueba contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no la encontraban.
56 Muchos presentaban falsos testimonios contra él, pero sus testimonios no concordaban.
57 Entonces algunos se levantaron y presentaron un falso testimonio contra él. Dijeron:
58 «Nosotros le hemos oído decir: “Yo derribaré este templo hecho por la mano del hombre, y en tres días levantaré otro sin la intervención humana.”»
59 Pero ni aun así se ponían de acuerdo en sus testimonios.
60 El sumo sacerdote se paró en medio del tribunal y le preguntó a Jesús: «¿No vas a responder? ¡Mira lo que éstos dicen contra ti!»


Vivimos en un mundo plagado de falsos razonamientos, aunque eso no es nada nuevo. Quizás lo novedoso sea la magnitud y la extensión que han cobrado hoy día, pero en esencia las “semillas” de las falacias siguen siendo las mismas. Una de ellas la podemos ver claramente en la parodia de juicio que recibió Jesús.

«¿No vas a responder? ¡Mira lo que éstos dicen contra ti!» Le preguntó el Sumo Sacerdote a Jesús, y la respuesta por demás de obvia era: “¿QUÉ es lo que dicen?”. Se suponía, entonces y ahora, que en un juicio debía haber testimonios consistentes y concordantes de varios testigos, sin embargo no había nada de eso, sólo un cúmulo de acusaciones que no podían articularse entre sí y que no cumplían los requisitos suficientes como para condenar a nadie. Tan evidente era esto aún para un corrupto de primer nivel como el sumo sacerdote de ese tiempo, que se vio en la obligación de buscar algo más consistente tratando de lograr un testimonio del mismo Jesús.

Pero concentrémonos en un aspecto, porque de hecho el “juicio” a Jesús está lleno de errores; muchas afirmaciones inconsistentes no hacen una verdad. “Amontonar” muchas palabras sobre un tema no lo definen como verdad; es necesaria la consistencia de las pruebas que se ofrecen.

Bueno, creo que todos podríamos estar más o menos de acuerdo en este razonamiento que estoy planteando, el asunto es si realmente somos capaces de discernirlo en la vida cotidiana y en nuestra práctica cristiana. Una situación tan excepcional como el “juicio” a Jesucristo no es algo que nos toque presenciar… ¿o sí?

Por supuesto que no estuvimos allí, ni ese hecho se volverá a repetir, pero las palabras, las enseñanzas y aún el mismo Cristo son continuamente “enjuiciados” en este mundo; muchísimos ya han hecho su propio juicio y emitido su veredicto: muchos han determinado que nunca existió, otros que sí, pero que no fue quien dijo que era (con lo que asumen como correcto el veredicto del sumo sacerdote), y otros siguen cuestionando algunas de sus enseñanzas. Finalmente algunos pocos han determinado que, en efecto, fue y es quien dice ser, y que todas sus enseñanzas son dignas de crédito y por lo tanto es justo creer en Él y obedecer sus palabras. Pero cualquiera sea la actitud que tengamos hacia Cristo y Sus enseñanzas, inevitablemente lo habremos “hecho comparecer” en un juicio personal. Y la verdad es que ese “juicio personal” no se terminó todavía, porque seguimos juzgando sus palabras en la medida que somos confrontados con ellas.

¿Pero cómo estamos juzgando? ¿Cómo llegamos a las conclusiones? ¿No estaremos cometiendo los mismos errores de la parodia de juicio que soportó?

Muchas palabras amontonadas sobre un tema no lo hacen verdadero. Incluso muchas personas que repitan lo mismo tampoco. En todo caso pueden llamar nuestra atención, pueden indicar que “algo está pasando allí”, que hay un tema para analizar, pero de ninguna manera determinan una verdad. Muchas palabras repetidas sobre un tema no hacen una verdad. Y no es para nada raro que la mentira se repita hasta el cansancio, por muchos y durante mucho tiempo; es lo que viene haciendo Satanás desde que tuvo acceso a la humanidad. Y más abunda la mentira que la verdad, es un hecho.

¿Por qué crees lo que crees? ¿Porque muchos lo repiten? ¿Lo dicen siempre desde el púlpito? ¿Lo repiten todos tus amigos? ¿Hay muchos libros escritos sobre el tema? Eso no lo convierte en verdad. Las pruebas tienen que estar claramente “allá afuera”, los testimonios deben ser consistentes y concordantes, pero precisamente de TESTIGOS, de personas, de datos, de registros, de hechos comprobables.

Y esto nos lleva quizás a la raíz del tema que es, muchas veces, la IGNORANCIA unida a la PEREZA, que engendran la NECEDAD, es decir: no saber cómo juzgar rectamente, cómo analizar las verdaderas evidencias, dónde buscarlas, cómo interpretarlas, cómo valorarlas, unido a no querer esforzarse por aprender a hacerlo, por pasar tiempo leyendo o estudiando, por no querer cambiar la manera de pensar y reconocer los errores cometidos; y esto conduce a reforzar el pre – juicio que ya de dictaminó en la mente amontonando muchas palabras y testimonios que lo confirmen, sin que todo eso tenga la suficiente consistencia.

Muchas palabras no hacen una verdad, pero para la mayoría de nosotros tener que profundizar y analizar evidencias puede ser muy trabajoso y, peor aún, podríamos llegar a la conclusión de que lo que hemos estado pensando era erróneo y por lo tanto debamos cambiar de opinión. Una serie de falacias (y mala voluntad, por supuesto) llevó a aquel grupo de religiosos a condenar a Jesús, pero las mismas falacias (e incluso algo de mala voluntad) nos puede llevar a nosotros a creer y practicar el error. Si nos disponemos a tener buena voluntad, es necesario que también tengamos un razonamiento y análisis de evidencia correcto. ¡Señor, ayúdanos!


Danilo Sorti


domingo, 19 de noviembre de 2017

321. El Espíritu de Grecia contraataca

Daniel 10:20 RVC
20 Y me dijo: «¿Sabes por qué he venido a verte? Pues porque ahora tengo que volver a pelear contra el príncipe de Persia, y cuando termine de pelear con él, vendrá el príncipe de Grecia.

La cultura e instituciones griegas constituyen una de las piedras fundamentales del Nuevo Testamento. A medida que se “redescubren” las raíces hebreas de nuestra fe, se tiende también a olvidar sus “raíces” griegas. Lo cierto es que el Nuevo Testamento está escrito en griego, la iglesia está tomada de la “ekklesía” griega y buena parte de la historia neotestamentaria ocurre en el ambiente grecorromano. Si reconocemos que Dios es también Dios de la historia, debemos aceptar que de la misma forma que preparó a Israel para que sea el depositario de la Ley y el pueblo del Mesías, también preparó al Imperio Romano para que configurara un mundo antiguo en el cual el Evangelio pudiera correr libremente (cosa que no volvería a pasar hasta los orígenes de la Edad Moderna) y a Grecia para que proveyera el idioma y muchos de los conceptos que serían utilizados en la proclamación del Mensaje.

Pero, por supuesto, ni Roma ni Grecia lo pensaban así, de hecho eran naciones plagadas de idolatría, que Dios usó grandemente, es cierto, pero que estaban dominadas por sendos principados. Podríamos decir que en Roma se había establecido el Principado Babilónico, el “espíritu del imperio”, que nación allá con Babel, y que fue “saltando” de imperio en imperio, hasta llegar hoy a los Estados Unidos y, en un futuro próximo, de vuelta a Europa para su aniquilación definitiva. Pero Grecia tenía lo suyo, precisamente el Espíritu Griego, aquel contra quien el Ángel que habla con Daniel tenía que combatir en breve. Si seguimos leyendo vemos que este Espíritu significaba una dominación militar, pero más que eso, también fuertemente espiritual.

Pero no hace falta sacar demasiadas conclusiones de este pasaje, porque cuando vamos al Nuevo Testamento, y cuando también leemos la historia clásica, podemos ver sobradamente todo lo que traía consigo el Espíritu de Grecia. Fue vencido en ese momento, fue una herramienta (involuntaria) en las manos del Señor en tiempos neotestamentarios, proveyó una base necesaria para el temprano desarrollo de la Iglesia (después podremos criticar muchas cosas, pero creo que los principios filosóficos griegos fueron útiles en la joven Iglesia), pero también permaneció agazapado, y rápidamente se infiltró en la naciente Iglesia Católica, contaminando con su filosofía, dualismo, idolatría e inmoralidad al cristianismo, contaminación que los protestantes y evangélicos aún no hemos podido limpiar del todo.

El Espíritu Griego fue vencido una vez en Israel, fue vencido otra vez por la naciente Iglesia, y por eso se infiltró para conquistar al Pueblo de Dios “desde adentro”. De allí pudo saltar fácilmente a la sociedad en la Edad Moderna y contaminar, ahora ya “libre” de la atadura eclesiástica, a toda la sociedad europea y de allí, a todo el mundo.

El humanismo contra el que luchamos hoy, que no es algo tan definido ni tan fácil de identificar como, por ejemplo, un fundamentalista musulmán o hindú, que es muy sutil e insidioso, y profundamente infiltrado en diversas ramas del cristianismo (particularmente en los adherentes a la teología liberal), NO ES una filosofía humana (por más que la utilice), NO ES pensamiento científico (por más que se disfrace de él), NO ES racionalidad (por más que use aparentes razonamientos), ES un sistema religioso dominado por espíritus inmundos, precisamente los espíritus griegos, que se han aggiornado y ocultado detrás de estructuras mentales, sistemas y pensamientos humanos de tal forma que exitosamente camuflaron su verdadera identidad espiritual para que no descubramos el verdadero origen de los pensamientos y postulados que florecen y se afianzan en la sociedad moderna.

No quiero decir que los “dioses” griegos sean los únicos espíritus malignos de alto rango operando en la sociedad moderna, pero creo que sí están entre los principales y más difundidos. Entonces, cualquier manual de mitología griega nos da buena parte del ABC de la guerra espiritual que deberíamos hacer hoy, no contra las filosofías y las personas que las sustentan, sino contra los espíritus que las inspiran. Los primeros cristianos no necesitaban que se les hablara demasiado del tema porque era por demás de conocido para ellos.

De paso digamos que Platón, uno de los principales filósofos del cual abrevó el resto, y muchos de los filósofos antiguos que construyeron en conjunto la base de la filosofía moderna, que es a su vez la base de la ciencia, adoraron a esos dioses.

Antes de quedarnos perplejos ante el avance del “humanismo” sin saber cómo combatir, entendamos que hay demonios con nombre y apellido detrás de todo eso. Sabemos que el mundo se encamina hacia los juicios y que la gente finalmente prefiere la voz de esos espíritus a la voz de Dios, pero mientras estamos en la Tierra, luz somos y debemos seguir combatiendo con las armas espirituales para que al menos algunos sean rescatados. El Espíritu de Grecia va a tener su “victoria” en el mundo durante un breve tiempo cuando la Iglesia sea quitada, pero antes de eso deberá ser definitivamente expulsado de la Iglesia fiel. ¡Señor, danos discernimiento!


Danilo Sorti