miércoles, 6 de diciembre de 2017

334. Los falsos maestros anunciados: sutil, muy sutil…

2 Pedro 2:1-3 RVC
1 Entre el pueblo hubo también falsos profetas, como también habrá entre ustedes falsos maestros que con disimulo introducirán herejías destructivas, y hasta llegarán a negar al Señor que los rescató, con lo que atraerán sobre sí mismos súbita destrucción.
2 Muchos imitarán su conducta indecente, y por causa de ellos se hablará mal del camino de la verdad.
3 Por su rapacidad, estos falsos maestros harán negocio con ustedes. Pero la condenación los espera desde hace mucho tiempo, y su perdición ya está en camino.

Este capítulo es uno de los más claros de las epístolas sobre el tema, y paralelo con Judas:

Judas 1:3-4 RVC
3 Amados hermanos, yo he tenido un gran deseo de escribirles acerca de la salvación que tenemos en común, pero ahora me encuentro en la necesidad de escribirles para rogarles que luchen ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos,
4 pues por medio de engaños se han infiltrado entre ustedes algunos malvados. Éstos, que desde antes habían sido destinados a la condenación, convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje y niegan a Jesucristo, nuestro único Soberano y Señor.

La urgencia de Judas por escribir tenía que ver con algo que estaba empezando a plagar la joven Iglesia: los falsos maestros, que viendo la oportunidad que se abría en este nuevo “espacio social”, los cristianos, se introducían para sacar provecho.

Ambas cartas pueden haber sido escritas más o menos cerca en el tiempo, después del año 60 pero no mucho más (Pedro fue martirizado en el 68 d. C., Judas puede ser un poco posterior), es decir que estamos a menos de 40 años del inicio de la iglesia en Jerusalén, apenas con un recambio generacional en el grupo de cristianos judíos más antiguos pero con prácticamente todos los cristianos gentiles de la primer generación, y ya hay un serio problema con los falsos maestros. No debería extrañarnos que ese sea el tiempo en que tales sujetos comiencen a infiltrarse masivamente en las iglesias después de un gran despertar o movimiento del Espíritu.

Falsos hermanos hay siempre y como ejemplo nos basta Judas: ya desde antes de que la Iglesia fuera establecida, propiamente dicho, Satanás tenía un infiltrado. También hubo en la iglesia primitiva en cierto sentido; el conflicto de Hechos 15 lo demuestra, pero aquí los tenemos en mayor magnitud y desarrollo.

Tampoco hay nada nuevo, desde la más temprana historia de Israel aparecieron falsos profetas, engañadores que están dentro del pueblo, que hablan el “mismo lenguaje” que ellos, que saben usar hábilmente palabras espirituales, que parecen ser genuinos, pero que no lo son. Desde ese entonces hasta hoy siguen teniendo éxito en su misión satánica, y sigue siendo necesario que seamos alertados sobre los tales.

Falsos profetas antes, falsos maestros ahora: cambiaron los tiempos y cambio el “formato” en que se presentan, pero la esencia es la misma. El proceso no es inmediato, el Adversario necesita un tiempo para acomodar a los suyos a la nueva realidad; cuando se multiplican iglesias con un mismo “estilo” es fácil que se introduzca uno, porque ya saben cómo hacer. Cuando hay un movimiento del Espíritu que aviva el fuego y cambia las formas, necesita un tiempo.

“Con disimulo” es un concepto clave; la palabra griega “παρεισάγω” (pareiságo) que aparece pocas veces en el Nuevo Testamento, sólo aquí en esa forma y un en un par de textos más en una forma relacionada, con lo que podríamos decir que casi es una palabra que el Espíritu Santo reservó para este pasaje, dándonos a entender que la magnitud y características de este engaño resultan únicas y en cierto sentido diferentes a los otros.

Pero no estoy descubriendo la pólvora con esto, la realidad tristemente lo confirma y lo expone en cientos de miles de ejemplos. Lo que hace el texto bíblico hoy para nosotros es aseverar lo que observamos y que nos cuesta creer que sea así; ¿puede ser tan sutil, tan astuto y tan perverso? Sí, puede y lo es.

Y entonces, con esa sutileza, astucia y profunda perversión, de a poco se van introduciendo herejías, primero como una exageración, un énfasis mayor sobre un tema relativamente menor. Luego se va profundizando, y se van olvidando doctrinas claves. En el proceso la práctica de la oración, ayuno y búsqueda del Señor resultan abandonadas, con lo que el poder espiritual desaparece. La Biblia es progresivamente dejada de lado, y sólo queda como autoridad “de facto” la palabra de los “ungidos” (o más bien “untados” como diría el pastor Héctor Leites). Y el resto es conocido.

Es fácil verlo al final del proceso, pero no resultó para nada sencillo identificarlo en el comienzo, ¡y ahí está la clave! Por eso el Espíritu usa esta palabra que reservó para este único lugar en todo el Nuevo Testamento: siendo un fenómeno muy conocido, resulta único en sus características.

Obviamente las enseñanzas son herejías que traen destrucción, aunque al principio parecen todo lo contrario, y con el paso del tiempo llegan a negar la obra de Cristo, al poner otras condiciones necesarias para la salvación.

Este fenómeno podía pasar rápidamente en aquellos tiempos debido a la lentitud en las comunicaciones; un falso maestro podía hacerse con el control de una iglesia en una ciudad y cambiar las enseñanzas a su antojo sin que tuviera muchas voces en contra. En tiempos modernos el proceso fue más complejo porque requirió todo un armado de estructuras en los países centrales, pero también se llevó a cabo.

En Judas tenemos otra palabra interesante: “παρεισδύνω” (pareisdúno); establecerse junto, alojarse clandestinamente, encubiertamente, entrar. De nuevo, aparece pocas veces en el Nuevo Testamento y solo aquí con esa forma, por lo que entiendo que el Bendito Espíritu nos está diciendo algo parecido: realmente se trata de una infiltración muy sutil, algo para lo que no tenemos muchos otros paralelos o ejemplos conocidos.

Y Judas nos da la explicación que nos faltaba: ¿cómo es posible que sean tan enormemente perversos y engañadores? Pues porque desde el principio habían sido expresamente preparados por el Adversario, POR ESO ES QUE “desde antes habían sido destinados a la condenación”.

He observado que una de las principales “piedras de tropiezo” que tenemos con esta gente es que no podemos creer que sean “tan malos”; nos suena como a puro conspiracionismo. Pero esto es porque nos estamos fiando de nuestros propios sentidos y nuestra propia comprensión, caída y fácil de confundir.

“Convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje”, “Muchos imitarán su conducta indecente”; aquí otra (o la principal) herramienta de engaño: estiramos la gracia divina hasta el punto en que se desdibuja el pecado, o más modernamente, se transforma en “falta de fe para desarrollarse y conquistar”, con lo cual le quitamos toda carga de culpa y vergüenza y dejamos las puertas abiertas para todo tipo de libertinaje. Esta palabra se refiere a un libertinaje y desenfreno sexual, lo cual es en realidad casi el “último escalón” en un proceso de degradación moral, e implica muchas otras cosas más “suaves” por detrás.

Claro, un evangelio “tan fácil” resulta atractivo: todas bendiciones y casi ninguna demanda, ¡cómo no se van a llenar de gente! Que esa gente sean cristianos, es algo muy diferente…

Bueno, aquí tenemos una imagen de la “sutileza” y no tan sutileza del engaño de estos emisarios del infierno. Nada nuevo bajo el sol, pero siempre efectivo con el hombre caído. Pero no con los santos fieles ni con los que se acercan de verdad al Señor, porque ya está escrito. Cualquiera que con sinceridad quiera entender y pueda leer, lo va a hacer. Hermanos, no seamos presa del error.


Danilo Sorti


333. Jeremías 2: cuando la historia se olvida

Jeremías 2:4-9 RVC
4 Tú, casa de Jacob, y ustedes todas, familias de la casa de Israel: ¡escuchen la palabra del Señor!
5 Así dice el Señor: «¿Qué de malo hallaron en mí los padres de ustedes, que se alejaron de mí y se fueron en pos de la vanidad, con lo que se hicieron vanos?
6 Jamás dijeron: “¿Dónde está el Señor, que nos sacó de la tierra de Egipto y nos condujo por el desierto, por tierra desierta y despoblada, por tierra seca y terriblemente sombría, por tierra que nadie transitó ni jamás habitó?”
7 »Yo los introduje en una tierra de abundancia, para que disfrutaran de su fruto y sus bondades; pero ustedes entraron y contaminaron mi tierra; ¡convirtieron mi heredad en algo repugnante!
8 Jamás dijeron los sacerdotes: “¿Dónde está el Señor?”, ni tampoco los que detentaban la ley me conocieron; los guías del pueblo se rebelaron contra mí; ¡los profetas hablaron en nombre de Baal, y se fueron en pos de dioses inútiles!
9 »Por eso, voy a entablar un juicio contra ustedes, contra sus hijos y contra sus nietos. —Palabra del Señor.


Jeremías capítulo 2 todavía se encuentra al inicio del extenso libro del profeta, claro, es el capítulo 2… pero aunque parezca una perogrullada, eso debería indicarnos que las palabras que encontremos aquí son particularmente importantes, porque nos están dando las líneas principales que luego se desarrollarán en el resto del libro. Dentro de esas líneas tenemos aquí algo que nos indica algunas de las razones del tremendo pecado en que se encontraba Israel en ese entonces.

“¿Qué de malo hallaron en mí los padres de ustedes, que se alejaron de mí y se fueron en pos de la vanidad, con lo que se hicieron vanos?” El origen del problema no estaba en ellos, sino en sus padres; no era esa una generación que había decidido apartarse de Dios luego de haberlo conocido, sino que eran hijos, nietos, biznietos, tataranietos de un pueblo que se había olvidado de su Creador hacía rato ya. Y ese proceso, que había comenzado con sus padres, ahora había llegado a su “fruto” pleno: una generación totalmente apartada de Dios, absolutamente sumida en pecado y de ninguna forma recuperable sino por medio de un terrible juicio (que en realidad solo podría restaurar a algunos).

Esta es otra de las razones por las que Jeremías es un libro absolutamente actual, y por qué el Espíritu de Dios está levantando a tantos Jeremías hoy. La corrupción tan extendida del mundo, mucho peor incluso que en la época de Jeremías, es fruto de las semillas de maldad que estuvieron activas desde siempre, pero que aceleraron su desarrollo en los últimos siglos, y mucho más aún a partir de la década del ’60. Hablamos mucho de iniquidades generacionales y a veces parece algo muy “místico”; sin duda que tiene un componente espiritual muy grande, pero en realidad es algo muy práctico: hoy tenemos el mejor ejemplo de cómo las iniquidades de las sociedades pasadas han alimentado y se han multiplicado con cada nueva generación.

Pero el versículo 5 también nos da otra pista que va al centro mismo de la rebelión de Satanás, contagiada al hombre y recreada con cada nueva generación: “¿Qué de malo hallaron en mí los padres de ustedes, que se alejaron de mí …?” La raíz del engaño espiritual, de principio a fin, no es la supuesta inexistencia de Dios, ni siquiera el orgullo o la envidia, con todo lo poderosos que son estos últimos en todas las personas. La verdadera raíz espiritual, precisamente en el espíritu del hombre (que no siempre es accesible para el alma) es la idea de que “Dios es malo”, porque nos niega aquello que queremos, o que estamos convencidos de que necesitamos, o que nos permitiría “desarrollarnos” a un nuevo nivel o cualquier otro razonamiento. Luego, cuando asumimos que “Dios es malo”, la consecuencia necesaria es que tenemos que buscar “otro dios”, otra alternativa porque con Dios no nos va a ir bien, y ¡oh casualidad!, hay “otro” dios esperando ahí cerquita nomás para darnos la bienvenida…

Los padres decidieron que “Dios es malo” y los hijos ya se olvidaron de ese Dios “antiguo y caprichoso”, por eso se volvieron “ateos”.

Jamás dijeron: “¿Dónde está el Señor, que nos sacó de la tierra de Egipto y nos condujo por el desierto, por tierra desierta y despoblada, por tierra seca y terriblemente sombría, por tierra que nadie transitó ni jamás habitó?” … Jamás dijeron los sacerdotes: “¿Dónde está el Señor?” … Necesariamente el paso siguiente es olvidarse de la historia. Dios es el Dios de la historia, Él se reveló a través de hechos históricos y EN MEDIO DE la historia, no en una “nube mística”. Cuando el pueblo “volvía” a su historia se encontraba inevitablemente con Dios; pero ellos habían dejado la “vieja y anticuada” historia en función de lo “nuevo y emocionante”. El sistema educativo en mi país sigue fielmente ese principio, porque desde que yo hice la escuela secundaria (pasó bastante tiempo…) a esta parte, la materia Historia ha sido cada vez más recordada y desdibujada en sus contenidos.

“nos condujo por el desierto, por tierra desierta y despoblada, por tierra seca y terriblemente sombría, por tierra que nadie transitó ni jamás habitó … Yo los introduje en una tierra de abundancia, para que disfrutaran de su fruto y sus bondades” Al olvidar la historia se olvida también lo que Dios hizo, Sus milagros, Su protección, Sus promesas, Sus bendiciones, y todo eso refuerza aún más la idea de este “Dios caprichoso y exigente”. Solo quera un erróneo recorte de lo que Dios es, una serie de reglamentos exigentes y carentes de sentido, ¡y claro que “ese” dios es malo! Porque precisamente NO ES Dios.

“pero ustedes entraron y contaminaron mi tierra; ¡convirtieron mi heredad en algo repugnante!” Y entonces, la supuesta bendición de Dios ya no es tal, adonde deberíamos ver la mano y la provisión divina encontramos todo lo contrario, de nuevo ¡qué malo que es Dios!... Claro, pero es que ESO QUE PASÓ precisamente no era lo que Dios había dispuesto. Esta es otra de las razones por la cual mucha gente hoy no cree: “¿por qué permite Dios tanta maldad y tanto sufrimiento?” Lo que traducido es: “queremos que Dios tome el control”, pero cuando Dios los invita a que le permitan tomar el control de sus vidas, para empezar, ellos lo rechazan.

“se fueron en pos de la vanidad, con lo que se hicieron vanos” Habiendo dejado al Señor, ellos mismos se hicieron inútiles, perversos, vacíos, con lo cual pervirtieron más todavía la imagen del Señor sobre esta Tierra: los seres humanos que creó. Siendo vanos, vacíos, sin sustancia verdadera, sin capacidad de encontrar o hablar o entender lo verdaderamente valioso, ¿qué más van a transmitir sino lo mismo: nada que tenga sustancia espiritual, eterna? ¿Cómo serán los hijos criados por estos padres?

“Jamás dijeron los sacerdotes: “¿Dónde está el Señor?” Teniendo ya su “oficio religioso” y su lugar acomodado en la sociedad, se dedicaron a cumplir con su trabajo y disfrutar de los beneficios de su salario, pero quienes debían guiar al pueblo no buscaron al Señor. Por eso Dios levantó profetas, por fuera del “sistema institucionalizado”. Es lo mismo que encontramos hoy, y eso resulta una “piedra de tropiezo” para todos aquellos que no pueden aceptar algo “fuera” de lo institucional… porque realmente tampoco pueden ver a Dios y solo confían en una institución que dice hablar en Su nombre.

“ni tampoco los que detentaban la ley me conocieron; los guías del pueblo se rebelaron contra mí”, es decir, el sistema secular: político, judicial y por extensión, económico y de todos los ámbitos sociales, que dependen del político y judicial para ordenarse y funcionar bien. Esto ya es algo totalmente establecido en nuestra sociedad; hace rato que “la religión” se fue de los estados, y de las mentes y los corazones de los líderes.

“¡los profetas hablaron en nombre de Baal, y se fueron en pos de dioses inútiles!” Y aquí tenemos la “frutilla del postre”: incluso los profetas, aquellos a quienes Dios había elegido específicamente, fuera de toda contaminación institucional, solo por una relación entre Dios y ellos, ¡también se corrompieron! Esto es un paralelo con lo que ha pasado con mucha de la Iglesia hoy, y con muchos líderes, que fueron llamados y levantados por Dios mismo, incluso en contra de los designios de sus iglesias matrices; pronto se fueron tras la seducción del poder y el dinero.

¿Qué más queda? No solo todos los ámbitos de la sociedad se corrompieron, sino que esta situación viene de generaciones y no ha hecho más que empeorar con el tiempo, sino que tampoco estaban dispuestos a escuchar al único profeta verdadero que quedaba. Hoy, igual que antes, la mayoría tampoco está dispuesta a escuchar a los profetas genuinos que el Señor está levantando.

El resto del libro ilustrará y expandirá el contenido de estas palabras, mostrándolas en toda su extensión y dramatismo. Sin embargo, lo que pasó en la Israel de aquel tiempo es algo muy pequeños comparado con estos tiempos; allí tenemos el ejemplo y figura de lo que sucedería más de dos mil años después y también la explicación de por qué el juicio se vuelve inevitable.

“Por eso, voy a entablar un juicio contra ustedes, contra sus hijos y contra sus nietos”, es decir, serían necesarias esas tres generaciones para que la maldad fuera limpiada, aunque en este tiempo el proceso será más rápido.

Este panorama no solo da cuenta de la profundidad de la maldad imperante, sino también los alerta que, habiendo sido criados en este ambiente, es imposible que estemos sin contaminaciones profundas, y precisamente por eso Dios tiene que tratar también profundamente con nosotros. Eso explica parte del por qué de tantas dificultades y presiones que pasamos los hijos de Dios.

Este mismo mensaje es el que debemos decir con toda claridad al mundo de hoy, para ver si alguno puede arrepentirse a tiempo.


Danilo Sorti


332. La generosidad y la ayuda al pobre, ¿qué tengo para dar?

Lucas 12:33-34 RVC
33 Vendan lo que ahora tienen, y denlo como limosna. Consíganse bolsas que no se hagan viejas, y háganse en los cielos un tesoro que no se agote. Allí no entran los ladrones, ni carcome la polilla.
34 Porque donde ustedes tengan su tesoro, allí también estará su corazón.

Deuteronomio 15:7-8 RVC
7 »Cuando en alguna de tus ciudades, en la tierra que el Señor tu Dios te da, alguno de tus compatriotas se encuentre necesitado, no endurezcas tu corazón ni aprietes el puño para no ayudar a tu compatriota pobre.
8 Al contrario, abre tu mano con generosidad y préstale lo que le haga falta.

Santiago 1:27 RVC
27 Delante de Dios, la religión pura y sin mancha consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y en mantenerse limpio de la maldad de este mundo.

1 Juan 3:17-18 RVC
17 Pero ¿cómo puede habitar el amor de Dios en aquel que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano pasar necesidad, y le cierra su corazón?
18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.


Hay muchas referencias en la Biblia que nos hablan de ayudar al pobre y necesitado, a lo largo de todas sus páginas. Puede ser que lo hagamos o puede ser que no, pero creo que no es necesario hablar mucho del tema porque suele estar bastante presente en la agenda y el discurso cristiano, al menos, resulta “políticamente conveniente”, por lo que incluso aquellos que son claramente falsos hermanos pueden hablar del tema y hacer cosas al respecto (aunque con motivaciones incorrectas).

Somos llamados a compartir lo que tenemos con los más necesitados, sin embargo, muchos de los creyentes no son personas de dinero, y lo que les puede sobrar es realmente poco, ¿entonces qué?

Hechos 3:1-8 RVC
1 Un día, Pedro y Juan subían juntos al templo. Eran las tres de la tarde, es decir, el momento de la oración,
2 y vieron allí a un hombre cojo de nacimiento. Todos los días era puesto a la entrada del templo, en la puerta llamada «la Hermosa», para pedirles limosna a los que entraban en el templo.
3 Cuando el cojo vio que Pedro y Juan estaban por entrar, les rogó que le dieran limosna.
4 Entonces Pedro, que estaba con Juan, fijó la mirada en el cojo y le dijo: «¡Míranos!»
5 El cojo se les quedó mirando, porque esperaba que ellos le dieran algo,
6 pero Pedro le dijo: «No tengo oro ni plata, pero de lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!»
7 Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó, ¡y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos!
8 El cojo se puso en pie de un salto, y se echó a andar; luego entró con ellos en el templo, mientras saltaba y alababa a Dios.

A diferencia de muchos de los que se llaman apóstoles hoy día, Pedro y Juan no vivían en la abundancia, pero, también a diferencia de esos mismos, ellos tenían una riqueza espiritual que era muy superior: eran canales del poder de Dios. Y ese poder de Dios que actuó en el paralítico, y que les costó $ 0 a Pedro y Juan, transformó completamente la economía del pobre hombre, permitiéndole ahora trabajar y ganar su sustento con dignidad.

Puede ser muy frustrante ver tantas necesidades y contar las monedas para llegar a fin de mes, separando algunas para la obra de Dios. Y mucho más frustrante ahora cuando los medios de difusión nos muestran en tiempo real TODAS las carencias del mundo.

No quiero limitar con mis palabras el poder de Dios; hay gente que tiene dones para hacer dinero y dar con generosidad (pero no todos), hay gente que tiene dones para dar y vivir con muy poca plata (tampoco todos), hay hermanos que puede motivar a otros a que den y conseguir fondos para alguna causa, y hay hermanos que pueden hacer milagros y literalmente multiplicar alimentos, pero tampoco todos pueden hacer esto. Si eres llamado a alguna de estas cosas, ¡pues adelante! Pero si no, aún así tienes tesoros que son más valiosos que los materiales, y que, de paso, pueden suplir necesidades físicas.

2 Corintios 6:10 RVC
10 parecemos estar tristes, pero siempre estamos gozosos; parecemos pobres, pero enriquecemos a muchos; parecemos no tener nada, pero somos dueños de todo.

Esta paradoja vivía Pablo y sus compañeros de ministerio. Nunca sobraba un peso, pero con su mensaje cambiaban vidas, economías y sociedades.

Nuestras oraciones, nuestra proclamación del Evangelio, y también los milagros que podamos hacer en nombre del Señor constituyen una riqueza que primero y antes que nada trae salvación y recompensa eterna para las almas, y eso es lo principal; pero también permiten que el poder de Dios, Aquel que tiene todos los recursos, se mueva sobre personas y pueblos sumidos en pobreza y necesidad. El verdadero problema no es que el dinero del mundo esté cada vez más concentrado en cada vez menos gente, solo un puñado de familias, sino: ¿por qué razón el Señor permitiría que esos recursos se suelten? ¿por qué habría de permitir que una sociedad cada vez más pecadora reciba algo de bendición? Pero si la gente se vuelve a Dios, si se arrepiente de sus malos caminos, entonces el Señor no tiene absolutamente ningún problema en drenar esos recursos de unas pocas manos hacia muchos. Él sigue siendo Dios, y nunca dejará de serlo.

Tengamos mucho o poco dinero, por ser hijos de Dios tenemos un tesoro muchísimo más valioso que eso y es la riqueza espiritual que nos fue dada y, más que nada, el acceso al Trono de la Gracia para interceder por los necesitados.

A medida que buena parte del cristianismo, en todas sus vertientes, se va configurando claramente para ser la iglesia apóstata de los últimos días, las buenas obras y la ayuda material a los necesitados (o al menos algo que tenga apariencia de eso) va cobrando cada vez más relevancia; iglesias evangélicas que años atrás eran poderosas en señales y milagros, capaces de transformar radicalmente vidas y, por consecuencia, economías, hoy son “poderosas” (o algo parecido…) en buenas obras realizadas a través de fundaciones, que pueden ser un excelente negocio para no pagar impuestos o, a veces, blanquear dinero evadido. No estoy en contra de las buenas obras, son necesarias y toda la Biblia habla de ellas, ¿pero qué comparación hay entre dar un pedazo de pan y traer la salvación y el poder de Dios, que abre las ventanas de los cielos? Por supuesto que lo primero es necesario y Jesús hizo milagros al respecto, pero sin lo segundo, ¿de qué sirve? Hay muchas buenas organizaciones seculares que lo hacen, todos los estados tienen sistemas de ayuda social hoy.

Lo cierto es que la ayuda al pobre hoy se ha transformado muchas veces en una máscara para una religión apóstata, egoísta e interesada, que podrá aliviar algunas necesidades momentáneas de la enorme cantidad que existen, pero ¿qué más logra?

La hora del fin se aproxima, y muchos no sobrevivirán a los eventos por venir. Dios tiene preparadas moradas celestiales para recibirlos, en las cuales nunca más habrá necesidad de nada, por la eternidad, ¿cuánto sentido tiene entretenerse con ayudas materiales y olvidarse de lo espiritual? Exactamente eso les recriminó Jesús a los religiosos de Su época:

Mateo 23:23 DHH
23 “¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que separan para Dios la décima parte de la menta, del anís y del comino, pero no hacen caso de las enseñanzas más importantes de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad. Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro.

Ellos daban el diezmo que servía para sostener a los pobres, pero dejaban de lado lo más importante. Nunca se nos permite dejar de lado la ayuda material al necesitado, pero no es nuestro primer objetivo. Y dado que podemos tener una enorme abundancia de riquezas espirituales sin necesidad de contar con dinero para pagar por ellas (a pesar de que los predicadores de la prosperidad digan exactamente lo contrario), siempre tendremos mucho para dar. Pido que el Señor abra tus ojos espirituales para que veas las riquezas que posees y seas generoso en compartirlas con los más necesitados.


Danilo Sorti


331. ¿Predicamos toda la Palabra de Dios?

Hechos 20:25-32 DHH
25 ahora estoy seguro de que ninguno de ustedes, entre quienes he anunciado el reino de Dios, me volverá a ver.
26 Por esto quiero decirles hoy que no me siento culpable respecto de ninguno,
27 porque les he anunciado todo el plan de Dios, sin ocultarles nada.
28 Por lo tanto, estén atentos y cuiden de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores para que cuiden de la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre.
29 Sé que cuando yo me vaya vendrán otros que, como lobos feroces, querrán acabar con la iglesia.
30 Aun entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán mentiras para que los creyentes los sigan.
31 Estén alerta; acuérdense de que durante tres años, de día y de noche, no dejé de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes.
32 hermanos, los encomiendo a Dios y al mensaje de su amor. Él tiene poder para hacerlos crecer espiritualmente y darles todo lo que ha prometido a su pueblo santo.


Si Pablo estuviera haciendo eso hoy casi que podríamos denunciarlo por “desamparo de iglesia”. Bueno, eran otros tiempos, en los que las comunicaciones y los viajes no resultaban tan fáciles. Con visión profética, les anuncia lo que iba a ocurrir luego de su partida, y los siglos posteriores lo confirmaron letra por letra. ¿Por qué esa “tranquilidad” de Pablo en dejarlos así nomás?

Bueno, no es que fuera exactamente tranquilidad; era la realidad de su labor, pero hay un par de cuestiones interesantes. Él los encomienda a Dios, el Espíritu Santo se encargaría de cuidarlos. Pero también está seguro y confiado en el trabajo que hizo, y más exactamente en que les había “anunciado todo el plan de Dios, sin ocultarles nada”, por lo tanto, nada podría tomarlos por sorpresa. Que ellos quisieran recordar y obedecer esas palabras era otra historia, pero habían sido depositarios de todo lo que tenían que saber.

“El plan de Dios” utiliza la palabra griega βουλή (boulé), que significa: voluntad, propósito,  acuerdo, concejo, designio, intención. No se trata solamente de la Palabra tal como la leeríamos en un compendio de teología ni una explicación exegética versículo por versículo de todas las Escrituras que ellos tenían disponibles, que hubiera llevado más tiempo incluso del que Pablo estuvo allí. Se trataba de la Palabra de Dios, sin duda, pero enfocada en función de los propósitos divinos, Sus designios, la Biblia actualizada a su tiempo y aplicada en su realidad; lo que ellos necesitaban saber.

Y Pablo explicó todo esto, todo el plan, no una parte, no solo las bendiciones, sino también las dificultades que vendrían. Por eso pudo hablar con tanta tranquilidad en esta última reunión acerca de la apostasía interna y las dificultades que vendrían de afuera, porque no era nada nuevo ni extraño para los discípulos.

Pablo, “con lágrimas”, no perdió ni un solo día de los tres años que estuvo con ellos sino que aprovechó todo el tiempo disponible para enseñarles todo lo que necesitaban saber. Y realmente no vemos que en otro lugar se haya demorado tanto tiempo como allí, ni siquiera en Corinto, Pablo se volcó completamente a ellos, y por eso pudo levantarse en la región un grupo de iglesias lo suficientemente grandes y fuertes como para perdurar en el tiempo y recibir, décadas después, la revelación de Apocalipsis… ¡ellos ya tenían la “semilla” de esa revelación sembrada por Pablo!

Haber podido decir “todo el plan de Dios, sin ocultarles nada” fue algo muy grande, no solo implica conocerlo, sino también tener el valor para anunciarlo, aún las cosas menos populares, más desagradables o incluso que nos hacen “perder autoridad” delante de los hermanos. Haber podido anunciar “todo el plan de Dios” implica no solo (y quizás principalmente) tener el valor suficiente como para hacerlo, sino también el conocimiento y la guía del Espíritu. Y porque pudo hacerlo, la iglesia de Éfeso, y de toda la provincia en realidad, resultó firmemente cimentada en la fe y pudo resistir los embates del error durante varios siglos. Lo opuesto también es cierto.

Cuando no anunciamos TODO el consejo de Dios, todos los principios de la Palabra, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable, lo que nos conviene y lo que no nos conviene, no podemos esperar que haya una iglesia firme y efectiva, sana y de verdad poderosa en el Espíritu. Entonces, cuando vemos iglesias débiles, llenas de problemas, inmaduras y pecadoras, evidentemente no se les ha anunciado TODO el consejo divino. A lo mejor tienen muchos estudios (aunque lo más probable es que no), pero en todo caso esas muchas palabras no abarcan TODA la verdad ni menos aún todo lo que Dios específicamente necesita decirle a esa iglesia (es decir, Su “consejo”; su voluntad y propósito general y específico).

Podemos tener predicadores que se llenen de palabras, que hablen acerca de la Palabra, que graben sus mensajes y que los multipliquen por radios, televisoras e Internet, pero las “muchas palabras” no necesariamente contienen toda La Palabra, simplemente son eso: muchas palabras; ¡lo que tenemos que ver es qué están diciendo!

¿Qué nos están enseñando? ¿Qué estamos repitiendo y enseñando nosotros? ¿Es TODO el consejo divino, toda la Palabra actualizada para los propósitos y necesidades presentes y futuras de nuestros oyentes? Recordemos: muchas palabras no implican mucha Palabra, así que necesitamos discernimiento específico para no confundirnos. ¡Señor, ayudanos!


Danilo Sorti


330. ¿Cuán fácil es entender las profecías de lo por venir?

Lucas 24:15-31 RVC
15 y mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y los iba acompañando.
16 Pero ellos no lo reconocieron, y es que parecían tener vendados los ojos.
17 Se veían tan tristes que Jesús les preguntó: «¿De qué tanto hablan ustedes?»
18 Uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha sucedido en estos días?»
19 «¿Y qué ha sucedido?», preguntó Jesús. Y ellos le respondieron: «Lo de Jesús de Nazaret, que ante Dios y ante todo el pueblo era un profeta poderoso en hechos y en palabra.
20 Pero los principales sacerdotes y nuestros gobernantes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.
21 Nosotros teníamos la esperanza de que él habría de redimir a Israel. Sin embargo, ya van tres días de que todo esto pasó.
22 Aunque también nos han dejado asombrados algunas mujeres de entre nosotros, que fueron al sepulcro antes de que amaneciera.
23 Como no hallaron el cuerpo, han venido a decirnos que tuvieron una visión, en la que unos ángeles les dijeron que él vive.
24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro, y encontraron todo tal y como las mujeres lo dijeron, pero a él no lo vieron.»
25 Entonces Jesús les dijo: «¡Ay, insensatos! ¡Cómo es lento su corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
26 ¿Acaso no era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, antes de entrar en su gloria?»
27 Y partiendo de Moisés, y siguiendo por todos los profetas, comenzó a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él.
28 Cuando llegaron a la aldea adonde iban, Jesús hizo como que iba a seguir adelante,
29 pero ellos lo obligaron a quedarse. Le dijeron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y es casi de noche.» Y Jesús entró y se quedó con ellos.
30 Mientras estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y les dio a ellos.
31 En ese momento se les abrieron los ojos, y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista.


Nosotros estamos acostumbrados a leer en Juan:

Juan 1:10-11 RVC
10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, pero el mundo no la conoció.
11 La Palabra vino a lo suyo, pero los suyos no la recibieron.

Y también:

Lucas 19:44 RVC
44 Y te destruirán por completo, a ti y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no te diste cuenta del momento en que Dios vino a visitarte.»

Y llegamos a la conclusión, cierta, de que teniendo claramente las profecías que desde hacía siglos anunciaban ese día de la venida del Señor, ellos no quisieron darse cuenta, no quisieron entender y prefirieron rechazarlo. Hasta ahí es todo correcto, pero vamos a analizar un “matiz” dentro de ese razonamiento: ¿era tan fácil darse cuenta? O mejor dicho, ¿cómo es que podían “entenderse” las profecías?

Hermanos, debemos ser sinceros: no siempre resulta fácil entender una profecía, ni para nosotros ni para ellos; y es por demás de común que haya una serie de interpretaciones erradas, o equivocadas en parte, danto vueltas por ahí y siendo creídas por muchos. No quiero quitarles responsabilidad porque el mismo Señor se las atribuyó:

Mateo 16:3 RVC
3 Por la mañana, ustedes dicen: “Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y nublado.” ¡Bien que saben distinguir el aspecto del cielo, pero no pueden distinguir las señales de los tiempos!

Pero veremos que tampoco era “tan fácil”. Las profecías refieren a tiempos, lugares y circunstancias que resultan extrañas para los oyentes, y permanecen así durante siglos, precisamente porque en el momento que se van a cumplir van a ocurrir esas circunstancias que no habían ocurrido antes y que no eran conocidas, ¡porque ese es el propósito de la profecía! Si la profecía dijera lo que pasa siempre, aquello que sabemos y que podemos discernir fácilmente, ¿cuánto sentido tendría?

La Biblia ya es lo suficientemente larga como para que el Espíritu Santo escribiera cosas redundantes. Precisamente la profecía es útil cuando alerta sobre fenómenos únicos, cosas lo suficientemente extrañas como para no ser conocidas de antemano ni tampoco predichas por razonamientos humanos. Pero si se trata de tales eventos, es lógico que no puedan entenderse adecuadamente hasta que no llegue el momento, faltan los conceptos en la sociedad como para hacerlo, conceptos que se van adquiriendo con el tiempo y con las circunstancias que van configurando el escenario del cumplimiento profético.

Así las cosas, además de la experiencia que tenemos, debemos reconocer que comprender adecuadamente las palabras proféticas no siempre resulta sencillo, y hay cosas que decididamente no terminaremos de entenderlas hasta que ocurran.

Volvamos a los dos discípulos, tristes y cabizbajos. Para empezar resulta por demás de evidente el hecho de que “no reconocer a Jesús” caminando con ellos estaba asociado a no entender las palabras proféticas que leían todos los sábados y que se habían cumplido delante de sus propios ojos. Y antes de seguir analizando algo, esto debería servirnos como una seria advertencia: cuando no estamos entendiendo adecuadamente la profecía bíblica, y por extensión, a la Palabra de Dios, tampoco podemos “ver” a Jesús caminando con nosotros; ni discernimos Su mano obrando en las circunstancias, ni lo vemos a través de los hermanos y personas que pone al lado nuestro, ni mucho menos lo podemos percibir adecuadamente en el espíritu.

La gran tristeza que tenían, que la Iglesia primitiva reconoció como uno de los “pecados capitales”, era evidentemente algo malo que les había cerrado los ojos. Jesús no los compadece ni los consuela, porque esta tristeza no venía de una aflicción genuina por una pérdida o por un daño recibido, sino de la incredulidad.

Jesús hace un “como sí” para que ellos comenzaran a expresar su dolor, pero quedaron sorprendidos por Su respuesta, ¡ahora resultaba que ellos, que estaban desolados por la “pérdida” de su Maestro, resultaban culpables de no entender las profecías! Y de hecho sí, porque habían estado tres años con el Señor, habían visto las señales y milagros, habían recibido la revelación de la Palabra a través de la Palabra hecha carne y tenían todo su trasfondo judío en el conocimiento de la Ley y los Profetas. Es decir, conociendo y habiendo experimentado más de lo que los religiosos incrédulos de su época habían conocido, seguían sin entender. Eso es grave…

¿Sin entender qué? ¿Algún par de versículos secretos que tenían la “clave” de la revelación? Cada tanto tenemos algún maestro o predicador que viene con una curiosa ensalada de (generalmente pocos) versículos, condimentada con abundante sensacionalismo y servida en la bandeja de “la última revelación que solo pocos conocen”. Pero ese no fue el caso, Jesús empezó con “Moisés”, es decir, el principio del Antiguo Testamento, y siguió hasta “todos los profetas”, pasando obviamente por los libros históricos y poéticos, es decir, ¡toda la Escritura que ellos tenían! No fueron “un par de versículos desconocidos”, me atrevería a afirmar que fueron cientos. Eran once kilómetros en un camino de montaña, no sé cuándo Jesús se encontró con ellos, pero parece que cerca del principio del camino; una persona camina a 5 km/h, supongamos que menos si era un camino accidentado y de montaña, por lo que pienso que es probable que Jesús hubiera estado caminando con ellos por un par de horas, o quizás más si hicieron algunos altos en el camino para descansar. ¡Eso fue un seminario realmente intensivo! Como sea, tuvo tiempo suficiente como para llevarlos por todos los libros del Antiguo Testamento.

Pero eso no bastó, tuvieron que sentarse a la mesa y recibir el pan de manos de Jesús para que su venda espiritual fuera definitivamente quitada y ellos “lo reconocieran”, lo cual era una “metáfora vivida” para decir que habían terminado de entender las profecías.

Entonces, ¿resulta fácil comprender las profecías? No. Los doce estaban reunidos y si no fuera porque el Señor se había aparecido a Pedro tampoco lo creerían, y de hecho tampoco lo reconocieron fácilmente cuando se apareció en medio de ellos.

Así como no era fácil comprender las profecías mesiánicas para los judíos de aquel entonces, aunque tenían todos los recursos para hacerlo, tampoco es fácil comprender las profecías sobre los últimos tiempos para los cristianos de ESTE ENTONCES, o sea, nosotros, con el agravante de que, porque entendemos las profecías mesiánicas que ellos no entendían (¡qué inteligentes! ya pasaron, por eso las entendemos…) CREEMOS que sabemos perfectamente lo que va a pasar en el futuro.

Aclaremos. Sin duda estamos en una situación mucho mejor que ellos, el Espíritu Santo está accesible para todo el cristianos fiel que lo quiera oír, el grado de revelación que tenemos es mayor, y SÍ tenemos mucho entendimiento sobre las profecías escatológicas. Pero eso no significa que tengamos TODO el entendimiento, o que una corriente del cristianismo en particular lo tenga, por más de que posea una escatología desarrollada. Si reconocemos que a nosotros TAMBIÉN se nos dificulta, por más de que haya tanto escrito hoy, entonces podemos ponernos en una posición de humildad espiritual que nos permitirá acceder a lo que nos falta comprender.

¿Pero por qué no entendemos? Jesús no criticó a estos discípulos por su ignorancia bíblica, porque no eran ignorantes. Los criticó por su incredulidad. No prestó atención a su profunda tristeza porque esta venía en realidad de la incredulidad de ellos. Los criticó por la “lentitud de su corazón”, es decir, por aferrarse a su sistema de creencias aún sabiendo que ya está caduco y que deberían cambiarlo por algo nuevo. ¡Cuántos cristianos hoy se enorgullecen de no cambiar fácilmente de opinión ni “dejarse llevar por todo viento de doctrina”! Por cierto que es una virtud, pero observo con demasiada frecuencia que esa “virtud” está asociada con la dureza del corazón para creer algo nuevo que el Espíritu quiera mostrar.

Esa incredulidad llega a ser una venda, que ni aún se quita con una enseñanza magistral, porque no fue sino hasta que Jesús les ministró directamente que se terminaron de abrir sus ojos naturales (porque se habían abierto los espirituales). La dificultad para entender la profecía no es una cuestión principalmente intelectual sino del corazón; es nuestra incredulidad y dureza la que hace que nuestra mente “no entienda”.

Hermano, ¿no estás entendiendo lo que el Espíritu viene hablando en este tiempo? ¿Te parecen cosas extrañas, medio raras, a las que no le das demasiada importancia? Bueno, si te cuesta entender, ¡bienvenido al club! Pero la buena noticia es que podemos abrir nuestro corazón para recibir revelación, y te aseguro que no demorará mucho en llegar.


Danilo Sorti