lunes, 4 de junio de 2018

498. El Sermón del Monte – X Emociones bajo control


Mateo 5:27-32 RVC
27 »Ustedes han oído que fue dicho: “No cometerás adulterio”.
28 Pero yo les digo que cualquiera que mira con deseos a una mujer, ya adulteró con ella en su corazón.
29 Por tanto, si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácatelo y deshazte de él; es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
30 Y si tu mano derecha te hace caer en pecado, córtatela y deshazte de ella; es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
31 »También fue dicho: “Cualquiera que se divorcia de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.”
32 Pero yo les digo que el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere, y el que se casa con la divorciada, comete adulterio.


a)     Un rápido repaso por los mandamientos

Jesús está haciendo aquí un rápido repaso de los diez mandamientos, concentrándose en lo que Sus oyentes necesitaban saber especialmente; recordemos, no eran “recién convertidos”, eran los santos fieles que habían llegado hasta ese tiempo de transición, y constituían el fundamento de la naciente iglesia, por lo tanto no debemos pensar que estas palabras pueden aplicarse “sin más” en cualquier caso.

Volviendo al tema, antes había hablado sobre el asesinato, utilizándolo como punto de partida para reenfocar en lo verdaderamente importante: los pensamientos, los sentimientos, los deseos más profundos. En realidad, más que repasar los mandamientos, estaba retomando los principales temas que encontramos en el principio de las Escrituras; Génesis 4 con Caín y Abel dan “inicio” a una larguísima serie de muertes y asesinatos, y desde allí quedó en claro que todo nacía en el interior:

Génesis 4:7 RVC
7 Si haces lo bueno, ¿acaso no serás enaltecido? Pero, si no lo haces, el pecado está listo para dominarte. Sin embargo, su deseo lo llevará a ti, y tú lo dominarás.»

Los problemas en las relaciones matrimoniales no son muy posteriores en el relato bíblico, ya con Abraham nos metemos de lleno en esas cuestiones, que seguirían acrecentándose con el tiempo. Por supuesto, había un mandamiento que decía expresamente “No cometerás adulterio”.


b)    Mirando hacia el interior

De nuevo tenemos el mismo enfoque: ¿lo importante era no ejecutar el hecho en sí, o no desearlo en el corazón? Y Jesús se encarga de aclararlo muy bien. Es más, este pasaje nos hace más entendible el anterior: “cualquiera que mira con deseos a una mujer” se está refiriendo a lo más profundo del corazón, y por lo tanto, allí debemos actuar.

La recomendación de Jesús es muy gráfica, aunque deberíamos entenderla de acuerdo a la peculiar forma de hablar aramea de aquel entonces, porque sino terminaríamos todos mancos, cojos y ciegos, especialmente los hombres…

Creo que las palabras de Pablo nos aclaran el significado a los que no tenemos una mentalidad oriental:

2 Timoteo 2:22-23 RVC
22 Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con aquellos que con un corazón limpio invocan al Señor.
23 Pero desecha las cuestiones necias e insensatas; tú sabes que generan contiendas.

“Huir” y “desechar”, aún lo más amado y “acariciado”, aún aquello que llega a darnos incluso valor e identidad, o aquello que nos satisface sobremanera.

Estas palabras de Jesús fueron siempre pertinentes, pero quizás nunca más que hoy, cuando el hedonismo es exacerbado al máximo. Hay una clara intencionalidad en esto: por un lado, Satanás sabe que así fácilmente mantiene a los hombres y mujeres cautivos con muchas ataduras, arrastrándolos fácilmente al infierno; por otro, políticamente es por demás de conveniente porque la gente se mantiene entretenida en sus placeres y no es capaz ni de analizar las decisiones ni de reclamar u organizarse inteligentemente. Y por otro, los niños que nacen de ese “desmadre” de relaciones crecen sin identidad, sin dirección y atados desde antes de nacer, es decir, la materia prima perfecta para construir la sociedad que requiere el Anticristo.

No es ninguna gracia ni ninguna señal de “hombría” (y viceversa) fanfarronear con mujeres (u hombres), pero por más básico que esa esto que decimos, sigue siendo muy común para muchos. Sencillamente, se trata de sentimientos muy profundos.

Dios ha puesto el deseo sexual y, más que eso, la necesidad de compañía del otro sexo, en nosotros y eso no es malo, pero necesita ser adecuadamente orientado, y muy pocos reciben dicha orientación. Cuando llegan al Evangelio pueden aprender a disimular sus verdaderos sentimientos, pero si no reciben una sanidad profunda, probablemente luchen toda su vida con eso. Es necesario que los líderes se enfoquen en esos temas, por más que resulten vergonzosos o incómodos para hablar desde el púlpito.

No es posible “llegar un acuerdo” con lo que nos lleva a la tentación: debemos echarlo, renunciar a ello, quitarlo de nosotros sin más y sin piedad; y no hay ningún “matiz” que agregar a esas palabras.


c)     Caza de brujas 2.0: los divorciados

Es increíble como estas palabras de Jesús, que pretendían traer libertad a un pueblo cautivo bajo el yugo de la religión, se transformaron fácilmente en una nueva “religión evangélica”. Y uno de los temas favoritos es el de los divorciados.

Creo que no hace falta decir que Dios odia el divorcio y que nunca fue Su propósito original, así como tampoco hace falta decir que es una realidad por demás de común hoy día… ni hace falta decir que Dios mismo tuvo que enfrentar un divorcio:

Jeremías 3:7-10 DHH
7 Yo pensé que, aun después de todo lo que ella había hecho, volvería a mí; pero no volvió. Su hermana, la infiel Judá, vio esto;
8 y vio también que yo repudié a la rebelde Israel y que me divorcié de ella precisamente por el adulterio cometido. Pero Judá, la infiel hermana de Israel, no tuvo temor, sino que también ella fue y se dedicó a la prostitución.
9 Y lo hizo con tanta facilidad, que profanó el país. Me fue infiel adorando a las piedras y a los árboles.
10 Y después de todo esto, la infiel Judá tampoco volvió a mí de todo corazón, sino que me engañó. Yo, el Señor, lo afirmo.

Pablo volvería sobre el tema aclarando que no se debía hacer que los nuevos convertidos volvieran a su primera pareja, y de paso, nos aclara las palabras de Jesús:

1 Corintios 7:10-15 DHH
10 Pero a los que ya están casados, les doy este mandato, que no es mío, sino del Señor:[h] que la esposa no se separe de su esposo.
11 Ahora bien, en caso de que la esposa se separe de su esposo, deberá quedarse sin casar o reconciliarse con él. De la misma manera, el esposo no debe divorciarse de su esposa.
12 En cuanto a los demás, les digo, como cosa mía y no del Señor,[i] que si la mujer de algún hermano no es creyente pero está de acuerdo en seguir viviendo con él, el hermano no debe divorciarse de ella.
13 Y si una mujer creyente está casada con un hombre no creyente que está de acuerdo en seguir viviendo con ella, no deberá divorciarse de él.
14 Pues el esposo no creyente queda santificado por su unión con una mujer creyente; y la mujer no creyente queda santificada por su unión con un esposo creyente. De otra manera, los hijos de ustedes serían impuros; pero, de hecho, pertenecen al pueblo santo.[j]
15 Ahora bien, si el esposo o la esposa no creyentes insisten en separarse, que lo hagan. En estos casos, el hermano o la hermana quedan en libertad, porque Dios los ha llamado a ustedes a vivir en paz.

Hay una norma que rige para los santos: no deben separarse, si es que se han unido en el propósito del Señor. Esa norma no rige necesariamente para los inconversos ni para los que recién se convierten, y por supuesto, tampoco rige para las uniones desiguales, cuando un hijo de Dios se une, engañado, en yugo desigual.

Pero como este es un tema sensible muy fácil de manipular, y que parece ser un “sacrificio muy grande” con el cual “Dios debería estar muy contento con el que lo hace”, unas cuantas iglesias ponen mandamientos donde no lo hay. En mi ciudad tenemos una, por ejemplo, que obliga a los recién convertidos a dejar a su pareja si se casaron luego de divorciarse y volver a la primera, porque, en su interpretación, “lo que Dios unió que no lo separe el hombre”. Es decir, ellos están suponiendo que un matrimonio celebrado frente a una autoridad religiosa es garantía de que fue unido por Dios… eso es suponer mucho…

Lamentablemente, tenemos la otra cara, especialmente en muchas iglesias pentecostales y neopentecostales, que llevan a la exageración este principio:

1 Corintios 7:24 DHH
24 Así pues, hermanos, que cada cual permanezca delante de Dios en la condición en que estaba cuando fue llamado.

Y así tenemos gente, incluso líderes, que viven con parejas irregulares, de hecho, sin formalizar, que pretenden ministrar y servir al Señor. Por supuesto que Dios puede usar a todos tal como están HOY, pero eso no significa que deban permanecer así MAÑANA.

Una cosa son los problemas conyugales fuera del Señor, pero eso no debe seguir así EN el Señor: no se puede aceptar fácilmente el divorcio entre los cristianos. Es cierto que puede haber casos especiales, y los hay, pero precisamente, son especiales no generales. Y Jesús, en Mateo 5, se está refiriendo a la realidad ENTRE HERMANOS, entre santos del Señor; allí no debemos considerar al divorcio como una posibilidad, no lo es y no podemos pensar nunca en él. Repito, esto es así cuando estamos hablando de SANTOS; no cuando tenemos yugos desiguales, de los cuales en este momento se me ocurren unos cuantos ejemplos de cristianos que conozco.


d)    No se supone que haya soluciones fáciles…

“Cualquiera que se divorcia de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.” Esto es una solución fácil para los problemas, y en esencia lo que dice Jesús en este pasaje es que no debemos buscar el camino APARENTEMENTE fácil, o mejor dicho, fácil en el corto plazo.

No divorciarse implica enfrentar los problemas conyugales, ¡y eso no tiene nada de agradable, especialmente para los varones, que estamos menos preparados para encarar los vericuetos de las emociones humanas! No, no es fácil para nosotros, ¡es un verdadero desafío de fe y de paciencia!

El pacto hecho delante de Dios, VERDADERAMENTE delante de y en la voluntad de Dios, no se rompe, y en este tiempo de promesas extremadamente ligeras, necesitamos recordarlo una y otra vez.

Y con eso, creo que Jesús nos está diciendo más que solo el matrimonio, nos exhorta a no romper ningún tipo de pacto o relación que Él mismo haya establecido entre cristianos; sea de amistad, de trabajo, de colaboración, ministerial o lo que sea. Tampoco debe haber “divorcio” allí.

Por lo tanto, necesitamos la fortaleza del Señor para mantenernos firmes en nuestros compromisos, ESPECIALMENTE en este tiempo de tantos cambios y volatilidad, cuando la palabra y la promesa se encuentran tan ampliamente desvalorizadas. Pero precisamente ahí, con esos hechos, es que daremos un poderoso testimonio de nuestro Señor.


Danilo Sorti


497. El Sermón del Monte – IX ¡Esto sí es difícil!


Mateo 5:21-26 RVC
21 »Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y que cualquiera que mate será culpable de juicio.
22 Pero yo les digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio, y cualquiera que a su hermano le diga “necio”, será culpable ante el concilio, y cualquiera que le diga “fatuo”, quedará expuesto al infierno de fuego.
23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve y reconcíliate primero con tu hermano, y después de eso vuelve y presenta tu ofrenda.
25 Ponte de acuerdo pronto con tu adversario, mientras estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel.
26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado el último centavo.


a)     ¡Quién dijo que era fácil!

A veces parece que las exigencias del Antiguo Pacto eran mayores, que había una ley más estricta que cumplir. En parte es verdad, y en el fondo la “ley espiritual” fue siempre la misma, pero las exigencias que se hacen bien claras al entrar el Nuevo Pacto no eran menores de las que ellos debían cumplir.

Vimos que los versículos anteriores funcionan como una especie de introducción al Sermón del Monte, pero todo el sermón es a la vez una introducción al mensaje de Cristo, y al resto del Nuevo Testamento, por ello cobra mucha importancia lo que leamos aquí. Y nos encontramos precisamente con principios rectores de todo el mensaje neotestamentario, uno de los cuales se nos hace evidente en estos versículos: ¡las exigencias no son menores, al contrario!

Aunque Dios nunca estuvo interesado sólo en formas externas, como muchos pasajes del Antiguo Testamento lo muestran (por ejemplo, Isaías 58), no se hizo tan evidente el enfoque hacia el interior como a partir del mensaje de Cristo. Una cosa es contenerse como para no agarrar del cuello al hermanito en cuestión… pero otra muy diferente es seguir pensando bien cuando mi hermano (y acá está hablando de “hermanos”, probablemente no de todos…) me hace algo malo.

A primera vista, esta nueva ley es mucho más difícil y mucho más imposible de cumplir que la anterior.


b)    Vamos a las raíces

Es lógico lo que dice: las acciones externas son fruto de nuestros pensamientos, en realidad, la cadena de hechos es como sigue: primero tenemos un marco de valores con el cual juzgamos lo que nos ocurre, lo que nos hacen y lo que deberíamos hacer. Ningún suceso ni ninguna persona tiene la capacidad como para obligarme a sentir o reaccionar de determinada manera, lo que ocurre es que el hecho en cuestión, al interactuar con mi sistema  de pensamientos y valores, hace que mi mente genere sentimientos, que se afianzan con poder en mi sistema cognitivo y terminan generando respuestas, que podrán ser positivas o negativas.

Claro que esto es una simplificación, entremedio tenemos unas cuantas “voces” interviniendo o estorbando, pero de forma resumida explica lo que sucede. Es en vano intentar contener mis acciones pecaminosas si no he trabajado con mis sentimientos, pensamientos y, más en lo profundo, sistema de valores. Por supuesto, más adelante en el Nuevo Testamento se nos revela que sin el poder y la guía del Espíritu, todo eso puede ser una buena propuesta de autoayuda, pero con poca capacidad real para cambiar algo.

Pero finalmente somos nosotros los que le permitimos al Espíritu obrar en lo más profundo de nuestra mente y emociones (y espíritu) o no, así que si sabemos “a partir de dónde” se nos considera el pecado, sabemos dónde hay que trabajar, y Jesús dejó en claro que “pecado” son los pensamientos y sentimientos tanto como las acciones, delante de Dios. Y esto es así porque hay muchos factores externos que pueden impedir una acción pecaminosa (o fomentar una acción “buena”) pero eso no significa que la raíz del mal haya sido quitada del corazón.

Como dije antes, se nos revelará más adelante la indispensable obra del Espíritu, pero lo que leemos aquí debería bastarnos para evitar que entendamos los mandatos y ordenanzas neotestamentarias como una nueva ley externa, aunque no se repita luego expresamente y en todas las ocasiones, debemos leer cada acción externa que se nos llama a realizar como el inevitable resultado de un cambio internos; en la forma de pensar y valorar. De nuevo, ¡nunca se nos pidió reemplazar una “ley” por otra! Jesús establece el principio: debemos solucionar el problema allí donde nace, en lo profundo del ser, antes que llegue a convertirse en acciones.

El versículo 22 nos muestra dos niveles, habla de enojo y de palabras. Dios Habla Hoy lo aclara un poco más en su traducción:

Mateo 5:22 DHH
22 Pero yo les digo que cualquiera que se enoje con su hermano, será condenado. Al que insulte a su hermano, lo juzgará la Junta Suprema; y el que injurie gravemente a su hermano, se hará merecedor del fuego del infierno.

Tenemos entonces tres niveles: enojo, insulto e injuria; la violencia es obviamente el cuarto paso. Más vale solucionamos el tema en el nivel del enojo, que es mucho más fácil y lo podemos resolver a solas con Dios.


c)     ¿Siempre podemos estar en paz?

Si tomamos un pasaje aislado de las Escrituras inevitablemente llegaremos a un error, y este texto del Sermón del Monte, que está precisamente en un contexto muy importante, es uno de aquellos que los inmundos infiltrados en la iglesia utilizan para su propio provecho, ¿de qué forma?; pues generando una culpa perpetua en los santos fieles frente a los “hermanos” (o más bien, primos lejanos) que siempre están ofendidos por algo.

Veamos esta misma idea en otro contexto:

Romanos 12:14-21 DHH
14 Bendigan a quienes los persiguen. Bendíganlos y no los maldigan.
15 Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran.
16 Vivan en armonía unos con otros. No sean orgullosos, sino pónganse al nivel de los humildes. No presuman de sabios.
17 No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.
18 Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos.
19 Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor.
20 Y también: tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; así harás que le arda la cara de vergüenza.
21 No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal.

No es posible estar en paz con todos, Jesús mismo no lo logró, no es posible resolver todas y cada una de las ofensas que los otros sientan hacia nosotros, ¡si hasta Dios mismo resulta tremendamente ofensivo para la mayoría de la gente del mundo actual! ¿qué nos queda para nosotros? Somos llamados a esforzarnos por la paz, a ser mansos, a no vengarnos, pero el texto de Mateo 5 debemos leerlo adecuadamente bajo la óptica de una palabra que se repite muchas veces: “hermano”.

No podemos estar en paz con todos, y no debemos mantener una paz política con los que hacen lo malo (aunque tampoco iniciar una “guerra santa”). Pero sí somos llamados a mantener la paz con los hermanos, con los verdaderos hermanos, por lo que el discernimiento se hace necesario.

Si extendemos el significado de estas palabras hacia donde no debemos, viviremos en una frustración y culpa constantes. Pero por otro lado, cuando los santos han resultado ofendidos, es bueno que procuremos una solución.

La Biblia habla mucho sobre el tema; en otra parte Jesús nos muestra cómo solucionar los problemas, primero personalmente, luego con algunos testigos, finalmente con toda la congregación. Pablo, a medida que se establecían niveles de autoridad en la iglesia, profundiza el tema, estableciendo una figura de autoridad como “juez” o mediador. De nuevo, tenemos un tema largo y complejo, sólo quiero decir que debemos evitar armar toda la doctrina con este solo pasaje.

Dicho esto, ¡procuremos resolver los problemas! En el fondo aquí se nos muestra el valor de la Familia de Dios, el Señor mismo está allí y toma muy en cuenta como nos tratamos unos a otros. Estos pasajes, puestos al principio del Nuevo Testamento, nos siguen desafiando siempre porque siempre hay muchas oportunidades en que nuestros hermanos se pueden sentir ofendidos, o enojados, o viceversa.

Quizás no podamos resolver absolutamente todos los problemas, creo que unos cuantos no podemos hacerlo solos, pero de nuevo tenemos una clave importante: “si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas…”. Si lo llevamos a nuestro tiempo lo que dice aquí es simplemente que, cuando estamos en la presencia de Dios, si el Espíritu Santo nos exhorta respecto de alguna relación rota, trabajemos en ello. No todas se podrán arreglar enseguida, pero sin ninguna duda podremos hacer todo lo que el Espíritu Santo nos indique específicamente que hagamos, sea orar, arrepentirnos, ir a hablar con el ofendido u ofensor, buscar un intermediario.

Lamentablemente hay situaciones más difíciles dentro de la comunidad de la fe como abusos, maltrato o estafas que pueden requerir una intervención judicial, y eso no está mal. Tengo mis serias dudas de que alguien que cometa algo de eso pueda ser llamado “hermano”, por más que tenga toda la apariencia y el discurso; por lo tanto, no rige lo que dice aquí. Por otro lado, en este texto no se está hablando de ninguno de esos hechos ni del contexto se supone que algo así ocurriera.

¡Señor, danos la sabiduría para saber aplicar estas palabras y la humildad para humillarnos cuando sea necesario!


Danilo Sorti


496. El Sermón del Monte – VIII El punto de comparación


Mateo 5:20 RVC
20 Yo les digo que, si la justicia de ustedes no es mayor que la de los escribas y los fariseos, ustedes no entrarán en el reino de los cielos.

Mateo 5:48 RVC
48 Por lo tanto, sean ustedes perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto.


a)     ¿Con quién nos medimos?

A veces pensamos que a los cristianos se les colocó una medida de santidad muy alta pero lo cierto es que esa “medida” viene desde el principio de la constitución de Israel como nación:

Levítico 11:45 RVC
45 »Yo soy el Señor. Yo los he sacado de Egipto para ser su Dios. Así que ustedes deben ser santos, porque yo soy santo.»

Levítico 19:2 RVC
2 «Habla con toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: »Ustedes deben ser santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo.

1 Pedro 1:16 RVC
16 Escrito está: «Sean santos, porque yo soy santo.»

No hay nada nuevo cuando somos llamados a ser santos como Dios, aunque deberíamos reconocer que la palabra “santo” no tenía para esos primeros israelitas en el desierto exactamente la misma profundidad que para nosotros, porque la medida de la revelación de la Santidad de Dios ha ido creciendo con el tiempo. Tampoco tiene el mismo significado a lo largo de los distintos siglos de la Iglesia, en la medida que el entendimiento sobre la revelación neotestamentaria crece. Ni tiene el mismo significado para el que recién se convierte que para el cristiano de años. Pero en cualquier caso la “esencia” se mantiene: tal como Dios es debemos ser nosotros.

Puede resultar paradójico si lo comparamos con las palabras viperinas en el Huerto:

Génesis 3:5 RVC
5 Dios bien sabe que el día que ustedes coman de él, se les abrirán los ojos, y serán como Dios, conocedores del bien y del mal.»

Pero se aclara cuando vemos que aquí se les promete, falsamente, el conocimiento (y subsecuente poder) mientras que lo que Dios nos pide es el carácter, el corazón, es decir, la vida que fluye de Él mismo, es decir, ¡el árbol de la vida, que estaba en el mismo huerto! Mientras el carácter de Dios estaba perfectamente accesible al hombre, Dios había prohibido el conocimiento independiente.

Jesús vuelve sobre ese tema luego de la “introducción” del Sermón del Monte: la Ley no había caducado, era necesario volver a interpretarla y releerla porque, dice de manera indirecta aquí, los líderes religiosos de la época ni la enseñaban ni la vivían como correspondía.

Este ha sido uno de los temas centrales a lo largo de la mayor parte de la Biblia: desde el momento en que Dios establece una nación y un sistema religioso, aparece el engaño de los líderes hipócritas. En realidad viene desde antes, pero ahí se hace bien evidente.

Desde ese entonces, quizás la principal piedra de tropiezo en su fe que han encontrado todos los fieles han sido estos líderes mentirosos, por lo que uno de los objetivos centrales de Satanás siempre fue infiltrar a los suyos dentro de la Iglesia y más específicamente en las funciones de liderazgo, a la vez que tratar de engañar a los líderes genuinos para que trabajen para su reino.

Lo sorprendente de esta estrategia es que, a pesar de todo lo que tenemos escrito en la Biblia y de tantos y tantos ejemplos que encontramos en la historia y en el presente, ¡sigue funcionando muy bien! La gran mayoría de los hombres anhelan líderes humanos para seguir, y el Adversario tiene una gran variedad de ellos que ofrecer, incluso “dentro” de la Iglesia.

Es uno de los mensajes que encontramos al principio mismo del Nuevo Testamento, y el Espíritu no lo dejó allí por casualidad.

¿Con qué nos medimos? Dios siempre llamó a Su pueblo a medirse con Él, no con otro, y Jesús no hace más que recordarles esa enseñanza básica, frente a los usurpadores que pretendían erigirse en regla y medida de fe. No se supone que sea fácil, pero no hay otro camino.

Hermano, si vos son uno de los que se ha quedado al costado del camino lamentándose por haber sido engañado por falsos pastores, debo decirte dos cosas, la primera es: ¡bienvenido al club!, la segunda es: hemos sido advertidos de eso desde hace miles de años (antes incluso que las palabras de Jesús), así que no debemos sorprendernos ni apartarnos del (verdadero) Cuerpo de Cristo ni de Su voluntad, simplemente necesitamos ejercer discernimiento.

¿Con quién nos medimos? No con los hombres, no con los líderes ni maestros ni profetas, con todo el respeto que me merecen; solo son servidores cuya función es llevarnos a Cristo. Si para eso sirven nuestras palabras, hacemos bien; si sutilmente nos ponen a nosotros mismos como medida, estamos errando.


b)    ¿Qué oyeron ustedes?

Mateo 5:21-22 RVC
21 »Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y que cualquiera que mate será culpable de juicio.
22 Pero yo les digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio, y cualquiera que a su hermano le diga “necio”, será culpable ante el concilio, y cualquiera que le diga “fatuo”, quedará expuesto al infierno de fuego.

El resto del capítulo 5 repite varias veces la frase “ustedes han oído… pero yo les digo…”, y en todas esas expresiones Jesús los está invitando a reflexionar sobre su entendimiento espiritual: ¿solamente una comprensión básica de las Palabras de Dios nos es suficiente? No, hay algo más, pero no “más” en el sentido de una palabra distinta, de alguna revelación oculta, de esos “misterios secretos” que muchos hijos de Dios han buscado a lo largo del tiempo y con lo que se han terminado desviando del camino; hay “algo más” en la misma Palabra, en esas sencillas palabras dichas una vez que, sin embargo, tienen derivaciones y profundidades insospechadas.

“Han oído” nos remite a una enseñanza SOBRE la Palabra pero que no necesariamente ES la Palabra. Es lo que “se dice”, lo que se enseña, lo que se cree, pero, ¿es lo que realmente Dios dijo?

Cuando lo que se nos enseña es demasiado básico sentimos la necesidad de “buscar más”, y allí está el peligro de buscar donde no corresponde. ¿Por qué hay enseñanzas básicas? Las iglesias evangelísticas son por naturaleza “básicas”, si no tienen otros dones funcionando inevitablemente la gente se irá de ellas cuando quiera crecer, o se quedará allí eternamente como niños espirituales. Pero hemos aprendido también que el mensaje “básico”, sencillo, casi infantil, es una forma muy efectiva de dominar a las masas, y es lo que utilizan los poderosos a través de sus medios de comunicación; la gente tiende a conformarse al discurso que le dicen, y si las tratan como niños, como tal terminarán actuando, por supuesto, si es que no pueden cuestionar eso.

Lo mismo pasa en muchas iglesias grandes: mensajes simples y emocionales, Evangelio sencillo, fórmulas cortas y “mágicas” para lograr algo. Inevitablemente un cristianismo acomodado en ese molde “ha oído” muchas cosas que son medias verdades, o verdades simplistas, que necesitan ser profundizadas.

Más allá de eso y sin importar cuál sea nuestro nivel de profundidad espiritual, todos “hemos oído” algo, algo se nos ha enseñado y no necesariamente es incorrecto, como no era incorrecto el mensaje que Jesús profundiza en estos pasajes, pero esas enseñanzas pueden tener mucha más profundidad de la que hasta ahora hemos sabido, así que, a creyentes fieles que conocían y amaban la Palabra de Dios y al Dios de la Palabra, Jesús los está desafiando a recibir nuevas profundidades en la Revelación, ¿aceptaremos nosotros ese desafío?

Danilo Sorti



495. El Sermón del Monte – VII Dejemos las cosas en claro


Mateo 5:17-19 RVC
17 »No piensen ustedes que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.
18 Porque de cierto les digo que, mientras existan el cielo y la tierra, no pasará ni una jota ni una tilde de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
19 De manera que, cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los demás, será considerado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los practique y los enseñe, será considerado grande en el reino de los cielos.


a)     Una introducción en tres etapas

Si estamos buscando una “lista de instrucciones” para vivir, hasta el versículo 19 tenemos la “introducción” a ella. En las bienaventuranzas Jesús quitó la carga de los hombros de sus oyentes; les aseguró que ya hay recompensa para ellos y que nadie se queda afuera, además les mostró que el Reino de los Cielos, en este tiempo, es “paradójico”. Luego, les hizo ver la tremenda realidad de su valor para el mundo y para Dios (¡incluso para el mismísimo Satanás!) a la vez que los exhortó a perseverar, a no perder su esencia. En estos últimos versículos de la “introducción” les recuerda en qué consistía Su enseñanza.

En realidad, buena parte de las enseñanzas que siguen están dadas en contraposición a lo que decían los religiosos de la época; la Palabra de Dios en boca de ellos había llegado a transformarse en una piedra imposible de cargar, y era obvio que muchos fieles se preguntaran si realmente era eso lo que Dios había dicho o quería de ellos. Probablemente ninguno de ellos cumpliera todos esos mandamientos (humanos), pero Jesús acababa de llamarlos bienaventurados, sal, luz y ciudad santa, ¿estaba bien, entonces, no cumplir la “Ley”?

Ellos estaban confundidos respecto de lo que Dios decía, como muchos cristianos hoy, con la diferencia importantísima de que ellos no tenían un acceso tan fácil a las Escrituras. El error religioso se había mezclado inextricablemente y no resultaba fácil diferenciarlo de la Verdad.

Por eso se hace necesaria esta aclaración: las Escrituras no habían perdido su valor, pero era necesario entenderlas correctamente. En cierto sentido, Pablo está retomando parte de la esencia de este mensaje en Gálatas, cuando algunos falsos maestros habían comenzado a generar el mismo proceso en la naciente iglesia.


b)    La Biblia no pasó de moda

17 »No piensen ustedes que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. (RVC)
17 “No crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas; no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor. (DHH)
17 »No crean que vine a quitar la ley ni a decir que la enseñanza de los profetas ya no vale. Al contrario: vine a darles su verdadero valor. (TLA)

La palabra que se traduce por “cumplir” es πληρόω, pleróo, que según el diccionario Strong puede significar: “hacer repleto, i.e. (literalmente) atiborrar (una red), rellenar (un hueco), o (figurativamente) proveer (o imbuir, difundir, influencia), satisfacer, ejercer (un oficio), terminar (un período o tarea), verificar (o coincidir con una predicción), etc.: pasar, perfecto, rellenar, suplir, terminar, lleno, llena, atestar, al cabo, completar, completo, completa, cumplidamente, cumplir.”

Así que la idea está entre cumplir y completar, pero de todas formas no es tan imperativo concentrarse en esta palabra porque los versículos siguientes aclaran su significado en este contexto.

Vimos antes que la Ley que ellos conocían no era ni el verdadero espíritu ni la verdadera letra de las Escrituras, y por lo tanto resultaba comprensible que se sintieran atraídos por ella. Eso no anulaba las Escrituras, sino que hacía necesario reenfocarlas de la manera correcta.

El mismo error lo encontramos hoy, cuando abunda tanto engaño y error. Muchos cristianos terminan desilusionados, no de la Biblia o de la Palabra de Dios, pero sí de algunas enseñanzas particulares, sobre las que terminan concluyendo que “no funcionan”.

Algunos se desilusionan de los pastores o de cualquier liderazgo de iglesia, y conociendo unas cuantas iglesias debo decir que tienen mucha razón… Pero eso no anula lo que dice la Biblia respecto de la autoridad espiritual, simplemente nos hace ser más cuidadosos y aplicar el discernimiento para reconocer a los que verdaderamente la tienen.

Algunos (¡muchos!) están profundamente heridos respecto del tema del dinero, especialmente el abuso del diezmo y su enseñanza incorrecta, por lo que se retraen de dar con generosidad. Algunos han sido lo suficientemente sabios como para reconocer dónde tienen que ofrendar y dónde no, cuánto es lo que el Espíritu realmente les dice que den y cómo.

Otros están desilusionados con las promesas de Dios, porque han salido muchísimos falsos obreros que rebajaron la gracia divina prometiendo bendiciones sin las condiciones que el Señor estableció en Su Palabra, las cuales obviamente no se cumplen. Así, muchos cristianos han dejado de creer en sus corazones en lo que Dios genuinamente promete en Su Palabra.

Cada lugar y cada época tiene sus propios engaños, muy fuertes, de tal manera que hacen dudar de la veracidad de la Palabra a algunos y a otros, los más fieles, de la veracidad de ciertas doctrinas o enseñanzas.

En ese sentido “no he venido para abolir, sino para cumplir” es una nota de sorpresa y de alivio. La “sorpresa” es que la Ley, tal como fue dad, es perfecta y buena. El “alivio” viene por partida doble: hay Alguien que sí puede cumplir con la Ley, el Único en toda la Tierra, y lo que ellos estaban conociendo no era exactamente lo que Dios había dicho; la TLA cuando traduce “vine a darles su verdadero valor” está enfocando en ese sentido.

La Palabra de Dios no “pasó de moda”, no quedó desactualizada pero es necesario corregir interpretaciones erróneas y completar lo que fue dicho parcialmente. Ahora bien, ¿quién era Este que se arrogaba el derecho a completar lo que Dios había dicho? Nadie sino Dios mismo podía hacer eso, por lo tanto tenemos aquí una muy temprana declaración de divinidad mesiánica.


c)     La Palabra de Dios permanecerá por siempre

18 Porque de cierto les digo que, mientras existan el cielo y la tierra, no pasará ni una jota ni una tilde de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

No sabemos cuánto durará este universo. Según los últimos estudios, se originó hace unos 13.770.000.000 de años, y los científicos, según lo que conocen hasta ahora, no se ponen de acuerdo en si tendrá un fin o no. Por supuesto, este es el conocimiento “debajo del sol”; personalmente creo que no terminará, pero lo importante aquí es que mientras exista esta creación, hay una Palabra que le fue “dada” a este universo (a nosotros, claro, como sus legítimos líderes) y esa lo regirá por siempre.

La verdad es que ninguna generación podrá nunca entender todo el significado eterno y universal de esta sencilla frase dicha hace casi dos mil años en un monte de Israel, entre un grupo de humildes santos. Quizás no podría haber “contraste” mayor. Cada nueva época deberá descubrir nuevas dimensiones de estas palabras, a medida que le sea permitido descubrir nuevas dimensiones de la Creación, que por cierto, no terminará nunca porque su Creador es también Eterno y eternamente creativo.

Las consecuencias de esta frase son enormes, porque tira por tierra las pretensiones de cualquier doctrina, teología o enseñanza espiritual que quiera ser la “completa y definitiva”. No importa cuán abarcadora o extensiva sea, no importa cuánto haya estudiado el erudito en cuestión, no importa cuánto tiempo haya trabajado en ella; siempre habrá nuevas facetas, nuevas aplicaciones, nuevos tesoros por descubrir, nuevos énfasis que habían permanecido ocultos.

La Palabra que no pasa de moda es a la vez la Palabra siempre renovada, y por ello exige a los hombres y mujeres, niños y ancianos, volver a leerla vez tras vez. Si no “pasa de moda” es que siempre hay algo nuevo.

Los religiosos se “anclan” en el pasado, que, sin embargo, no es el que ellos dicen que es; pero la Revelación de Dios, aunque fue dada en un tiempo para nosotros ya pasado (no para Dios, claro) como es viva, sigue hablando y renovándose. Por supuesto, esto se entiende solo espiritualmente.


d)    ¡Ay de los que enseñamos!

19 De manera que, cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los demás, será considerado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los practique y los enseñe, será considerado grande en el reino de los cielos.

Santiago 3:1 RVC
1 Hermanos míos, no se convierta la mayoría de ustedes en maestros. Bien saben que el juicio que recibiremos será mayor.

A veces parece que las enseñanzas de las epístolas son algo distinto a lo que Jesús dijo en los Evangelios, y en parte es así, pero en esencia se trata de la “ampliación” y aclaración de Sus primeras palabras, y con este pasaje se nos hace evidente.

Se estima que Santiago fue la primera epístola escrita del Nuevo Testamento, proféticamente (en vista de las enseñanzas que vendrían después) el hermano del Señor recordó las palabras de Jesús en ese “primer” sermón.

El significado es tan claro aquí que en vez de tratar de explicar lo que dice y darle unas cuantas vueltas a la interpretación para “moderar” su advertencia (cosa que algunos teólogos, maestros y predicadores saben hacer muy bien…) deberíamos más vale tirarnos al piso junto con el cobrador de impuestos para decir:

Lucas 18:13 RVC
13 Pero el cobrador de impuestos, desde lejos, no se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador.”

Entendemos de aquí que no hay “mandamiento pequeño”, concepto que se hace extremadamente “necesario” cuando uno trata de cumplir la Ley por sus propios esfuerzos. Jesús está poniendo una meta imposible de cumplir para los hombres de manera natural; la gracia que Él revelaría progresivamente terminaría de completar esta enseñanza.

Ningún maestro puede obedecer la cien por ciento este mandato, es absolutamente imposible, PRECISAMENTE POR ESO es que ninguno de nosotros debe ser “EL” maestro:

Mateo 23:10 RVC
10 Tampoco se hagan llamar “maestros”, porque sólo uno es su Maestro, y es el Cristo.

La resolución de este pasaje tan conflictivo es simple, no se trata ni de “olvidarlo” ni de “rebajarlo” para que diga menos de lo que dice, se trata de que “yo” no debo ser “el” maestro, sino aquel que lleva a la gente hacia EL MAESTRO, CRISTO. Parece un juego de palabras, pero se hace evidente en las enseñanzas, en las sutilezas, en los énfasis, es decir, en el espíritu de lo que decimos.

Por otro lado, es una exhortación siempre presente a no conformarnos, a estar siempre alertas en el Espíritu respecto de nuestra vida y nuestra enseñanza; no hay cosas “despreciables” en la Palabra, simplemente hay cosas que no se nos han revelado o cosas que no hemos podido cumplir todavía. Allí hace falta la humildad y la gracia del Señor, y la honestidad frente a nuestros hermanos, y por sobre todo, se hace necesario llevar SIEMPRE a la gente hacia Cristo, no hacia nosotros mismos.

Dichas estas advertencias, que a la vez son una declaración de la divinidad y autoridad de Jesucristo, podemos empezar a leer la “nueva ley” con “nuevos ojos”.


Danilo Sorti