lunes, 27 de agosto de 2018

560. La esperanza de Adán II: ¿por qué la Tierra?


Apocalipsis 20:1-4 RVC
1 Vi entonces que un ángel descendía del cielo. Llevaba en su mano la llave del abismo y una gran cadena.
2 Apresó al dragón, que es la serpiente antigua, y que es también el Diablo y Satanás, y lo ató durante mil años;
3 luego lo arrojó al abismo y lo encerró, y selló la puerta, para que no volviera a engañar a las naciones hasta el cabo de los mil años. Después de esto es necesario que se le suelte por un poco de tiempo.
4 Vi entonces unos tronos, y sobre ellos estaban sentados los que recibieron la autoridad para juzgar. También vi las almas de los que fueron decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. Ellos son los que nunca adoraron a la bestia ni a su imagen, ni aceptaron jamás llevar su marca en la frente ni en las manos; y éstos volvieron a vivir y reinaron con Cristo durante mil años.

He aquí el pasaje que ha puesto nombre al período del Reino Venidero como “Milenio”, aceptado por unos y rechazados por otros.

Mis amigos amilenialistas dicen que no se puede hacer doctrina de un solo pasaje y tienen razón. El problema es que no comprenden que Apocalipsis es en realidad una especie de resumen y conclusión de TODA la Biblia, especialmente de toda Su palabra profética, y cada frase breve que leemos allí, o cada pasaje de pocos versículos en realidad está retomando y concluyendo una enseñanza que se ha desarrollado a lo largo de los otros 65 libros, y el Milenio no es una excepción.

Los libros de los profetas están repletos de referencias al Milenio, al tiempo de la tribulación (especialmente en relación con Israel) y a los acontecimientos inmediatamente anteriores al arrebatamiento. ¡Pero mis amigos amilenialistas vuelven al ataque aquí! Ellos dicen que esas promesas para Israel y las naciones, que obviamente no se han cumplido literalmente y solo podrían cumplirse en un estado ideal como el Milenio, ya no tienen valor porque Israel, y las naciones, rechazaron al Mesías, y como prueba presentan a las promesas condicionales de Dios.

De nuevo, tenemos un serio problema teológico aquí. Por empezar, es completamente cierto que Dios tiene muchas promesas incondicionales: cuando lleguemos al cielo no enteraremos de cuántas hemos perdido en la Tierra a causa de nuestra desobediencia, ¡por algo Dios dice que Él se encargará de secar todas nuestras lágrimas, porque allí las habrá, mis hermanos!

Bueno, el tema es que las promesas condicionales que encontramos en la Biblia y en nuestra propia vida, normalmente vienen con la condición aclarada, o dicha condición puede rastrearse en pasajes paralelos o “fundamentales” para dichas promesas. Pero cuando leemos los muchos pasajes referidos al Milenio o los últimos tiempos normalmente no encontramos nada que nos dé a entender que es condicional, simplemente Dios dice lo que va a suceder o lo que va a hacer Él. Si no hay condiciones se trata de algo firme.

Y el último as bajo la manga es que “se trata de pasajes simbólicos”. Sobre ese tema ya he hablado en artículos anteriores, simplemente no puedo pegarle la etiqueta de “simbólico” a lo que se me dé la gana, ni siquiera a las palabras de los profetas porque en realidad, cuando leemos sus libros, más son las palabras literales o con estructura literal que las simbólicas, y normalmente lo simbólico está claramente expresado como tal.

Bueno, volvamos entonces al Milenio y el tiempo de la restauración de todas las cosas en esta Tierra. Esa era la esperanza principal de los primeros cristianos, por eso la primitiva iglesia tuvo tanto vigor y tanta fe en medio de tan duras condiciones. Pero esto nos lleva a otro problema teológico, aunque solo en apariencia.

Si hacemos una cuenta rápida, de esas que a los seres humanos nos gusta realizar aunque no escribir en los libros de teología porque parecen muy materialistas, resulta que comparando la gloria indescriptible del Reino Celestial con la realidad de una Tierra mejorada en el Milenio, se nos presenta una diferencia tan abismal que, de nuevo, el Milenio “pierde” sentido lógico. En el fondo, yo supongo que mis amigos amilenialistas hacen esta cuenta y concluyen que el Milenio es casi una “pérdida de tiempo”.

Pero hay varios asuntos aquí.

El primero y principal es que Dios nos dio la Tierra a los seres humanos y nos encargó una labor QUE NO HEMOS CUMPLIDO, al contrario, hemos destruido todo lo que se suponía debíamos perfeccionar. La postura amilenialista diría aquí: “¡qué lástima! Borrón y cuenta nueva, vámonos al Cielo”. No quiero ser muy duro al criticarla, tiene mucho de lógica, además, después de tantos milenios de frustraciones y desencuentros, muerte y destrucción sobre esta Tierra, es perfectamente comprensible que muchos santos no quieran saber nada más con este “mundo fallido”.

Pero mi crítica aquí está en que Dios no actúa de esa manera; no lo hizo con nosotros, y si no lo hizo con los principales responsables de todo este caos, con la máxima creación que hizo en este Universo, ¿por qué habría de hacerlo con algo menor como un planeta? Vemos en todas las páginas de la Biblia el poder de restauración divino, el valle de los huesos secos es una de las imágenes más vívidas de esto, ¿cómo no se aplicaría eso a Su creación material?

Pero el otro tema, es que NOSOTROS tenemos una deuda pendiente con la Tierra, una labor no cumplida. La imagen es como cuando a un niño le damos un paquete de arcilla para modelar y por alguna razón se echó a perder, o se secó, o le salió mal. Inevitablemente tendremos que comprar otro paquete hasta que la obra quede concluida tal como él quería.

Ahora bien, si comparamos la escultura realizada por nuestro pequeño con, supongamos, alguna obra de un museo, concluiremos que hay una GRAN diferencia. ¿Pero acaso algún padre dejaría de comprarle la arcilla por esa razón? ¡Por supuesto que no! No se trata del objeto en sí, se trata de lo que el niño quería hacer. Y la verdad es que yo prefiero esas obras hechas con amor a muchísimas esculturas de eximios artistas (¿o ex simios…?) que transmiten pecado, lascivia,  y toda clase de inmundicia, además de tener adheridos demonios.

Entiendo que hay varias razones de peso que justifican el Milenio, no voy a hablar de ellas ahora, solamente me voy a referir a lo que es nuestra esperanza, aquella que fue grabada en Adán, que se transmitió a todos nosotros, que hemos corrompido totalmente en este mundo, que todos soñamos y que tendremos la oportunidad de restaurar en el Reino Venidero (de hecho, es más que solamente el Milenio, pero ese es otro tema).

Por más que sepamos que el Reino Celestial es muy superior a todo lo que podamos construir aquí, inevitablemente tenemos grabada en nosotros la esperanza de hacer un mundo mejor. Y hay un tiempo para cumplirla: el Reino Venidero. Podremos hacer muchas cosas aquí y ahora, o quizás no, lo cierto es que aún lo mejor que hagamos será solo parcial, muy parcial e imperfecto. Está bien, hay que hacerlo, pero hay una esperanza más perfecta que no podemos poner aquí y ahora sino un poco (y no demasiado) más adelante, bajo una realidad muy diferente.

Es necesario mantener activa esa esperanza, porque es parte del mandato original que todos hemos recibido.


Danilo Sorti


559. La esperanza de Adán


Génesis 1:27-28 RVC
27 Y Dios creó al hombre a su imagen. Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.
28 Y los bendijo Dios con estas palabras: «¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la tierra! ¡Domínenla! ¡Sean los señores de los peces del mar, de las aves de los cielos, y de todos los seres que reptan sobre la tierra!»

En un artículo anterior hablamos acerca de la importancia de la esperanza, esto es, la expectativa de alcanzar cosas grandes e importantes en el futuro. Todos los seres humanos venimos con ese “sello”, negarlo es una necedad, no incluir una dimensión cierta de esperanza en nuestra predicación cristiana es dejar las puertas abiertas de par en par al error religioso. De hecho, eso fue lo que ocurrió con el evangelio de la prosperidad, que apareció en medio de un cristianismo evangélico que hacía demasiado énfasis en el sufrimiento y en el “más allá”, pero descuidaba la faceta terrenal del Reino de Dios.

Todos los hijos de Adán, los que pertenecemos al género humano, tenemos esa marca distintiva puesta por el Creador que se da a conocer en el mandato original; es una marca de autoridad de dominio, de alcanzar grandes cosas; todos los seres humanos venimos preparados para eso.

La vida, desde muy chiquitos, se encarga de aplastar y tapar cualquier manifestación de esa esperanza, sumiendo a la gran mayoría de los hombres y mujeres en la pobreza, la necesidad y la incapacidad de algún logro; y si algunos pocos lo logran en la vida, casi seguro que es de la mano del Adversario.

Pero nada puede borrar el diseño que Dios ha puesto en el ser humano, y ese llamado, por más tapado que se encuentre, pugna por alcanzar la superficie de alguna forma. A veces es por medio de traumas, a veces por violencia o conductas desubicadas, a veces se transforma en idealizaciones o desarrollo personal. Algunas veces puede expresarse en vidas de servicio, o en empresas que dan trabajo, o en verdaderas vocaciones políticas.

Todos albergamos en nuestro interior la esperanza de alcanzar grandes cosas, porque así fuimos diseñados, pero la gran mayoría nunca lo logra… en esta Tierra.

¿Cuál es la esperanza a la que somos llamados?

Efesios 1:18 RVC
18 Pido también que Dios les dé la luz necesaria para que sepan cuál es la esperanza a la cual los ha llamado, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

Nuestra esperanza “original” ha sido tan bloqueada por el pecado que necesitamos luz espiritual para conectarla con la esperanza recuperada en Cristo. No activar esta esperanza genera cristianos “semi zombis”, con perdón de la expresión. Podemos estar activos en amor y en fe, pero, ¿hacia dónde? Finalmente la frustración asomará a mitad de camino y tarde o temprano nos hará desviar.

De nuevo, es un error de cualquier liderazgo no brindar una esperanza cierta, genuina, LA ESPERANZA que el Señor nos da en Su Palabra.

Y esa esperanza no tiene que ver ni con la Tierra ni con los logros que podamos o no alcanzar aquí, sino con nuestra vida glorificada en el Cielo, por la Eternidad, junto con Él. Es una esperanza que no muchos líderes conocen de verdad hoy, y que por lo tanto no pueden transmitir. No es la esperanza “favorita” en este mundo materialista.  Pero es la máxima esperanza que tenemos. Máxima, pero muy poco conocida y menos aún comprendida, por lo que en la práctica, poco funciona, dejando una secuela de cristianos frustrados, “a media máquina”, cuando no apóstatas.

En algunos momentos del cristianismo uno podía razonablemente esperar alcanzar logros materiales y terrenales. Durante la mayor parte del tiempo, para la mayor parte de los cristianos, eso no fue posible. En los tiempos que ya están aquí, tampoco. Sin embargo, muchos predicadores parecen, ahora sí, sin ningún perdón de la expresión, “semi zombis” espirituales:

Jeremías 8:11 RVC
11 Se les hace fácil sanar la herida de la hija mi pueblo, con sólo decir “¡Paz, paz!” ¡Pero no hay paz!

Repiten el mensaje que podía ser bueno tiempo atrás (supongamos…) pero que ya no se va a cumplir. Y con esto no quiero decir que debamos dejar de luchar por nuestras naciones ni por establecer la justicia de Dios en la Tierra, ¡eso nunca! Seremos llevados de este suelo y la última oración inmediatamente antes será: “¡Venga Tu Reino!”

Pero, ¿en qué se comparan los bienes terrenales con los celestiales? En nada, y siempre ha sido así, aún en las mejores épocas, cuando razonablemente un cristianos podía alcanzar mucho en esta Tierra.

El mundo está cada vez más abismalmente vacío de esperanza, aferrándose a lo más mínimo que se le ofrezca, por más que sea mentiroso y ellos lo sepan. Parece que muchas iglesias también, llenando el vacío con “emociones espirituales” o “presencia” (vaya uno a saber de qué…). Pero el “vacío de esperanza” solo se llena con esperanza: con la máxima esperanza que nos garantizó Cristo.

No voy a hablar aquí sobre las realidades del Cielo porque hay mucha gente a la que el Señor le ha permitido ver alguno de eso y dejar el testimonio. Animo fuertemente a cualquiera que no haya dedicado tiempo a leer o escuchar esos testimonios a que lo haga. Por supuesto, además de la Palabra, que es el primer y más seguro testimonio de todos.

Pero conociéndolo, ¿qué sentido tiene poner la esperanza en las cosas de acá? ¿Y qué sentido tiene frustrase cuando no las alcanzamos? La realidad es que esta nuestra vida aquí es el “Jardín de Infantes”, apenas aprendemos el ABC y los números, y luego una eternidad para seguir creciendo, en un mundo muy distinto a este.

De acuerdo, siendo esta la primera esperanza que tenemos, que no debemos perder y que debemos alimentar continuamente, con todo:

Génesis 2:7 DHH
7 Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

Esta Tierra no es un “accidente”, nosotros somos parte de ella porque de ella fuimos hechos y seguimos unidos. La esperanza reservada en el Cielo es lo primero y superior, pero la verdad es que sólo eso nos deja con cierto vacío, ¿y qué de la Tierra que una vez nos fue dada? Por más gloriosa que sea la vida en el Cielo, y nunca podría describirla adecuadamente, seguimos anhelando trabajar con este humilde barro terrenal. ¿No hay ninguna esperanza relacionada con él?

Bueno, sobre eso charlaremos en un próximo artículo.

Danilo Sorti



558. ¿Qué esperanza vamos a predicar?


Hechos 2:38-40 RVC
38 Y Pedro les dijo: «Arrepiéntanse, y bautícense todos ustedes en el nombre de Jesucristo, para que sus pecados les sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo.
39 Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos, para todos los que están lejos, y para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios llame.»
40 Y con muchas otras palabras les hablaba y los animaba. Les decía: «Pónganse a salvo de esta generación perversa.»


Es un hecho básico que puede pasarse por alto el que cualquier invitación a Cristo tiene en sí una promesa que produce una esperanza en el receptor. En realidad, cuando vemos los diversos pactos que Dios hace en la antigüedad, siempre encontramos la esperanza en la promesa; esa esperanza es la que mueve a la persona para ubicarse bajo los términos del pacto.

Alguno podrá decir que no es esperanza sino fe, y otro que es finalmente amor a Dios; y ambas posiciones son correctas, porque “la fe, la esperanza y el amor”, como presenta Pablo en 1 Corintios, no son cosas separadas, de la misma manera que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, siendo tres distintos también son uno. De hecho, fe, esperanza y amor se relacionan principalmente cada una con una persona de la Trinidad. Pero en este artículo quiero concentrarme en la faceta de la esperanza, ya que es uno de los motores principales de la conducta humana.

A lo mejor puede parecer que la esperanza es algo interesado, y que por lo tanto “no deberíamos” hacer énfasis en ella, pero lo cierto es que TODOS los pactos que vemos de Dios con el hombre incluyen un fuerte componente de esperanza, y todas Sus promesas brindan esperanza. Dios ha puesto en todos los seres vivos, nosotros incluidos, el “mandato natural” de vivir. Una piedra no hace ningún esfuerzo por “seguir siendo” piedra, ningún ente inanimado puede ejercer una acción voluntaria para seguir manteniendo su propia integridad, en cambio, cualquier ser vivo sí. Esa es una enseñanza espiritual que el Creador ha puesto en Su Creación.

Ahora bien, la salvación en Cristo ES un pacto, precisamente, el NUEVO PACTO que Dios hace con el hombre, el pacto que incluye en sí ya todas las promesas, aunque no todas se hayan cumplido todavía. Los eventos por venir y el establecimiento del Reino Mesiánico, en rigor, no constituirán otro pacto sino el cumplimiento más completo de las promesas que ya están contenidas en Cristo.

Y este pacto tiene mejores promesas:

Hebreos 8:6 RVC
6 Pero nuestro Sumo Sacerdote ha recibido un ministerio mucho mejor, pues es mediador de un pacto mejor, establecido sobre mejores promesas.

Por lo tanto, la esperanza que recibimos ahora es superior, por eso Pablo dijo un par de capítulos antes:

Hebreos 6:17-20 RVC
17 Por eso Dios, queriendo demostrar claramente a los herederos de la promesa que sus propósitos no cambian, les hizo un juramento,
18 para que por estas dos cosas que no cambian, y en las que Dios no puede mentir, tengamos un sólido consuelo los que buscamos refugio y nos aferramos a la esperanza que se nos ha propuesto.
19 Esta esperanza mantiene nuestra alma firme y segura, como un ancla, y penetra hasta detrás del velo,
20 donde Jesús, nuestro precursor, entró por nosotros y llegó a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

El mundo rápidamente está perdiendo toda esperanza, por eso las personas se aferran desesperadamente a las pocas apariencias de esperanza que les ofrecen. Al momento de escribir este artículo en mi país se está discutiendo en el poder legislativo la legalización del aborto, ¿qué es eso? Simplemente que (algunas) mujeres quieren aferrarse a la esperanza de que sus sueños personales no sean truncados por un bebé. Sueños que, al final, ¿cuánto valen? Bueno, pero esa es la minúscula esperanza que en su pequeño mundo ellas tienen.

La sociedad occidental se está volviendo rápidamente anticristiana, precisamente asumiendo el espíritu del Anticristo, de tal forma que cuando la Iglesia sea retirada éste se pueda manifestar. Ahora bien, la esperanza que tienen detrás de eso es que ellos puedan vivir como quieran, disfrutando de sus placeres, que les brindarán sólo momentos efímeros de “bienestar”. Esa es su “gran” esperanza, y por eso luchan denodadamente (por supuesto, engañados por los demonios).

Pero no los critiquemos, porque, ¿cuál ha sido la esperanza de la Iglesia? ¿No deberíamos reconocer que buena parte de los creyentes han puesto su esperanza en pasar una “buena vida cristiana”, en ser bendecidos, en que sus problemas se solucionen, en desarrollar sus dones y talentos ministeriales y seculares, en “ser alguien” en la vida? ¿Por qué deberíamos asombrarnos tanto si el mundo ha “tomado” y amplificado lo que la mayoría de la Iglesia del siglo XX y XXI ha querido hacer?

Hemos tenido mucha actividad evangelística durante el siglo XX, muchas de esas campañas han sido de tremenda bendición, pero también mucho del Evangelio que se predicó hacia finales del siglo fue demasiado fácil, sólo de bendición. Se popularizó el concepto de “entregarse a Cristo” y se rebajó su verdadero y enorme significado: Cristo dejó de ser nuestro Señor para convertirse en nuestro Protector, nuestro Benefactor, el que nos permitía realizarnos plenamente… y todo eso es correcto, pero secundario.

Y con ello, la verdadera esperanza se perdió del Evangelio, en muchos lugares. Pero la predicación primitiva tenía un fuerte contenido de esperanza, explícito o implícito. Veamos las palabras de Pedro a los judíos reunidos en Jerusalén:

“para que sus pecados les sean perdonados”: esto no significaba solamente escapar de la condenación del infierno, sino del juicio que habría de caer sobre ellos por haber crucificado al Justo. Ellos se habían dado cuenta de que eran responsables de la muerte de Jesucristo, y de que Dios estaba muy airado. La esperanza era, entonces, escapar de esa condenación.

“Entonces recibirán el don del Espíritu Santo”: no podría decir bien qué estaban entendiendo con estas palabras esos primeros oyentes, pero recapitulando su historia, podían ver como el Espíritu había ungido a determinados hombres para servir a Dios con poder, y seguramente algo de eso podían esperar (no tenían la revelación más plena que vino después).

“Pónganse a salvo de esta generación perversa”: escapar del juicio que recibiría esa generación, ellos podían asociar muy bien la idea de corrupción moral con la de juicio divino.

Aquí tenemos un mensaje lleno de esperanza, tanto para el futuro como para el presente. ¿Predicó Pedro de prosperidad? No, pero en realidad sí; ¿cómo es eso? Pedro no hizo ningún énfasis en el progreso material ni en la adquisición de bienes, pero al darles la promesa de ser librados del juicio que caería sobre esa gente, indirectamente les estaba dando el camino para tener una mejor vida material. Con todo, es un tema secundario que aparece sólo después de analizar el texto.

La misma Gran Comisión contiene un mensaje de esperanza:

Marcos 16:15-16 RVC
15 Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura.
16 El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, será condenado.

¿Qué es lo que termina generando cristianos fuertes y fieles o cristianos débiles y materialistas? La esperanza por la cual entraron y perseveraron en el Camino. Seamos sinceros, si vemos el ministerio de Jesús, sus primeros años, tenemos mucha gente que se acercaba por los milagros, para recibir palabras nuevas y vivas o por curiosidad. Con todo, a medida que transcurría el tiempo Jesucristo mismo se encargó de depurar esas motivaciones.

¿Qué estamos predicando hoy? Hermanos, la venida del Señor está a las puertas, este sistema de cosas que vemos se acabará, pero para Sus fieles hay promesas de un futuro maravilloso, pero en un ámbito muy distinto. Ahora bien, ¿seguimos repitiendo promesas terrenales que difícilmente puedan ya cumplirse, o estamos afirmando a los hermanos en las promesas celestiales y del Reino Venidero, que en realidad debían ser las principales en todos los tiempos? Claro, esas son promesas que parecen demasiado lejanas y demasiado extrañas, prometer un buen trabajo, una carrera, una familia feliz, la sanidad del cuerpo, resultan cosas mucho más terrenales y entendibles, pero ya poco cumplibles.

Es imposible predicar sin esperanza, o mejor dicho, no lograríamos nada. Si no hay esperanza, “comamos y bebamos que mañana moriremos”, pero Dios juzgó muy severamente a los que pensaron así, ¡porque Él es un Dios de esperanza! El asunto es: ¿qué esperanza predicamos? ¿en qué esperanza nos cimentamos? Que el Señor nos dé la gracia para revisar nuestros fundamentos.

Danilo Sorti


557. ¿Por qué habremos de ser perseguidos?


1 Pedro 2:12 RVC
12 Mantengan una buena conducta entre los no creyentes para que, aunque los acusen de malhechores, al ver las buenas obras de ustedes glorifiquen a Dios el día que él nos visite.

Mateo 5:11-12 RVC
11 »Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal.
12 Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.


Aunque el motor principal de la persecución hacia todos los creyentes, en el ámbito espiritual es el Adversario y en el ámbito humano, es el sentimiento de rechazo hacia Dios de las personas, la persecución puede tomar algunas características distintas, aunque no muchas.

Hace un tiempo escuchaba un fragmento de un mensaje de Paul Washer en donde alertaba a los hermanos diciéndoles que serían perseguidos no por “cristianos”, sino por ser “contrarios al estado”. Esa es la realidad que sufren nuestros hermanos en los países comunistas desde hace décadas, nosotros todavía no.

En alguna parte de la Biblia leemos:

Juan 16:2 RVC
2 Ustedes serán expulsados de las sinagogas, y llegará el momento en que cualquiera que los mate, pensará que rinde un servicio a Dios.

Los judíos perseguían a los primeros cristianos pensando que de esa manera servían a Dios al eliminar los herejes. Es más o menos lo mismo que les hacen creer a los fundamentalistas islámicos hoy.

Pero en este artículo quiero centrarme en otra faceta, común en todas las persecuciones pero que vemos levantarse con fuerza en nuestros ámbitos latinoamericanos hoy: el desconocimiento y la mentira. En varios artículos he escrito sobre la “necedad” de estos tiempos, en los que, a pesar de tener al alcance muchísima más información de lo que cualquier generación tuvo, tenemos una población que voluntariamente la rechaza y se conforma con su ignorancia, creyendo discursos que le vienen de algunos formadores de opinión.

El resultado de esa necedad es, obviamente, creer una mentira, y eso es lo que vemos surgir con fuerza, especialmente en el segmento que llamamos “progresista” de nuestra sociedad. Basta intentar hablar con alguno de ellos para recibir una ráfaga de frases hechas y “verdades ciertísimamente comprobadas”, de cosas que no conocen pero afirman con una seguridad increíble. No puedo decir cuál sea la realidad en otros países latinoamericanos, pero puedo asegurar que parte de nuestro “espíritu argentino” ha sido siempre hablar de lo que sea con una convicción pasmosa. De hecho, hay unos cuantos videos circulando por la red en donde se burlan de esa faceta nuestra… con razón…

Bueno, como sea, es una mala costumbre humana pero que en estos tiempos últimos vemos crecer (paradójicamente, pues cualquier que quisiera comprobar la veracidad o falsedad de esas afirmaciones podría hacerlo con relativa facilidad) y que, obviamente, se está volviendo contra los cristianos, y más se volverá en el futuro.

Así, los cristianos estamos siendo acusados de una serie de cosa que pueden tener algo de verdad, o que pueden ser verdad solo para algunos segmentos del cristianismo, o que son inventadas. Son “discursos armados” que los inconversos terminan creyendo y repitiendo, convencidos que provienen de un “razonamiento científico”. Y llegan a estar tan adoctrinados con eso que se transforma en su propio dogma de fe, con lo cual resulta muy difícil tener una conversación honesta sobre eso, a lo sumo uno puede esperar una “tregua piadosa” (como lo piensan ellos), pero nada más, y sólo hasta que la “guerra” estalle nuevamente.

Resumiendo: somos y seremos cada vez más acusados de mentiras, y nos encontraremos cada vez más con gente a la cual será imposible hablar, porque no podrán escuchar nada que le digamos. Por eso Pedro dijo:

“Mantengan una buena conducta entre los no creyentes para que, aunque los acusen de malhechores, al ver las buenas obras de ustedes glorifiquen a Dios el día que él nos visite.”

El día de la visitación de Dios puede referirse a un momento en especial cuando Dios trate con esa gente; también al tiempo de la tribulación que vendrá sobre la Tierra, pero creo que podemos interpretarlo (también) con una aplicación más “cercana”. Como sea, llega el momento en que Dios mismo actúa y la persona se encuentra “cara a cara” con Él, y allí es cuando aparece el testimonio de los fieles.

Jesús es más enfático en Mateo; les advierte a Sus discípulos que se levantarían muchísimas mentiras contra ellos, que, obviamente, la gente creería sin molestarse en comprobar su veracidad.

Ese tiempo estamos teniendo hoy, como dije, peor que en cualquier momento de la historia porque si antes no tenían formas fáciles y rápidas de comprobar la veracidad de los rumores, hoy sí, y mucha gente no lo hace.

A veces hablar puede ser una “pérdida de tiempo”, sin embargo, mientras tenemos la oportunidad de hacerlo, creo que no deberíamos desaprovecharla. PERO siempre nuestras palabras deben ser con extrema sabiduría: ellos no pueden escuchar a un “evangélico” porque en el fondo tienen miedo de que los convenzan, están siendo adoctrinados para no escucharlos y para responder con una serie de frases hechas, o para “dar vueltas” cualquier conversación de tal forma que no tengan que cuestionar sus creencias básicas. ¿Cómo hablar (o escribir en las redes)?

Con sabiduría de lo Alto, con discernimiento profético, como el que tuvo Jesús con la mujer samaritana, también muy bien preparada para confrontar a un judío, pero “desarmada” en sus argumentos por el Maestro. Con amor, con mucho amor; lo que la gente del mundo NO TIENE HOY es amor, tienen mucho odio, son motivados por el temor primero y luego infectados por el odio; adquieren valor atacando al “enemigo”, y así será cada vez más. Recordemos siempre que lo que ellos “escupen” es lo que primero les fue sembrado a ellos mismos.

No son tiempos fáciles, pero los enemigos que vienen a confrontarnos en realidad se exponen a que nosotros les ministremos. A nosotros nos espera una recompensa eterna en el cielo, a ellos el infierno, y a los que expresamente se levantan contra los hijos de Dios, un lugar especial. Nosotros podremos sufrir un tiempo aquí, ellos, por toda la eternidad. Necesitamos ese mismo amor que el Señor tenía hacia los pecadores, hacia aquellos que por ignorancia lo crucificaban, porque no sabían lo que hacían, como los ignorantes de este tiempo, que se creen sabios. ¡Señor, qué difícil es para nosotros tener ese amor Tuyo, dánoslo, porque viene solo de Ti!


Danilo Sorti


domingo, 29 de julio de 2018

556. El justo por la fe vivirá


Gálatas 3:11 RVC
11 Y es evidente que por la ley ninguno se justifica para con Dios, porque «El justo por la fe vivirá»;

Romanos 1:17 RVC
17 Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: «El justo por la fe vivirá.»

Ese famoso pasaje que aparece en Romanos y Gálatas constituye un resumen de la doctrina de justificación por fe: la novedad del mensaje de Jesucristo era que las personas no tenían que acumular buenas obras para ser aceptados por Dios. ¿Novedad? En realidad no, desde el momento en que Dios cubre a Adán y Eva con pieles de un animal sacrificado quedó en claro que todo era por gracia, por un favor inmerecido, por el sacrificio de alguien más. Pero la mala interpretación de la Ley y la propia naturaleza humana habían desdibujado esa realidad.

Cuando rastreamos este pasaje lo encontramos primeramente en el Antiguo Testamento, de boca del profeta Habacuc:

Habacuc 2:4 RVC
4 Aquel cuya alma no es recta, es arrogante; pero el justo vivirá por su fe.

¿Cuándo dijo esto Habacuc? No sabemos mucho del profeta, pero por las indicaciones del texto podemos suponer que vivió en el reino de Judá al tiempo que el imperio babilónico amenazaba a todos los pueblos de la región, pero antes de que Judá cayera definitivamente bajo su dominio.

Habacuc 1:2-4 RVC
2 ¿Hasta cuándo, Señor, te llamaré y no me harás caso? ¿Hasta cuándo clamaré a ti por causa de la violencia, y no vendrás a salvarnos?
3 ¿Por qué permites que vea yo iniquidad? ¿Por qué me haces espectador del mal? ¡Sólo veo destrucción y violencia! ¡Ante mis ojos surgen pleitos y contiendas!
4 Por eso tu ley carece de fuerza, y la justicia no se aplica con verdad. Por eso los impíos asedian a los justos, y se tuerce la justicia.

Esta es la queja del profeta cuando ve la amenaza que se cierne.

Habacuc 1:5-6 RVC
5 «Miren entre las naciones, y vean, y asómbrense. Yo voy a hacer en sus días algo, a lo que ustedes no darán crédito, aunque se les cuente.
6 Estoy por hacer que vengan los caldeos, un pueblo cruel y tenaz que recorre toda la tierra para adueñarse de los territorios de otros pueblos.

¡Y la respuesta del Señor no resulta muy alentadora! En efecto, lo que Habacuc veía habría de venir, y Babilonia sería el instrumento de juicio del Señor.

Habacuc 1:12-13 RVC
12 Tú, Señor, eres un Dios santo. Tú existes desde el principio; ¡no nos dejes morir! Tú, Señor, eres nuestra Roca; ¡no hagas que este pueblo nos juzgue y nos castigue!
13 Si por la pureza de tus ojos no soportas ver el mal ni los agravios, ¿por qué soportas ver a quienes nos desprecian? ¿Por qué callas cuando los impíos destruyen a quienes son más justos que ellos?

Esto resultaba terrible para el profeta, ¿por qué el Señor permitiría eso?

Habacuc 2:1 RVC
1 Decidí mantenerme vigilante. Decidí mantenerme en pie sobre la fortaleza. Decidí no dormir hasta saber lo que el Señor me iba a decir, y qué respuesta daría a mi queja.

Evidentemente lo que estaba pasando, y Dios estaba permitiendo, resultaba demasiado extraño para Habacuc. Es verdad que la nación había pecado y el castigo de Dios era justo, pero, ¿usar a una nación tan cruel? Hacía poco tiempo que se habían librado definitivamente de Asiria, por cierto más cruel y sanguinaria que Babilonia, ¿y ahora venía otra amenaza?

Veamos la actitud de Habacuc: no se rebeló contra Dios, no aceptó sin más el designio divino que no alcanzaba a entender, y no se fue frustrado a su casa creyendo que finalmente Dios no le explicaría el por qué. Se quedó esperando una respuesta, decidido a no dejar de insistir hasta que la obtuviera. ¡Eso es un buen ejemplo! Cuando las cosas parecen demasiado extrañas, cuando toda la teología que aprendimos no “funciona”, nada mejor que permanecer delante del Señor insistiendo hasta obtener la respuesta. Siglos después, Santiago diría:

Santiago 1:5 RVC
5 Si alguno de ustedes requiere de sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios se la da a todos en abundancia y sin hacer ningún reproche.

No obtenemos todas las respuestas que quisiéramos en el momento que lo deseamos, pero no hay límites para recibir sabiduría divina, entendimiento del Señor.

Santiago 1:6 RVC
6 Pero tiene que pedir con fe y sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento agita y lleva de un lado a otro.

Pedir con fe es la actitud que tuvo Habacuc: no iba a dejar de estar atento, no iba a “dormirse” en relación a su queja, no iba a abandonar su puesto profético hasta que no recibiera la respuesta. Notemos: “recibir la respuesta”, no inventar una, no llegar a conclusiones lógicas, no andar preguntando por ahí; solo un camino, esperar a recibir la respuesta de Dios, el tiempo que sea.

Habacuc 2:2a RVC
2 Y el Señor me respondió, y me dijo: …

¡Y la respuesta no se hizo esperar! No sabemos cuánto tiempo pasó entre el pedido de Habacuc y la respuesta, pero por lo que leemos en el texto, no debió ser mucho. De todas formas, llegó.

Habacuc 2:2-4 RVC
2 Y el Señor me respondió, y me dijo: «Escribe esta visión. Grábala sobre unas tablillas, para que pueda leerse de corrido.
3 La visión va a tardar todavía algún tiempo, pero su cumplimiento se acerca, y no dejará de cumplirse. Aunque tarde, espera a que llegue, porque vendrá sin falta. No tarda ya.
4 Aquel cuya alma no es recta, es arrogante; pero el justo vivirá por su fe.

Habacuc 2:7-8 RVC
7 »¿No habrán de levantarse de pronto tus deudores, y al despertar te harán temblar, y serás para ellos botín de guerra?
8 Tú has despojado de sus bienes a muchas naciones; por eso todos los otros pueblos te despojarán. Y es que tú has derramado mucha sangre, has cometido muchos robos en la tierra y en las ciudades, y contra todos sus habitantes.

La nación opresora sería finalmente destruida, aunque no inmediatamente; aún faltaría un tiempo.

A partir de ese mensaje Habacuc recibe una nueva revelación de Dios:

Habacuc 3:3 RVC
3 ¡Dios viene de Temán! ¡El Santo viene del monte de Parán! ¡Su gloria cubre los cielos! ¡La tierra se llena con su alabanza!

Y puede concluir con otro famoso pasaje, que es una clara manifestación de fe:

Habacuc 3:17-19 RVC
17 Aunque todavía no florece la higuera, ni hay uvas en los viñedos, ni hay tampoco aceitunas en los olivos, ni los campos han rendido sus cosechas; aunque no hay ovejas en los rediles ni vacas en los corrales,
18 yo me alegro por ti, Señor; ¡me regocijo en ti, Dios de mi salvación!
19 Tú, Señor eres mi Dios y fortaleza. Tú, Señor, me das pies ligeros, como de cierva, y me haces andar en mis alturas. Al jefe de los cantores. Sobre instrumentos de cuerda.

Romanos y Gálatas enseñan claramente que la nueva vida en Cristo es por fe; en realidad siempre fue así la vida en Dios, desde el principio, pero la revelación más completa y clara la recibimos con Él. Cuando Pablo utiliza el pasaje “El justo por la fe vivirá” está diciendo que la vida eterna se obtiene por fe, pero esa frase “nace” de una manera más “humilde”: la fe era necesaria para permanecer firmes ESPERANDO la liberación del Señor y confiando en Su protección mientras tanto. La fe está unida a la dimensión temporal: esperar; la fe está unida a la aflicción y el juicio divino; la fe está unida a los planes de Dios que trascienden la vida de las personas y las generaciones.

Así, cuando Pablo puede elevar este concepto hacia nuestra posición de justicia delante de Dios, no se “olvida” de sus orígenes; nuestra fe en Dios, la misma fe en Cristo que nos hace justos, es también la fe en Sus Palabras, es confiar y esperar mientras Sus planes se ejecutan, aunque parezca que todo está “al revés”.

En cierto sentido, Habacuc se parece a Melquisedec, que “aparece de la nada” y de quien no se sabe luego nada más; y con eso se constituyó en un tipo de Jesucristo. Aquí el profeta se nos presenta sin más información personal, y con ello el Espíritu le está dando un sentido más trascendente a sus palabras de fe, aunque tuvieron una aplicación en su momento para Babilonia, nos sirven en realidad a todos en todos los tiempos.


Danilo Sorti