martes, 9 de julio de 2019

696. ¿Dios o Yahweh?


Hechos 19:11-17 RVC
11 Dios, por medio de Pablo, hacía milagros tan extraordinarios
12 que muchos le llevaban los paños o delantales de los enfermos, y las enfermedades desaparecían y la gente quedaba libre de espíritus malignos.
13 Andaban por ahí algunos judíos exorcistas, que intentaban invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malignos. Les decían: «En el nombre de Jesús, a quien Pablo predica, les ordenamos salir.»
14 Los que hacían esto eran los siete hijos de un judío llamado Esceva, que era jefe de los sacerdotes;
15 pero el espíritu maligno les respondió: «Yo sé quién es Jesús, y sé también quién es Pablo; pero ustedes, ¿quiénes son?»
16 Dicho esto, el hombre que tenía el espíritu malo se arrojó sobre ellos; y los derribó con tanta fuerza que los hizo huir desnudos y heridos.
17 Esto lo supieron todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos, y les entró mucho temor, pero magnificaban el nombre del Señor Jesús.

En esta escena el concepto de “nombre”, concretamente, el “nombre de Jesús”, es lo principal; y la idea central consiste en que no hay ningún “poder mágico” en él aparte de la autoridad de la persona que lo invoca. El contraste es agudo: los delantales que Pablo usaba en su trabajo diario, ungidos solo con el sudor del apóstol, tenían el poder de Pablo mismo debido a Su comunión estrecha con el Señor. Pero el nombre de Jesús invocado (seguramente con un buen show y toda solemnidad) por siete “exorcistas” no sirvió más que para endemoniar al demonio. Es claro que no se trata de palabras sino de autoridad espiritual, y es muy importante leer esto en el contexto idolátrico y mágico de la sociedad griega de ese entonces. Entre paréntesis, de una forma o de otra el nombre del Señor Jesús será exaltado.

Toda la Biblia nos deja bien en claro que no hay un “poder mágico” en las palabras, y en la práctica los demonios son echados en cada cultura y país de la Tierra invocando al Señor conforme sea Su nombre en el idioma en cuestión.

Es más, la gran novedad que significó el ministerio del apóstol Pablo, aquel de quién más se habla en el Nuevo Testamente después de Jesucristo, radicó en que mostró que el Evangelio podía revestirse de las formas griegas o romanas, y que nadie debía volverse culturalmente judío para ser salvo. Esa fue la puerta abierta a las misiones, a la redención de todas las naciones que Dios ha creado para Su gloria, con todas sus particularidades.

En este sentido escribí hace tiempo atrás un artículo “cuestionando” en cierto sentido el uso de palabras hebreas para hablar de las personas de la Trinidad. Por supuesto, ni en ese momento ni ahora estoy en contra de que se usen, simplemente dije que debíamos procurar un enfoque “misionero”, es decir, culturalmente válido para que el mensaje fuera escuchado sin más dificultades de las que ya tiene de por sí.

¡Pero cuidado! Las adecuaciones culturales son válidas conforme la realidad de cada cultura y cada tiempo, y no son absolutos. Pablo mostró que el Evangelio también podía “vestirse” de griego o romano, pero eso no significó nunca que debía “desvestirse” de hebreo, simplemente que tenía y tiene una riqueza mucho mayor de la que imaginamos.

Entonces, si bien el nombre de Dios pudo decirse también θεός (Theos), no dejó de ser יהוה (YHVH). Y el concepto de “nombre” era por cierto muy importante en todo el mundo antiguo; no se trataba de una simple palabra para mencionar algo o alguien, implicaba una invocación, en cierto sentido, la “obligación” de su presencia, incluso una cierta autoridad sobre ese algo o alguien. Los ciudadanos romanos recorrían el territorio imperial y podían invocar la autoridad del César, con lo cual fungían como sus representantes, con toda su autoridad. Los primeros cristianos habían descubierto que ese Nombre impronunciable y alejado ahora se llamaba יֵשׁוּעַ (Yeshúa), y ellos podían pronunciarlo y ver Su poder y Su autoridad manifestada, ¡no tenemos idea de lo revolucionario que resultó para ellos!

Esta historia del nombre de Dios comienza al principio de la historia del Éxodo:

Éxodo 6:1-8 RVC
1 El Señor respondió a Moisés: «Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón. Sólo con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará fuera de su tierra.»
2 Dios volvió a hablar con Moisés, y le dijo: «Yo soy EL SEÑOR.
3 Me aparecí a Abrahán, Isaac y Jacob como “Dios Omnipotente”, pero con el nombre de SEÑOR no me di a conocer a ellos.
4 También establecí con ellos mi pacto de darles la tierra de Canaán, la tierra donde vivieron como extranjeros.
5 Así mismo, he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios obligan a trabajar, y me he acordado de mi pacto.
6 Por lo tanto, diles a los hijos de Israel: “Yo soy EL SEÑOR. Yo los voy a librar de los trabajos pesados en Egipto. Voy a liberarlos de su esclavitud. Con brazo extendido y con grandes juicios les daré libertad.
7 Los tomaré como mi pueblo, y seré su Dios; y ustedes sabrán que yo soy el Señor, su Dios, que los libró de los trabajos pesados en Egipto.
8 Voy a llevarlos a la tierra por la cual levanté mi mano y juré que se la daría a Abrahán, Isaac y Jacob. Yo les daré esa tierra en propiedad. Yo soy EL SEÑOR.”»

Aquí aparece el Tetragramaton (que por cierto muchos usan como si fuera una fórmula mágica o un amuleto)  y más allá de los planteos que haya respecto de cómo traducirlo o qué significaba, lo cierto es que el énfasis en el Nombre de Dios es muy importante en la historia de la liberación de Egipto, y es lógico EN ESE CONTEXTO: ¡había multitud de dioses! ¿Quién era este antiguo Dios de Abraham, Isaac y Jacob? Dios mismo hace un “juego de palabras” con Su nombre porque no quería ser reconocido como un “dios tribal” más, pero por otro lado, el pueblo necesitaba alguna referencia que distinguiera a este Dios de los otros.

Nuestro actual concepto de “Dios”, que es el Dios revelado en la Biblia, es propiamente nuestro, moderno, europeo, no era el de ese tiempo. Por eso podemos usar simplemente “Dios” para referirnos a Dios… ¿o ya no?

“Yahweh” resultó imprescindible en ese contexto, cuando había muchos dioses compitiendo y, aparentemente, con un poder superior a este otro “dios de los hebreos”. No es el único nombre que Dios usa en el Antiguo Testamento, pero cobra especial relevancia a partir de ese momento.

“Dios” ha significado durante siglos en el contexto occidental al Dios que se revela en las Escrituras, no necesariamente bien conocido, pero con un punto de referencia claro en donde buscar si uno quisiera conocerlo en profundidad. Pero ese ya no es el “Dios” del tiempo presente, por más que quede un rastro en la memoria colectiva. Tal como ha pasado con todas las palabras importantes, su significado ha sido pervertido en la actualidad.

Los satanistas, y en especial los infiltrados en la iglesia, usan sin problema la palabra “Dios” porque ellos pueden referirse al suyo (Satanás). En la sociedad tenemos a los que “Dios” resulta sinónimo de mito para ancianitas y niños pequeños. Para otros es un “fracasado” o abandónico que no tiene nada que hacer en este mundo. Otros creen que es el “Dios sanguinario” según una historia pasada que les han dibujado muy bien. Y ni que hablar de las muchas religiones en auge, con sus propias concepciones de Dios y de dioses… En este supermercado de dioses y conceptos, cuando su sola mención trae a memoria imágenes muy fuertes y erróneas, ¿hasta dónde resulta conveniente usar la palabra “Dios”?

No pretendo concluir nada con este artículo, simplemente dejar algunos hilos para la reflexión, pero así como en algún momento y en determinados contextos puedo afirmar que resultaría confuso usar palabras hebreas, creo que estamos llegando a determinados contextos en los cuales es necesario volver a presentar a este Dios que vence por encima de los otros dioses, que de hecho, fue lo que ocurrió en Egipto y ocurrirá una vez más.

Creo que estamos teniendo contextos en los cuales el nombre de Yahvéh está volviendo a ser necesario, ya que realmente debemos presentar a la gente un Dios desconocido para ellos, un Dios del que se olvidaron hace rato.

Que el Ruaj Hakodesh, el también desconocido para muchos Santo Espíritu, nos de sabiduría en esto.


Danilo Sorti


695. El fin del paréntesis de la iglesia y el reinicio de la era de las naciones


Salmos 7:7 RVC
7 Rodeado entonces de todas las naciones, reinarás sobre ellas desde el alto cielo.

Salmos 22:27-31 RVC
27 Todos los rincones de la tierra invocarán al Señor, y a él se volverán; ¡ante él se inclinarán todas las naciones!
28 El reinado es del Señor, y él gobierna a todas las naciones.
29 Todos los poderosos de la tierra lo adorarán; todos los mortales le rendirán pleitesía, todos los que no tienen vida propia.
30 Las generaciones futuras le servirán, y hablarán del Señor a la generación venidera.
31 Se dirá a los que aún no han nacido que el Señor es justo en todo lo que hace.

Salmos 67:4 RVC
4 ¡Que las naciones se llenen de gozo, porque tú juzgas a los pueblos con equidad y eres el Pastor de todas las naciones!

Salmos 86:9 RVC
9 Todas las naciones que tú, Señor, has creado vendrán y se postrarán delante de ti y glorificarán tu nombre,


Muchas profecías nos muestran a las naciones adorando al Señor, y la escena final de Apocalipsis, que de hecho “no tiene” fin, nos muestra una eternidad con las naciones presentando su alabanza a Yahweh. Sería muy largo aquí mostrar los muchos pasajes que hablan sobre naciones, que, sin embargo, quedaron opacados debido a una interpretación sesgada de la Biblia hecha por el cristianismo durante siglos, que sólo vio el Nuevo Testamento pero se olvidó de su estrecha conexión con el Antiguo.

Constantino “captura” la iglesia en cierto sentido de nuevo para el estado (aunque antes de hacer una crítica demasiado ácida debemos considerar si hubiera podido existir otro modelo EN ESE TIEMPO, no en el nuestro). Así la recién nacida iglesia católica, y posteriormente, las primeras iglesias protestantes, se concibieron a sí mismas como iglesias de los estados, oscureciendo la instrucción de Jesucristo respecto de que Su Reino no era de este mundo.

La segunda ola de la Reforma comenzó con la separación de la iglesia y el estado, no con el fin de que el estado se volviera ateo, sino para que la fe pudiera ser practicada con libertad y no se inmiscuyeran ambas esferas. El programa masónico tomó ese principio soltado por la misma iglesia para exagerarlo al punto de volver ateos a los estados.

Lo cierto es que al rechazar Israel como nación el mensaje de salvación, ya no había una nación testigo entre todas las naciones que pudiera llevarlas a la conversión COMO NACIONES. Sólo había individuos, por lo que el nuevo tiempo consistió en individuos integrados a un Reino espiritual que fungirían como embajadores en medio de todas las naciones.

Yahweh nunca dejó de juzgar a las naciones, ahora el Mesías sentado en Su trono había recibido autoridad sobre ellas, pero se abrió un tiempo de misericordia en donde pacientemente esperó que Su Mensaje se difundiera entre los pueblos.

La profecía más clara sobre las iglesias, lo que leemos en Apocalipsis 2 y 3, nos muestra que ya se completaron sus épocas y las señales proféticas anuncian aceleradamente el fin; este tiempo de la iglesia, este “paréntesis” como se ha llamado muchas veces, está muy próximo a cerrarse, ¿y qué está pasando mientras tanto?

La introducción a toda la Biblia la encontramos en los primeros once capítulos de Génesis, y ellos concluyen con naciones apareciendo y esparciéndose sobre la faz de la Tierra. De ahí en más nunca “desaparecen” del relato bíblico, ni siquiera en el Nuevo Testamento aunque en enfoque principal sea individual. Es lógico que a medida que se cierra este paréntesis de la época de la iglesia, y que el juicio y la purificación de Su pueblo se completa, comienza nuevamente el tiempo de las naciones.

Las imágenes que tenemos del reinado milenial nos hablan de naciones adorando al rey, o no (porque también habrá pecado allí), pero en este caso recibiendo inmediatamente el juicio correspondiente. La iglesia no desaparecerá durante ese tiempo (no desaparecerá nunca más, de hecho), pero ya no se tratará de “embajadores dentro de naciones perversas”, todas las naciones serán cristianas, obedientes o rebeldes, pero cristianas.

Y ahí vamos llegando a este tiempo del fin en el que una época se cierra y una nueva comienza a abrirse, ¿qué significa? Pues que el llamado a “discipular naciones”, tal como fue dicho en Mateo 28:19, adquiere otra dimensión.

Es difícil hablar sobre esto; la salvación sigue siendo individual y todavía no podemos esperar que haya “naciones cristianas”, y no creo que las haya hasta por lo menos mediados del tiempo de los juicios, o después. Pero diversas palabras proféticas dadas a los siervos del Señor muestran cómo naciones se vuelven progresivamente más oscuras mientras que en otras brilla cada vez más la luz. No diría que esto quiere decir que esas naciones serán cristianas ahora, pero sí que el número de creyentes crecerá y que el nivel espiritual aumentará tanto como para ser luz en estos tiempos oscuros. No escaparán a los juicios, no serán perfectas ni mucho menos, no estamos todavía de vuelta en el tiempo de las naciones, pero habrá un avance, un “anticipo”.

No puedo explicar todo lo que esto significa, pero observo que hemos sido despertados a pelear espiritualmente por nuestros países, y eso hará una diferencia. No había ocurrido así durante siglos y no creo que debamos echarle la culpa a la teología; ocurrió así ahora y estoy convencido que el Espíritu Santo, el Ruaj Hakodesh, lo ha hecho, como un anticipo.

Proféticamente hoy estamos comenzando a cumplir, a “sembrar” en el mundo espiritual, lo que será una realidad en un futuro: naciones completas entregadas al Señor. Despojémonos de todos los conceptos secularistas que han tenido su utilidad en su tiempo, pero que en esencia son falsos: nunca pensó Dios naciones separadas de la fe y si esa experiencia no funcionó en el pasado fue porque no era el tiempo. La separación entre la iglesia (como Cuerpo de Cristo, no como institución) y el estado es, finalmente, un acuerdo humano, y no hay ninguna “Biblia” que la ordene, sencillamente puede borrarse así como se escribió alguna vez. Hoy la avanzada zurdo progre quiere borrar las más elementales leyes de la naturaleza, ¿por qué habremos de respetarlos en una separación que no es bíblica? ¡Nunca el Eterno pensó en naciones seculares!

Nuestros países deben incorporar las leyes de Cristo, porque esa es la voluntad del Señor, y no hay nada superior. No somos llamados a ninguna guerra física porque eso quedó bien en claro en los Evangelios, pero tenemos todas las armas espirituales para utilizar, ¡usémoslas! No vamos a “hacer cristianas” a nuestras naciones hoy, pero vamos a cambiar muchas realidades. El Santo de Israel está con nosotros.


Danilo Sorti


694. Como Dios no juzga enseguida…


Eclesiastés 8:10-13 RVC
10 También he visto que a los inicuos se les sepulta con honra, mientras que a los que frecuentaban el lugar santo se les echó al olvido en la misma ciudad donde se condujeron con rectitud. ¡Y también esto es vanidad!
11 Y es que cuando la sentencia para castigar una mala acción no se ejecuta de inmediato, el corazón de los mortales se dispone a seguir actuando mal.
12 El pecador puede pecar cien veces y prolongar su vida; sin embargo, yo sé que a los que muestran temor y reverencia ante Dios también les irá bien;
13 por el contrario, a los malvados, a los que no muestran reverencia ante Dios, no les irá bien ni se les prolongará la vida, sino que se desvanecerán como una sombra.

Nuestro mundo actual se ha construido sobre la realidad de Eclesiastés 8:11; Dios ha tenido misericordia y paciencia para juzgar a las personas y las naciones, y ellas han desarrollado toda su cultura y su historia reciente en base a la premisa de que o bien Dios no existe o bien no le importa lo que los hombres hagan.

El problema es que eso “funcionó”, por decirlo de alguna manera, hasta ahora, porque este tiempo escatológico está siendo progresivamente diferente: a medida que la puerta de la misericordia se cierra, los juicios de Dios se desatan y cada vez pasa menos tiempo entre la rebelión y el castigo, en esta tierra. Por supuesto que hay un castigo eterno, aunque esta generación ha decidido “olvidar” que las personas mueren, y que de hecho esta misma generación tiene una salud peor que la de sus padres, con lo cual su “fecha de vencimiento” se adelanta, sin contar los que morirán en medio de los juicios que ya comenzaron.

El pasaje de Eclesiastés se refiere al destino final en el infierno, aunque la referencia es clara solo cuando escuchamos los testimonios de las personas que han sido llevadas allí: los muertos terminan siendo sombras en el Hades.

El “olvido” de las enseñanzas del pasado y la incapacidad de ver hacia el futuro es el cimiento sobre el cual se para tranquilamente el que quiere seguir ignorando la voluntad de Dios. Propiamente, éstas son las funciones más originales del cerebro humano en comparación con los otros mamíferos, y también son las funciones que más tardan en madurar (recién después de los 20 años).

En el mundo del pasado, el pecador podía, en la mayoría de los casos, seguir pecando tranquilamente y “poca” diferencia vería en su mundo material, incluso podía prosperar y ser reconocido. Esto ya no está siendo más y no lo será en el mundo del futuro.

Zacarías 14:16-19 RVC
16 Todos los sobrevivientes de las naciones que atacaron a Jerusalén vendrán todos los años para adorar al Rey, al Señor de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los tabernáculos.
17 Y sucederá que a las familias de la tierra que no hayan acudido a Jerusalén para adorar al Rey, el Señor de los ejércitos, no les caerá nada de lluvia.
18 Y si los egipcios no acuden a Jerusalén, tampoco sobre ellos caerá lluvia; al contrario, les vendrá la plaga con que el Señor castigará a las naciones que no acudan a celebrar la fiesta de los tabernáculos.
19 Éste será el castigo por el pecado de Egipto, y por el pecado de todas las naciones que no acudan a celebrar la fiesta de los tabernáculos.

El Reino Venidero será un tiempo maravilloso en muchos sentidos, pero nos olvidamos de que la Biblia aclara que el Señor regirá “con vara de hierro” a las naciones, es decir, ya no será como en el pasado. La profecía de Zacarías se aplica a las naciones, pero es claro que también a los individuos:

Isaías 65:20 RVC
20 No habrá en ella niños que mueran a los pocos días, ni ancianos que no cumplan sus años de vida; los niños morirán a los cien años de vida, y los pecadores que lleguen a vivir cien años serán malditos.

En un sentido, será un tiempo de gracia y bendición sin precedentes sobre una Tierra restaurada, en otro sentido, ya no será más el tiempo de esta gracia que hemos vivido, durante el cual el Señor tuvo paciencia del pecador, porque 2.000 años de historia bastan y sobran para mostrar que el ser humano rechaza usar las facultades de las que naturalmente está dotado para pensar “un poco más allá”.

Ese tiempo futuro ya está empezando a manifestarse, por lo tanto alertemos a los pecadores de que no podrán seguir con sus “juegos” mucho tiempo sin empezar a sufrir serias consecuencias… aunque eso también es una muestra del amor y la misericordia divina, ¿quién sabe si en medio de sus plagas no deciden volverse a Dios?


Danilo Sorti


693. ¿Sobre qué se fundamenta la fe que alcanza grandes cosas? Un panorama de Hebreos 11


Hebreos 11:1-2 RVC
1 Ahora bien, tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve.
2 Gracias a ella, nuestros antepasados fueron reconocidos y aprobados.

Hebreos 11 es un “capítulo resumen” en el que el autor (presumiblemente Pablo) hace un recorrido por la historia bíblica para destacar la esencia de la fe. La comunidad receptora estaba atravesando por un tiempo difícil y necesitaba ser animada y fortalecida. Hubo luchas y dificultades, y el tiempo pasó sin que aparentemente las cosas hubieran mejorado. Necesitaban ser fortalecidos en la fe, pero no era necesario “inventar” nada, de hecho bastaba una nueva lectura bíblica reenfocada para descubrir lo que siempre había estado allí.

Desde el primer versículo es claro que la fe tiene que ver con “lo que no se ve”; implica una disposición del corazón a creer en algo que “no ve”, es decir, de lo cual la MENTE RACIONAL no tiene evidencias “suficientes”. Pero el tema que quiero repasar aquí es si esa fe “parte de la nada” o es una fe que necesariamente se tiene que fundamentar en alguna promesa, es decir, en alguna palabra que surgió primeramente de Dios. ¿Puedo creer lo que quiero creer o solo lo que me ha sido dado para que crea?

El versículo 1 no avala una “fe en la fe”; simplemente habla de esperar y de una realidad que no se ve, pero eso no supone que sea algo inventado por el que cree.

Hebreos 11:3 RVC
3 Por la fe entendemos que Dios creó el universo por medio de su palabra, de modo que lo que ahora vemos fue hecho de lo que no se veía.

El testimonio de un Dios Creador es dado por la creación misma a nuestro espíritu, y luego por la Biblia. No hay nada inventado aquí, simplemente estamos respondiendo con fe a una revelación que es profundamente espiritual.

Hebreos 11:4 RVC
4 Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, y por eso fue reconocido como un hombre justo, y Dios aceptó con agrado sus ofrendas. Y aunque Abel está muerto, todavía habla por medio de su fe.

Tampoco Abel inventó nada: él ya sabía qué tipo de sacrificio debía ofrecer y cómo hacerlo.

Hebreos 11:5 RVC
5 Por la fe, Enoc traspuso sin morir el umbral de la muerte, y nunca más se supo de él, porque Dios le hizo cruzar ese umbral; pero antes de cruzarlo, todos reconocieron que él era del agrado de Dios.

Lo mismo que antes: aunque no tengamos mucho registro de aquella época, entendemos que ellos sabían cómo “caminar con Dios”. Enoc lo hizo de manera excelente; no inventó “su propio camino”, recorrió el sendereo que ya le había sido enseñado.

Hebreos 11:6 RVC
6 Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que sabe recompensar a quienes lo buscan.

De nuevo, el testimonio de la existencia de Dios y de Su justo juicio y recompensa le es dado a la persona antes de que decida creer en eso.

Hebreos 11:7 RVC
7 Por la fe, con mucho temor Noé construyó el arca para salvar a su familia, cuando Dios le advirtió acerca de cosas que aún no se veían. Fue su fe la que condenó al mundo, y por ella fue hecho heredero de la justicia que viene por medio de la fe.

Esta evidencia es quizás más clara en el relato bíblico; Noé recibió una palabra específica y en ella creyó.

Hebreos 11:8-12 RVC
8 Por la fe, Abrahán obedeció cuando fue llamado, y salió sin saber a dónde iba, y se dirigió al lugar que iba a recibir como herencia.
9 Por la fe, habitó en la tierra prometida como un extraño en tierra extraña, y vivió en tiendas con Isaac y Jacob, quienes eran coherederos de la misma promesa;
10 porque esperaba llegar a la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
11 Por la fe, Sara misma recibió fuerzas para concebir, aunque era estéril, y dio a luz, aun cuando por su edad se le había pasado el tiempo, porque creyó que era fiel quien le había hecho la promesa.
12 Por eso también, de un solo hombre, que ya estaba casi muerto, llegó a tener una multitud de descendientes, tan numerosos como las estrellas del cielo y tan incontables como la arena que está a la orilla del mar.

La historia del Padre de la fe no podía ser otra cosa que un continuo desafío de fe, pero cada nueva prueba que atravesó con éxito comenzó con una palabra de Dios: un mandato y una promesa. ¡Imposible pensar que algo de eso se le hubiera ocurrido a Abraham por sí mismo!

Hebreos 11:13-16 RVC
13 Por la fe, todos ellos murieron sin haber recibido lo que se les había prometido, y sólo llegaron a ver esto a lo lejos; pero lo creyeron y lo saludaron, pues reconocieron que eran extranjeros y peregrinos en esta tierra.
14 Porque los que dicen esto, claramente dan a entender que buscan una patria;
15 pues si hubieran estado pensando en la patria de donde salieron, tiempo tenían para volver.
16 Pero ellos anhelaban una patria mejor, es decir, la patria celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse su Dios; al contrario, les ha preparado una ciudad.

Aquí podemos detenernos un poco: “claramente dan a entender que buscan una patria”. Si en todos los hombres de fe no hubiera habido un anhelo por Dios no hubieran podido avanzar, sencillamente no hubieran podido creer o mantenerse firmes en la palabra recibida. Aunque la fe, según lo que estamos viendo, no ocurre “en el vacío” sino que depende de que primero haya una palabra, no puede anidar en un corazón que no anhele algo mejor, un corazón insatisfecho. En el versículo 16 vemos que Dios honra ese sentir, y a ellos es que les da una promesa para que puedan creer y actuar.

La fe que alcanza grandes cosas nunca puede partir “en el vacío” pero siempre necesita un corazón dispuesto a creer y que espera recibir la promesa.

Hebreos 11:17-19 RVC
17 Por la fe, cuando Abrahán fue puesto a prueba, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo,
18 a pesar de que Dios le había dicho: «Por medio de Isaac te vendrá descendencia».
19 Y es que Abrahán sabía que Dios tiene poder incluso para levantar a los muertos; y en sentido figurado, de entre los muertos lo volvió a recibir.

Ahora el concepto se profundiza: Abraham no había recibido una palabra específica de que si mataba a su hijo este resucitaría, sólo había una orden que parecía contradecir las promesas anteriores, pero una mente que razona en base a la fe podía entender que era imposible que tal contradicción existiera, ¿qué iba a hacer Dios?, no lo sabía, pero, por la fe en las palabras dadas, y más que nada, por la fe en la naturaleza de ese Dios que había llegado a conocer, entendió que algo debía suceder, y descansó en esa fe. De nuevo, no es fe en el vacío, es fe en base a una palabra, aunque ahora no una palabra dada en el momento.

Hebreos 11:20-22 RVC
20 Por la fe, Isaac bendijo a Jacob y a Esaú acerca de las cosas venideras.
21 Por la fe, cuando Jacob murió, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado en la punta de su bastón.
22 Por la fe, cuando José murió, anunció la salida de los hijos de Israel y dio instrucciones en cuanto a qué hacer con sus restos mortales.

¿Hubo palabras directas en este caso? Los patriarcas eran profetas también y ellos confiaban en las promesas dadas; en base a esa fe el espíritu de la profecía pudo fluir. Había una promesa dada a Abraham ya bastante tiempo atrás, pero que seguía tan viva como entonces; de nuevo, no es fe en el vacío.

Hebreos 11:23-26 RVC
23 Por la fe, cuando Moisés nació, sus padres lo escondieron durante tres meses, pues al ver que era un niño muy hermoso no tuvieron miedo del decreto del rey.
24 Por la fe, cuando Moisés ya era adulto, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón,
25 y prefirió ser maltratado junto con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado,
26 pues consideró que sufrir el oprobio de Cristo era una riqueza mayor que los tesoros de los egipcios. Y es que su mirada estaba fija en la recompensa.

¿Fe en una palabra aquí? No parece, pero sí fe en el Dios de la Palabra, fe que surge de conocer al Eterno y estar dispuestos a pagar el precio. De nuevo, no hay ninguna “fe en el vacío” aquí, ni “fe en la fe”, hay fe que surge por conocer a La Palabra misma.

Hebreos 11:27-29 RVC
27 Por la fe salió de Egipto, sin temor a la ira del rey, y se mantuvo firme, como si estuviera viendo al Invisible.
28 Por la fe, celebró la pascua y el rociamiento de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no llegara a tocarlos.
29 Por la fe, pasaron por el Mar Rojo como si pisaran tierra seca; y cuando los egipcios intentaron hacer lo mismo, murieron ahogados.

Esta historia es conocida: Moisés recibe instrucciones claras de Dios y las pone en práctica… contra la potencia más grande de su tiempo: fe en una promesa cuando todo el contexto político y militar estaba decididamente en contra.

Hebreos 11:30 RVC
30 Por la fe, cayeron las murallas de Jericó después de rodearlas siete días.

Fe en una promesa, cuando es ridículo hacer lo que se pide, y cuando está en juego la credibilidad del líder en un feroz territorio enemigo.

Hebreos 11:31 RVC
31 Por la fe, la ramera Rajab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías.

Esta sección del capítulo concluye con una extranjera, condenada por pertenecer a un pueblo destinado a la destrucción, condenada por ser ramera y condenada por ser mujer, sin ninguna palabra específica, sin ninguna promesa para su pueblo y con una sentencia de muerte inminente, es decir, alguien TOTALMENTE ALEJADO de cualquier palabra que actuara como “semilla de fe”, pero que conoció a La Palabra quizás mejor que muchos israelitas: no solo en Su poder sino también en Su misericordia. ¿Recibió ella una palabra? Pues sí, los hechos del Señor a lo largo de la historia reciente fueron “la palabra” que se difundió por toda la región, y ella la creyó, y sobre ella actuó.

Hebreos 11:32-38 RVC
32 ¿Y qué más puedo decir? Tiempo me faltaría para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas,
33 que por la fe conquistaron reinos, impartieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,
34 apagaron fuegos impetuosos, escaparon del filo de la espada, sacaron fuerzas de flaqueza, llegaron a ser poderosos en batallas y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros.
35 Hubo mujeres que por medio de la resurrección recuperaron a sus muertos. Pero otros fueron atormentados, y no aceptaron ser liberados porque esperaban obtener una mejor resurrección.
36 Otros sufrieron burlas y azotes, y hasta cadenas y cárceles.
37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de un lado a otro cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pobres, angustiados y maltratados.
38 Estos hombres, de los que el mundo no era digno, anduvieron errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

A esta altura el escritor ya dio a entender todo lo que necesitaba sobre el tema y simplemente resume el resto de la historia, tanto de los que tuvieron “éxito” como de los que “fracasaron” por su fe, todos aprobados por esa misma fe. ¿Se trató de una fe “porque sí”? No, en los versículos anteriores quedó claro que la fe no es eso. Quizás no siempre haya una palabra expresa y específica, pero siempre hay una palabra, y más que nada, La Palabra:

Jeremías 9:24 DHH
24 Si alguien se quiere enorgullecer,
que se enorgullezca de conocerme,
de saber que yo soy el Señor,
que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud,
pues eso es lo que a mí me agrada.
Yo, el Señor, lo afirmo.

Conocer al Autor de la Biblia implica que conocemos Sus promesas, cómo actúa, qué quiere, e implica que Su Espíritu está en nosotros transmitiéndonos Sus palabras permanentemente. Es natural que la fe surja de allí y puede parecer que es “fe porque sí”, “creo porque es bueno que se haga tal o cual cosa”, pero esa es solo la apariencia errada de una comunicación mucho más profunda.

Hebreos 11:39-40 RVC
39 Y aunque por medio de la fe todos ellos fueron reconocidos y aprobados, no recibieron lo prometido.
40 Todo esto sucedió para que ellos no fueran perfeccionados aparte de nosotros, pues Dios había preparado algo mejor para nosotros.

Y el capítulo concluye con una nueva introducción: todos esos maravillosos ejemplos de fe, sin embargo, están “incompletos” sin la obra de Cristo, El Verbo hecho hombre, la Palabra viva a partir de la cual podemos creer y tener no solo la fe para salvación sino para conquistar grandes cosas.

Hay una promesa sobre la Iglesia (aunque es también sobre Israel para un tiempo futuro) que aún debe cumplirse:

Zacarías 12:8 RVC
8 «Cuando llegue ese día, yo el Señor defenderé a los habitantes de Jerusalén. El más débil entre ellos será tan fuerte como David, y los descendientes de David serán tan poderosos como el ángel del Señor que los precede.

La iglesia de los últimos tiempos, la que se está levantando en este preciso momento, será así, pero para ello deberá tener la clase de fe de los “héroes de la fe” de Hebreos 11. De hecho, el ejemplo de ellos será lo normal en esa iglesia, será la regla y no la excepción. Y el tiempo en que comience es ahora, ya no en el futuro. Pero todo ello partirá de conocer a La Palabra y de tener Sus Promesas en nosotros, y de escuchar Su Voz.


Danilo Sorti


692. Paciencia en la oración


Apocalipsis 5:7-8 RVC
7 El Cordero se acercó al que estaba sentado en el trono, y de su mano derecha tomó el libro.
8 Tan pronto como lo tomó, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se arrodillaron ante el Cordero. Todos llevaban arpas, y también copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos,

Apocalipsis 8:1-5 RVC
1 Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, hubo silencio en el cielo durante una media hora.
2 Vi entonces que a los siete ángeles que estaban de pie ante Dios se les dieron siete trompetas,
3 y otro ángel vino con un incensario de oro, y se detuvo ante el altar. A ese ángel se le dio mucho incienso para que lo añadiera a las oraciones de todos los santos, y lo ofreciera sobre el altar de oro que estaba delante del trono.
4 De la mano del ángel subió el humo del incienso a la presencia de Dios, junto con las oraciones de los santos.
5 El ángel tomó el incensario, lo llenó con fuego del altar, y ese fuego lo arrojó a la tierra. Hubo entonces truenos, voces, relámpagos y un terremoto.


Entre el capítulo 5 y el 8 han pasado varias cosas. No voy a hablar de eso aquí sino solamente concentrarme en un hecho: las oraciones de los santos que suben a la presencia del Señor y desatan Sus juicios sobre los impíos ya estaban presentes en el capítulo 5, en la adoración celestial. Sin embargo, fue recién cuando se terminaron de abrir los siete sellos que llegó el tiempo de que fueran escuchadas y respondidas dramáticamente.

Este episodio tan majestuoso que ocurre en la mismísima corte celestial nos lleva a la humilde enseñanza del Carpintero:

Lucas 18:1 RVC
1 Además, Jesús les contó una parábola en cuanto a la necesidad de orar siempre y de no desanimarse.

Conocemos como sigue el resto del relato; la enseñanza es muy importante para nosotros pero las palabras que leemos allí están muy lejos de la solemnidad y lo terrible del episodio relatado en Apocalipsis: es una historia común, de una viuda pobre, con ropas remendadas, necesitada y probablemente maloliente, sentada en la puerta del juzgado bajo el sol, la lluvia, el calor, el frío, el viento, hasta que logra su cometido. Nada allí hace suponer la majestuosidad de la corte celestial en donde los representantes del Pueblo de Dios tienen esas oraciones custodiadas en el ámbito más sagrado que exista. Nada lo hace suponer… ¡pero lo es!

Mientras esperamos con paciencia el cumplimiento de nuestras oraciones, podemos confiar que están guardadas en la misma presencia de Dios. Inevitablemente NUESTRAS oraciones tienen que ver con cosas que no solamente nos afectan a nosotros sino a otros, tienen que ver con Sus programas y diseños para las naciones y los tiempos últimos, tienen que ver con nuestras motivaciones que no siempre están purificadas, con los planes que tiene para nuestra santificación, y más. En definitiva, tienen que ver con muchas cosas que exceden “nuestras” necesidades puntuales y específicas, por lo que su cumplimiento no siempre será inmediato y no siempre será en el lapso de nuestra vida terrenal.

Con todo, somos invitados a orar con fe, a creer. Por supuesto, a escuchar las indicaciones del Espíritu que nos enseña cómo orar. Pero el hecho que quiero resaltar aquí es la necesidad de la paciencia para recibir lo que se espera, y la Biblia habla mucho sobre la perseverancia y la paciencia, aunque no sea un tema actual de predicación.

La oración debe estar unida a la paciencia. No sé cuáles serán los tiempos de Dios para cada petición, pero sé que debo empezar con la suficiente paciencia. Si mi expectativa es “inmediatamente ya”, empecé muy mal; digamos que empecé sin conocer realmente al Dios a quién estoy orando.

Salmos 88:1-2 RVC
1 Señor, Dios de mi salvación, delante de ti clamo noche y día.
2 Permite que mi oración llegue a tu presencia; ¡inclina tu oído a mi clamor!

Salmos 102:1 RVC
1 Señor, escucha mi oración; ¡deja que mi queja llegue a tus oídos!

Salmos 119:170 RVC
170 ¡Que llegue mi oración a tu presencia! ¡Líbrame, como lo has prometido!

Los salmistas anhelaban que sus oraciones llegaran a la presencia de Dios, y no es distinto con nosotros cuando clamamos con angustia. La buena noticia que nos cuenta Apocalipsis es que YA LLEGARON, pero necesitamos de paciencia mientras viene la respuesta adecuada en el momento adecuado.


Danilo Sorti