domingo, 5 de abril de 2020

756. Habacuc: las extrañas respuestas de Dios – I, números y más números


Habacuc 1:1 RVC
1 Profecía y visión del profeta Habacuc.

Habacuc es un libro corto, 3 capítulos, con una ilación clara dividida en 7 partes. La angustiosa queja del profeta refleja una experiencia extremadamente común a todo cristianos, es más, NO HAY cristiano sobre la faz de la Tierra, presente o pasado, que tenga algunos años ya de creyente, que NO HAYA pasado por ella al menos una vez, y es dudoso que alguien sea verdaderamente hijo de Dios sin que lo haya hecho.

El libro ocupa el lugar número 22 en la Tanaj, número que se asocia con la Palabra (22 letras del alfabeto hebreo) pero también fuertemente el concepto de hijos de Dios, los vencedores hijos de la luz, los que tienen autoridad y son glorificados por ser plenamente hijos. Tal como dijimos más arriba, ¡esta es una experiencia para los hijos! Y, “extrañamente”, la victoria, la glorificación y el poder y autoridad que vienen con ello, requiere pasar por la experiencia de Habacuc.

Pero en nuestras Biblias ocupa el lugar número 35, y es muy interesante:

“El número treinta y cinco en hebreo se escribió con las letras lamed (autoridad) y hey, que, al final de una palabra, significa "lo que viene". El número mismo, entonces, indica "lo que proviene de la autoridad". Cuando hay una pregunta o disputa no resuelta entre los hombres, es necesaria una decisión de una autoridad superior. Y entonces treinta y cinco es el número de vindicación.” (https://gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/the-biblical-meaning-of-numbers/chapter-5-numbers-31-40/).

Los hijos de Dios tienen que pasar por la experiencia de Habacuc para tener autoridad espiritual y ser glorificados, pero una vez terminada, Dios mismo se encarga de vindicarlos.

Pero también hay 7 secciones en el libro, y este es un número más conocido… o así parece. En realidad, es “conocido” pero difícilmente “entendido”: no es místico ni mágico, simplemente indica las siete etapas o partes de un proceso o un todo, algo completo que Dios hace porque, precisamente, lo realiza en esas 7 etapas claramente definidas y diferentes unas de otras.

Esto es importante porque se trata de un “proceso completo”, en rigor, la resolución del problema que plantea el profeta al principio. Entonces, tenemos que prestar atención allí porque hay una serie de pasos para que nuestro problema no quede inconcluso. Creo que hemos hecho tantas cosas “por la mitad” que ya estamos frustrados de acciones sin resultado, porque generalmente no hemos llegado hasta el final del proceso.

Una idea parecida la dan los 3 capítulos del libro, símbolo de la plenitud divina y del testimonio perfecto (de 3 personas).

Tiene 56 versículos, esto es: 8 x 7, el nuevo comienzo luego de que un proceso completo haya ocurrido.

El total de letras (en el texto hebreo) es 2.736 = 9 x 16 x 19, Dios llega para visitar, reunir las pruebas y “ver” de primera mano (9); es el ejemplo de una corte divina donde se expone un caso para que sea juzgado, pero interviene el amor de Dios (16) y la cruz de Cristo, como la serpiente levantada en el desierto (19) ofrece sanidad a todo aquel que la mira.

El total de palabras hebreas es 657 = 9 x 73, otra vez el nueve, Dios recabando las pruebas para juzgar, y el 73, que es un número primo, 70 + 3, el orden divino entrando en el proceso completo unido a la perfección divina.

Basta de números. De alguna manera los significados giran en torno a lo mismo. Veamos en el próximo artículo el texto en sí.


Danilo Sorti

miércoles, 19 de febrero de 2020

755. El 13 en la Biblia… y nosotros


Probablemente ningún número tenga tanta mala fama como el 13, que en la Biblia significa rebelión y depravación. De hecho, cuando uno rastrea los capítulos 13 que aparecen en los diferentes libros de la Biblia que tienen por lo menos esa cantidad de capítulos (32 en total) prácticamente en todos encuentra algo o mucho de rebelión, conflicto y pecado importante, excepto en uno, el famoso capítulo sobre el amor de I Corintios 13, que, sin embargo, termina con una nota de “incompletud”: todavía “vemos como en un espejo”, de manera difusa, borrosa. Tener en cuenta que en ese entonces los espejos eran láminas de metal pulido, por lo que el reflejo no resultaba perfecto.

Hay 3 libros que tienen 13 capítulos: Nehemías, II Corintios y Hebreos, y, ¡oh casualidad!, los tres hablan de 3 grupos de personas rebeldes, incompletos, problemáticos, pero sobre esos tres la gracia de Dios también llegó. Bueno, de hecho, el número tres es símbolo de la perfección Divina; Padre, Hijo y Espíritu, y también del testimonio perfecto (dos o tres testigos).

Nehemías relata la historia de líder homónimo en su esfuerzo por reconstruir la muralla de Jerusalén y ordenar la vida social de la misma llevando una santidad práctica, es decir, estableciendo la justicia de Dios en las relaciones económicas e interpersonales. Es un libro maravilloso que nos enseña mucho sobre el liderazgo, pero a pesar de los importantes éxitos que narra, no es para nada un proceso terminado. Queda claro que aún habría muchas dificultades para enfrentar, tanto internas como externas. No hay un “final feliz”, hay un final real: sin dudas los problemas seguirán, pero hay un camino para solucionarlos.

II Corintios es una extensa carta que probablemente recopile dos (o quizás más) cartas enviadas por Pablo a dicha comunidad de creyentes. Que existiera una iglesia grande en esa ciudad tan conflictiva y entregada al pecado es muestra del poder del Evangelio para penetrar aún en los lugares más oscuros, ella sola constituye un mensaje de esperanza y una señal de lo que hoy vemos, con tantas y tantas congregaciones en nuestras ciudades modernas, no menos pecadoras que la antigua Corinto.

La iglesia no estaba exenta de los problemas de esa cultura conflictiva, y la carta relata claramente la paciencia, e impaciencia también, del apóstol para con ellos, enseñando y corrigiendo como un padre. Tampoco tiene un “final feliz”, pero es real, muy real. Los problemas estarán también en la comunidad de los nuevos creyentes, hay que tratarlos y es posible hacerlo. Otro final abierto.

El tercer libro con 13 capítulos es Hebreos, también del apóstol Pablo (aunque algunos discuten su autoría). Acá la historia es distinta, se trata de una comunidad de cristianos con unos cuantos años ya, que estaba perdiendo el amor y el fuego del Espíritu, por más de que habían visto la mano del Señor con ellos y conocían la Palabra desde hacía generaciones (se supone que eran judíos convertidos). ¿Cómo tratar con “casi” postcristianos? Hebreos nos da las claves.

De nuevo, otro libro sin “final feliz”, otro pueblo rebelde y problemático, pero, también, otro pueblo que era objeto del amor de Dios y sobre el cual tenía cuidado.

En cierto sentido, cada libro presenta el mismo problema desde una perspectiva distinta: desde la visión del Padre y Su interés por la justicia social, desde la visión del Hijo y Su interés por las relaciones interpersonales, desde la visión del Espíritu y su interés por la salud espiritual. Por supuesto, no es una “división” tajante ni mucho menos.

Pero la realidad es que el número 13 no resulta tan “feo” como nos parece, porque ¿quién no está incluido dentro de estas historias de rebeliones y conflictos? Y ¿qué nación está exenta de ellos? Nadie y ninguna. Por lo que todos y todas también son sujetos del cuidado y la exhortación de Dios.

13 naciones también tiene Sudamérica, y no hace falta aclarar mucho más… Si se quiere, Argentina es la “última”, la más austral, y entonces, la número 13… ¡¡y tampoco hace falta aclarar más!!

Pero la misericordia de Dios está allí. No hay un “mensaje bonito” ni palabras de pensamiento positivo, hay palabras reales y duras, pero sanadoras.

La nación de Israel que siguió a Nehemías no fue perfecta, pero se mantuvo hasta cumplir el propósito que el Padre tenía con ellos: traer al Mesías. La iglesia de Corinto tampoco fue perfecta, pero aceptó la reprensión y nos legó, humildemente, las dos cartas de Pablo que constituyen una joya teológica para toda iglesia joven. Qué pasó con los “hebreos” (¿cristianos de origen hebreo?) no sabemos, pero si tenemos la carta es porque también la recibieron y la aceptaron como Palabra de Dios a través del apóstol.

La buena noticia de la Biblia es que aún para los rebeldes y cabezaduras hay un camino de arrepentimiento y restauración.


Danilo Sorti


754. ¿Dispuestos a pagar el precio de la libertad?


Números 14:1-4 RVC
1 Toda esa noche la congregación comenzó a gritar y llorar.
2 Todos los hijos de Israel se quejaron contra Moisés y Aarón, y toda la multitud les dijo: «¡Cómo quisiéramos haber muerto en Egipto, o morir en este desierto!
3 ¿Para qué nos ha traído el Señor a esta tierra? ¿Para morir a filo de espada, y para que nuestras mujeres y nuestros niños sean tomados prisioneros? ¿Acaso no sería mejor que regresáramos a Egipto?»
4 Y unos a otros se decían: «Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.»

Este no es un tema nuevo, de hecho, ha sido predicado hasta el cansancio. La negativa del pueblo que había salido de Egipto en pagar el precio de la libertad, de conquistar un territorio prometedor aunque peligroso, resultó en 40 años de pérdida de propósito, de “dar vueltas” por el desierto, con el único y expreso objetivo de morir allí mismo, para que una nueva generación sí pudiera entrar.

Se ha escrito hasta el cansancio sobre este tema y los paralelos que podemos establecer con la vida individual, con nuestras propias decisiones, son, dolorosamente, muchos. A medida que vamos teniendo más años encima, más ocasiones encontramos en las que nos hemos comportado de la misma manera.

Un conocido escritor evangélico popularizó el término “complejo de langosta” para explicar el evidente complejo de inferioridad que tenía todo el pueblo, precisamente porque ante los gigantes que había en cierto sector del territorio, ellos se veían como “langostas” (obviamente, una exageración).

Pero, como tantas veces, nuestro análisis teológico ha estado casi siempre teñido del enfoque erróneo que se metió hace siglos en el cristianismo, esto es, ver solo la dimensión individual (que por cierto está y es muy importante, quizás la principal) pero olvidar la dimensión comunitaria, o en todo caso, circunscribirla al ámbito de la congregación local.

Lo cierto es que un análisis superficial muestra que la decisión NO FUE de una persona, ni siquiera de uno solo de los espías, sino que fue una decisión ABRUMADORAMENTE MAYORITARIA de todo un pueblo que fácilmente podía rondar los 2.000.000 de personas (algunos dicen que más). La decisión fue genuinamente individual, porque unos pocos no adhirieron a ella, pero a la vez fue genuinamente nacional, con una unanimidad que pocas veces encontramos en la historia de Israel.

Casi cada uno de ellos prefirió la “comodidad” de una esclavitud que había pasado hacía pocos años pero que ya empezaban a idealizar como “pasado tolerable y hasta bueno”, y casi cada uno de ellos temió avanzar hacia un futuro que implicaba lucha y esfuerzo, pero que les daría la libertad. Prefirieron ser esclavos antes que pagar el precio de la libertad, y sobre esto también se ha escrito mucho.

Cualquier parecido con nuestra historia reciente no tiene nada de casual. Por eso la Palabra de Dios está Viva, porque tiene la capacidad única de hablar en cada tiempo y en cada nueva circunstancia, no se “agota” nunca, y este tema creo que es uno de los mejores ejemplos que podemos tener.

En Israel toda esa vieja generación tuvo que morir. Los 12 espías que fueron a explorar y dieron malos informes no fueron elegidos por Dios, sólo les dijo lo que tenían que hacer y ellos mismos eligieron a gente de autoridad, líderes conocidos cada uno de sus tribus, que, en promedio constaban de unas 170.000 personas (algunas más, otras menos). Esto significa que había suficiente gente como para elegir pero no tanta como para no ser conocidos por todos. Era el “mejor” liderazgo, y, por cierto, no podían ser muy viejos ya que tendrían que enfrentar los rigores y peligros de una exploración larga por territorio enemigo.

Pero estos “jóvenes” resultaron ser el viejo liderazgo. Aparentaban ser el “nuevo” pero no lo eran. ¿Hace falta que explique la comparación con nuestra realidad política, social, institucional y hasta eclesiástica?

Pero no le echemos tanta culpa, el pueblo los eligió bajo un sistema mucho más democrático que el que tenemos hoy. No eran diferentes los unos de los otros.

De paso, no es casualidad que el texto que relata la elección, la exploración y el informe malo se encuentre en el capítulo 13 de Números.

Conocemos la historia. Tuvieron que pasar 40 años, es decir, toda una generación tuvo que morir, todo el viejo liderazgo, incluidos los “jóvenes viejos”, tuvieron que morir y ese fue su propósito a partir de allí: dar vueltas hasta morir. ¡Qué lindo objetivo que les dio el Señor!

Afortunadamente no estamos en esos tiempos y no necesitamos dar vueltas 40 años… porque venimos dando vueltas como nación desde hace más de 200… Y ha sido una decisión estrictamente individual y estrictamente nacional. ¿Cuándo “morirá” este “viejo” liderazgo que ya lleva más de 200 años?

El asunto que tenemos que plantearnos seriamente en este tiempo, como individuos y como nación, es, primero, si tanto que hemos escuchado predicar sobre este texto sirvió para algo. ¿Cambiamos en algo? Si a la hora de elegir preferimos los “ajos y las cebollas” de Egipto, decididamente lo que entró por un oído salió por el otro.

Por supuesto, mucha gente en la nación aún no ha conocido este relato, pero lo vive a diario. Deberíamos procurar que lo conozcan. Nada hay más revolucionario que la Biblia, por eso en el ambiente “progre” se esfuerzan por mostrarla como retrógrada y mentirosa. Pero sabemos que todas nuestras vicisitudes fueron escritas allí para que las entendamos y las superemos. Tengo la confianza en Dios que estos tiempos que vienen servirán para “matar” de una buena vez al “viejo” liderazgo para que surja uno realmente nuevo.


Danilo Sorti



753. Las consecuencias del orgullo en la nación


Santiago 4:6 RVC
6 Pero la gracia que él nos da es mayor. Por eso dice: «Dios se opone a los soberbios, y da gracia a los humildes.»

Santiago 4:10 RVC
10 ¡Humíllense ante el Señor, y él los exaltará!

Mateo 23:12 RVC
12 Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Lucas 14:11 RVC
11 Porque todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.»

Proverbios 29:23 RVC
23 La soberbia humilla al hombre; al humilde de espíritu lo sostiene la honra.

Proverbios 16:18 RVC
18 La soberbia precede al fracaso; la arrogancia anticipa la caída.

Proverbios 11:2 RVC
2 Con la soberbia llega también la deshonra, pero la sabiduría acompaña a los humildes.

Parte del diagnóstico del mal argentino es el orgullo. Estamos de acuerdo con que esto no es ninguna novedad, porque la raíz del problema humano (o al menos, una de sus raíces fundamentales, según como se mire el asunto) es el orgullo. Sin embargo, el orgullo puede manifestarse de muchas formas, por eso aquí se hace especial énfasis en la “soberbia”, que es una forma “extrema”, por así decirlo, de orgullo; manifiesta y especialmente repugnante, no solo para las otras personas sino especialmente para Dios.

Hay cuestiones teológicas en la Biblia que requieren un análisis exhaustivo para ser entendidas correctamente, pero no muchos temas están expresados de manera tan breve y tan clara como este, tanto en el Antiguo Testamento, como en los Evangelios como en las Epístolas. De principio a fin no puede quedar ninguna duda, y nadie necesita tener estudios históricos, antropológicos, arqueológicos, lingüísticos, sociológicos o teológicos para entenderlo, en ninguna parte del mundo.

Y precisamente allí tenemos, creo yo, la principal causa de nuestra situación como argentinos: el orgullo rayano en la soberbia. Y su solución: la humildad.

Hemos sido deshonrados y humillados vez tras vez delante de todas las naciones del mundo; una nación que en los albores del siglo XX asomaba para transformarse en una potencia, terminó humillada en el fracaso de quien tiene todo para ser importante pero queda a lo último. Esto es parte del duro diagnóstico que no queremos ver.

En las historias del festejo del Centenario, allá por 1910, queda en claro ese espíritu de orgullo y soberbia que se mostraba indisimuladamente. Pero nos sobran las historias más domésticas y cercanas. Una nación que se ensoberbece en sus propias fuerzas, ¿podrá ser bendecida por Dios? No, será humillada.

Esa es, creo yo, la raíz más oscura y pútrida de la nación, y la más fácil de diagnosticar de todas; nada más evidente en la Palabra de Dios ni en la historia. Una raíz nacional a la vez que un pecado individual de sus habitantes. Para los que protestan cuando presento el Evangelio desde un enfoque de naciones, aquí tenemos una conexión “perfecta” entre lo colectivo y lo individual.

A la vez, nada más fácil de extirpar: un claro diagnóstico es la mitad de la solución. Necesitamos la humildad, que no es “transformarse en un trapo de piso”, como buena parte de la tradición católica y evangélica nos han dicho muchas veces y como ha llegado a estar en parte de nuestra cultura nacional. De hecho, el “espíritu de trapo de piso” no es más que el mismo orgullo manifestado de otra forma.

El primer acto de humildad es reconocer este grave problema en la nación, por más que no sea “mi” problema principal. De hecho, quien puede reconocerlo es quien no está gravemente afectado por él. Y precisamente quien tiene una dosis de humildad como para darse cuenta, corre el peligro de caer presa del orgullo al pensar: “¿por qué tengo que asumir un problema que yo no tengo y humillarme por los soberbios?”. Esto es algo muy difícil, pero es precisamente lo que hizo Jesucristo en la cruz: fue humillado, expuesto desnudo (no cubierto con una tela como muestran los pintores) a la muerte más vergonzosa para vencer DE ESA FORMA la primera raíz del pecado humano, el orgullo.

La victoria sobre el orgullo y la soberbia ya fue ganada en la cruz, no necesitamos, ni podríamos, “repetir” ese acto. Pero sí necesitamos asumir el mismo espíritu de humildad y humillarnos primero delante de Dios por la extrema soberbia histórica de nuestra nación. Las cuentas hay que arreglarlas primero con Él.

Luego debemos sembrar verdadera humildad, que, de nuevo, no tiene nada que ver con ser “trapo de piso” ni con dejar pasar las injusticias. De hecho, la verdadera humildad es exponer la injusticia y la soberbia, no en base a nuestras propias virtudes ni a las virtudes de la nación, sino en base a Su justicia y Sus virtudes.

La cultura de la “avivada” ha hecho parecer “zonzo” y “gil” al humilde. Pero hoy comemos los frutos amarguísimos de esa “viveza”. ¿No es hora de mostrar las cosas tal como son?


Danilo Sorti


domingo, 22 de diciembre de 2019

752. Guerra espiritual sobre naciones: cuando las potestades son derrotadas en los aires


Apocalipsis 12:7-9 RVC
7 Después hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón, y el dragón y sus ángeles también lucharon,
8 pero no pudieron vencer, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo.
9 Así fue expulsado el gran dragón, que es la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña a todo el mundo. Él y sus ángeles fueron arrojados a la tierra.

Apocalipsis relata los eventos del fin de esta era presente. Es la “conclusión” de la palabra profética y nos muestra los eventos últimos en una serie de escenas que pueden parecer inconexas si no se conoce el mensaje profético del resto de los libros de la Biblia.

El episodio que narran estos versículos aún no sucedió, sin embargo, en un sentido parcial, es algo que ocurre a veces sobre las naciones. Es más, este suceso futuro será la culminación de sucesos parciales que vienen ocurriendo de tiempo en tiempo.

El Adversario tiene distintos “reinos”, uno de ellos está en los aires, lo que llamamos el “segundo cielo”, y se interpone entre nosotros y el Cielo de Dios, el “tercer cielo”.

Efesios 2:1-2 RVC
1 A ustedes, él les dio vida cuando aún estaban muertos en sus delitos y pecados,
2 los cuales en otro tiempo practicaron, pues vivían de acuerdo a la corriente de este mundo y en conformidad con el príncipe del poder del aire, que es el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Cada reino tiene, en cierto sentido, funciones específicas, y el que corresponde “al aire”, al segundo cielo, es el que domina sobre los otros (del mar, inframundo, etc.) por su “ubicación” estratégica (aunque entendemos que es un lugar espiritual más que físico) y sobre los hombres se encarga de establecer sistemas de pensamiento, lo que llamamos la “cultura” de una sociedad en un sentido antropológico, movimientos sociales y, obviamente, estructuras políticas y de gobierno.

No las puede crear por sí mismo, solo pervierte los diseños y los tiempos de Dios, que están “escritos” o señalados en las estrellas, de donde viene el gran interés de los poderosos de todos los siglos por la astrología.

Desde esa posición estratégica es que puede gobernar con mucha autoridad e influencia, operando como un manto espiritual que cubre las mentes de naciones enteras, un velo que impide ver la luz, que frena tanto las oraciones que “ascienden” como las respuestas que “descienden” de lo Alto.

Hay ocasiones, en los momentos de intensa lucha espiritual, cuando la opresión de este manto de tinieblas puede incluso sentirse físicamente.

Cuando Dios comienza a ejecutar Su juicio sobre estas estructuras de maldad lo hace “en los aires”. Allí es cuando se produce la batalla decisiva, y a nivel terrenal, humano, puede no verse demasiado cambio. Es decir: mientras se está librando una guerra que, si se pudiera ver, haría palidecer absolutamente a las más osadas películas o relatos épicos del cine y la literatura; sobre la tierra, social y políticamente, las cosas están relativamente tranquilas. Es, propiamente, espiritual.

Pero ¿qué pasa cuando las potestades que dominan una nación pierden sus posiciones en los ámbitos espirituales? Ahí la cosa se pone realmente complicada…

Vamos a interpretar el texto de Apocalipsis de manera “parcial” aplicado a estos tiempos. Si las potestades pueden ser expulsadas de los cielos de una región gracias a la victoria angélica, es porque hubo una batalla espiritual terrena que les dio el poder para vencer:

Apocalipsis 12:10-11 RVC
10 Entonces oí una fuerte voz en el cielo, que decía: «¡Aquí están ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo! ¡Ya ha sido expulsado el que día y noche acusaba a nuestros hermanos delante de nuestro Dios!
11 Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra que ellos proclamaron; siempre estuvieron preparados a entregar sus vidas y morir.

Las batallas en los aires no son eventos desconectados del mundo físico: los ángeles son fortalecidos cuando los hijos de Dios oran, proclaman la Palabra, aplican la sangre de Cristo y viven vidas consagradas y sacrificiales. Como resultado, las potestades espirituales son derrocadas de los lugares altos, y con ello los cielos se abren para que la revelación y la manifestación de Dios desciendan libremente. Hay un precio a pagar, no el que ya pagó Cristo, sino el de hacernos “uno con Él”.

Pero cuando no pueden sostener su posición en los lugares espirituales no les queda más que descender:

Apocalipsis 12:12 RVC
12 ¡Alégrense por eso, ustedes los cielos! ¡Alégrense ustedes, que los habitan! ¡Pero ay de ustedes, los que habitan la tierra y el mar! El diablo ha llegado a ustedes lleno de ira, porque sabe que le queda poco tiempo.»

Paradójicamente, el preludio de la victoria definitiva es una intensificación en la lucha. Ahora los poderes espirituales de alto rango, no los demonios comunes que pueden infectar a personas y sociedades sino principados mucho más poderosos y estratégicos, descienden y toman sus posiciones controlando o poseyendo personas claves, tomando dominio completo de sus acciones y con una furia mucho mayor, porque saben bien que ya están derrotados y próximos a ser echados a lugares desiertos, o encarcelados.

El asunto es que mientras están “arriba” permanecen escondidos, son muy difíciles de identificar y pueden dominar a una u otra persona con facilidad, además de tener absoluto control sobre la cultura y la sociedad. Pero cuando están “abajo” sólo pueden hacerlo a través de personas claves. Eso no quiere decir que no sean capaces de un gran daño, incluso superior, sino que están usando recursos débiles, personas, que rápidamente se desgastan, que pueden ser muertas o atacadas con enfermedades, expuestas o desautorizadas socialmente. Además, están mucho más “cerca” para ser identificados por los intercesores, se han vuelto visibles por más que estén escondidos detrás de personas.

El escenario que muestra Apocalipsis 12 resulta especialmente complicado porque para ese momento la iglesia fiel y entrenada ya no se encuentra en la Tierra, a no ser algunos que el Señor envía para comisiones especiales, y Sus ángeles, además, la cantidad de demonios manifestados es muy superior a la actual. Pero en este tiempo la iglesia, es decir, los hijos fieles que componen el Cuerpo de Cristo, no necesariamente las instituciones que tienen el cartel de “Iglesia”, sigue estando, por lo que el poder del Espíritu Santo no se ha ido y cualquier manifestación satánica está limitada.

Aunque la situación se ha vuelto mucho más difícil, esta iglesia fiel puede fácilmente detectar los espíritus obrando y anularlos. Cuando eso ocurre, las personas dominadas por ellos quedan confundidas, impotentes, cometen errores y terminan presas del “terror del Señor”, un temor que las lleva a huir por sí solas. Ahora bien, dado que la guerra sigue siendo espiritual, netamente espiritual y no humana, la función primordial de la Iglesia fiel será “traer” la manifestación de Dios a la Tierra, a su propia tierra, a su nación.

Tengamos en cuenta esto: si los principados y potestades fueron expulsados de un área del segundo cielo por la intervención de los ángeles, lo mismo les pasará cuando esos ejércitos angélicos desciendan a la tierra, cuando la misma presencia del Señor lo haga. No hay que claudicar, al contrario, reforzar el combate espiritual porque la victoria está más cerca, la misma desesperación del Adversario lo indica.

Entonces, cuando en lo natural vemos que determinadas personas en poder toman decisiones muy rápidas, furiosas, aparentemente sin mucha lógica humana, sabremos qué ha estado pasando en los aires…

Apocalipsis 12:13-17 RVC
13 Cuando el dragón se dio cuenta de que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.
14 Pero a la mujer se le dieron las dos alas de la gran águila para que volara a su lugar en el desierto, donde es alimentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo, para estar a salvo de la serpiente.
15 Entonces la serpiente arrojó mucha agua por la boca, para que la mujer fuera arrastrada como por un río.
16 Pero la tierra vino en su ayuda, pues abrió su boca y se tragó el río que el dragón había arrojado por su boca.
17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer y se fue a luchar contra el resto de sus descendientes, es decir, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

De nuevo, este pasaje se aplica a la Iglesia de los tiempos de los juicios de Dios sobre la Tierra, pero tiene principios actuales. Es obvio que el ataque será contra los santos y fieles, porque los principados saben bien quiénes los han derrotado. Los hombres y mujeres que están siendo usados por ellos en estos tiempos, sin embargo, todavía no, por lo que la persecución no será tan intensa ni enfocada, sino más bien de forma indirecta, en relación con determinados valores y principios cristianos (lo estamos viendo de sobra…), pero existirá, en mayor o menor medida.

Hay una Iglesia fiel que es protegida sobrenaturalmente, mientras que hay otra Iglesia más “dispersa” que tiene que enfrentar un ataque más duro. No pretendo juzgar la santidad de unos y otros, Dios ha prometido proteger a Sus hijos en medio de las pruebas y debemos mantenernos fieles y en comunión, obedientes a Su voz de alerta y dirección para escapar a tiempo, para tomar las posiciones correctas y avanzar con sabiduría en la batalla. Si no lo hacemos sufriremos pérdida, pero con todo, cualquier daño terrenal es compensado en Su presencia. Finalmente todos seremos purificados, no importa lo chambones que hayamos sido…

Cuando los principados satánicos están perdiendo una batalla reagrupan todas sus tropas y lanzan un ataque concertado, con todas sus fuerzas disponibles. Recordemos que para ese momento muchos de sus soldados habrán sido capturados y encarcelados (anulados en su poder), por lo que debe exponer sus altos cargos, como en una partida de ajedrez, donde las piezas más importantes se reservan para el final. Agota sus recursos lanzándolos a una batalla frontal donde saben que sufrirán un rápido desgaste. Toma acciones muy rápidas para tratar de ocupar posiciones perdidas con velocidad y generar un “efecto shock”, pero en esa rapidez deja muchos huecos desprotegidos y a la vez alerta rápidamente a sus adversarios, incluso levanta la ira de muchos que, en condiciones más moderadas, le hubieran brindado un tibio apoyo o aunque sea una indiferencia cómplice. Son acciones desesperadas para “golpear” a su adversario (¡nosotros, por si alguien no se enteró todavía!) hasta noquearlo y dejarlo rendido… el problema es que el “adversario” cuenta con el apoyo del Rey de Reyes y Señor de Señores, y cuando no logra destruirlo, se levanta con mucha más decisión y convicción que antes…

Este es el panorama de la batalla espiritual y creo que no hace falta aclarar más. Es necesario que con más fervor traigamos la presencia del Señor a nuestro suelo, para que sea concluida con rapidez.


Danilo Sorti