domingo, 3 de abril de 2022

809. Provisión en medio de la persecución I

 

Marcos 10:29-31 RVC

29 Jesús respondió: «De cierto les digo: No hay nadie que por causa de mí y del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o tierras,

30 que ahora en este tiempo no reciba, aunque con persecuciones, cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, y en el tiempo venidero la vida eterna.

31 Muchos de los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros.»

 

Hemos entrado claramente en el tiempo de persecución antes del tiempo de los juicios propiamente dichos. Muchos cristianos han “hecho agua” en estos meses pasados porque aprendieron una escatología errada, según la cual el mundo sería relativamente tranquilo hasta el arrebatamiento y luego se desataba el caos, pero la Biblia nunca dijo eso, aunque sí los predicadores de un Evangelio liviano (y falso).

 

Antes de hacer una aplicación individual es necesario entender el contexto de cada nación. También aquí tenemos un problema porque la mayor parte de la enseñanza que se ha escuchado desde hace décadas enfatiza en un cristianismo individual “desconectado” de lo que pasa en su nación. Aunque ese tema es complejo y tiene parte de verdad, ha ocultado también realidades más complejas. Sin profundizar, y en función de las palabras que los profetas vienen aclarando, digamos, en líneas generales, que hay naciones y territorios de los cuales uno debe salir y naciones y territorios que serán de refugio y provisión, aún de luz y protección.

 

Sabemos también que nuestras naciones de Sudamérica, especialmente algunas de ellas, están en esta última categoría. Aunque ahora no lo parezca, Dios está haciendo procesos muy profundos que emergerán en no mucho tiempo y cambiarán radicalmente nuestra realidad. Pero en el “mientras tanto”, ¿qué hacemos?

 

Bueno, precisamente el “mientras tanto” es el tiempo de la acción, de la construcción de lo nuevo y la destrucción de lo viejo. Es parte del proceso inevitable, es el “valle de sombra de muerte” que tenemos que cruzar para pasar de una montaña a la siguiente.

 

Entonces, se nos presenta hoy en Argentina algo que ya venimos viendo en otros países, el famoso “pase nazi”, y eso implica, entre otras cosas, problemas laborales para unos cuantos. Bueno, pero pongámonos en contexto… los problemas laborales venían desde hace rato, así que no tenemos nada que sea demasiado nuevo.

 

¿Qué hacemos en esta circunstancia? ¿Qué pasa si pretenden obligarnos (contra las leyes y la Constitución, vale decir) a tomar la kakuna? Hoy es tiempo de hacer lo que no hicimos como sociedad en muchas décadas: ¡hacer valer la Constitución! Pero mientras incursionamos en esa verdadera “novedad” y logramos éxito allí, ¿qué hacemos?

 

Pues bien, la persecución no es nada nuevo en la Biblia. De hecho, todo el Nuevo Testamento se escribió en contexto persecutorio, y buena parte del Antiguo también, así que no debería sorprendernos que hoy seamos perseguidos bajo el eufemismo de un supuesto “bicho” cuya última variante es tan pero tan peligrosa que apenas produce dolores de cabeza…

 

Pero el gran problema aparece cuando no nos hemos dado cuenta de que, realmente, ¡ESTAMOS EN UNA PERSECUCIÓN! Cuando podemos poner los hechos con "nombre y apellido” la luz de la Verdad (que es Dios) cae sobre la realidad y todo se ve tal cual es, mientras permanece en oscuridad, caemos en la desesperación y desesperanza porque no tenemos una palabra clara.

 

Hermanos, ¡esto es una persecución contra los fieles y los temerosos de Dios! Nadie que no tenga el testimonio del Padre dentro suyo (incluso si no se considera a sí mismo en la actualidad propiamente como “cristiano” o “creyente”) se puede dar cuenta de lo que se mueve detrás de todo esto. El solo hecho de haber logrado cerrar todos los lugares de culto lo debería mostrar con claridad, ¡solo los peores regímenes totalitarios lograron eso!

 

Una vez que podemos llamar a las cosas por su nombre, PERSECUCIÓN, o para ser más exactos, PERSECUCIÓN (APENAS) ENCUBIERTA, se nos abre un mundo de entendimiento, ¡cuántas promesas e instrucciones tenemos en la Palabra para los que somos perseguidos!

 

Pues bien, en lo económico, el texto citado nos da una promesa bien clara:

 

Marcos 10:29 RVC

29 Jesús respondió: «De cierto les digo: No hay nadie que por causa de mí y del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o tierras,

 

En aquella época los impíos eran más honestos (!?): sencillamente perseguían a los cristianos por ser cristianos. Así que, tener que salir de un lugar o perder las redes de relaciones por causa de su fe, no resultaba nada extraño. Aún más, aunque no fuera por persecuciones, sino por obediencia al llamado, también aplicaba lo mismo:

 

Marcos 10:28 RVC

28 Pedro comenzó entonces a decirle: «Como sabes, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.»

 

Aún no estaban sufriendo persecución, pero por obediencia ya habían perdido mucho.

 

En aquel entonces había una relación muy estrecha entre el lugar donde uno vivía, la familia que lo rodeaba (normalmente la familia extendida y los parientes más o menos cercanos), la fuente de trabajo (que se seguía por línea familiar), y aún la herencia y las posesiones materiales. No es demasiado diferente hoy.

 

Jesús fue muy claro: seguirlo a Él implicaría moverse y dejar de hacer muchas cosas, pero vendría la provisión divina. También implicaría sufrir persecución, y también allí habría provisión.

 

Todos los que hoy no aceptan la pre marca de la bestia están sufriendo persecución por su testimonio, y repito, aunque no sean “formalmente cristianos”, tienen el testimonio del Creador dentro suyo que les dice que tal cosa no es de Él, y son fieles en obedecerlo, por lo tanto, ya han hecho un compromiso con Dios. Sin dudas es necesario que conozcan más de ese Dios y de Su provisión para estos tiempos y para el destino eterno de nuestras almas, pero ya han hecho un primer compromiso con Él.

 

Para todos ellos hay una promesa:

 

Marcos 10:30 RVC

30 que ahora en este tiempo no reciba, aunque con persecuciones, cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, y en el tiempo venidero la vida eterna.

 

Entonces, tenemos una realidad: cuando somos perseguidos seguramente perderemos algo (o mucho, depende):

 

Pueden ser “casas”, es decir, un lugar donde vivir, lugares donde estar, donde descansar, espacios físicos. Pero recibiremos nuevas “casas”, nuevos lugares y ámbitos físicos que no conocíamos. “Casa” es también el lugar de trabajo, el taller, la empresa, el comercio, y la promesa es la misma.

 

Pueden ser “hermanos”, que no solamente implica familia sino también se refiere a nuestros socios, compañeros de trabajo, las personas con las cuales emprendemos proyectos. También recibiremos nuevos, que llegarán a ser tanto o más unidos que nuestros parientes naturales.

 

Pueden ser “hermanas”, y aquí se refiere tanto a los aspectos laborales que eran típicamente desarrollados por mujeres en ese tiempo como al cuidado y la protección de la familia, la comunicación. También lo recibiremos.

 

Pueden ser “padres” y “madres”, aquellos que nos cobijan y protegen por encima de toda otra persona, que nos dan la provisión que necesitamos, que nos brindan identidad, seguridad jurídica, y mucho más. También para eso hay provisión.

 

Pueden ser “tierras”, que se refiere tanto a lo laboral como a la herencia, a un capital físico y económico. ¡Incluso hay promesa para ello!

 

Notemos que Jesús fue muy cuidadoso en detallar todo lo que podríamos perder o dejar, ya sea por imposición o voluntariamente, el texto nos permite ambas interpretaciones. Para la sociedad de aquel entonces, el listado abarcaba todos los principales ámbitos de la vida de una persona, así que Jesús está diciendo: “todo”; todo lo que debamos abandonar por causa de Él, lo recibiremos. Y cuando entendemos que todo el avance plandémico y el pase nazi son simples eufemismos para perseguir a los fieles, es obvio que este pasaje aplica a nosotros.

 

Veamos también que hay siete categorías mencionadas, y eso no es casual, porque alude a las “siete operaciones” del Padre. Cada parte de Su Creación cae en una de estas categorías, que establecen una especie de “división del trabajo” (y más cosas que no voy a explicar ahora), por lo que en una primera aproximación está enfatizando nuevamente la idea de “todo”.

 

Es decir, tanto por los elementos del listado como por la cantidad de ellos, dice “dos veces”: todo.

 

Ahora bien muchachos, “todo” empieza con “dejar”… y a veces, “todo”. No es que “dejamos” porque se nos da la gana, hay una presión para eso. Cada uno deberá escuchar al Espíritu para saber lo que tiene que hacer en cada momento, pero si es realmente colocado en la posición de tener que “dejar”, debe confiar plenamente en su Creador que hay una nueva provisión, aunque con ciertas particularidades…

 

Hasta ahora dijimos que el Señor prometió que recibiríamos todo lo que necesitáramos, literalmente, un nuevo ámbito de vida con todos los recursos y funciones. Pero hay más: él dijo que sería “cien veces más”. El número cien habla de abundancia, también de milagro porque Isaac nace cuando Abraham tenía cien años, e incluso de alabanza y alegría, tal como vemos en el Salmo 100.

 

No solo hay una recompensa celestial para los perseguidos, también hay promesas en este tiempo, y eso tiene un propósito muy claro.

 

Pero cuidado:

 

Marcos 10:31 RVC

31 Muchos de los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros.»

 

Esta expresión, aunque podemos aplicarla en un sentido general, fue dicha en un contexto económico y social pero vinculado a lo primero.

 

El Señor nos ha prometido una bendición abundante conforme a Su diseño, pero puede ser que unos cuantos hoy estén disfrutando de los bienes injustos de este mundo, en medio de un sistema injusto y sirviendo al príncipe de este siglo. Pueden ser fieles y sin duda serán guardados, pero tendrán pérdida, sencillamente, porque han estado en un “lugar equivocado”. Cuando sean removidos de allí por misericordia, no tendrán la misma posición y poder de antes. Sin embargo, esto también es para crecimiento y redención: fueron fieles y amaron al Padre, pero estaban sirviendo al Enemigo. Deberán desaprender lo que hacían y aprender los verdaderos diseños del Padre. No seamos demasiado duros con los que pasan de “primeros” a “últimos”, ninguno de nosotros está absolutamente exento de eso.

 

Por otro lado, aquellos que desde hace mucho descubrieron la maldad del sistema y no quisieron tener nada que ver con eso, y por lo tanto quedaron relegados a los últimos lugares (es obvio, el sistema no los va a premiar por su actitud…) en el nuevo sistema de Dios tendrán lugares prominentes.

 

Y esto nos lleva a una puerta que se abre a una nueva realidad: la separación que ocurre por la persecución no es ni más ni menos que la separación que Dios está queriendo lograr porque hay propósitos mucho mayores en el futuro próximo, y no muy lejos.

 

Voy a hablar sobre eso en próximos artículos, pero realmente quiero que nos quedemos con esta verdad, la historia no se termina con que “perdí mi trabajo y ahora estoy haciendo otra cosa”, LA HISTORIA RECIÉN EMPIEZA ALLÍ. Hermanos, realmente Dios está acelerando el paso para hacer cosas muy tremendas en este tiempo y si somos llamados a salir de Egipto ¡es porque hay una Tierra Prometida para conquistar más adelante!

 

Una última aclaración:

 

Hebreos 11:36-38 DHH

36 Otros sufrieron burlas y azotes, y hasta cadenas y cárceles.

37 Y otros fueron muertos a pedradas, aserrados por la mitad o muertos a filo de espada; anduvieron de un lado a otro vestidos solo de piel de oveja y de cabra; pobres, afligidos y maltratados.

38 Estos hombres, que el mundo ni siquiera merecía, anduvieron sin rumbo fijo por los desiertos, y por los montes, y por las cuevas y las cavernas de la tierra.

 

La palabra “mundo” es “cosmos”, el sistema de cosas (no el “planeta”). Estos hombres estaban en sistemas sociales extremadamente impíos, sencillamente, no debían estar allí, esos pecadores no merecían ni siquiera tener en sus tierras la presencia de estos justos, porque la justicia de ellos iba a traer una bendición sobre sus territorios que decididamente no merecían.

 

Este puede ser el caso de algunos y, excepto que el Espíritu les indique otra cosa, quizás la mejor alternativa sea simplemente mudarse a otro sitio en el cual haya al menos personas más justas que puedan beneficiarse de su presencia.

 

Pero para los que estamos en esta tierra, NO OLVIDEMOS que la lucha es principalmente espiritual, y la batalla el Enemigo la gana cuando los justos caemos en desánimo, desaliento e incredulidad. Mientras nos mantengamos firmes, no podrá perseverar por mucho tiempo.

 

 

Danilo Sorti

 

808. El Pacto de Dios con Noé y las crisis de los últimos tiempos


Génesis 9:1-7 RVC

1 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Reprodúzcanse y multiplíquense: ¡llenen la tierra!

2 El temor y el miedo a ustedes estarán en todo animal de la tierra, en toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar. Quedan en las manos de ustedes.

3 Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento, lo mismo las legumbres que las plantas verdes. Yo les he dado todo.

4 Pero la carne con su vida, que es su sangre, no la comerán.

5 Porque ciertamente yo demandaré de la vida de ustedes esa sangre; la demandaré de las manos de todo animal, y de las manos del hombre; demandaré la vida del hombre de manos del hombre, su hermano.

6 La sangre del que derrame sangre humana será derramada por otro hombre, porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.

7 Pero ustedes, reprodúzcanse y multiplíquense; procreen abundantemente y multiplíquense en la tierra.»

 

 

Dado que Jesús dijo claramente que los últimos días serían como en los tiempos de Noé, muchos hoy están mirando la información que tenemos o buscando revelación específica para entender mejor qué nos espera. Eso está bien y es necesario. Pero hay algo más respecto de Noé y del pacto que Dios hizo con él que “extrañamente” resulta sistemáticamente silenciado en toda enseñanza y predicación.

 

Se nos habla del arcoíris y de las aguas, pero Dios dijo algo más:

 

5 Porque ciertamente yo demandaré de la vida de ustedes esa sangre; la demandaré de las manos de todo animal, y de las manos del hombre; demandaré la vida del hombre de manos del hombre, su hermano.

6 La sangre del que derrame sangre humana será derramada por otro hombre, porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.

 

Los días antes del diluvio fueron días de extrema violencia, no muy diferente a lo que ya estamos viendo. Dios estaba decidido a no permitir eso más, y así como tuvo que condescender en permitir que las personas comieran carne, aunque no con sangre, también tuvo que permitirle al hombre ejecutar juicio sobre otro hombre. Este pacto nunca fue anulado y rige desde entonces hasta hoy. Notemos que no habla de la salvación eterna ni de las realidades espirituales, como Cristo nos alumbraría siglos después, sino del mundo y de la sociedad.

 

Esta capacidad para hacer justicia es algo establecido en todos los pueblos e “innato” en cada ser humano, por más caído que esté. Con el tiempo, las naciones desarrollaron sistemas judiciales para llevar esto a cabo e impedir que la “justicia por mano propia” acabe en conflictos interminables y mucha sangre derramada. La Ley de Moisés es un claro ejemplo de ello.

 

Ahora bien, hoy (y desde hace rato en realidad) nos encontramos frente a una situación en la que nuestros sistemas judiciales están cooptados, corruptos o inoperantes, o en el mejor de los casos, lo suficientemente lentos como para que la justicia llegue demasiado tarde. Junto con eso, estamos presenciando el mayor genocidio hasta ahora, a través de todo el montaje plandémico. Las sociedades, como era de esperarse, están comenzando a reaccionar.

 

En lo que respecta a la nación de Argentina, tenemos profecías desde hace muchos años que hablan de estos tiempos que vendrán, de los conflictos que veremos y las muertes que ocurrirán. Uno quisiera que nada de eso se cumpliera, pero cuando ve el accionar de los poderosos se da cuenta de que están haciendo “todo su mejor esfuerzo” para que así ocurra, y el humor social está cada vez más alterado.

 

Entonces, vamos a la pregunta que cualquier pastor y maestro bíblico evitaría a toda costa: cuando ocurra lo que ya se ve como prácticamente inevitable, ¿será culpable la gente que vaya en busca de cuanto político, profesional de la (in)salud y funcionario público, así como líder religioso acomodaticio, que encuentre, para ejecutar juicio por mano propia?

 

A riesgo de que me juzguen por “apología del delito”, y aclarando que de ninguna manera estoy de acuerdo con la justicia por mano propia, nunca la he hecho ni pienso hacerla, y sé que tenemos un Juez que es superior a todo juzgado humano; debería responder esa pregunta NO en base a las leyes del Nuevo Pacto que rigen la vida en la comunidad de los creyentes, porque aquí no hablamos de iglesia sino de Nación, y tampoco en base a la Ley de Moisés, porque aunque es un modelo formidable para todo país, fue dado a Israel. Entonces, el único pacto que me queda, “más atrás” de esos dos, y que definitivamente rige para TODAS las naciones de la tierra, es el pacto de Dios con Noé… Y allí Dios no habla ni de sistema judicial ni de juicio formal… A buen entendedor, pocas palabras…

 

La mayor parte de la sociedad aún no es plenamente consciente del genocidio (más bien, exterminio) que está viviendo, incluida la mayor parte de los autopercibidos cristianos; incluso están colaborando gustosamente en su propia aniquilación, y en la de sus familias. Pero cada vez más gente se está dando cuenta, y cuando “caiga la ficha”… yo no quisiera estar en los zapatos de las autoridades políticas que nos han traído hasta acá, ni en los de la también autopercibida oposición, ni en los de todos los funcionarios públicos que fueron partícipes necesarios.

 

¿La Biblia condena lo que va a ocurrir? Yo no creo que sea la mejor solución, pero dado el estado de situación y teniendo en cuenta el Pacto fundamental de Dios con Moisés, que habilita a que otra persona (no necesariamente un sistema judicial, que sería lo ideal) juzgue con la pena máxima el derramamiento de sangre, no podría decir fácilmente que “no”.

 

 

Danilo Sorti

jueves, 23 de septiembre de 2021

807. Un “Nuevo Evangelio” para un nuevo tiempo – II

 Algo nos quedó para decir del versículo 6. El Evangelio que predican estos mensajeros, es el Evangelio Eterno, traducción de una palabra cuyo sentido primario es “sin principio ni fin”, propiamente el concepto que tenemos de “eterno”. Así que, el “Evangelio del fin de los tiempos” no es más que el Evangelio de siempre… aunque habrá que ver si siempre lo hemos predicado tal como es…

 

No hay un mensaje nuevo ni un camino nuevo, en ningún tiempo. Aún el tiempo de los más duros juicios no presenta una alternativa diferente de salvación que no sea la gracia y el perdón otorgados por la cruz, recibidos por fe y expresados en el cambio de vida. Aún para los más rebeldes que se hayan quedado para ese tiempo y también para los de este, no tan rebeldes aún pero en un rápido camino descendente.

 

Pero, al ser eterno, es también el Evangelio eterno de la visión de todo el plan y acción de Dios desde la eternidad. Resulta un poco paradójico ya que el contexto de esta predicación es de urgencia y las personas no van a tener todo el tiempo del mundo para decidir, de hecho, probablemente solo tengan unos pocos días, cuando no, minutos.

 

Es un Evangelio que conecta y da sentido a toda la historia de la humanidad, algo necesario para explicar por qué llegamos hasta donde llegamos y por qué parece que “Dios cambió” de repente, o que “no está al control”. Un cambio tan abrupto y oscuro en la realidad mundial solo puede ser debidamente explicado en función de plan de redención desde el inicio y el plan de la maldad que está operando desde la caída de Lucero. La predicación básica de “Dios te ama y te quiere bendecir” se vuelve extremadamente insuficiente, y hasta infantil; la gente sabe (aún si no lo quiere reconocer conscientemente) que “algo anda muy mal” y que no va a mejorar. Necesita explicaciones y una esperanza cierta, no un consuelo superficial ni una promesa de bendiciones de cada vez más dudosa realización.

 

Al volver los “tiempos de Noé”, con demonios e híbridos caminando por la calle, los refugiados necesitarán una de lo que viene pasando desde entonces. No tenemos a estos bichos todavía de manera tan visible, pero cada vez más gente los está viendo, o escuchando testimonios o intuyendo su presencia; es necesaria una explicación, que debe empezar con el tiempo de la caída.

 

 

Apocalipsis 14:7 RVC

7 Ese ángel decía con fuerte voz: «Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua.»

 

Si tenemos que aplicar hoy el “cómo” se está predicando este Evangelio del fin de los tiempos tenemos un problema, ¡precisamente NO ESTAMOS haciéndolo con “fuerte voz”! Más bien, como pueblo, estamos muy callados y más que nada, fuertemente ACALLADOS por los medios masivos, que se han abroquelado detrás de abultados sobres de dinero entregados por el sistema. Un solo mensaje domina hoy “los aires” y la perspectiva a futuro tampoco resulta alentadora… Así que hoy no sabemos sinceramente cómo es que Dios lo va a hacer, pero la proclamación del Evangelio será, en el fin de los tiempos, masiva e imposible de contener. Aún hay estrategias y recursos que el Señor tiene guardados para un poco más adelante, que nos abrirán puertas impensadas, que hoy están fuertemente cerradas.

 

El mensaje del ángel es una total oposición al Evangelio de la prosperidad que hemos escuchado hasta ahora. Habría mucho para decir de este falso Evangelio y sus dos variantes, la “dura” (solo prosperidad y bendición material) y la “blanda” (la buena vida cristiana, feliz, tranquila y sin sobresaltos ni presiones). Supongo que cualquier lector que haya llegado hasta esta parte del artículo entenderá perfectamente los errores del enfoque que se volvió popular hacia la década del ’90 y aún hoy intenta desesperadamente “sobrevivir” cuando todo alrededor ha demostrado que esas promesas resultaron mentirosas. Como sea, claramente, esa mancha negra en la historia de la predicación cristiana, habrá quedado definitivamente atrás.

 

El Evangelio del fin es conciso y directo, muy diferente al mucho palabrerío utilizado cual estrategia de marketing durante tanto tiempo. ¡Cuántos argumentos e historias para convencer a la gente! Bueno, debemos dar gracias al Padre por haber tenido tanta paciencia con unos cuantos de nosotros, pero a veces el Evangelio se ha transformado, para le gente, en un “producto más” a escoger entre tantos, pero lo verdaderamente terrible es cuando nuestra predicación llega a acomodarse a esa lógica de oferta y demanda, tratando de mostrar todas las virtudes del “producto Cristo” en vez de presentar toda la realidad.

 

Esta proclamación no empieza con el clásico “Dios te ama”, “Dios te quiere ayudar”, “Dios puede sanarte”, “Dios quiere bendecirte” y otras por el estilo, que no son para nada erróneas pero que han contribuido a que la gente entra al Camino por la “puerta ancha”. El mensaje es claro ¡teman a Dios!, y no hay que buscarle demasiadas vueltas hermenéuticas a esta palabra, “φοβηθητε” de “φοβέω”, que se traduce principalmente como “temer”, en su voz pasiva. Por más incomprensible que resulte a los oídos evangélicos del siglo XXI, acá dice TENGAN MIEDO A DIOS. Así es.

 

Lo terrible es que las personas han terminado usando a Dios para su propia comodidad, lo han puesto como uno más dentro de las opciones, y los incrédulos han llegado al punto de burlarse abiertamente de Él, aprobar y aplaudir leyes en clara oposición a Su voluntad, enseñar todo lo que le desagrada y aún perseguir a Sus santos. Han escupido en el rostro de Dios, tal como los religiosos judíos hicieron con Jesús. El Evangelio del fin de esta era dice, simplemente, que el tiempo de la enorme paciencia del Padre llegó a su fin. Es por lo tanto, un mensaje de inminencia, ya no hay tiempo, ya no se prolongará más la misericordia, ya no habrá múltiples llamados. Aunque la gracia de Dios nunca desaparece, es precisamente esa gracia y amor la que tiene que poner un límite a la extrema locura humana, y la que está acortando hoy los tiempos.

 

Temer a Dios ha sido algo muy normal para los seres humanos a lo largo de la historia, algo que no se ponía en discusión. Es lo más básico y profundo, nada más natural que eso… hasta este tiempo, en donde todo lo natural se volvió “antinatural” a los ojos de la sociedad, e incluso de muchos cristianos.

 

Todo este texto nos confronta, si es que queremos llegar a ser los mensajeros de esos últimos tiempos, pero especialmente esta palabra, ¿estamos temiendo realmente a Dios o nosotros también lo tenemos como el Padre bueno, un Dios – Papá Noel, que nos quiere llenar de regalos sin exigirnos casi nada? ¿Hemos reconocido Su disciplina sobre nosotros, o le seguimos echando la culpa a Satanás?

 

¡Ah, qué gran problema! El Evangelio del fin nos confronta a sus mensajeros como ningún otro formato de predicación que hayamos conocido. Si hasta ahora pudimos darnos el lujo de ser “un poquito hipócritas” con lo que proclamábamos con nuestras bocas, ahora no…

 

Un paréntesis. Dios se manifestó como hombre, en debilidad, y Su Reino verdadero ha estado en debilidad desde hace dos mil años. Cuando la iglesia se ha levantado como poder político, inevitablemente se ha ensuciado. Todo nuestro Evangelio y teología cristiana, desde ese tiempo hasta ahora, está signado por este hecho. Tenemos una estructura de pensamiento y doctrinaria marcada por esto. La Iglesia Católica tiene otro enfoque, claramente, pero aún cualquier católico reconocería que la posición de poder no ha sido la situación más feliz para la espiritualidad de los creyentes, y sin dudas en diversos lugares y tiempos esto no ha sido ni es así, por lo que tampoco ha estado ni está exenta de persecuciones, menos aún en estos tiempos cuando su conducción central ha sido tomada claramente por el sistema del Anticristo.

 

Entonces, tenemos toda una teología del sufrimiento paciente y la esperanza futura que muchas veces no ha sido vista cumplida en esta tierra. Hasta ahora, Dios ha “tolerado” al malvado y le ha dejado seguir con cierto rango de dominio, limitado pero real. Así ha sido el obrar del Padre durante estos dos milenios, pero debemos entender que eso ya ha llegado a su fin. No se trata de que “va a cambiar”, ¡ya cambió! Y estamos en el inicio de ese cambio. ¿Podremos cambiar nuestro formato mental? ¿Releer la teología de dos milenios? ¿Comprender cómo Su misericordia sigue manifestándose pero en medio de Sus juicios? Y… ¿sabemos nosotros realmente cómo temer a Dios?

 

Si bien la proclamación cristiana ha manifestado continuamente que su fin último es dar toda la gloria a Dios, la realidad ha mostrado que tanto los hombres como las instituciones que ellos han creado terminaron “mordisqueando” parte de esa gloria para sí mismos… La sencilla expresión que usa el ángel, “denle gloria” implica que ya nadie en esta tierra tomará ni siquiera una pizca de Su gloria para sí mismo.

 

También que claramente el Evangelio del fin se enfocará en Dios y no en Sus añadiduras, y ni siquiera en otras doctrinas importantes. Él será el centro, y la relación personal y comunitaria con Él será clave. En cierto sentido, vemos aquí el cumplimiento de la exhortación dada a la última de las siete iglesias:

 

Apocalipsis 3:20 RVC

20 ¡Mira! Ya estoy a la puerta, y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa, y cenaré con él, y él cenará conmigo.

 

Esa verdadera intimidad, que Laodicea no tuvo de verdad, solo de palabra, y que era la constante durante la iglesia apostólica, será el centro de la vida cristiana. Una vuelta al primer amor, lo que en la época de Éfeso ya se había perdido y que no será recuperado hasta este tiempo del fin.

 

Es también el Evangelio de la hora. Esta palabra puede significar algo muy similar a lo que entendemos nosotros o bien algo más figurado. Hay dos sentidos que parecen prioritarios: “ya es tarde”, es decir, tarde en el cumplimiento profético, ya pasó el día y llegó el momento señalado, ya es de noche; y también “el tiempo es breve”, tanto si a los oyentes les queda poco tiempo porque ya es muy tarde como que el tiempo del juicio también será breve (al menos, breve para todo lo que implica la duración del plan de Dios).

 

El momento tan temido ha llegado, y ya no es tiempo de hacer lo que se hace “de día”. El tiempo es breve porque muchos no sobrevivirán a los juicios. Pero también el tiempo de los juicios será breve, en términos históricos. Por todo ello, se trata tanto de un Evangelio de urgencia, como dijimos más arriba, como de un Evangelio específico para un tiempo breve. Digamos que no será decididamente el formato de Evangelio sobre el que se escribirán muchos libros de teología que se estudiarán en muchos seminarios para predicar a la sociedad durante mucho tiempo, sino más bien todo lo contrario; es el mensaje que servirá para un muy corto tiempo. Paradójico, porque es a la vez eterno.

 

Cómo será recordado y enseñado ese formato particular de Evangelio durante el Milenio y más allá, creo que todavía resulta un misterio. Aunque servirá para un tiempo muy breve, será crucial en el “cruce” de épocas y sentará las bases de un nuevo enfoque teológico para un mundo nuevo, pero esto aún nos resulta muy lejano.

 

El Mensaje del tiempo del fin es un Evangelio de profunda adoración; el mandato del ángel es “adoren”. Esto lo podemos leer en varios sentidos. Básicamente, la Salvación implica un cambio en la adoración, de Satanás a Dios. Por otro lado, podemos suponer una idolatría extrema en el tiempo del fin, que estamos viendo ahora, ya sea a ídolos tal como los conocemos o al sistema del Anticristo, que está empezando a ser idolatrado de maneras todavía sutiles. Recordemos lo que dice el capítulo anterior:

 

Apocalipsis 13:8 RVC

8 Y adoraron a la bestia todos los habitantes de la tierra, todos los que no tienen su nombre inscrito en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

 

Pero también tenemos a una sociedad de dura cerviz, que no quiere inclinarse en genuina adoración y humillación ante Dios, extremadamente dura de corazón. Recordemos que luego del juicio de la sexta trompeta leemos:

 

Apocalipsis 9:20-21 RVC

20 El resto de la gente, los que no murieron por estas plagas, ni aun así se arrepintieron de su maldad, ni dejaron de adorar a los demonios ni a las imágenes de oro, plata, bronce, piedra y madera, las cuales no pueden ver ni oír ni caminar.

21 Tampoco se arrepintieron de sus asesinatos ni de sus hechicerías, ni de su inmoralidad sexual ni de sus robos.

 

Aunque no estamos en ese contexto aún, hay una realidad dura que no está logrando que la gente se doblegue. Pues bien, el Evangelio del fin implica humillarse ante Dios, sin rodeos y sin suavizarlo, postrarse rendido ante Él, reconocer que se ha sido extremadamente pecador y rebelde. Muy bien el Evangelio “del fin” puede repetir el sermón de Jonathan Edwards del 8 de julio de 1.741, “Pecadores en manos de un Dios airado”:

 

“El Dios que te mantiene sobre el abismo del infierno, muy parecido a como uno sujeta una araña o un insecto repugnante sobre el fuego, te aborrece y está enardecido; su ira contra ti arde como fuego; te considera indigno de otra cosa que no sea ser echado en el fuego, sus ojos son tan puros que no aguantan mirarte, eres diez veces más abominable a sus ojos que la peor serpiente venenosa es a los nuestros. Tú lo has ofendido infinitamente más que cualquier rebelde obstinado lo haya hecho contra su gobierno, y sin embargo no es otra cosa que su mano lo que te detiene de caer en el fuego en cualquier momento. Es solo por eso y ninguna otra cosa que no te fuiste al infierno anoche, que pudiste despertar una vez más en este mundo después de haber cerrado tus ojos para dormir, y no hay ninguna otra razón sino la mano de Dios, por la cual no has caído en el infierno desde que te levantaste esta mañana. No hay otra razón, fuera de su misericordia, que mientras lees este escrito, en este mismo momento, no caes en el infierno.”

 

¿Será que si no hubiéramos dejado de predicar ESTE Evangelio no sería necesario uno “nuevo”?

 

El Dios Trino tiene múltiples facetas, pero aquí se enfoca en una de ellas, la más fundamental y primigenia: el Dios Creador. Notemos que a partir de la venida de Cristo la predicación ha enfocado en Dios Salvador, el Verbo hecho carne. A veces este enfoque ha llevado al error de perder la dimensión de Dios Padre, Dios Creador. El Evangelio de los últimos siglos ha enfocado tanto en el Hijo que perdió mucho de la revelación del Padre, y por eso se explica que, en nación con un gran porcentaje de creyentes tengamos los gobiernos más corruptos del mundo. Sencillamente los cristianos no pueden “ver” las dimensiones de la justicia social y política. El evangelio de Laodicea, el último que hemos escuchado antes del inicio de la guerra biológica, exacerbó la dimensión de la misericordia y el perdón en Cristo, con lo que se apartó aún más de la justicia y la santidad que exige el Padre.

 

La dimensión de Dios Padre y fundamentalmente, Creador, con todas sus implicancias, ha estado particularmente ausente de la corriente principal del Evangelio durante mucho tiempo. No es el espacio para hablar de todo lo que ello implica; tiene que ver con nuestra propia dimensión física: salud, alimentación, descanso, diseño biológico, genética, habilidades y forma de pensar determinada por nuestros genes. También con la dimensión natural, mayordomía de la naturaleza, revelación de Dios a través de Su obra. Todas estas áreas se encuentran especialmente alteradas en el tiempo del fin, precisamente porque son los juicios del Padre.

 

La salud del hombre, debilitada tanto por las condiciones del medio y contaminación de los alimentos como por una vacunación extremadamente nociva. El medioambiente alterado por la élite pero también sufriendo los juicios de Dios. ¿Qué pasa con la naturaleza? El mundo biológico y natural ha sido desde siempre un punto de referencia seguro para las personas. Ha habido hambre, enfermedades y catástrofes geológicas, es cierto, pero han sido más bien eventos raros en un mundo relativamente normal, no fácil, pero en general, vivible. Todo esto se verá profundamente alterado en estos tiempos y lo que constituía la seguridad más básica de las personas se tambaleará. Por eso es que la gente necesitará escuchar nuevamente de ese Dios Creador, que hizo todo lo que existe, que está permitiendo un juicio como nunca antes, pero que también puede volver a re-crear lo que una vez hizo.

 

Pero también es el Dios que nos da nuestra identidad, justamente, el Padre que nos hizo, ¿no habrá de saber qué hizo con cada uno de nosotros? Este hombre del fin de los tiempos ya no sabe quién es, las certezas más básicas y profundas que hasta hace pocas décadas hubiera sido impensable cuestionar las habrá perdido. Si acaso puede volver los ojos al Cielo y reconocer que hay un Dios, necesitará saber desesperadamente quién es él y cómo relacionarse con ese Dios, y por qué Él querría rescatarlo.

 

El “cielo y la tierra” tiene una connotación de “toda la creación”, según la costumbre hebrea de abarcar la totalidad con dos “extremos” u opuestos. Pero aquí hay una ampliación de la imagen, porque se agregan “el mar y los manantiales de agua”, esto es, el agua que está arriba en la tierra, en la superficie y la que está abajo, en los acuíferos, y que se obtiene de los pozos o manantiales.

 

Por lo pronto, es un Evangelio de la naturaleza, que vuelve a encontrar a Dios en la Creación, y lo explica a través de los fenómenos naturales, que ahora se encontrarán profundamente alterados, por cierto.

 

Es un Evangelio de todas las dimensiones espirituales. Me explico, en esos cuatro ámbitos existen sendos reinos de las tinieblas, con sus operaciones particulares. El mensaje del fin explica qué hay en cada lugar y cómo intervienen en el conflicto espiritual.

 

lunes, 20 de septiembre de 2021

806. Un “Nuevo Evangelio” para un nuevo tiempo – I

 

Frente a este título lo primero que debemos recordar son las palabras de Pablo:

 

Gálatas 1:6-12 RVC

6 Me asombra que tan pronto se hayan alejado ustedes del que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.

7 No que haya otro evangelio, sino que hay algunos que los perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.

8 Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anuncia otro evangelio diferente del que les hemos anunciado, quede bajo maldición.

9 Como antes lo hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno les predica un evangelio diferente del que han recibido, quede bajo maldición.

10 ¿Busco acaso el favor de la gente, o el favor de Dios? ¿O trato acaso de agradar a la gente? ¡Si todavía buscara yo agradar a la gente, no sería siervo de Cristo!

11 Pero les hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no sigue criterios humanos,

12 pues yo no lo recibí ni lo aprendí de nadie, sino que Jesucristo me lo reveló.

 

Dicho esto, no podemos dejar de recordar que existen cuatro Evangelios, cada uno con su enfoque particular, y dentro de ellos, diversos mensajes de Jesús, diferentes según las necesidades de sus oyentes. También en Hechos podemos encontrar muchos mensajes evangelísticos, cada uno diferente y enfocado a un auditorio específico.

 

Es obvio que un único y eterno Evangelio debe ser acomodado al enfoque necesario para cada tiempo y oportunidad:

 

Colosenses 4:6 DHH

6 Su conversación debe ser siempre agradable y de buen gusto, y deben saber también cómo contestar a cada uno.

 

Es obvio también que esta verdad ¡no tiene nada de obvio! O, al menos, no resulta tan fácil de entender y aplicar como uno quisiera…

 

Aquellos que hemos podido desarrollar una nueva perspectiva en medio de los sucesos de este último año y medio, vemos que buena parte de la Iglesia de Cristo, al menos la parte más “visible” de ella, está desesperadamente tratando de volver a la condición normal de un par de años, sin comprender que eso no volverá nunca más y que tampoco se puede predicar el mismo mensaje. Sin embargo, es esto último lo que hacen.

 

De repente el mundo se volvió mucho más oscuro amenazante. Bueno, no “de repente”, sabemos que fue simplemente el plan que se venía preparando desde hace mucho tiempo que comenzó a salir a luz, pero lo cierto es que la vida efectivamente cambió “de repente”.

 

No voy a hablar aquí de todo el trasfondo de este proceso, hay mucho escrito ya para el que tiene oídos para oír, y todo lo que se agregue será insuficiente para el que no quiere entender. El objetivo de este artículo es tratar de entender algunos lineamientos del Evangelio tal como debe ser predicado hoy, un “nuevo” Evangelio en relación con el que predicáramos hasta hace un par de años, pero por otra parte, mucho más cercano al verdadero corazón de lo que el Mensaje de Salvación siempre fue.

 

Algunas de estas líneas las podemos ver en un texto de Apocalipsis si tenemos ciertos cuidados interpretativos. Primero, diremos que literalmente el pasaje aún no se ha cumplido, por lo que pertenece al futuro. Segundo, en un sentido espiritual (o simbólico, si se quiere), se está cumpliendo ahora, por lo que nos sirve para entender los principios que hay que aplicar.

 

Apocalipsis 14:6-13 RVC

6 Luego vi otro ángel, el cual volaba en medio del cielo. Tenía el evangelio eterno, para predicarlo a los habitantes de la tierra, es decir, a toda nación, raza, lengua y pueblo.

7 Ese ángel decía con fuerte voz: «Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua.»

8 A ese ángel lo siguió otro, que decía: «¡Ya cayó Babilonia! ¡Ya cayó esa gran ciudad! Cayó porque embriagó a todas las naciones con el ardiente vino de su inmoralidad sexual.»

9 A los dos ángeles los siguió un tercero, que a grandes voces decía: «El que adore a la bestia y a su imagen, y acepte llevar su marca en la frente o en la mano,

10 también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en la copa de su ira, y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.

11 El humo de su tormento subirá por los siglos de los siglos, pues ni de día ni de noche tendrán reposo los que adoren a la bestia y a su imagen, ni nadie que acepte llevar la marca de su nombre.»

12 Aquí se verá la paciencia de los santos, de los que obedecen los mandamientos de Dios y mantienen la fe en Jesús.

13 Entonces oí una voz que venía del cielo, la cual me decía: «Escribe: De aquí en adelante, bienaventurados sean los que mueren en el Señor.» Y el Espíritu dice: «Sí, porque así descansarán de sus trabajos, pues sus obras los acompañan.»

 

El corazón del mensaje está en el versículo 7:

 

«Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua.»

 

Este Evangelio se predica en un contexto muy diferente al de la mayoría de los pueblos a lo largo del tiempo: la hora de su juicio, pero no de un juicio “común”, como ha ocurrido históricamente, sino de EL JUICIO, con mayúsculas. Es un momento de quiebre histórico, un tiempo apocalíptico, diferente a todo lo anterior, por lo que se exige un Mensaje también diferente.

 

Aquí tenemos un primer y fundamental elemento: todo mensaje debe adaptarse al contexto y al oyente, para ser relevante. Y cuando estos cambian mucho, es necesario que el mensaje también lo haga.

 

Pero también es necesario que el mensaje se adapte al mensajero, y no por casualidad se suele decir que “el mensajero es el mensaje”. De la misma forma, tiempos nuevos tienen mensajeros nuevos.

 

Aquí tendremos que hacer un “salto simbólico” en la interpretación del texto porque aparecen tres ángeles anunciando el Evangelio, en sucesión, y esto no ocurrió aún, pero nos da la pista de una “predicación sobrenatural”, primeramente porque los mensajeros lo son.

 

Bueno, está claro que somos seres humanos y no ángeles, pero a medida que los tiempos se vuelven más y más oscuros, los fieles se vuelven más y más poderosos y radicales en el Señor, por lo tanto, las manifestaciones del poder de Dios serán más y más comunes. No estoy diciendo nada que no venga siendo profetizado desde hace tiempo, solo que ahora comenzaremos a vivirlo. Estas personas serán vistas como ángeles.

 

De paso digamos que los ángeles tienen una clara identidad de siervos y de enviados a cumplir una misión. Nunca los vemos atrayendo atención sobre sí, sino más bien honrando y proclamando al Señor. De la misma forma, debemos reconocer que buena parte de la predicación hasta ahora ha estado teñida, en mayor o menor medida, de una “atracción al líder”, en donde tanto las personas como los mismos predicadores enfocaron indebida atención en el mensajero. Eso no será más, porque no tendremos a los “grandes predicadores” de antaño, sino a simples siervos llenos del poder de Dios.

 

Y algo más… son tres ángeles, no uno. De la misma forma, la proclamación que viene será así, en equipo. Se completará con la voz de varios y ninguno se llevará toda la gloria él solo.

 

Pero cuidado, ¡son tres! No son dos ni son cuatro. No es un número cualquiera, en la Biblia normalmente se refiere al Padre, al Hijo y al Espíritu. Por lo tanto, el mensaje por venir será un mensaje completo, que abarcará la visión y el particular enfoque de cada persona de la Trinidad. Prácticamente todo lo que conocemos hasta ahora ha sido un Evangelio parcial: o se predica al Hijo y la doctrina, o se predica sobre poder y señales, o se predica sobre transformación social. Eso no será más.

 

Por ello, “tres” también denota el testimonio perfecto, porque reiteradamente se nos dice en la Biblia que todo asunto sería resuelto por “dos o tres testigos”. Dos es la cantidad mínima, pero tres es lo ideal. Estos mensajeros darán un testimonio, porque no se predicarán a sí mismos sino al Santo, que será completo y suficiente para que la gente pueda creer… de ahí a que lo haga, es otra historia…

 

El otro elemento “nuevo” si se quiere es el ámbito o lugar de la predicación, ¡nada menos que el medio del cielo! Evidentemente también es un espacio poco común y eso se relaciona también con algo que ha venido siendo profetizado desde hace tiempo; que el avivamiento que viene no ocurriría como hasta ahora, con grandes campañas, que exigen a su vez mucha organización, dinero y trabajo mancomunado de varias congregaciones para que solo sea escuchada la voz de uno.

 

Así como el cielo es un espacio “natural”, la predicación será en todos los ámbitos “naturales”, propios de la actividad humana. Por mensajeros que son siervos, en equipos, llenos del poder del Espíritu tanto que las personas los verán como ángeles y en todos los ámbitos “naturales” a la vez que profundamente sobrenaturales. Pero hay más…

 

La expresión “en medio del cielo” también ha sido traducida como “en lo alto del cielo” o “en medio cielo”. Podemos interpretarla en un sentido simbólico más “básico”, como he hecho hasta ahora, o podemos verla también en un sentido más espiritual. Estos ángeles no están en el Cielo de Dios, tampoco están sobre la tierra dada a los hombres, sino en el cielo que rodea a esa tierra, lo cual es, espiritualmente, el segundo cielo, es decir, el reino de los aires de Satanás. Este es uno de sus reinos, no el único, pero sí el “principal” para controlar a los hombres, especialmente desde las esferas de la comunicación y gobierno.

 

Por lo tanto, la predicación que viene se realiza en medio de y desde los ámbitos de las potestades de los aires, las cuales, necesariamente, habrán tenido que ser conmovidas y atadas para que no puedan obstaculizarla.

 

En el tiempo de Apocalipsis, cuando esto ocurra, ya habrá sido arrojado a tierra Satanás con todo su ejército del segundo cielo (capítulo 12), por lo que éste quedará libre para que los ángeles puedan moverse con libertad. Mientras tanto, cuando esta predicación comience a suceder, las potestades celestiales habrán sido conmovidas lo suficiente como para no poder estorbarla, preludio de la batalla definitiva en la que Miguel terminará de echarlas por tierra.

 

Y para terminar con los mensajeros angélicos, tenemos algo también bastante obvio que es el hecho de que un ángel vuele. Bueno, nosotros estamos acostumbrados a representar a los ángeles de esa manera, pero no era necesariamente así en los tiempos de Juan. Como sea, el desplazamiento de los mensajeros será también sobrenatural, y si entendemos la imagen de las alas y el viento o aire que presupone la funcionalidad de las mismas, es claro que se moverán conforme el Espíritu los impulse. Jesús ya lo había dicho:

 

Juan 3:8 RVC

8 El viento sopla de donde quiere, y lo puedes oír; pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu.»

 

Las alas espirituales solo pueden moverse con el viento del Espíritu.

 

Estos mensajeros sobrenaturales sostienen el Evangelio eterno, es decir, lo han recibido para predicarlo. Esta expresión nos lleva al primer texto que citamos:

 

Gálatas 1:11-12 RVC

11 Pero les hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no sigue criterios humanos,

12 pues yo no lo recibí ni lo aprendí de nadie, sino que Jesucristo me lo reveló.

 

A riesgo de “volar” yo demasiado con la interpretación, me parece ver que aquí tenemos una seria crisis de los seminarios e institutos bíblicos. No es que no haya enseñanza ni producción teológica, pero la centralidad del mensaje que viene no estará en lo que se pueda transmitir de persona a persona sino en la comunión y revelación directa del Espíritu a Sus mensajeros. Luego, los distintos dones (entre ellos el de enseñanza) ayudarán a pulir y perfeccionar el mensaje recibido, pero serán secundarios al contenido principal.

 

Y ahora vamos hacia los destinatarios de este mensaje. Aquí nos servirá mejor una traducción más literal:

 

Apocalipsis 14:6 RV95

6 En medio del cielo vi volar otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

 

Tenemos cinco destinatarios, que son lo mismo en realidad, pero con énfasis distintos:

 

·         Todos los habitantes de la tierra

·         Toda nación

·         Toda tribu o raza

·         Toda lengua

·         Todo pueblo o localidad

 

La primera, más básica y poderosa interpretación, es que absolutamente todos escucharán. Y esto implica necesariamente una predicación contextualizada culturalmente, profundamente misionera.

 

El mundo actual, paradójicamente, se ha vuelto muy cercano y más uniforme en ciertos aspectos, lo cual, de la misma forma que pasaba en los tiempos romanos, resulta muy beneficioso para extender rápidamente el Evangelio.

 

Satanás ha sometido a toda la sociedad a un mismo programa mundial de dominación, pero esto ha provocado que la gente de todo el mundo hable ahora en términos similares, tenga problemas comunes y, fundamentalmente, un enemigo común que es cada vez más evidente. Este plan tan estratégico del Enemigo ¡es maravilloso para predicar el Evangelio! Porque ahora, gente de todo el mundo tiene preocupaciones muy similares y está, por lo tanto, dispuesta a escuchar mensajes que enfoquen en dichos problemas, con lo cual los mensajeros no necesitan largos estudios transculturales para, por lo menos, entablar conversación y captar la atención.

 

Pero también se ha vuelto muy distante y lejano… en razón de una casa por medio… Todos hemos vivido la profunda separación que se viene ejerciendo desde hace tiempo pero que se ha agudizado entre los que aceptan el “discurso plandémico oficial” y los que no. Esto también había sido profetizado en el texto de la cizaña y el trigo. De repente, muchos lejanos se han transformado en amigos y hasta hermanos, y otros muy cercanos se volvieron profundamente extraños e incluso enemigos declarados.

 

Obviamente, entre los que resisten el avance del Nuevo Orden el Señor tiene su pueblo principal, pero también entre los que se han sometido, voluntariamente, por temor, por ignorancia o por conveniencia, Dios va a rescatar pueblo. Han surgido nuevos grupos humanos con subculturas particulares que se constituyen en un desafío misionológico nuevo, en la misma manzana donde vivimos. Diríamos que la iglesia ha sido en buena medida miope a estos grupos.

 

El número cinco significa gracia, por lo que nos muestra claramente que aún en medio de los juicios más duros también sigue extendiéndose una medida de gracia para salvación.

 

También es sugestivo que David buscara cinco piedras lisas en el arroyo para luchar contra el gigante. Por lo tanto, cinco también nos muestra una victoria sobre los gigantes que obtendrá esta predicación del mensaje.

 

Sin embargo, una clave hermenéutica fundamental para el número cinco es el texto de Efesios:

 

Efesios 4:11 RVC

11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,

 

A la vez que detalla cinco “agrupamientos” humanos particulares, nos habla de una proclamación mancomunada de todos los ministerios de la iglesia

 

De nuevo, la historia eclesiástica ha estado plagada de énfasis en uno u otro ministerio de gobierno, pero difícilmente haya habido un equilibrio. Aunque los cinco ministerios fueron completamente restaurados y entendidos como tales en el siglo XX, los inicios del siglo XXI no nos encontraron unidos y equilibrados sino más bien con un cristianismo dominado por una visión empresarial e imperial, donde unas pocas figuras “descollantes” dominaban todos los mensajes y recursos en la mayoría de las congregaciones.

 

Dicho esto, hay cinco enfoques específicos y diferentes, claramente, “nada nuevo” en la labor misionera aunque sí en la extensión y profundidad de la misma.

 

“Todos los habitantes de la tierra”. Es la primera expresión y el enfoque es masivo, un ministerio de masas que abarca multitudes, claramente con muchas diferencias entre ellos pero con elementos en común. Esto corresponde al ministerio apostólico, estableciendo los fundamentos del Reino.

 

“Toda nación”. Ahora entendemos claramente que cada nación tiene una identidad definida delante del Padre, una historia, un propósito, una función. Hay un mensaje propio para cada nación, y son los profetas los principales actores aquí, orientando, encauzando, arrancando las estructuras de maldad y estableciendo justicia.

 

“Toda tribu o raza”. Cada agrupamiento sociocultural tiene su propia cultura y sus propios códigos, sus particularidades que es necesario entender y con las cuales hay que concordar. Aquí tenemos la función del evangelista, llevando a las personas a un encuentro personal con Cristo y a la genuina conversión.

 

“Toda lengua”. No pensemos esto solamente como idioma sino también como las variantes propias de cada sociedad. El castellano resulta el segundo idioma más hablado del mundo, pero hay tantas diferencias locales y regionales que cada variante es “un mundo propio”. Aquí tenemos a los pastores, trabajando pacientemente para cambiar el “idioma de los pueblos” de tal forma que todos sean purificados y alaben a Dios. Cambiar la forma de hablar, obviamente, no se trata de palabras sino de pensamiento, voluntad y emociones (lo que genera el habla) y es una función paciente y larga en el tiempo.

 

“Todo pueblo o localidad”. Finalmente, cada ciudad, cada pueblo, que tiene una idiosincrasia particular, necesita escuchar el mensaje en sus propios términos. Allí también está la transformación de la vida, completa, y esa es la función del maestro, el quinto de los ministerios mencionados, quien debe establecer todos los principios del Reino en cada persona a través de la enseñanza.

 

Estos cinco enfoques apuntan a cinco niveles de agrupamiento humano a la vez que a cinco funciones necesarias para el desarrollo del Reino. Ninguno de ellos nos es ajeno, pero en el Evangelio que viene, los cinco estarán claramente presentes, por orden y sin faltar uno de ellos.

 

 

 

Danilo Sorti

viernes, 25 de junio de 2021

805. El tiempo de resistir II – las burlas

 Hebreos 12:1-2 RVC

1 Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

2 Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios.

 

Cada época de la historia en cada lugar del mundo ha sido difícil para los verdaderos hijos de Dios y para todos aquellos que se esforzaron por encontrar el camino angosto. Hay una recompensa para ellos, pero hay un tiempo de sufrimiento y esfuerzo que le antecede.

 Es interesante darse cuenta cómo el marxismo, y sus variantes más modernas, el neomarxismo y el progresismo, terminan siendo una mala copia del cristianismo. Buena parte del pensamiento original de Marx es justamente eso, un plagio de los conceptos judeocristianos, que él conocía bien. Dentro de ese plagio se encuentra este mismo concepto: un tiempo de sufrimiento presente para alcanzar un futuro “glorioso” en la tierra… Por lo que ellos también han plagiado el concepto de “resistir” y sufrir en el presente para alcanzar un mejor futuro.

 Bueno, digresiones aparte, venimos hablando de la necesidad de resistir en este tiempo, y Hebreos nos plantea una serie de pistas valiosas; ¿resistir qué y cómo?

 Jesucristo fue hasta la cruz, y siempre ha habido y seguirá habiendo cristianos fieles que tengan que sufrir la muerte por su fe. Sin embargo, muchos de nosotros no tendremos que pasar por eso pero sí habrá presiones de diverso tipo.

 En este caso vemos la palabra “oprobio”, que también puede traducirse como “vergüenza”. Ese es el primer y más extendido ataque que sufrimos hoy.

 Pero no nos confundamos, el “avergonzamiento” masivo de los cristianos y / o de los antisistema, la construcción de un sujeto social “indigno” que puede ser criticado públicamente sin caer en censura social (ni mediática ni legal) es una etapa de un largo proceso, que denota ya una base preocupante de hostilidad.

 Entendemos claramente que hay mucho dinero y operadores mediáticos trabajando para mantener y acrecentar esto, pero también hay una sociedad capaz de recibir y creer las mentiras que escucha y lee sin capacidad para cuestionarlas o al menos, analizarlas críticamente.

 Esa base se construye de a poco y, en todo caso, durante tiempos “normales” se manifiesta de manera solapada, o permanece oculta apenas por debajo de la superficie. Cuando las condiciones lo “habilitan”, emerge con fuerza.

 Un claro ejemplo es la campaña abiertamente ridiculizadora que sacó el gobierno argentino bajo el falaz nombre de “cuidadanía”. Estas acciones no son torpes ni mucho menos ingenuas, constituyen una “habilitación social” para ridiculizar y avergonzar públicamente a los que no piensan como un gobierno autoritario dice que se debe pensar.

 No fue muy distinto en el caso de Jesús, que también resultó criticado por las máximas autoridades de la nación, ni para los primeros cristianos, que pasaron lo mismo, así que no debe sorprendernos a nosotros.

 Si por un lado la “consistencia” de la burla es tan “dura” como pueden serlo las palabras por otro sabemos que no pueden subestimarse.

 

Salmos 69:20 RVC

20 Las burlas me han roto el corazón, y estoy acongojado. Esperaba compasión, y nadie me la tuvo; alguien que me consolara, y a nadie hallé.

 Salmos 123:4 RVC

4 ¡Ya estamos cansados de tantas burlas por parte de quienes todo lo tienen! ¡Cansados de que los soberbios nos menosprecien!

 Hebreos 10:32-33 RVC

32 Pero recuerden ustedes los tiempos pasados, cuando después de haber sido iluminados soportaron ustedes los sufrimientos de una gran lucha.

33 Algunas veces fueron expuestos públicamente a las burlas y las aflicciones, y otras veces llegaron a ser compañeros de los que enfrentaban una situación semejante.

 

La burla afecta en dos niveles. En lo personal, puede provocar heridas cuando uno no está lo suficientemente fortalecido en el Señor, la propia dignidad es socavada. Vivimos en un tiempo extremadamente burlón, en donde todo el aparato de la llamada izquierda / progresismo / globalismo es experto en diseñar y establecer mensajes burlones. Tanto es así que en la estructura de pensamiento de muchos, la ridiculización se vuelve una forma aceptable de razonar y argüir, siendo que resulta una falacia ad hominem.

 En otro sentido, la burla mina la honra y la aceptación social de las personas, con lo que sus posibilidades de progresar y hacer negocios resultan seriamente afectadas. Además, mina la credibilidad de ellos entre los que concuerdan con el sentido de la burla. Esto último no es necesariamente malo, triste sí, porque habría muchos que podrían beneficiarse del mensaje que proclamamos y que lo va a rechazar de plano porque simplemente “somos nosotros” los que lo decimos, personas ridículas, poco coherentes e indignas de ser tomadas en serio (según su pensamiento burlón). Sin embargo, la realidad es que ¿por qué razón querría el Señor que ellos escucharan y escaparan del castigo? Al caer en la burla, caen ellos mismos, por su propia voluntad, en el error, porque rechazan a quienes podrían indicarles un camino mejor. Es su decisión.

 Resistir la burla puede ser difícil para algunos, no voy a hablar en extenso del tema, solo decir que es el “primer” escalón de la resistencia desde el punto de vista social. Quizás no exactamente el “primero” pero al menos sí el primero que resulta significativo. Dentro de la escala de la persecución es lo más suave, no es inocente porque habilita todo el resto, pero es lo menor. Si eso no podemos resistir, ¿cómo aguantaremos el resto?

 Necesitamos ser fortalecidos en nuestro interior y afirmados por el Espíritu Santo en nuestra identidad y en nuestra cobertura. La burla “desnuda”, expone a la persona, aunque lo que se diga resulta absoluta mentira. La burla actúa sobre la vergüenza, lo cual es una de las predisposiciones innatas del corazón caído de las personas. La vergüenza provino de haber perdido la cobertura del Espíritu, con lo cual Adán y Eva entendieron que estaban “desnudos”, porque antes no lo estaban, aunque no tuvieran ropas materiales.

 

1 Juan 2:28 RVC

28 Y ahora, hijitos, permanezcan en él para que, cuando se manifieste, tengamos confianza, y cuando venga no nos alejemos de él avergonzados.

 

Si fuéramos a cubrirnos por nuestras obras sería, obviamente imposible. Pero se nos ha dado la fe, que nos cubre con el lino fino de las obras de justicia HECHAS A PARTIR DE LA FE. En definitiva, no hay obra posible que podamos alcanzar a cumplir, pero la fe nos cubre con las obras de Cristo, por lo que el hecho de ser avergonzados es, en realidad, una oportunidad para crecer en la fe y por esa fe, en la firmeza en el amor y la aceptación que viene del Padre.

 Resistir la prueba, en este caso, la vergüenza, burla y humillación pública, desde sus formas más sutiles hasta las más burdas, es una oportunidad para ofrendar al Señor nuestra fe, y eso tiene recompensa en los cielos.

 

 

Danilo Sorti