domingo, 3 de abril de 2022

811. Una forma “barata y fácil” de ser una buena persona… aunque terriblemente cara

 

Isaías 65:5 RVC

5 un pueblo que dice: «Quédate donde estás y no te acerques a mí, porque yo soy más santo que tú». Todo esto es para mí como humo en la nariz; ¡es un fuego que arde todo el día!

 

Durante siglos los cristianos no tuvieron demasiados problemas en entender la dimensión religiosa del reinado del futuro anticristo; la fe y la religión eran parte normal de la vida de los pueblos. Hacia fines del siglo XIX y durante el siglo XX, el fallido experimento ateísta pareció poner en entredicho la religiosidad innata del ser humano; pero simplemente “desplazó” el objeto de culto del Dios verdadero (aunque mal comprendido) hacia la ciencia o el humanismo o el dinero.

 

Como sea, el hombre es indefectiblemente religioso e inevitablemente necesita sentirse “bueno”. Por supuesto, solamente el sacrificio perfecto de Cristo nos puede limpiar de pecados y nos hace aceptables al Padre. No somos “buenos” porque realmente hayamos hecho suficientes buenas obras, sino porque Cristo nos cubrió con Su propia bondad, entonces el Padre cuando nos mira, está viendo al Hijo.

 

Pero cuando las personas rechazan la sencilla fe en el Hijo de Dios, se encuentran con el dilema interno de llegar a ser “buenas y aceptables”. Entonces caen en alguna especie de “autojustificación”:

 

Romanos 10:3 RVC

3 Pues al ignorar la justicia de Dios y procurar establecer su propia justicia, no se sujetaron a la justicia de Dios;

 

Para los más creyentes será una mezcla de buenas obras, ritos y aceptación intelectual de cierta doctrina. Pero, ¿qué queda para las personas altamente secularizadas del siglo XXI? Muchos hoy en día han perdido casi por completo toda referencia a la Palabra de Dios y ni siquiera conocen las historias más comunes de la Biblia. Sin embargo, las realidades espirituales están tan presentes en ellos como en cualquiera.

 

Por eso, las sucesivas corrientes ideológicas que hemos visto tratan de hacer que sus seguidores se sientan como “buenas personas” porque están haciendo “lo correcto”, aunque sea lo más aberrante.

 

Algunos pueden luchar por los derechos de las minorías, otros por la naturaleza o el cambio climático, algunos procuran utilizar un lenguaje que “no discrimine”, y un largo etcétera. Algunas causas son nombres, otras son una total estupidez.

 

Bueno, en definitiva, el ser humano necesita sentirse “bueno” por alguna razón, sentir que hace algo noble y que por lo tanto, es valioso.

 

En ese sentido, el discurso plandémico les ha otorgado a muchas personas el motivo perfecto: en un principio debían quedarse encerrados, usar simple, doble, triple, cuádruple o quíntuple bozal (eufemísticamente llamado “barbijo” o “tapaboca”), el ingente uso de alcohol y la sanitización obsesiva… Hasta la llegada del “acto de sacrificio máximo” que consiste en una autopercibida vacuna…

 

Bien, con la vertiginosidad de los medios, el virus ya ha pasado a segundo o tercer plano, y la vacuna se ha convertido en el mensaje repetido hasta el cansancio por periodistas adecuadamente ensobrados.

 

Sabemos que hay un Camino, que es Cristo. Hay quienes han decidido caminar directamente por él, aunque tenga piedras y espinas. Otros lo conocen, pero todavía no están exactamente allí, o quizás están recién entrando de lleno, o entrarán en poco tiempo. Ellos son los despiertos, los que no han sido engañados y están luchando por la verdad, con mayor o menor luz, mayor o menor poder, armas naturales o espirituales, pero están luchando y el Padre lo ve, lo tiene en cuenta y los protege.

 

Pero hay otra gran cantidad de personas que simplemente “no quiere complicarse la vida” y va con la corriente, “como ovejas al matadero”, expresión que en estos últimos meses se ha vuelto por demás de común. No saben realmente lo que pasa porque no están en las redes de información alternativas, por lo que son continuamente bombardeados por los mensajes oficiales y su retroalimentación y repetición social.

 

Mientras que los primeros encuentran su justificación en Cristo y su misión presente en presentar resistencia al avance del globalismo, los segundos necesitan tener una misión noble para vivir y por la cual sentirse “buenas personas”. ¡Y allí aparece la vacuna! Un pequeño sacrificio (es un pinchazo nomás, no duele…) para un gran bien, “te cuidás y cuidás al otro”. ¡Qué buena persona…!

 

Claramente, es una forma más de autojustificación, de “hacerse bueno” uno mismo. No se trata solo de “conjurar al impredecible dios – virus” con el acto bautismal de la vacunación, se trata, además de ¡salvar al mundo! Y es tan “barato” hacerlo… ¡qué gran negocio!

 

Quizás nunca ha sido tan fácil “ser una buena persona”. No hacen falta disciplinas rigurosas, no hace falta estudiar una larga doctrina o ideología, analizar la propia conducta, cuidar las palabras, cumplir ritos complicados ni nada de eso, basta con un simple pinchazo y ya está.

 

Miedo por un lado, seducción por otro, una fórmula poderosa para engañar a muchos.

 

Es claro, no todos habrán tomado la decisión por esta razón que analizo aquí, pero también es claro que en más de uno está presente, explícita o implícitamente. Eso explica una parte de su gran poder seductor y de por qué es tan difícil lograr que algunas personas abran los ojos.

 

¿Cómo se desmonta este argumento? No tengo muchas respuestas. Es claro que muchos “no saldrán de allí”, y serán los que finalmente terminarán chipeados por el Anticristo, o habrán caído antes bajo el juicio del Señor. Es claro también que se trata de una fortaleza espiritual que no se derriba solo con argumentos, y eso nos da una pista: quizás un enfoque de oración hacia la autojustificación pueda resultar importante en una estrategia para traer luz.

 

Pero la realidad es que “lo barato sale caro”, y de sobra tenemos ejemplos todos al haber comprado una maravillosa oferta que resultó ser un tremendo fiasco. Y en este caso, la forma barata de ser una buena persona sale cara, muy cara. Así que, cuando las personas empiezan a ver el verdadero costo de su “justicia barata”, la fortaleza comienza a resquebrajarse.

 

Proverbios 16:18 DHH

18 Tras el orgullo viene el fracaso;

tras la altanería, la caída.

 

Sentirse “buena persona” por haberse vacunado, además de una extrema ignorancia, implica orgullo. Más aún cuando comienzan a actuar el rol que les sugiere el sistema de desoír, menospreciar, hacer a un lado e incluso hostigar a los “no vacunados”.

 

Esta posición es extremadamente común hoy. Periodistas por televisión hacen callar a médicos ancianos y expertos en su tema. Alumnos en un aula contradicen abiertamente a docentes que tienen tres veces más años que ellos y mucho camino recorrido. Compañeros de trabajo, que conocen la trayectoria de uno, sencillamente rechazan todo lo que se les dice. Madres desoyen a médicos que les advierten contra la vacunación infantil… Y un largo etcétera. Son todas manifestaciones de orgullo, a veces velado, pero orgullo al fin.

 

No se trata de aceptar lo que me dice una “persona de autoridad” sin más, se trata de “honrar a las canas”, eso es, prestar atención, escuchar, analizar y luego sacar su propia conclusión, es verdad, pero luego de haber escuchado. Es claro que tenemos unos cuantos “canosos” dando vuelta por ahí que son los más poderosos agentes del Nuevo Orden, pero resulta muy claro hoy reconocer quién es quién y desde qué posición nos habla.

 

El hecho es que, mucho más pronto que tarde, y, cada vez más rápido, esta posición de orgullo acarrea la caída. Para algunos puede ser la muerte, para otros una serie de efectos adversos incapacitantes, para otros ver lo que le pasa al compañero, o encontrarse de repente con las noticias que había querido negar por tanto tiempo… Y es que sabemos de sobra que lo que Satanás ofrece barato mañana sale extremadamente caro. Pero siempre tiene éxito con la misma estrategia, basta solo cambiar el envoltorio, y las masas caen… en masa.

 

Estamos de acuerdo que no es el plan de Dios que las cosas ocurran así, pero incluso ahí tenemos una buena noticia:

 

Jonás 2:10 RVC

10 Y el Señor ordenó al pez que vomitara a Jonás en tierra.

 

El gran pez, esto es, la bestia, puede tragar a muchos, pero no puede digerir a todos, y aquellos que han sido llamados, por más rebeldes que sean, tienen un sello que la bestia no soporta, así que vuelven a la realidad en medio del vómito de un gran pez… ¡qué asco!! Veamos lo positivo, al menos, volvieron.

 

Siendo quebrantados, envueltos en el “vómito de la bestia”, lograr abrir los ojos y volver a ver la luz. Esa noticia es maravillosa. Pero hay un costo, ya sea personal o ya sea en la propia familia y los cercanos, un costo muy alto.

 

Esto es lo que está pasando y pasará en mucha mayor medida en los próximos meses desde el tiempo que se escribe este artículo.

 

Solo aquellos que hayan sido quebrantados, sea por muerte de un cercano, por enfermedad o porque finalmente se dieron cuenta de su error, podrán venir a la luz. El resto seguirá cayendo en una espiral de temor y autojusticia, pagando precios cada vez más caros pero sin darse cuenta. A ellos podemos iluminarlos, a partir de “donde están”, y llevarlos primero a la verdad de lo que está pasando en el mundo, luego a las realidades espirituales que se mueven por detrás y que siempre han estado operando, y finalmente al Camino de provisión y restauración provisto por Dios Padre en Dios Hijo por medio de Dios Espíritu.

 

Aquellos que no han hecho este proceso, están cimentados en una especie de justicia propia, no con la faceta claramente religiosa que podemos leer en la Biblia, pero con sus mismas características. Estos religiosos fueron los que terminaron matando a Jesús y persiguiendo a los discípulos, y no será distinto hoy día. De esos tenemos que cuidarnos y ser muy prudentes. Están cegados y atados por los pactos y demonios que portan las vacunas, y progresivamente serán “animalizados” por la transformación genética que producirán, ahora o en un futuro cercano. Con ellos hay que ser sabios y hablar solo cuando hay una clara indicación del Espíritu.

 

Pero sin dudas que en nuestros países tendremos una gran cosecha de los “vomitados por la Bestia”, a los que deberemos consolar, enseñar y restaurar, y, como José, perdonar también. Y eso no es algo que viene, sino que ya está empezó.

 

 

Danilo Sorti

 

810. Provisión en medio de la persecución II

 

Marcos 10:17-31 RVC

17 Jesús salía ya para seguir su camino, cuando un hombre llegó corriendo, se arrodilló delante de él, y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?»

18 Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie que sea bueno, sino sólo Dios.

19 Ya conoces los mandamientos: No mates. No cometas adulterio. No robes. No des falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.»

20 Aquel hombre le respondió: «Maestro, todo esto lo he cumplido desde mi juventud.»

21 Jesús lo miró y, con mucho amor, le dijo: «Una cosa te falta: anda y vende todo lo que tienes, y dáselo a los pobres. Así tendrás un tesoro en el cielo. Después de eso, ven y sígueme.»

22 Cuando aquel hombre oyó eso, se afligió y se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

23 Jesús miró a su alrededor, y les dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!»

24 Los discípulos se asombraron de sus palabras, pero Jesús volvió a decirles: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios!

25 Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el reino de Dios».

26 Ellos se asombraron aún más, y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

27 Jesús los miró fijamente y les dijo: «Esto es imposible para los hombres, pero no para Dios. Porque para Dios todo es posible.»

28 Pedro comenzó entonces a decirle: «Como sabes, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.»

29 Jesús respondió: «De cierto les digo: No hay nadie que por causa de mí y del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o tierras,

30 que ahora en este tiempo no reciba, aunque con persecuciones, cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, y en el tiempo venidero la vida eterna.

31 Muchos de los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros.»

 

En un artículo anterior (https://www.torresdeoracion.com.ar/web/blog-articulo.php?id=532) charlamos acerca de la promesa de protección económica para los perseguidos por causa de Cristo. También dijimos que resulta claro que todas las medidas restrictivas que se están implementando con la excusa de la plandemia son en realidad una persecución (ya poco) encubierta sobre todos aquellos que mantienen el testimonio del Creador sobre ellos mismos y no están dispuestos a ceder su integridad física y genética.

 

También dijimos que en estos tiempos hay una separación de naciones y que el destino de los pueblos durante estos años no será un camino “línea y sin estorbos” hacia el reinado del Anticristo sino que habrá claras diferencias entre países.

 

En este contexto, podemos volver sobre el texto de Marcos 10:29-31 y encontrar un sentido económico más profundo, que se relaciona con la persecución o presión económica.

 

Los versículos anteriores nos muestran la escena del joven rico, quien realmente quería servir a Dios y se esforzaba, pero en el fondo de su corazón el amor al dinero seguía ocupando el primer lugar. No se trata, como algunos han dicho de vez en cuando, que un cristiano deba vender todos sus bienes y seguir al Maestro, sino que esa instrucción le fue dada específicamente a este joven, él debía hacerlo, y Jesús descubre el motivo al exponer su amor al dinero.

 

No sabemos qué pasó con este muchacho, algunos dicen que no era otro que Marcos, el que luego fuera discípulo de Pedro, quien finalmente obedecería la orden del Maestro y se convertiría en Su seguidor. De todas formas, no es eso lo que nos importa ahora.

 

Si el temor a la muerte es el miedo más extendido sobre todas las personas, el amor al dinero, o, su contraparte exacta, el temor a la pobreza y la escasez, es el segundo miedo en orden de prevalencia. Es evidente que cuando hay una presión o persecución que nos afecta económicamente el temor a la pobreza y toda la carga de conflictos, miedos, enfermedades y problemas que ella trae, salta a primer plano.

 

En el texto de Marcos, no hay todavía un escenario persecutorio, pero sí una decisión: no podía haber un corazón dividido entre los seguidores del Maestro, y fundamentalmente no entre aquellos que aspiraban a estar más cerca de Él, como vemos en este joven.

 

Sobre este tema podríamos hablar mucho y también mucho se ha escrito. Es claro que el “amor al dinero” no ocurre necesariamente entre los que lo poseen en abundancia, es común a todos. Uno puede tener poco y sufrir por ello porque ha puesto su confianza en lo poco que tiene y por lo tanto se siente desamparado.

 

Así que cuando somos amenazados en lo económico nuestra fe es puesta a prueba, o mejor dicho, tenemos la oportunidad de crecer en ella y descubrir un “mundo nuevo”.

 

Ahora bien, no quiero concentrarme en este punto sino en el hecho de que el temor a la pobreza (que llamamos normalmente “amor al dinero”) en realidad nos introduce en un “sistema económico” que está controlado por el Maestro del temor, que no es precisamente Jesucristo…

 

Hebreos 2:14-15 RVC

14 Así como los hijos eran de carne y hueso, también él era de carne y hueso, para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo,

15 y de esa manera librara a todos los que, por temor a la muerte, toda su vida habían estado sometidos a esclavitud.

 

El temor a la pobreza es una variante del miedo a la muerte: ser “pobre” es perder “vida” o “calidad de vida”, es arrimarse a la “muerte”. Por temor a la pobreza es que somos arrojados a un sistema de esclavitud económica y laboral.

 

Ahora bien, en épocas normales esta esclavitud pasa desapercibida. Vale recordar que en los tiempos en que se escribió el Nuevo Testamento, había esclavos que podían tener un mejor pasar que muchos hombres libres. Pero seguían siendo esclavos, sometidos a la voluntad de otro. Y cuando a ese otro se le “chiflaba el moño”… ¡ay de ellos!

 

La realidad es que prácticamente todos hemos estado sometidos a la esclavitud del dinero, por el temor a la pobreza y no nos hemos dado cuenta. Hemos aceptado como normales y hasta deseables un montón de situaciones y condiciones laborales y económicas que son propias de los esclavos y no de los hombres libres. Y cuando hemos querido salir de ese sistema en realidad hemos buscado, inconscientemente, un “mejor amo” que nos pague más, pero no el desafío de la verdadera libertad en Dios.

 

Así que Jesús no le está pidiendo a este joven rico que hiciera un “sacrificio extremo”, sino que lo está invitando a salir de una prisión con barrotes de oro… ¡Caramba, qué problema tenemos aquí…!

 

La presión económica que podemos ver por las medidas de un ilegal e inconstitucional pase nazitario en realidad constituyen la oportunidad para salir a un nuevo sistema económico… tal como Israel cuando debió salir de Egipto.

 

Como venimos diciendo, muchos esclavos tenían un buen pasar. No todos, y probablemente no la mayoría, pero algunos sí. Incluso aunque no lo tuvieran, contaban con ciertas seguridades y ciertas comodidades. Salir de Egipto implicaba adentrarse en un desierto lleno de peligros, y ni hablar de pretender tomar una tierra dominada por pueblos feroces.

 

Pero notemos una cosa muy importante: al tiempo que ellos estaban saliendo de Egipto, Dios los estaba preparando y bendiciendo para que pudieran no solo atravesar el desierto sino entrar en Canaán. No lo lograron por su incredulidad, es cierto, y tuvo que levantarse otra generación con una mentalidad distinta, ¡pero ellos ya estaban preparados! Y no tuvo que pasar mucho tiempo para eso; hubieran podido entrar en su promesa.

 

Esto quiere decir que si Dios, quien sigue estando al control de todo y quien nunca lo perderá en ningún momento, nos está “empujando hacia afuera” en este momento, es porque Él ya ha hecho la provisión y ya nos ha preparado para este momento, aunque nosotros no nos demos cuenta. Solo nos pide fe, ¡que no es poco!

 

Sin dudas para muchos de nosotros dar un paso a lo desconocido es difícil y nos genera temor, ¡yo el primero! Pero sabiendo que Dios nos toma de la mano, animémonos y alentémonos, unos a otros, y escuchemos con precisión Su voz para saber cuál es “el próximo paso”. Recordemos esto: el desierto no se cruzó con un mapa de principio a fin, sino siguiendo día a día las indicaciones de la Nube que los acompañaba, que era Cristo mismo. Día por día…

 

La persecución, o al  menos, la amenaza de la misma, es un llamado muy concreto a salir de un sistema que ya está destinado a la destrucción para entrar a uno nuevo. Y repito, aunque las amenazas finalmente no se concreten, aunque le encontremos “la vuelta” para evitar los controles (¿cuán fácil es controlar algo en Argentina…?), creo que hay un fuerte llamado del Señor.

 

Pero, ¿cuánto futuro le queda a este sistema económico? ¿De verdad confiamos en que un “trabajo seguro” lo seguirá siendo? ¿Y a qué costo?

 

Hermanos, todo el mundo ha entrado en el tiempo de los juicios y todo será removido, economía lo primero. Por otro lado, mantener un trabajo “seguro” en una empresa que está dentro del sistema exigirá cada vez más y más sacrificios; no se termina con un par de dosis de una kakuna. Pero aún si no somos afectados por eso, ¿en qué contexto continuaremos trabajando?

 

El sistema que vemos está por ser profundamente conmovido. Dios levantará una estructura alternativa en nuestras naciones, que será una economía fundamentada en Él, aunque por ahora esté “entremezclada” con el sistema diabólico.

 

Dios está sacando a algunos de lugares que ya están destinados al juicio para ubicarlos en empresas de refugio, Dios está llamando a otros a emprender un camino de libertad, fe y desafíos, Dios hará pasar a otros más por un valle oscuro en el que verán Su protección día a día hasta que sean sacados a Su luz victoriosa, y algunos serán dejados y protegidos en el medio de un sistema condenado a la destrucción para que puedan rescatar a los que aún deben ser rescatados. Cada uno deberá discernir en el Espíritu cuál es su lugar. Nadie puede vencernos en el lugar donde Dios quiere que estemos durante el tiempo en que debamos estar. Una vez cumplida la misión allí, seremos enviados a otro sitio. Pero la ayuda divina no se tardará.

 

Una última exhortación:

 

Génesis 50:19-21 RVC

19 Pero José les respondió: «No tengan miedo. ¿Acaso estoy en lugar de Dios?

20 Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió todo para bien, para hacer lo que hoy vemos, que es darle vida a mucha gente.

21 Así que no tengan miedo. Yo les daré de comer a ustedes y a sus hijos.» Y los consoló, pues les habló con mucho cariño.

 

Los hermanos de José habían urdido el “plan perfecto” para deshacerse de él, una vez de camino a Egipto, en la caravana, ya no tendrían que preocuparse más… ¿o sí?

 

Después de leer toda la historia vemos como Dios cambió una realidad terrible en una victoria tan grande que 3.400 años después se sigue contando de generación en generación. El mal que pensaron hacer, con aparente éxito, se volvió en bendición ¡incluso para ellos!

 

De la misma forma, si hoy no nos esforzamos en construir un sistema económico, productivo, sanitario, educativo y un largo etcétera que sea distinto y separado del actual sistema, todos los que hoy viven gracias a él mañana no tendrán nada, o lo tendrán a un costo que ya no estarán dispuestos a pagar. Así que, mis queridos amigos, depende de los que hoy somos presionados y perseguidos avanzar hacia el sistema basado en los principios divinos que Dios quiere iniciar ya mismo.

 

Sabemos que vamos hacia el “gran reseteo”, no sé cómo nos afectará a nosotros y cómo saldremos de él, entiendo que será un tiempo en el que Dios comenzará a cumplir Sus promesas de provisión y bendición para nuestras naciones, pero sin dudas habrá meses de zozobra. Hoy el Señor está sacando a unos cuántos de este sistema destinado a la destrucción para que comiencen a construir, rápidamente, el que viene.

 

Lo que emergerá de ese “reseteo” serán dos sistemas claramente contrapuestos: la plataforma del Anticristo y la economía de provisión divina. Ya están todos los ladrillos para construir lo uno y lo otro, faltan los operarios, por eso el Señor los está enviando…

 

Satanás, muy a pesar suyo, sigue siendo siervo (involuntario) de Dios, y sigue siendo usado para empujarnos a muchos de nosotros para cumplir la voluntad del Padre, porque cuando dice en Efesios 4:6 que Dios actúa por medio de todos, ¡se trata de, realmente, todos!

 

 

Danilo Sorti

 

809. Provisión en medio de la persecución I

 

Marcos 10:29-31 RVC

29 Jesús respondió: «De cierto les digo: No hay nadie que por causa de mí y del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o tierras,

30 que ahora en este tiempo no reciba, aunque con persecuciones, cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, y en el tiempo venidero la vida eterna.

31 Muchos de los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros.»

 

Hemos entrado claramente en el tiempo de persecución antes del tiempo de los juicios propiamente dichos. Muchos cristianos han “hecho agua” en estos meses pasados porque aprendieron una escatología errada, según la cual el mundo sería relativamente tranquilo hasta el arrebatamiento y luego se desataba el caos, pero la Biblia nunca dijo eso, aunque sí los predicadores de un Evangelio liviano (y falso).

 

Antes de hacer una aplicación individual es necesario entender el contexto de cada nación. También aquí tenemos un problema porque la mayor parte de la enseñanza que se ha escuchado desde hace décadas enfatiza en un cristianismo individual “desconectado” de lo que pasa en su nación. Aunque ese tema es complejo y tiene parte de verdad, ha ocultado también realidades más complejas. Sin profundizar, y en función de las palabras que los profetas vienen aclarando, digamos, en líneas generales, que hay naciones y territorios de los cuales uno debe salir y naciones y territorios que serán de refugio y provisión, aún de luz y protección.

 

Sabemos también que nuestras naciones de Sudamérica, especialmente algunas de ellas, están en esta última categoría. Aunque ahora no lo parezca, Dios está haciendo procesos muy profundos que emergerán en no mucho tiempo y cambiarán radicalmente nuestra realidad. Pero en el “mientras tanto”, ¿qué hacemos?

 

Bueno, precisamente el “mientras tanto” es el tiempo de la acción, de la construcción de lo nuevo y la destrucción de lo viejo. Es parte del proceso inevitable, es el “valle de sombra de muerte” que tenemos que cruzar para pasar de una montaña a la siguiente.

 

Entonces, se nos presenta hoy en Argentina algo que ya venimos viendo en otros países, el famoso “pase nazi”, y eso implica, entre otras cosas, problemas laborales para unos cuantos. Bueno, pero pongámonos en contexto… los problemas laborales venían desde hace rato, así que no tenemos nada que sea demasiado nuevo.

 

¿Qué hacemos en esta circunstancia? ¿Qué pasa si pretenden obligarnos (contra las leyes y la Constitución, vale decir) a tomar la kakuna? Hoy es tiempo de hacer lo que no hicimos como sociedad en muchas décadas: ¡hacer valer la Constitución! Pero mientras incursionamos en esa verdadera “novedad” y logramos éxito allí, ¿qué hacemos?

 

Pues bien, la persecución no es nada nuevo en la Biblia. De hecho, todo el Nuevo Testamento se escribió en contexto persecutorio, y buena parte del Antiguo también, así que no debería sorprendernos que hoy seamos perseguidos bajo el eufemismo de un supuesto “bicho” cuya última variante es tan pero tan peligrosa que apenas produce dolores de cabeza…

 

Pero el gran problema aparece cuando no nos hemos dado cuenta de que, realmente, ¡ESTAMOS EN UNA PERSECUCIÓN! Cuando podemos poner los hechos con "nombre y apellido” la luz de la Verdad (que es Dios) cae sobre la realidad y todo se ve tal cual es, mientras permanece en oscuridad, caemos en la desesperación y desesperanza porque no tenemos una palabra clara.

 

Hermanos, ¡esto es una persecución contra los fieles y los temerosos de Dios! Nadie que no tenga el testimonio del Padre dentro suyo (incluso si no se considera a sí mismo en la actualidad propiamente como “cristiano” o “creyente”) se puede dar cuenta de lo que se mueve detrás de todo esto. El solo hecho de haber logrado cerrar todos los lugares de culto lo debería mostrar con claridad, ¡solo los peores regímenes totalitarios lograron eso!

 

Una vez que podemos llamar a las cosas por su nombre, PERSECUCIÓN, o para ser más exactos, PERSECUCIÓN (APENAS) ENCUBIERTA, se nos abre un mundo de entendimiento, ¡cuántas promesas e instrucciones tenemos en la Palabra para los que somos perseguidos!

 

Pues bien, en lo económico, el texto citado nos da una promesa bien clara:

 

Marcos 10:29 RVC

29 Jesús respondió: «De cierto les digo: No hay nadie que por causa de mí y del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o tierras,

 

En aquella época los impíos eran más honestos (!?): sencillamente perseguían a los cristianos por ser cristianos. Así que, tener que salir de un lugar o perder las redes de relaciones por causa de su fe, no resultaba nada extraño. Aún más, aunque no fuera por persecuciones, sino por obediencia al llamado, también aplicaba lo mismo:

 

Marcos 10:28 RVC

28 Pedro comenzó entonces a decirle: «Como sabes, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.»

 

Aún no estaban sufriendo persecución, pero por obediencia ya habían perdido mucho.

 

En aquel entonces había una relación muy estrecha entre el lugar donde uno vivía, la familia que lo rodeaba (normalmente la familia extendida y los parientes más o menos cercanos), la fuente de trabajo (que se seguía por línea familiar), y aún la herencia y las posesiones materiales. No es demasiado diferente hoy.

 

Jesús fue muy claro: seguirlo a Él implicaría moverse y dejar de hacer muchas cosas, pero vendría la provisión divina. También implicaría sufrir persecución, y también allí habría provisión.

 

Todos los que hoy no aceptan la pre marca de la bestia están sufriendo persecución por su testimonio, y repito, aunque no sean “formalmente cristianos”, tienen el testimonio del Creador dentro suyo que les dice que tal cosa no es de Él, y son fieles en obedecerlo, por lo tanto, ya han hecho un compromiso con Dios. Sin dudas es necesario que conozcan más de ese Dios y de Su provisión para estos tiempos y para el destino eterno de nuestras almas, pero ya han hecho un primer compromiso con Él.

 

Para todos ellos hay una promesa:

 

Marcos 10:30 RVC

30 que ahora en este tiempo no reciba, aunque con persecuciones, cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, y en el tiempo venidero la vida eterna.

 

Entonces, tenemos una realidad: cuando somos perseguidos seguramente perderemos algo (o mucho, depende):

 

Pueden ser “casas”, es decir, un lugar donde vivir, lugares donde estar, donde descansar, espacios físicos. Pero recibiremos nuevas “casas”, nuevos lugares y ámbitos físicos que no conocíamos. “Casa” es también el lugar de trabajo, el taller, la empresa, el comercio, y la promesa es la misma.

 

Pueden ser “hermanos”, que no solamente implica familia sino también se refiere a nuestros socios, compañeros de trabajo, las personas con las cuales emprendemos proyectos. También recibiremos nuevos, que llegarán a ser tanto o más unidos que nuestros parientes naturales.

 

Pueden ser “hermanas”, y aquí se refiere tanto a los aspectos laborales que eran típicamente desarrollados por mujeres en ese tiempo como al cuidado y la protección de la familia, la comunicación. También lo recibiremos.

 

Pueden ser “padres” y “madres”, aquellos que nos cobijan y protegen por encima de toda otra persona, que nos dan la provisión que necesitamos, que nos brindan identidad, seguridad jurídica, y mucho más. También para eso hay provisión.

 

Pueden ser “tierras”, que se refiere tanto a lo laboral como a la herencia, a un capital físico y económico. ¡Incluso hay promesa para ello!

 

Notemos que Jesús fue muy cuidadoso en detallar todo lo que podríamos perder o dejar, ya sea por imposición o voluntariamente, el texto nos permite ambas interpretaciones. Para la sociedad de aquel entonces, el listado abarcaba todos los principales ámbitos de la vida de una persona, así que Jesús está diciendo: “todo”; todo lo que debamos abandonar por causa de Él, lo recibiremos. Y cuando entendemos que todo el avance plandémico y el pase nazi son simples eufemismos para perseguir a los fieles, es obvio que este pasaje aplica a nosotros.

 

Veamos también que hay siete categorías mencionadas, y eso no es casual, porque alude a las “siete operaciones” del Padre. Cada parte de Su Creación cae en una de estas categorías, que establecen una especie de “división del trabajo” (y más cosas que no voy a explicar ahora), por lo que en una primera aproximación está enfatizando nuevamente la idea de “todo”.

 

Es decir, tanto por los elementos del listado como por la cantidad de ellos, dice “dos veces”: todo.

 

Ahora bien muchachos, “todo” empieza con “dejar”… y a veces, “todo”. No es que “dejamos” porque se nos da la gana, hay una presión para eso. Cada uno deberá escuchar al Espíritu para saber lo que tiene que hacer en cada momento, pero si es realmente colocado en la posición de tener que “dejar”, debe confiar plenamente en su Creador que hay una nueva provisión, aunque con ciertas particularidades…

 

Hasta ahora dijimos que el Señor prometió que recibiríamos todo lo que necesitáramos, literalmente, un nuevo ámbito de vida con todos los recursos y funciones. Pero hay más: él dijo que sería “cien veces más”. El número cien habla de abundancia, también de milagro porque Isaac nace cuando Abraham tenía cien años, e incluso de alabanza y alegría, tal como vemos en el Salmo 100.

 

No solo hay una recompensa celestial para los perseguidos, también hay promesas en este tiempo, y eso tiene un propósito muy claro.

 

Pero cuidado:

 

Marcos 10:31 RVC

31 Muchos de los que ahora son los primeros, serán los últimos; y los que ahora son los últimos, serán los primeros.»

 

Esta expresión, aunque podemos aplicarla en un sentido general, fue dicha en un contexto económico y social pero vinculado a lo primero.

 

El Señor nos ha prometido una bendición abundante conforme a Su diseño, pero puede ser que unos cuantos hoy estén disfrutando de los bienes injustos de este mundo, en medio de un sistema injusto y sirviendo al príncipe de este siglo. Pueden ser fieles y sin duda serán guardados, pero tendrán pérdida, sencillamente, porque han estado en un “lugar equivocado”. Cuando sean removidos de allí por misericordia, no tendrán la misma posición y poder de antes. Sin embargo, esto también es para crecimiento y redención: fueron fieles y amaron al Padre, pero estaban sirviendo al Enemigo. Deberán desaprender lo que hacían y aprender los verdaderos diseños del Padre. No seamos demasiado duros con los que pasan de “primeros” a “últimos”, ninguno de nosotros está absolutamente exento de eso.

 

Por otro lado, aquellos que desde hace mucho descubrieron la maldad del sistema y no quisieron tener nada que ver con eso, y por lo tanto quedaron relegados a los últimos lugares (es obvio, el sistema no los va a premiar por su actitud…) en el nuevo sistema de Dios tendrán lugares prominentes.

 

Y esto nos lleva a una puerta que se abre a una nueva realidad: la separación que ocurre por la persecución no es ni más ni menos que la separación que Dios está queriendo lograr porque hay propósitos mucho mayores en el futuro próximo, y no muy lejos.

 

Voy a hablar sobre eso en próximos artículos, pero realmente quiero que nos quedemos con esta verdad, la historia no se termina con que “perdí mi trabajo y ahora estoy haciendo otra cosa”, LA HISTORIA RECIÉN EMPIEZA ALLÍ. Hermanos, realmente Dios está acelerando el paso para hacer cosas muy tremendas en este tiempo y si somos llamados a salir de Egipto ¡es porque hay una Tierra Prometida para conquistar más adelante!

 

Una última aclaración:

 

Hebreos 11:36-38 DHH

36 Otros sufrieron burlas y azotes, y hasta cadenas y cárceles.

37 Y otros fueron muertos a pedradas, aserrados por la mitad o muertos a filo de espada; anduvieron de un lado a otro vestidos solo de piel de oveja y de cabra; pobres, afligidos y maltratados.

38 Estos hombres, que el mundo ni siquiera merecía, anduvieron sin rumbo fijo por los desiertos, y por los montes, y por las cuevas y las cavernas de la tierra.

 

La palabra “mundo” es “cosmos”, el sistema de cosas (no el “planeta”). Estos hombres estaban en sistemas sociales extremadamente impíos, sencillamente, no debían estar allí, esos pecadores no merecían ni siquiera tener en sus tierras la presencia de estos justos, porque la justicia de ellos iba a traer una bendición sobre sus territorios que decididamente no merecían.

 

Este puede ser el caso de algunos y, excepto que el Espíritu les indique otra cosa, quizás la mejor alternativa sea simplemente mudarse a otro sitio en el cual haya al menos personas más justas que puedan beneficiarse de su presencia.

 

Pero para los que estamos en esta tierra, NO OLVIDEMOS que la lucha es principalmente espiritual, y la batalla el Enemigo la gana cuando los justos caemos en desánimo, desaliento e incredulidad. Mientras nos mantengamos firmes, no podrá perseverar por mucho tiempo.

 

 

Danilo Sorti

 

808. El Pacto de Dios con Noé y las crisis de los últimos tiempos


Génesis 9:1-7 RVC

1 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Reprodúzcanse y multiplíquense: ¡llenen la tierra!

2 El temor y el miedo a ustedes estarán en todo animal de la tierra, en toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar. Quedan en las manos de ustedes.

3 Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento, lo mismo las legumbres que las plantas verdes. Yo les he dado todo.

4 Pero la carne con su vida, que es su sangre, no la comerán.

5 Porque ciertamente yo demandaré de la vida de ustedes esa sangre; la demandaré de las manos de todo animal, y de las manos del hombre; demandaré la vida del hombre de manos del hombre, su hermano.

6 La sangre del que derrame sangre humana será derramada por otro hombre, porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.

7 Pero ustedes, reprodúzcanse y multiplíquense; procreen abundantemente y multiplíquense en la tierra.»

 

 

Dado que Jesús dijo claramente que los últimos días serían como en los tiempos de Noé, muchos hoy están mirando la información que tenemos o buscando revelación específica para entender mejor qué nos espera. Eso está bien y es necesario. Pero hay algo más respecto de Noé y del pacto que Dios hizo con él que “extrañamente” resulta sistemáticamente silenciado en toda enseñanza y predicación.

 

Se nos habla del arcoíris y de las aguas, pero Dios dijo algo más:

 

5 Porque ciertamente yo demandaré de la vida de ustedes esa sangre; la demandaré de las manos de todo animal, y de las manos del hombre; demandaré la vida del hombre de manos del hombre, su hermano.

6 La sangre del que derrame sangre humana será derramada por otro hombre, porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.

 

Los días antes del diluvio fueron días de extrema violencia, no muy diferente a lo que ya estamos viendo. Dios estaba decidido a no permitir eso más, y así como tuvo que condescender en permitir que las personas comieran carne, aunque no con sangre, también tuvo que permitirle al hombre ejecutar juicio sobre otro hombre. Este pacto nunca fue anulado y rige desde entonces hasta hoy. Notemos que no habla de la salvación eterna ni de las realidades espirituales, como Cristo nos alumbraría siglos después, sino del mundo y de la sociedad.

 

Esta capacidad para hacer justicia es algo establecido en todos los pueblos e “innato” en cada ser humano, por más caído que esté. Con el tiempo, las naciones desarrollaron sistemas judiciales para llevar esto a cabo e impedir que la “justicia por mano propia” acabe en conflictos interminables y mucha sangre derramada. La Ley de Moisés es un claro ejemplo de ello.

 

Ahora bien, hoy (y desde hace rato en realidad) nos encontramos frente a una situación en la que nuestros sistemas judiciales están cooptados, corruptos o inoperantes, o en el mejor de los casos, lo suficientemente lentos como para que la justicia llegue demasiado tarde. Junto con eso, estamos presenciando el mayor genocidio hasta ahora, a través de todo el montaje plandémico. Las sociedades, como era de esperarse, están comenzando a reaccionar.

 

En lo que respecta a la nación de Argentina, tenemos profecías desde hace muchos años que hablan de estos tiempos que vendrán, de los conflictos que veremos y las muertes que ocurrirán. Uno quisiera que nada de eso se cumpliera, pero cuando ve el accionar de los poderosos se da cuenta de que están haciendo “todo su mejor esfuerzo” para que así ocurra, y el humor social está cada vez más alterado.

 

Entonces, vamos a la pregunta que cualquier pastor y maestro bíblico evitaría a toda costa: cuando ocurra lo que ya se ve como prácticamente inevitable, ¿será culpable la gente que vaya en busca de cuanto político, profesional de la (in)salud y funcionario público, así como líder religioso acomodaticio, que encuentre, para ejecutar juicio por mano propia?

 

A riesgo de que me juzguen por “apología del delito”, y aclarando que de ninguna manera estoy de acuerdo con la justicia por mano propia, nunca la he hecho ni pienso hacerla, y sé que tenemos un Juez que es superior a todo juzgado humano; debería responder esa pregunta NO en base a las leyes del Nuevo Pacto que rigen la vida en la comunidad de los creyentes, porque aquí no hablamos de iglesia sino de Nación, y tampoco en base a la Ley de Moisés, porque aunque es un modelo formidable para todo país, fue dado a Israel. Entonces, el único pacto que me queda, “más atrás” de esos dos, y que definitivamente rige para TODAS las naciones de la tierra, es el pacto de Dios con Noé… Y allí Dios no habla ni de sistema judicial ni de juicio formal… A buen entendedor, pocas palabras…

 

La mayor parte de la sociedad aún no es plenamente consciente del genocidio (más bien, exterminio) que está viviendo, incluida la mayor parte de los autopercibidos cristianos; incluso están colaborando gustosamente en su propia aniquilación, y en la de sus familias. Pero cada vez más gente se está dando cuenta, y cuando “caiga la ficha”… yo no quisiera estar en los zapatos de las autoridades políticas que nos han traído hasta acá, ni en los de la también autopercibida oposición, ni en los de todos los funcionarios públicos que fueron partícipes necesarios.

 

¿La Biblia condena lo que va a ocurrir? Yo no creo que sea la mejor solución, pero dado el estado de situación y teniendo en cuenta el Pacto fundamental de Dios con Moisés, que habilita a que otra persona (no necesariamente un sistema judicial, que sería lo ideal) juzgue con la pena máxima el derramamiento de sangre, no podría decir fácilmente que “no”.

 

 

Danilo Sorti

jueves, 23 de septiembre de 2021

807. Un “Nuevo Evangelio” para un nuevo tiempo – II

 Algo nos quedó para decir del versículo 6. El Evangelio que predican estos mensajeros, es el Evangelio Eterno, traducción de una palabra cuyo sentido primario es “sin principio ni fin”, propiamente el concepto que tenemos de “eterno”. Así que, el “Evangelio del fin de los tiempos” no es más que el Evangelio de siempre… aunque habrá que ver si siempre lo hemos predicado tal como es…

 

No hay un mensaje nuevo ni un camino nuevo, en ningún tiempo. Aún el tiempo de los más duros juicios no presenta una alternativa diferente de salvación que no sea la gracia y el perdón otorgados por la cruz, recibidos por fe y expresados en el cambio de vida. Aún para los más rebeldes que se hayan quedado para ese tiempo y también para los de este, no tan rebeldes aún pero en un rápido camino descendente.

 

Pero, al ser eterno, es también el Evangelio eterno de la visión de todo el plan y acción de Dios desde la eternidad. Resulta un poco paradójico ya que el contexto de esta predicación es de urgencia y las personas no van a tener todo el tiempo del mundo para decidir, de hecho, probablemente solo tengan unos pocos días, cuando no, minutos.

 

Es un Evangelio que conecta y da sentido a toda la historia de la humanidad, algo necesario para explicar por qué llegamos hasta donde llegamos y por qué parece que “Dios cambió” de repente, o que “no está al control”. Un cambio tan abrupto y oscuro en la realidad mundial solo puede ser debidamente explicado en función de plan de redención desde el inicio y el plan de la maldad que está operando desde la caída de Lucero. La predicación básica de “Dios te ama y te quiere bendecir” se vuelve extremadamente insuficiente, y hasta infantil; la gente sabe (aún si no lo quiere reconocer conscientemente) que “algo anda muy mal” y que no va a mejorar. Necesita explicaciones y una esperanza cierta, no un consuelo superficial ni una promesa de bendiciones de cada vez más dudosa realización.

 

Al volver los “tiempos de Noé”, con demonios e híbridos caminando por la calle, los refugiados necesitarán una de lo que viene pasando desde entonces. No tenemos a estos bichos todavía de manera tan visible, pero cada vez más gente los está viendo, o escuchando testimonios o intuyendo su presencia; es necesaria una explicación, que debe empezar con el tiempo de la caída.

 

 

Apocalipsis 14:7 RVC

7 Ese ángel decía con fuerte voz: «Teman a Dios, y denle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua.»

 

Si tenemos que aplicar hoy el “cómo” se está predicando este Evangelio del fin de los tiempos tenemos un problema, ¡precisamente NO ESTAMOS haciéndolo con “fuerte voz”! Más bien, como pueblo, estamos muy callados y más que nada, fuertemente ACALLADOS por los medios masivos, que se han abroquelado detrás de abultados sobres de dinero entregados por el sistema. Un solo mensaje domina hoy “los aires” y la perspectiva a futuro tampoco resulta alentadora… Así que hoy no sabemos sinceramente cómo es que Dios lo va a hacer, pero la proclamación del Evangelio será, en el fin de los tiempos, masiva e imposible de contener. Aún hay estrategias y recursos que el Señor tiene guardados para un poco más adelante, que nos abrirán puertas impensadas, que hoy están fuertemente cerradas.

 

El mensaje del ángel es una total oposición al Evangelio de la prosperidad que hemos escuchado hasta ahora. Habría mucho para decir de este falso Evangelio y sus dos variantes, la “dura” (solo prosperidad y bendición material) y la “blanda” (la buena vida cristiana, feliz, tranquila y sin sobresaltos ni presiones). Supongo que cualquier lector que haya llegado hasta esta parte del artículo entenderá perfectamente los errores del enfoque que se volvió popular hacia la década del ’90 y aún hoy intenta desesperadamente “sobrevivir” cuando todo alrededor ha demostrado que esas promesas resultaron mentirosas. Como sea, claramente, esa mancha negra en la historia de la predicación cristiana, habrá quedado definitivamente atrás.

 

El Evangelio del fin es conciso y directo, muy diferente al mucho palabrerío utilizado cual estrategia de marketing durante tanto tiempo. ¡Cuántos argumentos e historias para convencer a la gente! Bueno, debemos dar gracias al Padre por haber tenido tanta paciencia con unos cuantos de nosotros, pero a veces el Evangelio se ha transformado, para le gente, en un “producto más” a escoger entre tantos, pero lo verdaderamente terrible es cuando nuestra predicación llega a acomodarse a esa lógica de oferta y demanda, tratando de mostrar todas las virtudes del “producto Cristo” en vez de presentar toda la realidad.

 

Esta proclamación no empieza con el clásico “Dios te ama”, “Dios te quiere ayudar”, “Dios puede sanarte”, “Dios quiere bendecirte” y otras por el estilo, que no son para nada erróneas pero que han contribuido a que la gente entra al Camino por la “puerta ancha”. El mensaje es claro ¡teman a Dios!, y no hay que buscarle demasiadas vueltas hermenéuticas a esta palabra, “φοβηθητε” de “φοβέω”, que se traduce principalmente como “temer”, en su voz pasiva. Por más incomprensible que resulte a los oídos evangélicos del siglo XXI, acá dice TENGAN MIEDO A DIOS. Así es.

 

Lo terrible es que las personas han terminado usando a Dios para su propia comodidad, lo han puesto como uno más dentro de las opciones, y los incrédulos han llegado al punto de burlarse abiertamente de Él, aprobar y aplaudir leyes en clara oposición a Su voluntad, enseñar todo lo que le desagrada y aún perseguir a Sus santos. Han escupido en el rostro de Dios, tal como los religiosos judíos hicieron con Jesús. El Evangelio del fin de esta era dice, simplemente, que el tiempo de la enorme paciencia del Padre llegó a su fin. Es por lo tanto, un mensaje de inminencia, ya no hay tiempo, ya no se prolongará más la misericordia, ya no habrá múltiples llamados. Aunque la gracia de Dios nunca desaparece, es precisamente esa gracia y amor la que tiene que poner un límite a la extrema locura humana, y la que está acortando hoy los tiempos.

 

Temer a Dios ha sido algo muy normal para los seres humanos a lo largo de la historia, algo que no se ponía en discusión. Es lo más básico y profundo, nada más natural que eso… hasta este tiempo, en donde todo lo natural se volvió “antinatural” a los ojos de la sociedad, e incluso de muchos cristianos.

 

Todo este texto nos confronta, si es que queremos llegar a ser los mensajeros de esos últimos tiempos, pero especialmente esta palabra, ¿estamos temiendo realmente a Dios o nosotros también lo tenemos como el Padre bueno, un Dios – Papá Noel, que nos quiere llenar de regalos sin exigirnos casi nada? ¿Hemos reconocido Su disciplina sobre nosotros, o le seguimos echando la culpa a Satanás?

 

¡Ah, qué gran problema! El Evangelio del fin nos confronta a sus mensajeros como ningún otro formato de predicación que hayamos conocido. Si hasta ahora pudimos darnos el lujo de ser “un poquito hipócritas” con lo que proclamábamos con nuestras bocas, ahora no…

 

Un paréntesis. Dios se manifestó como hombre, en debilidad, y Su Reino verdadero ha estado en debilidad desde hace dos mil años. Cuando la iglesia se ha levantado como poder político, inevitablemente se ha ensuciado. Todo nuestro Evangelio y teología cristiana, desde ese tiempo hasta ahora, está signado por este hecho. Tenemos una estructura de pensamiento y doctrinaria marcada por esto. La Iglesia Católica tiene otro enfoque, claramente, pero aún cualquier católico reconocería que la posición de poder no ha sido la situación más feliz para la espiritualidad de los creyentes, y sin dudas en diversos lugares y tiempos esto no ha sido ni es así, por lo que tampoco ha estado ni está exenta de persecuciones, menos aún en estos tiempos cuando su conducción central ha sido tomada claramente por el sistema del Anticristo.

 

Entonces, tenemos toda una teología del sufrimiento paciente y la esperanza futura que muchas veces no ha sido vista cumplida en esta tierra. Hasta ahora, Dios ha “tolerado” al malvado y le ha dejado seguir con cierto rango de dominio, limitado pero real. Así ha sido el obrar del Padre durante estos dos milenios, pero debemos entender que eso ya ha llegado a su fin. No se trata de que “va a cambiar”, ¡ya cambió! Y estamos en el inicio de ese cambio. ¿Podremos cambiar nuestro formato mental? ¿Releer la teología de dos milenios? ¿Comprender cómo Su misericordia sigue manifestándose pero en medio de Sus juicios? Y… ¿sabemos nosotros realmente cómo temer a Dios?

 

Si bien la proclamación cristiana ha manifestado continuamente que su fin último es dar toda la gloria a Dios, la realidad ha mostrado que tanto los hombres como las instituciones que ellos han creado terminaron “mordisqueando” parte de esa gloria para sí mismos… La sencilla expresión que usa el ángel, “denle gloria” implica que ya nadie en esta tierra tomará ni siquiera una pizca de Su gloria para sí mismo.

 

También que claramente el Evangelio del fin se enfocará en Dios y no en Sus añadiduras, y ni siquiera en otras doctrinas importantes. Él será el centro, y la relación personal y comunitaria con Él será clave. En cierto sentido, vemos aquí el cumplimiento de la exhortación dada a la última de las siete iglesias:

 

Apocalipsis 3:20 RVC

20 ¡Mira! Ya estoy a la puerta, y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa, y cenaré con él, y él cenará conmigo.

 

Esa verdadera intimidad, que Laodicea no tuvo de verdad, solo de palabra, y que era la constante durante la iglesia apostólica, será el centro de la vida cristiana. Una vuelta al primer amor, lo que en la época de Éfeso ya se había perdido y que no será recuperado hasta este tiempo del fin.

 

Es también el Evangelio de la hora. Esta palabra puede significar algo muy similar a lo que entendemos nosotros o bien algo más figurado. Hay dos sentidos que parecen prioritarios: “ya es tarde”, es decir, tarde en el cumplimiento profético, ya pasó el día y llegó el momento señalado, ya es de noche; y también “el tiempo es breve”, tanto si a los oyentes les queda poco tiempo porque ya es muy tarde como que el tiempo del juicio también será breve (al menos, breve para todo lo que implica la duración del plan de Dios).

 

El momento tan temido ha llegado, y ya no es tiempo de hacer lo que se hace “de día”. El tiempo es breve porque muchos no sobrevivirán a los juicios. Pero también el tiempo de los juicios será breve, en términos históricos. Por todo ello, se trata tanto de un Evangelio de urgencia, como dijimos más arriba, como de un Evangelio específico para un tiempo breve. Digamos que no será decididamente el formato de Evangelio sobre el que se escribirán muchos libros de teología que se estudiarán en muchos seminarios para predicar a la sociedad durante mucho tiempo, sino más bien todo lo contrario; es el mensaje que servirá para un muy corto tiempo. Paradójico, porque es a la vez eterno.

 

Cómo será recordado y enseñado ese formato particular de Evangelio durante el Milenio y más allá, creo que todavía resulta un misterio. Aunque servirá para un tiempo muy breve, será crucial en el “cruce” de épocas y sentará las bases de un nuevo enfoque teológico para un mundo nuevo, pero esto aún nos resulta muy lejano.

 

El Mensaje del tiempo del fin es un Evangelio de profunda adoración; el mandato del ángel es “adoren”. Esto lo podemos leer en varios sentidos. Básicamente, la Salvación implica un cambio en la adoración, de Satanás a Dios. Por otro lado, podemos suponer una idolatría extrema en el tiempo del fin, que estamos viendo ahora, ya sea a ídolos tal como los conocemos o al sistema del Anticristo, que está empezando a ser idolatrado de maneras todavía sutiles. Recordemos lo que dice el capítulo anterior:

 

Apocalipsis 13:8 RVC

8 Y adoraron a la bestia todos los habitantes de la tierra, todos los que no tienen su nombre inscrito en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

 

Pero también tenemos a una sociedad de dura cerviz, que no quiere inclinarse en genuina adoración y humillación ante Dios, extremadamente dura de corazón. Recordemos que luego del juicio de la sexta trompeta leemos:

 

Apocalipsis 9:20-21 RVC

20 El resto de la gente, los que no murieron por estas plagas, ni aun así se arrepintieron de su maldad, ni dejaron de adorar a los demonios ni a las imágenes de oro, plata, bronce, piedra y madera, las cuales no pueden ver ni oír ni caminar.

21 Tampoco se arrepintieron de sus asesinatos ni de sus hechicerías, ni de su inmoralidad sexual ni de sus robos.

 

Aunque no estamos en ese contexto aún, hay una realidad dura que no está logrando que la gente se doblegue. Pues bien, el Evangelio del fin implica humillarse ante Dios, sin rodeos y sin suavizarlo, postrarse rendido ante Él, reconocer que se ha sido extremadamente pecador y rebelde. Muy bien el Evangelio “del fin” puede repetir el sermón de Jonathan Edwards del 8 de julio de 1.741, “Pecadores en manos de un Dios airado”:

 

“El Dios que te mantiene sobre el abismo del infierno, muy parecido a como uno sujeta una araña o un insecto repugnante sobre el fuego, te aborrece y está enardecido; su ira contra ti arde como fuego; te considera indigno de otra cosa que no sea ser echado en el fuego, sus ojos son tan puros que no aguantan mirarte, eres diez veces más abominable a sus ojos que la peor serpiente venenosa es a los nuestros. Tú lo has ofendido infinitamente más que cualquier rebelde obstinado lo haya hecho contra su gobierno, y sin embargo no es otra cosa que su mano lo que te detiene de caer en el fuego en cualquier momento. Es solo por eso y ninguna otra cosa que no te fuiste al infierno anoche, que pudiste despertar una vez más en este mundo después de haber cerrado tus ojos para dormir, y no hay ninguna otra razón sino la mano de Dios, por la cual no has caído en el infierno desde que te levantaste esta mañana. No hay otra razón, fuera de su misericordia, que mientras lees este escrito, en este mismo momento, no caes en el infierno.”

 

¿Será que si no hubiéramos dejado de predicar ESTE Evangelio no sería necesario uno “nuevo”?

 

El Dios Trino tiene múltiples facetas, pero aquí se enfoca en una de ellas, la más fundamental y primigenia: el Dios Creador. Notemos que a partir de la venida de Cristo la predicación ha enfocado en Dios Salvador, el Verbo hecho carne. A veces este enfoque ha llevado al error de perder la dimensión de Dios Padre, Dios Creador. El Evangelio de los últimos siglos ha enfocado tanto en el Hijo que perdió mucho de la revelación del Padre, y por eso se explica que, en nación con un gran porcentaje de creyentes tengamos los gobiernos más corruptos del mundo. Sencillamente los cristianos no pueden “ver” las dimensiones de la justicia social y política. El evangelio de Laodicea, el último que hemos escuchado antes del inicio de la guerra biológica, exacerbó la dimensión de la misericordia y el perdón en Cristo, con lo que se apartó aún más de la justicia y la santidad que exige el Padre.

 

La dimensión de Dios Padre y fundamentalmente, Creador, con todas sus implicancias, ha estado particularmente ausente de la corriente principal del Evangelio durante mucho tiempo. No es el espacio para hablar de todo lo que ello implica; tiene que ver con nuestra propia dimensión física: salud, alimentación, descanso, diseño biológico, genética, habilidades y forma de pensar determinada por nuestros genes. También con la dimensión natural, mayordomía de la naturaleza, revelación de Dios a través de Su obra. Todas estas áreas se encuentran especialmente alteradas en el tiempo del fin, precisamente porque son los juicios del Padre.

 

La salud del hombre, debilitada tanto por las condiciones del medio y contaminación de los alimentos como por una vacunación extremadamente nociva. El medioambiente alterado por la élite pero también sufriendo los juicios de Dios. ¿Qué pasa con la naturaleza? El mundo biológico y natural ha sido desde siempre un punto de referencia seguro para las personas. Ha habido hambre, enfermedades y catástrofes geológicas, es cierto, pero han sido más bien eventos raros en un mundo relativamente normal, no fácil, pero en general, vivible. Todo esto se verá profundamente alterado en estos tiempos y lo que constituía la seguridad más básica de las personas se tambaleará. Por eso es que la gente necesitará escuchar nuevamente de ese Dios Creador, que hizo todo lo que existe, que está permitiendo un juicio como nunca antes, pero que también puede volver a re-crear lo que una vez hizo.

 

Pero también es el Dios que nos da nuestra identidad, justamente, el Padre que nos hizo, ¿no habrá de saber qué hizo con cada uno de nosotros? Este hombre del fin de los tiempos ya no sabe quién es, las certezas más básicas y profundas que hasta hace pocas décadas hubiera sido impensable cuestionar las habrá perdido. Si acaso puede volver los ojos al Cielo y reconocer que hay un Dios, necesitará saber desesperadamente quién es él y cómo relacionarse con ese Dios, y por qué Él querría rescatarlo.

 

El “cielo y la tierra” tiene una connotación de “toda la creación”, según la costumbre hebrea de abarcar la totalidad con dos “extremos” u opuestos. Pero aquí hay una ampliación de la imagen, porque se agregan “el mar y los manantiales de agua”, esto es, el agua que está arriba en la tierra, en la superficie y la que está abajo, en los acuíferos, y que se obtiene de los pozos o manantiales.

 

Por lo pronto, es un Evangelio de la naturaleza, que vuelve a encontrar a Dios en la Creación, y lo explica a través de los fenómenos naturales, que ahora se encontrarán profundamente alterados, por cierto.

 

Es un Evangelio de todas las dimensiones espirituales. Me explico, en esos cuatro ámbitos existen sendos reinos de las tinieblas, con sus operaciones particulares. El mensaje del fin explica qué hay en cada lugar y cómo intervienen en el conflicto espiritual.