domingo, 19 de febrero de 2023

834. En el tiempo señalado – I

 

Gálatas 4:1-5 RVC

1 Pero digo también: Mientras el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo,

2 sólo que está bajo tutores y guardianes hasta el tiempo señalado por el padre.

3 Así también nosotros, cuando éramos niños, vivíamos en esclavitud y sujetos a los principios básicos del mundo.

4 Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley,

5 para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos.

 

Efesios 1:10-12 RVC

10 para que cuando llegara el tiempo señalado reuniera todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

11 En él asimismo participamos de la herencia, pues fuimos predestinados conforme a los planes del que todo lo hace según el designio de su voluntad,

12 a fin de que nosotros, los primeros en esperar en Cristo, alabemos su gloria.

 

En la Versión Reina Valera Contemporánea tres veces vemos la expresión “el tiempo señalado” escrita por Pablo, refiriéndose a los grandes momentos de la Historia de la Salvación. En la primera se refiere al Padre, en la segunda claramente al Hijo y en la tercera vemos una alusión a la obra del Espíritu. Con esto el Espíritu Santo nos da a entender a través del apóstol, entre otras cosas, que hay una obra del Trino Dios organizada “en el tiempo señalado”, es decir, en un momento preciso. La conclusión inmediata es, cuando llevamos el mismo concepto a nuestra realidad presente, que es el momento en el que nos toca “establecer el Reino” a nosotros, que si los acontecimientos más grandes e importantes han tenido y tendrán su tiempo señalado, ¿acaso los sucesos menores no los tendrán también?

 

Bueno, entiendo que esta afirmación puede ser discutida, pero a priori hay una lógica bastante poderosa por lo cual podemos seguir avanzando sobre ella, para encontrarnos con otros pasajes más “terrenales”:

 

Eclesiastés 3:1-8 RVC

1 Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad:

2 El momento en que se nace, y el momento en que se muere; el momento en que se planta, y el momento en que se cosecha;

3 el momento en que se hiere, y el momento en que se sana; el momento en que se construye, y el momento en que se destruye;

4 el momento en que se llora, y el momento en que se ríe; el momento en que se sufre, y el momento en que se goza;

5 el momento en que se esparcen piedras, y el momento en que se amontonan; el momento de la bienvenida, y el momento de la despedida;

6 el momento de buscar, y el momento de perder; el momento de guardar, y el momento de desechar;

7 el momento de romper, y el momento de coser; el momento de callar, y el momento de hablar;

8 el momento de amar, y el momento de odiar; el momento de hacer la guerra, y el momento de hacer la paz.

 

Eclesiastés es un libro maravilloso si sabemos entender su perspectiva: todo ocurre “debajo del sol”. Nos sirve para ubicarnos en esta vida pero le falta la visión “arriba del sol”.

 

El escritor entendió muy bien que hay tiempos precisos para cada acción, especialmente para las opuestas, y por ende, que cada una en su tiempo es buena.

 

Eclesiastés 3:11 RV95

11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin.

 

Incluso desde una perspectiva terrenal logra comprender que la acción correcta en el tiempo correcto es buena, y que hay una noción superadora, la eternidad, que, sin embargo, él (y los hombres de su tiempo) no logra entender.

 

El tema de los tiempos precisos es recurrente, y añade:

 

Eclesiastés 8:6-7 RVC

6 pues todo proyecto tiene su momento para realizarlo. Pero pesa sobre el hombre un gran problema,

7 y es que éste no sabe lo que va a pasar, ni cuándo pasará, ni hay tampoco nadie que se lo diga.

 

Pero al escritor le falto una herramienta fundamental que el Señor nos daría luego:

 

Juan 16:13 RVC

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que habrán de venir.

 

Así que el autor de Eclesiastés pudo comprender que había tiempos precisos para cada cosa, y cuando éstas eran realizadas en ellos, resultaban buenas y apropiadas, pero se lamentaba de no poder saber cuáles eran esos tiempos. Jesús, siglos después, completa esta enseñanza con la obra del Espíritu que Él enviaría y que nos indicaría lo que habría de venir, es decir, los “tiempos futuros”, los momentos adecuados para cada cosa, ¿cuáles?, las que había dejado escritas siglos antes en Eclesiastés.

 

Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad

 

Esto es a la vez maravilloso y terrible. Maravilloso cuando sabemos que ha llegado el tiempo Dios. Terrible cuando el tiempo que ha llegado es el de las tinieblas.

 

Lucas 22:53 RVC

53 Todos los días he estado con ustedes en el templo, y no me pusieron las manos encima. Pero ésta es la hora de ustedes, la hora del poder de las tinieblas.»

 

Sí, las tinieblas también tienen su tiempo, pero lo bueno es que ese tiempo es una “hora”, expresión que indica no lo que nosotros conocemos hoy como hora reloj, sino un tiempo breve (desde la perspectiva de Dios, claro).

 

Es maravilloso cuando se cumple lo que estamos esperando, pero terrible cuando eso no ocurre.

 

Proverbios 13:12 RVC

12 El vivir esperando atormenta el corazón; pero es un árbol de vida el deseo que se cumple.

 

Ahora bien, el hecho que deja bien en claro el pasaje de Eclesiastés 3 es que en realidad los “tiempos opuestos” son parte del mismo proceso. No por casualidad se exponen acciones opuestas de a pares, tampoco es casualidad que se mencionen 14 de ellos, que es un número tanto de liberación (de una situación opresiva o angustiosa) como de “liberación” para un servicio mayor.

 

Esto significa que entender y actuar en los tiempos correctos, aún cuando lo que suceda no sea de nuestro agrado y aún cuando debamos hacer lo que no nos gusta, terminará liberándonos hacia un nuevo kairos de Dios, un nuevo estado de cosas diferente al anterior, en donde habrá bendición y crecimiento, y nuevas posibilidades de ministerio.

 

Pero claro, ¡son 14 pares! Poder superar un estado de cosas y avanzar a uno mayor no es algo que suceda por arte de magia, ¡Dios no hace magia! Él es un Dios de procesos, por eso ha determinado TIEMPOS precisos para actuar y para que las cosas se hagan.

 

Movernos de nuestro kairos presente a un kairos superior implica mucho esfuerzo y crecimiento. Y una parte de ese proceso es hacer todo lo que explica Eclesiastés 3, en el momento preciso. Son 14 escalones “de a pares” para entrar en el tiempo nuevo. De paso digamos que el número 15 simboliza en la Biblia un nuevo camino, al que se llega después de haber transitado las 14 etapas previas.

 

¿Cómo sabemos cada tiempo? Eclesiastés nos da una de las pistas; se trata de un libro escrito “debajo del sol”, es decir, “con los pies sobre la tierra” desde una perspectiva del creyente pero sin considerar el mundo espiritual. Entonces, una pata es entender los tiempos y los procesos que vemos que están ocurriendo en nuestro mundo. Sin embargo, eso puede ser problemático porque hoy la manipulación y la desinformación intencionada hace que debamos buscar mucho y ser muy cuidadosos en discernir lo que es correcto.

 

Por encima de eso, Dios ha dejado marcados tiempos y procesos en Su Palabra que debemos conocer. Y todo eso se completa y perfecciona con la guía del Espíritu Santo, ya sea hablándonos a nosotros o bien a través de los profetas que está levantando en este tiempo.

 

Hay muchas fuentes de información a las que podemos prestar atención, pero en el mejor de los casos tendremos un panorama incompleto y medio erróneo si no tenemos la guía clara del Espíritu. Por lo tanto, el corolario de todo esto es, simplemente que debemos pedirle al Señor que nos revele los sucesos por venir y los tiempos adecuados para cada acción, sea lo más pequeño y doméstico o sea lo que ocurrirá a nivel mundial.

 

Mateo 7:7 RVC

7 »Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá.

 

Podríamos reescribir el versículo en su forma negativa: no pidan (conocer los tiempos) y no se les dará (comprensión sobre ellos), no busquen (entendimiento) y no lo encontrarán, no llamen (a la Cámara de los Tesoros del Reino de los Cielos) y no se les abrirá.

 

Si hemos seguido los acontecimientos de los últimos años podremos ver cómo “ellos” son muy precisos en los tiempos y las fechas, porque conocen esta verdad y la aplican al detalle. Mientras tanto, veo que multitud de cristianos está dando vueltas en el desierto sin atinar a encontrar el camino ni mucho menos saber qué tienen que hacer en este tiempo preciso, ¡cuando tenemos a nuestra disposición toda la Fuente de Conocimiento!

 

Digamos de paso que 28 (14 x 2) simboliza la guía del Espíritu, viene después de 27 que es el Ministerio de Salvación y le sigue 29, que es salida, y que antecede a 30, que es la dedicación para el gobierno. Así que, entender y aplicar los tiempos es necesario para “salir” de nuestro estado actual y tomar luego la posición de autoridad.

 

Los cristianos en general han vivido mucho tiempo sin tener, en general, una idea muy clara de “tiempos y momentos oportunos”, o en todo caso, con unos conceptos básicos, más bien seculares, “debajo del sol”. A veces hemos sido guiados por el Espíritu en acciones precisas, pero más bien como eventualidades.

 

Pues bien, eso ha sido un error que, en todo caso, fue “tolerable” en el pasado, pero por cierto no ahora. A medida que los tiempos se vuelven más peligrosos y desafiantes, más precisos debemos ser en conocer los tiempos, los días e incluso las horas adecuadas para cada evento, y no dudar en lo que debe ser hecho en cada situación.

 

 

Danilo Sorti

 

viernes, 20 de mayo de 2022

833. El tiempo de Joel – V

 Joel 1:13-14 RVC

13 »Ustedes los sacerdotes, ministros del altar, ¡vístanse de luto y lloren! Vengan y duerman con el cilicio puesto, ministros de mi Dios, porque en la casa de su Dios ya no hay ofrendas ni libaciones.

14 Proclamen ayuno, convoquen a una asamblea; congreguen en la casa del Señor su Dios a los ancianos y a todos los habitantes de la tierra, e imploren su ayuda.

 

Aunque resulte todavía difícil encontrar el tiempo y evento exacto al que se refiere Joel en los versículos anteriores (creo yo, todavía en el futuro, pero no muy lejano), no quedan dudas del significado de este pasaje: a lo largo de los siglos ha sido uno de los principales llamados al arrepentimiento para el liderazgo de la iglesia.

 

Generalmente los que alcanzan una posición de liderazgo dentro de la iglesia suelen estar en una posición “protegida” y segura. Se mantiene una especie de fetichismo que nos asegura que mientras más cuidados estén los “representantes de Dios” mejor nos va a ir. Por un lado, hay un mandato bíblico allí y es totalmente válido, por otro, la consecuencia suele ser que el liderazgo termina alejándose de las vicisitudes y necesidades del “hombre común”, y sus prácticas y enseñanzas se pierden del verdadero propósito del Espíritu.

 

Este hecho, que es común en las iglesias históricas y establecidas, no lo era en nuestras jóvenes iglesias evangélicas, pero a medida que maduraron y crecieron (algunas de ellas, claro), el liderazgo “de referencia” terminó en su torre de marfil, lejos de las necesidades y del verdadero lenguaje de los miembros, predicando un Evangelio ampuloso pero incapaz de traer el verdadero mover del Espíritu y genuina transformación.

 

La estructura del sacerdocio levítico no era diferente, al contrario; al estar “apartados”, fácilmente terminaban “apartados” de las necesidades de la gente, por lo que Dios mismo se iba a encargar de que “bajaran a tierra”: ya no habría ni recursos ni materiales para el culto, ya no tendrían “nada que hacer” en su “oficio sagrado”, así que ¡no les quedaría más remedio que buscar a Dios con todo su corazón! Pero… ¿no se supone que eso es lo que debieron haber hecho siempre…?

 

El juicio del Devorador no solamente era sobre el pueblo sino sobre el liderazgo espiritual y su oficio. Por supuesto, también el pueblo se veía afectado al no poder cumplir con sus ritos y deberes sagrados. No podía “acercarse” a Dios a través de sus acciones, así que, ¡no le quedaba más remedio que buscarlo en ayuno y arrepentimiento! De nuevo, ¿no se suponía que siempre debieron hacerlo?

 

Tanto para unos como para otros, Dios cortó lo que hoy llamaríamos el “circo eclesiástico”. Evidentemente, los actos que debían haber servido para que las personas expresaran mejor su corazón habían terminado reemplazando la verdadera comunión del espíritu con el Espíritu, así que, sencillamente, Dios lo cortó.

 

Cualquier parecido con lo que ha pasado en estos dos años anteriores con la falsa pandemia ¡no es para nada una coincidencia! Pero, como ni el pueblo ni el liderazgo realmente cambiaron cuando Dios cortó por un tiempo las “actividades religiosas”, ahora viene, y ya está aquí, el Devorador, el caballo negro de Apocalipsis.

 

Trigo, mosto y aceite; no se mencionan por casualidad ni están en ese orden por azar. El trigo, que se cosecha directamente de los campos, es símbolo de la obra del Padre, el “fruto que viene de Él”, por decirlo de algún modo. Tiene que ver, entre otras cosas, con las cuestiones más materiales y físicas; falta la provisión material para la obra y faltan las personas que son traídas por el Padre para que escuchen el mensaje.

 

El mosto es el vino, y eso nos remite directamente a Jesucristo, a los bienes y el gozo del Reino Venidero, que empezamos a disfrutar aquí mismo por medio de Él y la comunidad de los Suyos. Eso se ha perdido, la comunidad se ha desmantelado y no hay gozo de comunión ni de celebración.

 

Y el aceite, no hace falta decirlo, es el símbolo del Espíritu y todas Sus manifestaciones de dones, frutos, poder y transformación de vida. No hay nada de eso tampoco.

 

Es decir, no tenemos nada de lo que normalmente definiría la vida del pueblo de Dios. No queda nada más que dedicarse al ayuno, la humillación y la oración.

 

Entonces, el liderazgo de este pueblo solo tiene algo que puede, y debe, hacer:

 

1)      Proclamen ayuno,

2)      convoquen a una asamblea;

3)      congreguen en la casa del Señor su Dios a los ancianos

4)      y a todos los habitantes de la tierra,

5)      e imploren su ayuda.

 

Cinco es número de gracia, cinco acciones son necesarias para re ubicarse en la gracia de Dios, y esto lo tiene que hacer el liderazgo.

 

Cinco es también el número de ministerios y suele ser útil aplicar el orden de aparición de ellos en relación con lo que se menciona. No voy a profundizar el tema, pero los cinco, cada uno en función de su llamado específico, tiene una parte de la responsabilidad.

 

Primero es necesario convocar ayuno para que los oídos espirituales se destapen. Luego, llamar a una reunión santa, para aplicar el principio de la unidad y para que las personas entiendan que deben dejar todo lo que están haciendo y concentrarse en un solo propósito.

 

Tercero, hay que ir a buscar a los ancianos, los líderes o referentes de la sociedad, y traerlos. Luego, traer al resto, todos, sin excepción. Finalmente, implorar la ayuda del Señor.

 

No puedo evitar pensar en el tercer sello, el caballo negro que trae escasez. Juan ve lo que está pasando en el mundo, desde la perspectiva del Cielo, pero Joel ve lo que pasa en el pueblo de Dios, desde la perspectiva de la tierra, y, como veremos, son dos cosas muy diferentes.

 

 

Danilo Sorti

 

miércoles, 11 de mayo de 2022

832. El tiempo de Joel – IV

 Joel 1:6-9 RVC

6 Un pueblo fuerte y muy numeroso viene contra mi tierra. Sus dientes y sus muelas parecen de león.

7 Ha asolado mi viña, y descortezado mi higuera; la ha dejado completamente pelada y por el suelo; ¡sus ramas se han quedado desnudas!

8 »Llora tú, como la joven que guarda luto por el esposo de su juventud.

9 En la casa del Señor ya no hay ofrendas ni libaciones; los sacerdotes que sirven al Señor están de luto.

 

Y aunque todo el texto se está refiriendo a lo mismo, también vemos aquí claramente un juicio sobre el Pueblo del Señor. Veamos las imágenes que utiliza:

 

·         Mi tierra

·         Mi viña

·         Mi higuera

·         La joven

·         La casa del Señor

·         Los sacerdotes

 

Y podemos encontrar más si seguimos con los otros versículos:

 

Joel 1:10-12 RVC

10 Los campos están asolados y de luto, porque el trigo ha sido destruido. Mosto no hay, y el aceite se ha perdido.

11 »Ustedes, labradores y viñateros, preocúpense por el trigo y la cebada, porque se han perdido las cosechas.

12 Las vides están secas; perecieron las higueras y los granados, las palmeras y los manzanos; ¡secos están todos los árboles del campo! Por eso no hay para nadie motivo de alegría.

 

·         Los campos (de labor)

·         El trigo

·         El vino

·         El aceite

·         Los labradores

·         Los viñateros

·         Los árboles

 

Todas estas palabras se usan en sentido simbólico para referirse ya sea al Pueblo del Señor o a los obreros del mismo.

 

Entonces, si lo miramos desde este punto de vista, ¿qué es lo que realmente ha sido “devorado”? ¿El alimento físico o el alimento espiritual? Pues bien, digamos que la hambruna llega cuando el alimento espiritual ya venía escaseando desde hacía rato. Y se cumple el principio bíblico:

 

Mateo 25:29 DHH

29 Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.

 

Aunque me gusta más como lo expresa Lucas:

 

Lucas 8:18 RVC

18 Escúchenme bien: a todo el que tiene, se le dará; y al que no tiene, hasta lo que cree tener se le quitará.»

 

Los recursos del Pueblo de Dios son devorados porque ya no había Palabra, aunque creían tenerla. Joel anuncia el juicio para la tierra pero más que nada, para el Pueblo de Dios. Por eso Pedro lo cita en su discurso inaugural, porque el juicio estaba por caer sobre Judea, tal como ocurrió una generación después.

 

Podemos identificar cinco acciones que se relacionan con cada uno de los cinco ministerios enumerados en Efesios 4, y en todos los casos hay un juicio sobre ellos que implica el “cese” en sus funciones.

 

7 Ha asolado mi viña, y descortezado mi higuera; la ha dejado completamente pelada y por el suelo; ¡sus ramas se han quedado desnudas!

 

Los apóstoles, que son los arquitectos de la obra del Señor, los que establecen su estructura y diseño general, ven como todo lo que han construido se queda “pelado”; en la “viña” se ven los surcos y el diseño de plantación, y en la “higuera” el tronco y las ramas. Es como un edificio que tiene solo el esqueleto, la estructura de columnas y lozas, nada más.

 

Pero la misericordia de Dios se manifiesta aquí porque esto permite que los “peritos arquitectos”, como se definiría Pablo a sí mismo, reevalúen su obra y se den cuenta de lo que han estructurado mal. Cuando el árbol está cubierto de hojas, no podemos ver si hemos podado mal, o si las ramas han crecido estorbándose mutuamente, pero cuando queda vacío, sí.

 

Cuando la obra bulle de vida, todo puede “taparse” con la actividad, pero cuando la actividad desaparece sale a luz el fundamento.

 

8 »Llora tú, como la joven que guarda luto por el esposo de su juventud.

9 En la casa del Señor ya no hay ofrendas ni libaciones; los sacerdotes que sirven al Señor están de luto.

 

Pero, ¿qué clase de vida había? El profeta es el encargado de mantener viva la Vida de Dios e impedir que otra “vida” extraña penetre. Pero claramente eso era lo que había sucedido.

 

“Otro” marido había terminado desposándose con la Novia, pero ahora es quitado, por es la joven llora, y por eso los profetas invitan al pueblo a lamentarse también, pero esto es el principio de la restauración; es necesario que sea quitado el extraño que está seduciendo a la Novia.

 

Ya no hay ofrendas, pero, ¿qué clase de ofrendas se estaban presentando? ¿Realmente las que agradaban a Dios? Cuando el Señor impide que se sigan entregando esas ofrendas es porque ya no suben a Su presencia, y si no lo hacen, ¡pues “bajan”!... y terminan alimentando otra presencia. Por eso el Señor las corta, y deja tiempo a los profesionales de la religión para que hagan lo que normalmente no hacen: reflexionar y buscar a Dios.

 

Por eso viene el luto a la Casa del Señor.

 

10 Los campos están asolados y de luto, porque el trigo ha sido destruido. Mosto no hay, y el aceite se ha perdido.

 

Los evangelistas encuentra su lugar “afuera” de la estructura de iglesia, pero ahora ni siquiera hay un campo para cosechar. El Padre no está enviando “trigo”, ni el Hijo está haciendo madurar a las uvas ni el Espíritu produciendo “olivos”. No hay cosecha para levantar, ¿por qué habría de haberla? ¿Acaso no terminarían haciendo de ellos doblemente merecedores del infierno, como dijo Jesús acerca de los “misioneros” de su tiempo?

 

Ellos también son llamados a revisar el Evangelio que están predicando, y quitarle toda adulteración.

 

11 »Ustedes, labradores y viñateros, preocúpense por el trigo y la cebada, porque se han perdido las cosechas.

 

La expresión es más clara con otra traducción:

 

11 Ustedes, los que trabajan en campos y viñedos, lloren entristecidos, pues se echaron a perder las siembras y las cosechas de trigo y de cebada.

 

No hay más nada para “almacenar”, nada para guardar. Esto se refiere a los pastores, que ya no tienen gente en sus congregaciones. De nuevo, ¿por qué habrían de recibirla, si el grano terminaba “pudriéndose” en esos graneros?

 

Ahora que los depósitos quedaron vacíos es el tiempo de limpiarlos y quitar toda contaminación y todo resto enmohecido que terminaba contaminando a lo nuevo.

 

12 Las vides están secas; perecieron las higueras y los granados, las palmeras y los manzanos; ¡secos están todos los árboles del campo! Por eso no hay para nadie motivo de alegría.

 

Los maestros deben hacer fructificar a los hijos de Dios, son los encargados de sembrar en ellos las semillas precisas para que den los frutos adecuados. Pero ya no hay “árboles” que puedan echar fruto, no hay “terrenos” para sembrar esas semillas. ¿Y qué semillas estaban sembrando?

 

 

El Pueblo de Dios ha quedado desolado por el ataque de las langostas. Hay, por un lado, una profecía para las naciones, y por otro, una profecía para la iglesia. Todo el mover de la obra ha cesado y quedan expuestos los verdaderos cimientos. Literalmente, es el cumplimiento de la profecía paulina:

 

1 Corintios 3:12-15 RVC

12 Y si alguno edifica sobre este fundamento, y pone oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, u hojarasca,

13 su obra podrá verse claramente; el día la pondrá al descubierto, y la obra de cada uno, sea la que sea, será revelada y probada por el fuego.

14 Si lo que alguno sobreedificó permanece, ése recibirá su recompensa.

15 Si lo que alguno sobreedificó se quema, ése sufrirá una pérdida, si bien él mismo se salvará, aunque como quien escapa del fuego.

 

Generalmente hemos ubicado este texto en el tiempo de la segunda venida o del Tribunal Celestial, y no es errado, pero también hay un cumplimiento mucho más cercano: la hora de prueba es el “fuego”, y en este caso, los espíritus devoradores materializados como langostas.

 

Llegará el tiempo en el que la humanidad verá a esos “insectos” diabólicos, pero ahora vemos a sus espíritus, haciendo la misma obra.

 

Esta sección concluye con la frase:

 

Por eso no hay para nadie motivo de alegría.

 

Pero esto es lo que dijo Isaías:

 

Isaías 22:12-13 RVC

12 Ese día Dios, el Señor de los ejércitos, los convocó al llanto y al lamento, a raparse el cabello y a vestirse de cilicio;

13 pero ustedes prefirieron gozar y divertirse, matar vacas y degollar ovejas, comer carne y beber vino. Y decían: «Comamos y bebamos, que mañana moriremos.»

 

El día en que el Señor trae un juicio tan grande es el día de un gran arrepentimiento. Pero antes de ese juicio vino un llamado, como vemos en Isaías. No lo escucharon, al contrario, aún viendo que venía el desastre, prefirieron sumergirse más en sus placeres mundanos, por eso el Señor no tuvo más remedio que quitarlos. Y es serio, porque también dice:

 

Jonás 4:11 RVC

11 ¿Y yo no habría de tener piedad de Nínive, esa gran ciudad con más de ciento veinte mil habitantes que no saben distinguir cuál es su mano derecha y cuál su mano izquierda, y donde hay muchos animales?»

 

Dios tiene piedad de Su Creación, sin dudas, pero la referencia a los animales aquí puede entenderse en un sentido más bien económico: son la fuerza de trabajo que mantenía la economía de esta ciudad, en extremo pecadora, pero que a pesar de eso era objeto del amor divino.

 

¿Qué vamos a hacer ahora que la “langosta” viene?

 

Danilo Sorti

 

lunes, 9 de mayo de 2022

831. El tiempo de Joel – III

 Joel 1:4-5 RVC

4 Lo que la oruga dejó se lo comió el saltón, y lo que dejó el saltón se lo comió el revoltón, y lo que el revoltón dejó se lo comió la langosta.

5 »Despierten, borrachos, y lloren; y todos ustedes, los que beben vino, giman por causa del mosto, porque se les va a quitar de la boca.

 

Estos insectos no son simples animalitos, tienen una dimensión espiritual más profunda. Son seres pequeños, insignificantes por sí mismos, pero que en grandes cantidades provocan un daño formidable.

 

Es sugestivo que la primera consecuencia que menciona el Espíritu en la profecía sea sobre los borrachos. No es la única pero sí la primera. ¿Por qué envía Dios este juicio? Por lo pronto, aunque no únicamente, porque las bendiciones de la provisión de alimentos están siendo mal usadas. Si han corrompido el verdadero sentido y propósito del alimento, entonces les es quitado. ¿Y qué época de la humanidad ha corrompido más el propósito y naturaleza de los alimentos que ésta? ¿Va a permitir el Señor que sigan mal usando lo que Él ha creado para bendición? Claro que no.

 

Ninguna época como esta ha engordado con alimentos totalmente alejados de su diseño natural, mientras condenaba a otros tantos millones a la inanición o malnutrición. El mundo siempre ha podido producir alimentos suficientes para todos sus habitantes. Hoy ha salido al tapete el supuesto problema de la sobrepoblación y la falta de recursos, pero sabemos que eso es falso. Sin embargo, “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe” y ahora sí Dios les está mandando lo que tanto han “profetizado” con sus bocas y creído con sus mentes entenebrecidas.

 

Todos los que han abusado de los alimentos, que se han “emborrachado” con ellos, y no se refiere solo a la borrachera literal sino a todo tipo de abuso para lograr algún estado emocional alterado, ahora no los tendrán más, ni para seguir “emborrachándose” ni para alimentarse.

 

Justamente, las alteraciones y contaminaciones que vienen sufriendo los alimentos, especialmente los más procesados, desde hace rato, tienen como uno de sus propósitos lograr cambios en el comportamiento, emociones y hasta pensamientos de las personas. Hace rato que las grandes compañías “alimenticias” hacen pactos con las tinieblas, hace rato que los aditivos son cada vez más peligrosos y los residuos de agroquímicos más insidiosos en los trastornos metabólicos que generan (el famoso glifosato a la cabeza de todos ellos). Incluso los últimos mensajes de los profetas claramente están mostrando que hasta hay agregados de carne humana en las preparaciones de ciertos lugares de comidas rápidas que no es necesario mencionar…

 

“Despierten” del “sueño” en el que se encuentran, es obviamente un sentido simbólico y creo que es bastante evidente. Esta comida adulterada / mal usada provoca un sueño o alteración psíquica, y hay suficientes investigaciones que explican los diversos mecanismos fisiológicos por los cuales sucede esto. Difícil de entender para muchos evangélicos que se han quedad con el pasaje de Hechos en el cual el Espíritu le ordena a Pedro “matar y comer”, a partir del cual sencillamente tiraron a la basura todos los principios sobre la buena alimentación que Dios le dio a Moisés, y no del todo claro para los modernos judaizantes que se han quedado en la letra de dichas instrucciones pero no han profundizado en las razones. Claro y evidente para los que han podido transitar por el medio de ambos extremos.

 

Así que este tremendo juicio empieza con un dramático proceso de desintoxicación. Digamos que la humanidad es llevada a un ayuno forzoso para lograr ese objetivo. No hay juicio divino que no entrañe una medida de misericordia. Y de paso digamos que el llanto también viene bien para eliminar toxinas…

 

Así que, una humanidad que de repente está siendo descontaminada a la fuerza puede (si quiere) darse cuenta de cuán dramática es la situación en la que viven. Por supuesto, no todo será tan llevadero para todos, para unos cuántos simplemente puede significar la muerte por inanición o enfermedades relacionadas con ella.

 

La expresión “quitar de la boca” es fuerte y nos está sugiriendo algo más que una simple plaga, sea lo que sea que esa plaga signifique. Me parece ver aquí una acción decidida de los gobiernos para restringir el acceso a los alimentos, algo muy lógico en medio de la escasez.

 

Joel 1:6 RVC

6 Un pueblo fuerte y muy numeroso viene contra mi tierra. Sus dientes y sus muelas parecen de león.

 

Los títulos que suele haber en las Biblias son útiles para guiarnos pero también pueden confundirnos, especialmente en las profecías. Este pasaje puede referirse a lo mismo que viene hablando, pero también puede ser un “salto profético” hacia otro significado, y creo que tiene mucho de eso.

 

Por un lado este pueblo “fuerte y numeroso” son los “insectos” que traen la destrucción de los alimentos, pero por otro lado no lo son. Aquí el profeta está mirando más allá todavía y ve una invasión futura de seres espirituales que se parecen a los insectos en su forma pero que van a traer una destrucción mucho mayor. En medio de un contexto de crisis van a aparecer, y serán terribles.

 

Por lo pronto, quedémonos con la imagen relacionada con el contexto: se trata de los devoradores, propiamente, los espíritus que devoran los recursos. La avaricia y la avidez por ellos, siendo la glotonería y la borrachera unas de sus formas, es lo que les abre las puertas; son ellos mismos espíritus “glotones y borrachos”, que se “devoran” todo lo que encuentran.

 

Pero cuidado con esta expresión: “viene contra mi tierra”. No se trata, como dije, de un juicio durante el tiempo de los grandes juicios, sino de un juicio previo, durante los “dolores de parto” que ahora estamos viviendo.

 

Aquí tenemos la primera referencia importante: estos juicios no son exactamente sobre el mundo, aunque por cierto que los sufrirán, sino principalmente sobre la iglesia, los hijos o los que se llaman hijos de Dios. El principal objetivo es despertar a la iglesia, y no vemos que eso esté realmente ocurriendo hasta ahora.

 

 

Danilo Sorti

sábado, 7 de mayo de 2022

830. El tiempo de Joel – II

 Joel 1:2-3 RVC

2 «Ustedes los ancianos, ¡oigan esto! Y ustedes, los habitantes de toda la tierra, ¡escuchen! ¿Acaso sucedió algo así en sus días, o en los días de sus padres?

3 Esto lo contarán ustedes a sus hijos, y sus hijos a sus propios hijos, y ellos a la generación siguiente.

 

Joel, que es un “ilustre desconocido” en la Biblia, habla a una generación también “ilustremente desconocida” para decirle que Dios irrumpiría de manera dramática, marcando un hito en la historia.

 

El mensaje del profeta nos alerta acerca de la falsa seguridad de pensar que “esto ya ha pasado antes…”. Dado que vivimos en una época de extrema necedad, es uno de los falsos argumentos con el que la gente se queda tranquila, “¡esto ya sucedió!”, y confunden los hechos modernos con algunos sucesos más o menos catastróficos del pasado sin tener la correcta dimensión de uno y otro.

 

Es cierto que “no hay nada nuevo bajo el sol” en el sentido de que todo lo que sucede ha sucedido ya en cierta medida, de alguna forma. Eso es verdad. Pero no es verdad que haya sucedido exactamente igual y, en especial, con la misma magnitud. Lo que viene, si bien es similar a diversos sucesos de la antigüedad, será tan diferente y único que no tendrá muchos puntos de comparación en cuanto a su alcance.

 

¿Cuándo ocurrió esta plaga de langostas? No sabemos exactamente. No era infrecuente que tal cosa sucediera, y eventualmente alguna manga sería realmente grande y devastadora. Pero, ¿se justificaría en tal magnitud como para mantener su recuerdo durante generaciones? Todos los pueblos han tenido sus crónicas, y más el pueblo de Israel, por lo que en un sentido quedaría escrita una memoria de ellos, pero no podemos identificar fácilmente en el texto bíblico que haya quedado un especial recuerdo de una plaga especialmente grande, de tal forma que sirviera como “hito histórico”.

 

Entre paréntesis, ¿”hito histórico” para qué? Pues bien, el Dios de Israel no es un Dios abstracto, teórico o filosófico, al estilo de los dioses griegos, es un Dios muy concreto; Él se da a conocer, se manifiesta primero (sea con juicios, bendiciones, o alguna señal indubitable) y luego revela algo de Sí, de tal forma que los pueblos lo conozcan, crean en Él y se conviertan.

 

No hay hitos históricos “porque sí”, en el vacío, nada ocurre simplemente por ocurrir, tal como la historiografía moderna, atea y progresista, se empeña en decir. Por lo tanto, esta plaga anunciada tendría que servir de punto de partida para alguna revelación fundamental del Señor. Pero no parece que tengamos eso en la Biblia, al menos no de una manera muy clara y evidente.

 

Entonces, ¿la plaga de magnitudes apocalípticas ocurrió realmente en el tiempo de Joel o más bien fue un anuncio profético basado en una plaga real pero no tan catastrófica?

 

Conociendo la dinámica profética no resulta nada improbable que sea lo último. Es más, al seguir analizando el texto y ver luego la cita que hace Pedro, sin dudas que se trata de eso. Así que tenemos un hecho histórico que dio lugar a que el profeta pudiera ver más allá. Sucedió una “semilla” en el tiempo que luego daría un “árbol cargado de fruto” en el futuro. Y ese futuro de Joel es nuestro presente.

 

Tendremos que saltar un escollo teológico que se ha puesto en las enseñanzas cristianas según el cual luego del arrebatamiento la tierra es completamente destruida por el Anticristo y los juicios divinos. La Biblia nos muestra que eso no será así. Seguirá habiendo seres humanos, que serán los que habitarán el Reino Milenial, el cual será un tiempo de paz y justicia, no sin pecado pero sí muy diferente al presente. ¿Por qué?

 

No se trata de que Dios le vaya a quitar el control del mundo al hombre, porque eso lo determinó ya en Génesis y Dios no cambia Sus promesas. Se trata de que las personas que repueblen ese nuevo mundo serán distintas, entre otras cosas, porque tendrán una memoria distinta. Así que entre todo lo que ocurrirá, habrá algunos eventos que relata Joel que serán claves para fundar esa nueva sociedad. Y esta gente “común y corriente” de repente jugará un rol clave.

 

El mandato se dirige primero a los ancianos, los que tenían el registro del pasado cercano y también del más lejano; ellos debían comparar lo que estaba por ocurrir con lo que había ocurrido ya, y darse cuenta de que “no era lo mismo”. Luego, habla a todos los moradores de la tierra, que sin dudas sufrirían el impacto del acontecimiento. Lo que iba a pasar (o estaba pasando ya) sería algo único tanto en el pasado como en el futuro. La memoria de ello debería mantenerse, para que las generaciones por venir mantuvieran el testimonio.

 

La gente de este tiempo está siendo testigo de eventos únicos y terribles, que deberán ser recordados en los siglos por venir, para que los pueblos que nacerán no se aparten del Creador como esta sociedad.

 

Bien, en esencia, ¿qué era y será este hecho tan terrible del que habrá que tener memoria?

 

Joel 1:4 RVC

4 Lo que la oruga dejó se lo comió el saltón, y lo que dejó el saltón se lo comió el revoltón, y lo que el revoltón dejó se lo comió la langosta.

 

La identificación de los insectos no es tan clara en las traducciones y creo sinceramente que no terminaremos de entender a qué se refiere hasta que no nos toque vivirlo. Por lo pronto, hay cuatro “bichos” aquí, y ese número e utiliza para referirse a toda la tierra en la Biblia (los cuatro puntos cardinales). Así que tenemos una palabra de uso muy común en el versículo 2 que se traduce como “tierra” y que puede referirse a una tierra en particular o a todo el planeta, y luego el uso del cuatro que fuertemente indica toda la creación material, por lo que se refuerza la idea de “todo el mundo”. Es decir, todo el planeta (o una superficie lo suficientemente grande) sería afectada por esta plaga en cuatro etapas y por acción de cuatro gentes distintos.

 

Las langostas vuelven a aparecer en Apocalipsis:

 

Apocalipsis 9:2-6 RVC

2 El ángel abrió las profundidades del abismo, y de allí salió humo, como de un horno enorme, y ese humo hizo que el sol y el aire se oscurecieran.

3 Del humo salieron también langostas, que infestaron la tierra; y se les dio el mismo poder que tienen los escorpiones de la tierra,

4 pero con la orden de no dañar la hierba ni los árboles, ni nada que tuviera verdor, sino sólo a quienes no tuvieran en la frente el sello de Dios.

5 No se les permitió matar a nadie, sino sólo hacer sufrir a la gente durante cinco meses con el mismo dolor de una picadura de escorpión.

6 Durante ese tiempo la gente intentará morir, pero no lo conseguirá; deseará la muerte, pero ésta huirá de ellos.

 

Sin embargo, aunque parecidas, no vemos que sea exactamente lo mismo. Mientras las primeras están afectando a la creación material y a partir de allí a las personas, las segundas afectan directamente a las personas. Sin embargo, hay una referencia sugestiva en esa segunda plaga: no son naturales; claramente son materializaciones de espíritus inmundos o creaciones genéticas o tecnológicas poseídas por los tales. Al respecto ya contamos con varios testimonios de profetas que han visto tales criaturas y percibido claramente que se trata de demonios atormentadores.

 

Más cercano al tiempo de Joel tenemos a Amós, y allí encontramos lo siguiente:

 

Amós 7:1 RVC

1 Esto es lo que el Señor me hizo ver: Estaba él criando langostas en el tiempo en que empieza a crecer el heno tardío, es decir, el heno tardío que sale después de las cosechas del rey.

 

Aunque naturales, estas tienen un origen espiritual: son una herramienta de juicio (tal como las de Apocalipsis, de hecho).

 

Langostas vimos también en Egipto, como una de las plagas, y Deuteronomio 28 explicita que será una de las consecuencias de la desobediencia, como castigo y como llamada de atención para que el pueblo se arrepienta.

 

Los que primero escucharon el mensaje de Joel no tenían, obviamente, la perspectiva de Apocalipsis ni de los últimos tiempos, pero sí la clara exposición de Deuteronomio 28, por lo que la simple palabra “langosta” bastaba para indicar que se trataba de un juicio divino.

 

Las langostas son indudablemente en la Biblia un castigo, especialmente vinculado con tiempos apocalípticos, tiempos de grandes crisis y grandes cambios. No podemos decir que sean exactamente las mismas que Apocalipsis pero algo es seguro: se trata de una plaga que provocará una gran hambre y se extenderá por toda la tierra, o al menos, por gran parte de ella.

 

Eso está reservado para los últimos tiempos, no aún para el tiempo de los juicios mayores, sino para este tiempo, tal como está siendo profetizado en estos mismos momentos. Tiene un propósito y hay un resultado esperado sobre el pueblo de Dios, que seguiremos comentando en un próximo artículo.

 

Danilo Sorti