domingo, 19 de febrero de 2023

838. En el tiempo señalado – V: matar y curar

 

Eclesiastés 3:3 RVC

3 el momento en que se hiere, y el momento en que se sana; el momento en que se construye, y el momento en que se destruye;

 

Eclesiastés 3:3 DHH

3 Un momento para matar, y un momento para curar. Un momento para destruir, y un momento para construir.

 

En una cultura rural resultaba claro que habría un momento para cuidar y curar a los animales que se criaban y otro momento en el que había que sacrificarlos. También en la misma sociedad, acostumbrada a las guerras, vendría el momento del conflicto y la muerte y el tiempo de la paz y el cuidado. En este último sentido la humanidad no ha cambiado, lamentablemente, más bien, se ha perfeccionado para que los momentos de matanzas sean cada vez más rápidos, “eficientes” y abarquen a la mayor cantidad de personas; mientras que la acción de “curar” se encuentra, hoy, completamente cooptada por las mafias farmacéuticas y médicas…

 

Pero veamos la perspectiva espiritual de estas dos acciones.

 

Lo primero que encontramos es cierto paralelismo con el primer par: nacer y morir, solo que esta vez las acciones las ejecuta la persona sobre “un tercero” o sobre algo externo. Hay un momento para hacer morir algo, o, como también se puede traducir, para “herir”; y luego hay un momento para sanar.

 

Colosenses 3:5-6 RVC

5 Por lo tanto, hagan morir en ustedes todo lo que sea terrenal: inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia. Eso es idolatría.

6 Por cosas como éstas les sobreviene la ira de Dios a los desobedientes.

 

Todos somos portadores de una naturaleza caída que debe morir cada día, pero que no lo va a hacer de buena gana, más bien, debemos hacerla morir conscientemente, ¿y cómo se logra eso?

 

Hebreos 4:12-13 RVC

12 La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

13 Nada de lo que Dios creó puede esconderse de él, sino que todas las cosas quedan al desnudo y descubiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que rendir cuentas.

 

La Palabra de Dios, tanto la escrita como el Espíritu, que la hace viva, es la que tiene el poder de HERIRNOS para exponer lo que verdaderamente hay en nuestro interior, de tal forma que seamos sanados.

 

Tenemos dos opciones: o dejamos que sea Dios quien haga la herida y “mate” lo que deba morir, o lo hacenos nosotros y nos ahorramos tiempo y sufrimiento. Justamente, el texto de Eclesiastés nos sugiere lo segundo.

 

Oseas 6:1 RVC

1 ¡Vengan, volvamos nuestros ojos al Señor! Ciertamente él nos arrebató, pero nos sanará; nos hirió, pero vendará nuestras heridas;

 

Si algo caracterizó el ministerio de Jesús fue el poder de sanidad que manifestó, que luego transmitiera a Sus discípulos. Tenemos que entender que esa sanidad no es solo física (que por cierto lo es) sino que en un sentido espiritual está indicando la sanidad profunda del alma. Así como usamos la Palabra para “atravesarnos” a nosotros mismos a fin de herir y matar la mala naturaleza, usamos luego el poder de sanidad para aplicarla sobre la herida, para que Dios construya allí una nueva naturaleza.

 

Si pudimos hacerlo en nosotros (o más bien, en la medida que estamos haciéndolo en nosotros) entonces podemos hacerlo en los otros.

 

Hay situaciones, actitudes, pensamientos, sentimientos, acciones que debemos decididamente “matar” con la espada del Espíritu. No podemos tolerarlas. Todo el Antiguo Testamento está lleno de guerras que Dios mismo inició contra Sus enemigos, y no pensemos que el Nuevo Testamento “cambió” en ese sentido: ahora las guerras no son físicas, sino espirituales, pero no por eso menos intensas o trascendentales, más bien, lo contrario.

 

A medida que los tiempos se oscurecen más, Dios nos está llamando a una guerra mucho más intensa contra las tinieblas. Si hemos pasado las dos etapas anteriores, podremos encarar esta tercera.

 

Y de esa guerra quedan “heridos”, que son aquellos que han abierto los ojos y se han dado cuenta del camino de condenación que llevaban y de cuán miserables son. Y los heridos que hoy tenemos están REALMENTE heridos, por lo que el poder de sanidad que debemos desplegar hoy es superior al que ha sido manifestado en todos los siglos pasados.

 

2 Corintios 3:5 RVC

5 Y no es que nos creamos competentes por nosotros mismos, como si esta competencia nuestra surgiera de nuestra propia capacidad. Nuestra competencia proviene de Dios,

 

La verdadera competencia espiritual siempre vino de Dios, solo que en tiempos pasados podíamos “disimular” con una buena capacitación humana. A medida que los tiempos se oscurecen más, esto no es posible.

 

La guerra sin cuartel es contra las huestes de maldad, que tienen cada vez más engañadas a las personas. Cuando alguien es liberado, saldrá de su prisión lleno de heridas, tantas que podemos creer que realmente no ha habido cambios en su corazón. Allí es donde nos toca sanar.

 

No voy a abundar en detalles porque hay bibliotecas enteras describiendo el proceso de sanidad del alma, aunque no seamos expertos en el tema (ya que hay ministerios específicos al respecto), tenemos que tener siempre el “botiquín de primeros auxilios”, tanto para los otros como para nosotros.

 

Herir, matar, curar y sanar son procesos que, como todos, debemos hacer conforme la guía del Espíritu.

 

Danilo Sorti

 

837. En el tiempo señalado – IV: plantar y cosechar

 

Eclesiastés 3:1-2 RVC

1 Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad:

2 El momento en que se nace, y el momento en que se muere; el momento en que se planta, y el momento en que se cosecha;

 

Si el nacimiento y la muerte de alguien o de algo es el marco más general que luego contiene y limita a todos los otros “tiempos propicios” para el resto de las actividades, “plantar y cosechar” es la segunda actividad de más largo plazo y que menos depende de nosotros.

 

No podemos determinar el momento de nuestro nacimiento y generalmente tampoco el de nuestra muerte; sin embargo, podemos y debemos intervenir directamente en “plantar” y, por supuesto, en “cosechar”. Pero, como dijo Pablo:

 

1 Corintios 3:6-7 RVC

6 Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios.

7 Así que ni el que siembra ni el que riega son algo, sino Dios, que da el crecimiento.

 

Todo el proceso de crecimiento hasta la madurez escapa de nuestras manos. Esto es completamente cierto en el ámbito agronómico y de la naturaleza, del cual se toman muchísimos ejemplos en la Biblia. Puede no ser tan cierto cuando utilizamos las expresiones de modo metafórico para indicar procesos de largo plazo que tendremos que desarrollar nosotros, pero lo cierto es que, cualquier cosa que implique “el futuro” ya no nos corresponde plenamente sino que está en manos de Dios:

 

Santiago 4:13-15 RVC

13 Ahora escuchen con cuidado, ustedes los que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, y estaremos allá un año, y haremos negocios, y ganaremos dinero.»

14 ¡Si ni siquiera saben cómo será el día de mañana! ¿Y qué es la vida de ustedes? Es como la neblina, que en un momento aparece, y luego se evapora.

15 Lo que deben decir es: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.»

 

El día de mañana ya no nos pertenece, por lo tanto, aplica la “ley de la siembra y la cosecha”.

 

Este principio es tan importante que lo vamos a encontrar en cualquier libro de autoayuda o desarrollo personal. No hace falta ser cristiano para reconocerlo y se encuentra sumamente extendido. Quizás porque “huele” a Nueva Era muchos creyentes no le prestan la debida atención, pensando que es, en todo caso, una táctica barata para vender libros. O quizás porque se habla tanto de él en ciertos ámbitos es que se ha vuelto banal para muchos.

 

Lo cierto es que nada de lo anterior lo invalida; por más popular que sea y por más secularizado que esté su uso, el que primero estableció ese principio es Dios y Su Palabra está llena de ejemplos.

 

Otro problema más serio, sin embargo, es que en esos mismos ámbitos se enseña de manera “mecánica”, como una especie de ley que funciona por sí sola, y eso tampoco es cierto. También ocurre que se la presenta como una ley que no está relacionada con otras leyes, de tal manera que no importa lo que esté pasando en otros ámbitos, inevitablemente va a funcionar. La siembra y la cosecha funcionan porque Dios la hace funcionar, y por lo tanto va a estar sujeta a todos los otros principios divinos y modulada por Su voluntad perfecta.

 

1 Corintios 15:19 RVC

19 Si nuestra esperanza en Cristo fuera únicamente para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los hombres;

 

El principio de la siembra y la cosecha funciona, pero no es una ley mecánica en esta vida. Probablemente no cosechemos todo lo que hayamos sembrado, algunos no cosecharán casi nada; la cosecha perfecta nos espera en los Cielos, no en esta tierra.

 

Habiendo dicho esto, y entendiendo claramente que debemos prestar atención a estos principios y leyes pero de ningún modo debemos pensar que funcionan APARTE de la voluntad de Dios, deberemos reconocer que muchísimo de lo que nos pasa cae dentro de la regla de la siembra y la cosecha, ya sea por nuestra propia siembra y cosecha como por la que hayan realizado nuestros antepasados. Y aquí debemos combatir contra el “pensamiento mágico” muy difundido entre tantos creyentes que les hace creer en un “Dios Papá Noel” que los librará de esta regla… y eso tiene parte de verdad, pero no toda…

 

Una buena siembra produce una buena cosecha, y viceversa. Una abundante siembra produce una abundante cosecha, y viceversa. Una siembra en buena tierra produce una cosecha apropiada, mientras que si la tierra es mala eso no pasa.

 

En la siembra y la cosecha hay trabajo humano, sin dudas, pero la mayor parte del “esfuerzo” le corresponde a la semilla y a Dios, quien hace llover y protege la planta mientras se desarrolla.

 

Del ámbito agronómico sabemos que no se puede plantar cualquier semilla en cualquier época ni en cualquier suelo ni de cualquier forma. De hecho, hay indicaciones muy precisas para cada especie y variedad; también es posible encontrar calendarios que dan recomendaciones en función de la luna y demás astros, ajustando las labores a los diseños celestes y las temporadas establecidas por el Creador.

 

Si esto es así con las semillas naturales, ¿será distinto con las semillas del esfuerzo humano? Sin dudas que no. Habrá un momento propicio para “plantar” esas semillas, es decir, para comenzar procesos largos (un proyecto, un estudio, una familia, etc.); también habrá momentos para acciones puntuales que darán fruto en el mañana (un encuentro de negocios, una charla, una propuesta…).

 

Todo lo que ocurrirá entremedio de esos dos extremos (sembrar y cosechar) está explicado, en cierto sentido, en el resto del texto. Y también en cierto sentido todas las otras acciones tienen que ver con sembrar y cosechar.

 

Ahora bien, es preciso entender que también hay un tiempo para cosechar:

 

Proverbios 10:5 RVC

5 Cosechar en el verano es pensar con sensatez; Dormirse en la cosecha es no tener vergüenza.

 

Aquí hay varias cuestiones muy concretas. A veces ha pasado tanto tiempo desde que sembramos que nos olvidamos de que en algún momento viene el tiempo de la cosecha. A veces hemos tenido tantas dificultades que ya no queremos saber más nada con el asunto y descuidamos el tiempo de los frutos.

 

Algunos se distraen ocupándose continuamente en sembrar y no “saben” que tienen que cosechar también. Esto puede ser por un complejo de víctima.

 

A veces estamos, sencillamente, distraídos, sin atender a los procesos que iniciamos y que habrían de dar su fruto en algún momento. A veces no sabemos cuándo es el momento de la cosecha. O quizás estemos ya tan agotados que no tenemos fuerzas para hacerlo.

 

En el ámbito empresarial y del desarrollo personal se habla muchas veces de que uno tiene que imaginarse en el lugar donde quiere estar, es decir, teniendo éxito y prosperidad, con su empresa funcionando como él quiere, vacacionando en los destinos paradisíacos con los que sueña… En cierto sentido, están enfocando el momento de la “cosecha”.

 

Por supuesto que desde la perspectiva bíblica se trata de algo muy distinto, pero el sentido general es válido: no podemos perder de vista que llegará el tiempo para recoger los frutos y deberemos estar preparados para él.

 

1 Corintios 13:13 RVC

13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor.

 

La siembra se realiza con fe, y la esperanza nos mantiene en el proceso hasta la cosecha, mientras que el amor es el fundamento de todo lo que hacemos. La esperanza se fundamenta en Dios Padre y tiene que ver con las cosas que “escapan” a nuestras manos; mientras que la fe se fundamenta en una palabra directriz del Espíritu, la esperanza se fundamente en quién Dios es, por lo tanto, no necesita ninguna “palabra profética”.

 

¿Qué más? Muchísimo, pero basta por ahora. Como todo, sembrar y cosechar son tiempos que deben ser guiados por el Hacedor de los tiempos, para tanto lo uno como lo otro sean apropiados.

 

 

Danilo Sorti

 

836. En el tiempo señalado – III: ¡ya muere de una buena vez!

 

Eclesiastés 3:1-2 RVC

1 Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad:

2 El momento en que se nace, y el momento en que se muere; el momento en que se planta, y el momento en que se cosecha;

 

Creo que debemos seguir un poco sobre el tema del nacimiento y la muerte. Aunque el nacimiento de cualquier proyecto siempre es difícil, como todo nacimiento va acompañado de emoción y esperanza, por lo cual tenemos una energía extra para enfrentar los muchos desafíos que implica. Sin embargo, decidir la “muerte” de un proyecto termina siendo más difícil.

 

Cuando nuestro proyecto ha andado siempre “a los tumbos”, no será difícil hacerlo morir, más bien resultará un alivio. Probablemente nunca debió haber nacido, o lo hizo a destiempo.

 

Si realmente nunca debió nacer, más vale que lo “matemos” lo más rápido posible y liberemos todos los recursos que consume (tiempo, dinero, personas, etc.) para aquello que sí debemos traer a luz.

 

Pero si nació a destiempo, tendrá los problemas de un bebé prematuro. Aquí necesitamos, como siempre, la sabiduría divina; ¿será lo mejor enfrentar esos problemas hasta que las cosas puedan acomodarse? ¿O será lo mejor cortar el proyecto y empezar de nuevo de una forma distinta? Obviamente, ¡no podemos hacer eso con un bebé!, pero sí con un proyecto… a veces…

 

O quizás será lo mejor dejarlo y esperar un nuevo tiempo para un nuevo proyecto.

 

Acabar con un proyecto o sueño implica un duelo, pero acabar con uno que sabemos que ha sido gestado en el Cielo pero mal manejado por nosotros implica, además, una carga de culpa difícil de soportar. No puedo decir mucho aquí solo que debemos recurrir a la Única y Suficiente provisión para todo pecado: la Cruz de Cristo, recibir Su perdón y aprender a perdonarnos a nosotros mismos. Si por orgullo decidimos no hacerlo, estaremos sosteniendo un proyecto insuflado por otra vida que no será la de Dios.

 

Como siempre, cuándo hacer cada cosa dependerá de la guía del Espíritu y no de nuestra comprensión humana.

 

Pero cuando un proyecto ha nacido y se ha desarrollado conforme a los diseños divinos, y ha producido fruto y ya está establecido, funcionando bien, sin demasiado esfuerzo, darle finalización es realmente difícil. De nuevo, aquí hace falta la sabiduría del Espíritu para saber cuándo es el momento de finalizar y cuándo está sufriendo ataques que deben ser enfrentados.

 

Empezar lo nuevo es difícil para todos, más vale lo viejo conocido. No por casualidad Jesús dijo:

 

Lucas 5:39 RVC

39 Y nadie que haya bebido el vino añejo, quiere beber el nuevo, porque dice: “El vino añejo es mejor.”»

 

Lo nuevo entraña riesgos, dificultades, marchas y contramarchas, mucho esfuerzo y pocas recompensas en el corto plazo, grandes riesgos, incertidumbre y… ¡mucha fe y oración! Es comprensible que, cuando estamos afianzados en algo que más o menos funciona, no queramos “hacerlo morir”, o más bien, tengamos miedo o pereza.

 

Pero esa es la forma de evitar “lo que viene”, porque todo lo que funciona lo hace en determinado contexto que le resulta más o menos favorable, o al cual ya está adaptado, pero en estos tiempos de cambios muy rápidos y dramáticos, los contextos cambian de la misma forma. Dios conoce lo que viene y nos previene antes de que nos metamos en un callejón sin salida.

 

Aunque eso no pase, aunque la obra pueda seguir ciertamente cambiará a lo largo del tiempo, y hay que ver si nosotros somos los más indicados para seguir estando allí. Puede ser que el proyecto como tal no muera, pero sí lo hará para nosotros porque lo mejor será que continuemos. De nuevo, esto también es difícil.

 

Y aún cuando nada de lo anterior ocurra, todavía debemos considerar que una obra, por más bien que funcione, nos estará impidiendo avanzar hacia “otra obra”. A veces Dios quiere llevarnos a otro nivel, darnos otros recursos, expandirnos, y no podemos continuar con lo que estamos haciendo. Quizás haya gente que pueda hacerse cargo y continuarla, que es lo mejor, pero quizás no, incluso si resulta el propósito de Dios que así sea, las personas elegidas pueden no querer hacerlo y deberemos en ese caso hacer morir algo que no debería morir porque nadie quiere continuarlo. También es duro, pero puede ser la mejor opción.

 

Todavía hay algo más, puede ser que realmente no hayamos conducido bien el trabajo y ya Dios decidió sacarnos de allí. En ese caso, lo mejor, aunque triste, será irnos “antes de que nos echen” y dejar que otro se haga cargo. Si nos sometemos a los procesos divinos rápidamente, también rápidamente podremos salir de ellos hacia nuevos destinos.

 

Cualquiera de nosotros que ya tenga unos años se dará cuenta de cuántas veces NO HEMOS actuado conforme estos tiempos y prolongamos lo que no debía ser prolongado, sufriendo pérdida por ello. Tenemos el ejemplo de la historia de Israel, que en su tiempo hizo “todo mal” y terminó siendo expulsada de su tierra, pero Dios ama la restauración, y aunque también hay un tiempo de juicio y procesamiento, hay siempre la posibilidad de un nuevo comienzo para los que se arrepienten, humillan y mantienen fieles:

 

Esdras 9:9 RVC

9 Hemos vivido en la servidumbre, pero dentro de ella Dios no nos ha desamparado, sino que por su misericordia ha hecho que los reyes de Persia nos concedan vida para poder reconstruir el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y brindarnos protección en Judá y en Jerusalén.

 

Así como hay momentos en que debemos “hacer morir” determinadas obras, proyectos o empresas, hay situaciones en que “son muertas” desde afuera.

 

Ezequiel 13:18-19 RVC

18 y diles de mi parte: “¡Ay de aquellas que cosen vendas mágicas para todas las manos, y hacen velos mágicos para toda cabeza, para atrapar a la gente! ¿Y van a hacer caer a mi pueblo, para salvar su propia vida?

19 ¿Y van a ofenderme entre mi pueblo a cambio de cebada y de mendrugos de pan, matando a quienes no deben morir, dejando con vida a quienes no deben vivir, y mintiéndole a mi pueblo, que cree en sus mentiras?”

 

Dios puede permitir que muera lo que no debe morir, pero eso no significa que esté de acuerdo con ello. Creo que también aquí podemos pensar en tantas cosas que “han muerto” por las presiones, dificultades y ataques externos, pero que sabíamos no debían morir. Inevitablemente sucede, ¿y entonces qué?

 

Filipenses 3:10 RVC

10 a fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte,

 

Aunque Pablo sabía que finalmente habría de morir por Cristo, como ocurrió años después de escribir esta carta, mientras tanto debía conocer a Cristo y al “poder de su resurrección”, es decir, el poder de Dios para levantar de la muerte lo que debe vivir. Todos los que hemos creído en Cristo hemos sido resucitados a una nueva vida, aunque nuestro cuerpo físico no haya muerto y vuelto a vivir, nuestro espíritu sí.

 

Ese poder de la resurrección, que de hecho se manifiesta a veces resucitando literalmente a los muertos, es el mismo que puede resucitar a los sueños, proyectos, organizaciones, empresas o lo que sea que esté muerto, o a punto de morir.

 

¿Cómo saber cuál es el tiempo adecuado para cada una de estas cosas? Repito lo mismo que he dicho en los artículos anteriores de esta serie:

 

Juan 16:13 RVC

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que habrán de venir.

 

Es sólo por la guía del Espíritu y no por nuestras propias buenas ideas o sabiduría.

 

Bueno, bueno, pero al final ¡no estás diciendo nada, hermano, solo que oremos al Señor! Quizás parezca que no es “nada” (aunque es muchísimo), pero la realidad bien práctica es que nos resulta mucho más fácil escuchar la voz del Señor cuando sabemos cuáles son las “respuestas posibles”. Cuando no entendemos que existen determinadas posibilidades nos costará mucho más discernir Su guía. Y claro, como siempre… ¡Dios sigue siendo Dios así que puede haber otras tantas opciones no expuestas en este artículo, claro!

 

Danilo Sorti

 

835. En el tiempo señalado – II: nacer y morir

 

Eclesiastés 3:1-2 RVC

1 Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad:

2 El momento en que se nace, y el momento en que se muere; el momento en que se planta, y el momento en que se cosecha;

 

Continuando con lo que hablamos en el artículo anterior de este tema, dentro de los catorce pares de acciones la primera es la más abarcadora de todas ellas: el momento en que se nace y el momento en que se muere.

 

Aquí tenemos que hacer un gran paréntesis antes de continuar. No podemos decidir cuándo habremos de nacer ni morir, esos son los límites que nos vienen dados, y eso nos introduce en una visión fatalista de la vida y la historia, algo así como que “todo está escrito” y terminamos siendo actores involuntarios de un guion que, ni escribimos ni podemos modificar.

 

En cierto sentido, toda la perspectiva de Eclesiastés es fatalista, porque, como dijimos, se trata de un libro escrito “bajo el sol”, con el enfoque humano, de un creyente sí, pero que solo ve los diseños celestiales entre densas brumas. No podemos entender correctamente este libro desconectado del resto de la Biblia.

 

Tan cierto como que no podemos estar de acuerdo con la visión fatalista del destino humano es que tampoco podemos estar de acuerdo con una visión de “tabla rasa”, donde nada está escrito ni prefijado. Pero sobre eso hablaremos más adelante. Por lo pronto, aquí tenemos algo que decididamente no controlamos, que nos viene dado. Esto tiene un propósito, tal como lo dijera Pablo siglos después:

 

Hechos 17:26-27 RVC

26 De un solo hombre hizo a todo el género humano, para que habiten sobre la faz de la tierra, y les ha prefijado sus tiempos precisos y sus límites para vivir,

27 a fin de que busquen a Dios, y puedan encontrarlo, aunque sea a tientas. Pero lo cierto es que él no está lejos de cada uno de nosotros,

 

A un auditorio muy acostumbrado a la sabiduría filosófica les presentó una evidencia que no podían refutar: resulta claro para cualquiera que hay límites en nuestra vida que no podemos traspasar, y están puestos allí para que podamos encontrarnos con Dios, ¡aunque sea a tientas! Si esto ha sido así a lo largo de toda la historia de la humanidad caída, ¡cuánto más ahora que tenemos tanta luz y comprensión de Su Palabra!

 

Nuestro tiempo, lugar y familia de nacimiento determina muchísimo de lo que seremos. Por más que el progresismo se esfuerce en decir que “tú puedes ser lo que quieras ser”, cualquier somero análisis de la realidad demuestra que esto es una cruel falacia. Las personas sin Dios están muy determinadas por estas circunstancias, por más que se esfuercen en escapar de ellas. A ellas aplica un duro casi fatalismo.

 

Solo a través de Cristo recibimos los recursos y el poder para escapar de esos destinos:

 

Gálatas 5:1 RVC

1 Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud.

 

No solamente tenemos que pensar en los condicionantes terrenales de nuestro destino, hay una carga de iniquidad y pecado que heredamos al nacer en “matrices contaminadas”. Hay personas que logran aprovechar las oportunidades y escapar de destinos de pobreza, conflictos o diversas necesidades, pero es solo por Cristo que podemos escapar del destino de las iniquidades y la muerte eterna.

 

Sin embargo, también puede haber una carga de bendición que recibimos al nacer. Hoy podríamos decir que es cada vez menor debido al exponencial aumento de pecado sobre la tierra, por lo que las generaciones más jóvenes han recibido, en su mayoría, una carga de iniquidades superior a la de sus padres y abuelos.

 

Cerremos este gran paréntesis sabiendo que aún quedaría mucho por hablar, pero concluyendo que Dios no nos ha sujetado a un destino fatalista en el cual somos actores involuntarios sino que nos ha puesto límites para que podamos desarrollar nuestra vida y encontrarnos con Él. Satanás es quien ha fijado una cárcel de destino para nosotros y las personas normalmente oscilan entre la esclavitud del Enemigo y la liberta de Dios.

 

Dicho esto, volvamos a nuestro capítulo. Hay momentos determinados por la sola voluntad del Padre. Pero, si entendemos bien el sentido del texto, es el hombre quien tiene que actuar en dichos momentos. Es decir, que haya un momento para algo no significa que ese algo se haga. Sencillamente, el momento adecuado puede “pasar de largo”…

 

Los momentos de nuestro nacimiento y nuestra muerte dependen solo de él, no de la voluntad de las personas aunque lo parezca. En todo caso, Dios permitirá o no que las personas ejerzan esa voluntad conforme a Sus propósitos.

 

A partir del nacimiento y hasta la muerte es que toda la enseñanza de los momentos adecuados tiene validez, ¡hay momentos mientras estamos vivos! Pero si nos vamos más allá del nacimiento y muerte de nosotros como personas, podemos encajar allí el nacimiento y muerte de proyectos, familias, naciones, empresas, etc. También hay momentos para que todo eso nazca y momentos para que muera, y, está claro, el resto de los “momentos” ocurrirán dentro de ese lapso.

 

Cuando hacemos nacer algo (proyecto, empresa, grupo, idea, etc.) en el momento correcto, el resto de los tiempos van a estar acompasados y el contexto será el mejor para que eso tenga éxito, es decir, que cumpla con el propósito por el cual fue gestado, esto es, fue enviado como una semilla de idea por el Padre para que se desarrolle y vea la luz.

 

La verdad es que muchas de las cosas que “hacemos nacer” lo hacen fuera de tiempo, a veces prematuramente y, más común, tardíamente. La verdad es que cuando leemos la Biblia podemos decir que mucho de lo que hicieron los hombres de Dios, elegidos para una misión, fue a destiempo. Solamente Uno cumplió cada obra en el tiempo correcto, el resto no, y allí entra la gracia y el poder de Dios que aún cuando eso no ocurre puede glorificarse y seguir adelante con Sus planes de redención.

 

Hacer nacer algo en el tiempo correcto solo es posible por fe, porque nunca tendremos todo lo que suponemos que necesitamos, pero en ese tiempo la provisión de Dios habrá sido colocada en los puntos críticos del camino para que la tomemos. Si sabemos que hay un tiempo para el inicio de toda obra, y sabemos que Dios lo ha determinado porque Él maneja todo el resto de los tiempos, entonces podremos tener más fe comenzar lo que hemos sido llamados a hacer, en el momento correcto.

 

Por otra parte, hay un tiempo para que muchos proyectos o actividades “mueran”. A veces podrán sucedernos, a veces podremos dejarlas a otros, pero a veces tendrán que morir como tales. Cuando prolongamos algo más allá del tiempo perfecto del Padre nos exponemos a muchas dificultades y frustraciones innecesarias, nos enojamos, pecamos muchas veces, generamos conflictos y llegamos a arruinar otros tiempos, es decir, no permitimos que nazca lo nuevo que debe nacer porque estamos tratando de sostener lo viejo que ya debe morir.

 

La “muerte” de algo nunca es agradable, pero si estamos entendiendo bien los tiempos y confiando en el Dueño de los tiempos, sabemos que es un paso necesario para que luego algo nuevo comience. La vida y la muerte son dos fenómenos muy comunes y relacionados entre sí en la naturaleza, imposibles de separar. Es más, aún todos los seres vivos tienen una especie de “programa de muerte” en sus genes, un límite (más o menos definido) de cuánto tiempo deberán vivir.

 

Nos cuesta “hacer nacer” un proyecto, pero creo que más nos cuesta “darle fin”, y hacerlo correctamente, ya que una cosa es simplemente dar un portazo y terminar con algo (como cuando nos enojamos en un trabajo y decidimos renunciar) y otra muy diferente es cerrarlo bien y liberar a las personas y recursos para lo que viene.

 

Nos cuesta mantener vivo un proyecto cuando atraviesa dificultades y lo más fácil sería simplemente dejarlo morir.

 

Job 2:8-10 RVC

8 Era tal la comezón que Job, sentado en medio de la ceniza, se rascaba con un pedazo de teja.

9 Su esposa lo llenó de reproches y le dijo: «¿Todavía insistes en seguir siendo perfecto? ¡Maldice a Dios, y muérete!»

10 Pero Job le respondió: «Hablas como una de tantas necias. ¿Acaso hemos de recibir de Dios sólo bendiciones, y no las calamidades?» Y aun así, Job no pecó ni de palabra.

 

En la situación más desesperante, Job entendió muy bien, hace unos 4.000 años, que los límites de la vida y la muerte le corresponden a Dios.

 

Y algo más. Cuando “hacemos nacer” algo fuera de los diseños de Dios, o fuera de Su tiempo, la “vida” que va a insuflar a esa nueva “criatura” probablemente no sea la Vida de Dios sino la vida de otra fuente, muy oscura. Y si prolongamos algo más allá de los límites que Dios le ha fijado, la vida que siga animando a ese “algo”, probablemente ya tampoco sea la del Cielo sino la de las tinieblas.

 

¿Cómo saber cuándo algo debe nacer y algo debe morir? Lo dijimos en el primer artículo de esta serie. La respuesta no está “debajo del sol” sino “arriba”:

 

Juan 16:13 RVC

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que habrán de venir.

 

Danilo Sorti

834. En el tiempo señalado – I

 

Gálatas 4:1-5 RVC

1 Pero digo también: Mientras el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo,

2 sólo que está bajo tutores y guardianes hasta el tiempo señalado por el padre.

3 Así también nosotros, cuando éramos niños, vivíamos en esclavitud y sujetos a los principios básicos del mundo.

4 Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley,

5 para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos.

 

Efesios 1:10-12 RVC

10 para que cuando llegara el tiempo señalado reuniera todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

11 En él asimismo participamos de la herencia, pues fuimos predestinados conforme a los planes del que todo lo hace según el designio de su voluntad,

12 a fin de que nosotros, los primeros en esperar en Cristo, alabemos su gloria.

 

En la Versión Reina Valera Contemporánea tres veces vemos la expresión “el tiempo señalado” escrita por Pablo, refiriéndose a los grandes momentos de la Historia de la Salvación. En la primera se refiere al Padre, en la segunda claramente al Hijo y en la tercera vemos una alusión a la obra del Espíritu. Con esto el Espíritu Santo nos da a entender a través del apóstol, entre otras cosas, que hay una obra del Trino Dios organizada “en el tiempo señalado”, es decir, en un momento preciso. La conclusión inmediata es, cuando llevamos el mismo concepto a nuestra realidad presente, que es el momento en el que nos toca “establecer el Reino” a nosotros, que si los acontecimientos más grandes e importantes han tenido y tendrán su tiempo señalado, ¿acaso los sucesos menores no los tendrán también?

 

Bueno, entiendo que esta afirmación puede ser discutida, pero a priori hay una lógica bastante poderosa por lo cual podemos seguir avanzando sobre ella, para encontrarnos con otros pasajes más “terrenales”:

 

Eclesiastés 3:1-8 RVC

1 Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad:

2 El momento en que se nace, y el momento en que se muere; el momento en que se planta, y el momento en que se cosecha;

3 el momento en que se hiere, y el momento en que se sana; el momento en que se construye, y el momento en que se destruye;

4 el momento en que se llora, y el momento en que se ríe; el momento en que se sufre, y el momento en que se goza;

5 el momento en que se esparcen piedras, y el momento en que se amontonan; el momento de la bienvenida, y el momento de la despedida;

6 el momento de buscar, y el momento de perder; el momento de guardar, y el momento de desechar;

7 el momento de romper, y el momento de coser; el momento de callar, y el momento de hablar;

8 el momento de amar, y el momento de odiar; el momento de hacer la guerra, y el momento de hacer la paz.

 

Eclesiastés es un libro maravilloso si sabemos entender su perspectiva: todo ocurre “debajo del sol”. Nos sirve para ubicarnos en esta vida pero le falta la visión “arriba del sol”.

 

El escritor entendió muy bien que hay tiempos precisos para cada acción, especialmente para las opuestas, y por ende, que cada una en su tiempo es buena.

 

Eclesiastés 3:11 RV95

11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin.

 

Incluso desde una perspectiva terrenal logra comprender que la acción correcta en el tiempo correcto es buena, y que hay una noción superadora, la eternidad, que, sin embargo, él (y los hombres de su tiempo) no logra entender.

 

El tema de los tiempos precisos es recurrente, y añade:

 

Eclesiastés 8:6-7 RVC

6 pues todo proyecto tiene su momento para realizarlo. Pero pesa sobre el hombre un gran problema,

7 y es que éste no sabe lo que va a pasar, ni cuándo pasará, ni hay tampoco nadie que se lo diga.

 

Pero al escritor le falto una herramienta fundamental que el Señor nos daría luego:

 

Juan 16:13 RVC

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que habrán de venir.

 

Así que el autor de Eclesiastés pudo comprender que había tiempos precisos para cada cosa, y cuando éstas eran realizadas en ellos, resultaban buenas y apropiadas, pero se lamentaba de no poder saber cuáles eran esos tiempos. Jesús, siglos después, completa esta enseñanza con la obra del Espíritu que Él enviaría y que nos indicaría lo que habría de venir, es decir, los “tiempos futuros”, los momentos adecuados para cada cosa, ¿cuáles?, las que había dejado escritas siglos antes en Eclesiastés.

 

Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad

 

Esto es a la vez maravilloso y terrible. Maravilloso cuando sabemos que ha llegado el tiempo Dios. Terrible cuando el tiempo que ha llegado es el de las tinieblas.

 

Lucas 22:53 RVC

53 Todos los días he estado con ustedes en el templo, y no me pusieron las manos encima. Pero ésta es la hora de ustedes, la hora del poder de las tinieblas.»

 

Sí, las tinieblas también tienen su tiempo, pero lo bueno es que ese tiempo es una “hora”, expresión que indica no lo que nosotros conocemos hoy como hora reloj, sino un tiempo breve (desde la perspectiva de Dios, claro).

 

Es maravilloso cuando se cumple lo que estamos esperando, pero terrible cuando eso no ocurre.

 

Proverbios 13:12 RVC

12 El vivir esperando atormenta el corazón; pero es un árbol de vida el deseo que se cumple.

 

Ahora bien, el hecho que deja bien en claro el pasaje de Eclesiastés 3 es que en realidad los “tiempos opuestos” son parte del mismo proceso. No por casualidad se exponen acciones opuestas de a pares, tampoco es casualidad que se mencionen 14 de ellos, que es un número tanto de liberación (de una situación opresiva o angustiosa) como de “liberación” para un servicio mayor.

 

Esto significa que entender y actuar en los tiempos correctos, aún cuando lo que suceda no sea de nuestro agrado y aún cuando debamos hacer lo que no nos gusta, terminará liberándonos hacia un nuevo kairos de Dios, un nuevo estado de cosas diferente al anterior, en donde habrá bendición y crecimiento, y nuevas posibilidades de ministerio.

 

Pero claro, ¡son 14 pares! Poder superar un estado de cosas y avanzar a uno mayor no es algo que suceda por arte de magia, ¡Dios no hace magia! Él es un Dios de procesos, por eso ha determinado TIEMPOS precisos para actuar y para que las cosas se hagan.

 

Movernos de nuestro kairos presente a un kairos superior implica mucho esfuerzo y crecimiento. Y una parte de ese proceso es hacer todo lo que explica Eclesiastés 3, en el momento preciso. Son 14 escalones “de a pares” para entrar en el tiempo nuevo. De paso digamos que el número 15 simboliza en la Biblia un nuevo camino, al que se llega después de haber transitado las 14 etapas previas.

 

¿Cómo sabemos cada tiempo? Eclesiastés nos da una de las pistas; se trata de un libro escrito “debajo del sol”, es decir, “con los pies sobre la tierra” desde una perspectiva del creyente pero sin considerar el mundo espiritual. Entonces, una pata es entender los tiempos y los procesos que vemos que están ocurriendo en nuestro mundo. Sin embargo, eso puede ser problemático porque hoy la manipulación y la desinformación intencionada hace que debamos buscar mucho y ser muy cuidadosos en discernir lo que es correcto.

 

Por encima de eso, Dios ha dejado marcados tiempos y procesos en Su Palabra que debemos conocer. Y todo eso se completa y perfecciona con la guía del Espíritu Santo, ya sea hablándonos a nosotros o bien a través de los profetas que está levantando en este tiempo.

 

Hay muchas fuentes de información a las que podemos prestar atención, pero en el mejor de los casos tendremos un panorama incompleto y medio erróneo si no tenemos la guía clara del Espíritu. Por lo tanto, el corolario de todo esto es, simplemente que debemos pedirle al Señor que nos revele los sucesos por venir y los tiempos adecuados para cada acción, sea lo más pequeño y doméstico o sea lo que ocurrirá a nivel mundial.

 

Mateo 7:7 RVC

7 »Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá.

 

Podríamos reescribir el versículo en su forma negativa: no pidan (conocer los tiempos) y no se les dará (comprensión sobre ellos), no busquen (entendimiento) y no lo encontrarán, no llamen (a la Cámara de los Tesoros del Reino de los Cielos) y no se les abrirá.

 

Si hemos seguido los acontecimientos de los últimos años podremos ver cómo “ellos” son muy precisos en los tiempos y las fechas, porque conocen esta verdad y la aplican al detalle. Mientras tanto, veo que multitud de cristianos está dando vueltas en el desierto sin atinar a encontrar el camino ni mucho menos saber qué tienen que hacer en este tiempo preciso, ¡cuando tenemos a nuestra disposición toda la Fuente de Conocimiento!

 

Digamos de paso que 28 (14 x 2) simboliza la guía del Espíritu, viene después de 27 que es el Ministerio de Salvación y le sigue 29, que es salida, y que antecede a 30, que es la dedicación para el gobierno. Así que, entender y aplicar los tiempos es necesario para “salir” de nuestro estado actual y tomar luego la posición de autoridad.

 

Los cristianos en general han vivido mucho tiempo sin tener, en general, una idea muy clara de “tiempos y momentos oportunos”, o en todo caso, con unos conceptos básicos, más bien seculares, “debajo del sol”. A veces hemos sido guiados por el Espíritu en acciones precisas, pero más bien como eventualidades.

 

Pues bien, eso ha sido un error que, en todo caso, fue “tolerable” en el pasado, pero por cierto no ahora. A medida que los tiempos se vuelven más peligrosos y desafiantes, más precisos debemos ser en conocer los tiempos, los días e incluso las horas adecuadas para cada evento, y no dudar en lo que debe ser hecho en cada situación.

 

 

Danilo Sorti