domingo, 14 de marzo de 2010

Cómo obtener revelación espiritual 4º

LA COMUNIDAD DEL PUEBLO DE DIOS

7 Dios da a cada uno alguna prueba de la presencia del Espíritu, para provecho de todos.
I Corintios 12:7

10 Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de ustedes sirva a los demás según lo que haya recibido.
I Pedro 4:10

26 En resumen, hermanos, cuando ustedes se reúnan, unos pueden cantar salmos, otros pueden enseñar, o comunicar lo que Dios les haya revelado, o hablar en lenguas extrañas, o interpretarlas. …
I Corintios 14:26

De la enseñanza del Cuerpo de Cristo se deriva necesariamente que también la revelación fluirá a través del cuerpo, de todo el cuerpo. Cuando hablamos de dones pensamos generalmente en términos de “ministración”, es decir, del servicio prestado a los hermanos, pero necesariamente hay también revelación; no se puede brindar un servicio efectivo en lo espiritual si no hay también una guía divina específica. Y la guía divina implica tanto instrucciones específicas de desempeño como un entendimiento adecuado de los principios espirituales necesarios para fluir en ese don. Dicho entendimiento espiritual (revelación) no solo es necesario para el hermano que se mueva en ese don específico, es importante también para todos los otros.

Por otro lado, cada don en particular, por su propia naturaleza, puede recibir más fácilmente revelación específica sobre determinados aspectos de Dios o de la creación para ministrar a los demás. Quizás los dones de enseñanza y conocimiento (este último según la definición de P. Wagner) junto con el de profecía sean los más específicos en este sentido, porque son los que pueden abarcar más amplitud de conocimiento espiritual, pero todos los dones tienen dimensiones importantes que compartir con el resto del cuerpo. Y, en realidad, aun una ministración con acciones (que implique pocas o ninguna palabra) tiene también un componente revelacional si es hecha conforme al Espíritu.

El Pasaje de I Corintios 14:26 ubica lo que venimos diciendo en el ámbito de las reuniones de la comunidad. En realidad, Pablo no está diciendo aquí que debían manejarse de esa forma, si leemos todo el contexto vemos que ya se conducían así, Pablo solo está ordenando esa práctica. De alguna forma, esto va en contra de algo muy común hoy en día que es escuchar solo “una” voz en nuestras reuniones (porque el resto de las voces que se escuchan tienen un espacio de tiempo muy acotado y normalmente se someten a la voz dominante). Parece ser que no era la práctica única en la iglesia primitiva y que no es lo que más de acuerdo está con la enseñanza sobre el Cuerpo. Por supuesto que no está mal que haya un predicador que habla durante la mayor parte destinada a la Palabra en una reunión (vemos que Pablo lo hizo en varias oportunidades, también Pedro y el Señor mismo) pero creo que sí es cuestionable cuando eso se repite indefinidamente. Por supuesto que tiene que haber un orden, y en I Corintios Pablo lo aclara bien, pero creo que nos perdemos una gran riqueza de revelación y crecimiento al solo permitir que una voz única sea la dominante en nuestras reuniones.

Si la revelación está repartida entre todos los ministerios, dones y operaciones, ninguno por sí solo puede llegar a expresarla en su completud. Ni siquiera el don de enseñanza, que en sí mismo puede pretender abarcar una gran cantidad de revelación, puede llegar muchas veces a la profundidad que solo puede tener y transmitir quien vive diariamente en una revelación particular. Puede enseñar sobre la profecía, por ejemplo, pero no puede transmitir la profundidad que le da un profeta (aunque normalmente un profeta no puede dar una enseñanza ordenada sobre la profecía… en realidad, ¡sobre casi nada, porque fluyen como el viento!).

Una distorsión más peligrosa de esta época fue cuando los pastores, con dones y funciones de pastor, tomaron el “mando” de la enseñanza y brindaron un mensaje desde su óptica: se cercenaron las demandas de la Palabra y la búsqueda de santidad se transformó en una búsqueda de “estar bien”. Es comprensible, porque un pastor (con don pastoral, claro está) se centra en las personas, en su bienestar y en su crecimiento, pero eso no es el todo del evangelio. Creo que tenemos otra distorsión en puerta en la medida que los apóstoles ocupen la voz dominante en nuestras congregaciones, porque generalmente su visión implica naciones, estructuras y cambios sociales, y suelen dejar al cristiano “común y corriente”, que tiene que lidiar con la cotidianeidad de su vida sin herramientas “pequeñas” para aplicar. En fin, como dijo Pablo;

7 Pero cada uno de nosotros ha recibido los dones que Cristo le ha querido dar. 8 Por eso, la Escritura dice:
“Subió al cielo llevando consigo a los cautivos,
y dio dones a los hombres.”
9 ¿Y qué quiere decir eso de que “subió”? Pues quiere decir que primero bajó a esta tierra. 10 Y el que bajó es el mismo que también subió a lo más alto del cielo, para llenarlo todo. 11 Y él mismo concedió a unos ser apóstoles y a otros profetas, a otros anunciar el evangelio y a otros ser pastores y maestros. 12 Así preparó a los del pueblo santo para un trabajo de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo 13 hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, y alcancemos la edad adulta, que corresponde a la plena madurez de Cristo. 14 Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados. 15 Más bien, profesando la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. 16 Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.
Efesios 4:7-16

Entonces, necesitamos la revelación de nuestros hermanos. Pero no solo de los de la congregación local, también del resto del Cuerpo de Cristo en todo el mundo… y de todos los tiempos.

A su vez, la revelación que venga sobre un creyente, siendo compartida y ministrada, va a bendecir a toda la comunidad, va a hacer que crezca más y eso va a ayudar a limpiar más los aires y preparar los corazones para recibir más revelación, y así sucesivamente. Se establece un “círculo virtuoso”.

Pero hay mucho más en la vida del cuerpo que la ministración de los dones. Hay una ministración de los frutos del Espíritu a través del amor, más allá de los dones específicos, que debe ser realizada en el cuerpo y que ayuda sin duda al desarrollo espiritual y a la sanidad de todo el cuerpo y, entonces, a que la revelación pueda llegar y fluir libremente. Algunos ejemplos y exhortaciones:

10 Ámense como hermanos los unos a los otros, dándose preferencia y respetándose mutuamente.
Romanos 12:10

7 Así pues, acéptense los unos a los otros, como también Cristo los aceptó a ustedes, para gloria de Dios.
Romanos 15:7

13 … Más bien sírvanse los unos a los otros por amor.
Gálatas 5:13

13 Sopórtense unos a otros, y perdónense si alguno tiene una queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. 14 Sobre todo revístanse de amor, que es el lazo de la perfecta unión. 15 Y que la paz de Cristo reine en sus corazones, porque con este propósito los llamó Dios a formar un solo cuerpo. Y sean agradecidos.
Colosenses 3:13-15

Lo contrario también es cierto:

15 Tengan cuidado, porque si ustedes se muerden y se comen unos a otros, llegarán a destruirse entre ustedes mismos.
Gálatas 3:15

15 Tengan cuidado de que ninguno pague a otro mal por mal. Al contrario, procuren hacer siempre el bien, tanto entre ustedes mismos como a todo el mundo.
I Tesalonicenses 5:15

17 Al escribirles lo que sigue, no puedo felicitarlos, pues parece que sus reuniones les hacen daño en vez de hacerles bien.
I Corintios 11:17

Donde hay amor y cuidado mutuo, las personas van a ser sanadas y ayudadas en sus necesidades y van a estar en un ambiente adecuado para poder buscar a Dios con libertad, y recibir su revelación. Donde hay conflictos y divisiones, hay muchas heridas y los oídos espirituales difícilmente pueden escuchar el susurro del Espíritu. Además, en esos contextos es frecuente que los carismas se usen para adquirir poder sobre otros y / o “vencer” en una lucha interna, por lo que difícilmente el Padre derrame gracia sobre esas intenciones.

La unidad en amor es el ámbito donde el Dios trino puede moverse libremente, donde él quiere estar y, por consiguiente, manifestarse, lo cual implica necesariamente revelación.

1 ¡Vean qué bueno y agradable es
que los hermanos vivan unidos!
2 Es como el buen perfume
que corre por la cabeza de los sacerdotes
y baja por su barba
hasta el cuello de su ropaje.
3 Es como el rocío del monte Hermón,
que cae sobre los montes de Sión.
Allí es donde el Señor envía
la bendición de una larga vida.
Salmo 133

21 Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa, así como tú y yo somos una sola cosa: 23 yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno, y que así el mundo pueda darse cuenta de que tú me enviaste, y que los amas como me amas a mí.
Juan 17:21-23

La unidad y el amor (y en relación con este último, todos los frutos del Espíritu) solo pueden fluir en el Cuerpo. Y como Dios elige moverse en la unidad, es solo en un cuerpo unido que puede bajar la perfecta revelación. Pero no me refiero a una congregación local solamente, ¡solo cuando todo el Cuerpo de Cristo de todo el mundo esté perfectamente unido bajará la completa revelación! En realidad, entonces será el anuncio de la inminente venida de Cristo… ¡quién es la completa revelación!

Por último, una exhortación que tiene que ver con la revelación, aunque no lo parezca,

25 No dejemos de asistir a nuestras reuniones, como hacen algunos, sino démonos ánimos unos a otros; y tanto más cuanto que vemos que el día del Señor se acerca.

Si leemos los versículos anteriores:

22 Por eso, acerquémonos a Dios con corazón sincero y con una fe completamente segura, limpios nuestros corazones de mala conciencia y lavados nuestros cuerpos con agua pura. 23 Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho. 24 Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien.
Hebreos 10:22-25


DINÁMICA Y CARACTERÍSTICAS PROPIAS DE LA REVELACIÓN


Habiendo avanzado en los cinco aspectos anteriores aún podemos fracasar si no entendemos que la revelación tiene su dinámica propia. El último intento de Satanás será confundirnos en cuanto a la forma de fluir del conocimiento genuino de Dios para que se quede trunco.

La forma de entender cómo se recibe y como fluye la revelación es, simplemente, viendo como la recibieron y como fluyó en los hombres y mujeres de la Biblia. Por supuesto, ayuda mucho también leer testimonios y libros que ejemplifiquen dichos principios, aplicándolos al tipo de revelación accesible para nosotros hoy día (como se mencionó al principio).

Vimos más arriba que la revelación viene al Cuerpo, y lo que se recibe individualmente es necesario compartirlo, a la vez que recibir lo que viene a través de mi hermano. Inevitablemente la humildad es necesaria para recibir una revelación completa; y la revelación que recibamos será necesariamente incompleta. Por lo tanto, debemos entender que por más impactante que sea lo que el Señor nos esté hablando, no estará cien por ciento completo, y hay un porcentaje de lo que le falte que no lo podré recibir yo por más que grite, ayune u ore; lo tengo que buscar en mi hermano. De hecho, si tomáramos más tiempo en buscar lo que otros ya han recibido, ¡nos ahorraríamos mucho esfuerzo y tendríamos una visión mucho más clara!

Pero lo anterior tiene incluso una dimensión que trasciende lo generacional:

10 Los profetas estudiaron e investigaron acerca de esta salvación, y hablaron de lo que Dios en su bondad iba a darles a ustedes. 11 El Espíritu de Cristo hacía saber de antemano a los profetas lo que Cristo había de sufrir y la gloria que vendría después; y ellos trataban de descubrir el tiempo y las circunstancias que señalaba ese Espíritu que estaba en ellos. 12 Pero Dios les hizo saber que lo que ellos anunciaban no era para ellos mismos, sino para bien de ustedes. Ahora pues, esto es lo que les ha sido anunciado por los mismos que les predicaron el evangelio con el poder del Espíritu Santo que ha sido enviado del cielo. ¡Estas son cosas que los ángeles mismos quisieran contemplar!
I Pedro 1:10-12

39 Sin embargo, ninguno de ellos recibió lo que Dios había prometido, aunque fueron aprobados por la fe que tenían; 40 porque Dios, teniéndonos en cuenta a nosotros, había dispuesto algo mejor, para que solamente en unión con nosotros fueran ellos hechos perfectos.
Hebreos 11:39,40

Y no es que todo se completó con nosotros, también nos queda algo por esperar; por lo sabemos de antemano que no tendremos el entendimiento completo mientras estemos acá:

13 Por eso, estén preparados y usen de su buen juicio. Pongan toda su esperanza en lo que Dios en su bondad les va a dar cuando Jesucristo aparezca.
I Pedro 1:13

12 Ahora vemos de manera indirecta, como en un espejo, y borrosamente; pero un día veremos cara a cara. Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día conoceré a Dios como él me ha conocido siempre a mí.
I Corintios 13:12

Por lo que debemos mantenernos humildes, sabiendo que se nos va a revelar lo que necesitemos, y que muchas veces deberemos avanzar con determinado nivel de revelación y no más. Porque esa es la forma en que nuestra fe puede ser manifestada, porque si entendiéramos todo ¿qué lugar cabe para la fe? Además, ¿cómo podríamos acercarnos a nuestros semejantes que todavía viven en la ignorancia espiritual si supiéramos todo? Solo Jesús pudo hacerlo.

Sin duda que recibir revelación es fundamental para la vida cristiana, y tanto más cuanto más se acerca la venida de Cristo. Pero, con todo, no es lo principal para Dios, sino:

13 Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor.
I Corintios 13:13

La revelación será siempre incompleta para nosotros, siempre habrá algo más por buscar, siempre necesitaremos de otro (y otro necesitará de nosotros) y siempre habrá un margen de ignorancia espiritual que deberá ser llenado con la fe, que en realidad nace del amor. Por supuesto que la fe no está solo para eso, pero es en el área de nuestra incapacidad donde sí o sí debe manifestarse la fe, y donde aprendemos a ponerla en práctica también en nuestras áreas “fuertes” (si es que tuviéramos algo “fuerte” que no viniera de Dios!).

Hay algunas cosas que Dios mantiene ocultas en función de sus propósitos, y en las cuales no debemos perder tiempo tratando de inquirir:

6 Los que estaban reunidos con Jesús, le preguntaron:
—Señor, ¿vas a restablecer en este momento el reino de Israel?
7 Jesús les contestó:
—No les corresponde a ustedes conocer el día o el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad; 8 pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra.
Hechos 1:6-8

29 “Hay cosas que no sabemos: esas pertenecen al Señor nuestro Dios; pero hay cosas que nos han sido reveladas a nosotros y a nuestros hijos para que las cumplamos siempre: todos los mandamientos de esta ley.
Deuteronomio 29:29

Sobre lo que nos sea revelado habremos de dar cuentas:

47 “El criado que sabe lo que quiere su amo, pero no está preparado ni lo obedece, será castigado con muchos golpes. 48 Pero el criado que sin saberlo hace cosas que merecen castigo, será castigado con menos golpes. A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más.
Lucas 12:47, 48

Y:

1 Hermanos míos, no haya entre ustedes tantos maestros, pues ya saben que quienes enseñamos seremos juzgados con más severidad.
Santiago 3:1

Por ello, Dios no podrá revelarnos cosas que no podamos obedecer adecuadamente ni tampoco cosas que no esté dentro de su voluntad que hagamos.

La revelación suele venir primero en forma de semilla, para crecer luego:

12 “Tengo mucho más que decirles, pero en este momento sería demasiado para ustedes. 13 Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que van a suceder.
Juan 16:12,13

El ejemplo más claro es el que vemos a través de la historia de Israel, como Dios se fue revelando progresivamente a su pueblo.

Por esto, no podemos “salir corriendo” apenas hayamos recibido entendimiento espiritual sobre algo porque seguro que nuestra comprensión va a ser muy incompleta todavía. Por supuesto, tampoco podemos “enterrarlo” como el hombre de la parábola con su único talento; creo que lo más sabio es compartirlo con humildad y como algo incompleto todavía, abierto a que sea examinado y construido por el cuerpo, aunque sin dejar la responsabilidad total a otro. Si se nos empieza a dar algo, es porque el Señor nos considera responsables sobre ese algo. Podemos compartirlo y transmitirlo, podemos dejar que otros lo tomen y lo multipliquen, pero no podemos abandonarlo, no al menos hasta que Dios haya completado lo que quería revelarnos de eso a nosotros.

Lo que se nos revela puede no ser comprensible inmediatamente. Como ejemplo tenemos todos los libros proféticos de la Biblia. Al leerlos encontramos muchos pasajes que claramente hablan de tiempos futuros (incluso para nosotros) que los profetas no hubieran podido entender, no al menos en toda su magnitud.

8 “Yo escuché lo que decía, pero no entendí nada. Entonces le pregunté: ‘Señor, ¿qué va a pasar después de todo esto?’ 9 Y él me contestó: ‘Sigue tu camino, Daniel, pues estas cosas deben ser mantenidas en secreto hasta que llegue el momento final
Daniel 12:8,9

Es muy probable que en la medida que Dios nos hable recibamos palabras que no podamos comprender en toda su magnitud, y que ni siquiera nos demos cuenta de que hay mucho más allá de lo que estamos entendiendo en ese momento. Ahí es necesaria la paciencia, la oración, la búsqueda, y la ministración de hermanos más crecidos que puedan ayudarnos a entenderla.

La revelación puede venir a través de hechos cotidianos:

1 El Señor se dirigió a mí, y me dijo: 2 “Baja a la casa del alfarero y allí te comunicaré un mensaje.” 3 Yo, Jeremías, bajé y encontré al alfarero trabajando el barro en el torno. 4 Cuando el objeto que estaba haciendo le salía mal, volvía a hacer otro con el mismo barro, hasta que quedaba como él quería.
5 Entonces el Señor me dijo: 6 “¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, israelitas, lo mismo que este alfarero hace con el barro? Ustedes son en mis manos como el barro en las manos del alfarero. Yo, el Señor, lo afirmo.
Jeremías 18:1-6

O a través de ayuno y oración, y tiempos prolongados de espera. Como es un acto soberano de Dios, es él quien elige soberanamente como y cuando darla.

Pero lo cierto es que cuando la revelación llega, es decir, cuando nuestro entendimiento espiritual es abierto para comprender en lo profundo alguna verdad, nada debe seguir igual. Si la revelación es obedecida las cosas cambiarán. Si no es obedecida, ¡no esperemos recibir futuras revelaciones!

La revelación irrumpe en lo cotidiano y lo transforma, cambia el estado de las cosas, abre caminos donde no los hay, trastorna naciones. La revelación, en corazones santos y obedientes, es lo que pone en funcionamiento al Cuerpo de Cristo y lo lleva a nuevos niveles.

En los últimos tiempos Dios prometió:

17 ‘Sucederá que en los últimos días, dice Dios,
derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad;
los hijos e hijas de ustedes
comunicarán mensajes proféticos,
los jóvenes tendrán visiones,
y los viejos tendrán sueños.
18 También sobre mis siervos y siervas
derramaré mi Espíritu en aquellos días,
y comunicarán mensajes proféticos.
Hechos 2:17,18

Y si viene el Espíritu es porque viene revelación. Todo el Cuerpo de Cristo debe recibir revelación, y todo el Cuerpo debe moverse en la revelación, es decir, vivir en un ambiente de revelación. De esta forma apresuraremos el cumplimiento de la obra de Dios en la tierra y la venida del Amado.

¡A Dios sea toda la gloria!


domingo, 7 de marzo de 2010

Cómo obtener revelación espiritual 3º

CONOCIMIENTO

Repitiendo lo que se dijo más arriba, el conocimiento (de la Palabra y el “secular”) suele servir como un cimiento para que la revelación pueda establecerse y crecer mucho más rápidamente. Además, mientras más conozcamos de la Palabra, más tendrá el Espíritu para sacar y avivar en los momentos de revelación.

Los ojos con los que la comunidad cristiana ha mirado al tema del “conocer” han cambiado a lo largo del tiempo, e incluso son distintos según donde nos paremos hoy. Es cierto que el conocimiento por sí solo no puede hacer nada para cambiar la situación del espíritu del hombre:

32 Esos, aunque conocen el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
Romanos 1:32

19 Pero sabemos que todo lo que la Ley dice, lo dice a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios, 20 porque por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de él, ya que por medio de la Ley es el conocimiento del pecado.
Romanos 3:19,20

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí, 22 pues según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
Romanos 7:21-23

La Ley mosaica debía dar conocimiento sobre lo bueno y lo malo, pero quedó claro que ese sólo conocimiento no podía servir para que el hombre hiciera lo bueno. Por otro lado, el hombre natural, aunque no conociera la Ley, también tenía una revelación interior sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero tampoco podía cumplirla. El conocimiento intelectual por sí solo no puede cambiar vidas, es cierto, pero,

“… por medio de la ley es el conocimiento del pecado”
Romanos 3:20

Y sin este conocimiento de pecado no habría personas dispuestas a decir:

“…
– Hermanos, ¿qué debemos hacer?”
Hechos 2: 37

No podía llegar la revelación de Cristo si no había convicción de pecado, y el Espíritu difícilmente podría trabajar trayendo revelación a los corazones de los oyentes si sus mentes no tenían los conocimientos básicos sobre el pecado, el juicio, la necesidad de salvación.

Este es el punto de partida de la vida del cristiano: sin un conocimiento intelectual difícilmente venga la revelación de salvación. Y así sigue.

Ahora bien, según entiendo, en realidad, no ocurre primero el conocimiento intelectual y luego la aceptación de la verdad de Dios porque el espíritu del hombre puede percibir lo que viene de Dios por más que la mente lo niegue, y es en el interior donde se acepta o no a esa voz. Luego la mente es iluminada. Pero todo este proceso suele ser inconciente para la mayoría, y mucho del trabajo de Dios con nosotros tiene que ver con modificar nuestra forma de pensar, que es en parte conciente:

2 No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.
Romanos 12:2

Y aquí necesariamente tiene que trabajar con lo conciente (y, de paso, llevar allí mucho de lo que todavía se encuentra en el inconciente) y esto tiene que ver con el conocimiento. Y mientras más conocimiento verdadero haya en la mente, mejor.

A lo largo de la Biblia el Espíritu habla mucho respecto a la necesidad de conocer, y aunque este “conocer” generalmente tiene connotaciones revelacionales, también implica el entendimiento intelectual. Como ejemplo:

10 Señor,
los que te conocen, confían en ti,
pues nunca abandonas a quienes te buscan.
Salmo 9:10

10 La sabiduría comienza por honrar al Señor;
conocer al Santísimo es tener inteligencia.
Proverbios 9:10

3 El buey reconoce a su dueño
y el asno el establo de su amo;
pero Israel, mi propio pueblo,
no reconoce ni tiene entendimiento.”
4 ¡Ay, gente pecadora,
pueblo cargado de maldad,
descendencia de malhechores,
hijos pervertidos!
Se han alejado del Señor,
se han apartado del Dios Santo de Israel,
lo han abandonado.
Isaías 1:3,4

15 Les daré los gobernantes que a mí me agradan, y ellos los gobernarán a ustedes con sabiduría y entendimiento.
Jeremías 3:15

6 Mi pueblo no tiene conocimiento,
por eso ha sido destruido.
Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento,
yo te rechazo de mi sacerdocio.
Puesto que tú olvidas las enseñanzas de tu Dios,
yo me olvidaré de tus descendientes.
Oseas 4:6

6 También lo demostramos por nuestra pureza de vida, por nuestro conocimiento de la verdad, por nuestra tolerancia y bondad, por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, por nuestro amor sincero,
II Corintios 6:6

17 Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, al glorioso Padre, que les conceda el don espiritual de la sabiduría y se manifieste a ustedes, para que puedan conocerlo verdaderamente.
Efesios 1:17

9 Pido en mi oración que su amor siga creciendo más y más todavía, y que Dios les dé sabiduría y entendimiento, 10 para que sepan escoger siempre lo mejor. Así podrán vivir una vida limpia, y avanzar sin tropiezos hasta el día en que Cristo vuelva;
Filipenses 1:9,10

8 Aún más, a nada le concedo valor si lo comparo con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a él 9 y encontrarme unido a él; no con una justicia propia, adquirida por medio de la ley, sino con la justicia que se adquiere por la fe en Cristo, la que da Dios con base en la fe. 10 Lo que quiero es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de su resurrección y la solidaridad en sus sufrimientos; haciéndome semejante a él en su muerte, 11 espero llegar a la resurrección de los muertos.
Filipenses 3:8-11

El énfasis está puesto, sin duda, en el conocimiento de Dios. Se ve cuan importante es conocerlo y cuan terrible es no conocerlo. Como dije más arriba, este conocimiento implica necesariamente una parte de conocimiento intelectual, como “auxiliar” del espíritu, como “herramienta”.

El conocimiento secular no tiene aparentemente nada que ver con esto, pero, de la experiencia, vemos que también puede ser una gran ayuda para que el Espíritu pueda traer revelación. Antes que nada, hay que tener en cuenta que, en realidad, no existe tal cosa como “conocimiento espiritual” y “conocimiento secular” propiamente dichos. Todo conocimiento verdadero viene de Dios, y si viene de él, entonces nos muestra algo de lo que él es, y por lo tanto, nos sirve para conocerlo un poquito más. Recordemos que en la base de la llamada “teología natural” está el conocimiento “intuitivo” que puede tener el hombre de Dios a través de la naturaleza:

19 Lo que de Dios se puede conocer, ellos lo conocen muy bien, porque él mismo se lo ha mostrado; 20 pues lo invisible de Dios se puede llegar a conocer, si se reflexiona en lo que él ha hecho. En efecto, desde que el mundo fue creado, claramente se ha podido ver que él es Dios y que su poder nunca tendrá fin. Por eso los malvados no tienen disculpa.
Romanos 1:19,20

Todo el avance de la ciencia en este último siglo no hace sino potenciar esta verdad: Dios puede ser conocido a través de la creación.

Además, el ejercicio del conocimiento intelectual brinda una capacidad intelectual y agilidad para comprender que, en los corazones dispuestos, acelera el desarrollo de la revelación.

Entonces, en los espíritus dispuestos, el conocimiento intelectual es una ayuda formidable para que la revelación pueda fluir con rapidez. No es casualidad que muchas de las personas que recibieron las grandes revelaciones que escribieron la Biblia hayan sido intelectualmente capacitadas.

Moisés y Pablo, por ejemplo, tuvieron un rol fundamental en el establecimiento del reino de Dios en la tierra en distintas épocas, y ambos fueron “intelectuales” en su época. Mateo, por sus funciones laborales, no pudo haber sido muy ignorante tampoco, Marcos provenía de una familia con ciertos recursos y por lo menos debió haber tenido un cierto grado de educación, lo mismo que Juan, Lucas era un profesional de la época, y de Pablo ya hablamos. Pedro no tuvo tanto estudio, y si bien tuvo un papel fundamental en la iglesia de aquel entonces, es poco lo que escribió directamente (lo hizo a través de “secretarios”). Santiago y Judas, seguramente hermanos del Señor, son menos conocidos y participan menos en extensión en el canon. En lo que respecta al Antiguo Testamento, hay muchos escritores que no son los protagonistas principales de muchos de los libros (especialmente los históricos) y cuyos nombres han permanecido en el anonimato, pero por las características de sus obras podemos suponer que debieron ser personas humanamente preparadas. Dentro de los profetas, podemos mencionar a Isaías, Jeremías y Ezequiel como integrantes de familias sacerdotales que, por lo menos, nacieron en un ámbito de mayor nivel intelectual. Daniel se educó con toda la sabiduría de la sociedad de su época, además de venir de una familia acomodada de Judá.

Entonces, mientras más conozcamos de la Palabra, más tendrá el Espíritu para sacar y avivar en los momentos de revelación. Mientras más conozcamos de la Palabra, más fácil será discernir entre revelación verdadera y “voces extrañas” (¡y ninguno de nosotros estamos exentos de ellas!). Mientras más conozcamos de la Palabra, más rápido, más lejos y más profundo puede avanzar el Espíritu con la revelación.

Pero lo bueno es que, a su vez, la revelación misma siempre aumentará grandemente nuestro conocimiento sobre la Palabra y la realidad en general. Entonces, se produce aquí un “círculo virtuoso”: más nos preocupamos por conocer y estudiar (con un corazón abierto y deseoso de Dios, claro está), más el Espíritu nos da, más tenemos, más deseamos buscar, más podemos recibir.

Este “círculo virtuoso” rompe en “círculo vicioso” de la ignorancia, que como una plaga se extiende por todo el mundo sumiendo a miles de millones en miserias y sufrimientos, y que ha afectado y sigue afectando grandemente a muchos de nuestros amados hermanos. Dios tiene una buena noticia:

26 Hermanos, deben darse cuenta de que Dios los ha llamado a pesar de que pocos de ustedes son sabios según los criterios humanos, y pocos de ustedes son gente con autoridad o pertenecientes a familias importantes. 27 Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes, ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. 28 Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. 29 Así nadie podrá presumir delante de Dios.
1 Corintios 1:26-29

Pero el versículo siguiente dice:

30 Pero Dios mismo los ha unido a ustedes con Cristo Jesús, y ha hecho también que Cristo sea nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra liberación.
1 Corintios 1:30 DHH

30 Dios los ha unido a ustedes con Cristo, y gracias a esa unión ahora son sabios; Dios los ha aceptado como parte del pueblo de Dios, y han recibido la vida eterna.
I Corintios 1:30 BLS

Y Santiago dice:

5 Si alguno de ustedes no tiene sabiduría, pídasela a Dios. Él se la da a todos en abundancia sin echárselo en cara.
Santiago 1:5

Entonces, si bien es cierto que la mayoría de los que se acercan a Cristo no tienen un nivel muy alto de sabiduría, según los criterios humanos (porque el hecho de haber aceptado a Cristo es una sabiduría muy superior a la humana), no deben quedarse en ese estado ni hacer un “culto a la ignorancia”, como en ocasiones ha ocurrido. Deben empezar a crecer en conocimiento y revelación, y aquellos que hemos recibido la gracia de haber podido estudiar más, debemos ayudarles, para qué, aplicando lo que una vez se dijo en relación a lo económico, también aquí:

13 No se trata de que por ayudar a otros ustedes pasen necesidad; se trata más bien de que haya igualdad. 14 Ahora ustedes tienen lo que a ellos les falta; en otra ocasión ellos tendrán lo que les falte a ustedes, y de esta manera habrá igualdad. 15 Como dice la Escritura: “Ni le sobró al que había recogido mucho, ni le faltó al que había recogido poco.”
II Corintios 8:13-15


AMBIENTE ESPIRITUAL

Lo que le ocurrió a Daniel es conocido, pero creo que normalmente no le damos la relevancia que tiene:

1 Durante el tercer año del reinado de Ciro de Persia, Daniel, llamado también Beltsasar, tuvo una revelación verdadera, pero de significado muy difícil de entender. Sin embargo, Daniel puso toda su atención en ello y pudo comprender el sentido de la revelación.
2 “En aquellos días, yo, Daniel, estuve muy triste durante tres semanas.

12 Entonces me dijo: ‘No tengas miedo, Daniel, porque desde el primer día en que trataste de comprender las cosas difíciles y decidiste humillarte ante tu Dios, él escuchó tus oraciones. Por eso he venido yo. 13 El ángel príncipe del reino de Persia se me ha opuesto durante veintiún días; pero Miguel, uno de los ángeles príncipes más altos, vino en mi ayuda, pues yo me había quedado solo junto a los reyes de Persia. 14 Así que he venido a explicarte lo que va a pasarle a tu pueblo en el futuro, porque la visión que has tenido se refiere a ese tiempo.’
Daniel 10:1,2,12-14

Daniel estaba buscando una revelación muy importante para el futuro de su pueblo, y no solamente el suyo, sino también el de todos los que creeríamos en Cristo en los siglos posteriores. Era “lógico” que Satanás enviara lo más fuerte que tuviera para evitarla. No pudo, pero hubo que guerrear duro y hubo que esperar un tiempo. Había poderosos principados estorbando. ¿Qué hubiera pasado si Daniel se hubiera desanimado antes de que viniera la revelación?

Todo el desarrollo que ha ocurrido en las últimas décadas respecto de la Guerra y Cartografía Espiritual, que a esta altura ya ha sido asimilado por la mayor parte del Pueblo de Dios al menos en sus conceptos básicos, nos devolvió la dimensión espiritual del conflicto en el que estamos. Y, creo yo, el principal objetivo de ataque de Satanás es la llegada de revelación fresca de parte del Espíritu a los cristianos.

El espíritu de religiosidad, y principalmente lo que P. Wagner llama el Espíritu Corporativo de la Religión, se ha establecido fuertemente en el mover cristianos que comenzara hace algunas décadas, de tal forma que hoy sea necesaria otra renovación. Y son esos espíritus los que tienen como misión principal evitar que llegue revelación fresca y nueva al pueblo de Dios, para que no pueda adaptarse a los nuevos tiempos y termine apartándose del río del Espíritu.

Esos espíritus que suelen estar sobre las iglesias, más toda la sarta de espíritus territoriales que estén todavía dominando en cada lugar específico, más algunos nuevos de estos tiempos, más las iniquidades que todavía conservemos como cristianos individuales y como comunidades, actúan como una “nube negra” que dificultará el flujo de revelación.

Mucho de esto tiene que ver con lo personal, pero mucho más tiene que ver con lo comunitario y con lo histórico, es decir, están fuera del control del individuo, o, por lo menos, requieren un esfuerzo “extra” para poder ser superados.

Lo contrario también es válido. Cuando los aires están “limpios”, la revelación puede fluir mucho más libremente. Entonces, un cristianos realmente santo y consagrado, en un ambiente espiritual hostil, puede recibir revelación con mucha más dificultad que otro, no tan santo ni tan consagrado, en un ambiente “limpio”. Por eso, difícilmente podemos juzgar la “consagración” de una persona por cuánta revelación reciba.

Veamos algunos textos:

38 Y pereceréis entre las naciones, y la tierra de vuestros enemigos os consumirá. 39 Y los que queden de vosotros decaerán en las tierras de vuestros enemigos por su iniquidad; y por la iniquidad de sus padres decaerán con ellos. 40 Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición, 41 yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado.
Levítico 26:38-41

Y si lo comparamos con Oseas 4:6,

6 Mi pueblo no tiene conocimiento,
por eso ha sido destruido.
Y a ti, sacerdote, que rechazaste el conocimiento,
yo te rechazo de mi sacerdocio.
Puesto que tú olvidas las enseñanzas de tu Dios,
yo me olvidaré de tus descendientes.

Y ya vimos que el conocimiento tiene que ver con la revelación. La iniquidad acarrea el juicio divino, y una de las dimensiones de ese juicio implica que Dios retire su revelación:

28 “Ese día me llamarán, pero no responderé;
me buscarán, pero no me encontrarán;
29 pues desprecian la sabiduría
y no quieren honrar al Señor.
Proverbios 1:28,29

El accionar de los sacerdotes de Satanás tiene que ver, entre otras cosas, con tomar control sobre las mentes de las personas, es decir, obstaculizar la revelación:

18 y diles: ‘Esto dice el Señor: ¡Ay de ustedes, que andan a caza de la gente; que cosen vendas mágicas para que todo el mundo se las ponga como pulseras, y hacen velos para que todos se los pongan en la cabeza! ¿Creen que pueden disponer de la vida y de la muerte de mi pueblo, según les convenga?
Ezequiel 13:18

Los demonios mismos pretenden susurrar su propia revelación:

1 Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe, siguiendo a espíritus engañadores y enseñanzas que vienen de los demonios. 2 Harán caso a gente hipócrita y mentirosa, cuya conciencia está marcada con el hierro de sus malas acciones. 3 Esta gente prohíbe casarse y comer ciertos alimentos que Dios ha creado para que los creyentes y los que conocen la verdad los coman, dándole gracias. 4 Pues todo lo que Dios ha creado es bueno; y nada debe ser rechazado si lo aceptamos dando gracias a Dios, 5 porque la palabra de Dios y la oración lo hacen puro.
I Timoteo 4:1-5

El espíritu del mundo pretende dominar a la sociedad en función de sus propios intereses, sin ir más lejos, prestemos atención a los avisos publicitarios que se ven cada día: cada uno de ellos constituyen una muestra de sutileza en el intento de manipular a los telespectadores inconscientemente, ¿y eso no es espiritual? Los valores y motivaciones que transmiten están en función de intereses económicos, pero influyen en el pensamiento y la acción de las personas, por lo que también moldean de alguna forma sus creencias, ¿y no va a generar eso conductas y voluntades contrarias a las de Dios?

Que los aires estén limpios sobre mí y sobre mi comunidad es fundamental para que la revelación fluya con más intensidad. Por ello, todo lo que tiene que ver con la guerra espiritual, y con discernir las estratagemas del Diablo son fundamentales también para que baje la revelación. Tratar con la iniquidad es otro de los puntos clave.

Aquí también se establece un círculo virtuoso: cuando comenzamos a tratar con lo que estorba, Dios puede enviarnos más revelación, que nos dará más herramientas y poder para tratar con lo espiritual, que a su vez limpiará más los aires sobre nosotros y nuestras comunidades.

 

domingo, 28 de febrero de 2010

Cómo obtener revelación espiritual 2º

EL PROPÓSITO DE DIOS

Creo que uno de los grandes “dilemas” de la teología práctica de los cristianos es si entendemos a Dios como una especie de “máquina” que está “obligada” a cumplir determinadas leyes o como un ser con voluntad y decisión propia, que respeta su palabra pero que no está atado a ninguna manipulación.

Quizás la primer frase resulta chocante, pero cuando analizamos determinados mensajes se vuelve muy real: “haga esto y Dios va a hacer lo otro”. Sí, claro que hay promesas y que el Padre respeta sus promesas, pero también hay condiciones a esas promesas y, por otro lado, que haya determinadas promesas en la Palabra no significa que necesariamente se vayan a aplicar (o a ser potencialmente realizables) en mi vida en un momento particular. Quizás muchas veces pecamos de “presunción de fe”, que parece fe verdadera pero que no es más que mi propia voluntad disfrazada de espiritualidad.

La revelación viene con un propósito.

19 Señor, todas estas maravillas las has hecho en atención a tu siervo, según lo quisiste y para darlas a conocer
1º Crónicas 17:19

11 Así como uno se aprieta el cinturón alrededor de la cintura, así tuve a todo el pueblo de Israel y a todo el pueblo de Judá muy unidos a mí, para que fueran mi pueblo y dieran a conocer mi nombre, y fueran mi honor y mi gloria …
Jeremías 13:11

12 También les di a conocer mis sábados, que debían ser una señal entre ellos y yo, y un recuerdo de que yo, el Señor, los había consagrado para mí.
Ezequiel 20:12

9 Los discípulos le preguntaron a Jesús qué quería decir aquella parábola. 10 Les dijo: “A ustedes Dios les da a conocer los secretos de su reino; pero a los otros les hablo por medio de parábolas, para que por más que miren no vean, y por más que oigan no entiendan
Lucas 8:9,10

26 Les he dado a conocer quién eres, y aún seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos, y para que yo mismo esté en ellos.”
Juan 17:26

23 Al mismo tiempo quiso dar a conocer en nosotros la grandeza de su gloria, pues nos tuvo compasión y nos preparó de antemano para tener parte en ella.
Romanos 9:23

Según vemos, distintos momentos de la revelación bíblica vinieron con un propósito, a personas determinadas con funciones determinadas y objetivos específicos del Padre. Ahora bien, no es que Dios escatime su revelación en este tiempo, porque su naturaleza es ser un Padre generoso y porque además dice:

27 Pero ustedes tienen el Espíritu Santo con el que Jesucristo los ha consagrado, y no necesitan que nadie les enseñe, porque el Espíritu que él les ha dado los instruye acerca de todas las cosas, y sus enseñanzas son verdad y no mentira.
1 Juan 2:27

Pero también dice:

1 Hermanos míos, no haya entre ustedes tantos maestros, pues ya saben que quienes enseñamos seremos juzgados con más severidad
Santiago 3.1

2 “Solo a ustedes he escogido
de entre todos los pueblos de la tierra.
Por eso habré de pedirles cuentas
de todas las maldades que han cometido.”
Amós 3:2

Y no solo tiene que ver con la responsabilidad, sino también con la capacidad de asimilar lo revelado:

12 “Tengo mucho más que decirles, pero en este momento sería demasiado para ustedes.
Juan 16:12

Dios pone límites a la revelación que vuelca en determinado momento; aunque muchas veces esos límites tienen que ver más con las personas que la reciben que con el deseo del Padre, Dios sabe hasta cuando mostrarse y voluntariamente no avanza más allá dando aquello que no podría ser recibido, o que no podría ser entendido, o que se usaría mal o que simplemente se perdería. Puede haber muchos propósitos distintos y puede ser que no alcancemos a comprenderlos en esta vida; con todo, la actitud que deberíamos tener, según creo, es la que expresó Moisés:

29 Hay cosas que no sabemos: esas pertenecen al Señor nuestro Dios; pero hay cosas que nos han sido reveladas a nosotros y a nuestros hijos para que las cumplamos siempre: todos los mandamientos de esta ley.
Deuteronomio 29:29

En este pasaje vemos que la revelación que acababan de recibir los israelitas (en el sentido de la Ley mosaica) tenía un propósito práctico: era lo que debían obedecer; lo que ellos tenían que y podían hacer en ese momento histórico particular. Claramente quedaban cosas ocultas, misterios por develar (muchos de los cuales serían develados a lo largo de la historia y, más acabadamente, en Jesucristo), pero eso estaba en la órbita de la soberanía divina y permanecía oculto, al menos por ese tiempo.

Dios había revelado algo con un propósito y esperaba la respuesta de los receptores. No dice que no debían seguir buscando más de Dios (¡eso se contradeciría con la naturaleza divina!), sino que debían empezar a poner en práctica lo que habían recibido.

Como vimos, la revelación implica siempre una responsabilidad. Quizás Dios no nos pida muchas cuentas de lo que sabemos intelectualmente, pero sin duda que sí nos pedirá cuenta de lo que se nos haya sido revelado, y como creo que no hay conocimiento “solamente teórico” para Dios, toda revelación tiene que tener consecuencias prácticas. No responder de acuerdo a lo recibido, además de no agradar a nuestro Señor y dificultar sus propósitos para nuestras vidas, va a frenar revelaciones posteriores, y puede atraer juicio divino.

Más allá de todo lo que podamos y debamos hacer nosotros (que tiene que ver con lo que sigue), en última instancia será la voluntad divina la que determine qué se mostrará y qué se ocultará (al menos, por un tiempo), y también a quién o quiénes se mostrará y a quién o quiénes se ocultará. Por tanto, no cabe ningún tipo de orgullo ni engreimiento, porque:

7 Pues, ¿quién te da privilegios sobre los demás? ¿Y qué tienes que Dios no te haya dado? Y si él te lo ha dado, ¿por qué presumes, como si lo hubieras conseguido por ti mismo?
1 Corintios 4:7

Cuando dejamos de “competir” por tener más “revelación” o “nivel espiritual” y empezamos a compartir lo que tengamos (mucho o poco) y recibir con corazón abierto lo que le haya sido dado a otro (también mucho o poco) entramos en un nuevo nivel de crecimiento y manifestamos la humildad de Dios. Y entonces, verdaderamente entonces, se abren puertas de revelación superiores a todas las anteriores.


ACTITUD Y PREPARACIÓN

10 Pero mientras aquellas cinco muchachas fueron a comprar aceite, llegó el novio, y las que habían sido previsoras entraron con él en la boda, y se cerró la puerta.
Mateo 25.10

Más allá del significado escatológico de este pasaje, entrar a la intimidad con el Señor significa entrar en el lugar de revelación. Creo que también podríamos interpretar genuinamente este versículo en ese sentido. Había un momento, indefinido todavía para ellas, en el cual llegaría el Señor y podrían estar con él (y recibir sus palabras); les tocaba a ellas estar preparadas para cuando ocurriera.

1 Estaré atento y vigilante,
como lo está el centinela en su puesto,
para ver qué me dice el Señor
y qué respuesta da a mis quejas.
Habacuc 2:1

8 Moisés les respondió:
—Esperen a que reciba yo instrucciones del Señor en cuanto a ustedes.
Números 9:8

Aunque no es el mejor ejemplo, también Balaam entendió este principio:

1 Entonces Balaam le dijo:
—Constrúyeme aquí siete altares, y prepárame siete becerros y siete carneros.
2 Balac hizo lo que Balaam le dijo, y entre los dos sacrificaron un becerro y un carnero en cada altar.
3 Luego Balaam le dijo a Balac:
—Quédate junto al sacrificio, mientras voy a ver si el Señor viene a encontrarse conmigo. Luego te comunicaré lo que él me dé a conocer.
Y Balaam se fue a una colina desierta, 4 donde Dios se le apareció. …
Números 23:1-4

Hay mucho más que se podría decir sobre la preparación. Se podría hablar sobre el ayuno, por ejemplo, sobre el sacrificio, la alabanza, etcétera, etcétera. Cuando nos preparamos para recibir palabra de Dios, ¡él acude a la cita! Por supuesto, la revelación que nos de será la que él considera importante, y no necesariamente la que estamos esperando nosotros.

Pero cuidado, Dios sigue siendo soberano y de voluntad independiente, por lo que tampoco está sujeto a nuestra preparación para hablarnos:

1 Moisés cuidaba las ovejas de su suegro Jetró, que era sacerdote de Madián, y un día las llevó a través del desierto y llegó hasta el monte de Dios, que se llama Horeb. 2 Allí el ángel del Señor se le apareció en una llama de fuego, en medio de una zarza. Moisés se fijó bien y se dio cuenta de que la zarza ardía con el fuego, pero no se consumía. 3 Entonces pensó: “¡Qué cosa tan extraña! Voy a ver por qué no se consume la zarza.”
4 Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: …
Éxodo 3:1-4

No sabemos qué hizo Moisés durante 40 años en el desierto, pero no hay nada en el texto que nos de la impresión de que estuviera preparándose concientemente para recibir la revelación divina. Por supuesto, Dios supo que ya estaba listo y por eso se manifestó, pero, por la respuesta que más adelante daría Moisés, él no lo consideraba así.

Dios puede manifestarse en el momento que parece inadecuado, cuando humanamente no están dadas las condiciones; así como puede no manifestarse cuando humanamente parece que están dadas las condiciones. Lo único realmente importante en todo esto es que ¡Papá sabe cuando hacerlo!

La preparación, y me refiero a la preparación guiada por el Espíritu, es importante y necesaria. Pero al Padre le interesa por sobre todo el corazón; las “prácticas religiosas” por sí solas no pueden “manipular” a Dios:

1 El Señor me dijo:
“Grita fuertemente, sin miedo,
alza la voz como una trompeta;
reprende a mi pueblo por sus culpas,
al pueblo de Jacob por sus pecados.
2 Diariamente me buscan
y están felices de conocer mis caminos,
como si fueran un pueblo que hace el bien
y que no descuida mis leyes;
me piden leyes justas
y se muestran felices de acercarse a mí,
3 y, sin embargo, dicen:
‘¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve?
¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?’
El día de ayuno lo dedican ustedes a hacer negocios
y a explotar a sus trabajadores;
4 el día de ayuno lo pasan en disputas y peleas
y dando golpes criminales con los puños.
Un día de ayuno así, no puede lograr
que yo escuche sus oraciones.
5 Creen que el ayuno que me agrada
consiste en afligirse,
en agachar la cabeza como un junco
y en acostarse con ásperas ropas sobre la ceniza?
¿Eso es lo que ustedes llaman ‘ayuno’,
y ‘día agradable al Señor’?
6 Pues no lo es.
Isaías 58:1-6

Por encima de cualquier práctica o preparación, la principal preparación consiste en tener un corazón humilde y sensible a la voz del Padre, en caminar cada día de su mano, en limpiarnos con el poder del Espíritu de nuestros pecados, en procurar amarlo y obedecerlo, en recibir antes que nada su amor y su gracia.

En el antiguo pacto Dios se manifestaba cuando había un sacrificio, tipo de los sacrificios vivos del nuevo pacto. Pero el primero de todos los sacrificios es el amor:

3 Y si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y aun si entrego mi propio cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve.
I Corintios 13:3

Dios requiere un corazón humilde, quebrantado, sencillo, desesperado por él, lleno de amor. En un sentido general, Dios no puede dejar de responder a la humildad:

6 Pero Dios nos ayuda más con su bondad, pues la Escritura dice: “Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a los humildes”
Santiago 4:6

La fe también es fundamental: la fe en que Dios me ama, en que soy muy valioso para él, en que él quiere y puede hablarme.

Es necesario que los “aires encima mío” sean limpiados para que venga la revelación, esto es, limpiarme por la sangre del Cordero de toda iniquidad, maldición y pecado.

La revelación viene sobre corazones obedientes, porque una revelación dada a alguien que no está dispuesto a obedecer traería condenación.

Junto a la obediencia va la santidad.

Y, por supuesto, la revelación viene en personas que se han preparado también para tener abiertos sus ojos y oídos espirituales (oración, ayuno, meditación, tiempo de paz y tranquilidad).

Un aspecto importante a mencionar es que la revelación viene de acuerdo a la capacidad de recibirla (entenderla, aceptarla, obedecerla) que tiene el creyente o la comunidad que la recibe, tal como se mencionó más arriba (Juan 14:12ss). No estaban todavía en condiciones de recibir mayores revelaciones porque necesitaban todavía crecer más espiritualmente y, por sobre todo, recibir el bautismo en el Espíritu Santo que los capacitaría para entender. No podían recibir todavía más revelación por una cuestión lógica de tiempo y madurez espiritual.

Distinto fue el caso de los corintios:

1 Yo, hermanos, no pude hablarles entonces como a gente madura espiritualmente, sino como a personas débiles, como a niños en cuanto a las cosas de Cristo. 2 Les di una enseñanza sencilla, igual que a un niño de pecho se le da leche en vez de alimento sólido, porque ustedes todavía no podían digerir la comida fuerte. ¡Y ni siquiera pueden digerirla ahora, 3 porque todavía son débiles! Mientras haya entre ustedes envidias y discordias, es que todavía son débiles y actúan con criterios puramente humanos.
I Corintios 3:1-3

Aquí el problema era otro: debían haber estado ya en condiciones de poder recibir una palabra más profunda, pero al no haber abandonado el pecado no habían podido llegar al nivel de madurez necesario. De todas formas, tampoco podían recibir una revelación más profunda.

Estos dos últimos aspectos tienen algunas consecuencias prácticas interesantes: la revelación, o mejor dicho, una revelación más profunda puede no venir debido a que aún no hemos alcanzado el grado de madurez necesario para “recibirla” (es decir, entenderla, aceptarla y obedecerla) y no porque Dios no tenga en su propósito dárnosla.

Si nos falta tiempo de crecimiento, eso se corrige ¡con tiempo! Es decir, no hay solución “mágica”, no hay atajos, no existe ningún abono que pueda acelerar el crecimiento de tal planta. Pero por cierto que, llegado el tiempo de madurez adecuado, la revelación vendrá. Esto es válido para muchos cristianos nuevos (y no tan nuevos) y vale la pena que no entiendan, para que no se carguen con culpas ni ansiedades innecesarias.

Si el problema de madurez no es tanto debido al poco tiempo de crecimiento sino debido a la persistencia en el pecar, el problema es otro. Puede resultar difícil discernir entre esto y lo anterior, porque precisamente la falta de madurez se manifiesta en mantener determinados pecados. La diferencia está en que en este caso el cristiano (o la comunidad entera) persiste en determinados pecados más allá del tiempo “aceptado” por Dios, o bien no quiere afrontar los desafíos a crecer que el Señor le está dando o, peor aún, está volviendo atrás.

No hay mucho para decir: el problema no es no recibir revelación, ¡eso es secundario! El problema es arreglar las cuentas con Dios, y para hacer eso casi no hace falta ninguna revelación nueva, basta simplemente vivir lo que ya se recibió antes y se descuidó. La nueva revelación comenzará a fluir abundantemente después.

El hecho de no recibir revelación pudiera estar indicando la necesidad de comenzar a arreglar las cuentas con Dios, es decir, funcionaría como un llamado de atención.

Hay un aspecto que es fundamental para recibir algo de Dios, y que nos abre puertas en los cielos aunque estemos flojos en todas las otras áreas: el hambre por Dios.

Junto con el hambre por la revelación de Dios, y aunque parezca contradictorio, aparece la paciencia.

Para concluir esta sección, vale lo mismo que para las otras: la revelación, una vez recibida, nos ayudará a desarrollar un corazón humilde, quebrantado, sencillo, desesperado por él, lleno de amor, con fe; limpiara los aires encima mío, me hará más obedientes, me preparará para recibir más revelación en el futuro, me ayudará a madurar y corregirá las áreas atrasadas de mi vida espiritual.

El cristiano individualmente, o la comunidad de creyentes como grupo, da un paso hacia Dios, y cuando Dios se acerca, nos ayuda a dar otro paso más de nuevo hacia él.
 

 

domingo, 21 de febrero de 2010

Cómo obtener revelación espiritual 1º

LA IMPORTANCIA DE LA REVELACIÓN

Necesitamos vivir en revelación. No fuimos creados para movernos en otro ambiente y, sin ninguna duda, no podremos mantenernos ni crecer en la fe, ni mucho menos generar un impacto positivo en los que nos rodean, si no estamos en dicho ambiente. El cristianismo “del alma”, ya sea de tipo intelectual (basado en el conocimiento) o emocional (basado en sensaciones y experiencias) podrá haber servido (más o menos) antes, pero, al avanzar de los tiempos, Dios no va a aceptar otra cosa que no sea un caminar cristiano revelacional. Si antes se podía manifestar en determinados odres, cada vez menos lo va a hacer hoy. Nada, sino la genuina revelación del Espíritu, es lo que el Señor quiere darnos; y las comunidades de fe que no avancen hacia ella se quedarán, lamentablemente, fuera de la protección de la “nube” de Dios (como los israelitas en el desierto).

¿A qué me refiero con “revelación”? Antes que nada, no me estoy refiriendo a la revelación bíblica que fue dada una vez y para siempre (Judas 3) y a la cual no se le puede añadir nada más (Apocalipsis 22:18).

3 Queridos hermanos, he sentido grandes deseos de escribirles acerca de la salvación que tanto ustedes como yo tenemos; pero ahora me veo en la necesidad de hacerlo para rogarles que luchen por la fe que una vez fue entregada al pueblo santo.
Judas 3

18 A todos los que escuchan el mensaje profético escrito en este libro, les advierto esto: Si alguno añade algo a estas cosas, Dios le añadirá a él las calamidades que en este libro se han descrito. 19 Y si alguno quita algo del mensaje profético escrito en este libro, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa que en este libro se han descrito.
Apocalipsis 22:18,19

Es más, sea lo que sea que se llame “revelación”, ya vamos sabiendo que ¡de ningún modo podrá contradecir a la Palabra escrita!

Cuando hablamos de “revelación”, nos estamos refiriendo a la palabra “rhema”, es decir, a la palabra directamente dicha por el Espíritu a nuestro espíritu. Está directamente basada en la palabra logos (palabra escrita; la Biblia). Podemos usar la palabra en sentido equivalente al de profecía, porque viene directamente de Dios, pero quizás sea más específico usarla como “luz espiritual”, entendimiento especial y profundo que recibimos de alguna parte de la Palabra escrita y que nos sirve para aplicar a nuestra vida o a la iglesia o sociedad donde nos movemos.

Se ha dicho que la iglesia de este tiempo es una iglesia profética (por lo menos, debe serlo). Creo que parte de lo que tal expresión significa es que debe vivir en revelación, porque también tiene a su alcance la posibilidad de hacerlo. Este tipo de comunicación tan directa con Dios está disponible para todos los creyentes en esta era:

13 Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que van a suceder.
Juan 16:13

Comparar:

17 ‘Sucederá que en los últimos días, dice Dios,
derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad;
los hijos e hijas de ustedes
comunicarán mensajes proféticos,
los jóvenes tendrán visiones,
y los viejos tendrán sueños.
18 También sobre mis siervos y siervas
derramaré mi Espíritu en aquellos días,
y comunicarán mensajes proféticos.
Hechos 2:17,18

5 Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas extrañas; pero preferiría que comunicaran mensajes proféticos; esto es mejor que hablar en lenguas, a menos que se interprete su significado de tal manera que sirva para edificación de la iglesia.
I Corintios 14:5

Conocemos estos pasajes, se han predicado a los largo de los siglos, y, de alguna forma, se han vivido también. Sin embargo, en este tiempo deben alcanzar la plenitud de su manifestación, como nunca antes ocurrió.

La revelación hace que la Palabra de Dios sea viva en nosotros, sea aplicable como una espada precisa para una labor precisa y con resultados maravillosos. La mera información (conocimiento mental de la Palabra) no alcanza el poder de la revelación porque deja a nuestra mente limitada el entendimiento y aplicación del arma poderosa de la Palabra y le “quita” en cierto sentido esta función a Dios.


LO QUE NO ES REVELACIÓN

Quizás sea innecesario, pero aclaremos algo de lo que “revelación” no es.

La revelación (entendimiento espiritual sobre una verdad bíblica) no puede nunca estar en contradicción con la Palabra escrita, como se dijo más arriba. Podrá haber una contradicción aparente si lo que estamos entendiendo con nuestra mente sobre la Biblia no es exactamente lo que Dios está diciendo, pero en ese caso, con mayor estudio, oración y búsqueda, el entendimiento intelectual llegará a alinearse con el revelacional. También puede haber discordancia cuando la exposición doctrinal humana está mezclada con falsas enseñanzas. Vale la misma aclaración que antes.

Es cierto que quienes defienden fervientemente el conocimiento revelacional suelen menospreciar, subvalorar o, por lo menos, ignorar, la importancia del conocimiento intelectual (del alma). Vale la pena recordar que el alma humana, con todas sus funciones no fue un invento de Satanás, ¡Dios la hizo!, y si la hizo él, no puede ser mala, al contrario. Por lo tanto, ¡debe ser usada! y usada bien. El problema es cuando el alma predomina por sobre el espíritu, pero en su debido lugar es una poderosa herramienta en manos de Dios.

La revelación tampoco es un entendimiento “esotérico” de los “misterios ocultos” de la Biblia. No pretende hacerle decir a un pasaje algo completamente distinto a lo que dice. De hecho, la revelación puede muy bien ser sobre verdades sencillas y simples. Pretender buscar siempre algún sentido recóndito y arcano en los pasajes proféticos no es revelación, es simplemente afán por la novedad. Si el Espíritu da esa clase de revelación, bienvenida sea; pero si no la da, bienvenido sea también. Lo repito, porque suele confundirse “revelación” con “interpretación novedosa”; recibir revelación sobre algo no implica necesariamente interpretar ese pasaje como nunca nadie lo hizo antes. Puede que sí pero puede que no.

La revelación no es falsa revelación. En la medida que todavía nos falte crecer en el discernimiento espiritual, es muy fácil que el enemigo introduzca falsas revelaciones. De hecho, unas cuantas cosas que uno ha escuchado por ahí no suenan ser muy verdaderas.

Pero el peligro de las falsas revelaciones no debe hacernos rechazar el hecho de que el Espíritu nos quiere dar las verdaderas. Es más, la mejor (y quizás, la única válida) forma de combatir el peligro de las falsas es difundir el entendimiento de cómo funcionan y se reciben las verdaderas y llevar a la comunidad de los hermanos a vivir recibiendo verdadera revelación. Cualquier otra alternativa menor dejará siempre alguna brecha abierta.

Y, lo más importante de todo, la revelación no se compra en las librerías cristianas ni se recibe en un seminario o desde un púlpito. La revelación, entendida tal y como la definimos antes, solamente la puedo recibir directamente del Espíritu. Todo lo anterior (libros, seminarios, predicaciones, etc.) puede ser muy bueno y es necesario; pueden ser vehículo de la revelación y / o ponernos en el lugar correcto y en el momento preciso para recibirla. Pero la revelación propiamente dicha es un acto del Espíritu a nuestro espíritu.


UN ACTO DE GRACIA

Pablo oró:

Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, al glorioso Padre, que les conceda el don espiritual de la sabiduría y se manifieste a ustedes, para que puedan conocerlo verdaderamente. DHH

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. NVI

Efesios 1:17

En este texto se usa revelación en un sentido de comprensión profunda, espiritual, que nos permite conocer verdaderamente a Dios. Y ése es otro aspecto fundamental de la revelación: nos lleva a “entender cómo es Dios”.

¿Para qué necesitamos revelación? Para lo que estuvimos mencionando anteriormente: para llegar a ser lo que Dios quiere que seamos y a vivir como Dios quiere que vivamos. Eso sólo se logra conociendo verdaderamente a Dios, pero

“Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen.”
I Corintios 1:21

Entonces la sabiduría humana, por sí sola, no nos sirve; ni aún la sabiduría humana aplicada a las cosas espirituales. Sólo el recibir la sabiduría de Dios (lo que estamos llamando revelación) nos puede llevar al conocimiento de él. Y conocerlo, equivalente a “mirarlo”, es importante porque:

“Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor.”
II Corintios 3:18

Entonces, necesitamos el conocimiento intelectual, “humano”, pero también necesitamos el conocimiento “revelacional”, aquel tipo de conocimiento que llega hasta lo profundo de nuestro espíritu y produce cambios desde allí.

La sabiduría asequible a nuestra mente se puede obtener, claro está, con nuestras propias fuerzas, aunque el Espíritu puede dárnosla también abundantemente. La revelación solo puede venir de Dios, y por ello, es un acto de gracia soberana.

La sabiduría espiritual de Dios es por gracia. Pablo lo entendió cuando dijo:

… Nosotros no nos guiamos por la sabiduría humana, sino que confiamos en la gracia de Dios.
II Corintios 1:12

Pero la gracia, mejor dicho, aceptar la gracia, entender la gracia y vivir en la gracia, requiere mucha humildad, porque si es por gracia, entonces no puedo hacer nada y no puedo dar nada a cambio, solo recibir. Sin embargo, no es imposible vivir en la gracia, al contrario, ¡es maravilloso!, porque solo la gracia libera y trae paz. Todos nosotros podemos vivir y crecer en la gracia en la medida que nos vayamos animando a “probarla”.

Al ser un acto de gracia, depende de la voluntad divina:

16 Así pues, no depende de que el hombre quiera o se esfuerce, sino de que Dios tenga compasión.
Romanos 9:16

Un ejemplo fundamental es lo que pasó con los profetas de la antigüedad:

10 Los profetas estudiaron e investigaron acerca de esta salvación, y hablaron de lo que Dios en su bondad iba a darles a ustedes. 11 El Espíritu de Cristo hacía saber de antemano a los profetas lo que Cristo había de sufrir y la gloria que vendría después; y ellos trataban de descubrir el tiempo y las circunstancias que señalaba ese Espíritu que estaba en ellos. 12 Pero Dios les hizo saber que lo que ellos anunciaban no era para ellos mismos, sino para bien de ustedes. Ahora pues, esto es lo que les ha sido anunciado por los mismos que les predicaron el evangelio con el poder del Espíritu Santo que ha sido enviado del cielo. ¡Estas son cosas que los ángeles mismos quisieran contemplar!
I Pedro 1:10-12

No les fue revelado lo que sí se nos mostró a nosotros:

23 Volviéndose a los discípulos, les dijo a ellos solos:"Dichosos quienes vean lo que ustedes están viendo; 24 porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver estoque ustedes ven, y no lo vieron; quisieron oir esto que ustedes oyen, y no lo oyeron."
Lucas 10:23-24

Así como en la revelación bíblica hubo tiempos, también los hay con nosotros.

Entonces, la revelación no se puede forzar porque es un acto soberano de Dios, pero hay ciertas condiciones a tener en cuenta que nos pueden colocar en el lugar y momento adecuado para que Dios nos hable si es su voluntad hacerlo, ¡y creo que el Señor quiere darnos mucha más revelación de lo que solemos pedir!

Hay algunos pasajes que nos muestran algunos ejemplos de “ámbitos” especiales que Dios quiso usar para traer revelación:

2 “Baja a la casa del alfarero y allí te comunicaré un mensaje.”
Jeremías 18:2

1 Luego oí una voz que me decía: “Tú, hombre, ponte de pie, que te voy a hablar.”
Ezequiel 2:1

7 Vayan pronto y digan a los discípulos: ‘Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán.’ Esto es lo que yo tenía que decirles.
Mateo 28:7

4 Cuando todavía estaba con los apóstoles, Jesús les advirtió que no debían irse de Jerusalén. Les dijo:
—Esperen a que se cumpla la promesa que mi Padre les hizo, de la cual yo les hablé.
Hechos 1:8

Por supuesto, no tenemos que pensar en hacer un “culto del lugar” o la postura, como Dios es soberano, puede hablar como, cuando y a quién quiere. Pero hay aspectos que permiten que su Espíritu pueda fluir libremente; todos ellos influyen al ponernos en el lugar correcto para escuchar la voz de Dios, y a su vez son influidos por esa misma voz cuando viene. Por supuesto, no obligan a Dios para que nos hable, ¡aunque de hecho él desea ardientemente hacerlo!


ELEMENTOS DEL AMBIENTE DE REVELACIÓN

El propósito de Dios

Dios tiene un plan en todo lo que hace y dice, un plan tanto a nivel de la creación toda como personal, para cada uno.

La revelación viene de acuerdo con los propósitos de Dios: los propósitos generales de su plan de redención, el tiempo y lugar en donde se encuentra la iglesia respecto de esos propósitos y los propósitos específicos para nosotros.

No hay revelación de cosas que se salgan o interfieran con los propósitos de Dios.


Actitud y preparación

Dios requiere un corazón humilde, quebrantado, sencillo, desesperado por él, lleno de amor. La fe es fundamental: la fe en que Dios me ama, en que soy muy valioso para él, en que él quiere y puede hablarme.

Es necesario que los “aires encima mío” sean limpiados para que venga la revelación, esto es, limpiarme por la sangre del Cordero de toda iniquidad, maldición y pecado.

La revelación viene sobre corazones obedientes, dispuestos a pagar el precio, porque una revelación dada a alguien que no está dispuesto a obedecer traería condenación.

La revelación viene en personas que se han preparado también para tener abiertos sus ojos y oídos espirituales (oración, ayuno, meditación, tiempo de paz y tranquilidad).


Conocimiento

El conocimiento (tanto de la Palabra como el “secular”) puede servir como una especie de “cimiento” para que la revelación pueda basarse. Mientras más conocemos de la Palabra, más tiene el Espíritu para sacar y avivar en los momentos de revelación.

A su vez, es claro que la revelación misma siempre aumenta nuestro conocimiento sobre la Palabra y la realidad.


Ambiente espiritual

Esto no se refiere tanto a nuestra preparación personal sino a los principados y fortalezas espirituales que batallen en contra nuestra. El ejemplo de Daniel es muy claro, porque frenaron la revelación que ya había salido del trono de Dios por 3 semanas.

La guerra espiritual que hagamos (y la que otros hagan) sobre los aires del lugar donde nos encontramos liberará el camino para que la revelación pueda correr libremente.

También hay que considerar las maldiciones y los principados que quieran atacarnos directamente a nosotros (porque un hombre que busca, y por ende, recibe, revelación es peligroso para el reino de las tinieblas) y guerrear contra ellos.

También se tiene en cuenta la influencia de las iniquidades y las bendiciones propias y generacionales.

Por otro lado, cuando viene la revelación, ésta batalla contra los principados y ayuda a despejar los aires.


La comunidad del pueblo de Dios

Mucha de la revelación que nosotros necesitamos no nos vendrá directamente a nosotros sino a través de nuestros hermanos, y viceversa.

Dios se manifiesta y se mueve libremente en la comunión y en el amor entre hermanos. La ministración mutua limpia “nuestros aires” para que luego podamos, individualmente, recibir revelación.

Y el ambiente cristiano que nos rodee va a influir en mucho de lo que pensamos, sentimos y hacemos, todo lo que tiene que ver con nuestra actitud y preparación.

A su vez, la revelación que viene sobre un creyente, siendo compartida y ministrada, va a bendecir a toda la comunidad.


Dinámica y características propias de la revelación

El modo en que Dios obra y nos habla y se manifiesta a nosotros es particular. Necesitamos conocerlo, aprender cómo, para abrir nuestro corazón a su forma de actuar sobre nosotros y no ponerle obstáculos.

Necesitamos ser sensibles al silbo apacible de la voz de su Espíritu, y aprender a ser obedientes a esa voz para que la revelación pueda continuar fluyendo.