lunes, 16 de octubre de 2017

292. ¿Cielo o nirvana? ¿Cuál es nuestra esperanza firma?

Lucas 18:29-30 RVC
29 Y Jesús les dijo: «De cierto les digo, que cualquiera que haya dejado casa, padres, hermanos, mujer, o hijos, por el reino de Dios,
30 recibirá mucho más en este tiempo, y en el tiempo venidero recibirá la vida eterna.»

1 Tesalonicenses 4:17-18 RVC
17 Luego nosotros, los que aún vivamos y hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para recibir en el aire al Señor, y así estaremos con el Señor siempre.
18 Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.


Diría que no hace falta hablar sobre la doctrina del cielo y la vida eterna, se supone que todos los cristianos creen en ella. El asunto es en qué cielo y qué vida eterna están creyendo.

Por diversas razones (léase: teologías y prácticas desviadas) la vida eterna, qué pasará con nosotros en el cielo, suele quedar confuso, “olvidado”, relegado a un rincón del pensamiento sin utilidad práctica, o envuelto en dudas. En todo caso, no se trata de ningún concepto que “actúe” en el presente, es decir que lo consideramos como “algo de lo que nos preocuparemos cuando llegue el momento”.

En parte ese último razonamiento es cierto, tenemos preocupaciones más urgentes en el aquí y ahora, los eventos futuros, y especialmente nuestra vida en el cielo, NO SON CONCEPTOS NEUTRALES en el presente porque vemos a Pablo utilizándolos para que los creyentes se animen mutuamente.

Creo que los cristianos muchas veces tenemos un concepto “nirvánico” del cielo. No soy un experto en religiones orientales, pero veamos un repaso de las ideas asociadas al “nirvana”:

“En la filosofía shramánica, nirvana es el estado de liberación tanto del sufrimiento (dukkha) como del ciclo de renacimientos. … En el contexto religioso, este término pasa a aplicarse en las religiones en India como el hinduismo, budismo, jainismo, para así indicar un estado de cese de la actividad mental corriente y que significará una liberación espiritual, el estado de felicidad supremo. … En todas estas religiones, la palabra nirvana tiene connotaciones de quietud y paz. … La palabra procede de un verbo que significa enfriarse o apagarse, como el final de una vela. La connotación es que sólo en el nirvana están extinguidas las llamas de la lujuria, el odio, la codicia y la ignorancia. … Su naturaleza ha sido muy debatida por el pensamiento occidental, algunos de cuyos investigadores sostienen que implica una total aniquilación aunque otros lo interpretan como beatitud eterna. … En el hinduismo se habla de la unión con el uno absoluto (Brahman) … El hinduismo utiliza el término nirvana en su contexto de mokṣa (liberación del samsara o del ciclo de nacimientos y muertes repetidos), en el que el alma o ātmān se fundirá con la divinidad o lo absoluto. …”

No pretendo hablar sobre el nirvana, pero sí tomar algunas ideas (aunque no es un concepto unívocamente definido), y por lo que podemos ver oscila entre una especie de “aniquilación”, disolución o “desdibujamiento” del ser, hasta un estado de quietud, inactividad, sin pasiones pero aparentemente sin emociones ni actividades tampoco.

Algún experto en religiones orientales podrá desdecirme, pero lo que me interesa aquí es que el concepto que al menos los occidentales tenemos de “nirvana” implica por lo menos una situación en la que la actividad humana, que tan propia nos es en este mundo, queda reducida o eliminada, e incluso la misma esencia del ser llega a perderse.

Pues bien, creo que por defecto muchos cristianos tienen alguna idea parecida del cielo, como algo que queda “en la nebulosa”; saben que no pasarán muchas cosas de las que aquí pasan, pero no saben qué va a pasar. ¿Cómo puede ese concepto servir para animarnos unos a otros?

No podemos conocer todo lo que el cielo implica porque no estamos allá, a no ser por revelación profética, pero aún esa está limitada por nuestra posibilidad de comprensión, por lo que de todas formas lo que podamos saber del cielo es limitado. Con todo, ese conocimiento limitado debería servirnos tanto como para entusiasmarnos en esta vida e incluso afrontar con alegría las dificultades, sufrimientos e incluso el martirio y la muerte, sabiendo que hay algo mucho mejor, algo que, aunque no podamos comprender en su totalidad, podemos conocer lo suficiente como catalogarlo como “mucho mejor”.

En las palabras de Lucas 18 el Señor está hablando de cuestiones de la vida, propiamente, de la vida terrenal, social, económica. En ese contexto habla de las promesas para esta vida y de la vida eterna; y el concepto de “vida” es el hilo conductor de las tres etapas que muestra: la vida del nuevo creyente afrontando la persecución, la vida del cristiano recibiendo la protección y provisión divinas, la vida eterna. Bueno, el concepto de “vida eterna” también lo podemos encontrar en otros lugares. El asunto es ¿qué significa “vida”? ¿Es sólo una especie de nirvana o es algo más?

Yo entiendo que el concepto “vida” significaba para ellos, y para nosotros, todo lo que la palabra “vida” significa, con sus muchas actividades, emociones y desafíos; claro que desprovista de pecado, sufrimiento y fracaso al tratarse de la vida que Dios nos va a dar. Lo más simple es pensar que “vida” es precisamente “vida”, y no una “nebulosa cósmica difusa” en la que los humanos perdamos nuestra identidad o estemos eternamente tocando el arpa en una nube.

Aunque no nos queden claras todas las implicancias y características de esa vida en el cielo, sabemos que es plenamente “vida”, en donde nosotros, y no un calco difuso, estaremos disfrutando de todo lo bueno y genuino que tiene la vida: familia, amigos, trabajo, estudio, comunión continua, paisajes, otros seres vivos, y más.

Hay muchas revelaciones proféticas del cielo que fundamentan lo que digo, pero no quiero basarme en ellas aquí, sino simplemente tomar el concepto bíblico de “vida” y pretender entender sus implicaciones.

En una vida así, que podemos entender, podemos gozarnos. ¿Es esto real en tu vida? ¿Hasta dónde llega tu fe? ¿Hasta una buena y bendecida vida cristiana terrenal? ¿Tener protección en medio de los juicios? Nada de eso tiene fuerza suficiente.

Los ateos han hecho un muy buen trabajo durante décadas, y siglos, haciendo sentir vergüenza a los cristianos por esperar algo en el “más allá”. Como respuesta, las teologías y prácticas cristianas se han concentrado en el “más acá”. Eso está bueno en un sentido porque le permitió a la Iglesia volverse más relevante en el mundo y dar un mejor testimonio, pero está mal porque, al haber dicho “amén” a la prédica atea, nos olvidamos de lo que tiene que ser nuestra esperanza. ¡SÍ, ESPERAMOS UNA VIDA ETERNA, NO ACÁ!

Creo que Dios restaurará esta Creación finalmente, y que hay un futuro maravilloso para este universo material que Dios mismo hizo, y creo que nosotros tendremos mucho que ver en ese futuro aunque puede parecer raro a oídos de muchos. Pero no tengo dudas de que tenemos una vida maravillosa en el cielo, que no puedo imaginarme y no podré nunca estando sobre esta tierra, pero que puedo entrever proyectando las mejores cosas que podemos vivir aquí. Esa esperanza me sostiene.



Danilo Sorti


291. ¿Qué significa para los hijos de Dios fieles que los juicios del Padre ya hayan comenzado?

Lucas 21:28 DHH
28 Cuando comiencen a suceder estas cosas, anímense y levanten la cabeza, porque muy pronto serán libertados.

El inicio de la manifestación de los juicios de Dios significa distintas cosas para distintos grupos de personas. Es obvio que para los incrédulos significa un tiempo de terror, para los que están llamados a salvación será el tiempo de reconocer a Dios, para los que ya han rechazado definitivamente a Dios, será sólo un tiempo de angustia, confusión y profundo engaño, en espera del juicio eterno.

Para un grupo de cristianos, que están espiritualmente dormidos, es decir, sin poder darse cuenta de los tiempos y viviendo en fantasía, será un tiempo de enorme confusión; algunos serán definitivamente expulsados del Cuerpo; otros se volverán al Señor de todo corazón.

Pero entre todos ellos, sigue habiendo un resto fiel, que es fiel ahora, sin necesidad de sufrir los juicios, y que seguirá siendo fiel. Estos son los que se han esforzado durante mucho tiempo, y han tenido que soportar luchas y desprecios, sin que, aparentemente, Dios hiciera algo por reivindicarlos. En el silencio de Dios, sostenidos solo por la fe, se mantuvieron fieles, sin tener quizás una idea clara de por qué los mentirosos “prosperaban”, pero sin dejar sus posiciones.

A decir verdad, esta ha sido la historia de los cristianos fieles durante dos mil años y no se suponía que fuera de otra manera… hasta ahora.

La palabra que se traduce por “anímense” en el versículo de más arriba significa también: levantar la cabeza, enderezarse, surgir, elevarse, y la palabra “levanten” significa algo parecido; alzar, enaltecer, izar, levantar. Tenemos entonces dos expresiones que están reforzando la misma idea. Pero si esto es la “novedad” de estos tiempos se debe a que, hasta este momento la realidad era lo contrario: agachar la cabeza, esconderse, pasar desapercibido.

Hermanos, quiero ser prudente en lo que digo porque el siguiente mandato nunca fue revocado:

Mateo 10:16 RVC
16 »Tengan ustedes en cuenta que los estoy enviando como a ovejas en medio de lobos; así que sean prudentes como serpientes y sencillos como palomas.

Pero aún en medio de esa realidad, que no va a cambiar hasta el arrebatamiento, entiendo que hay un tiempo nuevo, no solo de renovado valor sino también de renovada protección. Hay palabras proféticas que hablan de la realidad de la iglesia en los últimos tiempos, de la protección divina sobre ella, del avivamiento y valor en la predicación, y también del furor de la ira de la gente sobre ella.

Hacia ese avivamiento vamos, pero creo que algo está cambiando ahora porque, si reconocemos que Dios ha empezado a juzgar la Tierra por su maldad, estamos reconociendo también que está terminando el tiempo de Su paciencia, lo que incluye tolerar que los impíos opriman a Sus hijos sin consecuencias.

De nuevo, no estoy presentando ningún “mundo mágico” en el que todo aquel que se atreva a hacernos la guerra vaya a caer inmediatamente fulminado por un rayo, pero entiendo que las cosas están cambiando. Llega el tiempo en el que los santos fieles gozarán de la protección sobrenatural de Dios para completar la misión, lo último que quede; mientras tanto las cosas están empezando a cambiar.

No puedo asegurar exactamente qué significa esto para cada cristiano fiel en cada realidad particular, pero sí puedo decir que antes de que lleguen los últimos acontecimientos, hoy y ahora, Dios ya está respaldando de otra manera a Sus hijos fieles. No a todos, quizás sólo a pocos.

Algunos protestarán y repetirán como una fórmula mágica que “Dios no hace acepción de personas”, pero ese pasaje se refiere al juicio con que cada persona será juzgada, NO HABLA ni de la recompensa ni de las bendiciones. Es más, al juzgar Dios con la misma justicia a todos, algunos son hallados fieles y recompensados con poder y protección, otros, juzgados también con esa justicia, son hallados faltos, y no reciben ni el poder ni la protección. El juicio es, propiamente, la instancia de separación; y en nuestro caso, el juicio “previo”, es decir, Dios pesando nuestros corazones, es lo que hace la diferencia.

Entiendo que debemos estar atentos a la voz del Espíritu, pero que esa misma voz hoy nos está llamando, en diversas circunstancias, a ser más valientes en la proclama, menos “políticamente correcto” que antes (y no es que necesariamente esté mal eso a veces), más osados en exponernos a situaciones riesgosas… siempre bajo la guía del Espíritu.

Entiendo que Dios ya no está tolerando actitudes de oposición de los inconversos como las toleró antes, aunque eso no signifique que dichas personas necesariamente cambien, sino más bien que estamos en los tiempos de Faraón, solo que ahora el “manto” de Moisés ha sido repartido a muchos de Sus hijos. Y así, muchos de ellos serán llamados a confrontar a los Faraones modernos, sin temor, sabiendo que Dios respaldará sus testimonios.

Levantar la cabeza y posicionarnos distinto en medio de los juicios de Dios resulta una actitud tremendamente diferente a la de la mayoría, que tiene muy buenas razones para temer. No es solo una posición interior, una forma de ver las cosas, sino que también se manifiesta hacia el exterior en un valor renovado, en una osadía santa, sabiendo que así como Dios ha empezado a manifestarse sobre la tierra también lo hará sobre Sus hijos.

Hermanos, que el Señor nos dé un oído dispuesto para escuchar Su voz y actuar en consecuencia, pero es hora de levantar la cabeza.


Danilo Sorti


lunes, 2 de octubre de 2017

290. ¿Restauración o “borrón y cuenta nueva”? Por qué es necesaria la Tribulación y el Milenio, antes de la derrota final de Satanás.

Apocalipsis 21:5 RVC
5 El que estaba sentado en el trono dijo: «Mira, yo hago nuevas todas las cosas.» Y me dijo: «Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.»

Vez tras vez afirmamos no solo el poder, sino también la voluntad de Dios para restaurar, es decir, “hacer nuevo”. Este pasaje de Apocalipsis normalmente ha sido interpretado en el sentido de destrucción y nueva creación, sin embargo creo que se refiere más bien a otra cosa, mucho más asombrosa y mucho más de acuerdo con la naturaleza divina. En lo que sigue voy a presentar el argumento del título, a partir del “principio de restauración” de Dios, y por razones de espacio y tiempo no voy a citar muchos pasajes bíblicos, por lo que aquello que voy a decir puede muy bien ser puesto en duda, y me parece bien, así alguno podrá buscar en la Biblia la verdad al respecto.

El punto de partida de este artículo es el tema de la Tribulación y el Milenio, que a pesar de ser doctrinas propiamente “evangélicas”, siguen siendo puestas en duda, especialmente por una renovada corriente que va de la mano del evangelio de la prosperidad y, en parte, del evangelio de la transformación social. En la práctica puede resultar un debate “menor” en función de otras temas y herejías más urgentes, pero en el fondo se relaciona con nuestra forma de entender a Dios, lo cual repercute en el aquí y ahora.

Uno de los puntos centrales de debate es si Dios trata con individuos, con pueblos o con toda la humanidad, es decir, si los plantes de Dios se agotan en salvar individuos aislados, en salvar pueblos o en restaurar a la humanidad. La formación evangélica clásica, especialmente el evangelio que nos vino “del Norte”, muy en consonancia con su cultura, es propiamente individualista, por lo cual es lógico que se concentre en la dimensión individual de la Revelación. Por otro lado, propiamente el tiempo de la Iglesia es quizás el más “individual” de los tiempos dispensacionales.

Ahora bien, nadie puede negar esta dimensión individual. La “salvación personal” ha sido el “grito de guerra” de varias generaciones de evangélicos, y ha llegado a transformarse en un paradigma muy fuerte, pero perdió de vista la dimensión corporativa que es por demás de obvia en el Antiguo Testamento y que no se pierde en el Nuevo. Dios siempre estuvo interesado en “discipular naciones”, y a través de las naciones, llegar a toda la humanidad.

Entonces, si Dios trata con individuos pero también con naciones y con la humanidad toda, habrá formas diferentes en que se relacione con cada uno. Es obvio que el tiempo del individuo corresponde a su tiempo de vida, pero el tiempo de las naciones es mucho más largo, y Dios tiene proyectos nacionales, Israel como el mejor ejemplo. Pero así como “no existen” individuos si no hay naciones, no hay naciones si no hay humanidad. Es casi una perogrullada, pero nos centra en las dimensiones supra individuales y, necesariamente, históricas que el evangelio de la salvación personal nos hizo perder.

Entonces, Dios trata con naciones y trata con toda la humanidad, en tiempos mucho más largos, claro, porque los cambios en esas dimensiones demoran mucho más.

Dejemos esto por un momento y analicemos el tema de la restauración. ¿Borrón y cuenta nueva? Eso es muy humano, y como tal, hubiera sido lo más “lógicamente humano” que Dios hubiera hecho cuando Adán y Eva pecaron. A ver, ¿qué dificultad tenía Dios en eliminar una raza fallada y crear otra nueva? O incluso, ¿qué dificultad tenía en eliminar a Satanás y sus ángeles caídos, y crear otros nuevos?

Romanos 11:29 RVC
29 Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.

Este versículo lo entendemos en el sentido de los dones espirituales y el llamado al ministerio, y está bien, pero en el contexto en el que fue dicho se refiere a naciones y propósitos de Dios con naciones, a espacios de tiempo de miles de años. Si se cumple en individuos, se cumple en naciones, y viceversa. Es el mismo principio.

Si la forma de actuar de Dios fuera “borrón y cuenta nueva”, entonces, ¿por qué no nos elimina directamente cuando pecamos? ¿Por qué no elimina a las naciones pecadoras? ¿Por qué no eliminó a los líderes que llevaron a los pueblos al pecado?

Ezequiel 33:11 RVC
11 Pues yo, su Señor y Dios, juro que no quiero la muerte del impío, sino que éste se aparte de su mal camino y viva. ¿Por qué ustedes, pueblo de Israel, quieren morir? ¡Apártense, apártense de su mal camino!”

Sabemos que Dios trata individualmente con cada uno de nosotros y que Dios busca que seamos restaurados y salvados, pero exactamente los mismos principios se aplican a las naciones y a la humanidad toda.

La doctrina evangélica clásica afirma que la Creación finalmente será destruida después del Milenio, en base a la interpretación de un pasaje, ignorando otros pasajes de los profetas. No creo que eso sea así, sino más bien que lo que ocurrirá será, propiamente, una renovación tal de la Creación, porque ya no habrá más mal, que será una Nueva Creación, pero no en el sentido de que Dios tuvo paciencia durante siete mil años, que soportó incontable cantidad de injusticias durante ese tiempo, que vio incontable cúmulo de maldad y pecado… para que, una vez acabado con el problema del mal, destruir todo.

La Tribulación y el Milenio no tienen mucho sentido si pensamos en personas individuales o en un cúmulo de individualidades, pero sí tiene sentido si lo vemos en términos de toda la humanidad. La humanidad sobreviviente de él serán todos creyentes, por primera vez en la historia, y habrán pasado por tal “tribulación”, propiamente dicha, que no querrán saber más nada con el pecado. Al momento de escribir este artículo hay más de 7.500.000.000 de personas en el mundo, y en función de lo que está empezando a pasar hoy y lo que dice la Biblia, un grupo mucho menor será el que emerja del tiempo de los juicios. No quiero arriesgar cifras, pero sólo con dos eventos especialmente catastróficos de Apocalipsis quedaría reducida la población (si ocurrieran hoy) a 3.750.000.000; pero ahí no se cuentan muchos otros sucesos que también acabarán con la vida de muchos, ni todos aquellos marcados que serán arrojados al lago de fuego cuando Cristo venga; por lo que la población remanente será realmente poca. Con todo, y aunque solo fueran unos pocos millones en todo el mundo, aún así SERÍAN LA HUMANIDAD, y sus decisiones y acciones constituirían la base de la nueva humanidad del Milenio.

Luego de tan grande trauma, la gente tiene una nueva oportunidad en un contexto que nunca conocieron las generaciones anteriores: la bendición y abundancia sobre la Tierra. Dios ya habrá tratado con la humanidad a través del dolor y el esfuerzo, ahora les mostrará Su bondad, ¿se mantendrán fieles? Probablemente muchos sí, manteniendo la memoria del pasado, y otros tantos no, perdiendo la memoria histórica, de la misma manera que ahora. Ellos son los que son destruidos al final del Milenio, y, según entiendo, con ellos se acaba el problema del mal sobre la Tierra, y la humanidad que quede, seguramente pocos también, constituirán el núcleo de los santos que formarán una, ahora sí, nueva humanidad sin pecado. Ellos representarán a la humanidad que pasó por las pruebas y se mantuvo fiel, recibió las bendiciones y siguió siendo fiel (normalmente es más fácil ser fieles en la adversidad que en la prosperidad).

¿La creación de nuevas criaturas humanas se acaba ahí? ¿El poder creador de Dios termina en los siete mil años? ¿No hay más nada que llenar en el Universo físico, también creación de Dios? ¿Un Dios infinito tiene un programa de creación finito? No parece muy probable.

Bueno, es claro que aquí hay muchas cosas que necesitan mayor fundamento bíblico, pero creo que la idea es muy sugestiva como para dejarla pasar. Y en definitiva, ¿qué importancia tiene en el aquí y ahora conocer esto? Aparentemente ninguna porque se refiere a hechos muy en el futuro, pero nos mostrarían una nueva profundidad del amor, la misericordia, la justicia y la sabiduría de Dios, nuestro Dios, el que está con nosotros cada día, Aquel que a veces nos parece tan “humano” y con tan poco poder como para que tengamos que buscar “ayuda” en otros lados, ese Dios a quién ofendemos al considerarlo tan pequeño y limitado como nuestra comprensión de Él. ¡Creo que cambiar ese pensamiento es por demás de importante!



Danilo Sorti


289. El alimento natural y el alimento espiritual

Mateo 4:4 DHH
4 Pero Jesús le contestó:
—La Escritura dice: solo de pan vivirá el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios.

El tema del alimento, ya sea en sentido real como simbólico, es uno de los temas principales de toda la Biblia. Aunque no siempre le damos adecuada atención, en cada página nos encontramos con alguna referencia a él, por lo menos. Fue uno de los temas de debate de la iglesia primitiva… y lo sigue siendo hoy, la ley mosaica establecía normas muy rigurosas, y la primera iglesia tuvo dificultades para cambiarlas. A lo largo de la era cristiana, distintas iglesias han establecido normas más o menos restrictivas sobre los alimentos, pensando que de esa forma podían agradar mejor a Dios.

Es obvio que para todos los seres vivos, el alimento no solo es fundamental, sino que ocupa la mayor parte de sus esfuerzos y tiempo a lo largo de su vida. Sólo el hombre, en un contexto moderno, puede “separarse” un poco de esta lucha por la simple subsistencia. Pero veamos un poco más la cuestión biológica.

Jorge Laborda, en su trabajo de divulgación, “Neuroevolución Cocinada”, desarrolla entre otros temas la cuestión del aparato digestivo humano. Allí explica que “la talla de nuestro sistema digestivo es solo el 60% de lo que tendría que ser para un primate de nuestro tamaño”, y es precisamente ese 40 % menos de estructura orgánica el que deja libre un resto de energía para que pueda funcionar nuestro cerebro, desmesuradamente grande si lo comparamos con el resto de los mamíferos, y que, en el hombre adulto, consume el 25 % de la energía total del metabolismo basal (gasto energético cuando estamos quietos), lo cual es mucho (y algunos lo usan tan poco…).

Dicho de otra forma, biológicamente no podríamos existir si nuestro sistema digestivo no fuera un 40 % menor de lo que “tendría” que ser en comparación de los seres vivos más cercanos, lo monos, por más de que a muchos cristianos no les guste reconocerlo, supongo que por alguna especie de orgullo unido a la ignorancia, aunque es cierto, Dios no dijo que seamos monos… dijo que somos polvo!!

Pero si podemos “funcionar” biológicamente con un sistema digestivo tan chico, y que además no está adaptado a comer carne cruda ni a ser estrictamente vegetariano, es porque NECESITAMOS consumir alimentos cocinados. No es sencillo vivir con una dieta estrictamente vegetariana, por lo menos hace falta seleccionar los alimentos con cuidado y tener a disposición una variedad lo suficientemente amplia; menos aún con una dieta crudívora (a no ser con un gran esfuerzo en preparación). No estamos adaptados a comer alimentos crudos, sin la cocina, es decir, sin la preparación de los alimentos, no podríamos existir como seres humanos inteligentes.

Pero esto no es más que la sabiduría del Creador impresa en nuestra propia naturaleza: los animales puede procurar su propio alimento de la naturaleza, consumiéndolo tal cual lo encuentran; nosotros no, dependemos de que sea elaborado, y esto necesariamente nos lleva a la preparación y cocción, generalmente realizada por algún otro. Para la muchas personas, la mayor parte del tiempo, el alimento es preparado por otro y les es dado, y en el caso de los niños, es siempre así.

Esta “señal” la ha dejado Dios escrita en nuestro mismo ser, para que entendamos que dependemos de la Palabra que sale de Dios, es decir, del alimento preparado por Otro para nosotros. La tentación en el Edén fue, en este sentido, querer nutrirnos con el alimento “crudo” cuando no estábamos preparados para ello (¡esto es una metáfora, no es una crítica a los crudívoros!).

Y hay algo más. La “palabra que sale de los labios de Dios” nos lleva a una escena común en la vida de los bebés, cuando no era fácil preparar papilla y la madre masticaba primero el alimento y luego se lo daba al niño, de boca a boca. Esa era la palabra que salía directamente de los labios de la madre, y es la palabra que Dios quiere darnos, sin intermediarios, preparada por Él, procesada por Él mismo. Resulta muy interesante la imagen que utiliza Paul Young en “La Cabaña”, al presentar a Dios Padre como una madre preparando comida en la cocina, ¡eso no es una simple imagen literaria!

La sabiduría de Dios está escrita en Su Creación, y en este caso, ¡en nosotros mismos!

1 Pedro 2:2 DHH
2 Como niños recién nacidos, busquen con ansia la leche espiritual pura, para que por medio de ella crezcan y tengan salvación,


Danilo Sorti


288. ¿Y por qué Dios dejó que eso pasara?

Romanos 11:33-35 RVC
33 ¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
34 Porque ¿quién ha entendido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero?
35 ¿O quién le dio a él primero, para que él tenga que devolverlo?

En el fondo de su corazón, el ateo está enojado contra Dios, pero lo expresa a través de una maraña de argumentos lógicos para “demostrar” Su inexistencia. Y ese enojo es esencialmente “infantil”, tanto porque normalmente se trata de algún trauma que ocurrió en la infancia, o que le fue impuesto (y aceptado) en ese momento; como porque parte de un razonamiento “infantil”, pero no por ello despreciable. Bueno, en realidad, es el mismo razonamiento que hacemos todos los hombres, y tiene que ver con la cruel pregunta (que certeramente dispara como una flecha envenenada) que Satanás grita en la mente: “¿¡Por qué Dios dejó que eso pasara!?”

Los cristianos no suelen estar exentos de esa misma pregunta; aunque sea en menor grado, es decir, sin llegar al punto del ateísmo. En la práctica, los inhabilita para recibir todo el amor y las bendiciones de Dios.

Por qué Dios permite lo que permite cae dentro del principio general que formuló Pablo en el pasaje de más arriba: sencillamente, no podemos llegar a comprender TODO el pensamiento de Dios. Sin embargo, Él nos ha dejado mucho para que lo conozcamos:

Jeremías 9:23-24 DHH
23 El Señor dice:
no se enorgullezca el sabio de ser sabio,
ni el poderoso de su poder,
ni el rico de su riqueza.
24 Si alguien se quiere enorgullecer,
que se enorgullezca de conocerme,
de saber que yo soy el Señor,
que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud,
pues eso es lo que a mí me agrada.
Yo, el Señor, lo afirmo.

De acuerdo, ¿por qué Dios permite lo que permite? ¿Por qué tal o cual daño? ¿Cómo puede decir que nos ama entonces?

Bueno, estas no son preguntas que se puedan responder cabalmente en un artículo, a lo menos requerirían unos cuantos libros, pero podemos ensayar un argumento. Dios Creador se manifiesta en la naturaleza, ese testimonio lo reciben todas las personas en su espíritu, aunque no todas lo aceptan. Entonces, si Dios es Creador del Universo físico que conocemos, Sus principios, es decir, el “cómo hace todas las cosas” debe estar grabado en esa misma creación; si Dios es coherente consigo mismo (y no podría ser de otra manera) debería actuar siempre basado en los mismos principios, Sus principios, los principios que rigen el “todo”. Entonces, analizando la creación deberíamos, por lo menos, tener indicios de esos principios que también se aplican a nosotros y que pueden explicar el por qué permite lo que permite.

Desde Newton hasta esta parte ha quedado en claro que el Universo físico se rige por leyes, y la física se ha erigido en la ciencia por excelencia que busca y expone esas leyes, al menos en su formulación matemáticamente más exacta. Por supuesto, el paso del tiempo nos ha llevado a descubrir cada vez leyes más complejas, cambiar postulados que antes aceptábamos, y reconocer campos de incertidumbre; pero eso no elimina el hecho anterior. Y una de esas leyes es la gravedad.

Esa misma gravedad es la que provoca, por ejemplo, que un meteorito caiga y trastorne el mundo entero, que la lava de un volcán descienda por la ladera y arrase poblaciones, que un edificio se caiga en un terremoto y aplaste a las personas bajo los escombros, que un barco se hunda y muchos mueran ahogados, que un avión se estrelle y mueran todos sus ocupantes, que un automóvil se despeñe, que un niño se tropiece y termine con una lastimadura y una cicatriz, y un larguísimo etcétera. ¿Por qué lo permite Dios? ¿Por qué no alterar esa ley de gravedad…? Porque precisamente gracias a esa ley existe el Universo.

Hoy conocemos la vastedad del Universo. Bueno, “conocer” es una forma de decir, recién nos hemos “asomado por la ventana” de la vastedad del Universo, pero lo cierto es que sabemos mucho más de lo que se sabía hasta hace un par de siglos. Y toda su estructura se mantiene por la fuerza de gravedad.

Una galaxia se mantiene por la fuerza de gravedad, principalmente de su centro galáctico, mucho más denso en estrellas y otros cuerpos. Nuestro sistema solar no podría existir “vagando errante” por el Universo, sin pertenecer a una galaxia.

Nuestro planeta se mantiene “en su sitio”, es decir, orbitando alrededor de la estrella adecuada gracias a la fuerza de gravedad de esa estrella, el Sol. El Sol mismo, como cualquier estrella, no podría brillar ni emitir luz y calor si en su proceso de formación la fuerza de gravedad no hubiera comprimido su núcleo lo suficiente como para que los átomos de hidrógeno se fusionaran formando helio y emitiendo energía. No habría tal cosa como una estrella brillando, y el Sol dentro de ellas, si no hubiera fuerza de gravedad.

¡No habría un planeta como la Tierra sin fuerza de gravedad! De hecho, no habría ningún planeta ni cuerpo celeste en el Universo (tampoco habría Universo…). Es la fuerza de gravedad la que mantiene cohesionadas las partículas de cualquier planeta.

Y podríamos seguir hablando mucho más del tema, e incluso meternos en las fórmulas que a los estudiantes de secundaria tanto les gustan…(!?) Pero es claro que esa misma fuerza de gravedad que pueda causar tremenda destrucción entre nosotros es LA MISMA que constituye uno de los más básicos pilares de la Creación, y que la sigue sosteniendo. ¿Podría mantener su integridad el Universo si Dios mismo violara Sus leyes?

Volvamos a los ejemplos de más arriba: ¿por qué la gente se estableció en la ladera de un volcán, sabiendo que en algún momento ocurriría una colada de lava?, ¿por qué se construyeron edificios tan grandes (y probablemente sin las normas de seguridad adecuadas) en una zona sísmica?, ¿por qué esa barca de inmigrantes iba repleta cruzando un mar embravecido?, ¿por qué el avión no tenía las medidas de seguridad adecuadas?, ¿por qué el auto iba tan rápido en una ruta de montaña?, ¿por qué el niño corría sin prestar atención?

No quiero ser simplista en lo que digo, por supuesto que la realidad no es tan sencilla como lo expuse más arriba, pero es evidente que al menos en buena parte de los casos, hay una falla humana que deja a las personas vulnerables. No siempre es así, a veces tiene que ver directamente con los juicios de Dios, pero en este caso TAMBIÉN HAY una falla humana, el pecado que ha llegado con su hediondez hasta las narices del Padre. Sea por lo que sea, y aunque haya sido solamente “un accidente”, nunca he escuchado a nadie que culpe a la fuerza de gravedad por tales cosas: todos saben que existe y el que vive bajo un volcán, o en un edificio, o sube a un barco o un avión, o corre despreocupadamente, sabe que hay un riesgo implícito (y si es un niño, se supone que debe haber un adulto que lo sepa… bueno, se supone…).

Si esto es así con las leyes físicas, ¿por qué acusamos a Dios cuando Él no viola Sus mismas leyes, aunque eso pueda ocasionar daños en este mundo material (que al fin de cuentas, es pasajero)? ¿No deberíamos más bien estar enojados contra el pecado de la humanidad, a veces el nuestro, pero muchas veces el de nuestros padres o de las generaciones pasadas? Dios le dio el mundo al hombre, y esa es una ley que no va a quebrantar, ¿por qué el mismo hombre se queja cuando cosecha lo que ha sembrado, apartado de Dios?

¡Dios no va a violar ninguna de Sus leyes!... Excepto que encuentre personas fieles que intercedan ante Él.

Y así, el mar se calmó, enfermedades desaparecieron, manos y pies fueron creados milagrosamente, ojos fueron abiertos, panes y peces fueron multiplicados, la tierra se frenó y el día se alargó, el mar se abrió… Así también los ángeles del Señor evitaron accidentes, violaciones, muertes, injusticias, abusos. Hubo leyes que cambiaron, guerras que no ocurrieron, descubrimientos que bendijeron a la humanidad y tantas otras cosas. ¡Y es que una de las leyes eternas de Dios es que Él puede intervenir en Su Creación, cuantas veces sea, por la intercesión de Sus fieles!

¿Por qué lo permitió Dios? Porque no puede violar las leyes que Él mismo dispuso y que sostienen al Universo. ¿Entonces está maniatado por esas mismas leyes? No, pero depende de que Sus representantes en esta Tierra muevan Su mano; aunque a pesar de todo, la misericordia de Dios sigue estando por encima de cualquier ley del mundo natural, humano y espiritual.


Danilo Sorti