miércoles, 8 de noviembre de 2017

310. Caín y Abel: qué estaba en juego y la ilusión de “obligar” a Dios

Génesis 4:1-12 RVC
1 Adán conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: «Por la voluntad del Señor he adquirido un varón.»
2 Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel era pastor de ovejas, y Caín cultivaba la tierra.
3 Andando el tiempo, sucedió que Caín llevó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.
4 Y Abel también llevó algunos de los primogénitos de sus ovejas, de los mejores entre ellas. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda,
5 pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda. Y Caín se enojó mucho, y decayó su semblante.
6 Entonces el Señor le dijo a Caín: «¿Por qué estás enojado? ¿Por qué ha decaído tu semblante?
7 Si haces lo bueno, ¿acaso no serás enaltecido? Pero, si no lo haces, el pecado está listo para dominarte. Sin embargo, su deseo lo llevará a ti, y tú lo dominarás.»
8 Dijo entonces Caín a su hermano Abel: «Vayamos al campo.» Y sucedió que, mientras estaban ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
9 Y el Señor le dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?» Y él respondió: «No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?»
10 Y el Señor le dijo: «¿Qué es lo que has hecho? Desde la tierra, la voz de la sangre de tu hermano me pide que le haga justicia.
11 Ahora, pues, ¡maldito serás por parte de la tierra, que abrió su boca para recibir de tus manos la sangre de tu hermano!
12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza. Y andarás por la tierra errante y extranjero.»


Aquí tenemos la mayor parte de la historia de Caín, y generalmente hemos usado su ejemplo para enseñar en contra de la envidia. En una serie anterior de artículos estuvimos analizando los frutos del Espíritu y sus opuesto, y vimos que la envidia es el opuesto a la mansedumbre, porque mientras la mansedumbre nos lleva a aceptar lo que nos es dado o negado de parte de Dios (que es muy distinto a aceptar lo que el Adversario ha dispuesto para nosotros) manteniendo la paz y sin estar “en guerra constante” para conseguir lo que no debemos o podemos justamente conseguir (al menos no hasta que Dios lo disponga), la envidia significa un estado de “guerra interior” contra aquel que pensamos que nos ha “suplantado” en nuestro “legítimo” derecho.

Ahora bien, volvamos al caso de Caín. Si lo leemos aislado del contexto de Génesis nos quedamos solo con una pobre enseñanza de lo que pasó, pero si lo vemos a la luz de los principios que regían el mundo mostrado en el Génesis, podremos entender algunas cosas más. Una cuestión básica, que de hecho se mantuvo prácticamente todo a lo largo del Antiguo Testamento, era que el hijo primogénito sería el heredero del padre y el jefe del clan, tribu, pueblo o lo que fuera. Ahora bien, el mandato dado a Adán no era simplemente “tener hijos” y llenar la tierra, era antes que nada un mandato de gobierno, para que Dios pudiera traer el Reino de los Cielos a través de él y sus descendientes hacia toda la Tierra. De ahí deducimos fácilmente que, según el pensamiento antiguo, el hijo primogénito heredaría esa autoridad, y así probablemente lo esperaba Caín.

Pero había algo más. El hombre había pecado, por lo que ese reino prometido estaba en continua amenaza, pero había una promesa de un descendiente que traería la victoria. Nosotros leemos esa profecía en términos de Cristo y la remisión de pecados, lo cual es cierto y es Su principal obra, pero en ese entonces, durante la antigüedad, y en el futuro inmediato también, tenía un fuerte significado de Reino y dominio político. Un hijo de Adán sería, o bien el Salvador político que lucharía contra las huestes satánicas que en ese entonces estaban materialmente presentes y activas en la Tierra, o bien sería el padre de tal Salvador, lo cual era un gran honor. Caín también esperaba eso.

¡Había promesas muy grandes sobre Caín! Había mucho en juego: en relación con el propósito de Dios para la Tierra y la humanidad, en relación con los seres espirituales satánicos… y en relación con el poder y prestigio personal. Y el cumplimiento de todo eso dependía, claro de Dios, un Dios que en ese entonces estaba mucho más “cerca”, con el que podían hablar fácilmente, a quien era muy fácil acercarse. Era por demás de claro que uno no podía tener una mala relación con Dios.

La ofrenda hacia Dios era la forma que, luego de la caída, había sido instaurada como medio de acercamiento, para comunicarse con el Creador; prefigurando el sacrificio futuro del Mesías, aunque quizás ellos no tuvieran totalmente claro este aspecto. Por lo tanto, una ofrenda rechazada, y quizás una ofrenda especial por alguna razón (aunque el texto bíblico no lo dice),  sería algo grave; ser rechazado por Dios implicaba perder los privilegios y las promesas. Cuando tratamos a Caín simplemente como un envidioso no estamos haciendo adecuada justicia a los tiempos, creo que había mucho más en juego que un simple “aprobado” o “desaprobado” de parte de Dios, como si fuera un examen escolar que, al fin y al cabo, podemos rehacer más adelante.

No puedo decir si el rechazo de esa ofrenda significaba que ya Caín había sido desechado, pero la Biblia dice que Dios no se agradó de Caín, por lo que de alguna manera él supo que había un problema más grande que una simple, o no tan simple, ofrenda.

Hay mucho escrito sobre dicha ofrenda y cómo Dios respondió, no me interesa profundizar en eso aquí. Más adelante en Génesis y en Éxodo vemos la importancia del cordero en las ofrendas, y el Nuevo Pacto nos termina de aclarar el asunto, es probable que ellos lo supieran, o al menos tuvieran una importante vislumbre de ese valor.

Bueno, el hecho es que Dios no lo aceptó y ahora estaba en un problema. Pero al fin y al cabo no era un problema demasiado nuevo porque algo similar había pasado con su padre y Dios había provisto una solución, y de hecho el mandato y la promesa de dominio no había sido quitada. Esa civilización que se desarrolló ahí luego se expandió hacia otras partes, fundamentalmente Europa, constituyéndose en la “cuna” de la civilización moderna, no porque de allí exactamente hayan salido todas las líneas humanas que poblaron el mundo, sino porque de allí salió el sistema de gobierno y cultura que en este momento domina en todo el mundo (sí, tanto el capitalismo como el socialismo o comunismo salió de allí); otra cuestión es cuán bueno ha sido ese “dominio”, pero es innegable que salió de allí y sigue siendo el centro (Estados Unidos es en realidad un hijo de Europa).

Caín sabía del sufrimiento de Adán luego de la caída, pero también de la provisión de Dios, cuando él tuvo que enfrentarse a su propia “caída” no decidió arrepentirse y volverse al Creador sino que intentó “chantajearlo”, es decir, “cortarle” otra opción para que Dios “no tuviera más remedio” que seguir eligiéndolo a él como el líder de la humanidad, ¿cómo? Simple: matando a Abel; así sólo quedaría él, el primogénito, y Dios estaría obligado a elegirlo… ¡todo fríamente calculado!

Hasta aquí sería una historia más si no fuera por aquel “terrible” pasaje del Nuevo Testamento:

1 Corintios 10:6 DHH
6 Todo esto sucedió como un ejemplo para nosotros, para que no deseemos lo malo, como ellos lo desearon.

Y digo “terrible” porque si les pasó a ellos, en la antigüedad, también nos puede pasar a nosotros (sino no podría servirnos de ejemplo, claro), y entonces, ¿cuántas veces intentamos “chantajear” a Dios? ¿Y de cuántas formas distintas, “cerrándole” los caminos para que “no le quede más remedio” que hacer lo que nosotros queremos? A eso se refiere el Señor cuando dijo: “No pongas a prueba al Señor tu Dios.”

¿Qué hacemos cuando hemos fallado? ¿Nos arrepentimos y buscamos el camino de Dios para la restauración, o tratamos de encontrar una “salida digna” que no implique humillarnos? Eso hacemos con Dios, ya sea en lo más grande, como en el caso de Caín, o en lo más pequeño; de hecho es relativamente fácil darse cuenta “en lo pequeño” de este tipo de actitud, y más vale que lo hagamos antes de que nos enfrentemos “en lo grande” y las consecuencias sean mucho peores.

Hay personas que harán todo lo posible para no reconocer sus errores, y lo mismo delante de Dios; generalmente podrán reconocer algunos, los que sean “menos dañinos”, pero no otros.

Cuando esta actitud llega al colmo, se transforma en una feroz envidia que puede llegar hasta el asesinato, material como en el caso de Caín, o más sutil: ministerios que son truncados por gente en autoridad, puertas que son cerradas, chismes difamatorios, maldiciones y brujería, etc.

Dios no justificó a Caín aunque sabía que había mucho en juego, Dios no nos va a justificar a nosotros. Cuando nosotros y nuestra ofrenda no sea aceptada, porque no desciende el fuego del Espíritu, ¿qué haremos?

1 Pedro 5:6 DHH
6 Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los enaltezca a su debido tiempo.


Danilo Sorti


309. ¿Puedo declarar juicio en el Nuevo Pacto?

Lucas 13:34-35 RVC
34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como junta la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
35 Pues bien, la casa de ustedes va a quedar desolada; y les digo que ustedes no volverán a verme hasta el día en que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»

Mateo 11:20-24 RVC
20 Jesús comenzó entonces a reprender a las ciudades donde había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido. Les decía:
21 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ustedes, hace tiempo que en cilicio y cubiertas de ceniza ellas habrían mostrado su arrepentimiento.
22 Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Tiro y para Sidón será más tolerable que para ustedes.
23 Y tú, Cafarnaún, que te elevas hasta el cielo, hasta el Hades caerás abatida. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, hasta el día de hoy habría permanecido.
24 Por tanto les digo que, en el día del juicio, el castigo para Sodoma será más tolerable que para ti.»

Mateo 23:13 RVC
13 »Pero ¡ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque le niegan a la gente la entrada al reino de los cielos, y ni ustedes entran, ni tampoco dejan entrar a los que quieren hacerlo.

Hechos 5:8-10 RVC
8 Y Pedro le dijo: «Dime: ¿vendieron ustedes el terreno en ese precio?» Y ella respondió: «Sí, en ese precio.»
9 Pedro le dijo entonces: «¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? ¡Mira!, aquí vienen los que fueron a sepultar a tu marido, y ellos te sacarán también a ti.»
10 Al instante, ella cayó muerta a los pies de Pedro, y cuando entraron los jóvenes y la hallaron muerta, la sacaron y la sepultaron junto a su marido.

Hechos 8:20-23 RVC
20 Al oír esto, Pedro le dijo: «Que tu dinero perezca contigo, si crees que el don de Dios puede comprarse.
21 Tú no tienes nada que ver en este asunto, porque en tu interior no eres recto con Dios.
22 Arrepiéntete de tu maldad, y ruega a Dios. Tal vez te perdone por ese mal pensamiento.
23 Por lo que veo, estás en manos de la amargura y la maldad.»

Hechos 13:8-11 RVC
8 Pero el mago Elimas (que así se traduce su nombre), se lo impedía y procuraba apartar de la fe al procónsul.
9 Como Saulo, o sea, Pablo, estaba lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el mago
10 y dijo: «¡Eres un hijo del diablo! ¡Estás lleno de mentira y de maldad, y eres enemigo de la justicia! ¿Cuándo dejarás de trastornar los caminos rectos del Señor?
11 Pon atención, porque la mano del Señor está en tu contra y vas a quedarte ciego; no podrás ver el sol por algún tiempo.» Y al instante quedó completamente ciego; y caminaba en círculos, buscando alguien que lo llevara de la mano.


Normalmente no hay dudas en que los profetas del Antiguo Pacto podían y debían declarar juicio sobre naciones e individuos, el asunto que se les presenta a algunos cristianos hoy es si nosotros podemos hacerlo. No quiero hablar de las exageraciones ni de aquellos que maldicen a diestra y siniestra… a quienes no les dan abundantes ofrendas… Me estoy refiriendo a ministerios genuinos, ¿podemos declarar juicio?

Algunos se confunden pensando que la revelación del amor de Dios que se nos muestra en toda su profundidad bajo el Nuevo Pacto nos impide declarar la justicia divina, sin embargo la realidad es absolutamente lo contrario:

Hebreos 10:29 RVC
29 ¿Y qué mayor castigo piensan ustedes que merece el que pisotea al Hijo de Dios y considera impura la sangre del pacto, en la cual fue santificado, e insulta al Espíritu de la gracia?

Rechazar la Sangre del Cordero que ya fue sacrificado y del que se dio abundante testimonio es hoy mucho más serio de lo que fue en el pasado, cuando todavía no estaba la revelación plena del amor de Dios.

Por supuesto que no encontramos en el Nuevo Testamento declaraciones de juicio “a diestra y siniestra”, no porque en este tiempo no pueda haberlas, sino porque no es el tenor del mismo y no se está repitiendo lo que ya fue establecido en los profetas. Pero SÍ LAS HAY, lo suficiente como para que tengamos la autorización bíblica para usarlas.

Otro tema no menor es la ocasión y el contexto en el que fueron dichas; dado que no aparecen con demasiada frecuencia, se hacen más importantes los motivos que las originaron. En los ejemplos que leímos más arriba, y no estoy diciendo que eso sea lo único válido, vemos que las declaraciones de juicio van dirigidas hacia los que estorban la extensión del Reino de Dios y hacia los que rechazaron el mensaje. No es lo único,

2 Timoteo 4:14 RVC
14 Alejandro, el calderero, me ha causado mucho daño; que el Señor le pague conforme a sus hechos.

Pero quizás sea lo principal.

Ahora bien, o nosotros intentamos ser más buenos que Pablo o que el mismo Señor, o debemos admitir que ES NECESARIO declarar en ocasiones el juicio de Dios sobre personas y naciones. Tan necesario hoy como antes. Y si admitimos eso, ¿por qué no lo hacemos?

Como dije al principio, no creo que debamos andar por ahí “cortando cabezas” a quien se nos cruce, ni tampoco creo que todos tengan la autoridad para declarar este tipo de juicios. Pero tampoco dudo de que hay hermanos que sí la tienen, y deben hacerlo. Es la única forma en que algunas puertas sean abiertas.

Jesús declaró juicio sobre Jerusalén y la ciudad y nación fueron destruidas: el juicio se cumplió debido a su gran pecado de rechazar al Mesías, y eso fue oportunidad para que muchos se volvieran de su pecado y creyeran en Cristo. Lo mismo vale para las ciudades sobre las cuales declaró el juicio: quedaron como ejemplo para que las generaciones siguientes temieran a Dios.

Declaró juicio sobre los fariseos, y logró que su engaño quedara expuesto al menos entre los cristianos.

Pedro declaró juicio sobre Ananías y Safira, y la iglesia temió y se apartó del mal, y la gente seguía creyendo y Dios seguía manifestándose.

Pedro declaró juicio sobre Simón, y el avivamiento que estaba iniciando en Samaria no fue contaminado.

Pablo declaró juicio sobre Elimas, y el procónsul creyó y se abrieron puertas para la predicación del Evangelio.

Hermanos, vuelvo a decir que hay puertas que no se abrirán hasta que no traigamos los juicios de Dios sobre personas y sistemas. No todos pueden hacerlo, no todos deben hacerlo, pero HAY QUE HACERLO. Busquemos la guía precisa del Señor en oración y ayuno, congregacional inclusive, pero busquémosla y apliquémosla.


Danilo Sorti


308. El avivamiento y el amor

Apocalipsis 2:1-5 RVC
1 »Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: Así dice el que lleva siete estrellas en su mano derecha y anda en medio de los siete candeleros de oro:
2 »Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu paciencia. Sé que no soportas a los malvados, que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y que has descubierto que son unos mentirosos.
3 Por causa de mi nombre has resistido, sufrido y trabajado arduamente, sin rendirte.
4 Pero tengo contra ti que has abandonado tu primer amor.
5 Así que ponte a pensar en qué has fallado, y arrepiéntete, y vuelve a actuar como al principio. De lo contrario, vendré a ti y, si no te arrepientes, quitaré tu candelero de su lugar.

Si algo caracteriza a la Iglesia que vemos en las páginas del Nuevo Testamento es lo que hoy llamaríamos “Avivamiento”. El celo evangelístico, la manifestación del poder de Dios en señales y milagros, la protección sobrenatural de los mensajeros y aún el martirio en los que fue así permitido, el crecimiento espiritual, la fe y la santidad. Claro que no era perfecta, por supuesto que muchos se estaban infiltrando, incluso congregaciones enteras se estaban desviando, pero en medio de todo eso el fuego del Espíritu permanecía encendido… aunque no por siempre.

Ya para el tiempo profético que vemos en la carta a Éfeso, que coincide con el tiempo en el que estaba viviendo Juan, el avivamiento inicial estaba menguando. Pero en esencia, ¿qué es eso llamado “avivamiento”?

Para los cristianos más nuevos el concepto puede resultar o extraño o vacío de contenido. Los cristianos más viejos tenemos recuerdos ya sea de avivamientos vividos en el pasado o de avivamientos anteriores que conocimos en las historias. Hoy se ha corrompido la palabra (como tantas otras) hasta equiparar “avivamiento” a una reunión con un predicador gritón, mucha música hipnótica, y un buen show cristiano.

Pero en el registro histórico muchas veces el concepto de avivamiento tampoco ha sido correcto: generalmente se lo ha asociado a una conversión masiva de personas, lo cual es cierto pero en el fondo es solo una consecuencia. A veces se lo ha relacionado con el cambio espiritual de la sociedad: cambian leyes y costumbres. Eso tampoco es falso, pero, de nuevo, es sólo una manifestación “externa” del avivamiento y no su esencia. Con más precisión, se ha dicho también que el avivamiento es un volver en arrepentimiento y santidad de la Iglesia. Ahí estamos más cerca, pero no todavía en el centro.

Si “avivamiento” fue lo que vivió la Iglesia del primer siglo, la pérdida de él fue lo que estaba pasando en la iglesia / época profética de Éfeso. Y a esa pérdida el Señor la define como “que has abandonado tu primer amor”. El avivamiento sería, entonces, vivir en el pleno amor hacia Cristo, o mejor dicho, en la perfecta respuesta de amor de la Iglesia hacia el perfecto amor de Cristo. Y todas las otras manifestaciones que hemos visto en los avivamientos pasados y muchas veces usamos para definir un avivamiento son solamente las manifestaciones externas de ese amor.

En un avivamiento las potencias satánicas son conmovidas, los espíritus regentes son limitados en su poder y el Evangelio puede ser predicado y correr con libertad.

Hermanos, yo no quiero presentar ninguna fórmula simplificada ni mucho menos negar la necesidad de la oración, la predicación, la búsqueda de santidad, el esfuerzo sacrificial ni nada de lo que han dicho aquellos que investigaron sobre los avivamientos en la historia. Es más, resulta urgente que retomemos todo eso y lo pongamos en práctica, aunque debemos saber que el contexto mundial actual es muy diferente al que ha existido en siglos precedentes, por lo que no podemos esperar la misma respuesta, al menos no hasta que Dios desate los juicios del fin de esta era, antes del arrebatamiento.

Pero lo que quiero decir es que nada de eso sirve sin amor; no traeremos ningún mover de Dios significativo sobre ninguna región si primero no se nos es revelado en toda su dimensión el amor de Cristo, no somos llenos de él y no respondemos en consonancia. Precisamente lo que estaba pasando en Éfeso nos muestra que, haciendo muchas cosas buenas, cumpliendo al pie de la letra la “receta infalible para un avivamiento”, pero sin amor, no se podía alcanzar. Quizás haya sido esa la principal falla en tantos intentos de avivamientos que ha habido en los últimos años.

La iglesia de Éfeso se esforzaba, era paciente y perseverante, era correcta doctrinalmente, tenía discernimiento, no toleraba nada incorrecto, sufría y resistía lo que fuera, trabajaba con todas sus fuerzas… ¿cómo no iba a tener un avivamiento? Con muchísimo menos que eso, hay algunos hoy que se atreven a hablar de avivamiento. Pero no, no fue suficiente, faltaba el ingrediente principal: el amor.

Si Dios nos ha llamado al avivamiento, primero debemos ser totalmente llenos de Su amor, y eso no lo fabricamos nosotros, sólo podemos recibirlo, sólo podemos pedirlo y esperar; y luego, responder en consecuencia. Recién ahí es que podemos contagiar con ese amor a los hermanos, y entonces, cuando fluye ese “primer amor”, ese amor ardiente, es que estamos a las puertas de un avivamiento. Ahí la consejería se vacía, los traumas irresueltos durante años desaparecen en un día, todo esfuerzo parece poco, las potencias celestiales son conmovidas y al segundo cielo no le queda más remedio que abrirse para dejar pasar legiones de ángeles; los milagros son el pan diario, los que están preparados para creer se convierten y la sociedad es conmovida… y los que decididamente no van a creer se enfurecen y la persecución se desata, pero el Señor protege a los Suyos.

Dios nos llama a anhelar ese avivamiento, y lo viene haciendo desde hace tiempo, pero el amor es la puerta de entrada, no hay otra. ¡Señor, haznos entender la verdadera dimensión del amor que nos tienes!



Danilo Sorti

307. Sí pero no, ¿por qué Dios nos manda avanzar en situaciones que luego debemos abandonar?

Génesis 22:10-12 RVC
10 Entonces extendió Abrahán su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
11 Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo, y le dijo: «¡Abrahán, Abrahán!» Y él respondió: «¡Aquí estoy!»
12 Y el ángel dijo: «No extiendas tu mano sobre el niño, ni le hagas nada. Yo sé bien que temes a Dios, pues no me has negado a tu único hijo.»

Realmente habían sido días muy difíciles para Abraham. Luego de esperar por 25 años, por fin recibió el cumplimiento de la promesa, y al tiempo ¡Dios le pide que sacrifique a su hijo! Resulta difícil imaginar todo lo que pasó por la mente del patriarca, pero haya sido lo que haya sido, él esperaba volver con Isaac:

Génesis 22:5 RVC
5 Entonces Abrahán dijo a sus siervos: «Esperen aquí, con el asno, y el niño y yo iremos hasta ese lugar; allí adoraremos, y luego volveremos aquí mismo.»

De todas formas, Abraham se había preparado para un sacrificio, y en su mente ya tenía “toda la película” hecha. ¿Cómo es que Dios “cambió” de planes?

Esta escena resulta muy lejana para nosotros, no solo en el tiempo sino también en la cultura; una época en la que los sacrificios humanos resultaban comunes, algo totalmente ajeno al plan de Dios revelado a partir de Moisés. Y por eso nos parece que la motivación y el accionar de Dios aquí resultan ajenos al resto de la Biblia. ¿Puede Dios darnos una orden clara para después “retractarse”?

No encuentro en la Biblia una situación que sea igual, pero en unos versículos más atrás se nos aclara el contexto en el que ocurre:

Génesis 22:1 RVC
1 Después de esto, sucedió que Dios puso a prueba a Abrahán, y lo llamó: «¡Abrahán!» Y él respondió: «¡Aquí estoy!»

Supongo que Abraham no pudo discernir claramente que se trataba de una prueba o al menos de qué tipo de prueba era, pero por la inspiración del Espíritu finalmente se comprendió. Por lo tanto, este episodio que puede parecer aislado y sin aplicación para nosotros (¡y de verdad que muchos querríamos que así fuese!) se “engancha” en un principio mucho mayor de Dios que es la dinámica de la prueba.

Ahora bien, normalmente estamos acostumbrados a considerar a la prueba como equivalente a “tentación”, es decir, decimos que somos probados cuando estamos siendo tentados a pecar. Y en cierto sentido es correcto, al menos superficialmente, pero en el fondo no. La tentación es algo bien definido y en este siglo en extremo pecador creo que no hace falta explicar mucho en qué consiste y cuáles son sus múltiples caras y estrategias. Santiago nos aclara este punto:

Santiago 1:12-16 RVC
12 Dichoso el que hace frente a la tentación; porque, pasada la prueba, se hace acreedor a la corona de vida, la cual Dios ha prometido dar a quienes lo aman.
13 Cuando alguien sea tentado, no diga que ha sido tentado por Dios, porque Dios no tienta a nadie, ni tampoco el mal puede tentar a Dios.
14 Al contrario, cada uno es tentado cuando se deja llevar y seducir por sus propios malos deseos.
15 El fruto de estos malos deseos, una vez concebidos, es el pecado; y el fruto del pecado, una vez cometido, es la muerte.
16 Queridos hermanos míos, no se equivoquen.

Sí es cierto que la tentación TAMBIÉN tiene que ser permitida por Dios porque nada escapa a Su autoridad, y en ese sentido podemos decir que es también una prueba, no porque venga de Dios sino porque es permitida por Él. Pero la “prueba” propiamente dicha es algo diferente. O si lo preferimos, podemos decir que hay dos “niveles” de prueba, uno que consiste en la tentación de nuestros malos deseos, y el otro, en decidir por lo “mejor” en vez de lo “bueno”.

Abraham podía no sacrificar a Isaac. Tengamos en cuenta que en aquel entonces Dios todavía podía ser, en la mente de Abraham, “uno entre varios” dioses a los cuales podía servir. Es más, ¿en qué consiste la fe de Abraham y su fidelidad tan grande como para haber sido constituido el Padre de la Fe, y el antecesor de Israel, nación de la cual vendría el Mesías, y el pueblo que hoy llamamos Musulmán, que recibió promesas a través de Ismael que ningún otro pueblo recibió? Es muy “fácil” creer en un Dios “estruendoso y temible”, que se manifiesta a través de terremotos, tormentas y cataclismos (aunque en los juicios que vendrán en breve ni aún así creerá la mayoría); pero ¿en uno entre tantos otros, que también hablaban y se manifestaban, y hacían señales y milagros?

Abraham creyó antes de que Dios hiciera caer fuego del cielo, pero no vemos que haya hecho muchas otras cosas espectaculares, o al menos, demasiado espectaculares, en la vida de Abraham. Sí hizo cosas, pero, recordemos, había otros muchos “dioses” que también hacían señales. Abraham creyó en Dios porque AMÓ a Dios, primero y antes que nada, por lo que Dios es, por cómo se manifestó a él y no por su poder o su “espectacularidad”. Exactamente lo mismo que vino a hacer Jesucristo a esta tierra: “uno más”, como nosotros, con señales, sí, pero sin estruendos ni terribles juicios. Y nosotros creímos en Él en realidad porque le amamos al haber aceptado primero Su amor.

¿Cuál era el nivel de su amor? O, mejor dicho, ¿cuánto más podría crecer el amor de Abraham? Había cometido unos cuantos errores en su vida, ¿realmente se consideraba a sí mismo tal como Dios lo estaba viendo en ese momento? Sinceramente, ¿podía Abraham tener la imagen adecuada de sí luego de las macanas que se mandó? La prueba a la que el Señor lo lleva no le iba a dar a Dios una información que Él ya no tuviera, sino que permitiría a Abraham crecer en su fe y reconocer lo que el Espíritu había hecho en él durante ese tiempo.

Bueno, pero en resumen, la prueba no era una tentación para Abraham entre hacer lo bueno o lo malo, sino entre hacer lo “bueno”: mantener a Isaac con vida, y lo “mejor”: obedecer a Dios; en los términos que una persona de ese tiempo y esa cultura podía entender. La prueba consistió en una orden que contradecía lo que humanamente era bueno, que implicaba abandonar algo que genuinamente había sido dado por Dios, incluso que podía implicar violar una ley, pero todo eso en función de una Ley mayor, suprema. La prueba era, y sigue siendo, una especie de “sí pero no” de Dios.

Aunque no lo parezca, Pablo vivió lo mismo:

1 Corintios 9:4-12 RVC
4 ¿Acaso nosotros no tenemos derecho a comer y beber?
5 ¿Y acaso no tenemos derecho a traer con nosotros una esposa creyente, como lo hacen los otros apóstoles, y Cefas y los hermanos del Señor?
6 ¿O es que sólo Bernabé y yo estamos obligados a trabajar?
7 ¿Qué soldado presta servicio a expensas de sus propios recursos? ¿Quién planta una viña y no come de sus uvas? ¿O quién pastorea el rebaño y no bebe de la leche que ordeña?
8 Esto lo digo, no sólo de acuerdo con el punto de vista humano, sino también de acuerdo con la ley.
9 Porque en la ley de Moisés está escrito: «No pondrás bozal al buey que trilla». ¿Quiere decir esto que Dios se preocupa de los bueyes,
10 o más bien lo dice por todos nosotros? En realidad, esto se escribió por nosotros; porque tanto el que ara como el que trilla deben hacerlo con la esperanza de recibir su parte de la cosecha.
11 Si nosotros sembramos entre ustedes lo espiritual, ¿será mucho pedir que cosechemos de ustedes lo material?
12 Si otros participan de este derecho sobre ustedes, ¡con mayor razón nosotros! Sin embargo, no hemos hecho uso de este derecho, sino que lo toleramos todo, a fin de no presentar ningún obstáculo al evangelio de Cristo.

Pablo está citando dos mandamientos de Dios: tener una esposa, que viene desde el principio de Génesis, y ser sostenido en el ministerio, prefigurado con Melquisedec y firmemente establecido en la Ley Mosaica. No estaba hablando de algo opcional, eran mandatos y así quedaron afirmados también en el Nuevo Testamento.

No cuesta mucho imaginar que a lo largo de su ministerio, Pablo se encontró con hermanas fieles y consagradas, que muy bien hubieran podido acompañarlo y serle de gran ayuda. Tampoco cuesta imaginar que se haya encontrado con hermanos e iglesias con recursos económicos suficientes como para mantenerlo (y así ocurrió a veces). Pablo mandó expresamente que los líderes de las iglesias fueran casados y que sus congregaciones los mantuvieran económicamente. No tuvo una “voz” que le dijera que podía casarse y ser sostenido, pero no era necesario, el mandato ya estaba, el “sí” de Dios ya había sido dado, no era necesario “preguntar de nuevo”.

Pero había un llamado mejor, por lo cual el Espíritu llevó a Pablo a renunciar a todo eso. Esa fue su prueba, dejar lo bueno por algo superior. Sobre eso había hablado un par de capítulos antes:

1 Corintios 7:29-31 RVC
29 Pero quiero decirles, hermanos, que el tiempo se acorta; por lo tanto, el que tiene esposa debe vivir como si no la tuviera;
30 el que llora, como si no llorara; el que se alegra, como si no se alegrara; el que compra, como si no tuviera nada;
31 y el que disfruta de este mundo, como si no lo disfrutara; porque el mundo que conocemos está por desaparecer.

“Sí pero no”, la esencia de la prueba. La iglesia estaba por entrar en más de dos siglos de persecución, y la obra era urgente porque en breve ya no podrían trabajar con libertad. Pablo podía formar una familia y de hecho muchos apóstoles y líderes lo habían hecho, pero eso retrasaría su ministerio, y sabía que el tiempo que tenía era también breve y la obra, enorme. Dejó lo bueno por algo mejor. Pero, ¿acaso Jesucristo no pasó lo mismo?

Mateo 26:53-54 RVC
53 ¿No te parece que yo puedo orar a mi Padre, y que él puede mandarme ahora mismo más de doce legiones de ángeles?
54 Pero entonces ¿cómo se cumplirían las Escrituras? Porque es necesario que así suceda.»

Jesucristo tenía toda la autoridad para reclamar esas legiones de ángeles, que podrían ser entre 72.000 y 75.600. Podía hacerlo, le correspondía, era suyo por derecho propio. Pero un rato antes el Padre ya había hablado con Él:

Mateo 26:42 RVC
42 Otra vez fue y oró por segunda vez, y dijo: «Padre mío, si esta copa no puede pasar de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.»

Él no quería morir y así oró, pero el Padre no respondió afirmativamente esa oración (de paso, ¿por qué siempre queremos que Dios nos de todo lo que le pedimos?). Era su prueba:

Lucas 12:50 DHH
50 Tengo que pasar por una terrible prueba, y ¡cómo sufro hasta que se lleve a cabo!

Lo bueno dejado de lado por lo mejor. El “mandato” divino que es reemplazado por otro superior: el sacrificio que debía hacer Abraham reemplazado por la misericordia, la familia y provisión que debía recibir Pablo reemplazada por una familia de millones en todas las naciones, una vida terrenal de bendiciones por el reinado eterno sobre todo el Universo que recibió Cristo, y la salvación de los hombres y mujeres. ¿Y nosotros?

¿Cuál es nuestro “sí pero no”? ¿Qué es aquello que el Señor nos “dio”, o al menos permitió que tuviéramos, que lo viéramos, que nos acercáramos y lo disfrutáramos en alguna medida… para después decirnos que lo dejemos?

A veces le estamos atribuyendo a Dios algo que en realidad es “nuestro”:

2 Crónicas 32:31 RVC
31 Pero en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.

Dios no le dijo a Ezequías qué hacer con los mensajeros de Babilonia, tampoco vemos que él haya buscado insistentemente al Señor en ese sentido. También pasa eso con nosotros. El Señor permite que algo bueno esté “ahí”, al alcance, no es ningún pecado, otros lo han hecho y fueron bendecidos, Dios mismo les dio instrucciones a esos otros para que así lo hagan. Siempre podemos encontrar justificativos para hacer “lo bueno” en vez de “lo mejor”, siempre podemos encontrar palabras proféticas, señales y versículos bíblicos… y mientras estamos en el proceso parece que Dios “nos dejó”, que no nos está hablando, ¡y así es! Nos está probando.

Duele renunciar a las cosas, duele más cuando son buenas y genuinas en sí mismas, incluso cuando hemos tenido alguna “insinuación divina” de que eso era para nosotros. Pero en eso consiste la prueba, y no esperemos tener una idea clara de lo que vendrá después; Abraham no podía tenerla, Pablo tampoco, y ninguno de los que fue probados, excepto sólo Uno. Y ese ejemplo nos basta para saber que, atravesando la prueba, eligiendo lo mejor en vez de lo bueno, algo mucho mayor se abrirá en el futuro, quizás no en nuestro “disfrute terrenal”, pero sin dudas sí en fruto eterno.

La prueba, que no es lo mismo que la tentación, no puede ser resulta en términos de “esto es pecado y esto no lo es”, sólo puede ser resuelta en términos de “esto es bueno pero esto es mejor”. Así debemos analizarla, y así debemos orar, ¡y eso Dios va a responder! Hermanos, así como nadie está exento de tentaciones, nadie está exento de pruebas.

¡Oh Señor! ¡Cuánta sabiduría necesitamos!


Danilo Sorti


306. Dado que queda poco tiempo…

1 Corintios 7:29-31 RVC
29 Pero quiero decirles, hermanos, que el tiempo se acorta; por lo tanto, el que tiene esposa debe vivir como si no la tuviera;
30 el que llora, como si no llorara; el que se alegra, como si no se alegrara; el que compra, como si no tuviera nada;
31 y el que disfruta de este mundo, como si no lo disfrutara; porque el mundo que conocemos está por desaparecer.

El capítulo 7 de I Corintios es una sección muy práctica sobre cómo vivir la vida cristiana en un contexto especial. Una lectura superficial podría dejarnos confundidos, porque a veces parece que Pablo se desdice, o que pone mandamientos que en realidad no lo son, pero cuando avanzamos en el capítulo entendemos cuál es el espíritu del mensaje: queda poco tiempo, por lo que aquellas cosas que no son malas en sí mismas, o que bien podrían ser hechas en otro contexto, no son convenientes ahora.

Pablo está tratando el tema del matrimonio y parece que les recomienda a los hermanos que no se casen, en clara contraposición con la Palabra del Padre: «No está bien que el hombre esté solo; le haré una ayuda a su medida.» Pero Pablo estaba viendo lo que en breve vendría sobre la iglesia, sobre el “mundo” conocido, el “sistema de cosas” en el que ellos vivían.

Ellos tenían la expectativa del retorno de Jesucristo y sabían de los juicios que ocurrirían antes; eso no pasó todavía pero esa iglesia, que estaba disfrutando de una relativa paz y seguridad, muy pronto enfrentaría más de dos siglos de persecución, y era necesario que el Mensaje de Salvación corriera lo más rápido posible por todo el imperio romano, antes de que la predicación resultara muy difícil. En ESE CONTEXTO había que pensarlo muy bien antes de contraer matrimonio o comprometerse con algo.

A lo largo de los siglos esta recomendación se ha aplicado en diversas situaciones y diversos lugares; también ha sido mal aplicada otras tantas veces, impidiendo a los cristianos desarrollar su vida normal. Estas palabras no constituyen una “doctrina vertebral” de la fe cristiana, pero tampoco deben ser pasadas por alto. Son algo así como un “paquete de emergencia”, como las instrucciones que vemos en negocios o surtidores de combustible para cuando ocurre algún accidente o incendio. No se supone que todos los días deban efectuarse los roles indicados allí, pero hay un momento en que sí.

Estas recomendaciones de Pablo no son para “tiempos normales”, pero dado que estamos transitando los últimos años de este mundo tal como lo conocemos, ¡estos no son tiempos normales!

1 Corintios 7:26-28 RVC
26 Soy del parecer de que, ante la situación apremiante, es mejor que cada uno se quede como está.
27 ¿Estás casado? No trates de separarte. ¿Eres soltero? No busques casarte.
28 Aunque, si te casas, no pecas; y si alguna joven soltera se casa, tampoco peca. Sin embargo, los que se casan tendrán que enfrentar sufrimientos, y yo quisiera evitárselos.

Pablo está diciendo: “¡Cuidado antes de tomar un compromiso! Vienen tiempos especialmente difíciles.” Pablo no está diciendo que NO DEBAMOS tomar compromisos, ni casarnos o tener hijos, o incluso iniciar proyectos nuevos, pero deberíamos tener una muy clara dirección de Dios para hacerlo. Y es probable que haya una IGUALMENTE CLARA dirección divina que nos diga que NO lo hagamos.

Desde hace unas cuantas décadas a esta parte ha habido una fuerte corriente dentro de la Iglesia para empezar nuevos proyectos, tomar desafíos en el nombre del Señor, progresar y ser de testimonio en todos los ámbitos de la sociedad, y yo digo un fuerte ¡AMÉN! a todo eso. Pero tampoco eso es una verdad absoluta. Sin duda que el Espíritu nos lo ha indicado a muchos de nosotros en años pasados, pero no debemos suponer que necesariamente seguirá siendo igual en los próximos años.

Hermanos, quiero dejar en claro esto: puede haber muchas actividades que son válidas y legítimas en sí mismas, incluso cosas que hemos hecho en el pasado conforme a la expresa voluntad divina, cosas sobre las cuales incluso tuvimos palabras proféticas que nos guiaron. Pero no debemos suponer que será exactamente así en este tiempo.

Y más allá de los proyectos que empecemos o no, de aquellas cosas que continuemos o seamos llamados a finalizar, no debemos vivir apegados a lo que ahora disfrutamos, “el que disfruta de este mundo, como si no lo disfrutara; porque el mundo que conocemos está por desaparecer”. Probablemente se nos hayan dado cosas buenas en este tiempo para disfrutar, pero eso pronto terminará en los tiempos de dificultades que vendrán antes del arrebatamiento. Si nuestra vida está puesta en esas cosas o actividades, por más buenas y legítimas que sean, inevitablemente tropezaremos, quedaremos confundidos y protestando contra Dios y los hermanos, y probablemente el rapto se nos “pase de largo”… y yo no querría quedarme.

Los últimos tiempos verán la última gran cosecha, los trabajadores preparados para ella no pueden estar llorisqueando por las cosas que perdieron o que ya no pueden conseguir, ni siquiera por lo familiares que hayan partido, pero si viven apegados a ellos hoy, ¿cómo podrán hacerlo?

Gálatas 2:20 RVC
20 Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Si es verdad que estamos muertos con Cristo, también debemos estar “despojados” de lo que en esta vida tenemos, para que cuando falte podamos seguir adelante en el último tramo. Hermanos, nadie dice que sea fácil, ¡seguimos siendo seres humanos imperfectos! ¡Señor, danos la gracia para poner la vista en los tesoros del Reino Venidero!


Danilo Sorti