lunes, 25 de junio de 2018

520. Ya es la hora de que seamos verdaderamente molestos


Apocalipsis 11:1-14 RVC
1 Entonces se me dio una caña, parecida a una vara de medir, y se me dijo: «Levántate y mide el templo de Dios y el altar, y cuenta a los que adoran en él.
2 Pero no midas el patio que está fuera del templo; déjalo sin medir, porque ha sido entregado a los no creyentes, y ellos van a pisotear la ciudad santa durante cuarenta y dos meses.
3 Yo enviaré a dos testigos míos, vestidos de cilicio, a que profeticen durante mil doscientos sesenta días.»
4 Estos testigos son los dos olivos y los dos candeleros que permanecen delante del Señor de la tierra.
5 Si alguien quiere dañarlos, de su boca sale un fuego que consume a sus enemigos; cualquiera que quiera hacerles daño morirá de esa manera.
6 Ellos tienen poder para cerrar el cielo e impedir que llueva durante los días de su profecía; tienen también poder para convertir el agua en sangre, y para azotar la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.
7 Cuando terminen de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo luchará contra ellos y los vencerá, y les dará muerte.
8 Sus cadáveres quedarán tendidos en las calles de la gran ciudad, la que en sentido espiritual se llama Sodoma, y también Egipto, donde el Señor de ellos fue crucificado.
9 Y durante tres días y medio gente de distintos pueblos, tribus, lenguas y naciones verá sus cadáveres, y no permitirá que sean sepultados.
10 Los habitantes de la tierra se alegrarán de la muerte de estos dos profetas; la celebrarán y hasta se harán regalos unos a otros, porque estos dos los habían estado atormentando.
11 Después de tres días y medio, entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se pusieron de pie, y todos los que los vieron se llenaron de temor.
12 Entonces los dos testigos oyeron una fuerte voz del cielo, que les decía: «Suban acá.» Y ellos subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron.
13 En ese momento hubo un gran terremoto, y a causa del terremoto se derrumbó la décima parte de la ciudad y murieron siete mil personas. Los demás se llenaron de terror y dieron gloria al Dios del cielo.
14 El segundo ay pasó, pero el tercer ay viene pronto.


Los dos testigos corresponden, en su sentido literal, a un evento todavía (un poco) futuro. Es obvio que no pueden ser ni Moisés ni Elías porque ellos ya fueron retirados de este mundo, así que deben ser santos que permanezcan en la Tierra luego del arrebatamiento, lo cual es perfectamente lógico porque Dios NUNCA deja a la gente, por más pecadora que sea, sin testimonio.

Las características básicas de su ministerio y persona, y del poder que tienen mientras dura el tiempo de su testimonio, están claramente descritas. Pero debemos entender algo: por un lado, no son en esencia nada “distinto” a los profetas de todos los tiempos:

·         Testifican de la Verdad Divina en medio de un mundo corrupto y rebelde
·         Están en la presencia del Señor, lo cual debe entenderse espiritualmente, de tal forma que pueden escuchar Sus palabras, y eso mismo transmitir a los hombres
·         Son protegidos milagrosamente mientras dura el tiempo de su testimonio
·         Realizan señales y milagros
·         Son odiados por las personas
·         Finalmente mueren como mártires
·         Son vindicados por el Señor

Pero también es obvio que la “dimensión” de su ministerio es superior a la de los otros profetas bíblicos:

·         El nivel de corrupción del mundo en el que les toca predicar es superior a todo lo que antes existía
·         Por consiguiente, la Palabra que reciben tiene una autoridad y un poder superior, y la presencia del Señor es mucho más fuerte en ellos
·         La protección divina es superior a la de tiempos pasados porque las amenazas son superiores
·         Las señales son también mayores que las realizadas por algún profeta de la antigüedad
·         El odio que la gente siente hacia ellos es enorme
·         Son asesinados directamente por la Bestia
·         Son vindicados mediante una resurrección pública

La realidad de los tiempos que les tocará vivir exigirá de ellos esta dimensión de poder, y el Señor la derramará. Algunas profecías indican que estos dos testigos ya están entre nosotros, y me parece muy razonable que así sea, dado el poco tiempo que nos resta.

Pero no quiero hablar aquí cuestiones futuras que a su tiempo sucederán, sino que me interesa relacionar este pasaje con el ministerio de la Iglesia hoy.

Por un lado, vemos que comparten las características de todos los profetas, y en general, del ministerio profético y testimonial de la iglesia: todos los cristianos fieles también testifican en un mundo corrupto, también están en la presencia del Señor, también son protegidos, etcétera. Por otro, resulta claro que la dimensión de su autoridad es muy superior, precisamente por el ámbito en el cual les toca ministrar. Dios provee los recursos y las personas adecuadas para cada lugar y momento particular.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver eso con nosotros? Pues que estos profetas nos muestras la “culminación” del camino profético de la Iglesia en el cual nos encontramos. En la medida que las condiciones del mundo se van acercando a la situación descrita en Apocalipsis, el Eterno capacita a Sus profetas de maneras cada vez más “parecidas” a las de estos dos.

No estoy inventando nada nuevo, desde hace décadas tenemos profecías que nos muestran precisamente esto: el poder y la autoridad en la que se movería la iglesia del fin de los tiempos. Pues bien, el fin de los tiempos ES ESTE y el poder y la autoridad superior que sería derramada sobre la iglesia ESTÁN DISPONIBLES HOY.

No quiero decir que ya hayamos llegado a esa Iglesia que finalmente será llevada por el Señor, pero sí que estamos en un camino que rápidamente nos está llevando a tal condición y que, por lo tanto, hay una mayor cuota de poder y autoridad.

¿Qué nos distrae? ¿Querer construir un ministerio duradero y que los hombres nos respeten? Ya no queda tiempo como para que algo “dure” mucho tiempo, y ya no es posible que los hombres de este mundo respeten a nada que no sea conforme a sus propias concupiscencias (y de hecho ni siquiera eso respetan).

¿Nos distrae el temor? Es comprensible y por cierto que es un mundo digno de temer… pero precisamente ahí aparecen las promesas divinas. El Señor siempre prometió protección para los suyos durante el tiempo que les fuera necesario testificar, una vez terminado son llamados a su verdadero hogar. Los dos testigos tienen un nivel de protección sorprendente, pero nosotros tenemos disponible una medida mayor que antaño.

Aunque no podemos aplicar literalmente todo lo que dice este pasaje en la realidad actual de la Iglesia, representa la culminación de un proceso que ya está en marcha, y muy rápido. Por ello, las características y poder de estos dos testigos, que en los básico son similares a las de cualquier ministerio profético de confrontación, se están manifestando progresivamente en nosotros hoy.

No quiero alentar falsas expectativas ni dar falsas promesas, pero quiero animar a todos a buscar al Señor en oración confiando que tenemos mucho de esto a disposición para que lo usemos en la extensión del Reino. Ahora bien, ¿con qué mensaje?

El pasaje no dice exactamente el mensaje porque no hace falta: es claro que se trata de un mensaje de arrepentimiento, aunque también contiene otros elementos que serán comprensibles para la gente de ese tiempo aunque no necesariamente para nosotros hoy. Como sea, no “necesitamos” saberlo todavía, pero lo que se ha dejado escrito SÍ ES lo que tenemos que cumplir, y lo que se escribió es que TENEMOS QUE SER VERDADERAMENTE MOLESTOS.

9 Y durante tres días y medio gente de distintos pueblos, tribus, lenguas y naciones verá sus cadáveres, y no permitirá que sean sepultados.
10 Los habitantes de la tierra se alegrarán de la muerte de estos dos profetas; la celebrarán y hasta se harán regalos unos a otros, porque estos dos los habían estado atormentando.

Lo único que puede “atormentar” a los no creyentes (y a unos cuantos creyentes también…) es que se les hable de sus pecados y la necesidad de arrepentirse, es decir, un mensaje claro y directo, totalmente confrontativo, lo contario al mensaje “buenista” de muchos hoy, más de acuerdo con la mentalidad “progre – evangélica” que con el verdadero Evangelio.

Pues bien, hoy estamos llamados a comenzar a predicar ese mensaje. Y eso va a ser un tormento y van a querer callarnos, pero a diferencia de lo que pasó con muchos santos, Dios protegerá de manera especial a Sus profetas. Cuidado: mientras dure el tiempo de su profecía; también veremos muchos mártires, pero no ministerios cortados “antes de tiempo”, sino aquellos que ya completaron su función.

No solamente somos llamados a este tipo de mensaje, sino que se nos promete el poder para traer los juicios de Dios, como testimonio y protección. Es decir, nadie puede pretender dar un mensaje de tal confrontación en un tiempo de tanta dureza si no se anima a usar el poder de Dios.

5 Si alguien quiere dañarlos, de su boca sale un fuego que consume a sus enemigos; cualquiera que quiera hacerles daño morirá de esa manera.

Este fuego será literal pero también es simbólico: para nosotros se refiere a la palabra de juicio proclamada; sobre nuestros enemigos deberemos declara juicio divino, porque ya no hay tiempo para atravesar largos conflictos que nos distraigan y paralicen. Perdón mis amigos pastores y evangelistas, pero su particular visión del mundo no resulta útil aquí: no podremos tener compasión con nuestros adversarios porque cualquier demora redundará en que el mensaje no llegue a muchos otros, de los cuales Dios sí quiere tener compasión. Los enemigos deben ser cortados en el poder del Espíritu apenas aparezcan.

6 Ellos tienen poder para cerrar el cielo e impedir que llueva durante los días de su profecía; tienen también poder para convertir el agua en sangre, y para azotar la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.

Lo mismo vale para los fenómenos naturales: nada debe impedir hoy la proclamación del mensaje, y el clima se sujeta al Espíritu.

“gente de distintos pueblos, tribus, lenguas y naciones” se refiere a un ministerio de alcance mundial, y lo que hoy estamos proclamando llega cada vez más lejos.

7 Cuando terminen de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo luchará contra ellos y los vencerá, y les dará muerte.

Esto no necesariamente se aplicará a todos pero debemos saber que puede haber un momento para algunos en que el Espíritu permita que mueran como mártires, habiendo acabado la obra y sellado el testimonio.

11 Después de tres días y medio, entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se pusieron de pie, y todos los que los vieron se llenaron de temor.
12 Entonces los dos testigos oyeron una fuerte voz del cielo, que les decía: «Suban acá.» Y ellos subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron.

Pero es por poco tiempo, porque el arrebatamiento estará muy cerca, y todos lo verán, como un preludio de lo que ocurrirá inmediatamente después.

13 En ese momento hubo un gran terremoto, y a causa del terremoto se derrumbó la décima parte de la ciudad y murieron siete mil personas. Los demás se llenaron de terror y dieron gloria al Dios del cielo.

Luego de estos eventos muchos entenderán que el testimonio tan molesto de los testigos estaba respaldado por Dios mismo, y entonces creerán. Lo mismo pasó con los profetas de la antigüedad: muchos más creyeron en ellos luego de que murieron y pasaron las cosas anunciadas que mientras vivían. No está bueno que sea así, pero lo es, y lo bueno es que al final creerán. Dios mismo sellará nuestro testimonio con Sus juicios. El mensaje que predicamos hoy es también un mensaje de juicio.

Hermanos, se nos llama a un cambio y puede no ser agradable, especialmente a los cristianos que durante siglos hemos predicado de la gracia de Dios, pero debemos entender que el tiempo de la gracia (tal como la conocemos ahora) está muy próximo a terminar, y es necesario que nos adecuemos.


Danilo Sorti


519. Obediencia a destiempo es desobediencia


Números 14:39-45 RVC
39 Moisés comunicó todo esto a todos los hijos de Israel, y ellos se entristecieron mucho.
40 Entonces madrugaron y subieron a la cumbre del monte, pues decían: «Hemos pecado, así que estamos dispuestos a ir al lugar del cual nos ha hablado el Señor.»
41 Pero Moisés dijo: «¿Por qué quebrantan el mandamiento del Señor? Esto tampoco les saldrá bien.
42 No suban, para que no sean derrotados delante de sus enemigos, porque el Señor no está en medio de ustedes.
43 Los amalecitas y los cananeos están allí, delante de ustedes, y ustedes morirán a filo de espada por haberse negado a seguir al Señor. Por eso el Señor no está con ustedes.»
44 Y aunque ellos se obstinaron en subir a la cima del monte, el arca del pacto del Señor, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento.
45 Entonces bajaron los amalecitas y los cananeos que habitaban en aquel monte, y los hirieron y los derrotaron, y los persiguieron hasta Jormá.

Mateo 21:28-32 RVC
28 Jesús les preguntó: «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos, y se acercó al primero y le pidió: “Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.”
29 El primero le respondió: “No quiero”; pero después se arrepintió y fue.
30 Luego, se acercó al otro hijo, y le pidió lo mismo. Éste le respondió: “Sí, señor, ya voy”; pero no fue.
31 ¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad de su padre?» Ellos respondieron: «El primero». Entonces Jesús les dijo: «De cierto les digo, que los cobradores de impuestos y las rameras les llevan la delantera hacia el reino de Dios.
32 Porque Juan se acercó a ustedes para encaminarlos en la justicia, y no le creyeron; mientras que los cobradores de impuestos y las rameras sí le creyeron. Pero ustedes, aunque vieron esto, no se arrepintieron ni le creyeron.»


Los israelitas, después de darse cuenta de su terrible error, trataron de remediarlo haciendo lo que ya no debían hacer, y fue tal la derrota que sufrieron que ese lugar se llamó Jormá, “destrucción”. Entre el mandato del Señor y ese “acto fallido” hubo algo que “se les perdió” a los israelitas: lo que Dios había dicho.

En realidad, eso se les había “perdido” hacía rato ya; venían ya de varias rebeldías, no habían terminado de aceptar la autoridad de Moisés, y no pudieron ver con los ojos de Dios la buena tierra que Él les iba a dar. Tampoco pudieron “oír” la sentencia divina que los mandaba de vuelta al desierto, y por lo tanto, quisieron hacer lo que ya no debían hacer: una obediencia “tardía” que se convirtió en desobediencia. ¿Esto es siempre así?

En los tiempos del Nuevo Testamento nos encontramos con el relato de los dos hijos. Propiamente dicho ninguno de los dos estuvo cien por ciento bien, pero el que primero no quiso ir terminó obedeciendo, y el que primero dijo que sí al final se volvió atrás. Parece que la historia es diferente, más bien al revés. Sin embargo, nos pone en perspectiva que fue lo que realmente ocurrió en el desierto.

31 … Entonces Jesús les dijo: «De cierto les digo, que los cobradores de impuestos y las rameras les llevan la delantera hacia el reino de Dios.
32 Porque Juan se acercó a ustedes para encaminarlos en la justicia, y no le creyeron; mientras que los cobradores de impuestos y las rameras sí le creyeron. Pero ustedes, aunque vieron esto, no se arrepintieron ni le creyeron.»

Los que primero habían desechado los mandatos de Dios reconocieron en Juan un verdadero profeta y se arrepintieron. Fueron los que habían dicho “no” al principio, pero después obedecieron. Los israelitas en el desierto dijeron “no” al principio y “no” después, cuando el mandato del Señor cambió. Ellos no se arrepintieron de corazón, tuvieron remordimiento, se dieron cuenta de que habían hecho mal, es cierto, pero no había habido un cambio profundo en sus corazones; y de eso nos damos cuenta simplemente leyendo unos capítulos más adelante, al ver las rebeliones y conflictos que generaron: eso fue señal de que sus corazones no habían sido transformados por el arrepentimiento genuino.

Inevitable es que todos nosotros perdamos parte de nuestro propósito; que los diseños originales de Dios sean alterados en nuestras vidas por nuestra desobediencia. Por más duro que suene, es la realidad de TODOS los cristianos, y mucho más de los no creyentes. Hay un momento en el que Dios “cierra” algunos propósitos o diseños, incluso algunas palabras proféticas que recibimos. No estoy diciendo que sea algo de todos los días, es más, puede ser que no se trate necesariamente de grandes cosas, pero esas pérdidas ocurren. ¿Cómo reaccionamos ante ellas?

Para Israel como nación no se trataba de una pérdida definitiva, en realidad era una demora, lo cual también es común en nuestras vidas. De nuevo, ¿cómo tratamos esas demoras?

Primero entendiendo que son demoras para nosotros, no para el que todo lo sabe, aunque Dios estaba dispuesto a hacerlo. Es parte del aprendizaje que necesitamos, del largo proceso de morir a nosotros mismos. Es algo tan común que de hecho no nos damos cuenta muchas veces de esas oportunidades que perdemos, y que Dios pospone. Pero cuando por fin nos damos cuenta, ¿qué hacemos?

Supongamos que estamos esperando el tren de las 20:00 hs, pero nos distrajimos y se nos pasó. Vamos a la boletería, cambiamos el boleto (a veces tenemos que pagar algo más) y nos dicen que el próximo pasa a las 23:00 hs; con lo cual nos queda por delante la perspectiva de 3 largas horas en la estación, llegar tarde a casa, dormir menos y tener que pasar el día siguiente con sueño toda la jornada. No es agradable, pero, ¿a quién se le ocurriría correr el tren de las 20:00, y pararse enfrente para que se detenga? Excepto que tengamos la plata suficiente para tomar un taxi (cosa que dudo), no nos queda más remedio que esperar el próximo tren, cuyos horarios no los determinamos nosotros sino que así vienen establecidos por la empresa y el Ente regulador del transporte.

Bien, lo mismo pasa cuando perdemos los “trenes” de las oportunidades y propósitos divinos. Algunos no tienen un segundo horario, pero muchos otros sí, solo que tienen SU horario, no el nuestro, y necesitan que hayamos reconocido previamente nuestro error.

Una obediencia a “destiempo” puede ser una terrible desobediencia; por ello es necesario volver a escuchar a Dios cuando nos hayamos apartado de sus propósitos y entender cuál sea el camino que ahora debamos seguir.


Danilo Sorti


518. “¡¡Vos tenés la culpa!!”


Números 16:12-14 RVC
12 Entonces Moisés mandó a llamar a Datán y Abirán, hijos de Eliab; pero ellos respondieron: «¡No vamos a ir!
13 Tú, no contento con habernos sacado de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, ¿ahora quieres también decirnos qué es lo que debemos hacer?
14 Tú, ni nos has llevado a la tierra que fluye leche y miel, ni nos has dado terrenos y viñas. ¿Qué quieres? ¿Sacarle los ojos a esta gente? ¡No vamos a ir!»

Números 16:41 DHH
41 Al día siguiente, todo el pueblo de Israel empezó a hablar contra Moisés y Aarón. Decían:
—¡Ustedes están matando al pueblo del Señor!

Números 20:2-5 RVC
2 Pero la congregación se puso en contra de Moisés y Aarón porque no había agua,
3 y todos hablaron contra Moisés. Dijeron: «¡Cómo quisiéramos haber muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
4 ¿Para qué trajiste a la congregación del Señor a este desierto? ¿Para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias?
5 ¿Por qué nos sacaste de Egipto y nos trajiste a un lugar tan horrible? La tierra no es cultivable, y no hay higueras, ni viñas ni granadas; ¡ni siquiera hay agua para beber!»

Para nosotros resulta claro, al leer los capítulos precedentes, que la gente estaba equivocada: no habían entrado en la Tierra Prometida por su propio pecado, habían sido castigados por su propia rebelión, y Moisés no los había sacado de Egipto, era la Mano de Dios cumpliendo lo prometido a Abraham. ¿Por qué, entonces, descargaban su frustración contra Moisés? ¡Cómo fue que tan rápidamente se habían olvidado de su propia historia?

Cuando leemos estos episodios nos damos cuenta por qué Dios tuvo que trabajar tanto tiempo con Moisés antes de darle ESA COMISIÓN, ¡no iba a ser nada fácil! Moisés no tenía la culpa de lo que les estaba pasando, todo lo contrario; siempre había procurado su bien, se había enfrentado a Dios para que no los destruyera y estaba dedicado íntegramente a cumplir la voluntad del Señor sirviendo a Su Pueblo. Pero esta estrategia de proyectar la culpa propia en el otro ya la conocemos de sobra: líderes, jefes, padres de familia…

Dado que reconocer la culpa propia resulta demasiado terrible, se pone la culpa en el otro, la “figurita visible”. Supongo que en todas partes pasa eso, pero en mi país, Argentina, creo que hemos llevado esa actitud a su máxima expresión: el presidente siempre tiene y tendrá la culpa de todo lo malo que suceda en el país, aún del clima. Y lo más tragicómico de todo eso es que casi la nación entera está “inmersa” en ese tipo de pensamiento, por lo que nadie se da cuenta de la infantilidad del mismo. Se justifica, se repite, se afirma y se cree como un dogma de fe; los discursos políticos se recortan y las palabras son tergiversadas para acomodar todo a esa creencia. ¡Y muchísimos siguen a pies juntillas esos argumentos!

Por supuesto que no son inocentes, en realidad nos queda bien en claro leyendo el episodio de la rebelión de Coré que ellos tenían un objetivo claro: tomar el poder; pero eso que sembraron creció entre el pueblo. En el fondo, se trata de la misma rebelión de Satanás cuando le achaca a Dios sus propias intenciones y pone su maldad en Él.

Sin profundizar tanto, es muy fácil ver “al líder” y no ver las circunstancias, ni mucho menos los fenómenos sociales con los que tiene que lidiar. Eso le pasó a Moisés, y eso mismo pasa hoy día. Es muy fácil que en medio del trajín diario la perspectiva de más largo plazo y “estructural” se pierda en favor de una visión cortoplacista que solo puede ver las decisiones del líder y las consecuencias inmediatas; y es muy fácil darnos cuenta de esto cuando leemos la historia en Números. PRECISAMENTE POR ESO deberíamos ser especialmente cuidadosos en tener la verdadera historia en mente antes de emitir juicios, o rebelarnos contra lo que Dios está mandando a través de algún líder, incluso los seculares.

Pero notemos una cosa: la historia que leemos en Números no es la historia secular, sino la historia desde el punto de vista de Dios, AHÍ SE NOS HACE CLARO TODO, pero en la historia “secular”, o mejor dicho, la historia con una lectura “secular” y a veces sin los suficientes conocimientos, no puede aclarar tampoco demasiado. Necesitamos conocer la historia, saber los fenómenos sociales, y tener una base teórica adecuada; pero más que nada necesitamos los ojos que nos da el Espíritu.

Entonces: si estoy criticando a mi pastor, a mi cónyuge, al jefe, al gobernador, al presidente o al que fuera, ¿hasta dónde estoy haciendo bien y hasta dónde estoy siendo injusto? Ahora bien, ES CLARO que ninguno de ellos es Moisés, y probablemente estén bastante lejos de serlo, por lo que SEGURAMENTE están cometiendo errores. Pero, y especialmente en el mundo actual, es claro también que hay muchas cuestiones del contexto, algunas “de afuera” y otras “de adentro”, que están limitando seriamente su capacidad de acción.

Hermanos, tengamos cuidado; Dios no perdonó a los que duramente criticaron y se rebelaron contra la autoridad que Él había puesto. Hoy vivimos en un tiempo de MUCHÍSIMAS palabras vanas e injuriosas, y no creo que eso disminuya en los próximos años. No debemos sumarnos a eso, más vale veámosnos a nosotros mismos; qué hemos hecho y si Dios debería bendecirnos o no; por cierto que si no merecemos Su bendición (como familia, como iglesia, como comunidad, como país) Dios no lo va a hacer y la autoridad que haya puesto no va a poder hacer nada para impedirlo.

Y si nos toca ser líderes…. ¡que Dios se apiade de nosotros!

Cuando leemos los versículos siguientes en Números 20 nos encontramos con el episodio de la roca:

Números 20:10-12 RVC
10 Moisés y Aarón reunieron a la congregación delante de la peña, y Moisés les dijo: «¡Óiganme ahora, rebeldes! ¿Acaso tendremos que sacar agua de esta peña?»
11 Y dicho esto, levantó su mano y, con su vara, golpeó la peña dos veces. Al instante, brotó agua en abundancia, y bebieron la congregación y sus bestias.
12 Pero el Señor les dijo a Moisés y a Aarón: «Puesto que ustedes no creyeron en mí, ni me santificaron delante de los hijos de Israel, no llevarán a esta congregación a la tierra que les he dado.»

Dios respalda a Sus líderes, pero eso no es un “cheque en blanco”, tal como fue amargamente expresado en la historia de Moisés. Dios tenía que dejar en claro que Él era Dios, y no Moisés. Hay una línea delga allí, que hay que mantener con mucho cuidado, por eso nadie debe apurarse por tener ningún cargo de liderazgo, hasta que no esté lo suficientemente maduro.

¿Cuáles fueron las consecuencias de este desliz de Moisés?

Juan 9:28 RVC
28 Ellos lo insultaron, y le dijeron: «¡Discípulo suyo lo serás tú! ¡Nosotros somos discípulos de Moisés!

Moisés llegó a ser un “semidiós” para los israelitas, a pesar de que Dios dejó muy en claro que era Su siervo. Cualquier pequeña exageración en la autoridad suya habría llevado a una exacerbación de su imagen, que terminaría por nublar la verdadera autoridad del Señor.

Que el Señor nos de la gracia evitar este tipo de errores.

Danilo Sorti



517. En medio de la crisis económica mundial…


Eclesiastés 11:4 RVC
4 El que sólo mira el viento, no siembra; el que sólo contempla las nubes, no cosecha.

Estos tiempos de inestabilidad política y económica mundial fueron profetizados hace décadas ya, y en esencia tienen que ver con los acontecimientos necesarios para preparar la última Gran Cosecha y el último Avivamiento. Sabemos que el tiempo del fin de este sistema está cerca, y también cerca nuestra reunión con Él, pero, aunque el tiempo que nos reste sea breve, es crítico que lo aprovechemos al máximo y que evitemos todos sus muchos engaños. ¿Qué tiene que ver eso con la situación económica mundial?


Lo primero que ocurre frente a esta inestabilidad política y económica es que muchos “se meten” de lleno en la batalla contra Fulano o a favor de Fulano, y así vemos toneladas de posteos, imágenes o videos en ese sentido, los cuales, “traducidos”, quieren decir que los que estuvieron escribiendo o reenviando los tales ocuparon cierto tiempo en ello y mucho más tiempo “mental” y social en hablar sobre el tema e “informarse” a través de los distintos medios de desinformación actuales. En resumen: mucho tiempo invertido en ello con el fin de lograr que salga Fulano y que entre Mengano, o viceversa, pensando que con ello lograrán la solución para su país.

Por supuesto que entre Fulano y Mengano Dios tiene un favorito, pero hoy en día ese “favorito” es aquel que mejor puede cumplir ciertos propósitos divinos en un contexto donde TODOS los políticos necesariamente tuvieron que transar con el sistema del Anticristo y en un contexto mundial cada vez más caótico, en el cual todos nuestros países latinoamericanos NO DECIDEN, solo se ubican lo mejor posible en algún hueco. Es decir, ninguna solución definitiva.

No voy a explayarme en el tema, solo decir algo obvio al que mira las cosas por fuera de las acaloradas discusiones políticas: solamente sirven para distraer a la gente, cristianos entre ellos. En realidad no quiero hablar del efecto distractivo sino más bien que la consecuencia de esa distracción es que los tales no pueden escuchar lo que Dios está queriendo decir y hacer en estos últimos años.

Junto con ello, se suma la incapacidad de predecir adecuadamente las ecuaciones económicas incluso en el corto o mediano plazo, lo cual termina retrayendo a muchos de tomar decisiones emprendedoras para crecer o invertir. Además, si Cristo ya viene, ¿para qué hacerlo?

Es cierto que no estamos en el tiempo de hacerse rico o de construir grandes imperios empresariales; antes fue posible pero hoy ya no es el momento. Pero no es menos cierto que siguen haciendo falta recursos para completar la obra, y todavía muchos. Sigue siendo necesario establecer relaciones comerciales y laborales a través de las cuales el testimonio del Evangelio pueda fluir con naturalidad, y muchas. Y Dios todavía tiene promesas de bendición y provisión que cumplir para Su gloria, para que haya testimonio en este tiempo de que Él es Dios y de que Su poder no ha disminuido.

Avanzar en términos empresariales por métodos humanos o por exhaustivos análisis económicos no me parece hoy muy factible, o si lo es, resulta un proceso trabajoso, lleno de incertidumbre y costoso en recursos humanos. Pero avanzar por fe es algo muy diferente, esto es, avanzar “como viendo al Invisible”, es decir, escuchando hacia donde Dios nos manda avanzar y haciendo eso, no lo que se nos ocurra “por fe”.

Hasta ahí no hay problema porque depende de Dios, nuestro problema empieza cuando, tal como leímos en la cita de Eclesiastés, empezamos a mirar el clima y los pronósticos del tiempo. No sé cómo será en otras regiones, pero puedo decir que el pronóstico para mi ciudad y alrededores, en los últimos años, es terriblemente impreciso en los detalles, y no porque el Servicio Meteorológico Nacional sea incapaz, sino porque las condiciones son muy cambiantes en el corto plazo. Pero eso no es nuevo, ya quedó registrado hace más de 2.000 años.

En realidad, pocas veces en la historia de la humanidad los tiempos fueron “tranquilos y predecibles”, siempre había algún conflicto dando vueltas. Dios permitió un tiempo de “paz” hacia la época de Jesús, lo cual favoreció que rápidamente se extendiera el Evangelio, pero eso acabó y Europa se sumergió en guerras y divisiones.

Hoy, a pesar de la inestabilidad política y económica mundial, que no va a disminuir, Dios sigue teniendo proyectos y emprendimientos para Sus hijos. No es tiempo de pensar en hacerse rico o de construir emporios, pero sí sigue siendo tiempo de emprender los proyectos que el Señor tiene preparados, porque son fundamentales para que Su obra sea completada. Aquello que se nos pide es que no nos pasemos el tiempo “mirando al viento” ni “contemplando las nubes”, porque así como es de inestable y cambiante el clima también lo es el “clima económico”; se nos pide que lo miremos a Él y que avancemos por fe (no por simple presunción sino por verdadera fe).

Efesios 5:15-17 DHH
15 Por lo tanto, cuiden mucho su comportamiento. No vivan neciamente, sino con sabiduría.
16 Aprovechen bien este momento decisivo, porque los días son malos.
17 No actúen tontamente; procuren entender cuál es la voluntad del Señor.


Danilo Sorti


516. ¿Dando vueltas para nada?


Números 14:30-35 RVC
30 Ninguno de ustedes entrará en la tierra que, bajo juramento, prometí que les daría para que la habitaran. Sólo entrarán Caleb hijo de Yefune y Josué hijo de Nun.
31 Y a esos niños que ustedes dijeron que serían hechos prisioneros, yo los introduciré en la tierra que ustedes despreciaron, y ellos la conocerán.
32 En cuanto a ustedes, sus cuerpos quedarán tendidos en este desierto.
33 Sus hijos andarán cuarenta años sin rumbo fijo por el desierto, llevando a cuestas sus rebeldías, hasta que su cuerpo sea consumido en el desierto.
34 Cuarenta años llevarán a cuestas sus iniquidades, un año por cada día, conforme al número de los días que anduvieron explorando la tierra, y así experimentarán mi castigo.
35 Así voy a tratar a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí. Serán consumidos en este desierto, y aquí mismo serán condenados a muerte. Yo, el Señor, lo he dicho.”»


“Dar vueltas por el desierto” es una de las experiencias cristianas más comunes que puede haber. Por supuesto que es metafórico, me refiero a esas situaciones tan comunes en las cuales nos sentimos como “dando vueltas” durante largo tiempo sin poder nunca encontrar una salida; situaciones en las cuales no podemos progresar, alcanzar una nueva meta, subir a otro nivel en lo económico, laboral, personal, familiar. Vemos la mano de Dios, sí, hay provisión y protección, no falta el alimento ni lo que necesitamos para vivir, no se trata propiamente de que estemos retrocediendo o sufriendo algún ataque espiritual que nos provoque pérdida, es más, si miramos hacia el pasado más o menos cercano, esta situación actual significó un cambio importante, una mejora en relación con la anterior, pero en el camino las promesas que habíamos recibido parecieron quedar “suspendidas hasta nuevo aviso”: no retrocedemos, pero tampoco mejoramos, a pesar de que es evidente que Dios está con nosotros, que obra milagros incluso y que se sigue manifestando.

Por supuesto, el Espíritu Santo no iba a dejarnos sin instrucción en situaciones tan inquietantes, y algo de lo que nos quiere decir está grabado en la historia de Israel.

El “desierto” es el lugar de la prueba, de la purificación, donde Dios trata cara a cara con sus hijos y quita todo lo que no le agrada. Así lo hizo con Israel, y precisamente por eso se convirtió en una enseñanza para todos.

Muchas cosas pasaron en el desierto, si las resumimos rápidamente diremos que “entró” un grupo de esclavos desordenados y desorientados, y “salió” una nación capaz de conquistar un territorio lleno de feroces ejércitos. De acuerdo, todos diríamos que eso debió ocurrir más rápido de lo que en efecto ocurrió, pero lo cierto es finalmente sucedió. Nos resulta obvio que esa “Israel” que entró al desierto no podía entrar en la Tierra Prometida, debía ser transformada.

En este artículo quiero enfocarme en uno de los aspectos de esa transformación, aquel que tiene que ver con pasar tiempo “sin que pase nada”. Ahora bien, puede ser que estemos en medio de la lucha, es más, puede ser incluso que estemos perdiendo terreno, pero al menos estamos “haciendo algo”: sobrevivir, que en muchas ocasiones es mucho. Pero pasar tiempo sin poder “hacer nada” es algo muy distinto.

A esta altura tenemos conocimiento de muchas realidades espirituales que tienen que ver con cárceles o prisiones del alma o de algún fragmento del alma y que propiamente no nos dejan avanzar. Al recibir revelación sobre ellas también recibimos revelación acerca de cómo salir, que en realidad se resumen todas en aplicar la victoria de Cristo sobre todos los poderes de las tinieblas…

Pero, hermanos, el verdadero asunto no es “cómo” salir porque eso es tan simple para el Señor como decir una palabra; el verdadero asunto es “por qué” estamos allí y hasta cuándo debemos permanecer.

Israel debió permanecer 40 años, el tiempo de una generación, precisamente para que esa generación incrédula diera lugar a una nueva gente llena de fe y con mentalidad libre. Cuarenta es el número de la prueba, esto es, el “tiempo” de la prueba pero también del final de esa prueba, y, habiendo terminado, surge un nuevo comienzo.

Normalmente lo más “interesante” que podemos hacer en medio del a prueba es resistir, tener paciencia, esperar. Esto es, reconocer que Dios estableció un tiempo y no es ni más ni menos que eso, y que en ese tiempo Él está haciendo lo que tiene que hacer, más allá de que nosotros efectivamente “hagamos” algo o no.

Durante ese tiempo moriría toda esa generación. Dios no podía matarla de una vez porque todos sus hijos quedarían huérfanos y también perecerían; por lo tanto esos cuarenta años no era ni más ni menos que el tiempo lógico como para que sus hijos crecieran y llegaran a tomar las riendas de la nación (lo cual implica varias décadas por cierto) y esa generación de incrédulos muriera para no estorbar durante la conquista.

Lo mismo pasa con nosotros, a nivel individual: el tiempo de la prueba es el tiempo dispuesto por Dios y a la vez estrictamente necesario (y ni un día más) como para que todo lo que tiene que morir muera mientras lo nuevo que Él está formando alcance su adecuada madurez. Si para lograrlo el Señor permite que estemos durante ese tiempo en prisiones espirituales o sujetos a algún tipo de dominación del inframundo que nos impida avanzar, ES TOTALMENTE SECUNDARIO.

Claro que yo no estoy diciendo que no deberíamos librarnos, EN ESPECIAL cuando el Espíritu nos ilumina sobre alguna de esas cuestiones, porque realmente lo que puede estar pasando allí es que ha llegado el momento en que debamos ser libres, al menos en esa área.

Mateo 6:19-20 RVC
19 »No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y donde los ladrones minan y hurtan.
20 Por el contrario, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, y donde los ladrones no minan ni hurtan.

El tiempo de prueba cruzando el desierto, en el cual damos vueltas “sin sentido”, en realidad nos trae una recompensa eterna, al forjar en nosotros el carácter de Cristo, al hacer morir lo que debe morir, para que el Hombre Nuevo se desarrolle.

Y de paso, aquí tenemos una enseñanza sobre regiones de cautividad:

Mateo 6:21 RVC
21 Pues donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Cuando nuestro tesoro está en alguno de los tesoros terrenales, en realidad nuestro corazón –alma–  está aprisionado en esas regiones del inframundo (la “sucursal” del infierno destinada al alma de los vivos), y no estoy hablando simbólicamente. Pero cuando todo nuestro tesoro; nuestro deseo, nuestro deleite, nuestro único objetivo, está puesto en Dios, entonces nuestro corazón –alma– está íntegramente sentado con Cristo “en los lugares celestiales”, como dice Efesios.

¡Cuidado! En el “desierto” está la presencia y la provisión de Dios, y ocurren milagros también; no es lo mismo que pasa cuando alguien se aparta del Señor y entra en tierras áridas; aunque el Señor no se ha apartado del todo, no hay una “Tierra Prometida” al final, sino el regreso al camino del que nunca debió perderse.

Por ello, si estamos “dando vueltas para nada”, y aunque Dios se manifiesta sigue permaneciendo un límite que no podemos cruzar, debemos corroborar primero si es que estamos en el “proceso del desierto”, para el cual Dios mismo ha determinado un plazo y unos objetivos de “muerte” (del viejo hombre) que deban cumplirse.

Danilo Sorti