domingo, 29 de julio de 2018

548. Ezequiel 34: cuando Dios nos pastorea – IV


Ezequiel 34:16-24 RVC
16 »Buscaré a las ovejas perdidas, y devolveré al redil a las que perdieron el camino; les vendaré las patas a las ovejas lastimadas, y fortaleceré a las ovejas débiles. Seré justo con mis ovejas, pero eliminaré a las ovejas engordadas y rechonchas.
17 »A ustedes, ovejas mías, yo, su Señor y Dios, les digo que yo juzgo entre una oveja y otra, y entre carneros y machos cabríos.
18 ¿Les parece poco comerse los buenos pastos, y todavía pisotear el resto de los pastos? ¿Les parece poco beber de las aguas claras, y luego enturbiar con sus patas el resto del agua?
19 ¡Y luego mis ovejas tienen que comer los pastos pisoteados, y beber el agua turbia!»
20 Por lo tanto, su Dios y Señor les dice: «Voy a juzgar a las ovejas engordadas y a las ovejas flacas.
21 Ya que ustedes empujaron por el costado y con el hombro a las ovejas más débiles, y además las cornearon hasta dispersarlas y echarlas del rebaño,
22 yo las salvaré; juzgaré entre una y otra oveja, y nunca más mis ovejas serán objeto de rapiña.
23 Voy a ponerlas al cuidado de un pastor que yo mismo les daré. Ese pastor será mi siervo David, y él será quien las apacentará.
24 Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será su príncipe. Yo, el Señor, lo he dicho.

Esta sección es la continuación natural de los versículos anteriores; Dios mismo sigue diciendo lo que va a hacer en favor de Su Pueblo, repite algunos conceptos, pero introduce algo nuevo: si antes había anunciado el juicio sobre los malos pastores, luego que les quitaría en encargo de cuidar a Sus ovejas y finalmente que Él mismo se haría cargo de ellas, ahora anuncia el juicio entre “oveja y oveja” y profetiza la venida de David, con lo cual tenemos una clara referencia al Reino Venidero. Al igual que en el pasaje anterior, podemos esperar un cumplimiento parcial de estas palabras pero el definitivo sólo ocurrirá en un tiempo todavía futuro.

Esta sección suma 119 palabras en hebreo, lo cual nos remite enseguida al Salmo 119, un extenso y encendido elogio a la Palabra de Dios, pero cuando descomponemos el número nos encontramos con 7 x 17. “7” es el número de la perfección espiritual, de lo completo y finalizado, “17” es el número de la victoria definitiva sobre la prueba completa. La multiplicación de ambos refuerza la idea de la victoria, por un lado, y por otro nos sugiere el estado de perfección que sólo vendrá cuando haya ocurrido lo que menciona el texto. También es importante la relación con el Salmo 119: es la Palabra la que puede cumplir eso.

Es interesante que el proceso no termina simplemente quitando a los malos líderes, sino que debe avanzar sobre el mismo pueblo, haciendo justicia sobre los hermanos que abusan unos de otros. Quizás en algunos países no sea tan necesario hacer énfasis sobre este tema, pero en nuestro contexto latinoamericano creo que es muy necesario recordar que el problema no son los “malos líderes” sino la maldad en el corazón humano. En las últimas décadas hemos visto líderes que vinieron “del pueblo”, y terminaron siendo iguales o peores que los otros. Pero el Señor ya lo había dicho hace más de 2.500 años.

Por supuesto el análisis no es tan simple, en un momento histórico dado el liderazgo social, político y económico viene normalmente de determinadas familias que han detentado el poder durante décadas o siglos. Pero cuando miramos las sociedades nos encontramos exactamente con los mismos principios replicados “en pequeño”. Esto quiere decir que si en un momento se quitaran a todos los líderes “corruptos”, no pasaría mucho tiempo hasta que los nuevos líderes se volvieran igual de corruptos. Las experiencias de la ex Unión Soviética y de China lo confirman adecuadamente.

Tristemente no es muy diferente en muchas iglesias. Tenemos unas cuantas iglesias evangélicas hoy en las que la autoridad termina siendo dinástica y mantenida estrechamente en un círculo de confianza, cayendo en los mismos vicios y corrupciones que vemos a gran escala, solo que en “pequeño” (si es que podemos llamar “pequeño” a lo que se le hace al pueblo de Dios…). Nadie se puede escudar en que es “pueblo” y no liderazgo: Dios juzgará a todos, grandes y pequeños, conforme lo que haya en su corazón.

¿Qué hacen estos “hermanos” renegados? Lo mismo que los líderes: se aprovechan de su mayor fuerza o recursos para acaparar lo mejor, mientras que dejan las sobras para el resto. No hace falta que expliquemos este principio en la sociedad porque lo vemos a diario. A nivel de iglesia podríamos referirnos a las familias de renombre, las históricas, o las que dan ofrendas más grandes; ellos son los que reciben las becas, las oportunidades para ministrar, la atención y cuidado de los hermanos, sus proyectos son promocionados y apoyados. Si queda algo de recurso, lo puede usar el resto…

Estas “ovejas gordas” son las que engordaron aprovechando su posición para quitar los recursos de otros, y aquí tenemos que hacer una aclaración “política”. Por un lado debemos reconocer que el sistema que llamamos “socialismo”, aunque no exactamente el “socialismo  nórdico”, que es más bien un capitalismo redistributivo, sino más bien un estilo de socialismo más comunista, no es el modelo que Dios diseñó en Su Palabra. Pero exactamente lo mismo debemos decir del “mejor capitalismo” que conocemos (no me refiero al imperialismo económico disfrazado de capitalismo que existe hoy). A los cristianos les cuesta mucho ubicarse en un lugar correcto porque sólo tenemos accesible en el imaginario político actual dos extremos. Pero en todo caso, cualquier sistema será imperfecto debido a la imperfección humana, y aún lo mejor que podemos leer en la Biblia, tanto lo que Dios había mandado a Israel en un primer momento como lo que ocurrió con la primera iglesia de Jerusalén, fueron modelos imperfectos que todavía están esperando a que llegue lo Perfecto a esta Tierra.

Pero mientras tanto debemos ser enfáticos en decir lo siguiente: las ovejas gordas podían aprovechar todo el pasto que aprovecharon, es cierto, pero no DEBÍAN, y eso está claramente expuesto en la Palabra desde el principio. Cualquier modelo de “libre mercado” en lo político, y de “libre mercado” en lo espiritual también terminará produciendo eso. La solución que el Señor planteó en Su Palabra no es una redistribución extorsiva, pero sí una legislación clara de la cual los líderes son los principales responsables de hacer cumplir.

Pero si los líderes, tal como leímos en los versículos anteriores, se comportaban de esa misma forma extorsiva, ¿qué podemos esperar de los de más abajo? Simplemente el modelo se replica. ¿Causa o consecuencia? Los líderes son los que más responsabilidad tienen, pero no olvidemos lo que dijimos: finalmente la maldad humana es la raíz.

Estos hermanos abusadores no solamente aprovechan los recursos sino que también terminan expulsando a los más “débiles”. Así que cuando vemos este patrón en una iglesia, ya sabemos cómo es el liderazgo… y qué es lo que Dios va a hacer con esa tal iglesia.

“Voy a ponerlas al cuidado de un pastor que yo mismo les daré”: Dios mismo levanta a Sus pastores, los capacita y llama a las ovejas para que lo sigan. David es puesto como ejemplo, pero David es quién vendrá en el Reino por venir para pastorear a su pueblo Israel.

Mientras tanto, si estamos en una función de liderazgo, ¿qué está pasando con nuestra gente? Podemos permitir, por descuido o falta de capacidad que ocurran abusos entre hermanos, por más que prediquemos y nos esforcemos en cumplir liderazgos santos. Por eso Pablo dijo:

2 Corintios 13:1 RVC
1 Ésta será la tercera vez que los visite. Todo asunto se resolverá por el testimonio de dos o tres testigos.

No hay mejor ejemplo de fidelidad en el ministerio que Pablo, y sin embargo en las iglesias que él establecía surgían muchísimos problemas que no podía evitar, pero sí tratar. No debemos ser descuidados en este asunto. Puede ser desagradable tener que disciplinar a algunos hermanos con muchos dones… y abundantes ofrendas…, pero la Biblia es clara. Necesitamos pedirle al Señor que nos dé de Su justicia, para no favorecer indebidamente a unos o a otros, ni a “pobres” ni a “ricos”.


Danilo Sorti


547. Ezequiel 34: cuando Dios nos pastorea – III


Ezequiel 34:11-15 RVC
11 Sí, así ha dicho Dios el Señor: «Yo mismo voy a ir en busca de mis ovejas, y yo mismo las cuidaré,
12 tal y como las cuida el pastor cuando se halla entre sus ovejas esparcidas. Yo las rescataré de todos los lugares por los que fueron esparcidas aquel día nublado y oscuro.
13 Las sacaré de los pueblos y países donde ahora están, y las traeré a su propia tierra; las apacentaré en los montes y en las riberas de Israel, y en todos los lugares habitados del país.
14 Las apacentaré en los mejores pastos, y pondré su aprisco en los altos montes de Israel; allí dormirán en un buen redil, y serán apacentadas en los pastos suculentos de los montes de Israel.
15 Yo les daré a mis ovejas buenos pastos y apriscos seguros. Palabra de Dios el Señor.

Una de las cosas que más me atraen del capítulo 34 de Ezequiel es que presenta tanto el problema como la solución, en el presente de los oyentes, nuestro pasado, en el “presente continuo” del pueblo de Dios, y en un futuro que aún no llegó.

Luego del juicio sobre los malos pastores Dios mismo toma cartas en el asunto. No quiero decir que toda palabra profética deba ser así, de hecho podemos encontrar muchas que solo anuncian el juicio, pero sí creo que todo mensaje profético de “largo alcance”, no los mensajes más breves y puntuales sino los que pretenden cubrir una extensión de tiempo, deberían estar estructurados así.

En lo personal, cuando escribo algún mensaje de juicio, o de denuncia de la corrupción social o de la iglesia, siempre procuro presentar la provisión que Dios ya ha hecho para tal situación, la restauración que vendrá al final. No quiero decir que se “deba” escribir o hablar así, pero yo sugeriría que procuremos hacerlo. Juicio sin alternativa al final no se corresponde con la forma de obrar de Dios, por más terrible que sea dicho juicio. Misericordia y bendición sin justicia ni juicio es “gracia barata” de un “Dios Papá Noel”, ¡nada que ver con el Dios verdadero!

Pues bien, aquí tenemos al Señor haciéndose cargo de Su ovejas que habían sido maltratadas por los pastores que puso en un primer momento, a quienes comisionó y delegó autoridad, pero que finalmente se desviaron.

En estos versículos, las palabras que Dios dirige a Su pueblo suman, en el texto hebreo, 69, esto es, 3 x 23. “23” es número de muerte, pero también de la vida resucitada que viene después. “3” indica plenitud divina, integridad o perfección. Esta combinación es sugestiva y podría indicarnos la acción de Dios trayendo nueva vida a Su pueblo dado ya por muerto. La imagen nos lleva al capítulo 37 y la famosa visión del valle de los huesos secos.

Pero es interesante también relacionarlo con el Salmo 69, que es un clamor de auxilio y un pedido de justicia sobre los inicuos.

En el texto Dios menciona 12 acciones que realizará a favor de su pueblo disperso:

1.      “Yo mismo voy a ir en busca de mis ovejas”
2.      “yo mismo las cuidaré”
3.      “tal y como las cuida el pastor cuando se halla entre sus ovejas esparcidas”
4.      “Yo las rescataré de todos los lugares por los que fueron esparcidas aquel día nublado y oscuro”
5.      “Las sacaré de los pueblos y países donde ahora están”
6.      “las traeré a su propia tierra”
7.      “las apacentaré en los montes y riberas de Israel y en todos los lugares habitados del país”
8.      “Las apacentaré en los mejores pastos”
9.      “pondré su aprisco en los altos montes de Israel”
10.  “allí dormirán en un buen redil”
11.  “serán apacentadas en los pastos suculentos de los montes de Israel”
12.  “Yo les daré a mis ovejas buenos pastos y apriscos seguros”

El texto comienza diciendo “Sí, así ha dicho Dios el Señor” y concluye “Palabra de Dios el Señor”, con lo que la seguridad de su cumplimiento es total.

En un primer momento esto se refería al retorno de los exiliados. Pero estas palabras nunca se cumplieron a la perfección todavía: sí es cierto que Israel volvió, y que luego fue dispersada durante casi 19 siglos, pero nunca ha obtenido la paz y la seguridad, ni menos aún la presencia patente del Señor entre ellos tal como se indica en el texto. Eso corresponde todavía para el futuro.

¿Podemos aplicar el pasaje a los cristianos hoy? Creo que sí, Jesús mismo se lo aplicó a sí mismo y lo retomó cuando dijo:

Juan 10:9-11 RVC
9 Yo soy la puerta; el que por mí entra, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos.
10 El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.

Con estas breves palabras Jesucristo está asumiendo para sí todo lo que leemos en Ezequiel 34 respecto del pastoreo del Señor.

Pero cuidado, aquí tenemos una verdad muy simple y muy terrible: para ser pastoreados por el Señor, hay que dejarse pastorear y seguir Su voz. ¿Resulta un razonamiento casi infantil? Lo es, pero ¡con cuánta frecuencia se nos pasa por alto! La promesa de este cuidado espiritual y maravilloso del Señor fue dada ya desde los tiempos de Ezequiel, pero ¿cuántos han sido capaces de disfrutarlo?

Cuando nos esforzamos en seguir a hombres, o denominaciones, o doctrinas, o iglesias, no estamos necesariamente siguiendo al Señor. Puede haber cosas muy buenas allí como también cosas muy malas, en todo caso y por más buenas que sean, suelen ser buenas intenciones humanas y no el propósito del Señor. Sí, el Buen Pastor está siempre dispuesto a pastorearnos, ¿lo seguiremos nosotros?

Y si nos toca ser líderes, ¿permitimos que la gente sea pastoreada por El Pastor, o nos adueñamos del Rebaño? Hay una gran diferencia y se ve en los resultados. Nuestra primera función como líderes es ayudar a las personas a escuchar la voz de su Pastor y obedecerlo a Él.


Danilo Sorti


546. Ezequiel 34: los falsos pastores – II


Ezequiel 34:1-10 RVC
1 La palabra del Señor vino a mí, y me dijo:
2 «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y diles que yo, su Señor y Dios, he dicho: »¡Ay de ustedes, los pastores de Israel, que sólo cuidan de sí mismos! ¿Acaso no son los pastores los que deben cuidar de los rebaños?
3 Ustedes se comen lo mejor, se visten con la lana, degüellan a las ovejas más engordadas, pero no cuidan de las ovejas.
4 Ustedes no fortalecen a las ovejas débiles, ni curan a las enfermas, no vendan las heridas de las que se quiebran una pata, ni regresan las descarriadas al redil; tampoco van en busca de las que se pierden, sino que las manejan con dureza y violencia.
5 Y las ovejas andan errantes por falta de pastor; andan dispersas y son fácil presa de todas las fieras del campo.
6 Y así, mis ovejas andan perdidas por todos los montes y por todas las colinas. Andan esparcidas por toda la tierra, sin que nadie las busque ni pregunte por ellas.»
7 Por lo tanto, pastores, oigan la palabra del Señor:
8 «A las ovejas de mi rebaño se las roban, las hacen presa de todas las fieras del campo. Andan sin pastor, y mis pastores no las cuidan ni van en busca de ellas, sino que sólo cuidan de sí mismos. Por lo tanto yo, su Señor y Dios, juro,
9 y ustedes, pastores, escuchen bien lo que les digo:
10 Yo, su Señor y Dios, estoy en contra de ustedes, los pastores, y voy a pedirles cuentas de mis ovejas. Ya no voy a dejarlas al cuidado de ustedes, ni tampoco ustedes van a cuidar sólo de sí mismos; yo voy a librarlas de la boca de ustedes, para que no se las sigan comiendo.»

En un artículo anterior vimos lo que hacen los falsos pastores sobre el rebaño del Señor, y eso debería servirnos de señal para identificar en dónde hay un mal liderazgo. Pero este texto también contiene un “ay” hacia esos pastores. Ahora bien, ¿por qué aparecieron?

Si Dios ejecuta su juicio sobre ese liderazgo es porque el tal estuvo ministrando ya el suficiente tiempo sobre la nación como para producir esos resultados, eso significa que Dios permitió que estuvieran, o incluso los estableció en algún momento, y que también permitió que se corrompieran con el tiempo, y en todo caso, no los quitó antes. Quizás el mejor versículo que resume esto sea el siguiente:

Oseas 13:11 RVC
11 En mi furor te di rey, y en mi ira te lo quité.

Tendríamos muchos ejemplos para ilustrar el hecho de que Dios permitió “pastores” en Israel que no fueron buenos debido al pecado del pueblo, empezando claramente por Saúl. Es más, resulta por demás de esclarecedor leer la historia del primer rey de Israel, que no fue puesto de acuerdo al mejor designio del Señor sino de acuerdo a lo que el pueblo quería, que luego se volvió una verdadera carga para ese pueblo, pero a quien el Señor no quitó hasta que su tiempo fuera cumplido, tal como David lo reconoció dos veces cuando tuvo la oportunidad de matarlo pero no lo hizo.

Entonces, cuando leemos Ezequiel 34 no debemos olvidarnos de repasar el capítulo anterior, donde nos encontramos con esto:

Ezequiel 33:11 RVC
11 Pues yo, su Señor y Dios, juro que no quiero la muerte del impío, sino que éste se aparte de su mal camino y viva. ¿Por qué ustedes, pueblo de Israel, quieren morir? ¡Apártense, apártense de su mal camino!”

El Señor llama al pueblo cautivo en Babilonia al arrepentimiento. A eso sigue el relato de la caída de Jerusalén, con lo que las últimas esperanzas, y orgullo, nacional acabarían por sucumbir y el pueblo no tendría más remedio que reconocer sus faltas y su pecado. El capítulo 34 pudo haber sido escrito antes de estos sucesos, pero el hecho de que finalmente fuera puesto en este lugar nos da a entender que esta liberación de los malos pastores tenía que ver con el arrepentimiento del pueblo.

Sí, un mal liderazgo es permitido por Dios sobre un pueblo descarriado, pero cuando las personas reconocen su error y deciden volverse al Señor, llegó el tiempo del juicio sobre esos líderes. Nos gusta leer cuando el Señor decide quitar a los malos líderes y colocar a los buenos, pero no nos gusta tanto leer por qué ese mismo Señor permitió a los malos líderes, es más, el asunto suele quedar en una “nebulosa”, digamos que “aparecieron y listo”, o “se le escapó de las manos a Dios”, o bien “se desviaron y Dios no pudo hacer nada”.

Si lo llevamos al ámbito secular, es por demás de claro que la gran crisis de liderazgo que existe en el mundo hoy, y el espíritu de traición que se esconde (apenas) detrás de cada candidato es lo que Dios permite a causa de la maldad extrema del mundo.

Pero también hay un margen de libertad en el liderazgo, sea para hacer bien o para hacer mal. El hecho de que Dios permita que hagan mal no les exime de ninguna de sus culpas, y cuando llega el momento preciso son llamados a cuentas.

Remarquemos esta verdad: en Ezequiel vemos que ellos obraron mal durante un largo tiempo, y Dios lo permitió. Cuando llegó el día del juicio eso se terminó, pero no antes.

Todo este capítulo de Ezequiel tiene un cumplimiento completo que no ocurrió todavía, como muchos pasajes proféticos apunta hacia el Reino Venidero. Es obvio que nunca ha habido en la historia del mundo o de la iglesia un tiempo de liderazgo perfecto. Pero también resulta claro que tiene un cumplimiento parcial, como ocurrió entonces y como ocurre hoy.

“10 Yo, su Señor y Dios, estoy en contra de ustedes, los pastores, y voy a pedirles cuentas de mis ovejas. Ya no voy a dejarlas al cuidado de ustedes, ni tampoco ustedes van a cuidar sólo de sí mismos; yo voy a librarlas de la boca de ustedes, para que no se las sigan comiendo.”

En hebreo tenemos aquí 25 palabras, que es el número de la bendición, específicamente la que transmite el Espíritu Santo y su autoridad para cumplir el llamado para el cual nos equipó (https://gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/the-biblical-meaning-of-numbers/chapter-4-numbers-21-30/).

Es claro que ninguno de los hermanos puede alcanzar su llamado (o con mucha dificultad) bajo un mal liderazgo: desprotegidos, desnutridos espiritualmente, expoliados de sus recursos y teniendo que defenderse de multitud de peligros, ¿cómo podrán estar lo suficientemente libre y equipados para servir al Señor?

Esta palabra tiene un cumplimiento parcial hoy y ahora, a veces ocurre de una manera claramente divina, cuando Dios remueve a un liderazgo o lo expone a la vergüenza pública, pero otras tantas ocurre de manera más sutil, cuando los ojos de los creyentes son abiertos para ubicarse fuera de esas iglesias. Luego, los líderes de las congregaciones se preguntan por qué se termina yendo tanta gente…

Se acerca el tiempo escatológico en que este versículo tendrá su cumplimiento pleno, y ya no habrá malos líderes en las iglesias, ni en el mundo. Pero al igual que ocurrió con Israel, eso no vendrá sin que antes suceda el juicio.


Danilo Sorti


545. Ezequiel 34: los falsos pastores – I


Ezequiel 34:1-10 RVC
1 La palabra del Señor vino a mí, y me dijo:
2 «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y diles que yo, su Señor y Dios, he dicho: »¡Ay de ustedes, los pastores de Israel, que sólo cuidan de sí mismos! ¿Acaso no son los pastores los que deben cuidar de los rebaños?
3 Ustedes se comen lo mejor, se visten con la lana, degüellan a las ovejas más engordadas, pero no cuidan de las ovejas.
4 Ustedes no fortalecen a las ovejas débiles, ni curan a las enfermas, no vendan las heridas de las que se quiebran una pata, ni regresan las descarriadas al redil; tampoco van en busca de las que se pierden, sino que las manejan con dureza y violencia.
5 Y las ovejas andan errantes por falta de pastor; andan dispersas y son fácil presa de todas las fieras del campo.
6 Y así, mis ovejas andan perdidas por todos los montes y por todas las colinas. Andan esparcidas por toda la tierra, sin que nadie las busque ni pregunte por ellas.»
7 Por lo tanto, pastores, oigan la palabra del Señor:
8 «A las ovejas de mi rebaño se las roban, las hacen presa de todas las fieras del campo. Andan sin pastor, y mis pastores no las cuidan ni van en busca de ellas, sino que sólo cuidan de sí mismos. Por lo tanto yo, su Señor y Dios, juro,
9 y ustedes, pastores, escuchen bien lo que les digo:
10 Yo, su Señor y Dios, estoy en contra de ustedes, los pastores, y voy a pedirles cuentas de mis ovejas. Ya no voy a dejarlas al cuidado de ustedes, ni tampoco ustedes van a cuidar sólo de sí mismos; yo voy a librarlas de la boca de ustedes, para que no se las sigan comiendo.»


Los versículos del 1 al 10 contienen una advertencia hacia los malos líderes de Israel. ¿Quiénes son éstos? Desde nuestra óptica cristiana rápidamente los compararíamos con los malos líderes eclesiásticos, y no es incorrecto, pero tengamos en cuenta que no era exactamente esa la visión que ellos tenían: “pastores” no se refería únicamente a los líderes espirituales, sino también a los líderes seculares de la nación, es decir, al liderazgo en general. Con ello, este pasaje toma una nueva amplitud: si bien es válido para la iglesia, es válido para la sociedad también.

Hagamos un análisis simple de los números del texto. Uno esperaría encontrar alguna relación con el mal liderazgo, y así es. Si empezamos a contar a partir de las palabras que dirige el Señor hacia los pastores de Israel, tenemos un total de 143, que se forma de la multiplicación de 11 x 13, ¡ambos números al lado de 12!

“12 es el número de perfección gubernamental y autoridad divina” (https://gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/the-biblical-meaning-of-numbers/chapter-3-numbers-11-20/), por lo tanto el 11 y el 13 implicarán la “carencia” y el “exceso” en esa autoridad. “11 es el número de la imperfección, desorden o estar fuera de orden”, “el número 13 habla de rebelión y depravación”. Exactamente ambas condiciones encontramos en este texto.

Aquellos que están más conscientes de que estamos en los tiempos últimos suelen tomar la postura de “escondámonos en una cueva hasta que el Señor venga”, sin embargo, nunca fue ese el propósito del Señor. No importa que falte un día o una década, debemos seguir haciendo la obra que el Señor nos mandó, y para algunos, esa obra consiste en liderar a sus hermanos. Dada la crisis de liderazgo actual, que se manifiesta en todos los órdenes y todos los ámbitos, muchos son renuentes a ocupar un rol de conducción, o no saben cómo hacerlo. Las palabras de Ezequiel sirven tanto para identificar a los malos líderes como para advertirnos de lo que no debemos hacer.

Si hacemos una lista de lo que hacen los pastores nos encontramos con 11 características (¡otra vez el 11!)

1.      Incumplen su comisión de cuidar al rebaño cuidándose sólo a sí mismos
2.      Comen lo mejor
3.      Se visten con la lana
4.      Degüellan a las ovejas más engordadas
5.      No cuidan a las ovejas
6.      No fortalecen a las débiles
7.      No curan a las enfermas
8.      No vendan a las heridas de quebraduras
9.      No regresan a la descarriada
10.  No van en busca de la que se pierde
11.  Las manejan con dureza y violencia

Cada uno de estos conceptos nos daría pié para escribir muchas páginas. Su significado espiritual es bastante claro y en conjunto brindan un cuadro de irresponsabilidad, descuido y abuso. Entonces, cuando estamos en presencia de malos líderes, lo que podemos esperar encontrar en ese ámbito es que:

1.      No hay una consciencia evidente de haber sido comisionados por el Señor del Rebaño como Sus representantes, ni de las responsabilidades que implica el liderazgo. No hay consciencia ni de responsabilidad ni de cumplimiento del deber, por lo que tampoco pueden predicar sobre ello, ni de una autoridad espiritual superior.

2.      “Comer” aquí también tiene una connotación de “consumir” o “devorar”, y tiene que ver con una actitud general de aprovecharse de “lo mejor” que haya en la congregación, obtener para sí lo mejor de los recursos. “¿No debes honrar a tu apóstol con lo mejor?” se escucha en algunos lugares, y ya sabemos de dónde viene esa frase…

3.      “Vestirse con la lana” es una ampliación de la idea anterior, pero si queremos profundizar un poco más, nos da idea de “cubrirse”, es decir, rodearse de la gente para usarla como un “escudo”, como una fuente de dignidad o poder personal, incluso de aparentar ellos mismos ser “ovejas” (cuando son lobos rapaces) por el hecho de estar rodeados por ellas. “Tener” mucha gente implica poder y autoridad, poder sentarse a negociar con políticos y empresarios, ganar ventajas sociales y otras cosas más.

4.      “Degollar a las engordadas” implica literalmente matarlas, y esto es cuando a los hermanos con más dones y recursos se los exprime “para la obra” hasta que no pueden más, y luego se los desecha.

5.      No cuidar a las ovejas tiene un sentido claro: implica que los hermanos enfrentan muchos problemas y ataques espirituales, sin que haya ninguna verdadera protección espiritual. Esto es muy evidente en algunas iglesias, cuando escuchamos los testimonios que semana tras semana se presentan: problemas terribles, ataques espirituales enormes, situaciones que nunca se superan. Viceversa, una iglesia en la que haya pocos o ningún testimonio de ese estilo implica una verdadera protección espiritual.

6.      No fortalecer a las débiles quiere decir que los cristianos débiles, volubles en su fe, indecisos, siguen siempre así (excepto algunos que por su propia voluntad deciden cambiar y fortalecerse en el Señor). No hay ayuda para el que la necesita.

7.      Los que tienen alguna enfermedad espiritual no son curados, esto es, aquellos que están siendo atacados por algo externo, la enfermedad = un ataque espiritual (opresión, demonización), no son liberados, no son protegidos de ese ataque.

8.      Las quebradas son la que han sufrido algún trauma o gran pérdida, y no pueden avanzar hasta que eso sea sanado. Son las que tienen que ser llevadas al hombro, cargadas hasta que sanen. Son las que más atención requieren.

9.      La descarriada es la que voluntariamente se alejó del Señor, es la “oveja rebelde”, e ir a buscarla implica más trabajo que atender a alguien que ya está en la iglesia pero se encuentra herido.

10.  La que se perdió es la que iba con el grupo pero se fue desviando de a poco. Uno podría pensar que es más fácil traer a la perdida que a la descarriada, pero puede ser al revés: la descarriada está claramente fuera de la iglesia y lo sabe, con lo que sus opciones son dos: quedarse afuera o entrar. Pero la extraviada no sabe que está fuera del Reino sino que piensa que está en el verdadero reino y que los otros se han equivocado.

11.  “Dureza y violencia” resume todo lo anterior y a la vez da un panorama general de lo que uno puede percibir en esos ámbitos: no hay amor ni cuidado, ni en los hechos ni en las palabras. Puede haber seducción y manipulación, pero no verdadero amor.

Hasta aquí una breve descripción de qué conducta podemos esperar de los malos líderes. Cuando dejamos de escuchar las palabras lisonjeras y bien armadas de algunas personas, se nos aclara la visión para ver qué está pasando, y lo que pasa es espantoso.

A veces no resulta fácil juzgar “cuán malo” es Fulano o Mengano, y la verdad es que no me preocupa demasiado; el Señor se encarga de disciplinar y encauzar a los que son suyos pero se han desviado. En cambio, resulta relativamente fácil identificar una iglesia o ámbito de ministerio (que obviamente tiene ciertos líderes que le dan su impronta) en donde aparecen estas características, y resulta extremadamente urgente apartarse de allí.

¿Habrá algún lugar en donde no encontremos nada de esto? Lo dudo, pero en todo caso, siempre habrá un “límite admisible” para cada uno, según el Espíritu nos guíe.

Y acá lo más importante: no me preocupa en este tiempo que vivimos hablar demasiado sobre los malos líderes, sino sobre el liderazgo que el Señor quiere levantar. Para aquellos líderes que se esfuerzan en servir al Señor, esta es una “lista de chequeo” que vale la pena repasar periódicamente. Lo que soy yo como líder lo “dicen” muy claramente aquellos a quienes sirvo. No puedo evitarles todos los problemas y no puedo cambiar contextos difíciles u opresivos, pero EN MEDIO DE una realidad general que nos toca vivir, cuánto mejor o cuánto peor estén ellos dependerá en mucho de cómo sea mi liderazgo. Cada uno finalmente decide qué hacer y yo no puedo ni debo evitarlo, pero luego de un tiempo, y en una visión general, según cómo estén los míos, así será mi liderazgo. Y esto es lo más claro, no mis palabras ni mi conocimiento ni lo que algunos aduladores digan de mí, sino los hechos.

¡Señor, ayudanos a ser líderes conforme a Tu corazón!


Danilo Sorti


544. Cuando ruge el enemigo… nos mantenemos enfocados


Salmos 27:4a
4 Solo una cosa he pedido al Señor,
solo una cosa deseo:

Desde hace tiempo ya vivimos un momento histórico en el que cada nuevo día nos sorprende con una noticia o situación que captura toda nuestra atención. No debemos desconocer que en parte esto es una construcción mediática, a fin de mantenernos distraídos, pero también tiene mucho de cierto: de verdad ocurren todos los días eventos demasiado importantes como para pasarlos por alto. Vivimos la situación descrita por Jeremías, solo que mucho más acelerada:

Jeremías 51:46 DHH
46 No se asusten, no tengan miedo
por los rumores que corren en el país.
Cada año correrán rumores diferentes,
rumores de violencia en el país
y de luchas entre gobernantes.

El peligro de todo esto es que perdamos nuestro enfoque. Pero no me estoy refiriendo a los que tienen una fe vacilante o que pueden fácilmente apartarse del Señor, me refiero a los fieles que aman al Señor y a Su obra. ¿Cómo es posible esto? La clave está en el Salmo 27:

Salmos 27:2,3
2 Los malvados, mis enemigos,
se juntan para atacarme y destruirme;
pero ellos son los que tropiezan y caen.
3 Aunque un ejército me rodee,
mi corazón no tendrá miedo;
aunque se preparen para atacarme,
yo permaneceré tranquilo.

La realidad es que perdemos nuestro enfoque cuando el temor gana nuestro corazón, esto es, cuando el enemigo aparece MÁS GRANDE que la gracia del Señor a nuestro favor. Pensemos un poco: si estamos absolutamente confiados en que Dios nos ama y nos cuida, y que Él tiene todo bajo control, que no sucederá nada que Él no permita, que nos avisará a tiempo si es que tenemos que escapar de algo, o finalmente nos llevará a Su morada si tenemos que partir de esta Tierra, ¿por qué habríamos de preocuparnos? Podremos estar dolidos por la gente que se pierde, enojados por el daño que causa el Adversario, cansados por la lucha, pero nunca abatidos interiormente: Dios nos cuida y tiene todo bajo control, a su debido tiempo tomará las acciones necesaria y finalmente restaurará todo.

PERO si no tenemos esa confianza nos empezamos a preocupar: ¿será verdad que Dios tiene todo bajo control? ¿Actuará al final, o va a dejar que todo se venga abajo? ¿Nos va a cuidar? ¿Nos va a proveer? Allí entra el temor, que es fe en Satanás, y se produce una dura lucha entre el temor y la confianza en Dios.

Cuando la duda se cuela por alguna fisura, empezamos a preocuparnos y a buscar soluciones que no sean aquellas que Dios nos ha mostrado. Cuando empezamos a buscar esas soluciones, nos desenfocamos de Dios y empezamos a poner parte de nuestra confianza en lo que podamos hacer o no hacer nosotros, en vez de lo que Dios dijo que va a hacer.

Ahora bien, no siempre Dios nos dirá que nos mantengamos tranquilos y sin hacer nada, probablemente nos dé instrucciones precisas de cosas para hacer o no hacer, y en qué medida hacerlas. El punto central es que hay una diferencia entre hacer lo que expresamente nos dijo y hacer lo que pensamos que nos dará la solución.

Y a veces simplemente deberemos “no hacer”, esperar que las cosas sigan su curso y confiar en que Dios actuará al final. Digamos que unas cuantas veces no podemos hacer nada por más que queramos…

La preocupación y la actividad fuera de la voluntad del Señor son aquellas cosas que a Sus hijos les hacen perder el enfoque del Señor, casi sin darse cuenta, y a partir de allí, le resulta fácil al Adversario seguir desviándolos lentamente del amor y la confianza en Dios.

No hay nada que nos pueda asustar más y desenfocar más rápidamente que el feroz rugido del enemigo. Cuando el temor es inyectado, la fe se desvanece, y se abren las puertas de un tobogán descendente. Eso experimentaba el salmista, pero en medio de eso expresaba su confianza en Dios.

Salmos 27:1-9 DHH
El Señor es mi luz y mi salvación
(1a) De David.
(1b) El Señor es mi luz y mi salvación,
¿de quién podré tener miedo?
El Señor defiende mi vida,
¿a quién habré de temer?
2 Los malvados, mis enemigos,
se juntan para atacarme y destruirme;
pero ellos son los que tropiezan y caen.
3 Aunque un ejército me rodee,
mi corazón no tendrá miedo;
aunque se preparen para atacarme,
yo permaneceré tranquilo.
4 Solo una cosa he pedido al Señor,
solo una cosa deseo:
estar en el templo del Señor
todos los días de mi vida,
para adorarlo en su templo
y contemplar su hermosura.
5 Cuando lleguen los días malos,
el Señor me dará abrigo en su templo;
bajo su sombra me protegerá.
¡Me pondrá a salvo sobre una roca!
6 Entonces podré levantar la cabeza
por encima de mis enemigos;
entonces podré ofrecer sacrificios en el templo,
y gritar de alegría, y cantar himnos al Señor.
7 A ti clamo, Señor: escúchame.
Ten compasión de mí, ¡respóndeme!
8 El corazón me dice:
Busca la presencia del Señor.
Y yo, Señor, busco tu presencia.
9 ¡No te escondas de mí!
¡No me rechaces con ira!
¡Mi única ayuda eres tú!
No me dejes solo y sin amparo,
pues tú eres mi Dios y salvador.

Esto es una expresión de “enfoque” en medio de las luchas. Y el “enfoque” no es más que fe en Dios.

¿Qué nos está desenfocando hoy? Vemos rápidamente leyes que se discuten que erosionan los principios cristianos que fundaron nuestras naciones, poderes internacionales avanzan sobre los países avasallando su soberanía, escándalos políticos aparecen todos los días, guerras y terrorismo aumentan, terremotos, vulcanismo y catástrofes climáticas aumentan su frecuencia, la sociedad se degrada hacia formas impensadas hasta hace pocos años… y todo esto se traduce en conflictos interpersonales cada vez más frecuentes y virulentos ¿De verdad que NO HAY motivos como para estar desenfocado? ¡HAY CIENTOS DE ELLOS!

Pero si vemos bien “a través de”, encontraremos la acción del Adversario procurando traer destrucción y caos: los enemigos de los que habla el salmista. También, si vemos mejor aún, discerniremos el justo juicio de Dios llamando a las naciones al arrepentimiento, ¿por qué preocuparnos si nuestro Padre está al control?

El temor y la falta de fe crecerán como causas de desenfoque en los próximos años, y harán que muchos, sin quererlo, se deslicen de la fe. Necesitamos fortalecer la confianza en Dios y llamar a todos esos eventos por “su nombre”: nada fuera de control, todo bajo la justa mano de Dios. Sí, Dios lo está permitiendo.

Ahora bien, en medio de esta realidad cada vez más compleja es probable que seamos llamados a tomar acciones concretas, a veces urgentes. Sería muy imprudente no hacerlo. Pero notemos bien: hay una gran diferencia entre hacer lo que Dios nos manda y hacer lo que el miedo nos manda. Mientras que lo primero genera paz y nos acerca más al Señor, lo segundo genera inquietud y termina por alejarnos.

¿En qué nos mantenemos enfocados? El tiempo de Su venida y nuestra partida está cercano, por lo tanto, debemos mantenernos enfocados en santificarnos y en testificar. También cada uno, según sus dones y llamados particulares, deberá mantenerse enfocado en lo que el Señor específicamente le indique, y no en otras cosas por más buenas que sean.

Filipenses 3:13-14 RVC
13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado ya; pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante;
14 ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús!

“¡Prosigo a la meta!” resultó el canto de triunfo de Pablo. No dijo: “ya llegué”, dijo “prosigo”, y dijo también “meta”, una meta, un enfoque. Hacia allá vamos también.



Danilo Sorti