lunes, 27 de agosto de 2018

567. Después de haber gastado las fuerzas en la batalla…


Nehemías 5:1-7 RVC
1 »Pero los hombres del pueblo y sus esposas protestaron contra sus compatriotas judíos,
2 pues decían: “Si contamos a nuestros hijos y nuestras hijas, en nuestra familia somos muchos, y tenemos que pedir prestado el grano para poder comer y vivir.”
3 Otros decían: “Es tanta el hambre que padecemos, que ya hemos hipotecado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas, a cambio de alimentos.”
4 Otros se quejaban: “Hemos tenido que hipotecar nuestras tierras y nuestras viñas para pagar el tributo al rey.
5 Aunque nuestro cuerpo es semejante al de nuestros hermanos, y nuestros hijos son como sus hijos, nosotros hemos tenido que hacer de nuestros hijos y nuestras hijas esclavos al servicio de otros; algunas ya lo son, y no podemos rescatarlas porque nuestras tierras y nuestras viñas pertenecen a otros.”
6 »Cuando escuché sus quejas, me enojé mucho.
7 Pero reflexioné acerca de lo que iba a decir; luego convoqué a los hombres importantes y a los oficiales del templo, y les dije: “¿Son capaces de exigir altos intereses de sus hermanos?”


Estos pobres son los que habían decidido vivir en Jerusalén, que para ese momento no era un lugar muy acogedor ni muy seguro. Aún más, eran los que estaban trabajando en la muralla: sin paga, sin que nadie les diera nada y teniendo que sostenerse con su propio esfuerzo, o el de su familia. Además del trabajo que significaba reconstruir la muralla, debían pagar sus impuestos y estaban sometidos a las vicisitudes de la producción agropecuaria.

Ellos estaban en una labor crucial: reconstruir la muralla, y no faltaba mucho para terminarla. Por lo menos un mes habían estado abocados de lleno al trabajo, descuidando todo lo otro. Además de eso, habían decidido volver a Israel, por fe en las promesas divinas, teniendo en cuenta que muchos judíos se habían acomodado muy bien en el imperio e incluso habían llegado a prosperar.

Entonces, tenemos aquí gente que se estaba esforzando en cumplir la voluntad del Señor, probablemente muchos de ellos cansados y con sus recursos agotados por el esfuerzo, y aquellos que sí tenían riquezas… se aprovechaban de su indefensión.

Creo que los cristianos tenemos mucho que arrepentirnos aquí. La mayoría no puede ver cuándo un hermano está en medio de una dura batalla, más bien, nuestro evangelio individualista nos prepara para rápidamente echarle la culpa de su situación, hacer una detallada lista de sus errores y proponer una fórmula inefable para que él mismo, con sus propias fuerzas, salga del atolladero y alcance el éxito, y si eso no pasa, bueno, ya el Señor lo habrá desechado por su incredulidad, ¡qué lástima!, en fin, aprovechemos el vacío que dejó y ocupemos ese lugar…

No es un pensamiento nuevo, siempre ha estado en la sociedad. Aquellos a los que Dios permite que les vaya bien por un tiempo, o que acumulen riquezas, casi sin excepción buscarán las oportunidades para seguir haciéndolo, y muchas de estas “oportunidades” están dadas por la gente que se ve obligada a vender cosas a bajo precio debido a su necesidad, o aceptar préstamos a tasas injustas ya que nadie se los da de otra manera. También los poderosos entre las naciones han construido sus fortunas así.

Dios había sido muy cuidadoso en dejar escrito en la Ley Mosaica que esas prácticas no eran aceptables en Su pueblo:

Deuteronomio 23:19 RVC
19 »No impongas intereses a tu hermano por el dinero, o comestibles, o cualquier otra cosa que le prestes, y por lo que se acostumbra cobrar interés.

Pero lo cierto es que, luego de haber estado metidos en una gran lucha, muchas veces solos, incomprendidos y criticados por los hermanos, podemos terminar agotados, enfermos por el esfuerzo físico, empobrecidos porque descuidamos el trabajo mientras tanto, con unas cuantas relaciones laborales o comerciales rotas, y esperando en vano la ayuda de algún hermano… es más, probablemente ya ni se nos ocurra pedir ayuda porque sabemos que lo que vamos a recibir es una reprimenda por lo que “debimos haber hecho y no hicimos”.

Mis queridos hermanos: eso también es parte de la batalla.

Lucas 14:28-31 RVC
28 Porque ¿quién de ustedes que quiera levantar una torre, no se sienta primero a calcular los costos, para ver si tiene todo lo que necesita para terminarla?
29 No sea que después de haber puesto los cimientos, se dé cuenta de que no puede terminarla, y todos los que lo sepan comiencen a burlarse de él
30 y digan: “Este hombre comenzó a construir, y no pudo terminar.”
31 ¿O qué rey que marche a la guerra contra otro rey, no se sienta primero a calcular si puede hacerle frente con diez mil soldados al que viene a atacarlo con veinte mil?

Jesús termina esta sección con una exhortación enigmática:

Lucas 14:33 RVC
33 Así también, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo.

Aparentemente no tiene mucho que ver con lo que está diciendo antes, pero cuando la leemos en profundidad se hace clara: debemos renunciar también a nuestro derecho a que se nos ayude o reconozca, aún cuando eso sea justo.

Quisiera que estas breves palabras nos ayudaran a reflexionar, porque inevitablemente en algún momento nos toca estar “del otro lado”, es decir, en la posición de poder ayudar, o no, a un guerrero herido, cansado y empobrecido. A veces unas palabras de aliento y comprensión son suficientes como para despertar nuevamente la fe y activar la restauración que el Espíritu hace. A veces, oraciones. Otras veces podemos dar alguna ayuda material o un acompañamiento más persistente. Como sea, seguro que en algún momento tendremos esa oportunidad, y seguro que en varios de esos momentos la dejamos pasar sin darnos cuenta siquiera. Que el Señor nos abra los ojos y nos de un corazón compasivo como el Suyo.


Danilo Sorti


566. Nuestras armas no son humanas


2 Corintios 10:3-5 RVC
3 Es verdad que aún somos seres humanos, pero no luchamos como los seres humanos.
4 Las armas con las que luchamos no son las de este mundo, sino las poderosas armas de Dios, capaces de destruir fortalezas
5 y de desbaratar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.


El contexto en el cual Pablo escribió estas palabras resultaba especialmente complicado, estaba siendo cuestionado en su autoridad y en las mismas raíces del Evangelio. La respuesta humana sería de ira, de autoridad (“es así porque lo digo yo y punto”) o simplemente de apartar a los revoltosos.

Por supuesto que Pablo sintió ira, la ira de Dios por el pecado y el engaño, aplicó su autoridad, pero para edificación, y es probable que haya apartado a algún pecador empedernido (conforme fue instruido por el Señor). Pero esa no era la esencia de la lucha; no se ganaba ninguna verdadera batalla allí, son en lo que dice: destruyendo fortalezas, desbaratando argumentos, aplastando altiveces.

Es muy tentador usar armas humanas para la obra de Dios. De hecho, diría que la mayor parte de la historia de la Iglesia hemos hecho eso. Resulta un poco delicado, ya que “somos seres humanos”, y al actuar en un mundo humano y material no podemos sustraernos de las acciones, propiamente, humanas y materiales. Entonces tenemos un problema: ¿está mal si hacemos un petitorio o una manifestación pacífica? ¿Se supone que solamente debemos orar?

En realidad, no se trata tanto de hacer o no hacer “hacia afuera”, sino primeramente de enfoque. Pablo habla de “fortalezas”, “argumentos” y “altivez”. No quiero decir que este solo pasaje resuma todo lo que la guerra espiritual es, pero en el Nuevo Testamento encontramos estas secciones que funcionan a modo de visión general y casi como síntesis de un tema.

Abriéndose paso en el contexto más adverso, las armas espirituales usadas para llevar la verdad del Evangelio se encargaban de destruir lugares espirituales: fortalezas, argumentos y altiveces.

La fortaleza espiritual es algo lo suficientemente gráfico como para ser intuitivo; puede pensarse como una estructura espiritual (hecha de “materiales espirituales”) que repele la luz y exporta tinieblas, un lugar protegido del enemigo, por murallas de argumentos, pecados y demonios, fundamentada sobre iniquidades generacionales y pecados sobre la tierra, que ha perdurado durante mucho tiempo y constituye un centro de comando satánico. Son los lugares seguros del Enemigo y pueden perdurar durante siglos. Está impregnada con sentimientos de desesperanza e imposibilidad, e incluso los mismos cristianos no se atreven a enfrentarlas.

Las fortalezas se manifiestan en leyes y prácticas culturales firmemente arraigadas, pero esa expresión humana es la cáscara de algo espiritual más profundo. El Hombre Fuerte de una región, o alguno de los principados dominantes se encuentran en sendas fortalezas, que los protegen y a las cuales alimentan.

Las fortalezas forman redes de oscuridad que se ayudan entre sí, aunque no debemos pensar que sea una convivencia armónica porque el reino de las tinieblas está siempre al borde del caos, y no son infrecuentes las luchas que se manifiestan luego a nivel humano. Pero eso sí, cuando se trata de combatir contra los hijos de luz, ¡todos se unen!

“Argumentos” resulta algo más conocido y a nivel de la mente y el razonamiento humano. Dado que la dimensión almática es la que prevalece entre los hombres hoy, los argumentos constituyen el “primer nivel” de la lucha. Aquí podríamos hablar mucho acerca de las falacias de razonamiento y el error; hay muchos argumentos que parecen muy lógicos e incluso muy “científicos” pero esconden grandes falacias, errores y mentiras flagrantes.

Este es un nivel de lucha, pero cuidado, porque normalmente uno no consigue mucho quedándose en este sólo nivel. Recuerdo haber leído de Josh McDowell, reconocido apologista, manifestar que luego de largas controversias con determinadas personas el problema de fondo resultaba moral y no intelectual, en la mayoría de los casos. Pocos seres humanos son lo suficientemente honestos como para tener “solamente” un problema intelectual que pueda ser resuelto con una adecuada y lógica exposición de la verdad.

Sin embargo, también he llegado a entender que “desbaratar argumentos” es un primer paso para crear una brecha por donde pueda empezar a filtrarse la luz. Quién sabe si esa luz no podrá seguir creciendo.

Las fortalezas generan argumentos y los mantienen “por detrás” con sus voces demoníacas. Los argumentos dan legalidad a los espíritus malignos para seguir manteniendo y acrecentando esas fortalezas.

“Altivez” alude al orgullo, que es probablemente la raíz del problema humano. Job, el primer libro de toda la Biblia en ser escrito, trata con ese problema (¿será por casualidad…?) y tenemos algo escrito en artículos anteriores. El orgullo es la raíz de pecado que Satanás sembró en nuestros primeros representantes, aquellos que habrían de moldear la humanidad; y en esencia se trata de “yo puedo, yo sé, yo entiendo” versus la vida de Dios, que es “Él puede, Él sabe, Él entiende”. Es un sentimiento, más que eso, es una decisión del corazón humano, de la voluntad, y moldea toda la vida, pensamiento, emociones y acciones.

Toda la autoridad del reino satánico se fundamenta en el orgullo humano, pasado y presente, y todo ese reino comienza a tambalear cuando el ser humano depone su orgullo y decide comer del Árbol de la Vida que viene de Dios, con lo cual Su Vida inunda nuestra vida.

Así, la simple y sencilla predicación del Evangelio, las verdades eternas que por sencillas son despreciadas por los (aparentemente) inteligentes y sabios de este mundo que se enredan en profundidades intelectuales vacías.

La Palabra de Dios, las verdades del Evangelio expuestas y proclamadas constituyen la primera arma para destruir toda esta estructura de maldad. Nada reemplaza eso.

La humildad y humillación de Cristo encarnada en Sus mensajeros es poderosísima para desbaratar el espíritu de orgullo. Exactamente cuando somos ofendidos, humillados y sufrimos pérdida por Cristo, pero respondemos con humildad (que no significa ser un trapo de piso, ni callar la verdad), actuamos con humildad hacia los que nos odian, amamos a los que nos maldicen y persiguen, oramos por ellos, ESO SE CONSTITUYE en la más poderosa arma de destrucción masiva contra el reino de Satanás. Implica un sacrificio personal, a veces con la vida, pero el poder espiritual que libera es enorme.

Cuidado, libera poder espiritual de arrepentimiento en los adversarios que abren su corazón, pero libera también poder espiritual de pronta destrucción por la ira divina en los que lo cierran.

Los argumentos se rebaten con verdad, con verdadera lógica, con argumentos del Cielo. Sin embargo, tanto Leviatán (el orgullo) como los diversos espíritus que tienen control sobre la persona van en auxilio de los argumentos y tuercen cualquier conversación de tal forma que en realidad no se pude seguir un hilo argumental coherente. Por lo tanto, deben estar cubiertos con guerra espiritual, oración, ayuno, atando demonios y sus voces, para que recién ahí los argumentos puedan ser expuestos y destruyan las fortalezas lógicas que se retroalimentan con las fuerzas espirituales.

Las fortalezas se comienzan a destruir con todo lo anterior, pero tienen una sustancia espiritual e histórica mucho más fuerte, con lo que la batalla es fundamentalmente en oración, profética y finalmente en actos redentivos. Aquí se hace necesario todo lo que sabemos sobre cartografía espiritual y guerra espiritual de alto nivel.

Nuestras armas son espirituales y no pensemos que vamos a combatir simplemente a nivel de argumentos o lógica, porque es poco lo que se puede hacer ahí. Tengamos en cuenta que las leyes y las guerras se construyen en base a argumentos, pero los argumentos surgen de principios espirituales más profundos.

Tenemos las armas y tenemos la autoridad:

Mateo 28:18 RVC
18 Jesús se acercó y les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.

Debemos despojarnos de todas las estructuras de engaño que nos dicen que no podemos utilizar en tal o cual tema, o que tratan de desviarnos hacia métodos humanos antes que divinos.


Danilo Sorti


565. El gran peligro en medio de un avivamiento o confrontación espiritual


Nehemías 4:17 RVC
17 Tanto los que reconstruían la muralla como los que acarreaban los escombros y los que cargaban el material, con una mano trabajaban y con la otra sostenían sus espadas.

Lucas 5:15-16 RVC
15 Pero su fama seguía extendiéndose, y mucha gente se reunía para escucharlo y para que los sanara de sus enfermedades;
16 pero Jesús se retiraba a lugares apartados para orar.

Cuando estamos en medio de una confrontación espiritual o un avivamiento, el peligro es el mismo: distraernos tanto en la batalla que nos olvidemos de nuestra vida interior, con lo que el Enemigo de nuestras almas fácilmente puede dar un rodeo y atacarnos por ese flanco que hemos dejado debilitado.

Me gusta mucho la imagen de Nehemías, y creo que es por demás de gráfica: mientras construían la muralla, que simboliza la protección de la vida interior, mantenían la espada en sus manos, que representa la lucha hacia afuera, la batalla espiritual. A medida que la lucha arrecia, no debemos olvidar que no hay que descuidarse en la construcción de la muralla interior, aquello que nos protege del Maligno, del pecado, del engaño.

La tentación para meterse “de lleno” en la batalla es muy grande, pero encierra un engaño: ¡Jesucristo ya ganó la guerra! No la tengo que ganar yo, y en realidad, no debo involucrarme más allá de la medida que me sea dada. Por supuesto, hay momentos en que la lucha arrecia, y estos años por venir son uno de ellos, pero aún en medio de eso, todo tiene un momento, Dios sigue actuando y lo principal que necesita es nuestra fe y nuestra oración.

Ha sido muy frecuente ver a líderes involucrarse tanto en la obra que terminan descuidando su vida espiritual, su familia y al final el Enemigo los engaña y atrapa. Un pastor amigo dice: “van rompiendo límites, hasta que ya no hay vuelta atrás”. Y el camino de la restauración puede ser largo y penoso, y no todos vuelven.

El engaño sutil es: “vos podés”, “con tus fuerzas”, “¡hay que destruir al enemigo!” Y así, la motivación empieza a ser el orgullo, el odio al enemigo (o a las personas usadas por él), el deseo de destacar en medio de la lucha o de ser conocido por grandes conquista. Cuando el Señor permite que seamos derrotados o afligidos un tiempo en la lucha normalmente es para purificar nuestras motivaciones. A veces lo vemos en nuestros hermanos. Debemos orar por ellos, sostenerlos y hacer guerra espiritual si sus fuerzas flaquean, pero no podemos impedir el proceso, sí acompañarlos y ayudarlos a escuchar la voz de Dios más refinadamente. La victoria al final será mayor de la que hubiera habido de otro modo.

El otro engaño sutil es: “Dios se encarga, vos despreocupate”, “ocupate de lo tuyo”, “esa no es tu guerra”. Si ese fuera el caso, ¿qué hizo Jesucristo en la Tierra? ¿Para qué envió a Sus discípulos a predicar? ¿Por qué hay tantos y tantos y tantos pasajes en la Biblia que nos hablan de nuestras responsabilidades aquí y ahora?

El equilibrio es siempre difícil, la verdad es que no creo que alguno de nosotros lo logre adecuadamente y por eso somos un Cuerpo. Si por un lado todos somos llamados a esforzarnos por alcanzar un nivel de equilibrio, por otro también somos llamados a soportar las cargas los unos de los otros, con lo que estamos diciendo, entre otras cosas, ayudarnos en nuestros “desequilibrios” (bueno, no me refiero exactamente a los “desequilibrios mentales”, aunque también podría ser…).

Afuera – adentro será siempre una tensión dinámica, que no debería ser nunca opuesta. El “afuera” debería ser una fuente de enseñanza y desafío para el “adentro”, que a su vez debería brindar fuerzas y dirección para el “afuera”. Con esto armamos un círculo virtuoso, pero cuando el círculo se vuelve vicioso estamos en un problema. Esto ocurre cuando afuera y adentro están desconectados, y sé que a veces no es sencillo mantenerlos relacionados.

Jesús tuvo su momento de lucha espiritual, una confrontación del más alto nivel, la cual ganó y gracias a eso desarrolló un ministerio maravilloso, hasta que Su tiempo se cumplió. Pero cuando estaba en medio del avivamiento y del éxito, se hacía el tiempo para orar y estar a solas con Su Padre. Si eso hacía el Señor, ¿no deberemos practicarlo también nosotros?

En los momentos de más éxito y demanda, seguía haciéndose tiempo. Tan sencillo y poderoso como eso. “¡La gente me necesita!”, “¡la obra requiere que le dedique tiempo!”, “¡hay tanto por hacer!”… Bueno, lamento darte malas noticias: no te necesita a vos, tampoco tu tiempo y precisamente vos no tenés nada que hacer y mejor que no lo hagas porque lo vas a echar a perder, ¡necesita a Dios y necesita que Él haga las cosas! En todo caso, hacé la parte que te toque, no más.

Quiero citar un par de párrafos de “La Búsqueda Final”, de Rick Joyner, que me parecen muy apropiados para este tema:

“Estaba meditando en lo que estaba aprendiendo, tanto al descender del monte como cuando estaba escalando, cuando el estruendo del campo de batalla me llamó la atención. Ahora había miles de guerreros poderosos, quienes habían atravesado la planicie para atacar al remanente de la hueste del enemigo. El enemigo huía en todas las direcciones excepto una división: Orgullo. Sin ser detectada en lo absoluto, había marchado justo hasta la retaguardia de los guerreros que avanzaban, y estaba próxima a lanzar una lluvia de flechas. Fue entonces cuando me di cuenta de que los guerreros poderosos no tenían armadura en sus espaldas. Estaban totalmente expuestos y vulnerables ante lo que los iba a golpear. Sabiduría comentó: «Tú has enseñado que no hay armadura para la parte trasera, lo cual significa que estabas vulnerable si huías del enemigo. Sin embargo, nunca habías visto cómo el avanzar en el orgullo también te hacía vulnerable.»

“Solamente podía asentir afirmando. Era muy tarde para hacer algo y era casi insoportable de observar, pero Sabiduría dijo que yo debía observar. Sabía que el Reino de Dios estaba próximo a sufrir una gran derrota. Había sentido tristeza con anterioridad, pero nunca esta clase de tristeza. Para mi sorpresa, cuando las flechas de Orgullo hirieron a los guerreros, éstos ni siquiera se dieron cuenta. Sin embargo, el enemigo continuó disparando. Los guerreros estaban sangrando y se debilitaban rápidamente, pero no se daban cuenta de ello. Al poco tiempo estaban débiles para sostener sus escudos y espadas; los bajaron, declarando que ya no los necesitaban. Comenzaron a quitarse la armadura, diciendo que tampoco era necesaria.”

A estos grandes guerreros podríamos ponerles el nombre de algunos hermanos que hemos conocido: recibieron dones maravillosos, pero al concentrarse en la guerra se olvidaron de construir la muralla, en este caso, de cuidar sus espaldas, su punto débil, su vida interior: la humildad.

A medida que entramos en un nuevo tiempo de confrontación y avivamiento, no nos olvidemos de seguir construyendo nuestra vida interior.


Danilo Sorti


564. El tiempo para un avivamiento


Hechos 6:7 RVC
7 Conforme crecía el conocimiento de la palabra del Señor, se multiplicaba también el número de los discípulos en Jerusalén, y aun muchos de los sacerdotes llegaron a creer.

Hechos 17:32-34 RVC
32 Cuando los allí presentes oyeron hablar de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: «Ya te oiremos hablar de esto en otra ocasión.»
33 Entonces Pablo se retiró de en medio de ellos;
34 pero algunos le creyeron y se unieron a él. Entre ellos estaba Dionisio, que era miembro del areópago, una mujer llamada Dámaris, y otros más.

Dos lugares diferentes y dos respuestas muy diferentes. Aquella Jerusalén que había visto a Cristo crucificado estaba lista para recibir el Evangelio y multitudes estaban viniendo a los pies del Señor (aunque eso no duraría para siempre); esta Atenas, sofisticada y en apariencia culta, estaba muy poco interesada. El mensaje fue predicado de todas formas, y ambos lugares hubo gente que creyó, pero el avivamiento no sucedió en Atenas.

A lo largo del libro de Hechos podemos ver varios sitios en donde estalló un avivamiento, con grandes señales y multitudinarias conversiones, y también podemos ver otros sitios en los cuales el Evangelio llegó de manera más tranquila, modesta o incluso fue rechazado. La historia del cristianismo, a lo largo de estos dos milenios, nos habla de mucha más modestia y esfuerzo “infructífero” que de avivamientos.

Ambos momentos están en los tiempos de Dios, ambos corresponden al compás de Su música y el Reino se ha extendido tal como la levadura que fermenta la masa: ignorado por los centros de poder y comunicación, invisible, pero irresistible.

Sin embargo, de tanto en tanto ocurre lo que llamamos un avivamiento. La mayoría de los cristianos hoy no tiene una cabal idea de qué es eso porque no hemos tenido muchos en las últimas décadas, algunos despertares, pero no propiamente un avivamiento. ¿Cómo se reconoce? No solamente por las conversiones y señales que lo acompañan, sino por sus efectos sociales; es decir, la manifestación del poder de Dios llega a ser tan grande que la sociedad secular resulta, en cierto sentido, “purificada”: las leyes son cambiadas, los centros de pecado y las costumbres pecaminosas disminuyen visiblemente. ¡Cuidado! El objetivo de un avivamiento NO ES cambiar a la sociedad, aunque eso ocurre, sino salvar a las almas.

Todos los mensajes proféticos y las señales de los tiempos están confluyendo hacia el fin, y con eso también las promesas del último gran avivamiento. No sé si va a haber mucho tiempo para “cambiar la sociedad” una vez que empiece a ocurrir, pero sí el suficiente para que muchos sean salvos.

¿Cuáles son las condiciones para un avivamiento? Generalmente leemos las biografías de los grandes líderes y pensamos que ellos “son” la condición, pero en realidad son uno de los factores: hay mucho más en el contexto que determina cuándo puede ocurrir o no.

En la década del ’90 la Junta de Misiones de la Convención Bautista del Sur publicó un librito en el que sintetizaba la información obtenida de los movimientos de plantación de iglesias que estaban ocurriendo en varias partes del mundo. Supongo que ese material pasó desapercibido para la mayor parte del mundo cristiano, pero allí sintetiza de manera clara los factores que conducen y mantienen un avivamiento, si no todos, al menos la mayoría de ellos. Hablan de “10 elementos universales”, que ellos encontraron en todos los movimientos:

·         Oración
·         Siembra abundante del Evangelio
·         Plantación intencional de iglesias
·         Autoridad de las Sagradas Escrituras
·         Liderazgo local
·         Liderazgo laico
·         Iglesias celulares o iglesias en casas
·         Iglesias plantando iglesias
·         Reproducción rápida
·         Iglesias espiritualmente sanas

Un rápido vistazo nos muestra que nuestras iglesias latinoamericanas hoy no encajan bien en todas estas características, y que unos cuantos de los métodos de iglecrecimiento tampoco. Pero por otro lado vemos que la multiplicación de iglesias y el avivamiento NO ES nada aparte de la salud espiritual de la iglesia y de los miembros individuales: miembros sanos y llenos del Espíritu inevitablemente darán origen a iglesias sanas y llenas del Espíritu, que inevitablemente crecerán y se reproducirán.

“Oración” hoy sabemos que incluye más que solo peticiones; hay allí una verdadera guerra espiritual. Muchos postulan que un avivamiento ocurre cuando los espíritus regentes de un país o región son derrotados, y podemos buscar evidencia de ello. Viceversa, cuando se fortalecen el avivamiento se detiene.

El mismo librito menciona otras 10 características que observaron en la mayoría de los movimientos:

·         Adoración en lengua materna
·         Evangelismo con implicaciones comunales (a través de redes sociales y familiares)
·         La incorporación rápida de los nuevos creyentes en la vida y ministerio de la iglesia
·         Pasión y falta de miedo
·         Ser cristiano conlleva un costo
·         Crisis en el liderazgo o vacío espiritual en la sociedad
·         El entrenamiento práctico (con las manos en el arado) para el liderazgo de la iglesia
·         Autoridad no centralizada
·         Los líderes principales mantienen un “perfil bajo”
·         Los líderes principales sufren

Cada una de estas características nos da para hablar mucho, no lo voy a hacer aquí.

Es evidente que cada movimiento de avivamiento a lo largo del tiempo ha sido diferente, pero a lo anterior quiero agregar algo que vemos en la historia: a partir del momento en que Lutero clavó las 95 tesis no pasaron 100 años que la mitad de Europa se volvía protestante y los países católicos atravesaban a su vez por una profunda reforma en su espiritualidad. Aunque hoy podamos señalar unos cuantos errores en ese movimiento, tenemos un avivamiento que de una u otra forma sacudió toda Europa en menos de un siglo.

Hubo condiciones del contexto similares a las que describimos más arriba: profunda insatisfacción social, una crisis enorme en la iglesia de entonces. Hubo líderes que se levantaron en la hora justa, pero el movimiento los trascendía rápidamente. Pero a todo eso se sumó otro factor, controvertido; la nueva iglesia iba de la mano de un renovado nacionalismo, por eso los países que rápidamente se volvieron protestantes fueron los más alejados de la cultura latina y romana. Ser cristiano en la nueva fe fue, para mucha gente en ese entonces, una forma genuina de ser alemán, holandés, inglés, suizo. Yo creo que un avivamiento radical no puede ocurrir si el cristianismo no es visto, también, como algo genuinamente nacional frente a una imposición externa. Es claro que esto puede implicar una mezcla de fe y nacionalismo, hay que ser muy prudentes allí porque origina excesos, pero no se supone que un nacionalismo sano sea incorrecto.

Christian Schwarz profundiza en las características de una iglesia saludable, que es uno de los factores para el crecimiento y consiguiente avivamiento, algunas son similares a las descritas más arriba:

·         Liderazgo capacitador
·         Ministerio según dones
·         Espiritualidad contagiosa
·         Estructuras funcionales
·         Culto inspirador
·         Células integrales
·         Evangelismo según necesidades
·         Relaciones afectivas

Y a esto agrega 6 principios de funcionamiento:

·         Interdependencia
·         Multiplicación
·         Transformación de la energía
·         Efectos múltiples
·         Simbiosis
·         Funcionalidad

Luego avanza sobre un enfoque teológico macro presentando dos extremos, “tecnocrático” y “espiritualista”, que resultan dañinos para el Evangelio y por consiguiente, para el crecimiento y multiplicación. En trabajos posteriores analiza las implicaciones de la doctrina de la Trinidad, a través de la cual enmarca adecuadamente todo lo que es la vida y la fe de la iglesia.

¿Esto es una “fórmula para un avivamiento”? Bueno, sería demasiado pretencioso, pero es lo más cercano que conozco. ¿Por qué pensar en eso? Porque es el tiempo. Como dije más arriba, no creo que estemos muy lejos de ese último y gran avivamiento. Los eventos relacionados con el tratamiento del aborto en el Congreso Argentino precipitaron un fenómeno que se venía gestando durante décadas, ¿es ese el inicio? No lo sé, pero si no lo es, tampoco está muy lejos. Personalmente creo que ha dado comienzo un movimiento que no se detendrá hasta el arrebatamiento, y ese movimiento NO ES para cambiar leyes o frenar la degradación moral de la sociedad, por más que son cosas que en cierto sentido ocurrirán, ese movimiento es PRIMERO Y ANTES QUE NADA por la salvación de las personas que hoy están en profundísimas tinieblas, y es algo que trascenderá nuestros países.

Si llamarlo avivamiento puede sonar demasiado pretencioso para algunos, no importa, ¡podemos llamarlo Juan, Pedro o María! Pero el Espíritu ha comenzado a hacer cosas que no se detendrán y ya sentimos a lo lejos el rumor de ese último gran mover. Por lo tanto, es necesario acomodarnos como iglesias y cristianos individuales para contener los millones que vendrán.


Danilo Sorti


563. Estrategia para la guerra; Enfocar en el centro


Proverbios 20:18 RVC
18 Con los consejos se ordenan los planes, y con buena estrategia se gana la guerra.


Mientras esperamos la consumación de los tiempos nos encontramos enfrentados a desafíos sociales cada vez más grandes, especialmente en Sudamérica, que por los últimos acontecimientos, se ha constituido en una especie de “reducto” de los valores cristianos en la sociedad entre todas las naciones del mundo. ¿Cómo defendernos estratégicamente de los ataques de fuerzas internacionales tan poderosas?

Uno de los puntos principales que debemos entender es que el poder del Enemigo reside en la mentira. De acuerdo, pero ustedes me dirán que eso se traduce en el mundo actual en millones de dólares e infinidad de dispositivos de control. Es cierto, pero la mentira está en la base de todo, y la principal mentira es llegar a convencer a los hijos de Dios que “no pueden hacer nada para evitarlo”.

De nuevo aquí tenemos un asunto delicado, porque sabemos proféticamente que le mundo está en una rampante decadencia moral, entonces, ¿por qué luchar contra lo inevitable? Es más, ¿por qué luchar incluso contra lo que Dios mismo ha permitido en la gente pecadora? Bueno, el asunto no radica en que vayamos a dar vuelta la sociedad mundial, a la que le queda poco tiempo más, sino en que podemos establecer una fortaleza de verdad en nuestro territorio que impedirá que la corrupción avance más allá de un límite.

Esto es necesario que sea no solamente en obediencia a Dios, sino también por amor a las muchas almas engañadas que de otra forma serían arrastradas y aún como testimonio a nuestros más acérrimos enemigos, para que sepan que hay Dios en esta tierra. ¿Quién sabe si alguno no podrá convertirse y transformarse en un Pablo de los últimos tiempos? Si mucho de nuestro esfuerzo solo diera origen a un “Pablo”, nada más, con eso solo habría valido la pena.

Una estrategia de guerra básica que podemos leer en las páginas bíblica es el hecho de ir a atacar “el centro”, la ciudad capital. El Enemigo procuraba llegar a Jerusalén, por ejemplo, y su conquista no se consumaba hasta que no lo lograba. Viceversa: la conquista del territorio implicaba conquistar las ciudades / fortalezas que había allí.

Pues bien, uno de los engaños que presentan los movimientos LGBTI, del aborto y tantos otros es que se hacen ver como “movimientos sociales”. Es cierto que tienen una extensión social relativa, muy expandida por la publicidad mediática, pero no es menos cierto que tienen tras bambalinas centros de difusión, que aportan mucho dinero y producen los discursos (y los trabajos espirituales) que luego serán tomados por distintos sectores sociales.

Necesitamos identificar esos centros de difusión, que suelen permanecer relativamente escondidos, y enfocarnos concertadamente en oración y guerra espiritual sobre ellos. Debilitando esas “cabezas”, el resto será más vulnerable al Evangelio.

Digo “relativamente escondidos” porque hoy ya no se ocultan demasiado, simplemente no reciben mucha publicidad, pero uno puede encontrar sus páginas web, sus oficinas centrales, sus agentes de lobby político. Están escondidos porque se presentan con una fachada muy “amigable”, pero esconden sus verdaderas intenciones.

El reciente debate sobre el aborto resultó maravilloso porque sacó a luz “quién es quién” en nuestro país, y también a los organismos internacionales. Claro, “siempre estuvieron allí”, pero no les prestamos atención…

Hermanos, hemos leído mal el Nuevo Testamento pensando que ahora teníamos un Dios distinto, demasiado buenito como para traer justicia a la humanidad, y nos olvidamos de que el último de sus libros, Apocalipsis, dice exactamente lo contrario. Toda la revelación bíblica está cruzada por la guerra.

No se supone que nosotros hoy debamos hacer esa guerra física que hizo Israel porque Jesucristo vino a establecer otro tipo de Reino, pero tampoco se supone que nos olvidemos de ella. Debemos hacer guerra espiritual, debemos clamar por justicia y declarar el juicio de Dios sobre los que corrompen nuestro mundo, ¿con qué derecho lo hacen? ¿Por qué nosotros, que somos hijos del Rey de Reyes y tenemos Sus armas espirituales, hemos sido tan condescendientes con ellos? Su principal victoria ha consistido en engañarnos y distraernos.

No cualquiera es llamado a la guerra espiritual, y a cada uno se le asignan diversos objetivos. Nuestra principal batalla es por la salvación de las almas, pero la segunda es por el establecimiento de la justicia de Dios. ¿Cuál es tu rol? ¿Cuál es tu enfoque estratégico? Hermanos, asumí tu lugar, con sabiduría y paciencia, pero sin claudicar, conforme el Señor te guíe, atacá la fortaleza que te haya sido dada. Poderosas son en Dios las armas espirituales, tremendamente eficaz es la oración del justo.

Danilo Sorti