domingo, 30 de septiembre de 2018

578. De Gálatas a Efesios: de la religión a la comunión – VI, el fundamento de la sanidad interior


Isaías 49:1-9 RVC
1 ¡Escúchenme, costas y pueblos lejanos! El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; tuvo en cuenta mi nombre desde antes de que yo naciera.
2 Hizo de mi boca una espada aguda, y me cubrió con la sombra de su mano; hizo de mí una flecha bruñida, y me guardó en su aljaba.
3 Y me dijo: «Israel, tú eres mi siervo. Tú serás para mí motivo de orgullo.»
4 Pero yo dije: «De balde he trabajado. He gastado mis fuerzas sin ningún provecho. Pero el Señor me hará justicia; mi Dios me dará mi recompensa.»
5 Pero ahora ha hablado el Señor, el que me formó desde el vientre para que fuera yo su siervo; para que reuniera a Jacob, para que hiciera a Israel volverse a él (así yo seré muy estimado a los ojos del Señor, y mi Dios será mi fuerza),
6 y ha dicho: «Muy poca cosa es para mí que tú seas mi siervo, y que levantes las tribus de Jacob y restaures al remanente de Israel. Te he puesto también como luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta los confines de la tierra.»
7 Así ha dicho el Señor, el Santo Redentor de Israel, al que es menospreciado, al que es odiado por las naciones, al siervo de los gobernantes: «Los reyes y los príncipes te verán y se levantarán, y se inclinarán ante el Señor, porque el Santo de Israel, que te ha escogido, es fiel.»
8 Así ha dicho el Señor: «En el momento favorable te responderé; en el día de salvación te ayudaré. Yo te protegeré, y tú representarás mi pacto con el pueblo, para que restaures la tierra y heredes las propiedades asoladas;
9 para que digas a los presos, a los que están en tinieblas: “Salgan de ahí; déjense ver”. En los caminos y en todas las alturas tendrán pastos y allí serán alimentados.


Este texto es uno de los Cantos del Siervo, las más claras profecías de Cristo y por lo tanto, fundamento de Su Cuerpo, la Iglesia, tal como aparece en Efesios. Pero aquí hay algo más que una cuestión solamente eclesiológica o cristológica, algo más que una referencia al Cristo eterno o a la Iglesia como Cuerpo místico; aquí tenemos un compendio de sanidad interior, de valorización de la persona.

La desvalorización personal no es nuevo, simplemente cambia con cada momento histórico y cada cultura. Empezó en el Huerto, cuando el engaño consistió en sugerirles que ellos “no eran” y por lo tanto “para ser” debían hacer lo que estaba prohibido. De ahí en más todo engaño necesariamente implicaría una componente de desvalorización, y esto ha llegado a ser constitutivo en la raza humana debido al daño provocado por la caída. Se habla de la triple alienación del ser humano por el pecado, que generó temor, vergüenza y culpa (hemos hablado sobre eso en artículos anteriores) pero esos sentimientos están basados en un “no ser”: no tenemos protección y por lo tanto aparece el temor, no estamos recubiertos de la santidad de Dios y por lo tanto aparece la vergüenza, no tenemos obras correctas y por lo tanto aparece la culpa.

Las falsas respuestas al “no ser” las vemos por todos lados y para el hombre sin Cristo no hay mucha solución, mejor dicho, ninguna, ¿cómo puede solucionar su profundo “no ser” sin el Ser de Dios manifestado en Cristo? Pero el creyente no soluciona automáticamente todo el “no ser” de su alma, aunque su espíritu haya sido salvado. En las últimas décadas aparece la sanidad interior como una forma de juntar diversas herramientas que brinda la Palabra para que el alma sea transformada. Y a veces eso ha derivado en terapias psicológicas “cristianas” que poco poder tienen.

El poder está en la Palabra de Dios, no porque se trate de alguna formulación complejísima o de enorme  profundidad exegética y filológica; en realidad diría que la gran mayoría de esas profundidades son tan sólidas como un hondo pantano cenagoso. La Palabra tiene poder porque es de Dios y no importa cuán “sencillamente” sea proclamada y creída, importa que sea proclamada tal como es, de manera sencilla, y creída, para que produzca su efecto.

Demasiada introducción. Lo que tenemos aquí, como dijimos, cuando lo aplicamos por esa fe de la que hablamos a nosotros mismos como hijos de Dios, hechos a la imagen de Su Hijo, siendo transformados por el Espíritu Santo, es un compendio de la más profunda sanidad interior, la verdadera ruina para cualquier psicoanalista. ¿Es genuino hacer eso?

2 Corintios 3:18 DHH
18 Por eso, todos nosotros, ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor, y vamos transformándonos en su imagen misma, porque cada vez tenemos más de su gloria, y esto por la acción del Señor, que es el Espíritu.

Claro que esa transformación no se completa aquí, pero empieza, y puede avanzar tanto como estemos dispuestos a que lo haga.

De acuerdo, esto se aplica a mí también, ¿qué es lo que dice?

I.            El Señor me llamó desde el vientre de mi madre – tengo propósitos desde el momento en que fui engendrado
II.            tuvo en cuenta mi nombre desde antes de que yo naciera – hay un lugar para mí preparado desde antes de mi nacimiento, diría desde antes de mi concepción
III.            Hizo de mi boca una espada aguda – me ha dado palabras poderosas, capaces de discernir pensamientos y sacar a luz lo que está oculto, de separar la verdad del error; y como espada puedo ser usado en Su mano
IV.            me cubrió con la sombra de su mano – estoy protegido en Él
V.            hizo de mí una flecha bruñida – puedo ser lanzado por Su arco para dar en el blanco con precisión
VI.            me guardó en su aljaba – estoy en el lugar de espera hasta el momento adecuado
VII.            Y me dijo – es decir, habla conmigo, me dirige la palabra, soy lo suficientemente valioso como para que Él me hable
VIII.            Israel, tú eres mi siervo – “Israel” no es “Jacob”, el engañador, sino el nuevo nombre que Dios le puso, por lo tanto, Dios me llama por mi nombre nuevo y me constituye como Su siervo, me da el privilegio de servir al Dios Todopoderoso y no a nadie inferior
IX.            Tú serás para mí motivo de orgullo – de niños siempre deseamos que nuestros padres se sientan orgullosos de nosotros, y de adultos disfrazamos ese mismo sentimiento de maneras más sutiles, pero siempre está; pues bien, Dios lo hace manifiesto y nos expresa Su orgullo por nosotros
X.            Pero yo dije: «De balde he trabajado. He gastado mis fuerzas sin ningún provecho – esto quiere decir que puedo expresar mi queja y mi pesar delante de Él, cuando parece que todo salió al revés y que mi trabajo fue inútil, Él me escucha
XI.            Pero el Señor me hará justicia – sé que finalmente toda injusticia será solucionada
XII.            mi Dios me dará mi recompensa – recompensa que aquí no suele venir, es más, vemos como los impíos son recompensados, los que se acomodan con el poder político de turno o arreglan con negocios turbios
XIII.            Pero ahora ha hablado el Señor – esto es, después de haber escuchado tantas y tantas palabras humanas de desvalorización, el Señor habla
XIV.            el que me formó desde el vientre para que fuera yo su siervo – no es solo que Dios me llamó desde el vientre sino que también se encargó Él mismo de formarme, es decir, de poner en mi ser en gestación todo lo necesario para cumplir con Sus propósitos
XV.            para que reuniera a Jacob – esto es, para servir al Pueblo de Dios
XVI.            para que hiciera a Israel volverse a él – para traer a los apartados
XVII.            así yo seré muy estimado a los ojos del Señor – Dios me ama, Él me da mi verdadero valor, que es muy alto
XVIII.            y mi Dios será mi fuerza – no dependo de mis fuerzas humanas sino de las divinas
XIX.            y ha dicho: «Muy poca cosa es para mí que tú seas mi siervo, y que levantes las tribus de Jacob y restaures al remanente de Israel – esto es, una comisión aún mayor, habiendo cumplido una labor, hay más y más grande todavía
XX.            Te he puesto también como luz de las naciones – brillar en la oscuridad, un mensaje único, dado por pocos, con el poder de disipar las tinieblas, más allá de los confines de mi iglesia o comunidad
XXI.            para que seas mi salvación hasta los confines de la tierra – hasta lo más lejano, “sin límites”
XXII.            Así ha dicho el Señor, el Santo Redentor de Israel, al que es menospreciado, al que es odiado por las naciones, al siervo de los gobernantes – Dios conoce perfectamente mi condición, mis trabajos, mis esfuerzos y los desprecios que sufro
XXIII.            Los reyes y los príncipes te verán y se levantarán, y se inclinarán ante el Señor, porque el Santo de Israel, que te ha escogido, es fiel – no se trata de que yo seré honrado, sino de que reconocerán en mí la gracia y la autoridad divina, los mismos que me despreciaron
XXIV.            Así ha dicho el Señor – hay palabra profética para mí
XXV.            En el momento favorable te responderé – hay respuesta
XXVI.            en el día de salvación te ayudaré – hay ayuda
XXVII.            Yo te protegeré – hay protección
XXVIII.            y tú representarás mi pacto con el pueblo – seré constituido en mensajero y representante de ese pacto
XXIX.            para que restaures la tierra – recibiré poder de restauración
XXX.            heredes las propiedades asoladas – hay herencia de lo que fue destruido por el Enemigo
XXXI.            para que digas a los presos, a los que están en tinieblas: “Salgan de ahí; déjense ver”. En los caminos y en todas las alturas tendrán pastos y allí serán alimentados – en definitiva, para llevar la Buena Noticia a todos los presos por el pecado


No todas estas promesas tienen un cumplimiento en el tiempo presente, pero todas lo tendrán, porque todas se cumplen en Cristo y por medio de Él nos llegan a nosotros. Entonces, aunque no todas se cumplan materialmente aquí y ahora, todas me pertenecen espiritualmente y conforman lo que soy y cuánto valgo. Algo similar podríamos decir de los otros Cantos del Siervo que vemos en Isaías, incluso del famoso capítulo 53 ya que nosotros también somos llamados a ser partícipes de los sufrimientos de Cristo para manifestar así Su resurrección.

Estas promesas constituyen la Iglesia, los llamados a ser santos, a ellos se les dan las promesas para que por medio de ellas puedan ser santos. Y estas promesas, creídas, traen sanidad a los traumas más profundos.

Es simple entender esto cuando vivimos el Evangelio, porque entender la Biblia no es tanto cuestión de conocimiento intelectual y profundidad exegética (que por supuesto resultan importantes) sino de vida en el Espíritu.

¡Señor, haz que estas promesas sean vivas en nosotros, cada día!


Danilo Sorti


577. De Gálatas a Efesios: de la religión a la comunión – V, he aquí, el Reino del Mesías que viene


Se ha dicho que los 66 capítulos de Isaías se corresponden con los 66 libros de la Biblia, y eso puede parecer extraño… para los que no creen, claro. El capítulo 48 fue un llamado a “salir de Babilonia”, que simbólicamente conecta muy bien con Gálatas, un llamado a salir del sistema de cautividad religiosa “babilónico”. Siguiendo la misma lógica, el capítulo 49 debería conectarse proféticamente con Efesios, que nos muestra el diseño del Pueblo de Dios que Jesucristo vino a formar. ¿Será así?

Isaías 49:1-7 RVC
1 ¡Escúchenme, costas y pueblos lejanos! El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; tuvo en cuenta mi nombre desde antes de que yo naciera.
2 Hizo de mi boca una espada aguda, y me cubrió con la sombra de su mano; hizo de mí una flecha bruñida, y me guardó en su aljaba.
3 Y me dijo: «Israel, tú eres mi siervo. Tú serás para mí motivo de orgullo.»
4 Pero yo dije: «De balde he trabajado. He gastado mis fuerzas sin ningún provecho. Pero el Señor me hará justicia; mi Dios me dará mi recompensa.»
5 Pero ahora ha hablado el Señor, el que me formó desde el vientre para que fuera yo su siervo; para que reuniera a Jacob, para que hiciera a Israel volverse a él (así yo seré muy estimado a los ojos del Señor, y mi Dios será mi fuerza),
6 y ha dicho: «Muy poca cosa es para mí que tú seas mi siervo, y que levantes las tribus de Jacob y restaures al remanente de Israel. Te he puesto también como luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta los confines de la tierra.»
7 Así ha dicho el Señor, el Santo Redentor de Israel, al que es menospreciado, al que es odiado por las naciones, al siervo de los gobernantes: «Los reyes y los príncipes te verán y se levantarán, y se inclinarán ante el Señor, porque el Santo de Israel, que te ha escogido, es fiel.»

¡Oh caramba! El capítulo inicia con uno de los llamados “Cantos del Siervo del Señor” que encontramos en Isaías, los cuales constituyen una de las profecías más claras y directas del Mesías en todo el Antiguo Testamento, y todo lo que seguimos leyendo en los versículos siguiente tiene que ver con ese tiempo mesiánico y de restauración, presente en la Iglesia y futuro en el Reino por venir. Así que, efectivamente, el capítulo 49 es un muy buen paralelo profético de la Iglesia que podemos leer en Efesios. ¿Será que el Espíritu Santo sabía ya como habrían de escribirse y ordenarse los libros del Nuevo Testamento cuando inspiró al profeta para que escribiera estas palabras, cientos de años antes? Capaz que sí, ¿no?...

Estas secciones llamadas los Cantos del Siervo del Señor son profecías mesiánicas maravillosas. Hay una discusión teológica si primeramente fueron dirigidos a alguna persona del tiempo del profeta, o a la nación de Israel como todo, o incluso a Ciro que destruiría a Babilonia. Puede ser, pero a nosotros nos interesa su contenido mesiánico y a ése nos referiremos. Pero al hablar de él inevitablemente hablamos de la Iglesia. Somos Su Cuerpo y expresamos lo que Él es, tenemos Su naturaleza y estamos siendo transformados. La Iglesia primitiva sabía muy bien que Cristo es nuestro ejemplo, y nosotros también debemos saberlo. No es ningún pastor, o apóstol, ni menos aún algún “modelo ideal” de creyente; se trata de una Persona, alguien real, objetivo, el “ideal” hecho carne, ninguna abstracción. Es Cristo, y eso puede parecer muy sencillo a las mentes más “complejas y estudiosas”, pero ¡de eso se trata! Es la sabiduría de Dios, que a los sabios según este mundo parece locura, pero que a los humildes y sencillos los vuelve de verdad sabios.

“¡Escúchenme, costas y pueblos lejanos!” es la vocación misionera que Israel casi nunca quiso aceptar, y que la Iglesia… tampoco. Pero Dios, desde que puso a Adán y Eva en el huerto, pretendió que el pueblo que Él formaría fuera un pueblo misionero para el resto del mundo. En los Evangelios el llamado resulta mucho más claro; no estableció Cristo algo así como una “nación cristiana”, sino que mandó a Sus discípulos EN MEDIO de las naciones para que lleven las Buenas Nuevas.

“El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; tuvo en cuenta mi nombre desde antes de que yo naciera.” Esto lo hizo, claramente, con Jesús, pero también con Israel como nación y con cada uno de nosotros. Hoy el mundo está cada vez más vacío de propósito trascendente, por eso es que corre desesperado y furioso detrás de ideologías que incluso son una sombra de lo que fueron hace menos de un siglo, detrás de placeres o cuanta cosa se le presente. Nosotros tenemos un propósito definido desde el principio del tiempo, y cualquier enseñanza que lo niegue o simplemente “lo olvide” termina siendo diabólica.

“Hizo de mi boca una espada aguda, y me cubrió con la sombra de su mano; hizo de mí una flecha bruñida, y me guardó en su aljaba.” De nuevo; Israel, Cristo, la Iglesia, todos compartiendo el mismo propósito, pero la Iglesia cumpliendo hoy esa función.

Hermanos, debemos ser esa “espada aguda”. Confieso que estoy cansado ya de escuchar a cristianos e incluso siervos del Señor que todavía mantienen un mensaje “buenista” de “amor y paz cristianos”. No tenemos armas terrenales, pero tenemos armas espirituales que son poderosas y debemos usarlas. Si eso no es así, entonces que alguien me explique por qué habla aquí de espada y flecha. Bueno, ya sé, podemos hacer una voltereta exegética y terminamos con un mensaje desprovisto de “filo”. Pero, recordemos, la Biblia no se escribió para teólogos, se escribió para gente sencilla, que entiende perfectamente que somos llamados a tener ese filo en medio de esta sociedad.

Filo profético, filo de denuncia y promesa, de la misericordia divina que está ya por terminar y del juicio que ya empezó. Todo menos un cuchillo romo que no sirve para nada, ni siquiera para pegar con el canto.

La espada es para el ataque cuerpo a cuerpo, la flecha, para el ataque a distancia. Ambas cosas es la Iglesia hoy, sí, esa iglesia gloriosa que después leeremos en Efesios, que se nos presenta muy espiritual y a veces como “flotando en las nubes”, pero la realidad no tiene nada que ver con eso y nos conviene leer este capítulo de Isaías para tener la verdadera perspectiva.

Quedémonos con esto por ahora, seguiremos hablando en los próximos artículos, mientras tanto que podamos ser esa espada y esa flecha… Y me olvidaba de algo; ni la espada, ni la flecha se mueven por sí mismas, ¿obvio, no?, necesitan de una Mano que lo haga. Pues bien, esa es la Iglesia, tan filosa y precisa como una espada y una flecha, que debe dejar que la Mano Divina la mueva.


Danilo Sorti


576. De Gálatas a Efesios: de la religión a la comunión – IV, ¡salgan de una buena vez!


Isaías 48:14-16 RVC
14 »Júntense todos ustedes, y escuchen: ¿Quién de ellos puede anunciar estas cosas? Aquel a quien yo, el Señor, amo, cumplirá mi voluntad en Babilonia, y descargará su brazo sobre los caldeos.
15 Soy yo quien ha hablado; soy yo quien lo llamó y lo hizo venir; por lo tanto, sus acciones serán prosperadas.»
16 Acérquense a mí y escuchen esto. Desde un principio no he hablado en secreto; yo estaba allí desde que esto se hizo realidad, y ahora el Señor y su espíritu me han enviado.

Dios, quien nos libra de las estructuras religiosas, es quien habla y quien nos anuncia lo que habrá de venir. ¡Cuántos conflictos ha provocado esta verdad tan simple! Los cristianos más viejos recuerdan las duras controversias que hubo, durante décadas, cuando el Espíritu comenzó a levantar profetas. Aún hoy, no todos reconocen el ministerio profético (lo refiero en un sentido amplio), e incluso los que lo reconocen muchas veces han llegado a “recortar” su función, y creo que todos tenemos algo de culpa ahí: aceptamos que un profeta hable sobre cual o tal tema, pero no prestamos atención (o directamente no aceptamos) si habla sobre otro, o bien, esperamos que si un profeta va a hablar sobre tal cosa debe tener determinados requisitos (cuando Dios se complace especialmente en usar a Sus siervos más humildes…).

Cualquier estructura religiosa “necesita” limitar la voz de Dios, sea negando que Él hable hoy o bien “encorsetando” lo que puede o no puede decir, o restringiendo los profetas “válidos” a un grupito seleccionado.

Cuidado, no pensemos esto sólo en términos del ministerio profético, exactamente lo mismo podemos aplicar a la voz de Dios en el interior de cada cristiano. Es más, diría que el principal campo de batalla del Espíritu de Religión no tiene tanto que ver con los profetas, ya que al fin y al cabo siempre puede levantar unos cuantos falsos por ahí, sino con engañar al creyente para que no busque, o no escuche, o no pueda discernir claramente la voz de Dios en su propio interior, o crea que Dios no puede hablarle a él directamente.

Siempre ha habido un serio conflicto al respecto y los Espíritus de Religión despliegan una y otra vez diversas estrategias para impedir, primero, que los creyentes escuchen lo que el Espíritu les está hablando hoy, y hacer callar, segundo, a los profetas.

Isaías 48:17-19 RVC
17 Así dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel: «Yo soy el Señor tu Dios, cuya enseñanza es provechosa, y que te dirige por el camino que debes seguir.
18 Si hubieras prestado atención a mis mandamientos, tu paz habría fluido como un río, y tu justicia sería como las olas del mar;
19 tu descendencia, tus renuevos, serían incontables como los granos de arena, y su nombre nunca sería erradicado ni borrado de mi presencia.»

“Si hubieras…” es una de las cosas más dolorosas que una persona puede escuchar, pero la realidad es que todos tenemos que enfrentarnos con unos cuantos “si hubieras…”. Esto es, ni más ni menos, que reconocer nuestra parte de responsabilidad en la situación que nos toca vivir. Aclaremos: someterse a un cristianismo religioso (y no necesariamente con estatuas de ídolos) produce consecuencias terribles en lo espiritual, en lo emocional, en las relaciones sociales y familiares, y hasta en la salud. Es sorprendente como podemos estar tan cegados por el engaño de una estructura religiosa que terminemos viviendo con un montón de problemas y lleguemos a justificarlos y hasta aceptarlos.

Cuidado, no es para nada gratis vivir un cristianismo religioso, para nada. Cuando leemos Gálatas, el pasaje “paralelo” a este capítulo, no se nos expone demasiado acerca de las consecuencias de vivir bajo un sistema religioso, porque en realidad los Evangelios hablan abundantemente de ello: la mayoría de lo que Jesús denuncia tiene que ver con eso.

Obviamente, la consecuencia final es la esterilidad, tanto espiritual como económica como social, y al final puede conducir a la muerte espiritual. No hermanos, no “cualquier” cristianismo es bueno y no “cualquier” iglesia lo es. Que el Señor pueda sacar fieles de cualquier lugar es a causa de Su soberanía y poder, pero eso no significa con que debamos conformarnos con “cualquier lugar” una vez que nuestros ojos hayan sido abiertos. Y esto lo vemos en el mandato que sigue:

Isaías 48:20-22 RVC

20 ¡Salgan de Babilonia! ¡Huyan de entre los caldeos! ¡Anuncien esto con voces de alegría! ¡Denlo a conocer, difúndanlo hasta los últimos rincones de la tierra! ¡Digan que el Señor ha redimido a Jacob, su siervo!
21 Ellos no tuvieron sed cuando él los llevó a través del desierto, cuando hizo que brotara para ellos agua de la piedra, cuando hendió la peña y las aguas fluyeron.
22 El Señor ha dicho: «No hay paz para los malvados».

Esta promesa tuvo un primer cumplimiento histórico. Tendrá un segundo cumplimiento, mucho más dramático aún durante el tiempo de la tribulación. Tiene un cumplimiento parcial a lo largo de estos más de dos milenios que lleva escrito el pasaje, cuando somos llamados a salir de un sistema babilónico, o incluso de una ciudad física condenada a la destrucción.

Aquí hay un tema largo para hablar y no voy a hacerlo en este artículo, pero digamos para resumir que Dios mismo los llevó a Babilonia y allí los mantuvo durante un tiempo largo, porque quería tratar con ellos y formarlos. No debemos ignorar que lo mismo puede ocurrir perfectamente hoy, por más que no me resulte agradable ni reconocerlo ni decirlo: el Señor puede llevarnos o permitir que estemos en “Babilonia”, porque allí quiere hacer unas cuantas cosas con nosotros, quiere disciplinarnos, formarnos, enseñarnos, generar relaciones, usarnos para abrir los ojos de otros, etcétera. Pero en algún momento vendrá el llamado a salir.

Y así como Dios mismo cuidó a Su pueblo en esa salida, un nuevo éxodo, también Él se encarga de cuidarnos cuando somos llamados a salir.

El capítulo concluye con una advertencia para los gestores de esos sistemas religiosos: «No hay paz para los malvados», pero lo mismo se aplica para todo aquel que lo acepta y lo abraza.

Creo que estamos en un tiempo en el que ya no podemos conformarnos más con esos sistemas, no pretendo hablar de parte de Dios pero me parece que ya no hay más tiempo para permanecer en ellos, ya no, dada la urgencia de la hora.

Hemos visto lo que produce el sistema religioso, no permanezcamos más en él.


Danilo Sorti



575. De Gálatas a Efesios: de la religión a la comunión – III: “Yo soy Dios, y nadie hay fuera de mí”


Isaías 48:11-13 RVC
11 Lo hice por mí, por causa de mí mismo, para que mi nombre no sea profanado, pues no daré a ningún otro mi honra.
12 »Jacob, yo te he llamado; Israel, escúchame: Sólo yo soy el primero, y sólo yo soy el último.
13 Con mi propia mano establecí la tierra; con la palma de mi mano derecha medí los cielos y, cuando los llamé, juntos se presentaron ante mí.

Desde Génesis hasta Apocalipsis uno de los hilos conductores de toda la Biblia es la idolatría: la rebelión y el pecado del hombre en realidad es una manifestación de su idolatría, desde el momento en que aceptó a otro “dios”, es decir, que decidió aceptar como autoritativas las palabras de “otro”, cayó en la idolatría. Israel, en el tiempo que se escribió este capítulo de Isaías, estaba saliendo de la más baja idolatría en que había caído, y a primera vista parecería que nuestra comparación con la religión no tiene mucho que ver, pero ya vimos que hay Espíritus de Religión encargados de torcer la Palabra para impedir que los creyentes vean lo nuevo que está haciendo el Espíritu Santo hoy, y al llevarlos “al pasado” les hacen ver en realidad un recorte idealizado de ese pasado, para que terminen basando su justicia en algún tipo de dogma extrabíblico y en diversas “buenas obras”, con lo cual ellos mismos, o algún dogma, termina convirtiéndose en un ídolo que reemplaza a Dios.

Hay una “buena” noticia: los tiempos en los que vivimos harán que eso sea cada vez más difícil porque ya no pueden los hombres hacer “obras” sin el auxilio del Espíritu, con lo que no les quedarán muchas opciones: o volverse a Dios o volcarse a una forma de idolatría o extremismo cada vez más manifiesto.

Bueno, el hecho es que “religión” e idolatría termina siendo lo mismo, aún cuando esa forma de religión no llegue a caer en la adoración a santos o cosas por el estilo. Todo el proceso que Israel había pasado era para que reconociera a Dios, único y diferente a todos, soberano y con todo el derecho a hacer lo que quiera. Es obvio que ese mismo aprendizaje es el que tendrá que transcurrir toda la humanidad en breve, pero antes de que eso pase, la Iglesia de Cristo fiel debe terminar de entenderlo; necesariamente la iglesia poderosa del último gran avivamiento tiene que ser la que conozca perfectamente a Su Dios y le dé el lugar único que merece. En ese proceso estamos todos, no se trata simplemente de “fenómenos mundiales” en los cuales tenemos poco y anda que hacer sino todo lo contrario, a la vez que es mundial porque abarca a todo el Cuerpo de Cristo en este tiempo (y a toda la humanidad un poco más tarde) es perfectamente individual porque tiene que ver conmigo, aquí y ahora. Creo que eso es lo que Dios quiere dar a entender cuando se refiere al pueblo de Israel como “Jacob” o “Israel”, tratándolo como si fuera un individuo.

El significado de los versículos que leímos más arriba es claro, pero yo tengo un problema aquí tratando de explicar lo que quiero decir, porque cualquier cristiano fiel al que uno le pregunte si cree que Dios está por encima de todo, que es el único, todopoderoso, soberano, etcétera, inevitablemente va a decir “¡¡SÍ!!”. Pero del dicho al hecho…

Aquellos que hemos creído y que ya venimos caminando con el Señor desde hace tiempo sabemos estas cosas y hasta podemos dar clases de ello, el asunto es: ¿con qué profundidad las vivimos? ¡Alto ahí! No nos apresuremos a dar ninguna respuesta: seguro que hay un nivel de profundidad mayor al que no hemos accedido todavía.

Es claro que cuando hablamos de un cristianismo sumido en una forma de “religión” Dios es reemplazado por algún ídolo sutil, que “lleva” su mismo nombre, pero que “no es” Dios. Pienso en este momento en la experiencia de algunos cristianos que vivieron durante años con un cristianismo “religioso”, pero que en determinado momento tuvieron ese “encuentro” con el Señor, esa confrontación espiritual donde Dios mismo “se hizo” vivo para ellos, y se dieron cuenta de que en realidad estuvieron creyendo en una forma distorsionada de “Dios”, religiosa al fin, oscurecida por ídolos muy bien camuflados (y no estoy hablando de la idolatría a los santos).

El único remedio es que el Señor se dé a conocer, con todo Su poder, Su justicia y Su bondad.

Isaías 48:14-15 RVC
14 »Júntense todos ustedes, y escuchen: ¿Quién de ellos puede anunciar estas cosas? Aquel a quien yo, el Señor, amo, cumplirá mi voluntad en Babilonia, y descargará su brazo sobre los caldeos.
15 Soy yo quien ha hablado; soy yo quien lo llamó y lo hizo venir; por lo tanto, sus acciones serán prosperadas.»

Ese mismo Dios es el que levantó un conquistador para Babilonia, la que parecía inexpugnable. Y los judíos tuvieron un serio problema con eso: ¿cómo era posible que Dios utilizara a ese pagano de Ciro para cumplir Su voluntad? Pero lo hizo, y con ello reveló “lo nuevo” que estaba ocurriendo y que su estructura religiosa les impedía ver.

Herramientas y procedimientos que no “caben” en los moldes aceptados, eso es lo que hace el Espíritu. Por supuesto, no estoy hablando de las exageraciones que a veces ocurren de la mano de líderes mundanos que meten cualquier cosa dentro de la iglesia y luego le dicen a sus miembros “¡no hay que ser religioso!”. La diferencia entre uno y otro puede ser confusa para el que está bajo el influjo de los Espíritus de Religión.

Babilonia es claramente simbólico, no solo se refiere a esa Babilonia que existió entonces sino también a la estructura religiosa de dominación, el engaño religioso unido al poder terrenal. Con ello, este pasaje es varias veces profético: por un lado, anunció lo que Ciro iba a hacer, por otro, lo que cabalmente cumplió Jesucristo en la cruz, y también lo que hará al fin de los tiempos cuando la Babilonia actual termine por ser destruida, y con ella el Espíritu de la Religión; pero también se refiere al juicio (parcial) sobre los sistemas babilónicos en la actualidad, y me atrevería a decir, a lo que ocurrirá al final de los tiempos entre los hijos fieles.

Gálatas es la Palabra que “destruye” a Babilonia, entonces y ahora. Y debemos participar en esa “destrucción”, que hoy es espiritual, claramente espiritual.


Danilo Sorti


lunes, 27 de agosto de 2018

574. De Gálatas a Efesios: de la religión a la comunión – II


Isaías 48:6-7 RVC
6 »Todos ustedes lo han oído; todos lo han visto. ¿Y no lo darán a conocer? A partir de este momento les daré a saber cosas nuevas y secretas que no conocían.
7 Han sido creadas ahora, y no en días pasados; antes de hoy no las habías oído, para que no digas: “Fíjense que ya lo sabía.”

El contexto de este capítulo que nos está llevando “de la religión a la comunión” es profético; Israel estaba por andar un camino nuevo, desconocido, pero no solo por sus particulares características históricas, sino por los cambios que estaba sufriendo su espíritu nacional, el proceso de purificación de la idolatría y el establecimiento de enseñanzas relacionadas con el Mesías por venir.

Allí tenemos “todo mezclado”, pero bien podemos interpretar que parte de ese proceso novedoso implicaba la purificación de la idolatría – Espíritu de Religión, por lo que no es ilícito relacionarlo con la purificación de la religión tal como plantea Gálatas.

Ahora bien, quiero decir que muchos, si no la mayoría, de los cristianos que hemos llegado a este tiempo no tenemos una experiencia muy fuerte con el verdadero modelo de Iglesia. De los convertidos más recientes diría que muy pocos, y los más viejos podemos tener recuerdos bastante lejanos, antes de que viniera la inundación del evangelio de la prosperidad. Con todo, el mejor modelo que podamos recordar en el pasado era bastante imperfecto, porque estaba basado en el grado de revelación que había entonces.

Con esto quiero decir que, por una u otra razón, el camino hacia la Iglesia Novia del Cordero, ese modelo de iglesia que sabemos debe haber al fin de los tiempos, es para la gran mayoría de nosotros, algo nuevo, tal como lo fue para los israelitas de ese tiempo. Y por ser nuevo, necesitamos caminar de la mano de la revelación profética.

¿Por qué el Espíritu de Religión ha tenido y sigue teniendo tanto éxito en seducir a los cristianos? En parte porque lo nuevo es desconocido, genera temor, resulta difícil de imaginar, hay incertidumbre y ambigüedades, y resulta algo que debemos construir caminando, además de que no sabemos cómo quedaremos nosotros al final, es decir, podemos empezar el camino siendo los líderes reconocidos de un gran movimiento y terminarlo sentados en uno de los últimos bancos de la iglesia…

Salir de la religión es avanzar por fe para la mayoría de nosotros.

Isaías 48:8-11 RVC
8 Esto nunca antes lo habías oído ni conocido; antes de ahora no se había abierto tu oído, pues yo sabía que eres desobediente. Por eso te he llamado “rebelde desde antes de nacer”.
9 »Por causa de mi nombre, y porque está en juego mi alabanza, refrenaré mi enojo; me contendré para no destruirte.
10 Bien puedes ver que te he purificado, y no como a la plata; yo te elegí en el horno de la aflicción.
11 Lo hice por mí, por causa de mí mismo, para que mi nombre no sea profanado, pues no daré a ningún otro mi honra.

La historia nos muestra cómo fue purificada la idólatra Israel. El Espíritu de la Religión impone un sistema que termina destruyendo a las personas, prometiendo libertad las esclaviza más, y a la larga destruye lenta y dolorosamente su futuro, sus familias, sus proyectos de vida, su salud, los sumerge en problema tras problema y los encadena mental, emocional y físicamente. Lo he visto, podría dar nombres y sucesos. Y también he sufrido en carne propia su efecto. Estar bajo la influencia del Espíritu de Religión es en sí mismo un juicio, y sólo podemos salir de allí cuando Dios decide sacarnos.

El que ha atravesado el proceso y tiene las marcas en sí mismo no va a volver a él: allí tenemos un doloroso proceso de purificación, a veces demasiado difícil de entender para muchos cristianos que nunca logran salir de los sistemas babilónicos.

Es interesante aquí el tema de la elección, que para los cristianos implica salvación. Los judaizantes de Gálatas enfatizaban en esa elección a través de Israel, mientras que Pablo estaba intentando mostrar el nuevo y amplio panorama de la elección a través de la fe en Cristo. Pero en definitiva, la religión restringe de alguna manera, más sutil o más burda, el camino de la salvación o al menos la bendición (o ser “cristiano de primera” versus “cristiano de segunda”) a una serie de obras y dogmas; hacen más difícil el camino angosto, pero en apariencia porque en realidad desvían del verdadero camino.

Dios sigue siendo el centro y en todo el proceso Él vuelve a ocupar ese centro. No se nos debe olvidar nunca que el centro de la vida cristiana y de todo lo que la iglesia sea o vaya a ser, es Dios, nada hay superior a Él y nada escapa a Su control; los acontecimientos que precisamente parecen estar “fuera de control” no son más que parte del proceso divino, a veces doloroso, para purificar al mundo de los que ya no pueden ser rescatados y para purificar a los que sí.

Necesitamos volver sobre el modelo revelado de la Iglesia e implantarlo en esta Tierra en estos últimos tiempos, aunque la labor resulte mucho más difícil que antes. La carta a los Efesios constituye un mapa muy completo de esa Iglesia.

Danilo Sorti