domingo, 19 de febrero de 2023

846. La idolatría al estado

 

Apocalipsis 13:3-4 RVC

3 Una de sus cabezas parecía tener una herida mortal, pero su herida fue sanada. Toda la gente se llenó de asombro y siguió a la bestia,

4 y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y también a la bestia. Decían: «¿Quién puede compararse a la bestia? ¿Quién podrá luchar contra ella?»

 

Hace un tiempo atrás leí un concepto en un libro lo ocurrido en plandemia y más adelante que me resultó impactante, no tanto porque me hubiera resultado novedoso sino porque lo exponía con brevedad y claridad: lo que estábamos viviendo era, ni más ni menos, que la idolatría al estado, incluso de muchos cristianos.

 

La Biblia es clara:

 

Mateo 6:24 RVC

24 »Nadie puede servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.

 

Siempre solemos hacer una lectura superficial de este versículo y nos quedamos con la dicotomía Dios – Mamón (dios de las riquezas), pero frecuentemente olvidamos que ese contraste se basa en un principio superior: no se puede servir a dos amos; solamente uno es el que puede tener la última palabra en nosotros.

 

De otra forma está expresado esto en el más grande de los mandamientos:

 

Marcos 12:29-31 RVC

29 Jesús le respondió: «El más importante es: “Oye, Israel: el Señor, nuestro Dios, el Señor es uno.”

30 Y “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.”

31 El segundo en importancia es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento más importante que éstos.»

 

Si el máximo amor corresponde a Dios, no puede haber “otro amor” que compita con Él, ni por encima ni al lado. Ahora bien, cuando a Jesús le preguntan por el más grande de los mandamientos era porque estaban perdidos entre sus 613 mandamientos, precisamente porque no tenían el criterio adecuado para ordenarlos, es decir, categorizarlos. Jesús claramente no anuló la Ley y no dejó de cumplir con todos esos mandamientos en Su vida (una parte de ellos sigue siendo válida para nosotros hoy) ni mucho menos animó a Sus discípulos a desobedecerlos (los mandamientos de Dios, que no son lo mismo que los mandamientos humanos que habían puesto en ese entonces… y hoy también) sino que les dio el criterio correcto: a partir del primero todos los otros se acomodaban y se justificaban o no las excepciones.

 

Pero si escarbamos un poco más profundo, el verdadero problema es que tenían un corazón dividido entre “varios amores”, por eso no podían entender el orden de los mandamientos. Sencillamente, muchos problemas “intelectuales” en realidad son problemas emocionales o de lo profundo del corazón, no se trata de que “no entendemos”, se trata de que en lo profundo de nuestro ser “no queremos aceptar” tal o cual verdad.

 

Así, un corazón dividido en los hijos de Dios les impide entender ciertas verdades, por más montañas de argumentos que se amontonen.

 

Los judíos debían tener esto en claro, ya que Dios se encargó de dejarlo grabado a fuego por medio de Moisés:

 

Éxodo 20:2-10 RVC

2 «Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de la tierra de Egipto, donde vivías como esclavo.

3 »No tendrás dioses ajenos delante de mí.

4 »No te harás imagen, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

5 »No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte y celoso. Yo visito en los hijos la maldad de los padres que me aborrecen, hasta la tercera y cuarta generación,

6 pero trato con misericordia infinita a los que me aman y cumplen mis mandamientos.

7 »No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios, porque yo, el Señor, no consideraré inocente al que tome en vano mi nombre.

8 »Te acordarás del día de reposo, y lo santificarás.

9 Durante seis días trabajarás y harás toda tu obra,

10 pero el día séptimo es de reposo en honor del Señor tu Dios. No harás en él ningún trabajo. Ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que viva dentro de tus ciudades.

 

El concepto de amor no era tan “extendido” en ese entonces, pero está implícito en los tres primeros mandamientos. Lo opuesto a eso es la idolatría; que no se trata solo de “servir”, es decir, “rendir culto” a otros dioses, sino de amarlos literalmente.

 

Israel tuvo un duro conflicto con la idolatría a lo largo de su historia y parece que eso quedó completamente resuelto una vez que volvió Judá del cautiverio babilónico o las otras tribus dispersas pasaron por el proceso. Hacia el tiempo de Jesús era un tema cerrado ya para Israel.

 

La primera iglesia tuvo muchos cristianos de origen pagano en su seno, por lo que el problema de la idolatría cobró nueva relevancia, aunque el sustrato judío de esas congregaciones rápidamente pudo tratar con el tema. Así que resulta extraño lo que dice el apóstol Juan, en uno de los últimos escritos de todo el Nuevo Testamento, cuando ya los principios básicos del cristianismo habían sido establecidos:

 

1 Juan 5:21 RVC

21 Hijitos, manténganse apartados de los ídolos. Amén.

 

No resulta, empero, tan desubicado si lo relacionamos con el tema de la carta, el amor, y éste a su vez con lo que estuvimos diciendo más arriba en el texto. Aunque podían seguir teniendo problemas con los ídolos propiamente dichos, el principal problema que enfrentaría la cristiandad sería con los ídolos más sutiles, los que no se presentaban con estatuas colosales y rituales sangrientos.

 

El engaño, precisamente por ser tal, no avanza “de frente” sino “por el costado”, así, la idolatría no se va a presentar groseramente, sino de a poco. Esto significará ir cediendo el control de lo que le corresponde a Dios. Pero incluso es más sutil que eso, empieza con ceder nuestra libertad y autonomía, dadas por Dios a todo el género humano, al control de otro. El “ídolo” no se va a presentar como tal exigiendo adoración, sino que va a avanzar sobre el área de autoridad de Dios, y especialmente sobre la más voluble, nosotros mismos.

 

¿Qué puede ocupar el lugar de Dios en nuestra sociedad secularizada? Los ídolos representados en estatuas siguen siendo un muy buen atractivo, pero hay otro más sutil, tanto que muchos cristianos han caído en eso: la idolatría al gobierno. Cuando se ha secularizado la sociedad y se han “eliminado” los ídolos del pasado, cuando se ha sacado a Dios de la mente de las personas (sea por completo o sea a los fines prácticos), ¿qué queda “más grande” que uno? Las personas irremediablemente necesitan seguir a algo más grande que ellas, todos lo hacen, lo llamen como lo llamen. Si no es Dios, es el “dios estado”.

 

Las sociedades tienen una larga historia de adoración al estado, o a los dioses estatales que lo sostenían, o a sus emperadores que los representaban, o a los tres juntos, más frecuentemente. Creo que el hecho es tan conocido que no necesito mostrar los ejemplos bíblicos.

 

Pero bajo una herencia de principios cristianos y una democracia formal (pero nunca real), el estado hoy se ha disfrazado de tal forma que parece estar muy alejado de ese objeto idolátrico de tiempos muy pasados… o quizás no tan pasado… Todos los estados fascistas, de hace unas décadas atrás nomás, han revivido ese modelo, más modernizado, pero similar. Todos los estados de izquierda se encuentran en lo mismo, aunque mantengan una apariencia de “populares”. Y todo el proceso actual de los gobiernos tiende hacia esa concentración de poder, con una cáscara de democracia cada vez más tenue.

 

Tenemos el engaño de la historia reciente, por el cual mucha gente y muchos cristianos no logran darse cuenta de que nuestros estados rápidamente se están volviendo tiránicos y absolutistas, tal como será finalmente el modelo del Anticristo. Al requerir cada vez más obediencia y penetrar en las áreas que no les han sido dadas por Dios sino que nos las ha reservado a nosotros, se están transformando en “dioses” que exigen adoración.

 

Ninguno de los falsos dioses de la antigüedad, y del presente, ha sido adorado por un “amor puro y profundo”, ¡de ninguna manera! Todos sus adoradores en realidad esperaban, y esperan, conseguir beneficios de ellos; hay una “transacción espiritual”. Exactamente lo mismo pasa con el estado, y si no es beneficio, es por temor, en este caso, hay que “aplacar al dios estado” para que no se enfurezca con nosotros y nos recorte beneficios. Lo mismo que pasó con la plandemia: había que aplacar al “dios virus” (que de hecho, nadie había aislado ni lo han hecho aún), que nadie veía ni ve, pero cuya ira podía encenderse de repente si no se cumplían con las normas que sus sacerdotes de batas blandas dictaban.

 

Al borrar a Dios de sus mentes, sea de palabra, como los ateos o agnósticos, o sea de hecho, como tantísimos cristianos para los que Dios sigue siendo alguien medio desconocido “allá arriba” pero que no tiene mucho que ver con el “acá abajo”, han terminado adorando al estado.

 

Me dirán que hay muchos que, sin necesariamente ser cristianos o religiosos en particular, no adoran al estado, y es cierto. Muchos de ellos, principalmente ellos, son los que no han caído en el engaño plandémico. Pero si ahondamos un poquito encontraremos que todos ellos están basados en la “Ley Natural”, que en el fondo, no es más que la expresión de la Ley que Dios dejó para todos los hombres. Quizás no tienen un enfoque en el Dios revelado en la Biblia, pero sí que lo tienen en el Dios revelado en la Creación.

 

Esta idolatría, que ha penetrado profundamente en los círculos cristianos más fieles, es la gran lucha que tenemos por delante. Por ahora permanece difusa, y así lo será para muchos hasta que aparezca el Personaje que ya sabemos… pero para entonces será demasiado tarde para demasiadas personas.

 

 

Danilo Sorti

845. En el tiempo señalado – XII: amar y odiar

 

Eclesiastés 3:8 RVC

8 el momento de amar, y el momento de odiar; el momento de hacer la guerra, y el momento de hacer la paz.

 

Podemos entender fácilmente que hay gente o cosas que podemos amar u odiar, con las que podemos estar en paz o en guerra. Más difícil nos resulta entender que para cada una de esas acciones también hay un tiempo.

 

En este tiempo cuando la misericordia se ha exagerado, se supone que debemos “amar a todos”, pero Dios mismo no lo hace y no lo ha hecho nunca. También se supone que debemos expresar ese amor siempre, pero tampoco es el caso.

 

Isaías 30:18 RVC

18 Por lo tanto, el Señor esperará un poco y tendrá piedad de ustedes, y por eso será exaltado por la misericordia que tendrá de ustedes. Ciertamente el Señor es un Dios justo; ¡dichosos todos los que confían en él!

 

El principal objetivo del Señor no es que vivamos bien y felices en esta tierra, sino que seamos perfeccionados para la eternidad, por eso, no siempre nos manifestará expresamente Su amor, sino que a veces “esperará un poco” y permitirá que suframos o pasemos por dificultades… y a veces será “más que un poco” porque Él estará esperando a que realicemos los cambios que debemos hacer.

 

Y es que de la misma manera que toda esta sección de Eclesiastés no exhorta a saber hacer lo correcto en el tiempo correcto, también nos advierte que Dios INEVITABLEMENTE hará lo correcto en el tiempo correcto, lo sepamos o no, nos guste o no.

 

De la misma forma, somos instruidos a amar, o quizás sea mejor dicho, “expresar nuestro amor” en el momento correcto y expresar nuestro odio, o rechazo, también en el momento correcto.

 

Sabemos que tanto el amor como el odio no son sentimientos que en una persona madura cambien de un día para el otro. Podemos fácilmente amar u odiar determinadas acciones, ideas, palabras, actitudes, que pueden estar (y están) en una misma persona; en esos casos debemos expresar nuestro sentimiento con claridad, debe ser así para ayudar al otro a corregir lo deficiente.

 

No vamos a cambiar nuestro sentimiento hacia una persona de un día para otro, en tiempos normales no es algo que ocurra, incluso, en el lapso de nuestra vida. Sin embargo, ya no estamos en esos tiempos, y la gente rápidamente está siendo dividida en dos grupos, sin ya casi nada intermedio. Aquellos que se esfuerzan en conservar su humanidad serán perfeccionados y cada vez más objetos del amor de Dios y de unos hacia otros, aquellos que han decidido obedecer al “dios estado” antes que al Creador verán como esa Imagen será borrada cada vez más de ellos. Muchos de los que antes eran nuestros amados habrán perdido ya toda cualidad buena y deberemos aborrecer en lo que se habrán convertido.

 

Todos los que estamos vivos hoy y seguimos siendo humanos tendremos que enfrentarnos dramáticamente con este pasaje de Eclesiastés porque deberemos “odiar” a muchos de los que antes habremos amado. Pero, ¿no se supone que eso debimos haberlo hecho, en un sentido, ya?

 

Lucas 14:25-27 RV60

25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:

26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

 

La palabra traducida por “amar” tiene también los sentidos de: tener afecto (sexual o de otro tipo) por, amado, amador, amante, amar, amigo, amor, deleitar, enamorado, enamorar, gustar, querer. Mientras que “odiar” también implica: aborrecer (personalmente): aborrecedor, aborrecer, aversión, contrario, enemigo, enemistad, menospreciar, odiada, odiar, odioso. Así que ambas abarcar un amplio espectro de significados, por lo que su aplicación también es amplia, tanto desde lo más profundo hacia lo más superficial.

 

De todas formas, amar y odiar son sentimientos muy profundos, quizás los más profundos que haya en nuestro corazón. Tanto es así que el Señor lo dejó muy en claro:

 

Mateo 22:37-40 RVC

37 Jesús le respondió: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.”

38 Éste es el primero y más importante mandamiento.

39 Y el segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

40 De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.»

 

Y también:

 

Mateo 6:24 RVC

24 »Nadie puede servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.

 

La esencia del Reino de Dios y la esencia de nuestra salvación NO ES ni el conocimiento, ni la obediencia ni mucho menos una serie de ritos u observancias correctas, sino el AMOR. Y no hay varios lugares para el amor en nuestros corazones; o amamos a Dios por sobre todo, o no lo amamos. Y cuando nos ponemos a escarbar un poco resulta que nos encontramos con tantos “amores” que no deberían estar en nuestro interior…

 

Así que esta última línea de la sección nos lleva hacia los sentimientos más profundos y hacia aquello que decididamente está por completo en nuestro control. Progresivamente, desde el versículo 2 al 8 el escritor va profundizando cada vez más en las acciones y sentimientos que terminan dependiendo por completo de nosotros. Sobre el momento del nacimiento y de la muerte no tenemos control, pero sobre el amor y el odio tenemos todo el control, dependen de nosotros y, de hecho, es quizás lo único que realmente podemos hacer nosotros y nadie más. Por lo tanto, llega a entender esta dimensión y poder entregársela a Dios para que sea Él quien determine los momentos claves, implica tanto una rendición a Su soberanía como, PRINCIPALMENTE, haber entendido Su amor y Su cuidado tan profundo que hayamos podido descansar por completo en lo que Él hace, por más extraño que nos parezca, tal como el Hijo:

 

Lucas 23:46 RVC

46 En ese momento Jesús clamó a gran voz, y dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.» Y después de haber dicho esto, expiró.

 

Pero el sentimiento debe expresarse en acciones, y eso es lo que viene a continuación: un tiempo de guerra y un tiempo de paz. Algunos no pueden vivir si no están en guerra contra todo y todos, otros no quieren saber nada con el conflicto y buscan la paz a toda costa, otros pelean con quien no tienen que pelear y están en paz con quien deberían estar en guerra… y otros no tienen ni idea de qué hacer, técnicamente no están en guerra porque ya se han rendido al enemigo…

 

En el mundo de hoy claramente no hay espacio neutral, nunca lo hubo de hecho, pero los bandos no estuvieron tan definidos como ahora. Estar en paz con un Reino implica estar en guerra con el otro reino. No podemos no estar en guerra contra el reino de las tinieblas porque ese conflicto lo declaró Dios mismo y no cesará hasta el final de los tiempos.

 

Génesis 3:15 RVC

15 Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón.»

 

Hay una guerra entre dos linajes, si no estamos atentos, estamos engañados. Pero a nadie le resulta fácil la guerra, exige un gran esfuerzo material, económico y mental.

 

Guerra y paz se basan tanto en el amor como en el odio (rechazo). Porque amamos la justicia y la verdad del Reino de Dios es que odiamos al reino de las tinieblas y estamos en guerra con éste, para rescatar todo lo que ha robado. Lo opuesto también es cierto, ¡no sea cosa que, queriendo hacer el bien, nos encontremos luchando contra Dios y Sus planes!

 

Aunque esta guerra ha existido desde el principio y hoy se ha intensificado tanto que es imposible no participar en ella, hay muchas batallas que nos pueden exigir en determinados momentos hacer la guerra o hacer la paz.

 

POR OTRO LADO, Y MUY IMPORTANTE, hay que saber que no siempre podemos “ir a la guerra”, ni menos aún, luchar “contra todo y contra todos”. Para algunos esta es una verdad difícil de aprender y más difícil de aceptar. Sencillamente, no tenemos ni la fuerza, ni los recursos ni la preparación para hacerlo. Aunque nunca dejemos de estar contra la injusticia y la mentira que hoy imperan, habrá batallas que no podremos pelear, así que tendremos que firmar una “tensa paz”, no porque sea lo correcto, sino porque simplemente, no podemos luchar en este tiempo. Solo es posible cuando entendemos que Dios sigue al control y Él sabe qué hacer. Si no somos nosotros, Él ya tiene preparados a otros soldados, mientras nosotros somos sanados y equipados para una próxima lucha.

 

Si tratamos de pelear más de lo debido, sencillamente nos desgastamos y a la larga terminamos presos del desánimo y el agotamiento, otra de las divisiones del ejército infernal, con la cual inutiliza a muchos buenos guerreros.

 

Así que con esta última línea concluye el Espíritu mostrándonos que “debajo del sol”, todo lo que podamos imaginar tiene un tiempo oportuno.

 

 

Danilo Sorti

844. En el tiempo señalado – XI: romper y coser

 

Eclesiastés 3:7 RVC

7 el momento de romper, y el momento de coser; el momento de callar, y el momento de hablar;

 

La palabra que se traduce por “romper” es “rasgar”, lo cual nos lleva al sentido de “rasgarse las vestiduras”, acción pública que expresaba una profunda indignación por algún dicho o hecho. Creo que el verdadero sentido debe interpretarse en relación con “callar y hablar”; es decir, lo que tiene que ver con las expresiones públicas.

 

La expresión “rasgarse las vestiduras” ha adquirido una connotación bastante negativa con el paso del tiempo, indicando hipocresía de quien lo hace. No fue así en sus orígenes. Tengamos en cuenta que la ropa ha sido siempre un objeto muy costoso y es solo en tiempos modernos que se ha vuelto (relativamente) accesible.

 

Uno se rasgaba las vestiduras para indicar un profundo dolor, tanto que lo había “partido por dentro”. El dolor iba unido a la indignación, y al “rasgarse” uno mostraba ante toda la sociedad lo que estaba pasando en su interior, ¿para recibir consuelo, aliviar la pena, dar un mensaje respecto de lo que “no debía ser”, anunciar una injusticia? Todo eso junto.

 

Como mensaje era muy fuerte y la comunidad no podía permanecer indiferente ante el hecho. Había que consolar al sufriente, que no podía llevar la carga solo y aislado del resto, y había que reparar la injusticia, si era posible. Nadie podía “dejar de escuchar” este mensaje “sin palabras”, y nadie podía permanecer indiferente.

 

Por supuesto, uno no se rasgaba las vestiduras por cualquier situación, ni tampoco era algo de un día. La misma ropa se usaba mucho tiempo, así que las personas seguirían con su ropa rasgada por unos cuantos días, de tal forma que toda la comunidad se enterara de lo sucedido.

 

Habrá un tiempo en el que nuestra comunidad cercana tendrá que saber el dolor que estamos pasando y necesitaremos recibir su consuelo y su ayuda, si es posible, para reparar la injusticia. Es el momento en el que debo requerir a la comunidad que me preste atención “a mí”, y la comunidad deberá hacerlo.

 

Y también habrá un tiempo en el que sea necesario coser la ropa rasgada, porque ya no es necesario o conveniente seguir publicando ese dolor.

 

Tenemos en nuestro país el triste ejemplo de diversas organizaciones autoproclamadas de “Derechos Humanos” que han tomado determinadas causas (a veces justas, a veces parcialmente justas y a veces totalmente falsas) y han “rasgado sus vestiduras” gritando “su” dolor a los cuatro vientos. Pero nunca han cosido esas rasgaduras y se transformaron en vientres de odio que han llegado a parir generaciones infectadas por sus mentiras y su odio, por supuesto, totalmente funcionales a la línea política a la que adscriben. De hecho, en la esencia del pensamiento marxista y neomarxista se encuentra este principio.

 

Lo mismo que vale a nivel comunitario vale a nivel personal: habrá un tiempo en el que deberemos permitirnos “ser rasgados” y expresar todo nuestro dolor y angustia, y buscar la ayuda necesaria. Habrá un tiempo en el que deberemos cerrar la herida.

 

Hebreos 12:15 RVC

15 Tengan cuidado. No vayan a perderse la gracia de Dios; no dejen brotar ninguna raíz de amargura, pues podría estorbarles y hacer que muchos se contaminen con ella.

 

Toda raíz de amargura tiene el potencial de contaminar a muchos.

 

Santiago 3:11 RVC

11 ¿Acaso de una misma fuente puede brotar agua dulce y agua amarga?

 

Y si no se cierra completamente, va a seguir apareciendo en todo lo que digamos y hagamos.

 

Es inevitable el dolor y la amargura, precisamente por eso mientras más rápido y mejor los procesemos y los tratemos, más rápido y mejor podremos “coser la rasgadura”.

 

En íntima relación con eso pero más general tenemos los tiempos de “hablar y callar”.

 

Habría muchísimo para decir aquí, y creo que el concepto es bastante conocido por todos. Pero veamos algunos casos “extremos”:

 

Juan 16:12-13 RVC

12 »Aún tengo muchas cosas que decirles, pero ahora no las pueden sobrellevar.

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que habrán de venir.

 

Aún la verdad dicha en oídos receptivos tiene una medida. Había muchísimas cosas muy serias e importantes que ellos debían saber, pero no era el momento. Jesús no fue deshonesto con ellos, al contrario, les garantizó que seguirían escuchando Su voz a través del Espíritu, pero “calló” lo que en ese momento no podían recibir.

 

Hechos 16:6-10 RVC

6 Como el Espíritu Santo no les permitió proclamar la palabra en Asia, ellos se limitaron a atravesar Frigia y la provincia de Galacia.

7 Cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu tampoco se lo permitió.

8 Entonces dejaron de lado a Misia y llegaron a Troas.

9 Allí, una noche Pablo tuvo una visión, en la que veía ante él a un varón macedonio, que suplicante le decía: «Pasa a Macedonia, y ayúdanos.»

10 Después de que Pablo tuvo la visión, enseguida nos dispusimos a partir hacia Macedonia, pues estábamos seguros de que Dios nos estaba llamando a anunciarles el evangelio.

 

Algunos años después hubo en la provincia de Asia (actual Turquía) un avivamiento que llegó a trastornar incluso el negocio de los orfebres que hacían réplicas del templo de Diana, pero justo en el tiempo del capítulo 16 no era la oportunidad de hablar, porque había otras ciudades que estaban dispuestas a escuchar.

 

Hechos 16:25-33 RVC

25 A la medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, mientras los presos los escuchaban.

26 De pronto hubo un terremoto, tan violento que los cimientos de la cárcel se estremecieron. Al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.

27 El carcelero despertó, y cuando vio abiertas las puertas de la cárcel, sacó su espada y quiso matarse, pues pensaba que los presos habían huido.

28 Pero con fuerte voz Pablo le dijo: «¡No te hagas ningún daño, que todos estamos aquí!»

29 Entonces el carcelero pidió una luz y, temblando de miedo, corrió hacia dentro y se echó a los pies de Pablo y de Silas;

30 luego los sacó y les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?»

31 Ellos le dijeron: «Cree en el Señor Jesucristo, y se salvarán tú y tu familia.»

32 Y les hablaron de la palabra del Señor a él y a toda su familia.

33 A esas horas de la noche el carcelero los tomó y les lavó las heridas, y luego él y toda su familia fueron bautizados;

 

El mismo que unas horas antes los había metido en lo más profundo y hediondo de la cárcel ¡ahora estaba totalmente abierto para escuchar el Evangelio! Ahora sí era el momento en que Pablo hablara.

 

Hay situaciones externas que los habilitan o no para hablar, hay posiciones del corazón de las personas, y hay cuestiones internas que nos capacitan o no. De la misma manera, Dios tiene tiempos en los cuales puede hablarnos determinadas cosas y tiempos en los que no… solo que ahí somos nosotros los que tenemos buena parte del control de esos momentos…

 

 

Danilo Sorti

843. En el tiempo señalado – X: buscar y perder II

 

Cuando hablamos de traumas necesariamente hablamos de pérdidas, tanto en un sentido material como sentimental o simbólico, real o imaginada pero pérdida al fin. Por lo tanto, un “tiempo para perder” también resulta muy difícil de aceptar desde lo profundo de nuestro inconsciente.

 

Es por eso que necesitamos aplicar sanidad allí, y entender que hay tiempos en los que es necesario perder, o al menos muy difícil “no perder”, tiene el potencial de “hacernos perder” una gran carga de culpa innecesaria, y en todo caso, dejarnos solamente con la parte de responsabilidad que sí nos corresponde. Podemos trabajar con eso y solucionarlo para un futuro, pero no podemos trabajar con una carga enorme e indebida, más bien, debemos “perderla” en el camino.

 

No todas las pérdidas del pasado fueron necesarias o justas, pero unas cuantas sí, por lo que al traer luz podemos separar unas de otras, salir del inmovilismo y retomar nuestro crecimiento en la fe.

 

¿Cuándo se trata de un “robo” y cuándo de una pérdida? No es lo mismo, obviamente necesitamos discernimiento espiritual aquí. Aún los “robos” (por ejemplo, cuando se nos roba una bendición, una promesa o una oportunidad), o quizás los “secuestros”, pueden ser permitidos con un propósito, y una vez cumplido, podemos “recuperar” lo quitado. Cuando se trata de una pérdida que el Señor mismo ha permitido en Sus propósitos, más vale dejémoslo quieto…

 

La segunda pareja del versículo 6 habla de “guardar y desechar”. El concepto es similar pero no igual. Hay algo que tenemos (sea que lo hayamos buscado o se nos haya dado sin buscarlo), podemos “guardarlo” o podemos “desecharlo”.

 

Está clara la aplicación en relación con los objetos materiales. Al momento de escribir este artículo estamos entrando en las vacaciones, así que es la época en la que normalmente hacemos una revisión de papeles, papelotes y papelitos, que en casa tienen la habilidad de multiplicarse y tener cría ¡a pesar del estricto control de natalidad que ejercemos sobre ellos! Y creo que todas las familias tienen dinámicas similares, cada uno con sus propios “acumulables”. De hecho, hemos visto programas en algunos canales que tratan con los acumuladores compulsivos.

 

Pero puede no estar tan clara la aplicación de este mismo concepto a cuestiones más inmateriales. ¿Todos los conocimientos deben “acumularse”? Bueno, en cierto sentido es imposible deshacerse de ellos, el cerebro tiene la capacidad para recordarlos, pero en otro sentido podemos tenerlos presentes y activos, o bien podemos desecharlos al estantes de conocimientos viejos, inútiles o falsos.

 

De hecho, ser transformados en nuestra mente, ser santificados, transformados, requiere NECESARIA Y OBLIGATORIAMENTE que desechemos muchos pensamientos, actitudes e incluso conocimientos, que pasan a ser el recuerdo de la “vieja vida” y la brújula que apunta hacia donde no vamos a volver.

 

Lo mismo pasa con muchos conocimientos científicos, o incluso comunes. Algo de lo que nos dejó la plandemia pasada es el descubrimiento de cuánta mentira alberga la ciencia que se difunde masivamente, y también hacia su interior. Para los científicos y profesionales que vienen despertando a todas esas construcciones masivas, descartar cúmulos de conocimientos acumulados durante largos años de estudio es un proceso necesario. Para las personas que no vienen de esos ámbitos, pero tienen una serie de conocimientos científicos básicos, transmitidos en la escuela o por los medios masivos de manipulación, es lo mismo.

 

Perder es algo que no está necesariamente bajo nuestro control. En todo caso, podemos aferrarnos y luchar para no perder, lo cual será loable cuando no hay que perder. Desechar es algo voluntario. Guardar también lo es.

 

El hecho de guardar tiene mucho de natural en nosotros, pero no necesariamente. Guardar implica un esfuerzo, se requiere hacer un espacio (literal o figurado) y luego mantener lo guardado. Llega un momento en el que ya no estamos tan entusiasmados por “guardar todo”, más bien lo contrario. Sin embargo, aún en esos tiempos puede ser necesario seguir guardando.

 

Y el otro tema es ¿guardar para qué? A veces podrá estar claro y a veces no, será simplemente un acto de obediencia a una directiva divina; tendremos que acumular ciertos recursos, conocimientos o contactos que no parecen tener una utilidad o propósito en el corto plazo pero sin dudas lo tendrán más adelante.

 

El versículo 6 nos previene también contra las actitudes extremas en relación al dinero y los recursos. Dependiendo de qué pasajes bíblicos se mire, uno puede “justificar” la tendencia tanto a despojarse más de lo debido como a guardar más de lo debido. Como siempre, un tema tan complejo como el manejo del dinero, la riqueza y los recursos, no puede resumirse a un par de versículos. Aquí tenemos otro equilibrio que requiere ahondar en cada tiempo preciso.

 

 

Danilo Sorti

842. En el tiempo señalado – IX: buscar y perder

 

Eclesiastés 3:6 RVC

6 el momento de buscar, y el momento de perder; el momento de guardar, y el momento de desechar;

 

Creo que este pasaje está muy relacionado con el anterior, solo que lleva el tema a un plano más general. “Buscar y perder”, “guardar y desechar”; dan la misma idea que el versículo 5 pero en relación a cualquier cosa que sea posible de “buscar o perder”, de “guardar o desechar”.

 

Es un poco extraño pensar que hay un “tiempo de buscar”, normalmente somos enseñados a estar continuamente alerta a las oportunidades; basados en la dinámica emprendedora, uno debería estar siempre buscando lo que necesita para sus proyectos porque no sabe dónde ni cuándo aparecerán esos recursos. Sin embargo, Eclesiastés parece ir en un sentido contrario…

 

En el fondo, subyace la cuestión de si “somos nosotros” los que encontramos las oportunidades, o es en realidad Dios quien nos las envía en el momento preciso. Si todo depende de nosotros, es claro que no podemos dejar de estar alertas a cada instante. Si Dios sigue al control, tampoco debemos “hacer la plancha” pero no necesitamos estar en tensión continua. Esto es lo que quiso decir el Señor:

 

Lucas 12:29 RV95

29 Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud,

 

Justamente la palabra que se traduce por “preocuparse” también tiene el sentido de “buscar”, “procurar”. Quizás de todos los pares de opuestos que menciona la sección, la que más difícilmente podamos ubicar en “un tiempo” y no “fuera de él”, sea esto: buscar y perder.

 

Entonces, no se trata de que no haya que buscar o esforzarse por encontrar, sino de entender cuáles son los tiempos propicios, cuándo se puede buscar porque hay algo para encontrar y cuándo no hay nada para encontrar o bien los obstáculos son tan grandes que no vale la pena el esfuerzo. Recordemos: cuando hacemos algo, no hacemos lo otro… Si nuestra mente y atención están concentradas en buscar “eso” (porque no buscamos cualquier cosa, buscamos “eso”, en todo caso, “eso, esto y aquello”, pero no mucho más) no puede estar concentrada en hacer otra cosa, que seguramente podría desarrollarse mucho más fácil y exitosamente en ese momento.

 

Eclesiastés no nos dice cuáles son esos tiempos, en rigor, nos exhorta a entender que hay tiempos. Creo que su perspectiva “debajo del sol” no le permite comprender claramente cuándo debe ocurrir cada cosa, pero si vamos al principio de todo nos encontramos con lo siguiente:

 

Génesis 1:14,15 DHH

14-15 Entonces Dios dijo: “Que haya luces en la bóveda celeste, que alumbren la tierra y separen el día de la noche, y que sirvan también para señalar los días, los años y las fechas especiales.

Y así fue.

 

Hay momentos que Dios dejó marcados en los cielos. Los ángeles caídos han hecho su morada en muchos de estos cuerpos celestes y en cierto sentido han corrompido esto a través de una especie de adivinación mediante las estrellas y los planetas, pero ese no es el diseño original del Creador. De hecho, el nacimiento del Mesías fue señalado por nueve conjunciones astronómicas que ocurrieron en el tiempo preciso y en el lugar preciso, con una posibilidad de una en quinientos millones de años de repetirse. Sé que el tema es complicado y no voy a explayarme en él, necesita ser redimido, sin dudas.

 

Por otro lado, para los hijos de Dios hay un recurso mucho más claro y accesible:

 

Juan 16:13 RVC

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que habrán de venir.

 

Pero también se nos advierte de algo:

 

Mateo 7:7-11 RVC

7 »Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá.

8 Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama, se le abre.

9 ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra?

10 ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente?

11 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan!

 

Notemos que nueve veces se nos insta a pedir con la seguridad de recibir. ¿Por qué no pedir la sabiduría para entender los tiempos propicios para cada acción?

 

Y algo que necesitamos pedir, pero normalmente no somos conscientes, es la sabiduría para entender el tiempo para buscar y el tiempo para abstenernos de buscar… así como el tiempo para perder.

 

Perder es algo más complicado aún. La palabra en hebreo tiene varias acepciones, desde lo más suave, similar al uso de “perder” en castellano, hasta la destrucción o perdición eterna. Sin embargo, el sentido preferido aquí tiene que ver con “perder” en contraposición con “buscar”.

 

Por lo pronto, “perder” tiene una connotación tan negativa en nuestros idiomas, e incluso en la Biblia misma, que no podemos pensar en algo bueno que implique “perder”, por más de que el contexto de esta sección así parece exigirlo (es decir, si “hay un tiempo” para cada cosa, es porque cada una de esas cosas son necesarias). ¿Puede haber algo bueno en “perder”?

 

Salmos 119:71 DHH

71 Me hizo bien haber sido humillado,

pues así aprendí tus leyes.

 

Y sí, puede haberlo. Cuando sufrimos pérdidas necesitamos volvernos a Dios en humildad, y aunque el propósito no sea agradable ni bueno, el resultado sí lo es.

 

Por otro lado, hay una realidad muy práctica:

 

Lucas 10:1-4 RVC

1 Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos, y de dos en dos los envió delante de él a todas las ciudades y lugares adonde él tenía que ir.

2 Les dijo: «Ciertamente, es mucha la mies, pero son pocos los segadores. Por tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies.

3 Y ustedes, pónganse en camino. Pero tengan en cuenta que yo los envío como a corderos en medio de lobos.

4 No lleven bolsa, ni alforja, ni calzado; ni se detengan en el camino a saludar a nadie.

 

Notemos el versículo 4: “no lleven” y “no saluden” (¡y eso podía implicar PERDER amigos!)

 

Y veamos también:

 

Hebreos 12:1 RVC

1 Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

 

Y también:

 

Mateo 11:29-30 RVC

29 Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma;

30 porque mi yugo es fácil, y mi carga es liviana.»

 

Perder no es malo cuando se trata de despojarnos de cargas innecesarias. Dado que tenemos la tendencia a acumular más de lo debido, y a cargarnos con más responsabilidades o preocupaciones de las que debemos (o más bien, CON las que no debemos), perder de vez en cuando lo que nunca debimos tener, o lo que sirvió solo en el pasado, no viene nada mal. Al contrario, es una bendición.

 

Como perder es un proceso doloroso, instintivamente no queremos que ocurra. Biológicamente estamos preparados para acumular y no perder, ya que en el ambiente natural el alimento y los recursos no sobreabundan, y los seres vivos deben aprovecharlos cuando se encuentran. Eso está muy bien para los organismos en la naturaleza, pero no necesariamente para nosotros hoy día.

 

Seguimos charlando sobre el tema en el próximo artículo.

 

 

Danilo Sorti