lunes, 4 de junio de 2018

494. El Sermón del Monte – VI ¡Houston, tenemos un problema! ¿quién está al control?


Mateo 5:16 RVC
16 De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.


a)     ¿Ser o no ser?

Antes de seguir deberíamos ser muy sinceros con los versículos que comentamos en el artículo anterior, ¿cómo es posible que seamos “sal”, “luz” y la ciudad de la presencia de Dios cuando todo alrededor dice exactamente lo contrario?

Bueno, aclaremos que hay una primera respuesta muy evidente: Jesús no está hablando a todos, ni siquiera a todos los de Su Pueblo, que eran los comisionados para llevar la luz de la salvación. En realidad el concepto de “remanente”, que hemos discutido en otro artículo, es el que mejor se aplica al caso: ¿son pocos? Sí, siempre son pocos. Así que no debemos esperar que la mayoría del mundo, que no quiere saber nada con eso de ser “sal”, “luz” y “ciudad santa”, traiga la presencia de Dios.

Es más, los tres símbolos usados claramente nos muestran algo que muy bien puede ser “pequeño” en comparación con el resto: la sal podía llegar a ellos en sacos y luego era distribuida, solamente se usaba una pequeña cantidad en las comidas (aunque, como vimos, los romanos muy bien podían tener problemas de hipertensión), la luz del sol ilumina todo, pero si tomamos el ejemplo de la luz que se enciende y se pone en alto, tenemos una vela o una lámpara de aceite, pequeña siempre en comparación con la habitación donde está. Y la ciudad, a pesar de ser obviamente mucho más grande, es pequeña en comparación con el territorio de un país.

Así que el mismo simbolismo nos aclara que estos que escuchan son pocos en comparación al mundo al que deben testificar. Pero, de la misma forma que un poco de sal puede dar sabor a toda una olla, o una lámpara iluminar una habitación, o una ciudad amurallada defender a todo un país, esos pocos pueden hacer mucho.

Sí, somos lo que Dios ha dicho que somos y tenemos un poder espiritual mucho más grande que el que normalmente imaginamos, pero eso no significa que el resto del mundo acepte lo que anunciamos. Pero sí significa que, mientras estemos aquí, Satanás estará limitado en su accionar, por nuestros hechos, palabras o aún por nuestra sola presencia, sólo por nuestra vida en obediencia al Señor, por más que las obras que podamos hacer sean mínimas.

Somos, pero eso no significa que todo el mundo lo sea.


b)    Satanás nos necesita

Pero las palabras de Jesús tienen una implicación insólita: ¡Satanás necesita que estemos aquí! Cuando pensamos un poco, es fácil darse cuenta por qué: él, junto con todos sus seguidores, perdió el derecho legal sobre la creación, por eso lo usurpo a Adán, y a partir de ahí, mantiene el engaño para seguir manteniendo derechos legales sobre la Tierra y las personas; que por otra parte no son absolutos ni perpetuos, por lo tanto debe mantener y acrecentar el engaño para seguir manifestándose sobre el planeta.

Ahora bien, si toda una sociedad se aparta completamente de Dios la destrucción le espera a la vuelta de la esquina. Por un lado, el pecado de esa sociedad exige el juicio divino, por otro, se vuelve completamente disfuncional, autodestruyéndose. Si la Vida que viene de Dios y se manifiesta poderosamente a través de Sus hijos no está en una comunidad, ¿cómo puede seguir existiendo? ¿Por qué razón Dios permitiría que siga, si no cumple ya ninguna función para el Reino? A Satanás se le “dieron” los reinos del mundo, es cierto, pero en parte y solo en la medida que le sea permitido por Dios, quien los entregó a Jesucristo, el Hijo del Hombre que ganó el derecho sobre todos ellos.

En medio de esa situación usurpada, Dios llama y cuida a Sus hijos, y por eso permite que buena parte del sistema pecaminoso del mundo siga existiendo, porque de allí rescata a los que serán salvos y es ese mismo sistema el que sigue sosteniendo la vida de Sus hijos. Y, además, suben oraciones a Su Presencia que detienen Su mano de ira, los clamores de Sus fieles.

En ese estado de situación, en el que los santos impiden que el mundo se vaya definitivamente “al tacho”, Satanás puede seguir haciendo de las suyas, aprovechando la bendición temporal que Dios permite, e incluso más, aprovechando la vida que Dios pone en Su Creación y especialmente en Sus hijos.

Satanás nos necesita y nos necesitó siempre, él perdió la fuente de la Vida y la única forma que tiene de seguir haciendo cosas y manteniendo sus reinos es “chupando” la vida que Dios da a Su creación y Sus hijos. La paradoja que enfrenta es que esos mismos a los que necesita son los que impiden el progreso de su reino, y cuando ellos sean quitados, sólo tendrá un breve tiempo de victoria, viviendo del “resto de vida” acumulado que haya almacenado, y siendo sujeto del devastador juicio divino.


c)     La esclavitud en sus múltiples formas: absorbiendo la vida de otros

Romanos 6:17 RVC
17 Pero gracias a Dios que, aunque ustedes eran esclavos del pecado, han obedecido de corazón al modelo de enseñanza que han recibido,

La esclavitud hacia el pecado y que nos causa el pecado es uno de los temas más básicos de la doctrina cristiana. La esclavitud, como forma de organización social, empezó al inicio del “imperio”, probablemente con el oscuro Nimrod. Pensamos en ella en términos de pérdida de la libertad para decidir, y es cierto, pero no siempre nos damos cuenta de que también implica “estar a disposición de”, “trabajar para”, es decir, ser usado para el provecho de otro; puede leerse algún reporte de la moderna esclavitud para entender perfectamente este asunto.

La principal, no la única, razón de la esclavitud en el pasado y el presente es aprovechar la fuerza de trabajo por el mínimo costo. Satanás necesita de nosotros, necesita tener en sus empresas empleados fieles y honestos, eficientes y bendecidos. Necesita que en la sociedad haya líderes honestos, aunque no demasiados. Necesita que haya “remansos de paz” para que la gente no se rebele en masa contra él, no hasta que la Iglesia fiel haya sido quitada y él piense que podrá hacer lo que quiera por siempre.

Por eso, cuando escucho predicaciones en donde se insta a los cristianos a ser buenos y obedientes ciudadanos, fieles empleados y para nada rebeldes al sistema social y político, no puedo evitar que se me revuelvan las tripas. Por supuesto que hay parte de verdad allí, pero también hay un engaño terrible, ¡en ningún momento hemos sido llamados a ser “buenos engranajes del sistema mundo”! Aunque no se nos ha llamado a organizar una revuelta civil ni a constituir un reino en esta Tierra, tampoco se nos ha llamado a ser buenos, y ciegos, burros de trabajo.

Ninguna empresa es perfecta, pero en algunas están más cerca de la voluntad de Dios. No todas las leyes son justas; la única ley que debemos obedecer sí o sí es la de Dios, y a las humanas solo si se encuadran con ella. No debemos bendecir a cualquier autoridad o líder, ¡de ninguna manera!, muchos han bendecido demonios disfrazados así.

Si bien no traeremos nosotros el Reino político a la Tierra, tampoco se supone que debamos ser fieles colaboradores de los planes de Satanás. Imposible es que no estemos trabajando en alguno de los engranajes contaminados del mundo, pero es muy posible hacer que algunos de ellos “giren al revés” de lo que el Adversario quiere.


d)    Libertad y liberación

Una gran corriente teológica, principalmente católica, en Latinoamérica, ha propugnado por la liberación política, haciendo un recorte por demás de evidente de las Escrituras. Sin embargo, han expresado un clamor tanto del pueblo como del Espíritu mismo.

Hoy y ahora tenemos la liberación espiritual disponible para todos; hay un tiempo todavía futuro en que vendrá la liberación política, sin embargo, la libertad del pecado también debe significar libertad de trabajar bajo el yugo de este mundo. Hecho paradójico: trabajamos en el mundo, somos llamados a él, pero libres de él. Sólo se explica por la provisión divina.

Dios sigue al control, aunque por ahora permita que el Adversario mantenga un poder aparentemente total. Pero en este mundo podemos vivir de la provisión divina, sin necesidad de someternos a la esclavitud del sistema.


Danilo Sorti


493. El Sermón del Monte – V ¿Qué es ser “sal, luz y monte”?


Mateo 5:13-16 RVC
13 »Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo volverá a ser salada? Ya no servirá para nada, sino para ser arrojada a la calle y pisoteada por la gente.
14 »Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
15 Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa.
16 De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.


a)     Sal

Los conocidos versículos que leímos siguen a continuación de las bienaventuranzas; podemos tomarlos de manera “independiente”, como si el Sermón del Monte fuera una recopilación de discursos dados por Jesús, o porciones selectas de una enseñanza mucho más larga, y tratar de buscar el significado de “sal y luz” en otros lugares de la Biblia. Por cierto que son simbolismos (más bien, realidades espirituales) con un amplio uso en las Escrituras y no parece tan equivocado estudiarlos así. Pero el principio más básico de interpretación bíblica nos requiere analizar el contexto, y desde ese punto de vista aparecen algunas enseñanzas interesantes.

Lo más obvio es que sigue inmediatamente a las bienaventuranzas y aunque no tiene la “estructura” de una de ellas (que era un género literario propio en la antigüedad), nos encontramos con algo parecido porque en cierto sentido Jesús está declarando una bendición sobre Sus oyentes. Más bien está convalidando públicamente lo que ellos son en realidad, cuánto valor tienen.

Los humillados, contrariados, abusados, necesitados, compasivos sin recompensa, santos despreciados, pacificadores en un mundo de violencia, perseguidos e insultados en grado extremo por su fidelidad, son los que estaban evitando que el mundo cayera en su total descomposición. Es imposible no ver aquí la raíz de lo que Pablo escribiera tiempo después, y con eso los conecta a los santos fieles y afligidos de todos los tiempos:

Hebreos 11:33-38 DHH
33 Por la fe conquistaron países, impartieron justicia, recibieron lo que Dios había prometido, cerraron la boca de los leones,
34 apagaron fuegos violentos, escaparon de ser muertos a filo de espada, sacaron fuerzas de flaqueza y llegaron a ser poderosos en la guerra, venciendo a los ejércitos enemigos.
35 Hubo mujeres que recibieron otra vez con vida a sus familiares muertos.
Otros murieron en el tormento, sin aceptar ser liberados, a fin de resucitar a una vida mejor.
36 Otros sufrieron burlas y azotes, y hasta cadenas y cárceles.
37 Y otros fueron muertos a pedradas, aserrados por la mitad o muertos a filo de espada; anduvieron de un lado a otro vestidos solo de piel de oveja y de cabra; pobres, afligidos y maltratados.
38 Estos hombres, que el mundo ni siquiera merecía, anduvieron sin rumbo fijo por los desiertos, y por los montes, y por las cuevas y las cavernas de la tierra.

Evidentemente, no hay “nada nuevo” aquí, sino una larga tradición de sufrimiento y persecución, que empezó con Abel y continuará hasta su consumación durante el tiempo de los juicios. En el “medio” de ese camino, Jesús vino a darles un respiro asegurándoles que eran tenidos en cuenta por su Padre, que había recompensa para todos ellos, y que en esta vida estaban cumpliendo un rol fundamentalísimo, por más que pareciera exactamente lo contrario.

La sal servía, y sigue sirviendo, para darle sabor a las comidas, se utilizaba en los sacrificios como señal del pacto, genera sed con lo que obliga a la persona a beber agua, se puede utilizar para limpiar, conservar los alimentos. Generalmente se ha buscado un solo significado para la palabra “sal” en ese pasaje, pero probablemente Jesús estaba queriendo decir mucho más. A veces se ha dicho que quería decir que “preservaban” al mundo de caer completamente en el pecado, o que le daban “sabor” a la vida (es decir, algo agradable en medio de un mundo gris), o incluso que generaban sed de Dios en las personas; y creo que todo eso tiene algo de verdad. Pero probablemente la verdad sea que Jesús estaba diciendo muchas cosas allí, y si hiciéramos un resumen acabaríamos concluyendo que, así como la sal era algo muy útil y valioso en el mundo antiguo, así los santos fieles son también de útiles y valiosos en el mundo, a pesar de que les digan lo contrario.

Esta última interpretación, “útil y valioso”, no la he escuchado o leído frecuentemente, pero, sin pretender que sea la única posible, era innegable que aparecería de inmediato en la mente de los primeros oyentes. Los romanos, el imperio que dominaba Israel en ese entonces, era especialmente afecto a la sal, Plinio calculaba que un romano medio ingería unos 25 gramos al día. Así que Jesús no solamente les está diciendo que eran valiosos para el mundo, ¡sino especialmente para los romanos! Bueno, suena medio absurdo decirlo y mucho más para los primeros oyentes, pero la historia posterior, con la extensión de la iglesia por el mundo romano, muestra que fue exactamente eso lo que pasó.

¿Esto es una bienaventuranza? Que el Maestro les dijera a ellos (¡y a nosotros!) “útiles y valiosos” es una bendición tan grande que creo no hace falta añadir más.


b)    Luz

Si la sal era valiosa, la luz otro tanto. Los habitantes de las ciudades modernas difícilmente podemos darle el valor que tenía en ese entonces, es tan común que casi no la tenemos en cuenta… excepto cuando hay que pagar la factura de la electricidad, o cuando se corta empezando la noche.

Necesitamos la luz para hacer prácticamente todo, por eso la relación de “luz” con “vida” es tan estrecha: no podría haber vida humana sin luz. En ese entonces, cuando estaban sujetos a la luz diurna y la iluminación artificial era tenue y costosa, la luz resultaba un bien extremadamente valioso; gratis la del sol a diferencia de la sal (que había que extraerla y transportarla), disponible para todos, pero limitada a la duración del día, si es que no había tormenta.

Tenemos un pasaje en Isaías que nos muestra un paralelo muy interesante, en un tenor similar al de las bienaventuranzas.

Isaías 49:4-6 RVC
4 Pero yo dije: «De balde he trabajado. He gastado mis fuerzas sin ningún provecho. Pero el Señor me hará justicia; mi Dios me dará mi recompensa.»
5 Pero ahora ha hablado el Señor, el que me formó desde el vientre para que fuera yo su siervo; para que reuniera a Jacob, para que hiciera a Israel volverse a él (así yo seré muy estimado a los ojos del Señor, y mi Dios será mi fuerza),
6 y ha dicho: «Muy poca cosa es para mí que tú seas mi siervo, y que levantes las tribus de Jacob y restaures al remanente de Israel. Te he puesto también como luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta los confines de la tierra.»

“Luz del mundo” los conecta directamente con esta profecía; ellos eran el Israel que habría de llevar las Buenas Nuevas a todo el mundo, las Nuevas del tiempo mesiánico.

Los oyentes podían recordar esto y entender el significado de iluminar con la Verdad, de llevar el mensaje de salvación, complementario al significado de “sal”. Quizás el simbolismo más claro de la luz sea el de acabar con la tinieblas.

Mientras “sal” los remitía al Antiguo Pacto, “luz” los llevaba a las promesas mesiánicas, con todo lo que eso significaba. Así, con estas dos pequeñas palabras tenemos dos símbolos repletos de significado y valor, tanto para la persona que los representa como hacia el mundo en donde se mueve.


c)     Una ciudad en un monte

La otra imagen nos suele pasar desapercibida entremedio de estos simbolismos tan fuertes, y se trata de la ciudad establecida sobre un monte, algo que ellos también conocían bien no solo por las Escrituras, sino porque Jerusalén misma, su capital, lo estaba, y porque ellos mismos se encontraban en la montaña.

La imagen es de visibilidad, algo imposible de esconder, y que nadie en su sano juicio haría, al hacer la comparación con la luz que se enciende.

Si la “ciudad en un monte” los haría pensar en Jerusalén, entonces tenemos otro simbolismo muy fuerte. No solamente la ciudad en lo alto de un monte es claramente visible, también está protegida, también es la capital de un reino (las capitales solían construirse en esos lugares), también es el centro de la vida espiritual de una nación.

Y, por supuesto, la ciudad nos lleva inmediatamente a la ciudad de Apocalipsis, la que desciende de lo alto, donde está la presencia de Dios.


d)    La décima bienaventuranza

Si consideramos estos versículos como una especie de “décima bienaventuranza”, inmediatamente pasamos del número nueve al diez (bueno, es obvio…), y aquí tenemos un simbolismo también muy interesante. Cito el texto que corresponde al diez en la página de God’s Kingdom Ministries (https://www.gods-kingdom-ministries.net/teachings/books/the-biblical-meaning-of-numbers/chapter-2-numbers-1-10/)

“Como escribimos anteriormente, el número ocho indica un nuevo comienzo, un nuevo nacimiento del creyente. Nueve es la visitación y manifiesta la dirección, el entrenamiento y el juicio del Espíritu Santo (aprender a discernir lo correcto y lo incorrecto) en la vida del creyente, y actúa como testigo contra el incrédulo para exponer los secretos de su corazón.

“Diez es el número de orden divino que se restablece de una manera u otra a través del juicio de la ley (como se muestra en los Diez Mandamientos). En otras palabras, manifiesta la sentencia real de la ley que sigue a la recolección y presentación de la evidencia. Después de que el Espíritu Santo ha revelado la evidencia para exponer los corazones de los hombres (es decir, el número nueve), el juez revela la ley. Es decir, él pronuncia la sentencia (es decir, el número diez) de acuerdo con la ley.

“Diez es el número que retrata el momento del juicio cuando los hombres reciben una recompensa o son juzgados divinamente. De una manera u otra, la ley debe cumplirse y el orden divino debe restablecerse.

“La décima letra del alfabeto hebreo es la yod, que significa una obra o acción. Debido a que diez es también el número de la ley, como se ve en los Diez Mandamientos, la yod se convirtió en un símbolo de "las obras de la ley" (Romanos 3:20). El significado del número diez se basa en la ley divina, porque como revelan Apocalipsis 20:12 y 13, todos serán juzgados "según sus obras".”

Precisamente de lo que habló Jesús en las bienaventuranzas es de hechos, de obras de bien y de respuestas frente a situaciones injustas. Deberíamos tener cuidado con estos textos para no caer en un Evangelio solo de obras, pero no deberíamos olvidarnos de que la verdadera fe se demuestra necesariamente por obras.

Las bienaventuranzas fueron dirigidas a los que hacían lo recto porque amaban a Dios, y ahora la recompensa que reciben en esta Tierra (que no es todavía la recompensa perfecta) resulta ser nada más y nada menos que el sostén del mundo, los representantes de Dios, el lugar de la morada Divina. Todos estos temas serán luego ampliados en el resto del Nuevo Testamento.

La recompensa de los fieles es ser, finalmente, la imagen de Dios en la Tierra, hacer lo que se suponía que debían hacer todos los hombres creados por el Señor (algunos que andan por ahí no son creación Suya…), ser Sus representantes, obrar con Su poder de vida, hablar con Sus palabras.

Estos, despreciados por el mundo, han recibido el honor de mostrar a Dios en la Tierra.


e)     La advertencia

Pero, a diferencia de las bienaventuranzas, aquí tenemos algunas advertencias, que se me ocurren parecidas a las que hiciera más adelante el Señor resucitado a la iglesia de Filadelfia:

Apocalipsis 3:8b, 11 RVC
8 … Aunque son pocas tus fuerzas, has obedecido mi palabra y no has negado mi nombre.

11 Ya pronto vengo. Lo que tienes, no lo sueltes, y nadie te quitará tu corona.

En esencia Jesús les está diciendo que perseveren, que no se corrompan, que no dejen de ser y hacer lo que están siendo y haciendo, y no tanto porque vayan a ser condenados sino porque la preservación y salvación del mundo depende de ellos. ¡Aquí tenemos la Gran Comisión!

“para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.”

Los que primero demostraron su amor y fidelidad, y fueron bendecidos y capacitados por el Espíritu, ahora son “enviados” al mundo, así con sus diferencias y particularidades.

El resto del Sermón del Monte, en cierto sentido, tendrá que ver con esto: cómo mantenerse fieles, como evitar corromperse por el Espíritu de la Religión, que tanto afectaba en ese entonces (y en “este entonces” también). Por lo tanto, antes de entrar de lleno en las instrucciones y advertencias del Señor, debemos cimentarnos en estas primeras palabras, que nos dan el consuelo y el poder para recibir lo que vendrá.


Danilo Sorti


492. El Sermón del Monte – IV ¿Bienaventurados quiénes y por qué?


Juan 10:14 RVC
14 Yo soy el buen pastor. Yo conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí,

Juan 10:27 RVC
27 Las que son mis ovejas, oyen mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen.


a)     Espiritual y concreto

En un artículo anterior vimos el significado del “nueve”, que es espiritual pero en realidad muy concreto, ¡demasiado, diría yo!; Dios visita y juzga, no hay nada más contundente que eso. Las bienaventuranzas son tan profundamente espirituales, en relación con la vida espiritual de las personas y con la vida eterna, como terrenales porque aunque no podamos esperar su manifestación perfecta aquí y ahora, tenemos algo de eso.

Pero también las nueve bienaventuranzas se refieren a la vida de las personas, por un lado describen distintas facetas de la vida de los fieles, pero si profundizamos un poco, nos damos cuenta de que podrían ajustarse bien a una característica distintiva de cada persona, es decir, que algunos se caracterizan por su humildad, su “pobreza en espíritu”, otros por llorar ante las injusticias, otros por su mansedumbre. De hecho, cuando miramos hacia los hermanos y a nosotros mismos nos damos cuenta rápidamente de eso.

Christian Schwarz plantea esto al hablar de los distintos estilos de espiritualidad y, ¡oh casualidad!, descubre en su análisis nueve de ellos, al igual que los frutos y al igual que las bienaventuranzas. En los próximos párrafos voy a intentar relacionar dichos estilos con las bienaventuranzas y con los frutos, pero antes algunas advertencias.

Primero, probablemente algunas relaciones que establezca aquí sean un poco forzadas (por no decir incorrectas); en realidad el mensaje central es simple: el Señor conoce a cada una de Sus ovejas, como leímos al principio, y esto significa que conoce también sus propios estilos, fortalezas y debilidades; y cada una de ellas tiene “a la mano” una bienaventuranza para alcanzar. Dicho de otra forma, las bienaventuranzas expuestas en Mateo 5 abarcan a todos los estilos de cristianos, por lo que “nadie queda afuera”. Así de simple:

Juan 14:2 DHH
2 En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar.

En el Cielo hay lugar para todos, y en la “porción de Cielo” que vivimos en esta Tierra, también.

Segunda advertencia: probablemente la relación que establezca entre bienaventuranzas, dones y estilos de espiritualidad sea también un poco forzada porque pueden partir de distintos enfoques, por lo que estén “mezcladas”. Así que nadie debería considerar lo que sigue como una forma de encasillar a las personas, como si se las estuviera “encerrando en una celda” que determina cómo son, sin cambios ni alternativas posibles. Repito: todas las bienaventuranzas se aplican a todos los cristianos fieles porque todos ellos, en mucho o en poco, cumplen con todas esas descripciones.

Dicho esto, siempre es bueno tener un orden o clasificación porque eso nos permite entender los puntos fuertes, los ataques que sufriremos preferentemente, los puntos débiles y qué tenemos para compartir especialmente con otros… y qué necesitamos recibir de ellos. Sin que se convierta en una “cárcel”, toda clasificación según Dios resulta útil.



b)    El amor: aquellos que no se aman a sí mismos por encima de todo, y por lo tanto pueden amar a Dios

«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos.

El amor es el primero de los frutos mencionados en Gálatas y probablemente debamos considerarlo como “el” fruto, siendo los ocho restantes diversas manifestaciones de él. Pero también, en un sentido más “pequeño”, es uno de los frutos. Los pobres en espíritu son los humildes, los que no tienen orgullo, que no es más que un amor propio “usurpador”, porque ocupa el lugar que le corresponde al amor a Dios. Esa es una (o la principal) de las raíces del pecado de Satanás y uno de los pecados más extendidos, insidiosos y difíciles de erradicar en los seres humanos.

Aunque todos los estilos de espiritualidad pueden “encajar” aquí (como en el resto), creo que el “estilo sensorial”, que se encuentra con Dios a través de las obras de la creación, es el que más fácilmente puede manifestar esta realidad debido a que cuando nos enfrentamos con la grandeza de la Naturaleza y del Universo no podemos menos que humillarnos ante su Hacedor.

Lo creado es el primer testimonio de Dios, tal como dice Romanos 1, y aquellos que lo encuentran ahí quizás sean los que más potencialidad tienen para estar cerca de su Creador.

Los humildes, por otra parte, son los humillados, los pisoteados y menospreciados, los “últimos de la fila”, los que terminan siendo desposeídos, los que “no tienen nada”, sea porque en efecto no lo tengan o sea porque saben que todo lo que tienen (aunque sean ricos en este mundo) no es suyo y no pueden disponer de ello. A los que están en tal condición de pobreza se les promete la posesión más grande: el Reino.

c)     El gozo: la capacidad para sufrir

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
“Dichosos los que sufren, porque serán consolados.

El ser humano no está preparado para sufrir y no tiene la capacidad para soportar el sufrimiento y “salir ileso” de él. Todos los colectivos de Derechos Humanos lo demuestran cada día; el sufrimiento genera profundas heridas que no cierran nunca… excepto que se tenga el consuelo y el gozo que viene del Espíritu.

Sólo aquellos que reciben el gozo de lo Alto pueden enfrentar el sufrimiento y obtener victoria, el resto podrá construir un cascarón sobre él, pero no vencerlo.

Todos los seres humanos experimentamos diversas formas de sufrimiento, y no es privativo de los pobres o carenciados. Pero el contexto en el que se presenta este sufrimiento nos da a entender que se trata, al menos en parte, del sufrimiento por hacer la voluntad divina, por creer en un mundo incrédulo, por mantenerse fiel en un mundo pecador.

Todos los cristianos sufren, pero algunos sufren más que otros, aunque no lo parezca, y la clave la encontramos en un libro escrito “debajo del sol”, desde la perspectiva humana y racional:

Eclesiastés 8:16-17 DHH
16 Mientras más me entregué a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este mundo —llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora—,
17 más cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que ocurre en este mundo. Por más que luche buscando la respuesta, no la encontrará; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido encontrarla.

Yo creo que el estilo de espiritualidad racional, aquel que busca entender la naturaleza de Dios, que más puede utilizar la lógica y la ciencia al servicio de la Fe, es el que más sufre, “llora” en su interior. Por un lado porque se le dificulta ver las realidades espirituales pero más que nada porque entiende mucho, conoce mucho y sabe perfectamente del mucho dolor, pecado, injusticia, maldad y sufrimiento inmerecido que hay en el mundo, ¡y se ve absolutamente impotente para hacer algo!

El engaño de Satanás aquí consiste en oscurecer las armas espirituales que tenemos y los diseños de Dios, quien al final traerá vindicación sobre todo ese dolor.


d)    La mansedumbre, aquellos que no pelean para conquistar sus derechos

»Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
“Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida.

Los mansos son los que aceptan lo que les toca sin pelear por sus derechos, aunque pueden ser leones rugientes para defender el honor de Dios, tal como Jesús en el Templo.

Propiamente dicho, los mansos no van a hacer una revolución para expulsar al tirano de sobre ellos, aunque pueden ser terribles guerreros luchando por la justicia, ¿paradójico, no? Pero lo más paradójico es que esos, que no van a defender sus derechos tal como casi toda la sociedad hoy en día hace, aquellos que no se van a abrir paso a codazos, son los que recibirán el Reino por venir. Mientras que los hombres consideran que hay que hacer la guerra para conquistar tierras, Dios se encargará de repartirlas a quién Él determine.

De nuevo, aunque esto es (o debería ser…) una cualidad de todos los creyentes, creo que el estilo de espiritualidad centrado en la Biblia se puede aplicar aquí, porque son los que se concentran en las Escrituras, no en las acciones “hacia afuera”, y prefieren perder antes que “perderse” de la Biblia. Son los que conocen bien la historia según Dios y saben perfectamente Quien gana al final, y que los resultados de las guerras no son como los hombres esperan. Son los mansos, porque saben muy bien que hay un Dios que rige los destinos, que obra a través de todos y que cumplirá Su voluntad, dando la recompensa a quién Él quiera.

Los mansos son los “perdedores” en el mundo regido por Satanás, los que estudian la Biblia son los que se quedan “relegados” de la formación profesional y académica constante que requiere este mundo competitivo. Pero son los que pueden recibir la Tierra Prometida, es decir, autoridad sobre ella, autoridad sobre el Reino por venir porque conocen las leyes (escritas en la Palabra) que deberán regir ese mundo.


e)     Los justos, aquellos que aplican la ley tal como es

»Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán satisfechos.

Aunque el clamor por justicia es de todos los hombres, algunos destacan en él. Los que tienen “hambre y sed” de justicia son los desesperados porque la justicia de Dios sea establecida en la Tierra, los que aborrecen el sistema injusto y perverso en el cual vivimos, las injusticias que destruyen la Creación y oprimen a los hombres y mujeres.

El fruto que mejor expresa, creo yo, esta característica es la bondad, que erróneamente consideramos como si fuera una especie de misericordia indulgente pero que en realidad tiene que ver con hacer lo que es bueno, sea que eso bueno resulte agradable para el que lo recibe o no; es decir, también cuando “lo bueno” es confrontador e incluso ofensivo para el otro.

Hacer lo bueno es hacer lo que es justo, y de entre los distintos estilos de espiritualidad, creo que el estilo doctrinal se encuadra bien aquí. Estas son las personas que procuran un pensamiento correcto sobre Dios y se enfocan en la verdad y la doctrina, que no es exactamente “la Biblia” sino más bien las distintas verdades (doctrinas) entendidas y aplicadas a las realidades concretas que podemos extraer de ella.

Son los que sufren cuando se pervierte la enseñanza, cuando la verdad no se aplica correctamente. Son los que verán con sus propios ojos, aquí, pero más que nada en el Reino por venir, la aplicación correcta de la verdad, la eliminación de todo error engañoso y sutil.


f)      La misericordia: dar y recibir

»Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos serán tratados con misericordia.
“Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.

Probablemente la misericordia aplicada sea lo que menos “recompensa directa” pueda tener en esta Tierra.

Lucas 14:12-14 RVC
12 También le dijo a su anfitrión: «Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos, ni a tus parientes y vecinos ricos, no sea que ellos también te vuelvan a invitar, y quedes así compensado.
13 Al contrario, cuando ofrezcas un banquete, invita a los pobres y a los mancos, a los cojos y a los ciegos,
14 y así serás dichoso. Porque aunque ellos no te puedan devolver la invitación, tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos.»

Los misericordiosos son los que dan sin esperar nada a cambio, ¡pero nada! Es más, quien recibe las acciones de misericordia muchas veces ni las puede agradecer o incluso las considera ofensivas o molestas. Dios promete ser el que haga la contabilidad de todas ellas y se encargue de la recompensa.

El estilo de espiritualidad definido como de compartir, que encuentra a Dios a través de transmitir a otros la gracia de Dios (enfoque en evangelismo y servicio) es el que más claramente encaja aquí.

El engaño del Adversario consiste precisamente en hacerles ver que “no recibirán nada a cambio de ellos”, lo cual es cierto, pero ¡no se trata de “ellos”, sino de Dios!


g)     El corazón limpio, los que buscan a Dios

»Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
“Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.

Aunque el reclamo de santidad pesa sobre todos los creyentes, no todos tienen el mismo fervor por ella, y una vida pura implica el especial desarrollo del fruto del dominio propio: no hago lo que quiero, no busco mi propia satisfacción, sino que mi única satisfacción es hacer lo que Dios quiere, lo que es bueno ante Él. El mayor ejemplo de dominio propio es Jesucristo permitiéndose sufrir y morir en la cruz, porque, recordemos, ni los azotes, ni los golpes, ni las espinas, ni la cruz romana tenían absolutamente ningún poder sobre Él, que Él mismo no permitiera. No es posible y no hay sobre esta Tierra, ni lo habrá jamás, un ejemplo igual de dominio propio.

Los que se abstienen de lo malo por servir a Dios son los que especialmente mantienen su corazón (y sus manos) limpio de pecado, son los que han llegado a poner su máximo deleite en Dios, de tal forma que no hay deleite o placer posible en este mundo que se iguale con el de agradar a su Señor y estar en Su presencia. A ellos se les promete justamente eso, ver a Dios.

El estilo de espiritualidad que más cerca está, según entiendo, es el denominado ascético, aquel que se enfoca en desarrollar disciplinas para Dios, en el sacrificio y los valores internos.

Estos son los “bichos raros” de la sociedad, los que el híper hedonista mundo actual tiene por malos, desubicados y peligrosos, los que no van a ser invitados a los programas de televisión (mientras que los inmundos y pervertidos artistas y políticos sí). Pero, ¿cuál es el problema? El Despacho Principal del Creador tiene las puertas permanentemente abiertas para ellos.


h)    Los pacificadores que viven en la paz de Dios

»Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.

Buscar la paz nunca ha sido tarea fácil ni lo es ahora. No sé cómo era la vida siglos atrás, pero puedo decir, comparando las últimas décadas, que cada vez es más difícil procurar la paz con los otros y entre las personas, cada vez hay menor tolerancia, mayor exigencia por los derechos propios, menor capacidad de perdón.

La paz es uno de los anhelos más profundos del hombre porque tiene que ver con estar en paz con Dios, y los pacificadores son los que pueden poner a los hombres “en paz”, con Dios primero y con sus semejantes después. Son los que representan a Dios en la tierra, los llamados “hijos de Dios”. Pero hay más.

La expresión “hijo de Dios” tenía un sentido específico en Israel, un rey era “adoptado” como hijo de Dios en el momento de su entronización (de ahí que en un momento Jesucristo es llamado “Hijo de Dios”, no porque no lo fuera desde la eternidad, sino que como Hombre Perfecto resultó constituido Rey de la Creación). Pero lo que se esperaba de un Rey era que hiciera la guerra; que conquistara tierras nuevas y que defendiera la nación de los enemigos, es decir, algo bastante diferente a lo que llamamos “paz”.

Pues bien, estos nuevos “reyes” que Jesús estaba instituyendo hacían la paz de una manera diferente a como la había establecido Roma décadas atrás:

Juan 14:27 DHH

27 dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tengan miedo.

Creo que el estilo de espiritualidad místico tiene una especial conexión con la paz, aunque serían las últimas personas que uno buscaría para que gobernaran un país… quizás por eso nos va así, ¿no? Son los que procuran el descanso en la presencia de Dios, se enfocan en el “misterio” (lo oculto de Dios para los buscadores superficiales) y en la devoción (fidelidad) a Dios.


i)       Los perseguidos porque no pueden dejar de expresar lo que son

»Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos.

De nuevo tenemos aquí algo que abarca a todos los cristianos, y que requiere el ejercicio de la paciencia, es decir, soportar cuando no es agradable hacerlo. A ellos, que son expulsados de los reinos humanos, se les promete la ciudadanía en el Reino de los Cielos.

Aunque parezca extraño, creo que el estilo llamado sacramental se ajusta bien aquí. No entendamos mal, se trata de aquellos que pueden encontrarse con Dios a través de “liturgias” y simbolismos, es decir, a través de expresiones “materiales” de las realidades espirituales. Normalmente son los que nosotros, los mismos evangélicos, más perseguimos.

¿Qué tiene de interesante esta cuestión como para merecer especialmente la persecución? Por supuesto digamos que todos los fieles, no importa cuál sea su estilo de espiritualidad, son blanco prioritario para el reino de las tinieblas, pero aquellos que pueden hacer de la fe algo perfectamente accesible para las gentes sencillas (los más) a través de simbolismos y expresiones fáciles de entender, son un blanco especialmente interesante.


j)       Perseguidos y vituperados, los que la sociedad tiene por escoria

»Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal. Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.
“Dichosos ustedes, cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras. Alégrense, estén contentos, porque van a recibir un gran premio en el cielo; pues así también persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.


En cierto sentido las bienaventuranzas van “in crescendo” hasta llegar a la mayor persecución posible, y a ellos se les destina dos versículos. ¿Quiénes son éstos, que reciben tanta vehemencia de oposición? Son los que se parecen a los profetas de antaño, son proféticos ellos mismos y si hay un grupo de iglesias que encajan bien aquí son los que llamamos pentecostales clásicos (no los neopentecostales de la prosperidad).

Estos son los pobres y sin estudios, que recibieron el Evangelio y lo abrazaron con fe, precisamente porque manifestaron el fruto de la fe de una manera superior, y por esa misma fe hablaron, predicaron y se entregaron a las obras de fe. Pero claro, no tienen las formas ni los cuidados sociales para desenvolverse “adecuadamente” y por lo tanto son despreciados, rechazados y perseguidos por esa sociedad (y por unos cuantos cristianos también).

Estos son aquellos que recién el más hondo desprecio de nuestros sectores más cultos y “progresistas” de la sociedad, aquellos que se llenan la boca hablando de derechos, respeto y tolerancia; hipócritas eximios (¿o ex-simios?) llenos de palabras y engaño.

Estos son los que tienen “poco”, pero lo que tienen lo usan todo para el Reino, y por lo tanto obtienen los resultados más altos, ¡y por lo tanto reciben la mayor persecución!

Ellos son los que tienen fe, que es la cobertura del Espíritu, los que viven encendidos en el fuego del Espíritu porque de otra manera no podrían atravesar ese nivel de persecución. Y esos son algunos de los que literalmente están muriendo hoy con fuego terrenal (y diabólico), pero cuya recompensa en los cielos, que en esta Tierra no tuvieron, será sobremanera grande.


k)    ¡Nadie se queda afuera!

El Reino de Dios es paradójico, pero a esta altura ya deberíamos saberlo muy bien. Estas paradojas significan que Dios “da vueltas” cualquier situación, que nada lo “supera”, que nada se le escapa de las manos. Y en estas Sus recompensas, todos tienen un lugar, y un lugar propio, no algo masivo y común, como la sociedad de consumo nos tiene acostumbrados, sino algo estrictamente personalizado.

¡Nadie se queda afuera! Hay una recompensa especial para cada uno de los fieles.


Danilo Sorti