domingo, 3 de septiembre de 2017

186. No perder la perspectiva luego de mucho tiempo de lucha

Juan 13:10 RVC
10 Jesús le dijo: «El que está lavado, no necesita más que lavarse los pies, pues está todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos.»

Hebreos 12:12-13 RVC
12 Levanten, pues, las manos caídas y las rodillas entumecidas;
13 enderecen las sendas por donde van, para que no se desvíen los cojos, sino que sean sanados.


Hay un polvo que se nos pega del camino. Inevitablemente la tierra se adhiere con el sudor del cuerpo, la piel transpira, el desodorante tarde o temprano “nos abandona”, el cabello se despeina y se vuelve grasoso, la ropa se ensucia y alguna piedrita se mete en el calzado… Ese es el precio de un largo camino, de una jornada agotadora de trabajo en el campo, de las muchas ocupaciones del día.

Jesús tomó esa metáfora, de sobra conocida en las polvorientas calles de Israel, para llevarla al plano espiritual. El autor de Hebreos habría de escribir algo parecido tiempo después.

Podemos pensar la vida cristiana como un largo recorrido por caminos difíciles, muchas veces desérticos, escabrosos otras, interrumpidos cada tanto por algunos oasis en los que nos refrescamos y tomamos fuerzas para el resto del viaje. A veces los oasis están cercanos uno de otros, a veces están muy alejados.

Sea como sean, inevitablemente el largo caminos nos cansa, es decir, luego de batallar y orar por mucho tiempo, de resistir en santidad ante la tentación, ya queremos darnos por vencidos y necesitamos que nuestras fuerzas sean renovadas. En el largo camino también se nos pega la suciedad, es decir, pecados que toleramos o que incluso se nos pasan desapercibidos; necesitamos que el Maestro nos lave de ellos. El perfume que tenemos a la mañana al poco tiempo da lugar al mal olor, ya no emana de nosotros el aroma de Cristo, ya no hay una agradable fragancia en nuestra vida, es decir, el carácter se vuelve áspero, desagradable, quejoso; no hay palabras de bendición o esperanza; necesitamos el perfume santo nuevamente. Alguna piedrita se mete en el calzado; esto es, surgen tropiezos que se nos “adhieren” aprovechando huecos abiertos.

Finalmente, todo lo anterior hace que la visión se nuble, que se desenfoque, poco o mucho, del objetivo. Las promesas se desdibujan y el poder de vida de la resurrección parece lejano tanto en el pasado como en el futuro. Y cuando la visión se desdibuja, se pierde la esperanza en el camino, estamos en problemas.

Todo esto no necesariamente llega a ser algo grosero o terriblemente pecaminoso, pero necesita ser arreglado. Puede pasar desapercibido cuando toda la iglesia de un lugar atraviesa por el mismo difícil camino. Puede dar lugar a juicios injustos cuando veo a mi hermano luego de haber atravesado un largo desierto. De hecho, es harto frecuente escuchar los domingos a pastores bien vestidos, viviendo vidas “tranquilas” y relativamente “fáciles”, sin las preocupaciones del resto de los mortales, dictaminando lo que deben y no deben hacer hermanos a los que realmente no conocen, que enfrentan luchas y necesidades que sólo escuchó de manera muy parcial. Pero tampoco seamos injustos, ninguno de nosotros está exento de emitir los mismos juicios duros: cuando el Señor permite a algún hermano atravesar por un tiempo más o menos largo de relativa paz es tan fácil ser “consagrado” y condenar a los zaparrastrosos “poco consagrados”…

En definitiva: podemos estar en medio del polvoriento camino, que es lo más común, o podemos estar en un oasis, que cada vez será menos común. La apariencia es, obviamente, muy distinta, pero no podemos juzgar a las personas aparte de su contexto. Es importante reconocer en qué parte del proceso estamos, puede dar vergüenza aceptar que estamos desde hace mucho tiempo en el “polvoriento desierto” porque subyace en el pensamiento cristiano de que “algo debe andar mal para estar tanto tiempo en dificultades”. Pero la buena y a la vez mala noticia es que, ¡por supuesto! ¡unas cuantas cosas andan mal!... por eso el Señor necesita seguir perfeccionándonos.

El largo desierto puede hacer aflorar algunos pecados que pensábamos superados, o mantener otros avivados durante años, y eso también es vergonzoso. Es muy fácil verse tentado a aparentar una paz y una fortaleza que probablemente no se tengan, pero esto es así porque los que no están atravesando la misma situación difícilmente estén dispuestos a “juntarse” con los “beduinos del desierto”.

¿Qué más podríamos agregar? Sin duda hay mucho para decir, pero todo va a concluir en que nos necesitamos los unos a los otros, porque así el Señor lo diseñó, y eso implica una buena dosis de comprensión.

Aquellos que están atravesando el desierto deben saber que no pueden “acostumbrarse” a él, al menos no en el sentido espiritual; poco podemos hacer para que los otros nos acepten (genuinamente) o no, pero mucho para que nuestro ser salga del desierto espiritual; eso está disponible, probablemente no en el momento y de la forma en que nosotros queramos, pero Dios ha dispuesto “oasis espirituales” a lo largo del camino. Para ello, no tenemos que perder la perspectiva, no tenemos que perder la esperanza ni olvidar el poder de la nueva vida obrando en nosotros que nos fue dado al aceptar a Cristo; eso es nuestro mapa, la brújula para salir finalmente del mar de arena.


Danilo Sorti


185. La misericordia manifestada en sus juicios

Génesis 3:7-24 RVC
7 En ese instante se les abrieron los ojos a los dos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entonces tejieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas.
8 El hombre y su mujer oyeron la voz de Dios el Señor, que iba y venía por el huerto, con el viento del día; entonces corrieron a esconderse entre los árboles del huerto, para huir de la presencia de Dios el Señor.
9 Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde andas?»
10 Y él respondió: «Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso me escondí.»
11 Dios le dijo: «¿Y quién te dijo que estás desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que yo te ordené que no comieras?»
12 Y el hombre respondió: «La mujer que me diste por compañera fue quien me dio del árbol, y yo comí.»
13 Entonces Dios el Señor le dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?» Y la mujer dijo: «La serpiente me engañó, y yo comí.»
14 Dios el Señor dijo entonces a la serpiente: «Por esto que has hecho, ¡maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo! ¡Te arrastrarás sobre tu vientre, y polvo comerás todos los días de tu vida!
15 Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón.»
16 A la mujer le dijo: «Aumentaré en gran manera los dolores cuando des a luz tus hijos. Tu deseo te llevará a tu marido, y él te dominará.»
17 Al hombre le dijo: «Puesto que accediste a lo que te dijo tu mujer, y comiste del árbol de que te ordené que no comieras, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
18 Te producirá espinos y cardos, y comerás hierbas del campo.
19 Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado; porque polvo eres, y al polvo volverás.»
20 El nombre que Adán le dio a su mujer fue Eva, porque ella fue la madre de todos los vivientes.
21 Luego Dios el Señor hizo túnicas de pieles para vestir al hombre y a su mujer.
22 Y Dios el Señor dijo: «Ahora el hombre es como uno de nosotros, pues conoce el bien y el mal. No vaya a ser que extienda la mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.»
23 Entonces el Señor lo sacó del huerto de Edén, para que cultivara la tierra, de la cual fue tomado.
24 Echó fuera al hombre, y al oriente del huerto de Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba hacia todos lados, para resguardar el camino del árbol de la vida.


Los juicios manifestados en el Edén constituyen la “semilla” de todos los juicios de Dios sobre la humanidad. No fuimos creados para el sufrimiento ni para vivir bajo ellos, y a lo largo de la historia los hombres hemos tomado diferentes posiciones frente al castigo divino.

En el presente, un sector de la cristiandad vive en una “nube de gas cósmico”, negando de palabra o de hecho los terribles juicios del Señor que siempre han estado sobre la tierra y que se están intensificando. Es muy común que los líderes espirituales que ya han construido una gran estructura terminen “presos” de su mismo éxito y la gente que acaba por rodearlos les dibuja un “mundo de colores”, con lo que, unido a cierto deterioro cognitivo producido naturalmente por la vejez, terminan viviendo y predicando un “mundo feliz”, ajenos a la realidad; y como muchos de los que los escuchan realmente quieren vivir en ese mundo, tienen fieles seguidores. Unos y otros saben en su interior que están proclamando una mentira, pero son felices así.

Otros aceptan la realidad de los juicios, pero, al igual que los fariseos de la época de Jesús, concluyen que esto se debe a “un Dios enojado” y por lo tanto caen en una práctica religiosa agobiante, para “dejar contento” a Dios y que disminuya el rigor de Sus juicios.

Otros, finalmente, se compenetran tanto en la realidad de los juicios que terminan profundamente heridos, amargados en su interior, y viviendo una relación con “un Dios que no se preocupa por ellos” de manera superficial, intentando solucionar ellos mismos algo de los problemas actuales a través de su propio esfuerzo.

En el fondo cada postura tiene algo de razón, pero no en el extremo en que se manifiestan. Lo cierto es que a nadie le gustan los juicios de Dios y no se supone que deban gustarnos porque precisamente están ahí para eso. No podemos entender ni aceptar la verdad de los juicios divinos si no entendemos el amor y la misericordia que encierran; son demasiado terribles para un simple mortal en sí mismos. Si Satanás no puede llevarnos a vivir en un mundo de fantasía que niega la realidad, tal como toda la industria del entretenimiento hace (y también la “industria del entretenimiento cristiano”), entonces nos empujará hacia la profundidad del abismo de los juicios divinos, pero desprovistos de Su misericordia, para que nos enojemos contra ese Dios cruel o tratemos de resolver las cosas por nosotros mismos.

¿Cómo es que los juicios de Dios también implican Su Amor y Misericordia?

Para empezar, tengamos en cuenta que el pecado del hombre ES EL PRINCIPAL abismo de destrucción. No lo vemos así, subestimamos en mucho nuestros propios pecados, pero delante de Dios las cosas son muy, pero muy, distintas. Cuando Dios trajo juicio y castigo sobre el pecado no hizo más que hacer evidente lo que ya era. Si no hubiera hecho eso, ¿quién se arrepentiría de sus pecados, quién podría “ver” espiritualmente la profundidad de maldad que tenemos? Muy pocos si acaso alguno. Sin juicios, difícilmente alguien hubiera sido salvo de la condenación eterna.

La “desnudez” del ser humano, manifestada en todo es esfuerzo que hacemos para “cubrirnos” tanto físicamente como emocional y socialmente,  debería llevarnos al punto del cansancio, ¿por qué tenemos que taparnos, quién puede verme tal como soy y quererme así? Eso nos llevaría a buscar de nuevo al Padre. De paso digamos que el producto tecnológico más vendido en el mundo es, precisamente, la ropa.

Otro de los primeros “juicios”, por decirlo así, es el temor a la presencia divina que tuvieron Adán y Eva. ¿Dónde está la misericordia aquí? En el hecho de la contradicción interna que se nos produce al querer escondernos de Aquél que sabemos es el origen de todo bien; ¡no es lógico! Sabemos que n debería ser así pero lo es. ¿Por qué lo es? Esa pregunta crucial puede llevar al hombre a reconocer su pecado y finalmente, acercarlo a su Creador.

La enemistad entre la “raza reptil”, esa “generación de víboras”, ambos linajes, fue la que ha ocasionado incontables sufrimientos a través de la dominación de los poderosos sobre los humildes y los santos. De nuevo, si en medio de su opresión los hombres podían levantar los ojos hacia el cielo, encontraban al Dios que los amaba y que los libraría, de la opresión, sí, pero mucho más importante que eso, de la opresión del pecado.

Los dolores del parto, aunque parece algo anecdótico (para los hombres, claro, ¡no para las mujeres!) y todo el sufrimiento que eso implica es, en el fondo, una señal profética de que vendría un tiempo futuro en el que todo cambiaría:

Romanos 8:19-23 RVC
19 Porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios.
20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino porque así lo dispuso Dios, pero todavía tiene esperanza,
21 pues también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, para así alcanzar la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
22 Porque sabemos que toda la creación hasta ahora gime a una, y sufre como si tuviera dolores de parto.
23 Y no sólo ella, sino también nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos mientras esperamos la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Cada vez que una mujer pasa por el trabajo del parto, está profetizando el tiempo que vendrá, el Reino del Mesías en esta tierra y nuestra redención, ¡y el tiempo de los dolores de parto ya ha comenzado!

No hace falta ilustrar el tema del dominio del hombre sobre la mujer, sólo aclarar que recientes formas de “feminismo” son más de lo mismo pero al revés. Las mujeres son las que más fácilmente se acercan a Dios, y cuando, a lo largo de la historia, muchos hombres las han sujetado (y las siguen sujetando) a padecimientos y opresión, en realidad las están llevando a buscar el Esposo Divino, Aquel en quién no hay injusticia ni abuso, el que las ama con amor perfecto y las cuida como si fuera su propio cuerpo.

Cuando el hombre ve la tierra, la creación que está bajo su responsabilidad, convertida en un desierto seco y estéril, esforzándose para obtener un escaso sustento, ¿no habrá de buscar al Dios de todas las cosas para preguntarle por qué ocurre así? Cuando su mucho trabajo sea deshecho de “un plumazo”, ¿no levantará sus ojos al cielo? Por eso también fue echado del Edén: la esterilidad y sequedad de su entorno le recordaría la misma esterilidad y sequedad de su propia alma.

Y si nada de lo anterior es suficiente, la muerte está ahí, al final del camino; perfectamente democrática, absolutamente igual para todos, recordándoles que deben buscar lo que está más allá de esta vida.

El orgullo, la autosuficiencia, la soberbia, estuvo en el origen del pecado del hombre. Esa misma autosuficiencia nos hubiera mantenido eternamente alejados de Dios, viviendo un infierno sin ninguna posibilidad de reconciliarnos. Por eso los querubines, ardientes custodios de su Señor, nos impidieron el camino hacia una vida eterna sin Dios.

Los juicios del tiempo presente son el llamado divino para todos los hombres. Si los negamos, negamos la voz misma de Dios; si los miramos superficialmente, no entenderemos Su misericordia. Si los aceptamos, habremos recibido junto con ellos el amor restaurador del Padre. Porque exactamente bajo esos mismos juicios se puso Él a Si MISMO en Cristo, y todo lo que Él sentenció, Él mismo lo cargó y lo pagó. ¿Cómo nos alcanzará la eternidad para alabar Su amor y Su grandeza? Sus juicios no solamente fueron la única forma en que una raza en extremo rebelde y autosuficiente habría de volverse a su Creador, sino que fueron la copa de dolor que determinó para Él mismo, pagando hasta la última consecuencia de una transgresión de la cual no tenía ninguna culpa. ¡Qué inconmensurable es la misericordia de nuestro Dios!

Finalmente, ignorar los juicios de Dios es ignorar la inabarcable grandeza de nuestro Señor, es ignorar tanto Su justicia como Su misericordia, es negar nuestra realidad, es sumergirse en el mundo de fantasías, el camino ancho que nos lleva hacia el infierno sin escalas.




Danilo Sorti


184. ¿Un pastor puede ser millonario?

1 Timoteo 6:9-11 RVC
9 Los que quieren enriquecerse caen en la trampa de la tentación, y en muchas codicias necias y nocivas, que hunden a los hombres en la destrucción y la perdición;
10 porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual algunos, por codiciarlo, se extraviaron de la fe y acabaron por experimentar muchos dolores.
11 Pero tú, hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre.

Eclesiastés 5:10-11 RVC
10 Quien ama el dinero, jamás tiene suficiente. Quien ama las riquezas, nunca recibe bastante. ¡Y también esto es vanidad!
11 Cuando aumentan los bienes, aumentan los comensales. ¿Y qué gana su dueño con esto, aparte de poder contemplar sus bienes?

Eclesiastés 5:13-17 RVC
13 He visto un mal terrible bajo el sol, y es que las riquezas acumuladas acaban por perjudicar a sus dueños,
14 pues se pueden perder en un mal negocio, ¡y a los hijos que tuvo no les deja nada!
15 Al final, se va tal como vino, es decir, tan desnudo como cuando salió del vientre de su madre, ¡y nada se lleva de todo su trabajo!
16 También esto es un mal terrible, que se vaya tal como vino. ¿De qué le sirvió tanto trabajar para nada?
17 Para colmo, toda su vida la pasa comiendo a oscuras, y en medio de muchos afanes, dolores y miseria.

Isaías 10:3 RVC
3 ¿Y qué van a hacer en el día del castigo? Y cuando venga de lejos la destrucción, ¿a quién recurrirán para que les ayude? ¿En dónde dejarán sus riquezas?


¿Un pastor puede tener mucho dinero? Hoy en día la mayoría de los cristianos dirían enfáticamente: “¡Sí!” Y el razonamiento es aparentemente tan simple y directo: si las riquezas en realidad son de Dios y es Él quién en última instancia tiene el control sobre ellas, ¿qué problema hay con que uno de sus ministros las reciba? La respuesta inmediata es: “¡ninguno!”.

Pero este razonamiento tan simple esconde varias complejidades que lo cambian radicalmente. En principio, la lógica expresada más arriba parece consistente, especialmente para las personas que han sido toda su vida empleados, para quienes recibir y utilizar el dinero es relativamente fácil. Cuando uno es empleado y nunca ha tenido demasiado dinero, manejarlo es “fácil”: sólo tiene que preocuparse por hacer bien su trabajo, que es más bien “técnico”, se concentra en una sola cosa, con el tiempo la aprende y probablemente termine siendo algo repetitivo hasta el cansancio; luego recibe su, normalmente, magro sueldo y ya está casi todo repartido: pagar los impuestos, préstamos, servicios, comida y si sobra algo, ahorrar para las vacaciones o comprarse un bien más importante. Y allí terminó todo. Alcanza para lo que alcanza y el resto ¡aguantarlo!

Cuando un empleado piensa en un millonario normalmente hace una “proyección” de lo que él mismo es, y esa imagen resulta sencilla y atractiva: un millonario hace su trabajo, 8 o 10 horas por día, vuelve a su casa y ¡a disfrutar del dinero! Y si es cristiano, ¡a servir a Dios!... y disfrutar del dinero también.

Pero eso no es real, ¡no tiene nada de real! Mucho menos en el mundo de hoy. Si en algún momento de la historia los millonarios y terratenientes podían vivir cómodamente sin preocuparse por casi nada, eso cambió radicalmente. Ningún millonario lo es porque le paguen un sueldo astronómico, él tiene sus negocios y debe ocuparse de ellos, y en el mundo convulsionado de hoy eso implica mucho tiempo y esfuerzo, muchísima dedicación. Bueno, en realidad, ¡siempre fue así!, lo vemos claramente en las páginas bíblicas: hay mucho esfuerzo, mucho trabajo, muchísimas tentaciones, muchísimo riesgo también. Tengamos en cuenta que para obtener grandes riquezas hay que hacer grandes negocios, los cuales SIEMPRE implicarán grandes riesgos. En medio de tantos afanes, tentaciones y esfuerzos, ¿cuánto tiempo libre y tranquilidad quedan disponibles para cuidar de las almas que Dios le haya eventualmente encomendado? ¡Muy poco!

Yo estoy convencido que ser millonario, cuando se hace conforme a los propósitos de Dios, es un ministerio en sí mismo. Aunque el Dueño del oro y la plata no necesita de dinero de ninguna persona, con todo, hay muchísimo bien que puede hacer un millonario en el Reino. Y si Dios está llamando a alguien genuinamente a los negocios, ¿por qué pretender ser pastor o apóstol? Y si Dios lo está llamando al pastorado o apostolado, ¿por qué pretender ser millonario?

Además, no tenemos que olvidarnos de algo:

 Lucas 4:5-6 RVC
5 Entonces el diablo lo llevó a un lugar alto, y en un instante le mostró todos los reinos del mundo,
6 y le dijo: «Yo te daré poder sobre todos estos reinos y sobre sus riquezas, porque a mí han sido entregados, y yo puedo dárselos a quien yo quiera.

Las riquezas presentes están usurpadas por el Adversario, por lo tanto, sólo hay dos formas de obtenerlas: o bien “transamos” con el Enemigo o bien nos enfrascamos en una verdadera lucha espiritual.

Ahora bien, el segundo caso es una ocupación de “tiempo completo”, más en el mundo presente. No sólo hay demasiadas tentaciones y oportunidades para hacer “negocios turbios” desde el punto de vista humano, sino que además, los ricos y poderosos tienen su propia red de contactos y ellos no hacen negocios con cualquiera. Esa idea de que uno alcanza la riqueza por su propio esfuerzo nada más (y si la cristianizamos, le agregamos la bendición de Dios…) es “puro verso”, como decimos en mi país.

Entonces, hacer negocios de manera recta no sólo implica conocer la dinámica de los negocios actuales, lo cual ya es mucho, sino también dedicar mucho tiempo a la oración y a la guerra espiritual, y recibir milagro tras milagro, porque sino será humanamente imposible. ¿Es compatible todo este trabajo con el pastorado? Difícilmente, al menos no a tiempo completo.

En la práctica, muchos pastores y líderes religiosos que hacen “grandes negocios” no tienen ni la formación ni el tiempo como para conocer adecuadamente la dinámica santa de hacer dinero y terminan “jugando con las mismas reglas del Enemigo”, pero justifican su accionar incorrecto dando abundante dinero para “la obra” (¿la obra de quién…?) ¡Ningún diezmo u ofrenda santifica un negocio impío! Normalmente esos “grandes pastores” y apóstoles no hacen negocios ellos mismos sino que tienen un equipo de gente que los hace por ellos, y ahí sí que Satanás se mueve a sus anchas.

Hermanos, tengo testimonios de lo que escribo, y seguro que la mayoría de ustedes también.

Hay un ejemplo más. Cuando el Señor estableció la tribu de Leví como Sus sacerdotes, expresamente determinó que no recibieran tierras.

Deuteronomio 10:8-9 RVC
8 En aquel tiempo el Señor apartó la tribu de Leví para que llevara el arca del pacto y para que estuvieran a su servicio, para honrarlo y para impartir bendiciones en su nombre, hasta el día de hoy.
9 Por eso Leví no recibió ningún terreno en propiedad, como lo recibieron sus hermanos, pues el Señor tu Dios es su herencia, como él mismo lo dijo.)

Los levitas eran los líderes espirituales de Israel, su ingreso económico estaba asegurado, sus casas también. Podían de hecho tener un buen pasar material, pero no iban a recibir tierras, esto significaba que no iban a ocuparse de los negocios agrícolas e industrias asociadas, los cuales, si se manejaban bien, podían darles muchas riquezas. El ingreso provendría de su trabajo y podía ser bueno, pero difícilmente llegaría al nivel de un hacendado. Dios mismo les puso un “límite”. Y eso se escribió como ejemplo.

¿Puede un pastor ser millonario? Sí, puede, si es que hay un expreso llamado a ello. En la mayoría de los casos, NO DEBE. En la práctica, esta frase, como un latiguillo, sirve para justificar ante los ojos de la congregación muchas cosas turbias y negocios impíos, cuando no el acaparamiento de ofrendas y diezmos, engordando a costa de hermanos pobres.

Tengamos cuidado con estas “frases hechas”, que suenan muy lógicas, pero son terriblemente perversas.



Danilo Sorti


183. ¿El poder de las promesas o el poder de la resurrección?

Hechos 4:33 RVC
33 Y los apóstoles daban un testimonio poderoso de la resurrección del Señor Jesús, y la gracia de Dios sobreabundaba en todos ellos.

Romanos 1:3-4 RVC
3 les escribo acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que conforme a los hombres descendía de David,
4 pero que conforme al Espíritu de santidad fue declarado Hijo de Dios con poder, por su resurrección de entre los muertos.

Filipenses 3:8-11 RVC
8 Y a decir verdad, incluso estimo todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por su amor lo he perdido todo, y lo veo como basura, para ganar a Cristo
9 y ser hallado en él, no por tener mi propia justicia, que viene por la ley, sino por tener la justicia que es de Dios y que viene por la fe, la fe en Cristo;
10 a fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte,
11 si es que de alguna manera llego a la resurrección de entre los muertos.


En algún momento de la historia reciente, el mensaje puro del Evangelio fue sutilmente desviado desde el poder de la resurrección hacia el “poder de las promesas”. Ahora bien, no está mal creer y orar por las promesas, porque también Pedro dice:

2 Pedro 1:3-4 RVC
3 Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.
4 Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, puesto que han huido de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos.

Sin embargo, propiamente dicho, el poder de la vida cristiana, aquello que la hace distinta, no son las promesas ni la bendición. Necesitamos recordar que tanto las promesas como la bendición NO SON UN ABSOLUTO de Dios para nosotros en esta tierra:

Hebreos 11:35-39 RVC
35 Hubo mujeres que por medio de la resurrección recuperaron a sus muertos. Pero otros fueron atormentados, y no aceptaron ser liberados porque esperaban obtener una mejor resurrección.
36 Otros sufrieron burlas y azotes, y hasta cadenas y cárceles.
37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de un lado a otro cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pobres, angustiados y maltratados.
38 Estos hombres, de los que el mundo no era digno, anduvieron errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
39 Y aunque por medio de la fe todos ellos fueron reconocidos y aprobados, no recibieron lo prometido.

Este engaño tan sutil y tan “bíblico” ha sido la puerta de entrada para que Satanás hábilmente desviara la atención de los cristianos del verdadero poder de la Vida hacia lo secundario, y luego, al elevar lo secundario por encima de lo principal, terminara eliminando en la práctica lo más importante. ¿Se entiende la estrategia? Él no puede entrar con una mentira absoluta de entrada, así que comenzará de a poco dándole más importancia a un punto secundario, con lo que éste empieza a ocupar más tiempo en la predicación y en las mentes de los creyentes, y todo fundamentado astutamente en pasajes bíblicos. Luego hará “crecer” el espacio que ocupa este mensaje secundario en el mensaje de la iglesia, se publican libros, se hacen seminarios y congresos, etcétera. A medida que esto crece, va “recortando” la atención sobre lo verdaderamente importante, también de a poco.

Este programa no se completa en un año, lleva décadas en ejecución, de tal forma que las nuevas camadas de cristianos realmente nunca conocieron una predicación genuina, y fácilmente van profundizando en el nuevo programa satánico. Pero todo esto está necesariamente sostenido por algo más básico: “quitar” la Biblia a la gente. En la época medieval era muy sencillo, bastaba con que la iglesia oficial prohibiera su lectura. En la actualidad es más difícil, pero hay muchas más herramientas más sutiles para hacerlo: dado el cúmulo de ocupaciones que tiene el hombre moderno, basta con que desde una voz de “autoridad” (pastor, apóstol)  no se aliente su lectura para que muchos, por la propia inercia, no lo hagan.

Pero volviendo al tema del título: el poder de la vida del cristiano no está en las promesas, por más “maravillosas” que parezcan. Realmente no tenemos la garantía de que recibiremos esas promesas en esta vida, y, por otra parte, ¿qué punto de comparación tiene ESTA vida y este mundo presente con la VIDA GLORIFICADA que el Señor nos tiene reservada? Ninguno.

El poder de Su resurrección es lo que necesitamos para vivir en el presente POR ENCIMA de las dificultades que inevitablemente vendrán. Es lo que nos permite traer el Reino Venidero EN MEDIO DE la oscuridad actual. Es superior a cualquier promesa y superior a cualquier dificultad. No conquista reinos terrenales, ¡conquista la muerte! Nos levanta en medio de los sufrimientos, nos eleva por encima del temor a la pobreza, la enfermedad y la misma muerte; es lo que nos hace caminar en este mundo pero sin vivir en él. No nos transforma en “superhombres”, permite que recuperemos la “porción” de la naturaleza misma de Dios que perdimos en el Edén. No nos libra de la muerte ni incluso del martirio, hace que los atravesemos victoriosos.

Ante el poder de la resurrección de Cristo nada de este mundo tiene valor. ¿Los bienes materiales? Pueden ser útiles para algo aquí, pero no se comparan con los celestiales. ¿Una larga y buena vida aquí? Si todo está próximo a terminar, y, además, ¿qué punto de comparación tienen 80, 90 o 100 años con la eternidad? ¿Dinero? En el Reino Venidero el oro tiene el mismo valor que el asfalto de las calles. ¿Posesiones materiales, casas, terrenos, propiedades? Mucho más que eso tendremos por la eternidad, ¡y sin tener que pagar impuestos!

Realmente, las más “grandes promesas” del falso evangelio de la prosperidad son menos densas que el humo en comparación con el poder de la resurrección y el reino venidero, en el cual, y por encima de todo lo que dijimos antes, está la presencia eterna del tres veces Bendito, de nuestro Amoroso Señor, del Fiel Espíritu Santo, del Glorioso Padre. ¿Por qué habría de preocuparme en esta corta y miserable vida de rodearme de gente importante y adinerada?

¡Oh Señor, ayudanos a comprender y vivir en el poder de Tu Resurrección!




Danilo Sorti

182. ¿Habremos de pelearnos por política?

Juan 18:36-38 RVC
36 Respondió Jesús: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
37 Le dijo entonces Pilato: «¿Así que tú eres rey?» Respondió Jesús: «Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.»
38 Le dijo Pilato: «¿Y qué es la verdad?» Y dicho esto, salió otra vez a decirles a los judíos: «Yo no hallo en él ningún delito.


A lo largo del tiempo diversos programas de gobierno han procurado hacerse pasar por cristianos y ganar así el corazón de la iglesia. Esto no es nuevo. Durante siglos las monarquías basaron su legitimidad en un supuesto “derecho divino” y la iglesia de aquél entonces, tanto católica como protestante, así lo aceptó sin más. Con el advenimiento de la democracia, o mejor dicho, algo que se supone que es democracia, cosa que en esencia nunca existió plenamente más allá del ideal, ni siquiera en la Antigua Grecia, las distintas corrientes políticas también procuraron ganar “legitimidad espiritual”, enfatizando los principios bíblicos que sustentaban.

Así, el capitalismo y liberalismo naciente se cimentó en fuertes principios bíblicos, los mismos que hasta hoy son sostenidos por grupos de cristianos. Claro, también se “olvidó” de otros… Durante el mismo tiempo, el ateísmo o agnosticismo iba ganando terreno, así que las corrientes más propiamente “socialistas” se fundamentaron fuertemente en la “anti Biblia”, aunque en la práctica procuraban aplicar una serie de principios fuertemente desatendidos por el capitalismo – liberalismo clásico.

Y así llegamos rápidamente a este siglo, en nuestras tierras hispanohablantes, en las que el cristianismo evangélico se ha extendido rápidamente aunque con muy poco fundamento bíblico; y la historia vuelve a repetirse. En décadas pasadas asistimos al resurgimiento de posiciones que a sí mismas se llamaron “socialistas” en parte como reacción a gobiernos anteriores que a sí mismos se llamaron “liberales”. Y aclaro que uso comillas porque realmente no he visto que ninguna de dichas posturas en estas décadas representen de verdad lo que se suponía que debían ser.

Bueno, resumiendo, también en estos tiempos, tal como ha ocurrido siempre en la historia de la iglesia, el discurso político se infiltra y gana adeptos al presentarse como “cristiano” y al desviar la esperanza puesta en el cielo y en la segunda venida hacia una esperanza terrenal e inmediata. El verdadero problema NO ES Y NUNCA HA SIDO si tal o cual sistema de gobierno o filosofía política aplica principios bíblicos porque seguramente lo hace, sino si es “el modelo de Dios para gobernar el mundo” o sólo un sistema político con aciertos y errores. Y la respuesta es obvia: ¡lo segundo! Y si es lo segundo, ¿por qué deberíamos compenetrarnos tanto con tal o cual sistema?

El mismo Jesús que nos encomendó ser “sal y luz” dejó bien en claro que Su reino NO ERA de este mundo. ¿Es que no volverá a tomar posesión de lo que legítimamente le pertenece? Claro que sí; esa promesa nace ya en el Antiguo Testamento y es reafirmada en el Nuevo concluyendo con el pasaje de Apocalipsis 20. PERO MIENTRAS DURE esta era, no hay ni habrá un reino político cristiano; podrá haber naciones más cristianizadas que otras, naciones que apliquen más principios bíblicos que otras, pero ningún “reino de Dios” político, sólo reinos humanos que voluntariamente decidirán acercarse o alejarse del Creador.

El compromiso de Jesús en Su ministerio fue “la verdad”. Se supone que ese debe ser el mismo compromiso de Sus seguidores. Y en base a ese principio, NUNCA puede haber un compromiso con un sistema político más allá de la cuota de verdad que éste manifieste. El “endiosamiento” de líderes o “proyectos” claramente es erróneo porque ninguno de ellos está en “la verdad” absoluta siempre.

El sutil engaño ha consistido en llevar a los cristianos a participar en política porque “debemos ser sal y luz”, ¡y es verdad! Pero para participar en tal o cual área del quehacer humano, y hacerlo bien, es decir, aplicando “la verdad”, debemos estar adecuadamente preparados y llamados. Nadie está preparado para hacer todo bien, nadie está llamado a todo. Y así, a partir de un razonamiento simplista y escuchando más a las voces humanas que al Espíritu, terminamos muy convencidos de apoyar mentiras y engaños.

Votar por Fulano o Mengano en una elección porque así el Espíritu nos muestra no significa ser un fiel devoto de Fulano o Mengano, simplemente que en un momento determinado, para un país dado, puede ser la opción que elija el Señor… y no siempre será de bendición para todos sino muchas veces también de juicio.

En definitiva, si nuestro Reino no es de aquí, ¿vale la pena “meterse de cabeza” en la arena política? No, para nada, excepto que haya un llamado claro de parte del Espíritu. Pero si es así, ¿debemos dejar que los malos gobiernen y hagan lo que quieran? ¡De ninguna manera! La clave está en que nuestro Reino NO ES DE ESTE MUNDO, es celestial, y por lo tanto, mucho más poderoso y con mucha más autoridad que el más grande e imponente imperio de esta tierra.

Danilo Sorti